¿Por qué dan pánico las matemáticas?
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¿Por qué dan pánico las matemáticas?

La aritmética mental puede ser estresante para mucha gente y provocar un miedo a los números para toda la vida. ¿Por qué se dan tanta ansiedad?
Por BBCMundo
30 de junio, 2015
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Un niño frente a una pizarra llena de números

Se trata de una fobia real, que afecta a niños y adultos.

Manos sudorosas, pulso acelerado y una sensación de ahogo en la garganta: nada me hace sentir más miedo que la necesidad de hacer cálculos matemáticos en público.

Incluso la sencilla tarea de dividir la cuenta del restaurante me produce sudores fríos.

No importa cuánto me concentre, los números se escapan y me queda solo una sombra acechante en lugar de una respuesta.

¿Sabes esos sueños en los que te das cuenta de pronto que has salido a la calle sin ropa?

Eso es lo que siento. Mi pequeño secreto es que en mi caso todavía es más vergonzante, dado que tengo un título universitario en matemáticas.

Sin embargo, hacer cálculos avanzados en la soledad de mi habitación es una brisa de aire fresco en comparación con hacer cálculos sencillos de aritmética bajo la mirada de otros, o incluso recordar el número de seguridad de la entrada de mi edificio.

Así que sentí alivio al descubrir que no estoy solo con mi “ansiedad frente a las matemáticas“, una condición psicológica sorprendentemente bien estudiada.

Es exactamente lo que parece: el miedo a los números.

Fobia

Por suerte para mí, mi miedo se limitaba a la aritmética mental instantánea. Una vez que las matemáticas empezaban a utilizar más letras y menos números, todo iba bien.

Pero para mucha gente, pensar en esto ensombrece su recuerdo de los días de escuela.

Los psicólogos estudian las causas y consecuencias de esta extraña “fobia” a los números.

Al principio, los psicólogos solo podían medir la ansiedad matemática con cuestionarios en los que pedían a los participantes que puntuaran sus sentimientos mientras hacían tareas relacionadas con las matemáticas.

Las tareas podían ser desde abrir un libro de texto de matemáticas a hacer un examen importante.

Aunque se ha estudiado sobre todo en niños, parece que este tipo de ansiedad puede afectar también a estudiantes de universidad y adultos.

Solo ver el recibo de una tienda puede provocar el pánico en algunas personas.

Más recientemente, sin embargo, los psicólogos han sido capaces de estudiar también las respuestas fisiológicas.

Han visto que aunque las matemáticas no son un peligro real, esta genteexperimenta una respuesta muy real, física, que incluye la liberación de hormonas del estrés como el cortisol, características de situaciones que se perciben amenazantes.

Un estudio mostró, incluso, que pensar sobre un examen de matemáticas activa la “matriz del dolor” del cerebro, las mismas regiones que se activan si resultas herido.

Sin respuestas improvisadas

No está claro por qué las matemáticas causan mucho más miedo que, por ejemplo, la geografía.

Pero el hecho de que en matemáticas siempre haya una respuesta verdadera o falsa, de forma que no puedes improvisarla o sacártela de debajo de la manga,puede que te haga preocuparte más por no hacerlo bien.

Pero, como muchos miedos, está a menudo infundado y además puede afectar tus posibilidades de que te salga bien el examen.

En 2012, por ejemplo, escáneres cerebrales realizados a niños estadounidenses de entre siete y nueve años mostraron que los que se sentían más ansiosos con las matemáticas mostraban una mayor actividad en la amígdala, que trabaja en caso de amenaza.

Y no sólo eso: el miedo también reducía la activación de la corteza prefrontal (situada detrás de los ojos) la región que se ocupa del pensamiento abstracto.

Se piensa que esto reduce la memoria “de trabajo” a corto plazo, de forma que a los niños les cuesta más concentrarse y pensar sobre las sumas que tienen que hacer.

El origen del miedo

Una interpretación es que la ansiedad misma está dificultando su capacidad de hacer las sumas.

Esa semilla de miedo puede llegar de muchas fuentes, pero una de la que se habla es que los profesores están extendiendo sus ansiedades a la siguiente generación.

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Sólo ver el recibo de una tienda puede provocarle una tremenda ansiedad a algunas personas.

Los niños se dan cuenta si un adulto está nervioso y comienzan a pensar que ellos también tienen que esconderse del peligro.

Los profesores que no están seguros de sus propias habilidades matemáticas tienden a tener alumnos más ansiosos.

