Eliminan trabas para la revalidación de estudios de niños y jóvenes migrantes
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Eliminan trabas para la revalidación de estudios de niños y jóvenes migrantes

A partir de este martes 16 de junio, los niños y jóvenes migrantes que requieran validar sus estudios en México ya no necesitarán del apostille de documentos.
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Por Nayeli Roldán
16 de junio, 2015
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Migrantes jóvenes, mujeres embarazadas y niños esperan junto a las vías del tren en Chiapas. Foto: Cuartoscuro/Archivo

Migrantes jóvenes, mujeres embarazadas y niños esperan junto a las vías del tren en Chiapas. Foto: Cuartoscuro/Archivo

A partir de este martes 16 de junio, los niños y jóvenes migrantes que requieran validar sus estudios en México ya no necesitarán del apostille de documentos, un sello especial emitido por los países para certificar la autenticidad.

La Secretaría de Educación Pública (SEP) publicó la modificación al Acuerdo Secretarial 286 en el Diario Oficial de la Federación por el que se elimina el requisito de apostille a documentos, lo que dificultaba la validación de los estudios en nivel básico y medio superior de los niños migrantes.

Esto beneficiará a 307 mil 125 alumnos nacidos en el extranjero y que estaban inscritos en la educación básica en México hasta el ciclo escolar 2013-2014, según datos del Instituto para las Mujeres en la Migración (IMUMI) obtenidos a través de solicitudes de información a cada una de las entidades federativas.

Además, según el Instituto existen más de 600 mil menores de edad nacidos en Estados Unidos, pero viven en México con alguno de sus padres, lo que significa que pueden tener doble nacionalidad y cursar sus estudios en el país sin contratiempos.

La SEP, sin embargo, desconoce el número de niños y jóvenes migrantes con problemas para revalidación de estudios o que han solicitado ingresar al sistema educativo, según informaron funcionarios de comunicación social luego de que Animal Político solicitó la estadística.

Hasta antes de la eliminación del apostille, cuando los niños y jóvenes nacidos en otros países eran inscritos en el sistema educativo mexicano recibían un certificado de estudios “provisional” y solo podrían obtener uno de carácter “oficial” hasta que presentaran su acta de nacimiento apostillada, lo que representaba una dificultad si es que se trataba de familias deportadas.

El acuerdo publicado en el DOF de este lunes establece que “en los trámites de revalidación de estudios de los tipos básico y medio superior no se requerirá de apostilla, legalización o verificación por medios electrónicos de documentos”.

Además, la documentación requerirá traducción al español, incluyendo el acta de nacimiento o documento equivalente y los certificados, boletas de calificaciones, diplomas, constancias, títulos o grados que amparen los estudios objeto de la solicitud.

Sin embargo, ya no se requerirá que la traducción la haga un perito autorizado por las embajadas o instituciones educativas, pues el acuerdo establece que “en los trámites de revalidación de estudios equiparables a la educación primaria, secundaria o media superior, la traducción al español podrá ser realizada por el interesado o quienes ejerzan la patria potestad o la tutela sobre él”.

El subsecretario de Planeación y Evaluación de Políticas Educativas de la SEP, Javier Treviño Cantú, reconoció que el principal problema que encuentran los migrantes al intentar acceder a los servicios escolares, es resultado de la falta de documentación y, en su caso, el requisito de apostille de la misma.

Por ello, el objetivo de la eliminación del requisito de apostille es que “el acceso, tránsito y permanencia en el Sistema Educativo Nacional no esté condicionado a ningún otro factor más que al desempeño académico de los menores”, se informó en un comunicado de la SEP.

Según la dependencia, en aquellos casos que los migrantes son expatriados y regresan al país sin documentos, se han diseñado mecanismos que estarán considerados en las Normas de Control Escolar para el siguiente ciclo escolar 2015-2016, que permitirán y facilitarán el acceso pleno de los menores al sistema educativo.

Además, ya está en marcha una campaña de difusión con la distribución de 200 mil carteles para cada una de las escuelas de educación básica de los 18 estados con mayor registro de afluencia y quejas por parte de la población migrante y para el próximo ciclo escolar se realizará una nueva campaña de difusión dirigida a los planteles y a los padres de familia, junto con la Secretaría de Gobernación y de la Secretaría de Relaciones Exteriores.

Este es un video realizado por el Instituto para las Mujeres en la Migración (IMUMI), organización que ha visibilizado la problemática de la población migrante.

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"El COVID no es una pandemia": científicos creen que es una sindemia (y qué significa)

El hecho de que la enfermedad se exacerba cuando interactúa con otras condiciones de salud que prevalecen en grupos desfavorecidos social y económicamente ha llevado a algunos científicos a pensar que estamos frente a una sindemia.
10 de octubre, 2020
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Con el correr de los meses, las medidas para evitar la propagación del covid-19 se han ido endureciendo o flexibilizando en distintas partes del mundo según el aumento o disminución de los casos.

Mientras que muchos países en Europa están volviendo a restringir actividades sociales y ordenando cuarentenas después de registrar un número récord de casos, Nueva Zelanda, por ejemplo, pasó a su nivel de alerta más bajo.

Sin embargo, esta estrategia para lidiar con el coronavirus es, en opinión de numerosos científicos, demasiado limitada para detener su avance.

“Todas nuestras intervenciones se han centrado en cortar las vías de transmisión viral, para controlar la propagación del patógeno”, escribió recientemente en un editorial Richard Horton, editor jefe de la prestigiosa revista científica The Lancet.

