Mecanismo “protege” a periodistas y activistas con botones de pánico inservibles y teléfonos donde nadie contesta
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Mecanismo “protege” a periodistas y activistas con botones de pánico inservibles y teléfonos donde nadie contesta

Cinco estados, liderados por DF y Veracruz, agrupan la mitad de los casos de activistas y periodistas que piden protección. En dos años 32 activistas ejecutados, según diagnóstico.
Cuartoscuro
Por Arturo Angel
29 de julio, 2015
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Protesta en la ciudad de México de periodistas, luego que se diera a conocer el asesinato en febrero de 2014 del reportero veracruzano Gregorio Jiménez. //Foto: Manu Ureste (@ManuVPC)

Protesta en la ciudad de México de periodistas, luego que se diera a conocer el asesinato en febrero de 2014 del reportero veracruzano Gregorio Jiménez. //Foto: Manu Ureste (@ManuVPC)

Botones de pánico sin señal, teléfonos emergencia que nadie contesta, patrullajes que no se hacen, cámaras que tardan meses en ser instaladas, nulo seguimiento de las investigaciones… así “funciona” el Mecanismo para la Protección de Personas Defensoras de Derechos Humanos y Periodistas en México.

Las fallas de este programa, creado en junio del 2012 para – en teoría – proteger a periodistas y activistas que por su labor pudieran estar en riesgo, fueron desnudadas por medio centenar de organizaciones civiles e internacionales que realizaron un diagnóstico sobre su operación. La conclusión, es que el mecanismo hoy en día Incompleto, opaco y muchas veces inútil.

El resultado es que en la práctica en los últimos tres años nada ha cambiado. Para muestra un dato dramático: según las organizaciones, de junio de 2012 a mayo del 2014 se registraron 32 defensores de derechos humanos fueron ejecutados extrajudicialmente en México.

Aunque esos hechos no necesariamente corresponden a personas protegidas por el mecanismo, el seguimiento de 59 casos en los que si se solicitó la protección, arroja que existen fallas en el mismo que no contribuyen ni a resguardar a la personas ni a visibilizar el problema para generar una mejor política pública.

A lo anterior se suman deficiencias que atañen a la propia administración del Mecanismo como la falta de rendición de cuentas sobre los casos, de personal capacitado y de áreas que de hecho no se han creado.

“Hay ausencia de respaldo político, financiero y de recursos humanos al Mecanismo, falta de reconocimiento de la labor de las personas defensoras y periodistas que se protegen, descoordinación y falta de voluntad de las autoridades competentes, limitaciones en las investigaciones y desinterés en activar las herramientas para prevenir los abuso” señala el documento.

Previo a la presentación de este diagnóstico, un abogado y activista cuyo nombre no se revela por seguridad del mismo, radicado en el DF, había revelado a Animal Político algunas de las deficiencias del Mecanismo. Por ejemplo, el retraso en la instalación de cámaras y cerraduras provocó que su oficina fuera saqueada en dos ocasiones y varios expedientes robados.

Durante la presentación del diagnóstico, al que por cierto no acudió ninguna autoridad mexicana, el representante en México de la Oficina de la Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Javier Hernández, reconoció el esfuerzo por estudiar un mecanismo que sigue en una fase de prueba – error y que en algunos casos ha presentado retrocesos.

DF y Veracruz lideran casos

El diagnóstico, elaborado por el Espacio de Organizaciones de la Sociedad Civil (Espacio OSC) que agrupa a las ONG que hicieron la evaluación, reveló que de acuerdo con datos oficiales a los que se tuvieron acceso, de junio del 2012 a noviembre de 2014 se registraron 204 solicitudes de protección a través del Mecanismo.

Sólo cinco entidades federativas, con el Distrito Federal y Veracruz a la cabeza, concentraron 102 solicitudes de protección que equivalen a la mitad de todas las que se han presentado a nivel nacional. Aguascalientes es la única entidad del país donde no se ha registrado una sola solicitud de protección, y hay tres casos en donde no se precisa la ubicación geográfica

Cabe recordar que el Mecanismo para la Protección de Personas Defensoras de Derechos Humanos y Periodistas contempla una serie de medidas diferenciadas que el gobierno federal otorga para periodistas o activistas de derechos humanos que por motivo de su trabajo estén en riesgo o hayan sido víctimas. Una junta de gobierno es quien decide si se protege o no al solicitante.