También puede ser que las expectativas culturales tengan la culpa: es posible que las chicas tengan más probabilidad de adoptar la ansiedad a las matemáticas (sobre todo si su maestra es una mujer), o quizás por los estereotipos de que las niñas no son normalmente muy buenas en matemáticas.

Sea cual sea su origen, una vez que la semilla del miedo se planta, puede crecer sola: cuanto más ansioso te sientes, peor lo haces, más te apartas de las matemáticas y más te preocupas cuando debes volver a enfrentarte a ellas.

Y los psicólogos sugieren que esto puede tener graves consecuencias.

Las personas con ansiedad hacia las matemáticas entienden menos frecuentemente las estadísticas sobre los supuestos riesgos de los alimentos genéticamente modificados, por ejemplo.

Consecuencias profundas

Es fácil ver cómo podría provocar grandes equivocaciones en el caso de peligros reales como fumar o comer más de la cuenta.

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Maestros inseguros pueden causar más daño del que pudiera pensarse.

Los psicólogos suelen tratar las ansiedades con terapia de aversión, en la que te enfrentas a tus miedos para intentar lidiar con la ansiedad.

Pero desafortunadamente, no parece que las continuas clases de matemáticas tengan el efecto deseado.

La llamada “escritura expresiva” puede funcionar, ya que muchos estudios muestran que articular tus miedos puede hacer que te dominen menos.

Otros buscan formas sutiles de reformular ese miedo, animando a los niños a ver los exámenes como un reto, no como una amenaza, por ejemplo explicándoles que su miedo no necesariamente refleja que tienen poca habilidad natural para las matemáticas.

¿Podría ser que reformular mis miedos detenga el pánico la próxima vez que tenga que pagar la cuenta en un restaurante?

Lo probaré. Y si no funciona, utilizaré mi apoyo habitual: la calculadora de mi teléfono.

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6 consejos para negociar de manera más efectiva en el trabajo (y qué es lo que nunca deberías hacer)

Jonathan Booth, experto en negociación de la universidad británica London School of Economics, comparte con algunas de las claves para llegar a un mejor resultado.
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10 de agosto, 2020
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Mujeres conversando

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“Ninguno de nosotros puede evitar una negociación”, dice Jonathan Booth, explicando que hasta en las situaciones laborales más cotidianas existen habilidades negociadoras que pueden ayudarte a conseguir tus objetivos.

Cuando hablamos de negociar, no solo de trata de cerrar un negocio o conseguir un aumento de salario.

Hay negociaciones más cotidianas que, aunque no terminen con un resultado cuantificable en dinero, son igualmente importantes.

Por ejemplo, necesitas habilidades para negociar un día libre, para que la carga de trabajo sea equitativa o para defender un punto de vista que puede marcar el desarrollo de tu carrera profesional.

Jonathan Booth, profesor de comportamiento organizacional y gestión de recursos humanos de la universidad británica London School of Economics (LSE), quien además se especializa en educación para ejecutivos sobre negociación, dice que los pasos para tener éxito son aplicables en cualquier ámbito laboral.

“Ninguno de nosotros puede evitar una negociación”, le dice Booth a BBC Mundo, ya que es parte de la dinámica de nuestras vidas profesionales. como cuando hay que determinar los términos de un nuevo acuerdo o superar conflictos con colegas.

Lo más desafiante, afirma, es cuando estás negociando con una contraparte competitiva que no está dispuesta a perder y, por lo tanto, no le interesa llegar a un punto medio para facilitar un acuerdo donde los participantes obtengan algún beneficio, situación que en inglés se llama win-win.

Enfrentado a esa situación, es recomendable explorar si existen posibilidades de crear un escenario donde cada negociador se levante de la mesa con algún beneficio.

Para avanzar en este enfoque es importante “estar dispuesto a hacer preguntas, compartir información y priorizar la creatividad”, apunta Booth.

Estos son seis consejos que habitualmente utilizan los mejores negociadores, según el académico de LSE.


1. Acercarse a la contraparte y establecer una relación cordial

No se trata, necesariamente, de ir juntos al bar de la esquina, pero una llamada telefónica o una breve reunión previa, puede allanar el camino antes de que se establezca una negociación formal.

Si no están las condiciones como para un contacto previo a la negociación, es importante investigar por otros medios quién es tu contraparte.

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Es importante, dice el académico, crear las condiciones donde cada negociador se levante de la mesa con algún beneficio.