Pero la historia del covid-19 no es tan sencilla.

Por un lado, dice Horton, está el SARS-CoV-2 (el virus que provoca el covid-19) y por otro, una serie de enfermedades no transmisibles. Y estos dos elementos interactúan en un contexto social y ambiental caracterizado por una profunda inequidad social.

Bangladesh

Getty Images
El contagio es mucho mayor en comunidades empobrecidas que no pueden cumplir con las normas de higiene y distancia social.

Estas condiciones, argumenta Horton, exacerban el impacto de estas enfermedades y por ello debemos considerar al covid-19 no como una pandemia, sino como una sindemia.

No se trata de un simple cambio de terminología: entender la crisis de salud que estamos atravesando desde un marco conceptual más amplio abre el camino para buscar soluciones más adecuadas.

Uno más uno es más que dos

El término sindemia (un neologismo que combina sinergia y pandemia) no es nuevo.

Fue acuñado por el antropólogo médico estadounidense Merrill Singer en los años 90 para explicar una situación en la que “dos o más enfermedades interactúan de forma tal que causan un daño mayor que la mera suma de estas dos enfermedades”.

“El impacto de esta interacción está además facilitado por condiciones sociales y ambientales que juntan de alguna manera a estas dos enfermedades o hacen que la población sea más vulnerable a su impacto”, le explica Singer a BBC Mundo.

La interacción con el aspecto social es lo que hace que no se trate sencillamente de una comorbilidad.

Merrill Singer

Merrill Singer
Singer acuñó el término “sindemia” en los años 90.

El concepto surgió cuando el científico y sus colegas investigaban el uso de drogas en comunidades de bajos ingresos en EE.UU., hace más de dos décadas.

Descubrieron que muchos de quienes se inyectaban drogas sufrían de una cantidad de otras enfermedades (tuberculosis, enfermedades de transmisión sexual, entre otras), y los investigadores se empezaron a preguntar cómo éstas coexistían en el cuerpo, y concluyeron que, en algunos casos, la combinación amplificaba el daño.

En el caso del covid-19, “vemos cómo interactúa con una variedad de condiciones preexistentes (diabetes, cáncer, problemas cardíacos y muchos otros factores), y vemos un índice desproporcionado de resultados adversos en comunidades empobrecidas, de bajos ingresos y minorías étnicas“, explica Singer.

Y enfermedades como la diabetes o la obesidad —que son factores de riesgo para el covid-19— son más comunes en individuos de bajos recursos, añade en conversación con BBC Mundo Tiff-Annie Kenny, investigadora de la Universidad Laval, en Canadá, y quien trabaja en el Ártico con poblaciones afectadas por la inseguridad alimentaria, el cambio climático y condiciones de vivienda que dificultan cumplir con las recomendaciones sanitarias como lavarse las manos o mantener la distancia social.

¿Pero no es el este el caso de la mayoría de enfermedades? ¿No tienen la mayoría de las veces un impacto mayor en los grupos con menos acceso a salud, alimentación, educación e higiene? ¿No se potencian casi siempre cuando se combinan con otra o con una condición médica de base?

En cuanto a la interacción biológica, no es necesariamente siempre así, destaca el científico.

Cementerio en La Paz, Bolivia

Getty Images
La pandemia de covid-19 no se resuelve únicamente por la vía médica, creen los científicos que analizan la situación actual desde el marco conceptual de la sindemia.

“Hay evidencia creciente de que la influenza y el resfriado común son contrasindémicos. Es decir: la situación no empeora. Si una persona está infectada con los dos (virus), una (de las enfermedades) no se desarrolla”.

Y en cuanto al aspecto social, el elemento clave en el caso de una sindemia es que añade la interacción de las enfermedades.

Cambio de estrategia

Analizar la situación a través de la lente de la sindemia, dice Kenny, nos permite pasar de la aproximación de la epidemiología clásica sobre el riesgo de transmisión, a una visión de la persona en su contexto social.

Es una postura compartida por muchos científicos que creen que para frenar el avance y el impacto del coronavirus es crucial poner atención a las condiciones sociales que hacen que ciertos grupos sean más vulnerables a la enfermedad.

“Si realmente queremos acabar con esta pandemia cuyos efectos han sido devastadores en la gente, en la salud, en la economía, o con futuras pandemias de enfermedades infecciosas (hemos visto venir una detrás detrás de otra con cada vez mayor frecuencia: sida, ébola, SARS, zika y ahora covid-19), la lección es que tenemos que abordar las condiciones subyacentes que hacen posible una sindemia”, opina Singer.

“Tenemos que abordar los factores estructurales que hacen que a los pobres les resulte más difícil acceder a la salud o a una dieta adecuada”, agrega.

“El riesgo de no hacerlo es enfrentarnos con otra pandemia como la de covid-19 en el tiempo que tome que una enfermedad existente se escape del mundo animal y pase a los humanos, como ha sido el caso del ébola y el zika, y que continuará ocurriendo a medida que sigamos invadiendo el espacio de las especies salvajes, o a raíz del cambio climático y la deforestación”.

El editor de The Lancet Richard Horton es concluyente: “No importa cuán efectivo sea un tratamiento o cuán protectora una vacuna, la búsqueda de una solución para el covid-19 puramente biomédica fracasará”.

Y concluye: “A menos que los gobiernos diseñen políticas y programas para revertir disparidades profundas, nuestras sociedades nunca estarán verdaderamente seguras frente al covid-19”.


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