Choques de Ejército y PF contra civiles, más letales que guerras de Vietnam y del Golfo
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Choques de Ejército y PF contra civiles, más letales que guerras de Vietnam y del Golfo

Estudio revela que contrario a las guerras convencionales, los enfrentamientos en México entre las fuerzas federales con sus agresores dejan más muertos que heridos. Con Peña Nieto, la Policía Federal se volvió más letal y el Ejército más opaco. Guerrero y Zacatecas, los estados más mortíferos.
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Por Arturo Angel
2 de julio, 2015
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Tanhuato, Michoacán. Foto: Cuartoscuro

Tanhuato, Michoacán. Foto: Cuartoscuro

México no está en una guerra convencional pero los enfrentamientos que ocurren en su territorio son más mortíferos que si lo estuviera. A diferencia de conflictos bélicos como el de Vietnam o el de Irak, los choques entre las fuerzas militares y federales con civiles armados (identificados oficialmente como presuntos delincuentes) dejan más muertos que sobrevivientes.

En promedio, durante los últimos ocho años en el país el Ejército mexicano acumula un saldo de casi ocho civiles muertos por cada civil herido, mientras que la Policía federal en seis años tiene un record de por lo menos cuatro supuestos agresores muertos por cada uno que sobrevive.

En los conflictos bélicos convencionales la tendencia es a la inversa, es decir, no hay más muertos que lesionados. La Guerra de Vietnam por ejemplo, dejó una relación de 4 heridos por cada muerto mientras que el conflicto entre Israel y Líbano arrojó un índice de 4.5 lesionados por cada fallecido.

Se trata de una situación que más allá de casos específicos como el de Tlatlaya podría arrojar un patrón de comportamiento que se aleja de los estándares del uso correcto de la fuerza, señala el análisis denominado “Índice de letalidad 2008-2014” elaborado por tres especialistas del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM y del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE), y al que Animal Político tuvo acceso previo a su publicación en próximos días.

El estudio identifica que si bien han disminuido los enfrentamientos entre fuerzas de seguridad y presuntos agresores en los últimos años así como la cifra total de muertos, los índices de letalidad siguen prácticamente igual y por encima de lo que señalan algunos parámetros y analistas internacionales.

Por ejemplo, el experto en derecho y garantías individuales de la Universidad de Nueva York Paul Chevigny señaló en 1991 que más de 15 civiles muertos por cada agente de seguridad fallecido sugiere un abuso de fuerza letal. En México, el Ejército ha alcanzo promedios de hasta 32 muertos por cada militar caído.

“Los índices expuestos constituyen una clara señal de alarma acerca de un uso excesivo y desproporcionado de la fuerza letal como posible patrón de comportamiento por parte de las fuerzas federales. Aunque el número total de enfrentamientos y muertos en enfrentamientos ha disminuido desde 2012, el índice de letalidad y la relación entre civiles muertos y miembros de fuerza de seguridad muertos permanecen elevados” señala el estudio.

A esto se suma lo que el análisis identifica como una creciente opacidad por parte del Ejército mexicano el cual desde abril del 2014 se niega a informar por transparencia el saldo de civiles fallecidos durante los enfrentamientos. La Marina por su parte, ni siquiera cuenta con datos suficientes –o eso es lo que dice- que permitan hacer un balance.

¿Sin prisioneros?

En los últimos ocho años en el país el común denominador entre los enfrentamientos de las fuerzas militares y federales con presuntos integrantes del crimen organizado sea el mismo: el número de civiles muertos siempre es más elevado que el de los heridos capturados.

Por el lado positivo, la cantidad de enfrentamientos han disminuido en los últimos años según los datos oficiales en los que se apoya el análisis.

En el caso del Ejército en 2011 se registró el máximo número de choques – 1009- y luego vino una reducción del 70 por ciento a lo largo de los siguientes tres años hasta llegar a 296 enfrentamientos en 2014. En Policía federal, el pico fue en 2012 con 143 choques para después descender 35 por ciento en los dos años que siguieron.

En parte esto pudo deberse a que los elementos desplegados por la Defensa Nacional en operaciones contra el narco bajaron de 52 mil 690 en 2011 hasta 35 mil 615 en 2015, una reducción del estado de fuerza del 32 por ciento. El análisis también considera que la reconfiguración de la estrategia en el actual gobierno o el desplazamiento de cárteles pudo incidir a la baja en el número total de enfrentamientos.

