Cartel Land: el documental que explora las autodefensas en Michoacán y Arizona
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Cartel Land: el documental que explora las autodefensas en Michoacán y Arizona

El Daily Post habló con Matthew Heineman, director del documental 'Cartel Land'.
Por Alejandro Hope
26 de junio, 2015
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Un día, al salir de tu casa, ves las cabezas cercenadas de algunos de tus vecinos, colgando de un árbol. La dantesca imagen no es la obra de un sicópata ocasional. Tu comunidad entera ha sido aterrorizada durante años por una despiadada banda criminal.

Los miembros de esa banda extorsionan a los dueños de negocios de cualquier tipo, secuestran a personas casi al azar y violan a cualquier mujer que despierte sus fantasías. Y ahora parece que vienen por ti: tu cabeza puede terminar colgando de una rama cualquiera de estos días.

Debes ir con la policía, ¿cierto? Sería un suicidio. La mayoría de los policías en la región están en la nómina de la banda o tan muertos de miedo que no pueden hacer nada. Y las autoridades federales te han abandonado: una vez enviaron algunas tropas, pero se fueron casi tan pronto como llegaron.

Entonces, ¿qué puedes hacer? ¿Tomar las armas y defenderte? Parece que la respuesta obvia es un ‘sí’, más aún si se toma en cuenta que varios de tus vecinos están dispuestos a unirse a la batalla contra los criminales.

Pero, espera, las cosas pueden complicarse. Una vez que has liberado a las fuerzas del ‘vigilantismo’ (civiles armados que quieren hacer justicia por su propia mano), ¿quién sabe lo que puede ocurrir?

Algunas personas tan malas como los propios criminales pueden unirse. Maldición, incluso algunos de los delincuentes, argumentado que se han arrepentido, pueden encontrar la forma de unirse al movimiento. Entonces, ellos pueden empezar a robar, a violar y a saquear protegiéndose en la causa. Algunos de tus camaradas de armas te dan la espalda. Algunos incluso intentan matarte. Otros te traicionan y te mandan a prisión.

¿Te sigue pareciendo que la respuesta obvia es un ‘sí’?

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Integrantes de la banda criminal ‘Los Caballeros Templarios’ custodian un laboratorio de metanfetamina, ubicado en algún lugar de Michoacán. //Foto: Cartel Land

Y la situación puede ser más ambigua. Digamos que vives cerca de una frontera internacional. La ilegalidad está por todos lados: se trafica droga, se trafica con personas. Una guerra está siendo librada al sur, en el país vecino.  ¿Quién puede decir que los matones que asesinan, mutilan y roban apenas a unas millas de distancia no tratarán de generar caos en tu lado de la frontera?

¿Y el gobierno? No hace suficiente, al menos no de acuerdo con tus estándares. Ciertamente no está sellando la frontera, ni disipando tus temores.

Entonces decides armarte, formar una milicia y patrullar el desierto, ¿cierto? Bueno, no estás enfrentando un peligro claro y presente. No se ha hecho un solo disparo. Pero podrían hacerse. Más vale prevenir que lamentar, dices. ¿O sólo has estado un poco paranoico y tu paranoia puede terminar en gente inocente lastimada?

¿Qué harías entonces si tienes miedo y te sientes abandonado por las instituciones que deberían protegerte?

Esta es la pregunta presente a lo largo del poderoso y aclamado documental Cartel Land, del director Matthew Heineman. Se trata de una historia de dos movimientos de autodefensa, uno en Michoacán, México, y el otro en Arizona. Es también la historia de dos hombres de mediana edad que tomaron la fatídica decisión de luchar en contra de lo que ellos consideraron ‘el mal’.

Matthew Heineman.

Matthew Heineman. //Foto: Aron Alonso.

Cartel Land podría haber sido fácilmente una fábula de héroes contra villanos. También podría haber sido una rápida condena contra el vigilantismo, pero no es ninguna de las dos cosas. Es, sí, un conmovedor acercamiento a la delgada línea que separa el bien del mal.

