LIDAR, la tecnología que permite encontrar "ciudades perdidas"
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LIDAR, la tecnología que permite encontrar "ciudades perdidas"

El LIDAR (Laser Imaging Detection and Ranging) es una tecnología que permitió encontrar la mítica "Ciudad Blanca", en Honduras; su uso se ha popularizado en los últimos años.
Cuartoscuro
Por Laura Plitt de BBC Mundo
24 de junio, 2015
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La tecnología LIDAR se ha empleado en sitios como México, Camboya, Belice, Honduras y Guatemala. // Foto: Cuartoscuro.

La tecnología LIDAR se ha empleado en sitios como México, Camboya, Belice, Honduras y Guatemala. // Foto: Cuartoscuro.

”Para un científico, no hay nada más emocionante que ir encontrando las piezas de un rompecabezas”, le dice a BBC Mundo Juan Carlos Fernández Díaz, doctor en Ingeniería de Sistemas de Percepción Remota o Teledetección de la Universidad de Houston, Estados Unidos.

La primera pieza la descubrió cuando estaba haciendo su doctorado y se dio cuenta de que una de las técnicas que estaba estudiando podría ser las más idónea para hallar la mítica, elusiva y mal llamada “Ciudad Blanca” en Honduras, que desde hace años es objeto de investigación.

La otra llegó en 2012, cuando finalmente logró sobrevolar La Mosquitia, una vasta y remota región cubierta de pantanos, ríos y montañas en el este del país, y detectó la supuesta urbe, que es en realidad un conjunto de múltiples asentamientos extendidos a lo largo de kilómetros cuadrados de selva, que se han mantenido intactos por al menos 600 años.

¿Cómo fue que el equipo del que formaba parte Fernández Díaz logró dar con este sitio, parte de una cultura precolombina casi desconocida?

Gracias a LIDAR (siglas en inglés de Laser Imaging Detection and Ranging), una tecnología originada en los años 60 y que en la actualidad está revolucionado el mundo de la arqueología.

Lea: La misteriosa civilización perdida descubierta en Honduras

A prueba de selvas

Esta tecnología funciona con pulsos de luz que penetran el bosque y la vegetación que cubre la superficie de la tierra y nos permiten darnos una idea bastante precisa de la topografía.

“Es como jugar al ping pong o al tenis”, explica Fernández Díaz. “Tiras un pulso láser y mides cuanto tiempo toma en regresar para medir la distancia”.

Estos rebotes -millones de ellos- pueden convertirse luego en información tridimensional para obtener un mapa del sitio en 3D.

Así, el análisis del mapa puede revelar la presencia de estructuras que no son naturales.

Lea: Cómo los rayos láser revelaron la Atlántida de la jungla

Esta herramienta, que ha sido empleada en investigaciones arqueológicas en países con áreas de vegetación frondosa como Belice, Guatemala, México o Camboya, permite no sólo detectar construcciones cubiertas por la vegetación, sino también restos de carreteras, terrazas agrícolas, acueductos, vallas e incluso las fronteras entre antiguos vecindarios.

A diferencia del radar, LIDAR brinda un nivel de detalle y precisión mucho mayor. Y, en comparación de los métodos tradicionales, como el “entrar a pie a la selva a ver que encuentras”, dice Fernández Díaz, los beneficios son incomparables.

“Sobre todo en lugares como Centroamérica o el sudeste asiático, el LIDAR causó una revolución: en cuestión de días puedes investigar algo que te hubiese tomado 10 o 20 años“, aclara.

No obstante, no hay que perder de vista que en algunas circunstancias no es la técnica más óptima.

“En el desierto, por ejemplo, el radar es mejor porque puede penetrar bajo la arena”, explica Fernández Díaz.

Por otra parte, hay que tener cuidado cuando el LIDAR no da resultados.

“Que no encuentre nada no significa que no haya nada bajo tierra”, dice. Esto se debe a que el LIDAR solo puede detectar lo que hay arriba, pero no aquello que está enterrado.

“Es bueno sobre todo para identificar sitios monumentales, estructuras que sobresalen sobre el terreno natural”, añade.

Cuestión de costos

Pero si la tecnología lleva ya varias décadas en existencia y su valor es irrefutable, ¿por qué los arqueólogos demoraron tanto en aplicarla?

En principio, “hubo que esperar a que la tecnología madurase” para que permitiera obtener un grado mayor de detalle.

“Aunque la razón principal fue su costo”, dice el experto. “No todos tenían acceso”.

Hoy día, hacer un levantamiento de un área grande cuesta entre US$1.000 y US$2.000 por kilómetro cuadrado.

Un área más pequeña cuesta más, si se toma en cuenta el costo de movilizar un avión, contratar tripulación y otros detalles.

“Pero si bien puede parecer costoso, tienes que pensar cuánto costaría hacer un mismo levantamiento con métodos tradicionales, que tomarían mucho más tiempo”, le dice a BBC Mundo Fernández Díaz.

Las aplicaciones del LIDAR no se limitan solo a la arqueología, la policía la usa para controlar la velocidad de los motoristas, los meteorólogos para examinar las capas de la atmósfera y para investigar los niveles de concentración de la contaminación aérea, y la NASA la emplea para en sus dispositivos de atraque en la Estación Espacial Internacional.

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Northwestern Medicine

Mayra, la primera persona en recibir un trasplante doble de pulmón por COVID-19

Cuando Mayra Ramírez despertó otra vez a mediados de junio tras haber estado sedada y conectada a un respirador por más de 40 días no entendía todavía muy bien qué había pasado. Esta es su historia.
Northwestern Medicine
7 de agosto, 2020
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Cuando Mayra Ramírez despertó a mediados de junio tras haber estado sedada y conectada a un respirador por más de 40 días no entendía todavía muy bien qué había pasado.

