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Manu Ureste

Celdas de castigo, humillaciones, acoso sexual… El calvario de miles de migrantes detenidos en México

Cinco organizaciones civiles defensoras de los derechos humanos presentaron de manera conjunta el informe 'Derechos Cautivos', en el que analizan la situación de los migrantes indocumentados en siete centros de detención del país. El Instituto Nacional de Migración asegura que no hay quejas de la CNDH ni de cónsules extranjeros sobre abusos a migrantes.
Manu Ureste
Por Manu Ureste
25 de julio, 2015
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Un migrante centroamericano observa el paso del tren al que llaman 'La Bestia' en el albergue de Ixtepec, Oaxaca. //Foto: Manu Ureste (@ManuVPC)

Un migrante centroamericano observa el paso del tren al que llaman ‘La Bestia’ en el albergue de Ixtepec, Oaxaca. //Foto: Manu Ureste (@ManuVPC)

Celdas de castigo, trato violento y humillante como táctica para amedrentar a quienes exijan el respeto a sus derechos, acoso de los custodios que piden sexo a cambios de brindar un mejor trato, discriminación étnica y racial, escasez de fármacos y nula atención médica para personas con problemas mentales… Y así hasta completar un largo etcétera.

Estas son algunas de las situaciones que, a diario, enfrentan miles de personas extranjeras detenidas por el Instituto Nacional de Migración (INM) o por alguna de las fuerzas de seguridad del Estado, y que fueron internadas en una estación migratoria debido a que no pudieron acreditar su estancia regular en México. Así lo revelan las organizaciones civiles Sin Fronteras, el Centro de Derechos Humanos Fray Matías de Córdova, FM4 Paso Libre, el Instituto de Derechos Humanos Ignacio Ellacuria, y Frontera con Justicia, las cuales presentaron este martes 21 de julio el informe Derechos Cautivos.

El documento, elaborado a partir de entrevistas y encuestas realizadas a cientos de migrantes recluidos en los centros de detención de Tapachula, Oaxaca, Puebla/Tlaxcala, Guadalajara, Saltillo y el Distrito Federal, coincide en apuntar que si bien en cada una de estas estaciones se dan casos particulares de violaciones a derechos humanos, existen “elementos comunes” violatorios que se repiten en los siete casos.

Estaciones migratorias con calabozos y celdas de castigo

Por ejemplo, un elemento común en los siete casos monitoreados es la similitud entre las estaciones migratorias y los centros carcelarios.

Espacios sombríos, muy reducidos para la gran cantidad de personas que reciben, delimitados por bardas, mallas y rejas, con puertas resguardadas por candados, habitaciones tipo celda, camas de concreto –si acaso con colchonetas-, torres de vigilancia… En todas las estaciones monitoreadas se encontraron características de este tipo, sin importar si se trataba de un lugar situado en el norte, centro o sur del país.

Además, el informe denuncia que en los dos grandes centros de detención del país, existen cuartos de castigo, conocido como “el calabozo” en Tapachula (Chiapas) y “área de castigo” en Iztapalapa (DF). Situación que tanto Sin Fronteras como el CDH Fray Matías de Tapachula ya dieron a conocer en el año 2013 durante la presentación del informe Ser migrante no me hace delincuente.

En aquel entonces, ambas organizaciones apuntaron que en la Estación Migratoria Siglo XXI de Tapachula es “una práctica recurrente” encerrar a migrantes en un cuarto de separación como método de sanción, cuando a criterio de los agentes del INM éstos incurren en una infracción.

Perros adiestrados para intimidar y humillaciones colectivas

Además de las celdas de castigo, las organizaciones civiles señalan que en todas las entidades, menos en Oaxaca, se documentó la existencia de castigos cuando surgen conflictos entre personas o intentos de motín en las estaciones migratorias.

En este sentido, el informe revela que entre las medidas para sancionar se procede a la revisión e intimidación de las personas internadas “haciendo uso de perros adiestrados”, como se documentó en la estación de Tapachula. O incluso, “humillaciones colectivas a través de la exposición desnuda del cuerpo y la orden de realizar ejercicios forzados, práctica que no sólo incluye un castigo sino unos tratos crueles e inhumanos, tal y como se documentó en un caso en Guadalajara”.

