Cómo se explica que haya gente que puede vivir con 4 horas de sueño
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Cómo se explica que haya gente que puede vivir con 4 horas de sueño

¿Es verdad que algunas personas necesitan apenas unas pocas horas de sueño? BBC Future habla con una mujer cuyos genes podrían tener la clave para que todos logremos sobrevivir durmiendo menos.
Por BBCMundo
16 de julio, 2015
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Una persona que sale a hacer ejercicio al amanecer

Hay personas que están listas para emprender el día tras dormir unas pocas horas. ¿Cuál es su secreto?

¿Qué harías si dispusieras de 60 días libres adicionales al año? Pregúntale a Abby Ross, una psicóloga retirada de Miami, Florida, y una “madrugadora”. Solo necesita cuatro horas de sueño cada noche, así que tiene mucho tiempo libre para hacer cosas mientras que el resto del mundo está en los brazos de Morfeo.

“Es maravilloso tener tantas horas en el día. Siento como su pudiera vivir dos vidas”, dice.

Las personas que duermen poco como Ross nunca se sienten letárgicos ni se quedan dormidos en el día. Se levantan temprano –normalmente a las cuatro o las cinco de la mañana- listos para ponerse manos a la obra.

Es posible que Margaret Thatcher fuera una de ellas. Una vez dijo que sólo necesitaba dormir cuatro horas, mientras que la cantante Mariah Carey asegura que requiere 15.

¿Por qué algunas personas duermen en forma tan fantásticamente eficiente mientras que otros se pasan la mitad del día adormecidos? ¿Podemos cambiar nuestro patrón de sueño para hacerlo más eficiente?

Toda una familia madrugadora

En 2009, una mujer llegó al laboratorio de Ying-Hui Fu en la Universidad de California, en San Francisco, quejándose de que siempre se despertaba muy temprano.

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Las personas verdaderamente madrugadoras no se sienten letárgicas durante el día.

Primero Fu pensó que era una “alondra extrema”: una persona que se acuesta y se levanta muy temprano. Sin embargo, la mujer explicó que se iba a dormir cerca de la medianoche y se despertaba a las cuatro de la mañana sintiéndose completamente alerta. Lo mismo le pasaba a varios miembros de su familia.

Fu y sus colegas compararon el genoma de varios de ellos. Descubrieron una mutación pequeñísima en un gen llamado DEC2, que aparecía en todos aquellos que dormían poco, pero no entre quienes dormían un número de horas similar al promedio, ni tampoco entre 250 voluntarios.

Cuando el equipo reprodujo la misma mutación en ratones, los roedores también dormían menos pero funcionaban igual de bien que los ratones normales cuando se les ponían tareas físicas y cognitivas.

Mantenimiento cerebral

Dormir poco normalmente tiene un impacto significativo en la salud, la calidad y la expectativa de vida. Puede causar depresión, aumento de peso e incrementar el riesgo de derrame cerebral e infarto.

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Si dejas de dormir apenas un par de horas menos de lo que necesitas la diferencia en la calidad de vida puede ser tremenda.

“Dormir es muy importante. Si duermes bien puedes evitar muchas enfermedades, incluida la demencia”, dice Fu. “Si le quitas a alguien apenas dos horas de sueño al día, sus funciones cognitivas se ven significativamente disminuidas en forma casi inmediata”.

Pero todavía es un misterio por qué es tan importante. Hay un consenso generalizado en que el cerebro necesita hacer algunas tareas de mantenimiento, para lo que no tiene mucho tiempo durante el día.

Mientras dormimos, el cerebro puede reparar daño celular, eliminar las toxinas que acumula durante el día, elevar el suministro de energía y archivar recuerdos.

“Claramente la gente que tiene la mutación del DEC2 puede hacer el mismo proceso de limpieza en menos tiempo. Simplemente son más eficientes que el resto de nosotros para dormir”, dice Fu. “¿Pero cómo lo hacen? He ahí la cuestión”.

Desde que se descubrió la mutación DEC2, son muchos quienes han dado un paso adelante diciendo que solo duermen unas pocas horas, asegura Fu. Muchos de ellos padecían de insomnio, dice.

“No nos estamos concentrando en las personas que tienen problemas para dormir, sino en aquellas que duermen poco y se sienten genial”, dice.

