Cuántas muertes hay en EU por ataques de supremacistas blancos
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Cuántas muertes hay en EU por ataques de supremacistas blancos

Las nueve personas que murieron en el tiroteo de la iglesia de Carolina del Sur a manos de Dylann Roof se suman a una lista de víctimas de un extremismo nacional que causa más muertes en EU que el radicalismo islamista.
Por BBCMundo
25 de junio, 2015
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Dylann Roof

Dylann Roof, acusado de matar a nueve personas el pasado miércoles en una iglesia de Carolina del Sur, se inspiró en datos de una organización calficada de supremacista.

De tanto en tanto, el país que emprendió una cruzada global contra el extremismo yihadista se ve forzado a mirar de puertas a dentro para evaluar la amenaza que supone el extremismo de cosecha propia.

Es un proceso que se repite cada vez que se produce un ataque como el tiroteo de la pasada semana en la iglesia metodista episcopal africana Emanuel de Charleston, Carolina del Sur, en el que murieron 9 personas.

¿Se exagera la amenaza de los islamistas radicales y se subestima el peligro del extremismo de derecha en Estados Unidos?, se preguntan los expertos.

Y no en vano, puesto que desde los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York y Washington, el extremismo nacional ha provocado más muertes en suelo estadounidense que el extremismo islamista.

Casi el doble.

Un fanatismo más letal

Las nueve personas que murieron a manos de Dylann Roof, un joven inspirado en ideas supremacistas blancas, se unen a una lista recopilada por el centro de investigación New America, con sede en Washington DC.

Según los datos de esta organización, desde 2001, 48 personas murieron en ataques perpetrados por extremistas de derecha, frente a 26 personas que cayeron víctimas de ataques yihadistas.

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Una semana después del tiroteo en la iglesia Emanuel, los residentes de Charleston intentan aliviar las heridas.

Supremacistas blancos, fanáticos antigubernamentales y otros extremistas no islamistas cometieron 19 ataques en suelo estadounidense en esta franja de tiempo. En contraste, se produjeron siete ataques mortales a manos de militantes islamistas.

El Southern Poverty Law Center (Centro Legal de Pobreza Sureña), organización con sede en Alabama, suscribe la información y alerta sobre los peligros de no controlar al extremismo nacional.

Entre tanto, desde los atentados del 11 de septiembre de 2001, las agencias de seguridad nacional se han centrado en la amenaza del terrorismo islamista, con lo que se han limitado los recursos públicos para combatir a los grupos de odio nacionales.

Antes de Charleston, el caso más reciente y dramático de un ataque con tintes extremistas de derecha ocurrió en agosto de 2012, cuando el neonazi Wade Michael Page entró en un templo sij en Wisconsin y mató a tiros a 6 personas e hirió a otras tres.

Page, que era miembro del grupo supremacista Northern Hammerskins, murió también en el ataque.

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Wade Michael Page, miembro del grupo supremacista Northern Hammerskins, mató a 6 personas e hirió a tres en un templo sij de Wisconsin.

En junio de 2014, Jerad y Amanda Miller, un matrimonio con ideas neonazis y fuertes opositores del gobierno, entró en una pizzería en Las Vegas y mató a tiros a dos policías que almorzaban en el local.

La pareja dejó una esvástica sobre los cuerpos y una nota que rezaba: “Este es el comienzo de una revolución”. Los Miller mataron a una tercera persona en una tienda cercana.

Sin olvidar otro caso que pudo haber terminado en drama en Austin, Texas, cuando Larry McQuilliams disparó más de 100 balas contra edificios oficiales incluida la sede de la policía y el Consulado de México.

Las balas no alcanzaron a nadie y McQuilliams murió a manos de un agente de policía, que evitó que el sospechoso detonara unas bombas de gas propano que portaba consigo.

En defensa del “ciudadano soberano”

Los extremistas nacionales, recogidos bajo el paraguas de organizaciones de supremacistas blancos o actuando en solitario, generalmente compartensentimientos de rechazo a las minorías, hostilidad hacia el gobierno y una defensa acérrima de la idea del “ciudadano soberano”.