Pero aun con este descenso el índice de letalidad se ha mantenido e incluso ha aumentado en algunas situaciones, siempre con más muertos que heridos.

El Ejército acumula de 2008 a 2014, en promedio, un índice de letalidad de 7.9 civiles muertos por cada lesionado con un índice máximo de 14.7 alcanzado ene l 2012. En 2013, primer año de Peña Nieto, el índice bajó a 7.7 pero en 2014 volvió a repuntar y alcanzó 11.6.

El caso de la Policía Federal es aún más llamativo pues su índice de letalidad se disparó en 2013 hasta 20.2 civiles muertos por cada lesionado, promedio que ni el Ejército ha alcanzado. Luego para 2014 cayó hasta 4.6 aunque dicho nivel es aún más elevado que en la mayor parte del sexenio pasado.

El análisis recuerda que la literatura médica, al verificar el uso de armas convencionales en conflictos armados, invierte el índice para reportar heridos sobre muertos por ser más comunes los primeros que los segundos en los contextos de guerra. La guerra de Vietnam tuvo un índice de 4 heridos por cada muerto, la de Israel y Líbano de 4.5 heridos por fallecido, y la del Golfo de 3 heridos por un caído.

Un índice de más muertos que heridos como el que arrojan los enfrentamientos en México, es propio de crímenes de guerra o de tiroteos contra civiles de acuerdo con los analistas.

Frentes de batalla

De enero del 2013 a abril del 2014, lapso analizado por el estudio a detalle, Tamaulipas fue el estado en donde más enfrentamientos hubo entre el Ejército y civiles armados, un total de 309. El saldo fue de 190 supuestos agresores muertos y 32 heridos, más que cualquier otra entidad. El índice de letalidad fue de 5.9 muertos por cada lesionado.

Pero hay estados que aunque registran un número menor de choques entre soldados y civiles, tienen un índice de letalidad mucho mayor.

Es el caso de Zacatecas, entidad en donde la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) reportó 58 civiles muertos en enfrentamientos por apenas un herido, es decir, un índice de letalidad de 58, el mayor del país.

El incidente más mortífero ocurrido en ese periodo en Zacatecas se registró el 12 de julio del 2013 cuando 13 civiles perdieron la vida en lo que fue reportado como un enfrentamiento con el Ejército en la comunidad de Sombrerete. Como es común en estos casos se dijo que los civiles dispararon primero y no hubo un solo sobreviviente.

El estado de México tiene el segundo índice de letalidad más alto en choques del Ejército con 30 civiles muertos por un solo sobreviviente. Además el registro anterior aun no incluyó a las 22 personas que murieron el 30 de junio del 2014 en Tlataya, en lo que sí ha sido señalado públicamente como una posible ejecución extrajudicial del ejército.

Guerrero y Coahuila también fueron entidades donde los militares fueron mortíferos. Los índices de letalidad fueron de 26 y 22 supuestos sicarios muertos por cada sobreviviente respectivamente.

Por su parte, la Policía Federal reportó que en Zacatecas y Guerrero logró “abatir” en conjunto a 31 civiles en 26 enfrentamientos ocurridos de enero del 2013 a marzo del 2014, sin que hubiera un solo sobreviviente de parte de los agresores.

En tanto en Michoacán la corporación reportó 42 enfrentamientos con 32 civiles muertos y cuatro lesionados, mientras que en Tamaulipas fueron 55 muertos y 7 sobrevivientes en 88 .enfrentamientos, En ambos casos el índice de letalidad fue prácticamente de 8 muertos por cada civil herido.

El análisis destaca que en general, la proporción de los elementos de fuerzas de seguridad fallecidos respecto a los delincuentes en los choques que se presentan es también muy dispar. En el caso del Ejército llegó a ser de 32 personas muertas por cada militar caído en 2011 y luego descendió hasta 20 civiles por cada soldado en 2013.

Se trata de un registro por encima del umbral de 15 muertos que especialistas como Chevigny advierten como síntoma de abuso de la fuerza.

Borrando el rastro

El otro aspecto que el estudio identifica como un factor de preocupación es el de la opacidad. A partir de abril del 2014 la Secretaría de la Defensa Nacional se ha negado a seguir proporcionando datos oficiales en torno a civiles muertos o lesionados en enfrentamientos con los soldados.