La ambigüedad moral del director respecto del vigilantismo se muestra más claramente en la parte del filme que se refiere a México. El personaje central es José Manuel Mireles, un doctor devenido líder de un grupo de autodefensas en la región michoacana de Tierra Caliente. Su historia y la de su variopinta banda de campesinos y profesionistas de pueblo pequeño que derrotaron a los Caballeros Templarios, la violenta organización criminal que dominó Michoacán durante casi una década, han sido contadas varias veces. Pero nadie antes de esta cinta había narrado este relato de una manera tan cercana y personal.

El doctor José Manuel Mireles practica con un fusil entre patrullas.

El doctor José Manuel Mireles practica con un fusil entre patrullas. //Foto: Cartel Land.

Heineman sigue a Mireles y a sus autodefensas (casi literalmente) a todos lados. Se mete en sus vehículos, asiste a sus reuniones, es testigo de sus balaceras contra los templarios e incluso entra en sus cámaras de tortura. Y está allí para documentar la transformación de los valientes cruzados en algo que misteriosamente termina pareciéndose demasiado a sus enemigos. Mireles, el hombre que lo comenzó todo, aparece perdido al final de la cinta, termina siendo una figura trágica, traicionado por otros líderes de un movimiento que termina siendo marginado por el gobierno. Mireles fue encarcelado gracias a lo que sus partidarios consideran un delito fabricado de posesión ilegal de armas.

Su estilo narrativo extremadamente cercano hace de Cartel Land un documental conmovedor e irresistible. He estado leyendo y escribiendo sobre drogas y violencia en México durante casi una década. En todo este tiempo he visto imágenes terribles, escuchado historias dramáticas y conocido a personas atroces. Aún así, terminé sacudido después de ver la cinta. En parte fue así por la crudeza de las imágenes, también por la desesperación que la historia irradia al final. El heroísmo termina volcado, subvertido, transformado en una mezcla tóxica de metanfetaminas y cinismo. Pocas cosas son más tristes.

Una patrulla de las autodefensas de Tancítaro rastrea a miembros del cártel en la carretera que conduce al pueblo michoacano.

Una patrulla de las autodefensas de Tancítaro rastrea a miembros del cártel en la carretera que conduce al pueblo michoacano.

Después de ver el poder de los segmentos sobre México en el filme, la historia del grupo Arizona Border Recon termina siendo una decepción. Su líder, Tim “Martillador” Foley, es casi una caricatura. Tim parece encarnar todo lo que termina siendo de risa y miedo de la política de extrema derecha en Estados Unidos. Él y sus hombres (algunos de ellos abiertamente racistas) afirman estar luchando contra los cárteles. Pero, ¿adivinen qué?, los cárteles no han sido nunca vistos en esta porción de desierto. Las hazañas de estos milicianos consisten en vestirse como soldados, como si fueran a asistir a una fiesta de Halloween, en correr sin rumbo, con binoculares de visión nocturna, y en detener únicamente a grupos de migrantes desarmados y asustados.

Y sin embargo, su historia es un testimonio contundente del poder del miedo irracional. El enemigo invisible proporciona una misión a sus empobrecidas y marginadas vidas. Les da una autoestima que ninguna psicoterapia no podría aspirar a igualar nunca. Estos chicos estarían perdidos si de alguna manera el gobierno de Estados Unidos pudiera alguna vez sellar la frontera. ¿Qué harían con ellos mismos sin sus dosis diarias de temor?

El poder de las políticas paranoides

En última instancia, la de Heineman no es una película sobre drogas o cárteles. Se trata de una búsqueda de sentido. El vigilantismo no es impulsado únicamente por un mecanismo de autodefensa. Si Mireles quería estar seguro, hubiera podido trasladarse a la Ciudad de México o incluso a Estados Unidos (alude a esta posibilidad al final de la película).