En sus manifiestos o intervenciones en las redes sociales, suele repetirse la denuncia del “genocidio blanco” del que supuestamente son víctimas.

¿Quiénes son el objetivo de sus ataques? Agentes de policía, miembros de minorías raciales o religiosas y civiles al azar.

Precisamente los agentes de policía han llamado la atención sobre esta amenaza doméstica y han demandado que se incrementen los recursos para hacerle frente.

Amenaza anunciada

En un informe de 2009, el Departamento de Seguridad Nacional advirtió que la combinación de una economía débil y la elección del primer presidente negro podían impulsar una reacción violenta de los supremacistas blancos.

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El ataque de Oklahoma, que causó la muerte de 168 personas y dejó más de 500 heridos, era hasta el 11 de septiembre de 2001, el atentado más letal cometido en suelo estadounidense.

Sin embargo, mientras hay cientos de expertos trabajando en diferentes instancias del gobierno para desentrañar amenazas islamistas, ya sean de al Qaeda, grupos afiliados u otras organizaciones radicales, sólo hay docenas de analistas federales monitoreando la amenaza nacional.

Ahora, tras el tiroteo de Carolina del Sur, han surgido voces que piden que se recupere la determinación que surgió tras el atentado de Oklahoma de 1995 paraabordar el peligro que supone tener al enemigo en casa.

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WhatsApp, Signal y Telegram: en qué se diferencian y cuál ofrece más privacidad

A simple vista pueden parecer muy similares, pero tienen algunas diferencias importantes. Las aplicaciones recopilan diferentes cantidades de datos de sus usuarios y tienen distintos métodos para proteger los mensajes.
14 de enero, 2021
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Mientras Signal y Telegram registran cifras récord de usuarios nuevos, WhatsApp se encuentra en el centro de la crítica por el cambio de sus términos de uso y privacidad.

La aplicación de mensajería anunció la semana pasada que compartirá diferentes datos de sus usuarios con su empresa matriz Facebook, y que esta podrá hacer lo propio con sus plataformas Instagram y Messenger.

En medio de los cuestionamientos, WhatsApp sostiene que sus nuevas condiciones, que deberán ser aceptadas por los que la usan hasta el 8 de febrero, fueron malinterpretadas.

“Queremos aclarar que la actualización de la política no afecta de ninguna manera la privacidad de los mensajes que los usuarios comparten con sus amigos y familiares”, señaló la plataforma en un comunicado emitido el lunes.

Añade que algunos de los cuestionamientos realizados son “rumores”.

Pese a esos argumentos, el largo debate respecto a qué servicio de mensajería instantánea es más seguro, se reavivó desde el cambio en WhatsApp.

Y aunque pueden parecer similares a simple vista, las tres aplicaciones tienen algunas diferencias importantes que analizamos acá.

Los datos recopilados

Lo primero que hay que saber es que, entre las tres plataformas de mensajería de las que más se habla en los últimos días, existen niveles distintos de datos que son recopilados.

Y es un asunto central porque esa es la información que WhatsApp puede compartir con Facebook y las otras aplicaciones que esa compañía posee.

WhatsApp y Facebook

Getty Images
La controversia comenzó cuando WhatsApp anunció que compartiría sus datos con Facebook.

“WhatsApp posee muchos metadatos, que es la información que se obtiene de cualquier mensaje que enviamos, como la marca del teléfono, la hora del mensaje, tu ubicación y otros. Con ello puede saber mucho de sus usuarios”, explica Cristian León, responsable del programa de innovación de la organización civil Asuntos del Sur, con sede en Argentina.

El experto en derechos digitales le indica a BBC Mundo que esta aplicación de mensajería, que es la más popular en el mundo, tiene un código de programación cerrado y por ello tiene poca transparencia sobre lo que recopila.

En la página web de WhatsApp están detallados los datos que obtiene y la información que una persona le brinda al aceptar sus términos de uso. Además del nombre, número de teléfono y contactos, están detalles del uso de la plataforma (tiempo o rendimiento, por ejemplo), transacciones desde la aplicación, marca y modelo del dispositivo o tipo de conexión, entre otros.

