Cómo detectar si tu mascota tiene problemas emocionales
close
Recibe noticias a través de nuestro newsletter
¡Gracias! Desde ahora recibirás un correo diario con las noticias más relevantes.
sync

Cómo detectar si tu mascota tiene problemas emocionales

Son los mejores y más leales amigos de muchas personas, pero a veces parecen tristes o fuera de control. Expertos aseguran que como nosotros, sufren trastornos emocionales que deben ser tratados.
Por BBCMundo
25 de agosto, 2015
Comparte
Perro Fred

“Cada vez que vamos a salir, Fred grita como si lo estuvieran matando; ladra histéricamente cuando ve una moto, bicicleta u otro perro; tira desesperadamente de la correa, tanto que me ha lanzado varias veces al suelo. Es simplemente imposible salir con él”.

María José adoptó a Fred en noviembre de 2013, pero fue en enero de este año que empezó a preocuparse por su salud mental.

“Nunca antes se me había pasado por la cabeza que un perro pudiera tener problemas de estrés o que traumas de su pasado pudieran aflorar años después”, le cuenta a BBC Mundo desde Barcelona.

“La primera vez que Fred pisó una clínica veterinaria el veredicto fue claro: su estado físico era tan nefasto que lo mejor era sacrificarlo“.

Pero María José se opuso. Ella veía en él un perro rebosante de energía, siempre dispuesto a jugar y con un apetito insaciable.

Una de sus patas traseras estaba destrozada, por lo que debieron introducirle un clavo intraóseo. Además, había dado positivo en la prueba de leishmania.

Durante los meses que duró su recuperación, Fred permaneció en casa, aislado de las calles en las que había vivido hasta que María José lo acogió.

La prioridad, para ella, era su salud física. Nunca pensó en su salud mental.

Cuando Fred empezó a salir, se veía nervioso, tiraba de la correa y ladraba incesantemente. Un adiestrador le había dicho a María José que tenía un problema de autoridad, por lo que la exhortó a castigarlo o a premiarlo dependiendo de si obedecía sus órdenes.

Pero lejos de resolver el problema, ese diagnóstico empeoró la situación.

Después de consultar a otros especialistas y leer mucho sobre el tema, María José comprendió que a su mascota le causaba tanta ansiedad estar en la calle que no podía obedecer orden alguna.

“Los perros tienen memoria y traumas. Es muy posible que el pánico que siente Fred cuando ve motos se derive del hecho de que fue atropellado“, reflexiona.

María José llevó su mascota a la organización española de adiestramiento MiaCrok. Allí la terapeuta y educadora canina Alba Fernández, quien tiene amplia experiencia con animales abandonados, le dijo que el estado en el que se encuentra Fred es el resultado de todo el dolor que acumuló en la calle y en los tratamientos a los que tuvo que ser sometido.

“Es como tener dos perros: el Fred de casa, dulce, tranquilo, leal y obediente, y el Fred de fuera de casa: histérico y agresivo con otros perros”.

“Quizás si hubiera sabido a qué señales de estrés canino prestar atención no hubiéramos llegado a esta situación extenuante y dolorosa para los dos”, cuenta con tristeza.

___________________________

Señales para estar alerta

BBC Mundo les preguntó a tres expertos cómo detectar problemas emocionales en nuestras mascotas y qué hacer ante ellos.

De acuerdo con el biólogo conductual y psicólogo animal Dennis Turner, director del Instituto de Etología aplicada y Psicología animal de Suiza, no se debe ignorar cualquier cambio significativo en el comportamiento de la mascota como:

  • Pérdida de apetito por largos periodos de tiempo.
  • Inactividad inusual.
  • Comportamientos destructivos cuando son dejados solos en casa.
  • Intentos de escaparse o de esconderse.

Para Turid Rugaas, entrenadora noruega de perros, considerada una gurú en el área, un perro puede estar crónicamente estresado si:

  • Se le ve nervioso, deprimido o temeroso.
  • Se molesta o se siente amenazado con mucha facilidad.
  • Presenta un comportamiento histérico.
  • No manifiesta curiosidad.
  • Reacciona con exageración al tacto o a los ruidos.
  • No puede hacerle frente a los problemas diarios más comunes.

Para Fernández, hay una señal que parece no fallar:

  • “Si tienes que estar castigando a tu perro todo el tiempo, es porque algo anda mal”.

_____________________________

¿Qué deben hacer los dueños?