Pero huir no le habría dado la grandeza y la estatura heroica que el episodio de las autodefensas le dio. No estoy diciendo que fue impulsado principalmente por vanidad (aunque puede haber algo de eso también), sino que la rebelión le dio la oportunidad de escapar de la sensación de mente entumecida producida por su realidad diaria. A los 55, se abrieron para él las puertas de la aventura. Eso, por sí solo, tiene que haber sido un gran motivador.

Lo mismo sucede con Martillador. ¿Preferiría Tim él ser un abuelo sedentario viviendo una vida tranquila en algún lugar de Nebraska? ¿Cambiará la emoción de la persecución por la sensación de seguridad? Creo que no.

El vigilantismo o los movimientos de autodefensa sobreviven y prosperan, con en el caso de México, no sólo porque el Estado ha fracasado miserablemente en su tarea básica de protección, o porque como en el caso de Arizona las personas se convierten fácilmente en presas de políticos paranoicos, sino, más bien, porque algunas personas tienen que ser héroes (o sentir que lo son) aunque sólo sea por un día.

Y otras personas, quizás la mayoría, necesitan creer que puede haber héroes, incluso si al final se convierten en villanos.

Nota original (en inglés) publicada en El Daily Post.

Traducción: El Daily Post (@ElDailyPost)

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26 de noviembre, 2020
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Conforme avanza la pandemia la población se va anegando en una terminología médica que hace menos de un año desconocía.

Los términos anticuerpo, antígeno y PCR son ya habituales en las conversaciones, aunque muchas veces no se tenga clara la utilidad y la repercusión de cada uno de ellos en la salud individual y colectiva.

La introducción reciente de nuevas pruebas diagnósticas como la prueba de detección de antígenos, más fiable ahora que al inicio de la pandemia, ha hecho que se amplíe el número de herramientas disponibles para la detección de infecciones por SARS-CoV-2.

Con ello, aumenta la necesidad de disponer de guías que ayuden a decidir qué prueba se debe realizar en cada caso particular y cómo interpretar sus resultados.

Entornos diferentes necesitan pruebas diferentes

Son muchas las situaciones en las que es necesario aplicar pruebas diagnósticas pero, en líneas generales, podemos plantear los siguientes escenarios:

  • El cribado masivo de la población asintomática.
  • El cribado de la población de alto riesgo (por ejemplo, en residencias de la tercera edad y a personal sanitario).
  • La investigación de los contactos estrechos que ha tenido una persona infectada.
  • El diagnóstico clínico de una persona sintomática.
  • El seguimiento de la severidad de la enfermedad una vez diagnosticada o de la duración de la infectividad del paciente.
  • El estudio serológico poblacional de infecciones pasadas.

Hasta la fecha ninguna prueba diagnóstica cumple los requerimientos para ser aplicada con fiabilidad en todos y cada uno de estos escenarios.

Esta situación ha generado mucha confusión en la interpretación de los resultados obtenidos por las distintas pruebas en cada uno de estos escenarios. No solo entre la población sino a veces entre los propios sanitarios.

Cada prueba, con sus limitaciones, puede tener utilidad en un entorno concreto y es necesario conocerlas para poder tomar las decisiones clínicas oportunas en función de sus resultados.

En la siguiente tabla se muestra un resumen de las situaciones clínicas donde se puede aplicar cada prueba y cuáles, dentro de las aplicaciones recomendadas, son aquellas situaciones donde hay más probabilidad de que se obtenga un falso positivo (un positivo en personas no infectadas) o un falso negativo (un negativo en personas que sí están infectadas).

Todo esto asumiendo que no ha habido errores en la toma de muestras, su transporte y el procesado preanalítico.

Pruebas que detectan infección pasada o en fases finales

Las pruebas serológicas consisten en la detección de anticuerpos (IgM, que indica infección resolviéndose, e IgG, que indica infección pasada). Pueden ser útiles en las encuestas epidemiológicas a nivel poblacional en las que se quiere evaluar la prevalencia de personas que han estado en contacto con el virus.

