Tlapa, Guerrero: los saldos del 7 de junio
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Tlapa, Guerrero: los saldos del 7 de junio

Una persona muerta y una comunidad fracturada son el resultado de los enfrentamientos ocurridos con profesores que protestaron en contra de las elecciones.
Cuartoscuro
Por Daniela Pastrana
10 de junio, 2015
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Durante la jornada electoral del 7 de junio, pobladores de Tlapa retuvieron a policías federales en respuesta a a detención de profesores. Foto: Cuartoscuro

Durante la jornada electoral del 7 de junio, pobladores de Tlapa retuvieron a policías federales en respuesta a a detención de profesores. Foto: Cuartoscuro

Las letras negras quedaron garabateadas con aerosol en la caseta del sitio de taxis Juárez, en el Zócalo de la cabecera municipal: “Taxistas, la cuenta está pendiente”.

En la colonia Zapata, donde la asamblea de colonos acordó desde el sábado no ir a votar, fue colgada otra manta: “Prohibida la entrada a taxis: Juárez, Sr. del Nicho, federados y Astudillo. Repudio Total”.

Es el saldo de la jornada electoral en la región que impulsó el boicot. Hasta el momento, con la información del PREP, el PRI obtuvo la alcaldía. Pero el costo es muy alto: no sólo porque fue asesinado el “comandante” encargado de la seguridad del Movimiento Popular Guerrerense, Antonio Vivar Díaz, lo que provocó un luto generalizado en la comunidad, sino porque el uso de grupos de choque en los días previos y la incursión de policías federales en la colonia Tepeyac, dejó una fractura en la comunidad.

“No teníamos que llegar a esto. Todos tenemos un taxista en la familia, ellos también son gente del pueblo. Los federales tienen la culpa”, dijo llorando la maestra Eira Muñoz.

Los maestros agredidos identifican a los taxistas de los sitios Juárez y Sr. Del Nicho como los civiles que fueron pagados por el PRI y otros partidos políticos para provocar acciones que contrarrestaran el boicot electoral promovido por el MPG, y que derivaron el domingo en el asesinato del activista.

Este martes, las calles de Tlapa se llenaron de luto. Miles de personas acudieron a despedir al “comandante” y el luto se convirtió en protesta y demanda de justicia Las escuelas cerraron. A la marcha se sumaron padres y compañeros de los 43 normalistas de Ayotzinapa. Las escuelas cerraron.

Los manifestantes caminaban despacio, con flores en la mano y pancartas en demanda de justicia. Las consignas rebeldes se mezclaban con música de protesta. La gente de Tlapa salió a sus ventanas y puertas para ver pasar la marcha fúnebre. Eran rostros serios, de luto. Algunos lloraban; otros grababan el momento en sus teléfonos celulares.

“¡Toño no murió, el gobierno lo mató!” fue la frase que enmarcó el ánimo de la protesta.

Unos dejaron un de flores frente a la casa de Javier Morales Prieto, candidato del PRI, que hasta ahora va ganando en las elecciones. Su puerta quedo tapizada con imágenes del joven asesinado.

En el Ayuntamiento que hasta hace una semana era ocupado por el plantón del Movimiento Popular Guerrerense, hicieron un alto con el féretro y escucharon una canción que el compuso Antonio Vivar.

Más tarde, en conferencia conjunta, padres y estudiantes de Ayotzinapa, integrantes del MPG, la Coordinadora de Trabajadores de la Educación de Guerrero (Ceteg), colonos y organizaciones de defensa de derechos humanos, anunciaron demandaron una investigación exahustiva y responsabilizaron a las autoridades municipales, estatales y federales de lo que pueda ocurrir con otros dirigentes magisteriales que promovieron el boicot.

“Son elecciones manchadas de sangre”, dijo Manuel Olivares, del Centro de Derechos Humanos José María Morelos. “No puede haber democracia en un país en el que hay enfermedades, pero no medicinas; donde hay hambre, pero no comida; donde hay asesinatos, pero no castigo y donde hay desapariciones, pero no hay investigaciones”.

La historia de la muerte de Díaz Vivar comenzó el lunes 1 de junio, cuando grupos civiles desalojaron el plantón que el MPG mantenía desde hace 8 meses en el Ayuntamiento. Al día siguiente, el gobernador Rogelio Ortega, “vino a premiarlos”, dijo Ubaldo Segura.