Por el contrario, el documento indica que en las estaciones migratorias de Oaxaca, Tlaxcala y Puebla, “hay una percepción de buen trato, quizá porque el tiempo de estancia en esos lugares es más breve”.

Favores sexuales a cambio de una “mejor estancia”

También en los centros de Tapachula y el DF se recabaron denuncias de abuso de poder por parte de los custodios.

Por ejemplo, en 2014 una solicitante de asilo de nacionalidad salvadoreña narró su experiencia en la estación de Iztapalapa, en la que le fueron solicitados favores sexuales a cambio de tener una “mejor estancia” en el lugar.

En Tapachula, otra mujer salvadoreña madre de tres hijos, sufría constante acoso sexual por parte de una agente de seguridad. Posteriormente, refiere el Centro de Derechos Humanos Fray Matías, sufrió acoso de parte de un hombre –también agente de seguridad- quien le ofrecía vivir juntos y ofrecimientos de tipo sexual.

Hostigamiento contra quienes piden refugio

Otra práctica común grave es el hostigamiento de los agentes migratorios contra las personas que ejercer su derecho a solicitar la protección internacional en México, o que cumplen con los requisitos dispuestos por la Ley Migratoria para poder regularizar su estancia en el país.

“Se trata de una táctica pedagógica que opera a través del miedo, y logra quebrar la integridad y fortaleza de las personas detenidas para que ‘a solicitud expresa’ sean deportadas, y no tener que pasar más tiempo en encierro y sujetas al maltrato”, subraya el informe, que en este sentido recuerda que en la estación migratoria del DF se documentó un caso de “tortura psicológica” contra un indocumentado que insistía en buscar protección en México.

La misma “pastilla mágica” para todos los males

Los dos grandes centros de detención también tienen en común que los migrantes refieren que los malestares se cubren habitualmente mediante paliativos conocidos como “pastilla universal” en Tapachula y la “pastilla mágica” en Iztapalapa. Esto es, que los internos reciben siempre la misma pastilla para todos los males.

Sin atención psicológica

Asimismo, las organizaciones defensores de los derechos humanos subrayan que, en los siete casos monitoreados, la atención psicológica es prácticamente nula. Tan sólo en los centros de Tapachula y DF se cuenta con este servicio, aunque las personas no hacen uso de él “por falta de promoción, o por la desconfianza que les genera, al pensar que el especialista correspondiente sea parte del mismo sistema que les está privando de su libertad y causando daño físico y emocional”.


Lee aquí el informe completo ‘Derechos cautivos’:

DerechosCautivos 2015 WEB

 

No hay quejas de cónsules sobre maltrato ni abusos: INM

Ante estos señalamientos realizados en el informe ‘Derechos cautivos’, el Instituto Nacional de Migración (INM) apuntó a Animal Político por medio de un escrito que la estaciones migratorias son visitadas con frecuencia por la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH), para realizar labores de observación sobre las condiciones de los albergados, así como de la alimentación, higiene, salud, trato, y actividades recreativas, entre otras. “Por lo que cualquier tipo de hostigamiento o agresión es denunciado e inmediatamente investigado, sin que a la fecha se haya otorgado por parte de la CNDH ninguna recomendación al respecto”, subrayó el INM.

Asimismo, el Instituto indicó que en las diferentes estaciones migratorias que tienen repartidas por el país reciben visitas de organizaciones internacionales de derechos humanos, como ACNUR, o la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), así como visitas de cónsules acreditados, principalmente de Honduras, Guatemala y El Salvador, “quienes a la fecha no han llevado a cabo ningún tipo de queja sobre maltrato, falta de atención o abuso hacia los extranjeros que son alojados en las estaciones migratorias”.

Aquí la respuesta íntegra que el INM dio a Animal Político:

Respuesta INM

 

 

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"Soy perezosa y estoy orgullosa de ello": la mujer que asegura que la pereza no es mala

Lucy Gransbury ha aprendido a llevar su vida por la ley del mínimo esfuerzo.Para ella eso es un reconocimiento a su eficiencia al resolver problemas y hacer tareas, y que sabe administrar su energía.
4 de noviembre, 2019
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Lucy Gransbury confiesa que es una “persona perezosa” y se siente “orgullosa” de ello.

“No nos gusta causar drama porque no queremos molestarnos en lidiar con eso”, dice Lucy al hablar de sí misma y de otras personas perezosas que conoce.

¿Te suena familiar?