El argumento expuesto por el Ejército para ya no informar es que luego de las agresiones el personal militar “se limita a preservar el lugar de los hechos y una vez que hacen presencia las autoridades competentes, se desliga de los procesos e investigación correspondientes”.

Los analistas recuerdan que esto es violatorio no solo de la Ley de Transparencia sino del propio Manual de Uso de la Fuerza de Aplicación Común a las Tres Fuerzas Armadas el cual indica en su artículo 14 que luego de una agresión se debe elaborar un informe detallado de los hechos ocurridos en el sitio.

“Resulta pues contradictorio que la SEDENA afirme que la información sobre civiles muertos y heridos no es necesaria (…) esto se traduce no solo en una violación al principio de legalidad y transparencia sino también del derecho a la vida como ha señalado la Oficina del Alto Comisionado en Derechos Humanos de Naciones Unidas” señalan los analistas en su informe.

En el caso de la Marina el estudio advierte que ni siquiera puede realizarse un análisis por que la dependencia dijo que del 2006 a 2011 ya no tiene datos de enfrentamientos pues se “cumplió el tiempo para tenerlos en conservación”.

“Sorprende en esta respuesta que no exista información sobre la actuación de la dependencia en la administración anterior como si el cambio de administración implicara el nacimiento de una institución distinta” concluye el informe.

Siempre más muertos que heridos(Índice de letalidad: civiles muertos/civiles heridos en enfrentamientos vs Ejército y PF)
Año Índice Ejército Índice PF
2007 1.6 n/d
2008 2.8 n/d
2009 3.0 2.1
2010 6.8 1.9
2011 9.4 4.7
2012 14.7 11.9
2013 7.7 20.2
2014 11.6 4.6
Promedio 7.9 4.8

Fuente: Estudio IIJ-CIDE con datos de solicitudes 0000700211714 y 0413100088114

Estados con mayor letalidad del Ejército(balance enero 2013 – abril 2014)
Estado Enfrentamientos Civiles muertos en enfrentamientos Civiles heridos en enfrentamientos Índice de letalidad
Zacatecas 24 58 1 58
Edomex 17 30 1 30
Guerrero 67 79 3 26.3
Coahuila 25 45 2 22.5

Fuente: Estudio IIJ-CIDE con datos de solicitud de información 0000700211714

Estados con mayor letalidad de Policía Federal(balance enero 2013 – marzo 2014)
Estado Enfrentamientos Civiles muertos en enfrentamientos Civiles heridos en enfrentamientos Índice de letalidad
Zacatecas 9 14 0
Guerrero 17 17 0
Michoacán 42 32 4 8
Tamaulipas 88 55 7 7.9

Fuente: Estudio IIJ-CIDE con datos de solicitud de información 0413100088114

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Elecciones en Colombia: el país decidirá cuán profundo es el cambio que desea (y quién lo representa mejor)

Todos los candidatos de las presidenciales de este domingo, incluidos aquellos cercanos al gobierno saliente de Iván Duque, hablan de un cambio para Colombia. El favorito, Gustavo Petro, propone una ruptura en la historia. Esto es lo que está en juego.
29 de mayo, 2022
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Elecciones en Colombia

Getty Images

Todas las elecciones son históricas, pero unas más que otras. Todas las elecciones buscan un cambio, pero unas más que otras.

Lo que vive Colombia este domingo en las presidenciales promete ser histórico por la dimensión del cambio que puede significar.

Todos los candidatos, incluidos aquellos cercanos al gobierno saliente de Iván Duque, proponen un cambio; sea este moderado, profundo o conservador. Pero cambio.

Más del 85% de los colombianos piensa, según la encuesta Invamer, que el país va por mal camino. Desde los años 90, el momento más agudo del conflicto armado, no se reportaban números de pesimismo tan altos.

La política colombiana, a pesar del récord de violencia, se ha destacado por ser una de las más estables de América Latina: acá no hubo golpes de Estado, ni regímenes de facto, ni un gobierno que marcara una ruptura con los anteriores.

Pero esa estabilidad, también manifiesta en una economía sin altibajos, tiene sus críticos. O es considerada una “farsa” por una gran cantidad de colombianos que aluden a la violencia y a la desigualdad, una de las más altas del mundo, como resultados de gobiernos “oligárquicos” y “corruptos”.

Esos colombianos, la mayoría de ellos jóvenes, ahora parecen empoderados. Muchos de ellos llenaron las calles en 2019 y 2021, en olas de protestas inéditas para un país ensimismado por la guerra durante décadas.