En concreto, los anticuerpos IgM aparecen a los 6-7 días del inicio de la infección y se detecta mayor positividad a los 15 días. Alrededor del día 20 desde el inicio de los síntomas ya no se detectan.

Los anticuerpos IgG aparecen aproximadamente a los 15 días del inicio de la infección y confieren probable inmunidad (aunque en la actualidad se desconoce por cuánto tiempo).

Este es el caso de las encuestas de seroprevalencia realizadas en España desde el Instituto de Salud Carlos III y en las que se pudo conocer la prevalencia y características de la población que se había contagiado durante la primera ola de la pandemia, a través de la medición de los anticuerpos IgG .

Tubo con muestra para prueba molecular de covid-19

Getty Images
Si te has hecho la prueba contra el covid-19, ¿sabes qué tipo de análisis te has hecho?

Sin embargo, estas pruebas tienen un uso muy limitado (si es que tienen alguno) en la evaluación de la infección activa, a pesar de que con este fin se estén aplicando erróneamente en algunas comunidades autónomas y en otros ámbitos.

Además, tienen importantes limitaciones, especialmente las relacionadas con la presencia de resultados falsos positivos por su reacción cruzada con otros virus.

Existen diferentes técnicas para la determinación de anticuerpos: ELISA (Enzima-Inmunoensayo) y CLIA (Quimio-luminiscencia) (pruebas de referencia para la determinación de anticuerpos) e inmunocromatografía (o también llamada prueba rápida).

Los resultados de las pruebas de ELISA/CLIA son cuantitativos. Es decir, se indica el título (o número) de anticuerpos presentes.

Por otra parte, los resultados de las pruebas rápidas son cualitativos (presencia o ausencia de anticuerpos).

La sensibilidad y especificidad es mayor en las pruebas de ELISA y CLIA que en las pruebas rápidas. No obstante, dada la facilidad de realización de las pruebas rápidas (muestra de sangre capilar frente a suero o plasma y menor complejidad en su realización), se ha extendido su uso, sobre todo en laboratorios privados, a pesar de la mayor probabilidad de resultados falsos negativos y positivos.

Pruebas que detectan infección activa

Entre las pruebas para detectar la presencia del virus, el uso de la PCR -que detecta el genoma viral- se ha establecido como la prueba de oro para la detección de infección activa.

Entre sus limitaciones, además de la complejidad en términos de equipamientos de laboratorio, coste y tiempo, hay que destacar los falsos negativos que pueden depender del inicio de los síntomas o la carga viral, así como falsos positivos en función de las características del entorno en que se realizan y la dinámica temporal de la infección.

En general, en personas con baja probabilidad de estar infectadas (como ocurre en los cribados de población general) aumenta la probabilidad de obtener falsos positivos.

Por otro lado, un resultado positivo semanas después de la aparición de los síntomas puede ser debido a la detección de fragmentos no viables del virus en personas que ya no tienen capacidad infecciosa.

Dentro de esta categoría de pruebas infección activa se encuentran las nuevas pruebas de detección de antígenos que se consideran “rápidas y baratas”.

Detectan la presencia de proteínas virales de SARS-CoV-2 y tienen las ventajas de dar resultados en 15-30 minutos y poderse realizar fuera del ámbito del laboratorio clínico, en el ámbito cercano al paciente.

Su recibimiento por parte de la población y la clase política ha sido entusiasta.

No obstante, su sensibilidad (especialmente en poblaciones asintomáticas) es menor a la de la PCR, con una mayor tasa de falsos negativos, por lo que un resultado negativo en alguien con sospecha de estar infectado necesita confirmación con una determinación por PCR.

Raspado nasal para aplicar una prueba molecular de covid-19 a un paciente.

Getty Images
La prueba molecular se aplica sobre muestras del tracto respiratorio del paciente.

La OMS y el ECDC han recomendado su uso en ámbitos donde no es posible realizar la PCR o se necesita un resultado rápido para la toma de decisiones clínicas (aislamiento, hospitalización, inicio de tratamiento específico, etc.), aun señalando que deben realizarse dentro de los 5 días desde el comienzo de los síntomas.