De las 204 solicitudes registradas ante el mecanismo, 114 correspondieron a periodistas y 89 a diversos defensores de derechos humanos.

El número de solicitudes, detalla el diagnostico, es muy inferior a los casos de agresiones cometidos que ha reportado la sociedad civil. Por ejemplo, solo en 2013 y 2014 Artículo 19 reportó 326 agresiones contar al prensa, mientras que el Comité Cerezo registra 861 ataques contra activistas.

“El Mecanismo adolece de una cifra negra respecto al conocimiento de casos la cual impacta que cumpla satisfactoriamente su fin (…) entre los motivos de que esto ocurra puede estar un desconocimiento del mismo Mecanismo o desconfianza de las víctimas hacia las autoridades” indica el diagnóstico.

Del total de los casos, las organizaciones dieron seguimiento a 59 prácticamente desde el inicio en los cuales las amenazas, la intimidación y el hostigamiento fueron el tipo de agresión más reportada, seguida de la agresión física, el allanamiento, la criminalización, el daño a la propiedad, el secuestro y el posible homicidio.

El diagnóstico también dio a conocer, a manera de contexto, que según cifras de la Campaña Nacional contra la Desaparición Forzada del Comité Cerezo, de junio de 2012 a mayo en 2014 se registraron 32 casos de presunta ejecución extrajudicial de activistas de derechos humanos.

Guerrero es la entidad en que se registró la mayor parte de homicidios con once, seguido de Oaxaca con nueve y Veracruz con cuatro.

¿Protección o placebos?

El Mecanismo para la Protección de Defensores de Derechos Humanos y Periodistas establece distintas medidas de protección, desde físicas hasta jurídicas o psicológicas, que se otorgan a una víctima dependiendo de su situación particular y de lo que se decida en la respectiva evaluación de riesgo. El diagnóstico presentado encontró fallas en casi todas ellas.

El dotar a la persona afectada de un botón de pánico es una de las medidas más comunes, Ocurrió en 13 de los 59 casos a los que se les dio seguimiento y en todos ellos, el referido botón falló. Además de un riesgo para las personas afectadas, se trata de un derroche de dinero público.

“Se está apagando 3 mil 500 pesos mensuales por cada botón de pánico. Esto representa 1.2 millones de pesos pagados al mes a una empresa (RCU Sistemas) por una medida que en realidad funciona como una especia de placebo para los defensores de derechos humanos y periodistas que lo tienen pero que cuando lo han intentado poner en práctica ha fallado en la mayoría de los caso” dijo Alberto Solís, director de Servicios y Asesoría de la Paz (Serapaz).

Uno de los casos en donde falló este sistema fue el del Colectivo Ustedes Somos Nosotros ocurrido el 4 de abril del 2014. Activistas de ese colectivo activaron el botón de pánico cuando fueron atacados por personas armadas mientras brindaban apoyo a migrantes que descansaban en vías del tren La Bestia pero la asistencia inmediata nunca llegó.

Los teléfonos de emergencia es otra medida que se otorgó en 22 de los casos monitoreados. En 14 de esos casos se tuvo en algún momento que llamar al referido numero pero en ninguno funcionó pues nadie contestó.

Pilar Tavera, directora de la organización Propuesta Cívica A.C., dijo que el recurso líneas de emergencia falla porque simple y sencillamente no existe protocolo alguno sobre cómo debe funcionar ese mecanismo, quien tiene que atender el teléfono y que se debe de responder.

La instalación de cámaras de circuito cerrado y cerraduras de emergencia se otorgó en 17 casos pero en once de ellos, dichos dispositivos se instalaron con retrasos de uno hasta seis meses. Animal Político conoció directamente del caso de un abogado cuya oficina en la colonia Roma fue saqueada dos veces antes de que se instalaran los referidos dispositivos.

“Además tenemos el tema de los rondines de vigilancia donde lo que hemos detectado es que estos solo se hacen por un tiempo y después se dejan porque no hay monitoreo delos mismos (…) otro es el de los escoltas donde el problema es que no están capacitados para proteger activistas o periodistas, y lo que hacen es encerrarlos en una burbuja que los aísla” dijo Tavera.