Turner recomienda:

  • Observar a la mascota con cuidado y objetividad.
  • Poner especial atención a cambios a largo plazo y tomar nota de ellos.
  • “Una vez confirmes que el problema es real y no sólo un capricho en el estado de ánimo de tu mascota, consulta un veterinario conductista o un psicólogo animal entrenado con un diplomado otorgado por una sociedad profesional”.
    Pacientes

Rugaas considera que es fundamental que los dueños conozcan lo que un perro necesita para vivir mentalmente saludable. Recomienda que:

  • No lo castigues.
  • No te muestres molesto o amenazante.
  • No lo tengas en una jaula ni le pongas collares de ningún tipo.
  • No le lances palos ni pelotas.
  • No lo uses para ganar premios.
  • Déjalo ser curioso y permítele explorar el mundo a través de sus sentidos.
  • Permítele que construya su autoconfianza para que se enfrente a todo.
  • Aliméntalo bien y déjalo que duerma lo suficiente.
  • Bríndale compañía, limita las restricciones físicas y estimúlalo mentalmente.

Para Fernández, la empatía es la clave:

  • “Ponerse en la piel del perro”
  • Aprender a comunicarse con tu mascota

_____________________________

El ambiente

Para Rugaas, cuando se habla de la salud mental de los perros, se habla de las emociones que resultan de la forma en que han sido tratados y de las condiciones en que han vivido.

Un perro salta a una piscina

De acuerdo con Rugaas, un perro mentalmente saludable manifiesta mucha curiosidad, es capaz de usar su cerebro para aprender rápidamente y de enfrentar lo que pasa en su entorno. No está crónicamente estresado.

“La salud mental de los perros no tiene nada que ver con enfermedades mentales. Nunca he visto a un perro con una”, aclara. “Nuestros perros mascotas podrían sufrir de problemas mentales, pero solo porque el ambiente en el que viven los hacen sentir muy mal. No es porque tengan una enfermedad (…) Problemas físicos en el cerebro son muy raros”, le indicó a BBC Mundo.

De acuerdo con Fernández, problemas como la hiperactividad y la agresividad generalmente tienen como trasfondo el miedo.

Sin embargo, no existe un patrón para detectar trastornos emocionales en los perros, no sólo porque cada animal es único sino porque cada dueño es único también. Por eso es clave, entrevistarlos con detenimiento y obtener respuestas honestas.

“Suelen pedir nuestra ayuda para resolver problemas de conducta de sus mascotas que los están afectando a ellos”, le cuenta a BBC Mundo.

Lo que es claro para la experta es que “casi 99% de los desórdenes emocionales de los perros se deben a fallas de las personas que han formado parte de su socialización (los primeros cuatro meses de vida son determinantes) y del ambiente en el que se desenvuelven”.

De acuerdo con Turner, nuestros perros y gatos mascotas pueden sufrir de fobias y otros desórdenes de ansiedad, como la que provoca la separación, y se pueden manifestar con síntomas muy similares a los que experimentan las personas cuando están deprimidas.

También pueden desarrollar desordenes compulsivos y neurosis.

Apoyo y paciencia

Aunque Rugaas y Fernández hablan de problemas emocionales y no de enfermedades mentales en perros, en Estados Unidos la historiadora científica Laurel Braitman se dedicó a investigar ese aspecto de la vida animal a partir de una experiencia personal.

La autora de “Animal Madness” (“Locura animal”) habló en una charla TedTalk, titulada: “Depressed dogs, cats with OCD: What animal madness means for us humans” (“Perros deprimidos, gatos con Desorden Obsesivo Compulsivo: Lo que la locura animal significa para nosotros, los humanos”) sobre su mascota a la que asegura le entregó su corazón “por completo”.

“Era un perro de montaña Bernés. Mi exesposo y yo lo adoptamos y a los seis meses descubrimos que era un desastre. Sufría de una angustia de separación tal que no podíamos dejarlo solo. En una oportunidad saltó del tercer piso de nuestro apartamento. Comía tela, cosas reciclables. Cazaba moscas que no existían. Tenía alucinaciones. Fue diagnosticado con desorden canino compulsivo y eso era solo la punta del iceberg”.

Braitman señaló que en el proceso de intentar ayudar a su perro superar sus ataques de pánico y su ansiedad, su vida también cambió.