Energéticos y optimistas

Una perspectiva positiva es común a todos los “madrugadores” que Fu ha estudiado. “Anecdóticamente –dice- todos son muy energéticos, muy optimistas. Es muy común que sientan como que quieren embutir la vida de tantas cosas como puedan, pero no estamos seguros de cómo o de si esto está relacionado con sus mutaciones”.

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Ross usa las horas extra para hacer ejercicio, leer o comprar por internet.

Ross parece encajar en ese molde. “Siempre me siento fantástico cuando me despierto”, asegura. Ella ha estado durmiendo cuatro o cinco horas cada día desde que tiene memoria.

Esas horas en la mañana –cerca de las cinco- son simplemente fabulosas. Todo está tan tranquilo y se puede hacer tanto. Desearía que hubiera más tiendas abiertas a esa hora, pero puedo comprar online o puedo leer. ¡Hay tanto para leer en este mundo! O puedo salir y hacer ejercicio antes de que nadie se despierte o hablar con personas en otras franjas horarias.

Su patrón de sueño corto le permitió completar sus estudios universitarios en dos años y medio y le dio tiempo para aprender muchas habilidades nuevas.

Por ejemplo, tres semanas después de dar a luz a su primer hijo, Ross decidió utilizar las mañanas para dar la vuelta a la manzana corriendo. Eso le tomó diez minutos. Al día siguiente lo hizo otra vez, ligeramente más rápido. Poco a poco incrementó el tiempo que dedicaba a correr hasta que llegó a participar no en un maratón, sino en 37: uno cada mes por tres años, además de varios ultramaratones.

“Me puedo levantar y hacer ejercicio antes de que se despierte todo el mundo. Una vez que lo hago, es una tarea menos”, dice.

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Mucha gente que cree que es madrugadora en realidad sufre de insomnio u otros problemas para dormir.

Cuando era niña, Ross recuerda pasar las mañanas con su padre, otra persona de poco dormir. “Las mañanas nos daban nuestro tiempo especial juntos”, cuenta.

Ahora, si alguna vez duerme de más -lo que ha ocurrido un puñado de veces- su esposo cree que se murió. “No me quedo en la cama, me sentiría terrible si lo hiciera“, explica.

¿Hay algún atajo?

Fu ha secuenciado el genoma de varias familias que llenan el criterio de las personas que naturalmente duermen poco. Sólo se están comenzando a comprender las mutaciones genéticas que llevan a esto, pero en principio –dice la especialista- es posible que un día logremos que otras personas también duerman de acuerdo con este patrón.

Mientras tanto, ¿hay algún atajo para tener un sueño más eficiente que podamos aplicar el resto de los mortales?

Neil Stanley, un consultor independiente, dice que sí. “La forma más efectiva de mejorar la forma en que duermes es afinar la rutina para levantarse en la mañana“, asegura.

Según Stanley, cuando el cuerpo se acostumbra al tiempo que requiere para despertarse, puede usar el tiempo de dormir de una forma más eficiente.

“Estudios muestran que el cuerpo se prepara para despertarse una hora y media antes de que esto ocurra. Tu cuerpo ansía regularidad, así que si te la pasas cambiando tu patrón de sueño, tu cuerpo no tiene idea de si debe prepararse para levantarse o no”.

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La clave está en una buena rutina mañanera.

También puedes hacerte un gran favor ignorando lo que la sociedad piensa sobre el sueño, dice.

“Hay una visión según la cual dormir poco es bueno y que deberíamos hacerlo; siempre sale el ejemplo de Margaret Thatcher y de los altos gerentes de empresa que no duermen mucho. Las horas que necesitas para dormir están determinadas genéticamente, tanto como tu estatura o el número que calzas. Algunos necesitan dormir muy poco, otros requieren de 11 o 12 horas”.

Stanley afirma que mucha gente con problemas para dormir no tienen, de hecho, ningún problema para dormir. Lo que tienen es una expectativa de que necesitan dormir un cierto número de horas.

“Si todos pudiéramos saber qué tipo de persona somos para dormir y vivir nuestra vida de acuerdo con ello, eso haría una diferencia enorme para nuestra calidad de vida”, dice.