Por ejemplo, buscar en redes sociales información que pueda ser útil antes de sentarse a discutir. Indagar qué trabajos previos ha realizado, cuáles son sus motivaciones, sus intereses. Y si es posible, descubrir cómo han sido los resultados de negociaciones previas donde ha participado la contraparte.

Incluso si la confianza solo se extiende al establecimiento de reglas y procedimientos básicos, al menos eso permitirá que los participantes se sientan más cómodos.

2. Meterse en sus zapatos (y caminar un poco dentro de ellos)

Otra técnica que ayuda en el proceso es tratar de entender la perspectiva de la contraparte, incluso aunque no estés de acuerdo. Eso permite tener una comprensión más racional de la otra persona y descubrir qué busca.

También le hace ver al otro que estás prestando atención y que entiendes lo que propone, aunque las posiciones sean divergentes.

La idea es tratar de encontrar una solución integradora para evitar que el conflicto escale y se transforme en una discusión que no avanza.

3. Compartir información

Aunque puede sonar poco estratégico a primera vista, lo cierto es que compartir información es importante.

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“No vayas a una negociación sin estar preparado. Planificar y prepararse son la clave para el éxito”, apunta el experto.

Una negociación constructiva está relacionada con la reciprocidad. Entonces, tomar la iniciativa -y estar dispuesto a parecer vulnerable- puede ayudar a conseguir información de la contraparte y mover la conversación a tu favor.

Es como ceder un poco para conseguir algo a cambio. Es posible que tu buena disposición a compartir información empuje a los otros a seguir tu ejemplo, abriendo el diálogo.

Cuando los negociadores ven que las partes están dispuestas a trabajar juntas, se puede mantener un intercambio positivo.

4. Priorizar la creatividad

En cualquier negociación es probable que encuentres problemas o elementos inesperados a medida que avanzan las conversaciones.

En esta circunstancias se requiere ser creativo y buscar soluciones que den una respuesta a las distintas necesidades. Y para ser creativo con las propuestas tienes que saber quién es la persona que está al frente y qué busca.

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Antes de sentarse a negociar, siempre hay que investigar quién es tu contraparte.

Es útil trazar la percepción de los intereses de todos lo que están en la mesa. Si los problemas que se discuten tienen varias partes, vale la pena desglosarlos y usar la creatividad para que los otros se integren a la discusión.

En esto es clave hacer las preguntas correctas para aprender de la información nueva que consigues de los otros negociadores y así generar múltiples ideas que permitan crear posibles soluciones.

5. Plantear las cosas de manera colectiva

En vez de plantear el diálogo de manera individual, al estilo de “mi posición es esta”, “tu posición es esta”, es conveniente tratar de conducir la conversación hacia un diálogo colectivo.

También puede ser útil traer a la mesa ejemplos de negociaciones previas donde hayas participado y cuyos resultados arrojaron un beneficio mutuo.

En este punto hay que tener cuidado porque al mostrar mucha experiencia, puedes parecer intimidante o puedes ser percibido por los demás como que los estás subestimando.

6. Minimizar las amenazas

Si tus contrapartes utilizan amenazas, tendrás que encontrar maneras de bloquearlas o prevenir que vuelvan a aparecer en la mesa de negociación.

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“Si tus contrapartes utilizan amenazas, tendrás que encontrar maneras de bloquearlas o prevenir que vuelvan a aparecer”, argumenta Booth.

Básicamente se trata de minimizar la tensión. Lo primero es encontrar un asunto en que todos los negociadores estén interesados para mover la discusión hacia otro lado, o encontrar puntos donde haya acuerdo.

Si descubres cuáles son las cartas del juego de los demás, tienes más opciones de mover las piezas a tu favor, con el fin de encontrar una solución de beneficio mutuo.

¿Qué se puede hacer cuando aparece un elemento inesperado?

“Si eso ocurre, le puedes hacer preguntas para que la contraparte aclare de qué se trata el asunto”, dice Booth.

Ahora bien, “si lo nuevo realmente te ha tomado por sorpresa, trata de evitar que la otra parte se dé cuenta“.

Un alternativa es hacer una pausa en la negociación y ganar tiempo para investigar y evaluar el nuevo escenario, ya que así puedes saber si necesitas traer nuevos recursos a la mesa y explorar otros caminos para lograr un acuerdo.

Y sobre qué es lo que nunca deberías hacer al enfrentar una negociación, Booth es muy claro: “No vayas a una negociación sin estar preparado. Planificar y prepararse son la clave para el éxito”.


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