"Quemaremos el cielo si es preciso" por nuestros hijos e hijas: claman madres de desaparecidos
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"Quemaremos el cielo si es preciso" por nuestros hijos e hijas: claman madres de desaparecidos

Madres y familiares de personas desaparecidas en México, entre ellas migrantes, marcharon este 10 de mayo en la Ciudad de México.
Por Paris Martínez
11 de mayo, 2015
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Foto carrusel

A la manifestación asistieron madres de desaparecidos e hijos que buscan a sus madres. Foto: Paris Martínez

 

Madres y familiares de personas víctimas de desaparición forzada, provenientes de todos los estados de la República, y que en algunos casos buscan a sus hijos e hijas desde hace tres décadas, se concentraron este domingo, 10 de Mayo, en la Ciudad de México, para conmemorar el Día de las Madres, con la Cuarta Marcha Nacional de la Dignidad: Madres Buscando a sus Hijos e Hijas, Buscando Justicia y Buscando Verdad.

La manifestación, en la que participaron alrededor de un millar de personas, estuvo básicamente integrada por grupos de madres, y de hijas que buscan a sus madres, lo mismo del Distrito Federal,  que de Nuevo León, Guanajuato, Coahuila, Chihuahua, Guerrero, Chiapas, Veracruz, Tabasco, Estado de México, Tamaulipas y Oaxaca, entre otros.

Además, en la protesta participaron madres y familiares de migrantes provenientes de Honduras, Guatemala, Nicaragua, Argentina, Brasil y El Salvador, que salieron de sus países de origen con la intención de llegar a Estados Unidos y que, sin embargo, desaparecieron en México.

A pesar del fallido intento de las autoridades capitalinas de limitar el paso de las madres de desaparecidos, en su marcha por la avenida Paseo de la Reforma, a sólo tres carriles de dicha vialidad –con el objetivo de minimizar molestias a los ciclistas que asistían al paseo dominical que se realiza en esta misma arteria–, las familias de víctimas lograron realizar el recorrido, planeado del Monumento a la Madre al Ángel de la Independencia, en cuyas escalinatas denunciaron que “en México no hay estado”, pues “desapareció antes que nuestros amados hijos”.

Ahí, con pancartas y retratos de sus hijos e hijas, las madres de desaparecidos clamaron por la solidaridad de todas las mamás, “del planeta y, particularmente, de México” y les pidieron también “que se detengan por un momento y escuchen esto: sus hijos corren peligro, peligro de ser cooptados por la barbarie de las drogas, peligro de la delincuencia organizada, peligro de ser ejecutado, o de ser ser (uno más de las) veintitantas mil personas desaparecidas…”

Siempre bajo la presión de agentes de la Secretaría de Seguridad Pública del DF –que a cada tanto cerraban un poco más el cerco tendido alrededor de la manifestación, ya en la glorieta del Ángel, para ceder ese espacio a los ciclistas– la manifestación concluyó a las 14:00 horas, luego de que fuera leída, de forma simbólica, una lista con un centenar de nombres de hombres y mujeres que han sido raptados en el país, y de los que no ha vuelto a saberse más, hasta la fecha.

A continuación, te presentamos el mensaje íntegro leído, en nombre de todas las organizaciones y colectivos de familias de desaparecidos, por una representante de la agrupación Familias Unidas por Nuestros Desaparecidos y Desaparecidas en México.

Cuántas horas, cuántos días, meses o incluso años deben pasar, antes de que sepamos la suerte o el paradero de nuestros amados hijos e hijas, cuánto tiempo más tardará la verdad, la justicia, y nuestro pueblo mexicano en despertar y tomar su lugar entre nosotras, madres con la entraña desgarrada. ¿Es que no nos hemos dado cuenta que ya, ya de que hemos aceptado tantas desapariciones? ¿Cuánto y cuántos más necesitan ser arrancados de sus senos familiares, de sus hogares, antes de levantarnos y poner orden en ésta, nuestra casa?

Hoy queremos decirles que ni la verdad ni la justicia son una constante o una excepción para las decenas de familias con desapariciones, que nos azotan desde hace más de 40 años.

Ahora vemos el sufrimiento de miles de familias, cuyos hijos fueron desaparecidos en la llamada Guerra Sucia, cuánto dolor, cuánta desesperanza para aquellos que no hemos sabido reclamar, aquella juventud que se empeñó en cambiar todo, y que en respuesta recibió la represión, el exterminio. Hoy vemos qué pasó, por qué querían cambiar las cosas, por qué se los llevaron… hoy lo vemos claro.

En esos años sabían que, de no intentar el cambio, vendría la noche más larga que jamás haya vivido México en su vida independiente, por eso los torturaron, los ejecutaron, o los desaparecieron.

Hoy lo vemos muy claro, y en carne propia.

Madres de todo el país: sus hijos e hijas están en peligro.

Madres del mundo entero: ayúdenos a parar esta barbarie.

Ahora sabemos muy bien que esta empresa de la muerte y el terror lleva 40 años diezmando nuestro mayor aporte a la vida, a la nación: nuestros hijos e hijas.

