¿Tomar leche Liconsa aumenta la talla y peso en los niños? No, dice el Coneval
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¿Tomar leche Liconsa aumenta la talla y peso en los niños? No, dice el Coneval

Liconsa se basa en tres investigaciones del Instituto Nacional de Salud Pública para presumir que la leche fortificada que distribuye ha conseguido aumentar dos centímetros la talla de los niños, ¿es cierto?
Cuartoscuro
Por Nayeli Roldán
21 de julio, 2015
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FRANCISCO I. MADERO, HIDALGO, 18JUNIO2015.- La ampliación de la cobertura de leche LICONSA en el país ha permitido una reducción “de un 40 por ciento en la prevalencia de anemias en menores de cinco años”, dijo hoy el Presidente Enrique Peña Nieto, al inaugurar hoy un Centro de Acopio de leche en Hidalgo, mismo acto en el que entregó apoyos a productores indígenas cafetaleros. FOTO: PRESIDENCIA /CUARTOSCURO.COM

Foto: Cuartoscuro

Liconsa se basa en tres investigaciones del Instituto Nacional de Salud Pública para presumir que la leche fortificada que distribuye ha conseguido aumentar dos centímetros la talla de los niños; sin embargo, dichos estudios tienen “problemas metodológicos” que hacen imposible sostener que dicho “logro” sea verdadero, según concluye el Informe de Evaluación Específica de Desempeño 2012-2013, del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo (Coneval).

Liconsa es una empresa estatal que distribuye leche a un precio menor que el comercial en las zonas más marginadas del país, pero a 15 años de operación no existe evidencia científica sobre la mejora en la salud de la población objetivo; es decir, en niños de 6 meses a 12 años, mujeres adolescentes de 13 a 15 años, mujeres en periodo de gestación o lactancia, mujeres mayores de 45 años, adultos de 60 años y más, y los enfermos crónicos y personas con discapacidad mayores de 12 años.

El 6 de julio pasado, la secretaria de Desarrollo Social, Rosario Robles, encabezó un mensaje a medios para informar los avances logrados en lo que va del sexenio en los tres de los principales programas sociales de la dependencia, como Prospera; Abasto Rural, de Diconsa, y el de Abasto Social de Leche, de Liconsa.

Sobre este último, el director general, Héctor Ramírez Puga, dijo que los niños que toman leche fortificada Liconsa “han logrado crecer hasta 2.5 centímetros más y desarrollar hasta 700 gramos de masa muscular, lo que provoca un mejor aprovechamiento escolar y más productividad en la etapa adulta”.

Aseguró que las fórmulas de Liconsa llegan a 6 millones de personas y “evitan la obesidad infantil y combate la anemia”, como lo comprobó el Instituto Nacional de Salud Pública en su Centro de Investigaciones en Nutrición y Salud, dependiente de la Secretaría de Salud.

Animal Político solicitó dichos estudios y en ellos, efectivamente se concluye una mejora en la talla de los niños evaluados; sin embargo, se trata de investigaciones de 2004, 2006 y la más reciente es de hace seis años.

Como parte del análisis de desempeño del programa, el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo (Coneval), analizó las investigaciones del Centro de Investigaciones en Nutrición y Salud que la dependencia mostró como evidencia de los beneficios conseguidos en 2012-2013. Encontró que la metodología de esos tres estudios no es lo suficientemente sólida para sostener que existen beneficios en la salud de los niños gracias a la leche fortificada con hierro y zinc.

¿El crecimiento es atribuible a la leche?

La investigación del Coneval descubrió que las evaluaciones del Centro de Investigaciones en Nutrición y Salud “presentan problemas metodológicos por lo que los resultados positivos reportados difícilmente pueden ser atribuidos a la fortificación”.

En la explicación metodológica se informa que en la evaluación de 2004 se consideraron 2 grupos, uno que recibió leche fortificada Liconsa y otro leche Liconsa sin fortificar en polvo, con seguimiento a un año y “los resultados son cuestionables ya que los grupos no son estadísticamente comparables en la etapa inicial ya que hay diferencias significativas en el consumo de hierro y zinc y en el gasto en alimentos”.