Bueno, si tú eres propenso a la pereza -la aversión o indisposición a esforzarse- te puedes sentir culpable por tu comportamiento.

Pero tal vez deberías pensarlo dos veces.

Gransbury, quien trabaja como actriz en Melbourne, Australia, argumenta que ser perezosa no es tan malo como se piensa y las investigaciones en la materia la respaldan.

Lucy Gransbury

BBC
Gransbury es actriz de profesión en Melbourne, Australia.

“La gente perezosa merece más crédito. Encontramos el camino más eficiente al objetivo, y no vamos a perder el tiempo tomando el camino complicado”, dice Gransbury.

Reconoce que la pereza se ve sobre todo como un comportamiento negativo, pero ella sostiene que el ser perezoso debe ser visto como un atributo positivo.

Hace a las personas mejores en priorizar las tareas, más eficientes con su energía, y ayuda a encontrar la manera más rápida de hacer un trabajo de una sola vez.

Pereza o atajos

Al observar algunos atajos que toma Lucy para enfrentar las tareas cotidianas que son aburridas, se puede juzgar si es pereza o eficiencia.

Uno es limpiar la ducha mientras todavía la está usando; planchar solo con el aire cuando se está secando la ropa; hacer la cama mientras se encuentra todavía en ella haciendo una serie de movimientos de estrellas de mar o patadas hasta que todas las sábanas caen en su lugar… o saber exactamente qué toma corriente es la adecuado para enchufar la aspiradora para evitar perder tiempo.

Gransbury en su sofá

BBC
Gransbury ha ideado varias estrategias para realizar tareas cotidianas que no son estimulantes.

¿Madre de la invención?

Gransbury asegura que muchos grandes inventos fueron motivados por la pereza.

“La rueda fue algo grande. La inventaron debido a que era demasiado difícil arrastrar cosas por todas partes… Las invenciones son en realidad un método de conveniencia. Como el teléfono, pues tomaba demasiado tiempo caminar hasta la casa del vecino y saludar”, dice.

Y no está sola en este razonamiento.

El fundador de Microsoft, Bill Gates, es a menudo citado por decir que él contrataría a una persona perezosa para hacer un trabajo duro, ya que esa persona encontraría la manera más fácil de hacerlo.

La pereza hace trabajar al cerebro

Una investigación del profesor Masud Husain en la Universidad de Oxford (Reino Unido) sugiere que ser perezoso podría hacer que el cerebro trabaje más, lo cual respalda la teoría de Lucy.

Dos mujeres en una oficina

Getty Images
La pereza ha sido calificada por generaciones como algo muy negativo.

Husain diseñó un experimento para ver las diferencias que podría haber entre los cerebros de las personas perezosas y las que no lo son.

Varias personas fueron puestos a prueba después de ser clasificados en categorías: motivados, apáticos y un punto medio.

“Les pedimos que hicieran una prueba que les hacía decidir si vale la pena un esfuerzo físico por una recompensa en concreto”, explica.

Quizás no fue una sorpresa que el grupo perezoso fuera menos propenso a esforzarse para obtener una recompensa, pero cuando los escáneres cerebrales revelaron por qué, los científicos se sorprendieron.

“Los cerebros de las personas apáticas eran diferentes de los que estaban más motivados, no en términos de estructura, sino en términos del nivel de actividad que esos cerebros mostraban cuando tomaban estas decisiones”, explica Husain, profesor de Neurociencia Cognitiva en Oxford.

“Sorprendentemente, encontramos que los cerebros de las personas apáticas eran en realidad más activos en esas circunstancias que los cerebros de las personas motivadas”, continúa.

Un hombre viendo televisión

Getty Images
Sorprendentemente, las personas perezosas tienen cerebros más activos, que queman más energía.

“Era como si les fuera más difícil tomar esa decisión. Y había un costo más alto para sus cerebros en términos de tratar de determinar si valía la pena o no”, añade.

El profesor explica que eso representa “un trabajo mucho más difícil” que el realizado por el cerebro de las personas que están más motivadas.

“Por supuesto, la actividad cerebral tiene un costo. Quemas combustible, quemas azúcar en el cerebro para tomar estas decisiones: cuando tus neuronas están activas, están consumiendo combustible”.

Entonces, si los cerebros de las personas perezosas queman más energía mientras están ocupados decidiendo lo que van a hacer, ¿por qué la pereza se considera un comportamiento negativo?