Estas pruebas no se aconsejan para la detección de personas infectadas entre los casos asintomáticos, ya que su rendimiento diagnóstico en esta población es bajo.

Los estudios en estas poblaciones en nuestro país (España) sitúan su sensibilidad entre el 45% y 57% (un estudio que la eleva hasta al 79%, pero en una población con una prevalencia de enfermedad muy alta).

En el caso de los niños sintomáticos, con una sensibilidad en torno al 62 %, también podría ser preferible la PCR.

Pruebas en farmacias y administradas por los propios pacientes

Algunas pruebas de infección pasada (anticuerpos) se han empezado a comercializar en las farmacias comunitarias para su uso por los propios pacientes tras prescripción médica.

Igualmente, algunas Comunidades Autónomas -regiones en España- y colegios farmacéuticos han abierto el debate sobre la realización de pruebas de antígenos en las farmacias comunitarias.

Una práctica que ya se da en países como Francia, un país con un sistema sanitario muy diferente al español.

En el Sistema Nacional de Salud español (no tanto en las aseguradoras privadas) las pruebas de antígenos están disponibles en los centros de atención primaria y hay que evaluar cuidadosamente la necesidad de remitir a las farmacias comunitarias una prueba que puede hacerse inmediatamente en el propio centro.

No obstante, en la situación tan excepcional que estamos viviendo, y con la necesidad de ampliar la capacidad de detección del virus, son iniciativas a evaluar.

Pese a las discusiones en los medios sobre las competencias de cada profesión y el lugar de realización de las pruebas, el problema importante se debe centrar en el hecho de que una prueba diagnóstica exige una interpretación rigurosa de sus resultados en función de la situación clínica del paciente o la persona en que se realiza.

Esto es lo que se debe asegurar en cada caso.

El hecho de que una prueba pueda dar falsos positivos y negativos no significa que no sea útil, sino que debe ser realizada en el entorno en el que es más útil y ser interpretada teniendo en cuenta la información clínica del paciente y la prevalencia de la infección en el ámbito de actuación.

Por tanto, las iniciativas en las que es el propio paciente el que recoge el test de anticuerpos en la farmacia para hacerlo en su casa puede llevar a múltiples situaciones confusas.

Estas suponen un riesgo tanto para la salud individual como para la colectiva.

Interpretación apropiada de pruebas imperfectas

Buena parte del lío en torno a las pruebas de covid-19 deriva de la confusión entre asintomáticos y presintomáticos, del valor informativo de cada prueba en la dinámica temporal de la infección y del falso discurso de “cuantas más, mejor”.

Al mismo tiempo se olvida que, como en cualquier otra enfermedad, la medicina científica exige el uso de la prueba adecuada, en la persona adecuada y en el momento adecuado.

Más allá de la confusión, el uso de pruebas diagnósticas de covid-19 requiere no olvidar algunas reglas de extrema importancia:

  • Las personas con síntomas o que sean contacto estrecho de caso de covid-19, aunque sean asintomáticas, deben ser aisladas y controladas por los servicios de atención sanitaria. Todo esto aunque los resultados de sus pruebas, sean cuales sean, den negativo.
  • Un resultado negativo de una prueba de antígenos (o una PCR) no excluye el desarrollo de enfermedad o la posibilidad de contagiar (especialmente en los días inmediatamente siguientes). Tampoco permite relajar ninguna medida de distanciamiento social (mascarillas, distancia, aforos, etc.).
  • Una prueba de anticuerpos positiva no es un pasaporte biológico. No garantiza que una persona concreta haya pasado la infección o que no la pueda volver a contraer, sobre todo si se ha llevado a cabo mediante test rápidos.

* Blanca Lumbreras es catedrática de medicina preventiva y salud pública de la Universidad Miguel Hernández y Salvador Peiró es investigador de Fisabio Salud Pública.

Este artículo se publicó originalmente en The Conversation. Puedes ver la versión original aquí.


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