Por lo tanto se sugiere llevar a cabo una nueva evaluación de impacto “con rigor metodológico que considere el impacto de la leche per se en los diferentes grupos de edad en los que focaliza el Programa”.

Además, en la evaluación de 2009, donde se hace el seguimiento y comparación, los grupos conformados por los hogares en 2003 y los hogares en 2006 tienen características socioeconómicas distintas que no fueron controladas, “de forma que no se podría garantizar que los grupos sean comparables entre si”.

En la evaluación de 2009, no se encontró un impacto del programa en el desempeño escolar, pero sí un impacto en el desarrollo intelectual; sin embargo, “el nivel socioeconómico es el que explica en mayor medida este impacto”.

La conclusión del Coneval es que “las tres evaluaciones de impacto (2004, 2006 y 2009) usan los mismos grupos y por tanto tienen los mismos problemas metodológicos”.

El programa ha tenido un presupuesto superior a los mil millones de pesos anuales desde 2007 y hasta 2012. Sin embargo, el Coneval señala que entre las debilidades está la falta de comprobación de su efectividad y la duplicidad con otros programas de la Secretaría de Desarrollo Social.

Esto dicen las investigaciones

El Centro de Investigaciones en Nutrición y Salud explica en sus informes que desde 2003 inició las evaluaciones para determinar el impacto de la fortificación de la leche Liconsa sobre la nutrición y la prevalencia de anemia y deficiencias de hierro, zinc y ácido fólico.

Se encontró que la prevalencia de anemia “disminuyó de manera dramática” con una mejoría de más de 50% entre los niños que consumieron la leche fortificada. Mientras que al analizar a quienes tenían dos años de recibir la leche, ya con 36 y 54 meses de edad, entre 2005-2006 se demostró mejor crecimiento físico, actividad física más intensa y mayor masa muscular.

Además, “la talla fue al menos 2 cm mayor en los grupos de intervención” y los niños que recibieron leche fortificada tuvieron una masa muscular 700 g mayor que los que nunca la recibieron. “Tal aumento es atribuible muy probablemente a la mejoría en el estado de nutrición de zinc de los niños que recibieron leche fortificada”, concluye el estudio.

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Qué es un "bear market" como el que vive ahora la bolsa y por qué es un indicio de una crisis económica

Los mercados están a punto de entrar en "bear market", según analistas, lo que podría suponer el inicio de una nueva crisis económica.
14 de junio, 2022
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Los índices estadounidenses Dow Jones y S&P500, referentes de las tendencias en los mercados globales, han caído un 15% y casi un 20% respectivamente desde sus máximos históricos en diciembre.

A veces ocurre que las bolsas tienden a la baja por períodos limitados de tiempo: es lo que llamamos “correcciones” del mercado.

Pero ahora muchos analistas pronostican la llegada de un “bear market”, literalmente “mercado oso”, aunque en español se conoce como mercado bajista.

Se considera que hay “bear market” cuando las acciones en conjunto pierden más del 20% de valor en bolsa respecto a su cota más alta más reciente.

Es decir, en ese período de tiempo los inversores han vendido muchos más títulos de los que han comprado, reduciendo la capitalización de las compañías que conforman el mercado.

¿Qué nos dice de la economía?

Para interpretar la señal que nos da un “bear market” es importante saber que la bolsa es un indicador adelantado: anticipa situaciones futuras según la -acertada o equivocada- perspectiva de los inversores.

Estos observan al detalle los datos que revelan la salud de la economía (desde empleo y salarios hasta inflación y tipos de interés) para decidir qué hacen con su dinero.

Si creen que nos aproximamos a una fase de contracción económica, en la que caen los beneficios de las empresas, tenderán a desprenderse de las acciones de estas compañías antes de que pierdan aún más valor.

Así, un “bear market” suele advertir la llegada de tiempos difíciles con reducciones de la demanda de productos, de la actividad empresarial, del comercio y, en último término, del empleo.

Hombre e índices bursátiles

Getty Images

También es más fácil que se produzca un mercado bajista después de un período de crecimiento fuerte en el que se han tocado máximos muy altos.