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Migrantes en Texas: 'Estamos honrando a personas cuyas familias aún no saben que han muerto'

San Antonio, una ciudad del sur de Texas cercana a la frontera con México, la migración está muy presente. Y muchos sienten como propia la tragedia de las 53 personas que murieron de calor en el remolque de un camión abandonado.
30 de junio, 2022
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“Mírenme: ¿a ustedes les parezco estadounidense? ¿Saben la de veces que me llamaron come-frijoles en el colegio? ¿Cómo vi a mi madre esclavizarse para conseguir unos papeles? Y me preguntan por qué estoy tan afectada”.

En la vigilia para recordar a los migrantes hallados sin vida el lunes en un camión abandonado en el suroeste de San Antonio, Texas, y a los que fallecieron después en hospitales de la ciudad —40 hombres y 13 mujeres, 53 en total—, Wanda Pérez Torrescano no puede ocultar su enojo.

“Es que estamos honrando a personas cuyas familias aún no saben que han muerto, que siguen esperando esa llamada que diga: ‘Mami, llegué a la frontera, estoy bien'”, dice enérgica, micrófono en mano, ante las decenas de congregados este miércoles en el céntrico parque Travis.

“Y lo sé porque yo he estado del otro lado del teléfono”.

Nacida en Ciudad de México y criada en San Antonio, no es la única que siente como propia la mayor tragedia migratoria que se recuerde en suelo estadounidense.

En un acto solemne similar, el día anterior, la hondureña Jessica recordó cómo ella misma estuvo en su día en la piel de los migrantes que ahora dejaron sin agua ni aire acondicionado en un remolque con una temperatura exterior de 40 grados.

“Yo vine aquí a los 14 años, también en un tráiler (18 wheeler) y perdí el conocimiento por el calor”, dijo con emoción durante la vigilia. Preguntada después si quería contar su historia a BBC Mundo, contestó: “Me sigue desencadenando muchas emociones. Aún tengo mucho que procesar y no me siento preparada para dar detalles”.

Mujer sostiene cartel durante vigilia.

Getty Images

Mientras eso ocurría en el casco histórico de San Antonio, otros honraban a los muertos en el mismo lugar en el que fue hallado el camión: un polvoriento camino entre un almacén de madera y la vía del tren, en un paisaje salpicado de ventas de autopartes.

Las primeras dos cruces —bien coloridas— las colocaron allí el martes Angelita Olvera, hija de un potosino, y Debra Ponce, quien advierte que “hay que tener un ojo en Texas, porque se van a cambiar los derechos civiles tal como los conocemos”.

Desde entonces, aquella esquina desangelada se ha llenado de flores y velas, como las depositadas por la hondureña Gabriela y sus dos hijas, y de carteles llamando al respeto y a la solidaridad. El artista Roberto Márquez, quien él mismo cruzó desde Tijuana a EE.UU. hace ya 40 años, pinta un mural que se da cierto aire al Guernica de Picasso.

Y es que la migración está muy presente en esta ciudad situada a apenas 250 kilómetros al norte de la frontera con México.

Señalización en la calle que en la que se encontró el camión.

Getty Images
Señalización en la calle que en la que se encontró el camión.

Ciudad clave en el tránsito migratorio

Expertos y organizaciones que BBC Mundo consultó para este artículo y funcionarios que pidieron no publicar su nombre describen a la urbe de 2,5 millones de habitantes como un “centro de tránsito”, un lugar estratégico en el que confluyen varias rutas migrantes, rodeado de autopistas que cruzan el país de norte a sur y de este a oeste.

Edward Reyna, un empleado de seguridad de la empresa maderera situada a escasos metros de donde fue dejado el camión, ya perdió la cuenta de las veces que ha visto a mexicanos y centroamericanos, entre gente de otras nacionalidades, saltar del tren que pasa por ahí mismo.

“Ya sabía que tarde o temprano alguien saldría lastimado”, le dijo a la BBC. “A los carteles que los traen no les importan nada”.

Los que él se encuentra durante sus guardias son los que no han sido interceptados por las autoridades migratorias.

En mayo la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP, por sus siglas en inglés) registró casi 240.000 “encuentros”, un tercio más que el mismo mes el año anterior.

Eso a pesar de que el gobernador de Texas, el republicano Greg Abbott, lanzara en marzo de 2021 la Operación Lone Star y ese mayo emitiera una “declaración de desastre” que le permite desplegar la Guardia Nacional en la frontera y ahora cubre 53 condados. Todo ello para tratar de frenar el aumento de los cruces fronterizos, que él atribuye a las políticas migratorias del presidente Joe Biden.