Un aspecto preocupante, de acuerdo con el diagnóstico, es que medidas de fondo que pueden resolver un caso o disuadir una amenaza como el solicitar informes de las investigaciones sobre los ataques o reconocer públicamente a una persona como activista o periodista en riesgo, son las que menos se aplican. De los 59 casos monitoreados solo se hizo efectiva en tres de ellos

Mecanismo incompleto y opaco

Iván Baez, oficial del Programa de Protección para México y Centroamérica de Artículo 19 advirtió que el Mecanismo para la Protección de Personas Defensoras de Derechos Humanos y Periodistas está incompleto pues adolece de la llamada ”tercera unidad” contemplada desde su creación encargada de temas de prevención y difusión.

“Esta tercera unidad nada más y nada menos es la responsable de diseñar la política de atención y también sistematizar la información que eventualmente sirva para las evaluaciones de riesgo (…) hoy en esta unidad trabajan dos personas que de hecho se dedican a otra cosa” dijo.

Baez también comentó que se ha documentado una respuesta lenta de parte del Mecanismo para definir cada una de las solicitudes. En 2014 esta instancia estuvo al punto del colapso con más de 90 expedientes que no se resolvían.

Artículo 19 también identificó que faltan manuales en materia de protección, protocolos para situaciones específicas como las líneas de emergencia, y capacitación auténtica del personal pues el mismo solamente es rotado sin sentido.

Pilar Tevara de Propuesta Cívica subrayó que no hay transparencia en materia de rendición de cuentas pues la Secretaría de Gobernación no da a conocer informes con resultados periódicos y toda la información que se conoce solo es por los consejeros ciudadanos que participan en la junta de gobierno.

“Por poner un ejemplo no se conocen las causas por las que le mecanismo decide aceptar o rechazar a una persona (…) tampoco es claro cuando se considera a una persona en riesgo y cuando no” señaló.

 

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'Me acusaron de secuestrar a mi hijo adoptivo blanco'

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Johnny, de siete años, estaba a punto de tener un ataque de nervios.

Se había despertado de mal humor y la cosa solo iba a peor a medida que avanzaba el día.

En un restaurante en Charlotte, Estados Unidos, Peter vio que Johnny discutía con otro niño en el área de juegos. Tenía que actuar rápido para sacar del restaurante al niño, al que tiene acogido temporalmente, antes de que estallara en una fuerte rabieta.

Peter lo tomó en sus brazos y rápidamente pagó la cuenta.

Mientras llevaba a Johnny al coche, el niño se retorcía malhumorado y todavía estaba agitado cuando Peter lo puso en el suelo para poder abrir la puerta del coche.

Una mujer se les acercó con el ceño fruncido.

“¿Dónde está la madre de este niño?”, preguntó.

“Yo soy su padre”, respondió Peter.

La mujer dio un paso atrás y se paró frente al coche de Peter. Miró la matrícula y sacó su teléfono.

“Hola, policía, por favor”, dijo tranquilamente. “Oiga, hay un hombre negro. Creo que está secuestrando a un niño blanco”.

De repente, Johnny se quedó quieto y miró a Peter. Peter lo rodeó con el brazo.

“No pasa nada”, le dijo al niño.

Una infancia pobre

En la web de Lonely Planet, la polvorienta ciudad de Kabale es descrita como “el tipo de lugar que la mayoría de la gente atraviesa lo más rápido posible”.

En Uganda, cerca de las fronteras de Ruanda y la República Democrática del Congo, sirve como punto de tránsito en la ruta hacia varios parques nacionales famosos en los alrededores.

Para Peter, su ciudad natal todavía le trae recuerdos dolorosos.

La suya fue una infancia en la pobreza. Cuando era niño, ocho miembros de su familia dormían en el piso duro de una cabaña de dos habitaciones.

“Si comíamos, eran patatas y sopa”, dice, “y si teníamos suerte, comíamos frijoles”.

La madre de Peter

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La madre de Peter, parada fuera de la casa en la que creció.

La violencia y el alcoholismo eran una realidad diaria en la vida de Peter. Para escapar, corría a las casas de sus tías, que vivían a solo unos metros de distancia.