El proceso de paz firmado con la guerrilla en 2016 parece haber abierto una caja de pandora de demandas sociales, económicas y culturales.

Elecciones en Colombia

Getty Images

Al sentimiento de indignación hacia lo que acá llaman “el establecimiento” se añaden dos elementos sensibles: la crisis económica heredada de la pandemia, que aumentó el desempleo, la pobreza y la informalidad laboral, y un conflicto armado que amenaza con resurgir.

Todo esto ha hecho que los colombianos, en contra de todo pronóstico, se hayan puesto de acuerdo en algo: que hay que cambiar.

La pregunta, y eso es lo que tendrán que definir en estas presidenciales, es cómo y cuánto.

Alexander Vega

Getty Images
Por primera vez en muchos años el registrador, Alex Vega, es protagonista central de las elecciones. Y eso se deba a que el sistema electoral está cuestionado.

Los tipos de cambio

Las encuestas vaticinan que la de este domingo será la primera de dos rondas electorales. Para ganar en primera vuelta se necesita la mitad más uno de los votos, una ventaja que, según las encuestas, ningún candidato tiene a su favor.

En el tarjetón habrá ocho opciones, pero dos de ellas ya se retiraron.

Para sumar a las facetas inéditas de esta elección está que por primera vez existe un manto de dudas sobre el proceso electoral: los candidatos han declarado estar preocupados por la falta de garantías del sistema de votación. El terreno, quizá en como ninguna otra elección reciente, está embarrado.

El líder de las encuestas es Gustavo Petro, un viejo conocido de la política nacional cuyo triunfo, sin embargo, significaría una ruptura en la historia. La larga campaña ha estado marcada por su figura, que desafía a los gobernantes “de siempre”. Incluso existe la mínima posibilidad de que gane en primera vuelta.

Un gobierno de izquierda como el que él propone sería un hito histórico para un país sin experiencias realmente progresistas o revolucionarias en el poder. Muchos lo ven como “un salto al vacío”.

Exguerrillero del M19, valiente congresista y polémico alcalde de Bogotá entre 2012 y 2016, Petro ha hecho una carrera política a partir del enfrentamiento con la clase política gobernante y de la denuncia de la corrupción y la violación de derechos humanos.

Gustavo Petro

Getty Images
Petro hace campaña con un enorme esquema de seguridad. Da los discursos con escudos antibalas. Candidatos como él en el pasado han sido asesinados.

Esta es la tercera vez que se lanza a la presidencia. Ahora propone un “pacto histórico” que congregue “diferentes”, al que se han adherido políticos de todas las ramas, incluidos algunos cuestionados en el pasado por el mismo Petro.

Su personalidad, catalogada por algunos como de “déspota” y “megalómana”, le genera un rechazo y una desconfianza que pueden pasarle factura en segunda vuelta.

El economista, especializado en medio ambiente, propone profundas reformas en pensiones, salud, educación, impuestos y subsidios. Promete una reforma agraria, pendiente por décadas en un país de enorme desigualdad en la propiedad de la tierra. Asegura que va a transformar la economía extractiva basada en exportaciones por una industrialista y agrícola con altos aranceles a las importaciones.

Su programa, de ser ejecutado, supondría un shock para un modelo económico que no sufrió grandes cambios por décadas. Un programa que asusta a algunos e ilusiona a otros. Y que vaticina un choque de poderes que puede traducirse en ingobernabilidad.

“Llegó el momento”, pregonó Petro en su cierre de campaña en Bogotá. “No necesitamos fusiles como ellos ni apuntar con una escopeta de gases lacrimógenos a nadie. Ni todos los fusiles juntos podrían cambiar la historia como sí lo puede cambiar un esfero (un bolígrafo). Un esfero es más importante que un fusil y lo vamos a demostrar”.

“El domingo cambiaremos la historia de Colombia”, dijo.

Federico Gutiérrez

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Federico Gutiérrez se muestra como un colombiano común, que habla y trabaja como el común. Es la carta del establecimiento gobernante.

En el segundo lugar de las encuestas está Federico Gutiérrez, mejor conocido como “Fico”.

Alcalde de Medellín entre 2016 y 2019, Gutiérrez es el candidato más cercano a la derecha gobernante, aunque él se percibe como una opción de “cambio responsable” que busca “cambiar lo que no sirve y mejorar lo que sí sirve”, sobre todo en términos de seguridad y creación de empleo.

