A otras economías les ha ido peor que a México: Peña Nieto
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A otras economías les ha ido peor que a México: Peña Nieto

El presidente de México enfatizó que a pesar de la volatilidad económica y desaceleración que viven algunas naciones, México ha optado por la ruta de la responsabilidad.
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3 de agosto, 2015
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El presidente de México, Enrique Peña Nieto. // Foto: Cuartoscuro.

El presidente de México, Enrique Peña Nieto. // Foto: Cuartoscuro.

Aunque “México mantiene su ruta de crecimiento y asume decisiones con responsabilidad para cuidar las variables macroeconómicas” no ha crecido como “hubiésemos querido”, sin embargo, a “otras economías del mundo les ha ido peor, han enfrentado escenarios todavía más adversos”, aseguró el Presidente de México, Enrique Peña Nieto.

Al encabezar la entrega del Distribuidor Vial “Ignacio Pichardo Pagaza”, Peña Nieto dijo que se ha reducido el gasto corriente y se ha privilegiado el gasto en inversión pública.

El mandatario mexicano apuntó que de acuerdo con el último reporte de la Secretaría de Hacienda, “el gasto destinado a la burocracia ha disminuido”, y se ha incrementado el de la inversión “en obras que generan condiciones de bienestar para la sociedad”.

En el acto en el que inauguró este distribuidor que contó con una inversión de 307 millones de pesos, dijo que el “Gobierno de la República seguirá privilegiando la inversión pública a partir de la implementación de las reformas estructurales.”

Acompañado por el secretario de Comunicaciones y Transportes, Gerardo Ruiz Esparza; el gobernador del Estado de México, Eruviel Ávila y el exgobernador de la entidad, Ignacio Pichardo Pagaza, subrayó que las decisiones que se han tomado en materia económica tienen el objetivo de que el país siga siendo un destino confiable.

En ese sentido enfatizó que a pesar de la volatilidad económica y desaceleración que viven algunas naciones, México ha optado por la ruta de la responsabilidad.

“México mantiene su ruta de crecimiento, asume decisiones con responsabilidad para cuidar las variables macroeconómicas, lo que permite crecer y tener desarrollo”, sostuvo.

Agregó que entre las reformas transformadoras, la más importante es la educativa, que permitirá “enderezar y mejorar de raíz la educación de niños y jóvenes.”

Sostuvo que la reforma está en cursos y aunque enfrenta resistencia avanza con paso firme y decisivo, así como lo mandata la Constitución, y como las otras reformas, permitirá que el país tenga de donde tomarse y por dónde avanzar.

A partir de un diagnóstico de lo que el país necesitaba, se determinó que no sólo era necesaria la ampliación de la cobertura educativa en distintos niveles, sino asegurar la calidad en la educación con mejores herramientas y mayor capacidad, aseveró Peña Nieto.

El Ejecutivo federal hizo un reconocimiento a la trayectoria de Ignacio Pichardoi Pagaza, cuyo nombre llevará el distribuidor vial que constituye el compromiso de gobierno número 264, en materia de infraestructura.

Esta vialidad cuenta con 1.76 kilómetros de extensión y tendrá un tránsito diario de 30 mil vehículos, además de que genera 250 empleos directos y 510 indirectos, con una población beneficiada de 819 mil 562 habitantes.

En su oportunidad el gobernador mexiquense, Eruviel Ávila anunció que 2016 será el año de “la gran cosecha en materia de infraestructura”, en la entidad, pues se inaugurarán obras como la carretera Naucalpan-Toluca, la ampliación de la carretera La Marquesa-Toluca, entre otras vialidades, así como el primer teleférico con fines de transporte público en Ecatepec.

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"Fue un capricho de Pinochet": la historia de los 15 mil libros de García Márquez que quemó el gobierno de Chile

En noviembre de 1986, el gobierno militar de Chile ordenó la incautación del libro 'La aventura de Miguel Littín clandestino en Chile', del premio Nobel de Literatura, cuando un embarque se dirigía a Santiago.
5 de junio, 2022
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El 28 de octubre de 1986, después de varios días de viaje, el ‘Peban’, un vapor de bandera panameña, atracó finalmente en el puerto chileno de Valparaíso. Mientras se preparaba para diligenciar los papeles de aduana, la tripulación recibió la noticia de que se procedería con la incautación de una parte del cargamento.

El capitán, que estaba seguro de que todo lo que llevaba en su barco estaba en regla, preguntó cuál era la mercancía que iban a retener.

La respuesta oficial fue la que menos esperaba: “Los libros”, específicamente, 15 mil ejemplares de La aventura de Miguel Littín clandestino en Chile, escrito por el ganador del Premio Nobel de Literatura Gabriel García Márquez, que habían sido enviados desde el puerto de Buenaventura, en Colombia.

Y que debían llegar a manos de Arturo Navarro, el representante de la editorial Oveja Negra que publicaba los libros del Nobel en aquellos años en Chile.

El libro narraba las peripecias que había que tenido que sortear el cineasta chileno Miguel Littín, quien vivía en el exilio desde el golpe de Estado que llevó a Augusto Pinochet al poder en 1973.

Littín había vuelto a Chile durante dos semanas en 1985 para filmar en la clandestinidad un documental sobre lo que estaba pasando en el país 12 años después de la irrupción militar.

Arturo Navarro

BBC
Arturo Navarro era el representante de la editorial Oveja Negra en Chile.

Luego estrenaría el documental Acta Central de Chile en el Festival de Cine de Venecia del 86.