“Al tratar de ayudar a mi propio perro a superar su pánico y angustia, mi vida cambió, mi mundo se resquebrajó por completo. De hecho pasé los últimos siete años investigando enfermedades mentales en otros animales. ¿Pueden ellos estar mentalmente enfermos como las personas? ¿Y de ser así, qué dice de nosotros?”, pregunta.

Una mujer con su gato

“Y descubrí que, efectivamente creo que pueden sufrir de enfermedades mentales, y que estudiar y tratar de identificar enfermedades mentales en ellos a menudo nos ayuda a ser sus mejores amigos y también puede ayudarnos a entendernos mejor a nosotros mismos”.

Para Braitman, el apoyo, el cariño, la paciencia y el tiempo que las familias les brinden a las mascotas con desordenes emocionales puede convertir cualquier trauma pasado en una experiencia positiva.

“Tratándose de tu perro o de tu gato (…), si crees que están traumatizados o deprimidos, probablemente tengas razón”, indicó la experta.

Por eso, como ya lo había dicho Fernández, la empatía es la clave.

Y María José lo sabe muy bien.

“Mi perro tiene un problema difícil de solucionar pero no imposible y sé que necesita de ayuda profesional y grandes dosis de cariño y paciencia”.

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal

"Fue un capricho de Pinochet": la historia de los 15 mil libros de García Márquez que quemó el gobierno de Chile

En noviembre de 1986, el gobierno militar de Chile ordenó la incautación del libro 'La aventura de Miguel Littín clandestino en Chile', del premio Nobel de Literatura, cuando un embarque se dirigía a Santiago.
5 de junio, 2022
Comparte

El 28 de octubre de 1986, después de varios días de viaje, el ‘Peban’, un vapor de bandera panameña, atracó finalmente en el puerto chileno de Valparaíso. Mientras se preparaba para diligenciar los papeles de aduana, la tripulación recibió la noticia de que se procedería con la incautación de una parte del cargamento.

El capitán, que estaba seguro de que todo lo que llevaba en su barco estaba en regla, preguntó cuál era la mercancía que iban a retener.

La respuesta oficial fue la que menos esperaba: “Los libros”, específicamente, 15 mil ejemplares de La aventura de Miguel Littín clandestino en Chile, escrito por el ganador del Premio Nobel de Literatura Gabriel García Márquez, que habían sido enviados desde el puerto de Buenaventura, en Colombia.

Y que debían llegar a manos de Arturo Navarro, el representante de la editorial Oveja Negra que publicaba los libros del Nobel en aquellos años en Chile.

El libro narraba las peripecias que había que tenido que sortear el cineasta chileno Miguel Littín, quien vivía en el exilio desde el golpe de Estado que llevó a Augusto Pinochet al poder en 1973.

Littín había vuelto a Chile durante dos semanas en 1985 para filmar en la clandestinidad un documental sobre lo que estaba pasando en el país 12 años después de la irrupción militar.

Arturo Navarro

BBC
Arturo Navarro era el representante de la editorial Oveja Negra en Chile.

Luego estrenaría el documental Acta Central de Chile en el Festival de Cine de Venecia del 86.

Pero el libro de García Márquez iba más allá: contaba sobre todo detalles que no aparecían en la cinta, como por ejemplo el encuentro de Littín, quien se había hecho pasar por un empresario uruguayo, con el propio Pinochet en los pasillos del Palacio de La Moneda, donde el presidente de facto no lo reconoció.

“Yo me enteré de la incautación de los libros dos semanas después porque estaba fuera del país”, recuerda Arturo Navarro, tomándose un café bajo la nave central del Museo Nacional de la Memoria en el corazón de Santiago.

Navarro había regresado de un viaje por EU para visitar a su familia cuando se encontró con un mensaje de alerta en el contestador automático de su casa. Era de su agente aduanero y le describía una situación crítica: “Arturo, me dicen que los libros fueron quemados”.

"Esto fue un capricho de Pinochet: no quería ver un libro, mucho menos después del atentado, en el que básicamente describen cómo le habían metido los dedos en la boca"", Source: , Source description: , Image:

Para Navarro, el cargamento era fundamental: era el principal producto que esperaba exponer durante la feria del libro de Santiago, que se iba a celebrar pocas semanas después del incidente.

Él, que había sido empleado de la Editorial Nacional Quimantú (ampliamente perseguida por el régimen) y había visto a los militares ejercer la destrucción de libros en primera fila, también sabía que el régimen de Pinochet había flexibilizado sus políticas de censura.

En ese contexto, creyó que la incautación debía ser más un malentendido que un acto de represión y decidió viajar a Valparaíso para resolver el problema personalmente.