Es el caso actual: tras los primeros meses de la pandemia, los precios de la mayoría de las acciones se dispararon, especialmente las de las tecnológicas, alcanzando niveles muy superiores a las anteriores alzas de finales de 2019.

De hecho, pese a haber perdido parte de su valor en los últimos meses y estar al borde de un “bear market”, tanto el Dow Jones como el S&P500 superan con creces sus niveles máximos anteriores a la pandemia.

¿Cuánto suele durar?

El S&P500 ha caído en “bear market” un total de 26 veces desde 1929, si bien 14 de ellas sucedieron antes de 1950, principalmente por la volatilidad propiciada por el crash del 29.

En tiempos más recientes los mercados bajistas han sido menos frecuentes y por lo general han sucedido inmediatamente antes o al inicio de épocas de crisis económica o recesión.

Fueron especialmente duros los registrados durante la crisis del petróleo, cuando el índice se desplomó un 48,2% en solo tres meses (noviembre de 1973 a marzo de 1974), y el de la crisis financiera de finales de los 2000, con una caída del 51,93% entre octubre de 2007 y noviembre de 2008.

Entre febrero y marzo de 2020 hubo un “bear market” poco habitual, muy corto y pronunciado (-33% en poco más de un mes) por el miedo de muchos inversores que retiraron en masa sus acciones al creer que la pandemia iba a provocar una debacle económica.

La duración media de los “bear markets” en el S&P500 ha sido de 289 días, con un nivel de descenso promedio del 36%, según datos de la consultora Ned Davis Research.

¿Y un “bull market”?

El término opuesto es “bull market”, literalmente “mercado toro” y en español mercado alcista.

La duración de los mercados alcistas en el S&P500 ha sido de 991 días y los beneficios del 114%, en promedio.

Bull and bear markets

Getty Images

Es habitual que los “bull markets” sean más frecuentes, prolongados y con mayores porcentajes de ganancias, en comparación con las pérdidas en los mercados bajistas.

Esto sucede porque a largo plazo la economía tiende a expandirse mientras el dinero pierde valor, lo que resulta en una trayectoria ascendente con etapas de crecimiento especialmente fuertes (“bull markets”), contracciones temporales y fases de fuertes descensos (“bear markets”) que a la larga se corrigen.

El “bull market” más largo de la historia se prolongó desde 2009 hasta 2020, con ganancias acumuladas de más del 300%.

Comprar acciones en el momento más bajo de un “bear market” y venderlas en el más alto de un “bull market” es el negocio perfecto.

El problema es que es imposible saber cuándo nos encontramos en uno de esos dos extremos.

¿Por qué un toro y un oso?

Existen varias teorías sobre por qué el toro (bull) y el oso (bear) representan los mercados alcista y bajista, respectivamente.

Una de ellas atribuye su origen a los espectáculos de peleas de animales populares en Inglaterra entre los siglos XVI y XIX.

Dos de las variantes de esa tradición (abolida por el Parlamento en 1835) consistían en enfrentar a un toro o a un oso contra jaurías de perros en un recinto cerrado.

Pelea de osos y perros o "bear baiting" en Londres en 1820

Getty Images
Pelea de osos y perros o “bear baiting” en Londres en 1820.

Los toros embestían a los perros con movimientos de cabeza de abajo hacia arriba, mientras los osos lanzaban sus zarpazos de arriba hacia abajo, por lo que los pioneros de la Bolsa de Londres (fundada en 1801) habrían incorporado estos términos a su jerga.

Otra teoría alude a la -hoy todavía usada- expresión “vender la piel del oso”, referida a intermediarios que adjudicaban pieles a clientes sin tenerlas aún en su poder.

A los “vendedores de piel de oso” se les comenzó a llamar simplemente “osos” y el término pasó a denominar un negocio con pérdidas o una tendencia bajista, mientras su opuesto sería el toro, la antítesis del oso en el ya citado espectáculo de peleas.

Otros se decantan por una explicación más sencilla: el toro es un animal que representa el vigor, la agresividad y la fuerza.

El oso, por el contrario, es tímido, parsimonioso y, sobre todo, conocido por sus largos periodos de hibernación.


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