Entendemos la lección que la historia nos da, no queremos que nadie más sufra el desgarro de una desaparición, ya es demasiado dolor. No queremos que dentro de 20 años, cuando estemos ancianas o muertas, alguien se pare en este mismo lugar y diga que nosotras fuimos un ejemplo más de lo que nunca se resolvió, ni por verdad ni por justicia, y que ahora sí haya que hacer algo, porque ya haya más de cien mil víctimas de desaparición. No esperemos esos 20 años.

Por eso, convocamos a las madres del planeta y, particularmente, a las madres mexicanas, para que se detengan por un momento y escuchen esto: sus hijos corren peligro, peligro de ser cooptados por la barbarie de las drogas, peligro de la delincuencia organizada, peligro de ser ejecutado, de ser veintitantas mil desaparecidas…

También hemos entendido algo más, después de varios años de estar buscando, tras la desaparición de nuestros hijos e hijas amadas, paridas con nuestro dolor y nuestra sangre: llegamos a la conclusión de que también hay una desaparición de poderes, no hay Estado que les busque, que procure verdad y justicia, y ni digamos de la reparación del daño, o de una atención mínima y efectiva a las víctimas, con todo y su mentada Ley General de Víctimas.

Mamás de México, sólo nos tenemos a nosotras mismas, no hay Estado, desapareció antes que nuestros amados hijos.

Lo que hay ahora es una guarida de ladrones, corruptos y deshumanizados gobernantes que apuestan a que nos cansemos, a que nos derrumbemos, a que claudiquemos, para que la impunidad se asiente nuevamente y sobre ella se enriquezcan los zánganos de todos los colores que tiñen el Estado Mexicano.

Pero también hemos llegado a una conclusión y a una verdad tan clara como la anterior: no nos cansaremos jamás.

Los vimos llorar en nuestros brazos y los amamantamos.

No nos rendiremos jamás.

Uniremos nuestras voces una a una, hasta dar con todas y todos nuestros hijos, incluyendo al Estado mexicano, también desaparecido.

No claudicaremos nunca. Quemaremos el cielo y congelaremos el infierno si es preciso, hasta que demos con los nuestros, donde estén y como estén.

Y también daremos con los responsables de haber arrancado las flores más amadas de nuestro jardín, y les haremos pagar con el juicio de una verdadera justicia y con el mismo juicio de la historia.

¡Porque vivos se los llevaron, vivos los queremos!

¡Porque vivas se los llevaron, vivas las queremos!

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Cómo la pesca ilegal de la 'cocaína del mar' en México amenaza la existencia de la vaquita marina

La vaquita marina se encuentra solo en México. Es el mamífero marino más amenazado del planeta y su supervivencia está más en riesgo por un choque de intereses entre la pesca y la conservación.
15 de mayo, 2021
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El explorador Jacques Cousteau decía que el mar de Cortés, en el noroeste de México, es “el acuario del mundo”.

Uno de sus tesoros es la vaquita marina, una marsopa plateada con grandes ojos de panda. Pero sus pueden estar contados por la pesca ilegal de otra especie protegida: la totoaba.

Se trata de un pez que puede crecer tan grande como una vaquita marina y que era un alimento antes de ser incluido en la lista de especies amenazadas de México.

“Lo pescábamos en los años 60 y 70”, recuerda Ramón Franco Díaz, presidente de una federación de pescadores en la localidad costera de San Felipe, en la península de Baja California.

“Entonces vinieron los chinos con sus maletas llenas de dólares y compraron nuestras conciencias”.

Los asiáticos llegaron buscando la vejiga natatoria de la totoaba, un órgano que ayuda a los peces a mantenerse flotantes. En China es muy valiosa por sus presuntas propiedades medicinales, las cuales no están comprobadas.

Según la ONG Earth League International, las vejigas natatorias secas de 10 años pueden venderse por US$85.000 el kilo en China. Los pescadores de San Felipe ganan solo una pequeña fracción, pero siendo una comunidad pobre, el negocio ha florecido por la llamada “cocaína del mar”.

Lanchas con totoaba

Sea Shepherd
Pescadores de localidades cercanas a San Felipe se han beneficiado de la extracción ilegal de totoaba.

“Los pescadores ilegales pueden ser vistos a plena luz de día con sus redes ilegales y sus totoaba”, dice Franco Díaz.

Sueltan un “muro bajo el agua”

Todas las tardes, durante la temporada, las camionetas que remolcan botes de pesca bajan por una rampa en la playa pública de la ciudad y las sueltan en el agua.

La mayoría de estas embarcaciones no tienen licencia y sus pescadores usan redes que pueden matar a la vaquita marina.

“Las redes de enmalle pueden tener cientos de metros de largo y 10 metros de alto“, dice Valeria Towns, que trabaja con una ONG mexicana, el Museo de la Ballena.

“Se convierten en un muro bajo el agua“, afirma.

Para proteger a la vaquita, este tipo de redes de enmalle están prohibidas en la parte alta del Golfo. Sin embargo, son muy utilizadas, incluso por pescadores con permisos de pesca de rodaballo o langostino.