El viernes 5, grupos de civiles armados con palos y piedras golpearon a los manifestantes y al profesor Juan Tenorio, líder del MPG, lo exhibieron públicamente por varias calles visiblemente golpeado.

El MPG fue creado en 2013 contra la reforma de educativa impulsada por Enrique Peña Nieto y está integrado mayoritariamente por profesores de la Ceteg. Es el corazón del boicot electoral promovido en reclamo de la aparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa.

El domingo de la jornada electoral, una camioneta fue incendiada por desconocidos en el puente del Jale y una manta colocada en un puente peatonal apuntó a los taxistas de los sitios Juárez y Sr. Del Nicho. Una hora después, la policía federal fue al local de la Ceteg en la colonia Tepeyac y detuvo, sin órdenes de aprehensión y con exceso de violencia, a 8 personas. De acuerdo con sus testimonios, los maestros fueron trasladados al batallón 93 del Ejército, donde les tomaron fotos con bombas molotov, luego a Acapulco, y finalmente, después de muchas horas, entregados al gobernador, quien les tomó fotos.

Sacudieron el avispero. Mientras todo eso ocurría, la gente de la colonia tocó campañas y llamó a otras colonias; los pobladores detuvieron a unos policías que regresaron más tarde a intentar llevarse una camioneta. Los persiguieron, los replegaron, los encapsularon y finalmente los encerraron en la capilla, para intercambiarlos por los maestros detenidos.

La tensión aumentó durante la tarde y cuando la policía federal, que se había comprometido a negociar el intercambio, entró a recuperar a los oficiales, una bala disparada desde el interior de la capilla, según todos los testimonios, mató a Antonio Vivar, coordinador de la Comisión de Seguridad del MPG

Hasta el momento las autoridades no han iniciado investigaciones para determinar quien lo mató. Nadie ha llegado a preservar el sitio

Vivar, de 28 años, y egresado de Desarrollo Comunitario Integral en la Universidad Pedagógica Nacional de Tlapa.

Por eso, en una barda afuera de su casa dice;

“Boicot al sitio Juárez por vendidos”

Los taxis del Sr. Del Nicho (los morados) tienen pintado con blanco en los vidrios: “Diàlogo y reconciliación”

-será posible?

No, dice un reportero local: Imaginate, te matan a uno, o bueno, no lo matan pero provocan que lo maten y luego quieren reconciliación.

 

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Qué revelan las máquinas tragamonedas sobre el poderoso negocio de la adicción

Son una de las herramientas más rentables del sector del juego, pero muchos jugadores dicen que ganar no es el objetivo. Entonces, ¿por qué no pueden parar de jugar?
6 de septiembre, 2020
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máquina tragamonedas

Getty Images
La idea es ganar… ¿no?

El primer trabajo de Mollie, cuando era una joven adolescente, fue distribuir cambio para máquinas tragamonedas en una base militar. Para cuando llegó a la madurez, Mollie ya no ganaba su salario con las máquinas tragamonedas, sino que se gastaba todo su cheque de pago en atracones de dos días en ellas.

“Incluso cambié mi seguro de vida por dinero para jugar”, le dijo a Natasha Dow Schüll en una habitación de hotel en lo alto del Strip de Las Vegas. Schüll es una antropóloga que ha estado estudiando el mundo de las máquinas tragamonedas durante dos décadas.

Quizás fue apropiado que la conversación haya tenido lugar entre dos mujeres. Los sociólogos a menudo han descrito el juego como una prueba de hombría, desde un James Bond con esmoquin que demuestra sus nervios de acero en la ruleta de alto riesgo y su habilidad en el póquer, hasta los jugadores de peleas de gallos de Bali analizados por el antropólogo Clifford Geertz en la década de 1970.

Las máquinas tragamonedas, sin embargo, no parecen encajar en absoluto. No requieren habilidad ni nervios de acero. Geertz argumentó que eran una distracción para “mujeres, niños, adolescentes… los extremadamente pobres, los socialmente despreciados y los personalmente idiosincrásicos”.