El ingeniero civil de 47 años se presenta como el “presidente de la gente” y usa un lenguaje simple e informal para sustentarlo. Dice haber ejecutado el 95% de su plan como alcalde. Su gran ventaja es el apoyo de los partidos tradicionales y las grandes élites regionales ligadas al empresariado. Esa es la fuerza que ha definido quién es presidente prácticamente toda la vida.

“Sí necesitamos el cambio”, exclamó en su arenga de cierre en Medellín.

“Un cambio que signifique un país sin hambre, sin odios, sin discursos de lucha de clases, sin corruptos y sin violentos”.

“Unamos a Colombia”, clamó, en lo que ha sido una de sus principales líneas de campaña: la unión.

Rodolfo Hernández

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Rodolfo Hernández está rodeado de jóvenes, pero tienen 77 años. Hizo una fortuna construyendo vivienda social. Es un enigma político.

El tercero en la mayoría de las encuestas es Rodolfo Hernández, una de las revelaciones de la elección.

De 77 años, el empresario de finca raíz y exalcalde de Bucaramanga ha hecho una campaña novedosa a través de TikTok, ejecutada por decenas de jóvenes que él llama “la muchachada” y en la que se presenta como un arrollador de la corrupción. Un personaje del común hastiado con quienes gobernaron este país.

No es claro si es de derecha o de izquierda, si votó sí o no por el acuerdo paz de 2016 con la guerrilla, pero promete reducir el gasto público, bajar impuestos, condonar deudas estudiantiles, modificar las prisiones y negociar con las guerrillas vigentes.

Desconocido a nivel nacional hace seis meses, el discurso chabacano y vehemente de Hernández parece seducir a la gente, de edades y clases diversas, sin ideología política pero preocupada por la corrupción y el clientelismo históricos. La gente que ve atractivo un candidato diferente, un “outsider”.

Si avanza a la segunda vuelta, como revelaron algunas encuestas justo antes de la veda electoral hace una semana, sería un sacudón para la campaña. El timing de su subida pudo haber sido perfecto.

Sergio Fajardo

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Sergio Fajardo, el candidato profesor, usa la educación como principal carta para cambiar el país.

El último candidato que en las encuestas tiene cierta chance de calificar a la segunda vuelta es Sergio Fajardo, quien hace cuatro años no entró por apenas 200.000 votos de diferencia con Petro.

El también exalcalde de Medellín, crítico de la derecha y de la izquierda, representa un “cambio sin rabia” que acabe con la polarización y una a los colombianos. Fajardo es un obsesivo de las formas, de la ética, de la decencia, del perjuicio de los atajos y el utilitarismo: “Como se llega al poder, se gobierna”, suele decir.

El doctor en Matemáticas ha sido uno de los grandes impulsores de la educación como base de los cambios económicos y políticos que pide Colombia. Tiene de su lado a economistas, ingenieros y gestores culturales de reconocimiento internacional.

La diferencia del Fajardo de ahora con el de hace cuatro años no es grande en términos discursivos ni programáticos. Su campaña ha estado plagada de errores y divisiones. Eso en parte explica una caída en las encuestas que él pide no tener en cuenta, sino “votar a conciencia”.

Colombiano votando

Getty Images

Un país distinto

Aunque históricamente la abstención en Colombia ha sido alta, hasta ahora los colombianos nunca eligieron una opción de cambio tan drástica como la que podrían significar Petro o Hernández.

Solo el hecho de que ellos tengan opciones de ganar ya es un desarrollo histórico.

El hartazgo con el estado de las cosas es notable e inédito. Pero además se da tras una profunda transformación de las prioridades y preocupaciones de la gente.

Durante décadas los presidentes fueron elegidos por su postura ante el conflicto armado, las guerrillas, el terrorismo. Eso explica la inmensa popularidad de Álvaro Uribe en los últimos 20 años.

Pero este año la cosa cambió. Uribe, de hecho, está casi ausente en la campaña. El silencio sobre la guerra asombra. En su lugar se habla de pensiones, racismo, desigualdad, corrupción, medio ambiente.

Los colombianos, por primera vez, esperan cambios de fondo en estos temas. Y ahora irán a las urnas en busca de alguien que pueda ejecutarlos.

El país ya cambió. Ahora veremos si sus gobernantes también.


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