La policía investiga un camión en el que fueron hallados 46 personas muertas.

Getty Images
San Antonio queda aproxidamente a 250 km de la frontera con México.

Pero los migrantes siguen llegando y transitando por el estado, algunos ocultos en camiones, un modus operandi muy específico —aunque no exclusivo— de esta zona fronteriza, le dice a BBC Mundo Guadalupe Correa-Cabrera.

Profesora de la Universidad George Mason de Faixfax, Correra-Cabrera lleva años estudiando las rutas migratorias, incluida la que transita desde Nuevo Laredo, en México, hasta Laredo, en EE.UU., a través de la aduana terrestre para mercancías más importante del hemisferio.

Eso mismo hace que sea imposible revisar toda la carga que cruza a diario por ese puente, explica la experta. “No hay cifras oficiales, pero se calcula que es menos del 5% lo que se llega a verificar”.

Aunque aclara que el tráfico de migrantes en tráilers no necesariamente arranca en México. En base a testimonios recopilados por ella misma, cuenta que en algunos casos los traficantes los recogen en camiones ya del lado texano.

Es lo que los investigadores del Departamento de Seguridad Nacional que lideran las indagatorias creen que ocurrió en el caso del camión abandonado el lunes, según le dijo a la agencia AP el congresista Henry Cuellar.

Niña deja flores en el lugar en el que se encontró el camión.

Getty Images

Los que se van, los que quedan

Vengan por la vía que vengan, por el medio de transporte que sea, gran parte de los migrantes que llegan a San Antonio suelen estar de paso, le confirman a BBC Mundo las autoridades migratorias. Suelen hacer noche en un espacio facilitado por distintas organizaciones que los apoyan o en el aeropuerto o la estación de autobuses.

Aunque hay quienes se quedan, como Lemi, un cubano que llegó hace cuatro años y trabaja de taxista en la ciudad. Su plan es, en algún momento del año que viene, irse con su mujer y su hijo de 11 meses a Florida.

O su compatriota Jose, quien tras pasar penurias en la selva del Darién, en Ecuador y otros países por los que transitó, cruzó a EE.UU. y se entregó a Migración el 25 de mayo, al día siguiente del tiroteo que dejó 21 muertos en una escuela primaria de Uvalde —una localidad a poco más de hora y media por carretera de la frontera—.

Nada más ser liberado se subió a un bus de la empresa Greyhound —en el que me contó su historia— dirección a la estación de San Antonio.

También se quedó en la ciudad, al menos de momento, Carlos, un emigrante venezolano de 34 años que, tras atravesar varios países, cuando llegó a la frontera sur de México decidió que la mejor manera de dirigirse al norte era en moto.

“En Monclova (en el estado norteño de Coahuila, que limita con EE.UU.) tuve un accidente, me operaron y ahora llevo una placa aquí”, dice señalando el muslo izquierdo.

Mientras recupera fuerzas en la pierna para poder trabajar, aguarda en la Posada Guadalupe, que gestiona el padre Phil Ley.

Originario de Indiana, instaló el primer albergue para migrantes en San Antonio hace 16 años. “Empecé a recibir a personas enviadas de hospitales, porque estaban lesionadas o eran diabéticas y necesitaban diálisis. Hasta que un abogado (especializado en migración) me pidió permiso para albergar a un cliente que acababa de cumplir los 18 años y ya no podía estar en el Centro de Detención para menores del ICE”, recuerda para BBC Mundo.

“Así se corrió la voz entre otros abogados”, dice, y el suyo terminó siendo una casa de acogida especialmente para migrantes jóvenes. Este miércoles tenía a 21. “Mañana llega otro, y el sábado uno más”, cuenta.

Preguntado por lo ocurrido con el camión abandonado con los migrantes dentro, dice que es una desgracia que lo “entristece y enfurece al mismo tiempo”.

Son los mismos sentimientos que compartía Wanda Pérez con los asistentes a la vigilia este miércoles, los que sienten la tragedia como propia, los que expresaron todos aquellos que hablaron con BBC Mundo para este reportaje y describieron el suceso como un “asesinato en masa”.

“Tragedias como esta visibilizan el problema, mientras nos hacen pensar en cuán sofisticadas son estas redes, cuánta gente y dinero mueven, y qué poco sabemos de ellas”, cierra la investigadora Correra-Cabrera.


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