Las más peligrosas para la vaquita marina son las redes de malla grande que se utilizan para la totoaba. “No es fácil para los mamíferos marinos liberarse de ellas, la vaquita queda atrapada”, cuenta Towns.

Una vaquita marina en una red de pesca de totoaba

PA Media
No es difícil que una vaquita marina quede atrapada en las redes usadas para pescar totoaba.

Frente a la costa de San Felipe, se supone que toda la pesca comercial está prohibida dentro del Refugio para la Protección de la Vaquita Marina, un área de más de 1.800 kilómetros cuadrados. Dentro del refugio hay una zona más pequeña de “tolerancia cero”.

El Museo de la Ballena apoya a un puñado de pescadores interesados en acabar con la dependencia de las redes de enmalle y patrocina alternativas a la pesca como el cultivo de ostras.

También es una de las ONG que retira las redes de enmalle del área protegida. Esta es una actividad que ha aumentado las tensiones entre los lugareños y los conservacionistas.

El 31 de diciembre de 2020, un pescador murió y otro tuvo heridas graves después de que su barco de pesca chocara con un barco más grande perteneciente a la ONG internacional Sea Shepherd que estaba quitando redes de enmalle.

Los hechos son controvertidos, pero el resultado fue un motín en San Felipe, donde atraca el barco del Museo de la Ballena.

Map of the protected area

BBC
Map of the Gulf of California showing the protected area

“Iban a quemar nuestro barco”, dice Towns, que estaba en el mar en ese momento, probando redes aptas para las vaquitas.

“Cuando regresé, otros pescadores que trabajan con las redes alternativas estaban defendiendo nuestro barco, diciéndoles: ‘¡Este no es su enemigo! No quemen este barco'”.

El barco se salvó, aunque quedó con algunas ventanas rotas. La Marina de México no tuvo tanta suerte, pues una de sus lanchas de patrullaje fue incendiada en el puerto.

Ahora hay una tregua incómoda.

La Marina dice que continúa patrullando y retirando las redes del santuario. Pero hay pocas ONG involucradas: el Museo de la Ballena espera un permiso para reanudar el trabajo y el barco Sea Shepherd nunca regresó a San Felipe después del incidente.

“Gente loca con armas”

La impunidad y la ausencia de fuerzas de seguridad pueden explicar por qué decenas de barcos salen de la playa de San Felipe en la búsqueda de totoaba en el santuario.

“Ni una sola autoridad los detiene”, se queja Ramón Franco Díaz. “Si te atreves a acercarte a ellos, te dispararían. El crimen organizado ha robado el mar de Cortés”.

Ramón Franco Díaz

BBC
Franco Díaz dice que es muy peligroso interferir con quienes pescan totoaba de manera ilegal.

Un hombre que antes pescaba totoaba dice: “Ahora ves a muchos locos con armas”.

Los violentos sucesos del 31 de diciembre fueron noticia internacional y pusieron a San Felipe en el centro de atención.

Ahora el gobierno mexicano está considerando propuestas que podrían gustarle a los pescadores, pero enfurecerán a los conservacionistas preocupados por el precario destino de la vaquita marina.

Uno es levantar el estatus de especie en peligro de extinción de la totoaba. Otro es legalizar la otra pesca que ya se realiza en el santuario.

“Queremos establecer diferentes zonas de pesca, por ejemplo, para la corvina y el camarón”, dice Iván Rico López, del grupo de trabajo del gobierno que explora la sostenibilidad en la parte alta del Golfo.

“El santuario es enorme. Si se mantiene la prohibición de pescar allí, los pescadores simplemente no comerían. Así que tenemos que avanzar hacia la legalización de la pesca”.

Un barco del Museo de la Ballena

BBC
El Museo de la Ballena es una de las ONG que retira las redes de enmalle del área protegida

El gobierno mexicano también ha distribuido 3.000 “suriperas”, unas redes seguras para las vaquitas marinas. Pero los pescadores se quejan de que con ellas se reducen sus capturas en un 80%.

“Tenemos que buscar formas de aumentar eso”, dice Rico López. “Estamos buscando alternativas, pero tenemos que convencer a las comunidades: si no están involucradas en la toma de decisiones, no lo lograremos”.

¿Es posible proteger a este precioso mamífero y garantizar que los lugareños sigan viviendo?

En San Felipe, el comercio ilícito de totoaba, la amenazante participación del crimen organizado y la poca diversidad económica crean una mezcla tóxica.

Lanchas en Puertecitos

Getty Images
En las localidades del algo golfo de California no hay mucha diversidad económica.

También existe una arraigada cultura de la pesca tradicional.

Valeria Towns tiene una advertencia para las familias de pescadores de San Felipe que ignoran el llamado para hacer cambios para salvar a la vaquita: “No creo que nadie vaya a comprar productos de un área donde la gente provocó la extinción de una especie”.

Después de la temporada de totoaba, ¿apostaría a que la vaquita marina sobrevivirá hasta el próximo año?

“¡Por supuesto! Siempre hay esperanza. Si no, no estaría aquí”, dice sin dudarlo.


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