“Por un lado, había una gran familia extendida disponible”, dice, “pero era un caos”.

A los 10 años, Peter decidió que prefería quedarse sin hogar. Un día agarró todas las monedas que encontró y corrió hacia la parada del autobús.

“¿Cuál de ellos va hasta más lejos?”, le preguntó a una mujer que estaba esperando en la parada. Señaló un autobús y, aunque Peter no pudo leer el letrero, se subió. Se dirigía a la capital de Uganda, a 400 km de distancia.

Cuando Peter desembarcó en Kampala después de casi un día de viaje, se dirigió a los puestos del mercado que bordeaban las calles y preguntó a los vendedores si podía trabajar, cualquier trabajo, a cambio de comida.

Durante los dos años siguientes, Peter vivió en la calle. Se hizo amigo de otros niños sin hogar y compartieron sus ganancias o comidas. Peter dice que aprendió una habilidad invaluable para la vida: reconocer la bondad en otras personas con solo una mirada.

Un hombre amable fue Jacques Masiko. Iba al mercado a hacer su compra semanal y le compraba a Peter una comida caliente antes de irse.

Después de aproximadamente un año, el señor Masiko le preguntó a Peter si le gustaría recibir una educación. Peter dijo que sí, y el señor Masiko consiguió enrolarlo en una escuela local.

Después de seis meses, al ver lo bien que le iba a Peter en la escuela, Masiko y su familia le pidieron al niño que fuera a vivir con ellos.

En Jacques Masiko, Peter encontró a un hombre que lo trataba como a un miembro de su familia. Peter le devolvió el favor sobresaliendo en la escuela y, finalmente, ganó una beca para una universidad estadounidense.

Un par de décadas después, Peter tenía poco más de 40 años y estaba felizmente asentado en los Estados Unidos. Trabajaba para una ONG que llevaba donantes a Uganda para ayudar a las comunidades desfavorecidas.

Fue en uno de esos viajes, cuando vio a una familia blanca que viajaba con su hija adoptiva, que Peter se dio cuenta de que los niños en Estados Unidos a veces necesitaban un nuevo hogar tanto como los niños en Uganda.

A su regreso a Carolina del Norte, Peter fue a una agencia de acogida local y dijo que le gustaría ser voluntario.

“¿Has pensado en convertirte en padre adoptivo?”, preguntó la señora de la oficina de acogimiento de menores mientras anotaba sus datos.

“Estoy soltero”, respondió Peter.

“¿Y?”, respondió ella: “Hay muchos niños en el sistema de acogida que buscan modelos masculinos, personas que quieran ser una figura paterna en su vida”.

Solo otro hombre soltero se había inscrito para ser padre de acogida en el estado de Carolina del Norte en aquel momento.

Cuando llenó los formularios, Peter asumió que automáticamente sería emparejado con niños afroamericanos. Pero le sorprendió que el primer niño que estuvo bajo su cuidado fuera un niño blanco de cinco años.

Peter y Jacques.

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Jacques Masiko (derecha), sacó a Peter de la calle y le dio una eduación.

“Fue entonces cuando me di cuenta de que todos los niños necesitan un hogar, y el color no debería ser un factor para mí”, dice Peter.

“Tenía dos dormitorios libres y debería alojar a cualquiera que lo necesitara.

“Al igual que el señor Masiko me había dado a mí una oportunidad, quería hacer esto por otros niños”.

¿Puedo llamarte papá?

En el transcurso de tres años, nueve niños se quedaron con Peter, usando su casa como un recurso temporal durante unos meses antes de regresar con sus familias. Eran negros, hispanos y blancos.

“Una cosa para la que no estaba preparado fue lo difícil que es cuando un niño se va”, dice. “No es algo para lo que puedas prepararte”.

Peter dejaba pasar largas temporadas entre un niño y otro para poder estar emocionalmente disponible para el siguiente.

Por eso, cuando recibió una llamada un viernes por la noche de la agencia de acogida sobre un niño de 11 años llamado Anthony que necesitaba un lugar urgente para quedarse, Peter se resistió.

“Solo habían pasado tres días desde que se había ido el último niño, así que dije: ‘No, necesito al menos dos meses’. Pero luego me dijeron que este era un caso excepcional, un caso trágico, y que solo necesitaban alojarlo durante el fin de semana hasta que pudieran encontrar una solución”.