Pero las máquinas tragamonedas no son un juguete. Son fantásticamente rentables y han crecido como una especie invasora.

Protagonistas

Las encontré en masa en 2005, cuando viajé a Las Vegas para escribir sobre teoría del juego en la Serie Mundial de póquer.

Detalle de carnet del mundial de póker 2005

Getty Images
El póker resultó no ser la principal atracción.

Decenas de periodistas se apresuraron a entrevistar a jugadores estrella. Las máquinas tragamonedas parecían un telón de fondo decorativo deprimente pero colorido, que acogían a jugadores obesos y ancianos que las montaban como sillas de ruedas motorizadas.

Fue solo más tarde que me di cuenta de que realmente el Mundial de Póquer era el telón de fondo decorativo. En lo que respecta a los casinos, las máquinas tragamonedas se habían convertido en el evento principal.

No solo en los casinos: la industria del juego de Reino Unido, una vez dominada por las apuestas en las carreras de caballos, se ha vuelto dependiente de una especie de máquina tragamonedas llamada Terminal de apuestas de probabilidades fijas. Cuando el gobierno anunció en 2018 que se reducirían los tamaños máximos de las apuestas, una casa de apuestas respondió diciendo que tendría que cerrar casi 1.000 sedes.

Ganar no importa

Mollie gasta tanto en las máquinas tragamonedas que un hotel de Las Vegas la ha invitado a quedarse allí de forma gratuita. ¿Espera una gran victoria?, pregunta Natasha Dow Schüll. No. Ella sabe que no hay posibilidad de eso.

“Lo que la gente nunca entiende es que no estoy jugando para ganar”.

¿Un jugador al que no le importa ganar? Eso no parece correcto.

máquina tragamonedas

Getty Images
El botín, para jugadores como Mollie, es irrelevante…

Pero durante mucho tiempo hemos intentado entender qué son realmente las máquinas tragamonedas y la lección que tienen que enseñarnos sobre la economía moderna.

La historia

Generalmente se cuenta que las máquinas tragamonedas comenzaron en Estados Unidos alrededor de 1890.

La Compañía de Juguetes Ideal de Chicago fabricó una con cinco tambores giratorios, cada uno con diez naipes. Si, tras insertar una moneda cinco cartas se alineaban en una mano de póker decente, un asistente te daba un premio. Una firma de Brooklyn, Sittman and Pitt, hizo una versión en 1893 que fue popular en Estados Unidos.

Fue entonces que a Charles Fey, un inmigrante de San Francisco desde Baviera, se le ocurrió la idea de simplificar el dispositivo. Con solo tres carretes, el mecanismo se volvió lo suficientemente sencillo como para que la máquina pagara sin la necesidad de un asistente humano.

La máquina fue un éxito en San Francisco, hasta que el taller de Fey fue destruido en un incendio a raíz del terremoto de 1906.

Pareja feliz con jackpot

Getty Images
…aunque para otros jugadores, ganar -a juzgar por esta foto- es emocionante.

Las máquinas tragamonedas modernas son simplemente computadoras en caparazones, con sus gruesas palancas diseñadas para evocar las viejas máquinas mecánicas.

Es este cambio digital lo que ha hecho que las máquinas tragamonedas sean tan rentables. No hay necesidad de preocuparse por alimentarlas con monedas -el trabajo que solía tener la adolescente Mollie- porque los jugadores llevan tarjetas digitales en cordones que los conectan umbilicalmente a las máquinas.

La zona

Los jugadores nunca necesitan moverse; entran en lo que Mollie llama “la zona”, un estado de absorción similar a un trance donde el resto del mundo se disuelve.

Ganar simplemente significa más crédito, y más crédito significa más “T.O.D”, el acrónimo de time on device o tiempo en el dispositivo.

De eso estaba hablando Mollie cuando dijo que no estaba jugando para ganar.

Tres mujeres jugando en máquinas tragamonedas en la piscina

Getty Images
En la zona… de la piscina.

Las máquinas tragamonedas modernas no son como las loterías o la ruleta, en las que los jugadores viven con la esperanza de ganar el premio mayor.

En cambio, tragan apuestas bajas -tal vez 100 apuestas de un centavo, distribuidas en una cuadrícula vertiginosa de posibles combinaciones ganadoras- y constantemente escupen pequeñas ganancias también (si es que se pueden describir como ganancias).