Telegram y Signal, explican León, recopilan mucho menos datos.

La primera requiere de sus usuarios el número de teléfono, el nombre y la lista de contactos.

Por su parte Signal se limita a pedir el número de teléfono y añadir el nombre es opcional.

Las dos tienen códigos de programación abiertos, por lo que es posible escudriñar cuáles datos son obtenidos y qué se hace con ellos.

La gran preocupación: los mensajes

Desde que comenzó la expansión de las aplicaciones de mensajería móvil en todo el mundo, la gran pregunta fue y es por la seguridad de los mensajes que son intercambiados.

Candado

Getty Images
El cifrado de extremo a extremo es una especie de candado por el que solo el emisor y receptor del mensaje pueden acceder a él.

Las plataformas fueron evolucionando al respecto y desde hace unos años que Signal y WhatsApp establecieron el cifrado de extremo a extremo como función predeterminada para todas las conversaciones de sus usuarios.

Se trata de una especie de candado que solo el emisor y el receptor del mensaje pueden abrir.

En teoría, ni siquiera las aplicaciones en las que se realizó el intercambio pueden acceder a los contenidos de las charlas.

Ni WhatsApp ni Facebook pueden leer tus mensajes ni escuchar las llamadas que haces con tus amigos, familiares o compañeros en WhatsApp. Todo lo que compartan quedará entre ustedes”, aseguró la plataforma en su comunicado del lunes.

Telegram parece tener una desventaja en este aspecto dado que el cifrado de extremo a extremo solo se activa cuando se usa el modo “chat secreto”, pero las conversaciones regulares no cuentan con esa función.

Las tres ofrecen también una modalidad cada vez más utilizada conocida como “mensajes temporales” en la que texto, fotografías, ubicaciones o documentos compartidos en una conversación se autodestruyen después de un cierto tiempo.

La diferencia es que en WhatsApp los mensajes desaparecen en los siguientes siete días, mientras que en Signal y Telegram se puede configurar el tiempo para que no quede rastro de las interacciones a los pocos segundos.

Otra diferencia es que la aplicación que es propiedad de Facebook no posee la opción de bloqueo de capturas de pantalla para las conversaciones, mientras que sus competidoras sí la incluyen.

Los usos

Si bien es lógico que la mayoría se limita a usar estas aplicaciones para mantener contacto con sus conocidos, diferentes polémicas se han producido en los últimos años.

Por ejemplo, se descubrió que Telegram era utilizado como medio de difusión de propaganda de Estado Islámico.

Telegram con propaganda

Getty Images
Se descubrió que Telegram es usado por grupos de derecha en diferentes partes del mundo para difundir su propaganda.

El grupo extremista captaba reclutas desde allí y aprovechaba los chats grupales encriptados para mantener comunicaciones y difundir videos de sus acciones.

Y desde el año pasado se conoce que es una de las plataformas que los grupos de derecha estadounidenses utilizan para divulgar sus mensajes, aunque la mayoría de ellas usan otras aplicaciones que permiten interacciones anónimas para convocar a sus actividades o divulgar teorías de conspiración.

WhatsApp también tuvo problemas y en 2019 decidió eliminar cientos de miles de cuentas sospechosas de usar su servicio para difundir pornografía infantil.

La compañía mantiene una política de tolerancia cero a la explotación sexual de menores.

La aplicación, según diferentes análisis, fue señalada de ser, junto a Facebook, uno de los mayores canales de difusión de noticias falsas en tiempos electorales en países como Bolivia, Colombia o Estados Unidos.

Signal, que tiene menos usuarios que las dos anteriores, por ahora no fue señalada de ser usado como un canal para captar reclutas o difundir información mentirosa.

Sin embargo, sí se vio en medio de algunas controversias políticas como cuando se denunció que era la aplicación que el expresidente del gobierno regional de Cataluña, Carles Puigdemont, usaba para comunicarse con uno de sus aliados durante su intento de declarar la independencia de esa región.


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