De mala gana, Peter aceptó y Anthony, un chico alto, pálido y atlético con una mata de cabello castaño rizado, fue llevado hasta su casa a las 3 de la madrugada. A la mañana siguiente, Anthony y Peter se sentaron a desayunar.

“Puedes llamarme Peter”, le dijo al chico.

“¿Puedo llamarte papá?”, fue la respuesta de Anthony.

Peter se sorprendió. Los dos apenas habían cruzado algunas palabras. Aunque todavía no conocía la historia de fondo de Anthony, Peter se sintió instantáneamente conectado con él.

Los dos pasaron el fin de semana cocinando y hablando. Visitaron el centro comercial para que Peter pudiera comprarle algo de ropa. Se hicieron preguntas superficiales: qué comida les gustaba, qué tipo de películas disfrutaban.

“Ambos estábamos tratando de ver cómo encajar”.

El lunes, cuando llegó el asistente social, Peter se enteró de la historia de Anthony.

Peter y Anthony jugando videojuegos.

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“Este niño sabía que yo sería su papá”, dice Peter.

Había estado en el sistema de acogida desde los dos años y fue adoptado por una familia cuando tenía cuatro.

Pero ahora, siete años después, los padres adoptivos de Anthony lo habían abandonado a las puertas de un hospital. Una vez localizados, le dijeron a la policía que no podían seguir cuidando de él.

“No podía creerlo”, dice Peter, “Nunca se despidieron, nunca explicaron sus razones y nunca regresaron. Esto me mató. ¿Cómo podía alguien hacer esto?”.

“La vida de Anthony me devolvió a mi infancia”.

“Este niño era como yo a los 10 años en las calles de Kampala, sin tener adónde ir. Entonces me volví hacia el trabajador social y le dije: ‘¿Sabes qué? Solo necesito hacer el papeleo para que pueda ir a la escuela y nosotros dos estaremos bien”.

Peter miró a Anthony y se dio cuenta de que el niño había mostrado quizás un gran sentido de la anticipación.

“Recuerda, me llamó ‘papá’ de inmediato. Este niño sabía que yo sería su papá”.

Esa misma semana, los padres adoptivos de Anthony fueron a la corte del condado para cederle sus derechos.

“Creo que ambos supimos de inmediato que se quedaría conmigo de forma permanente”, dice Peter. En un año, Peter había adoptado formalmente a Anthony.

“No siempre nos tratan bien”

Anthony quería saber todo sobre la vida de su padre en Uganda, dice Peter, porque ahora esta también era su historia. Anthony ayudaba a Peter a preparar platos ugandeses como “katogo”, un desayuno de yuca picada mezclada con frijoles.

En la escuela, Anthony empezó a disfrutar presentar a Peter a sus amigos.

“Este es mi papá”, anunciaba, disfrutando de las miradas a veces confundidas de sus compañeros de clase.

Pero ha habido momentos difíciles. Un día festivo, la seguridad del aeropuerto detuvo a Anthony para preguntarle dónde estaban sus padres.

Anthony señaló a Peter, y los funcionarios empezaron de inmediato a verificar sus antecedentes. Anthony estaba cada vez más frustrado por lo que veía como racismo evidente, pero Peter lo calmó.

“Soy tu papá y te quiero, pero a las personas que se parecen a mí, no siempre nos tratan bien”, le dijo Peter a Anthony, que tenía 13 años.

“Tu trabajo no es enojarte con las personas que me tratan de esta manera, tu trabajo es asegurarte de tratar a las personas que se parecen a mí de forma honorable”.

Peter, Anthony y Johnny en las escaleras con su perro.

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Johnny, con su cabello lacio rubio y su figura pálida, atrae aún más miradas sospechosas.

En la primavera de este año, la agencia de acogida llamó a Peter para ver si podía cuidar temporalmente a un niño de siete años llamado Johnny (no es su nombre real), cuya familia tenía problemas económicos como resultado de la pandemia del coronavirus.

Johnny se instaló tan bien como Anthony, y siguiendo el ejemplo de su hermano adoptivo, también lo llamó “papá”.