Pero el libro de García Márquez iba más allá: contaba sobre todo detalles que no aparecían en la cinta, como por ejemplo el encuentro de Littín, quien se había hecho pasar por un empresario uruguayo, con el propio Pinochet en los pasillos del Palacio de La Moneda, donde el presidente de facto no lo reconoció.

“Yo me enteré de la incautación de los libros dos semanas después porque estaba fuera del país”, recuerda Arturo Navarro, tomándose un café bajo la nave central del Museo Nacional de la Memoria en el corazón de Santiago.

Navarro había regresado de un viaje por EU para visitar a su familia cuando se encontró con un mensaje de alerta en el contestador automático de su casa. Era de su agente aduanero y le describía una situación crítica: “Arturo, me dicen que los libros fueron quemados”.

"Esto fue un capricho de Pinochet: no quería ver un libro, mucho menos después del atentado, en el que básicamente describen cómo le habían metido los dedos en la boca"", Source: , Source description: , Image:

Para Navarro, el cargamento era fundamental: era el principal producto que esperaba exponer durante la feria del libro de Santiago, que se iba a celebrar pocas semanas después del incidente.

Él, que había sido empleado de la Editorial Nacional Quimantú (ampliamente perseguida por el régimen) y había visto a los militares ejercer la destrucción de libros en primera fila, también sabía que el régimen de Pinochet había flexibilizado sus políticas de censura.

En ese contexto, creyó que la incautación debía ser más un malentendido que un acto de represión y decidió viajar a Valparaíso para resolver el problema personalmente.

“El libro ya había sido publicado en capítulos en Chile por una revista (Análisis) meses antes”, señala Navarro. “Sin embargo, lo que me preocupaba es que, de acuerdo a la prensa, la incautación de los libros se debía al mal estado de los contenedores, que me parecía una disculpa inusual”.

Los ejemplares habían quedado bajo el control de la jefatura de Zona en Estado de Emergencia, a cargo de militares.

Cuando Navarro se acercó al edificio castrense donde podría intentar rescatar los libros, percibió de inmediato la tensión que se sentía dentro del gobierno por esos días: un mes y medio antes, el 7 de septiembre, militantes del Frente Patriótico Manuel Rodríguez habían estado muy cerca de acabar con la vida de Augusto Pinochet, en un feroz atentado cuando este regresaba a Santiago desde su residencia en el Cajón del Maipó, a unos 50 kilómetros de la capital.

El asalto había dejado cinco escoltas muertos y varios heridos.

“En el edificio logré hablar con un militar de rango medio al que le pedí que al menos me permitiera devolver los libros a Lima”, señala. “Pero después de hacer un par de llamadas, finalmente me dijo: ‘Navarro, no se preocupe, que los libros ya los quemamos'”.

La versión en los medios se mantenía: contenedores en mal estado, lo que podría explicar la incautación, pero nunca la incineración.

Para Navarro, era claro que la orden había venido de arriba y, aunque no tuviera pruebas, no se iba a quedar quieto hasta que la gente supiera que el régimen de Pinochet había mandado a quemar 15 mil volúmenes de nada menos que un premio Nobel.

“Yo sigo sosteniendo que esto fue un capricho de Pinochet: no quería ver un libro, mucho menos después del atentado, en el que básicamente describe cómo le habían metido los dedos en la boca”, afirma Navarro.

La noticia lo dejó abatido y sin ejemplares para la feria.

Entonces, convocó a ruedas de prensa para dar a conocer lo que había pasado, hizo la denuncia pertinente ante la Cámara Chilena del Libro y, aunque dentro del país no hubo mucho eco, en el mundo sí publicaron la noticia.

Navarro guarda recortes de prensa de medios de Grecia, Holanda y EU que hablan de los ejemplares calcinados.

Pero quedaba por saber qué era realmente lo que había pasado. “Yo de verdad no creía nada de lo que me habían dicho. Ni siquiera que los habían quemado”.

Uno de sus colegas le recomendó que el mejor camino para obtener una respuesta del régimen era la vía diplomática, por lo que decidió acudir a la embajada de Colombia, país de donde originalmente habían salido los libros.

“Ahí conocí a Libardo Buitrago, el cónsul colombiano, quien se ofreció a ayudarme”.

Poco después, gracias a la presión de un país extranjero, le llegó al cónsul un papel muy revelador, una carta fechada del 9 de enero de 1987, firmada por el vicealmirante John Howard Balaresque, en la que no solo se confirma la incineración de los libros sino también las razones: a los ejemplares de La aventura de Miguel Littín clandestino en Chile se les impuso “una medida de censura previa” por considerar que el contenido “transgredía abiertamente las disposiciones constitucionales”.

“Ese papel es el único documento oficial que existe en el que el régimen de Pinochet acepta que quemó libros y que lo hizo por censura. Algo imposible de obtener en esos tiempos”, relata Navarro.

“Y ahora está acá, en el Museo de la Memoria”.

El documento, con firma oficial, le sirvió a la editorial Oveja Negra para poder cobrar el seguro por la pérdida, pero además implantó en la cabeza de Navarro una certeza que no lo abandonó nunca: la cultura sería clave en el fin del régimen.

“Esta represión a los libros, a la cultura, se daría vuelta y terminaría siendo uno de los principales motivos por los que Pinochet saldría del poder. Porque fueron los cantantes, los artistas, los escritores quienes serían fundamentales en la campaña de votar ‘No’ en el plebiscito de 1988 que acabaría con la dictadura”, concluye.


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