Estaba en una cama de un hospital de Chicago, conectada a decenas de cables, aparatos y monitores, una escena similar al último recuerdo que tenía, cuando fue ingresada con los síntomas inequívocos de COVID-19 a finales de abril.

Pero las marcas frescas de las cicatrices mostraban que algo había sucedido mientras ella estaba en un coma inducido, en un no-tiempo de inconsciencia y pesadillas recurrentes.

“No fue hasta semanas después de que desperté que me di cuenta de que me habían hecho un trasplante de pulmones el 5 de junio y de que era el primer caso en Estados Unidos que lo recibía como un paciente de coronavirus”, cuenta en entrevista con la BBC.

Los médicos de Ramírez -de 28 años y sin ninguna enfermedad conocida que pudiera agravar su estado- habían visto su salud deteriorarse progresivamente desde que ingresó.

La joven había llegado al hospital con falta de aire, pero unas semanas después sus pulmones ya estaban “como un queso gruyer“.

A inicios de junio, llamaron a la familia en Carolina del Norte para que se despidiera de ella: no le daban dos días de vida.

Pero casi a último minuto los médicos decidieron probar una técnica que, hasta donde se conoce, no se había practicado antes con un paciente de coronavirus en EU.

“Mayra, más allá de la enfermedad, estaba saludable y también es joven, por lo que si éramos capaces de arreglar sus pulmones, todo lo demás debería estar bien”, cuenta a la BBC el cirujano Ankit Bharat, uno de los responsables del trasplante.

Dos días después iniciaron el procedimiento, sin tener ninguna esperanza -o certeza- de cuáles serían los resultados.

El lugar del silencio

Mayra, que es originaria de Carolina de Norte, se había mudado en 2014 a Chicago, donde comenzó a trabajar como asistente legal.

Mantenía una vida saludable: le gustaba correr, viajar y en su tiempo libre solía visitar a sus amigos o su familia o jugar con sus perros.

Cuando la pandemia comenzó a golpear el estado de Illinois, el temor de enfermarse la llevó a reforzar las precauciones: comenzó a trabajar de forma remota y asegura que apenas salía de casa.

Mayra

Northwestern Memorial Hospital
Mayra todavía se recupera de su operación.

Pero en abril comenzó a sentirse inusualmente mal y algunos síntomas recurrentes se mostraron como un mal augurio.

“Es la cosa más difícil por la que he pasado en mi vida. Estaba trabajando desde casa cuando empecé a perder el olfato y el sabor. Estaba muy cansada, me faltaba el aire y no podía caminar grandes distancias”, recuerda.

Contactó con la línea nacional de COVID para seguir sus consejos. Le recomendaron que se aislara en casa y vigilara sus síntomas.

Pero cada día se sentía peor.

“El 26 de abril ya no pude soportar más y fui a emergencias. Tomaron mis signos vitales y mi oxígeno en sangre estaba muy bajo. A los 10 minutos ya me estaban pidiendo que designara a alguien para que pudiera tomar decisiones médicas por mí“, recuerda.

Fue su último recuerdo por más de un mes.

Una cama de hospital

BBC
La joven estuvo en un ventilador por más de un mes.

La joven fue sedada y conectada casi inmediatamente a un respirador y a una máquina ECMO (oxigenación por membrana extracorpórea), un dispositivo que brinda soporte cardíaco y respiratorio.

“Estuve durante seis semanas en el respirador”, dice.

De todo ese tiempo solo recuerda unos malos sueños que todavía la atormentan.

“Durante esas semanas tuve pesadillas que todavía me afectan hoy, mientras todavía sigo tratando de recuperar algunas capacidades mentales y cognitivas”, asegura.

El momento decisivo

Pero luego de un mes y medio en un respirador Mayra no mostraba mejoría y sus pulmones ya mostraban daños irreversibles.

“Entonces fue cuando le dijeron a mis padres que yo tenía un daño pulmonar agudo y les pidieron que vinieran al hospital a decir adiós porque yo no pasaría de la noche”.

El equipo médico del Chicago’s Northwestern Memorial Hospital, sin embargo, decidió tomar una decisión arriesgada: completaron una evaluación urgente, la consultaron con la familia y como último recurso decidieron someterla a un trasplante doble de pulmón.

Era un procedimiento que se había probado antes en países como Austria y China para pacientes de coronavirus, pero no existía referencia hasta ese momento de otro caso similar en EU.

“Inmediatamente después del trasplante su corazón comenzó a bombear sangre de forma correcta a todos los demás órganos”, afirma el doctor Bharat.

“Cuatro semanas después estaba fuera del hospital. Ahora está en casa, hablando bien, con niveles de oxígeno adecuado”, agrega.

Según un comunicado del hospital, el caso de Ramírez y de otro hombre sometido poco tiempo después a una intervención similar muestran que los trasplantes dobles de pulmón pueden ser también una opción para casos críticos de coronavirus.

Para Ramírez, tras la operación, no solo comenzó el largo proceso de la recuperación, en el que ha tenido que aprender a respirar e incluso a caminar de nuevo.

También, dice, ha tenido que lidiar con las profundas cicatrices emocionales y psicológicas que los últimos meses han dejado en su vida.

“Ahora me siento mucho mejor que cuando desperté tras el trasplante. Estuve durante tres semanas en un proceso de rehabilitación que me ha ayudado drásticamente a mejorar mis habilidades físicas, pero todavía estoy tratando luchar con esto desde un punto de vista mental”.

“Es un proceso lento, pero estoy mucho mejor”.

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