Johnny, con su cabello lacio rubio y su pequeña figura pálida, atraía aún más miradas sospechosas cuando salía con Peter.

Por eso Peter no se sorprendió cuando la señora que los vio salir del restaurante llamó a la policía. Solo les tomó unos minutos verificar que Peter era el tutor de Johnny, pero el suceso dejó al niño conmocionado.

Peter le explicó que este tipo de cosas podían ocurrir, de vez en cuando, porque él era negro y Johnny era blanco.

Es algo de lo que Peter y Anthony ya habían hablado.

Después del asesinato de George Floyd en Estados Unidos en mayo, mantuvieron una larga y emotiva conversación sobre el movimiento Black Lives Matter.

Peter le pidió a Anthony que se asegurara de tener su teléfono móvil listo si la policía los paraba por la calle.

“Como hombre negro, tengo 10 segundos para explicar quién soy a la policía antes de que potencialmente escale la situación”, dice Peter.

“Siempre le digo a Anthony, ‘si la policía me para, por favor agarra el teléfono y graba de inmediato’. Porque sé que él es mi único testigo, ¿sabes? Y tengo 10 segundos para salvar mi vida”.

“Creo que lo entiende. Sabe que porque estamos en Estados Unidos y yo me veo diferente a él, me tratarán de manera diferente”.

“Este tipo de tensión y sospecha no es algo que un padre blanco tenga que enfrentar cuando adopta a un niño negro”.

Diferencias raciales

Según Nicholas Zill, psicólogo investigador y miembro del Instituto de Estudios de la Familia, las familias blancas en Estados Unidos tienen muchas más probabilidades de adoptar a alguien de otra raza que las familias negras.

Los últimos datos disponibles, de 2016, muestran que solo el 1% de las adopciones por familias negras fueron de niños blancos; en el 92% de los casos adoptaron niños negros.

Por el contrario, el 11% de las adopciones por familias blancas fueron de niños multirraciales y el 5% fueron de niños negros, dice Zill.

“Es muy raro ver a familias negras adoptando niños blancos, mucho más que al revés, y esto puede tener que ver con prejuicios culturales que todavía existen dentro del sistema de adopción de Estados Unidos”.

El año pasado, la pareja británica Sandeep y Reena Mander obtuvieron más de US$150.000 como indemnización después de que un juez dictaminara que habían sido discriminados al no poder adoptar a un niño de origen no asiático.

Anthony y Peter

Fosterdadflipper

La pareja dijo que el servicio de adopción local les había dicho que vieran la posibilidad de adoptar a un niño de India o Pakistán.

“La ley en el Reino Unido es muy clara en que la raza no debe ser un factor decisivo en la colocación de niños”, dice Nick Hodson, socio del bufete de abogados McAlister Family Law, que se ha especializado en derecho de la infancia durante más de 20 años.

Peter dice que si bien no ha tenido problemas como cuidador negro dentro del sistema de acogida de Carolina del Norte, adoptar a Anthony puede haber sido más fácil de lo habitual debido a su edad.

Nicholas Zill agrega que después de los cinco años, es más difícil colocar a los niños en un hogar permanente.

Peter sabe de otras familias negras que tuvieron que esperar mucho tiempo porque no había niños de la misma raza.

“No vivimos en una sociedad igualitaria”, dice, “pero quiero ser visible para romper los estereotipos. Hay estereotipos de hombres negros como padres ausentes, como criminales, todo esto tiene un papel. Por eso he sido abierto sobre mi crianza y publico regularmente fotos mías y de los niños en Facebook e Instagram”.

Ha conseguido casi 100.000 seguidores en Instagram al documentar su vida cotidiana, bajo el nombre de Fosterdadflipper.

Peter tiene planes para los niños cuando no haya restricciones de viaje. Quiere llevarlos a Uganda para que puedan ver de dónde viene.

Quiere construir una relación con la familia de Johnny para que la transición del niño de regreso a su hogar no sea dolorosa.

Pero a pesar de algunas ofertas en sus mensajes directos de Instagram, no tiene deseos de comenzar una relación romántica.

“No han tenido figuras masculinas estables en su vida”, dice Peter. “Me necesitan para ellos solos en este momento, y mientras sea así, estaré aquí para ellos”.


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