Si has hecho 100 apuestas de un centavo y recuperas veinte centavos, ¿es realmente una victoria? Con luces intermitentes y jingles de celebración, la máquina te dirá que sí.

El 18%

En una máquina estudiada por investigadores, 100 giros producían 14 ganancias reales -la máquina devolvía más de lo que el apostador había puesto- y 18 falsas ganancias -en las que el jugador recibía algo con gran fanfarria, pero menos de lo que había apostado-.

El mismo equipo de investigación pasó a demostrar en experimentos de laboratorio que una máquina con esa tasa del 18% de falsas victorias era más adictiva que las máquinas con muchas más o muchas menos falsas victorias.

Los diseñadores de máquinas tragamonedas no investigan por gusto: la industria es ferozmente competitiva.

máquina tragamonedas

Getty Images
El ganador, como siempre, es el casino.

Una máquina de US$10.000 puede pagarse sola en un mes, si atrae a los jugadores. De lo contrario, será reemplazada por una con una olla de palomitas de maíz de la que burbujean bolas de lotería, o una que lance aroma a chocolate en la cara del jugador, o una que, en la voz de Donald Trump, anuncie: “¡estás despedido!”… cualquier cosa para deleitar y sorprender.

Siempre están buscando construir una mejor ratonera, y nosotros somos los ratones.

La fuerza de la adicción

B.F. Skinner, uno de los psicólogos más famosos del siglo XX, no se habría sorprendido.

En la Universidad de Harvard, Skinner solía investigar el comportamiento dándole a ratones que apretaban una palanca la recompensa de una bolita de comida.

En una ocasión, les dio la recompensa de forma intermitente: a veces la bolita salía, otras, no. No había forma de que el ratón lo supiera. Sorprendentemente, la recompensa impredecible fue más motivadora que una recompensa generosa y confiable.

B.F. Skinner

Getty Images
B.F. Skinner no se habría sorprendido.

Los adictos a las tragamonedas como Mollie están igualmente enganchados, absortos en “la zona”.

La antropóloga Natasha Dow Schüll una vez vio imágenes, capturadas con la cámara de seguridad de un casino, de alguien que sufría un ataque cardíaco en una máquina tragamonedas:

“Él… colapsa repentinamente sobre la persona a su lado, que no reacciona en absoluto… dos transeúntes lo estiran, uno de ellos es una enfermera de emergencias fuera de servicio. Pocos jugadores en las inmediaciones se mueven de sus asientos… en menos de un minuto, un oficial de seguridad aparece en la escena con un desfibrilador, le da dos descargas eléctricas al hombre… A pesar del hombre inconsciente que yace literalmente a sus pies, los otros apostadores sigue jugando”.

¿Estás seguro de que a ti no te pasa?

Las investigaciones sugieren que las máquinas tragamonedas pueden crear adictos mucho más rápidamente que otras formas de juego, como loterías, juegos de casino o apuestas deportivas.

Pero igualmente desconcertante es la sensación de que en los últimos años, la psicología de la máquina tragamonedas se ha escapado del casino y ha migrado a nuestros bolsillos.

Los adictos en recuperación evitan ir a lugares donde podrían ver máquinas tragamonedas, pero no hay ningún lugar al que podamos escapar de nuestros teléfonos, y hay muchas buenas razones para estar mirándolos.

Todos hemos visto gente “en la zona”, ajena a sus compañeros o al tráfico porque el teléfono es lo único que importa.

Es ese refuerzo intermitente de nuevo: ¿hay más correo electrónico? ¿Algún “me gusta” en Facebook?

Muchos juegos de computadora son más descarados en el uso de refuerzo intermitente, ofreciendo “cajas de botín” con esos destellos familiares y recompensas impredecibles.

Se parece mucho a un juego de azar, y a menudo son juegos de azar para menores de edad.

~Tim Harford escribe la columna “Economista clandestino” en el diario británico Financial Times. El Servicio Mundial de la BBC transmite la serie 50 Things That Made the Modern Economy. Puedes encontrar más información sobre las fuentes del programa y escuchar todos los episodios o suscribirte al podcast de la serie.


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