“El libro ya había sido publicado en capítulos en Chile por una revista (Análisis) meses antes”, señala Navarro. “Sin embargo, lo que me preocupaba es que, de acuerdo a la prensa, la incautación de los libros se debía al mal estado de los contenedores, que me parecía una disculpa inusual”.

Los ejemplares habían quedado bajo el control de la jefatura de Zona en Estado de Emergencia, a cargo de militares.

Cuando Navarro se acercó al edificio castrense donde podría intentar rescatar los libros, percibió de inmediato la tensión que se sentía dentro del gobierno por esos días: un mes y medio antes, el 7 de septiembre, militantes del Frente Patriótico Manuel Rodríguez habían estado muy cerca de acabar con la vida de Augusto Pinochet, en un feroz atentado cuando este regresaba a Santiago desde su residencia en el Cajón del Maipó, a unos 50 kilómetros de la capital.

El asalto había dejado cinco escoltas muertos y varios heridos.

“En el edificio logré hablar con un militar de rango medio al que le pedí que al menos me permitiera devolver los libros a Lima”, señala. “Pero después de hacer un par de llamadas, finalmente me dijo: ‘Navarro, no se preocupe, que los libros ya los quemamos'”.

La versión en los medios se mantenía: contenedores en mal estado, lo que podría explicar la incautación, pero nunca la incineración.

Para Navarro, era claro que la orden había venido de arriba y, aunque no tuviera pruebas, no se iba a quedar quieto hasta que la gente supiera que el régimen de Pinochet había mandado a quemar 15 mil volúmenes de nada menos que un premio Nobel.

“Yo sigo sosteniendo que esto fue un capricho de Pinochet: no quería ver un libro, mucho menos después del atentado, en el que básicamente describe cómo le habían metido los dedos en la boca”, afirma Navarro.

La noticia lo dejó abatido y sin ejemplares para la feria.

Entonces, convocó a ruedas de prensa para dar a conocer lo que había pasado, hizo la denuncia pertinente ante la Cámara Chilena del Libro y, aunque dentro del país no hubo mucho eco, en el mundo sí publicaron la noticia.

Navarro guarda recortes de prensa de medios de Grecia, Holanda y EU que hablan de los ejemplares calcinados.

Pero quedaba por saber qué era realmente lo que había pasado. “Yo de verdad no creía nada de lo que me habían dicho. Ni siquiera que los habían quemado”.

Uno de sus colegas le recomendó que el mejor camino para obtener una respuesta del régimen era la vía diplomática, por lo que decidió acudir a la embajada de Colombia, país de donde originalmente habían salido los libros.

“Ahí conocí a Libardo Buitrago, el cónsul colombiano, quien se ofreció a ayudarme”.

Poco después, gracias a la presión de un país extranjero, le llegó al cónsul un papel muy revelador, una carta fechada del 9 de enero de 1987, firmada por el vicealmirante John Howard Balaresque, en la que no solo se confirma la incineración de los libros sino también las razones: a los ejemplares de La aventura de Miguel Littín clandestino en Chile se les impuso “una medida de censura previa” por considerar que el contenido “transgredía abiertamente las disposiciones constitucionales”.

“Ese papel es el único documento oficial que existe en el que el régimen de Pinochet acepta que quemó libros y que lo hizo por censura. Algo imposible de obtener en esos tiempos”, relata Navarro.

“Y ahora está acá, en el Museo de la Memoria”.

El documento, con firma oficial, le sirvió a la editorial Oveja Negra para poder cobrar el seguro por la pérdida, pero además implantó en la cabeza de Navarro una certeza que no lo abandonó nunca: la cultura sería clave en el fin del régimen.

“Esta represión a los libros, a la cultura, se daría vuelta y terminaría siendo uno de los principales motivos por los que Pinochet saldría del poder. Porque fueron los cantantes, los artistas, los escritores quienes serían fundamentales en la campaña de votar ‘No’ en el plebiscito de 1988 que acabaría con la dictadura”, concluye.


Ahora puedes recibir notificaciones de BBC Mundo. Descarga la nueva versión de nuestra app y actívalas para no perderte nuestro mejor contenido.

https://www.youtube.com/watch?v=NMDLd_zwYXY

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal
close
¡Muchas gracias!

Estamos procesando tu membresía, por favor sé paciente, este proceso puede tomar hasta dos minutos.

No cierres esta ventana.