Adoctrinamiento

Catherine Carr, de la BBC, analizó por qué la sociedad en su conjunto desprecia la pereza en el programa de radio del Servicio Mundial de la BBC “The Why Factor“.

En un campamento militar de entrenamiento físico en Cambridge, en Reino Unido, una mujer que asistía a la clase de acondicionamiento físico le dijo a Catherine que acostumbraba a hacer flexiones en un parque frío, en lugar de pasar una mañana perezosa en la cama, porque “le encanta y es un buen comienzo de su día”.

Una mujer le grita a otra

Getty Images
El no hacer nada es criticado como parte de un adoctrinamiento cultural, según los defensores de la pereza.

Pero, ¿por qué se percibe esto como algo positivo, y no quedarse en casa?

Un hombre le dijo a Catherine que es lo que te enseñan a creer desde la infancia.

“Es moralmente incorrecto. Me han adoctrinado para creer que tienes que estar haciendo algo, constantemente. Creo que mis padres y la sociedad me lo impusieron. Deberías estar constantemente haciendo cosas, logrando cosas”, manifiesta.

Otra mujer de la clase estuvo de acuerdo.

“La perspectiva de la sociedad es que la pereza es algo malo. La verdad es que, cuando era niña, nunca se nos permitía recostarnos porque eso se consideraba malo. Mis padres siempre nos despertaban temprano en la mañana y los fines de semana porque teníamos que ‘levantarnos y hacer cosas'”.

“Pereza criminal”

Anastasia Burge, quien enseña e investiga filosofía en la Universidad de Cambridge, reconoce que esta actitud ha sido tan fuerte en el pasado que incluso las personas han sido severamente castigadas por tener flojera.

“En la antigua Unión Soviética procesaban a las personas por lo que llamaron parasitismo social, que en realidad era una especie de pereza criminal”.

Una mujer y una niña meditando

Getty Images
Tomarse un tiempo para disfrutarlo en sí mismo es parte del cuidado mental.

“El poeta Joseph Brodsky -que llegó a ser premio Nobel tras dejar la URSS- fue cuestionado en un juicio: ‘¿Qué haces? ¿Cuál es tu trabajo? ¿Cuál es tu profesión?'”, cuenta Burge.

“Él respondió ‘Soy poeta’. Eso fue completamente incomprensible para los jueces, por lo que terminó siendo enviado a hacer trabajos forzados y forzado a exiliarse de la Unión Soviética para que se fuera a un lugar donde hubiera espacio para la poesía”.

Se trata de la salud mental

Son exactamente estas actitudes las que para Gransbury forman parte de una mentalidad del pasado y son un peligro para la salud mental.

“Creo que desconectarse y tener tiempo de inactividad es una gran parte de dejar que tu cerebro se apague, que tu cuerpo se apague; lo que significa realizar una siesta o acostarse en el sofá”, dice.

“Nuestra generación realmente incorpora estos momentos de cuidarse a uno mismo y preocuparse de la salud mental de cada uno, lo que para, algunas personas, puede significar ser perezoso por un corto periodo de tiempo”.

Lucy Gransbury

BBC
Gransbury no solo no se disculpa por ser lo que muchos consideran “perezosa”, sino que alienta a otros a seguir su ejemplo.

“Creo que es más probable que nuestra generación lo acepte y hable de ello que quizás las generaciones anteriores, para las que lo que se compensaba realmente era trabajar duro. Nuestra generación se está cuidando a sí misma”, opina.

En estos días, dice, se trabaja duro y no se cosechan el tipo de recompensas que solía haber.

“No podemos pagar nuestras hipotecas incluso después de trabajar durante 60 años”.

Gransbury no solo no se disculpa por ser lo que muchos consideran “perezosa”, sino que alienta a otros de su generación a seguir su ejemplo.

“Nos estamos moviendo más hacia reflexionar qué tipo de estilo de vida podemos mantener y somos capaces de hacerlo el resto de nuestra vida. Y eso incluye cuidar de uno mismo y ser conscientes de nuestro cuerpos y nuestra mentes, y eso incluye tomarse un descanso”.

Este texto es una adaptación del programa de radio del Servicio Mundial de la BBC The Why Factor.


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https://www.youtube.com/watch?v=ZxEkMGziyDU

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