Educación dividida: así inician las clases en Oaxaca
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Foto: Nayeli Roldán

Educación dividida: así inician las clases en Oaxaca

Los maestros de la sección 22 de la CNTE publicaron un desplegado este lunes 24 de agosto para informar que sus 81 mil miembros darían clase en sus respectivas escuelas, pero “bajo protesta”.
Foto: Nayeli Roldán
Por Nayeli Roldán /Enviada
24 de agosto, 2015
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La única primaria del municipio de Xoxoxotlán, Oaxaca, tiene dos sedes. En una escuela trabajan los maestros de la sección 22 de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), mientras que los profesores de la sección 59 dan clases en una casa. Ambas están reconocidas oficialmente como primaria “Monte Albán” porque el Instituto Estatal de Educación de Oaxaca (IEEPO) autorizó que “compartieran clave” como centro de trabajo y así solucionó el conflicto que existía en la comunidad tras el paro magisterial de 2013.

Xoxocotlán está a menos de 10 kilómetros del centro de Oaxaca pero, a diferencia de la zona turística, los habitantes de la colonia “Ex garita” no tienen servicio de agua potable, ni alcantarillado; las calles tampoco están pavimentadas y los pisos de algunas casas de lámina son de tierra.

Hace dos años, cuando se discutía la Reforma Educativa en el Congreso, la disidencia magisterial se negó a iniciar clases en Oaxaca como una medida de presión. A los padres de familia les explicaban que luchaban para evitar la privatización de las escuelas y conseguir vales de uniformes y útiles escolares para los alumnos, pero “nosotros les decíamos que sólo queríamos que nuestros hijos tuvieran clases y que por los zapatos y los vales no se preocuparan porque esa era nuestra responsabilidad”, dice Concepción Pérez, presidenta del comité de padres de familia.

Entonces, una centena de padres y madres de familia pidieron a profesores de la sección 59 –integrantes del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE)– que dieran clases a sus hijos. Por eso mantenían guardias día y noche en la escuela, para impedir que los integrantes de la CNTE regresaran o corrieran a los nuevos docentes.

Así funcionó la primaria durante tres meses, pero el 14 de noviembre de 2013 llegaron 3 mil maestros al municipio, según cuentan los pobladores. Armados con machetes y cohetes, rodearon la escuela y entraron para ‘recuperarla’.

Los maestros de la sección 22 continuaron con el ciclo escolar 2013-2014. Sin embargo, los padres de familia aún inconformes consiguieron una mesa de diálogo con representantes del IEEPO y la sección 59.

Lograron que el Instituto se comprometiera a que los alumnos de primaria tendrían los 200 días de clase como marca el calendario oficial con los maestros de la sección 59. Para ello rentó una casa, la acondicionó y entregó el mobiliario necesario. Además, reconoció a esta nueva sede también como primaria “Monte Albán”.

La “escuela” es una casa con zaguán color café sin ninguna insignia o aviso de que se trate de un plantel educativo. Al entrar, hay un patio con piso de tierra; del lado izquierdo una pequeña construcción con dos excusados y en el extremo opuesto una choza de lámina donde guardan pedazos de madera, un lavadero y unas sillas destartaladas.

Los cuartos, la cocina y la sala de esta casa fueron adaptados seis salones que miden entre 15 y 20 metros cuadrados, aunque el de educación especial solo es un pequeño cubículo de tres metros de largo por tres de ancho. Las mesas de madera y sillas de plástico naranja están semi nuevas, igual que las dos computadoras de la dirección.

El techo tiene manchas de humedad y las paredes están cuarteadas. Algunos salones tienen carteles con los números o dibujos de los alumnos, en otros solo está un pizarrón blanco.

Ahí iniciarán el ciclo escolar este lunes 24 de agosto unos 100 alumnos, seis maestros, dos trabajadores administrativos y uno de intendencia. Otros 150 estudiantes empezarán clases en el edificio de la primaria Monte Albán que se encuentra en lo alto de la colonia, donde sí hay salones, patios, canchas de basquetbol y bebederos.

Xoxocotlán está dividido entre quienes apoyan a los maestros de la sección 22 y quienes están con la sección 59, pero ningún grupo quiere repetir la confrontación. “Lo único que queremos es que nuestros hijos tengan educación, si es debajo de un árbol pero tienen buen maestro es más que suficiente. No nos interesa tener ocupado un edificio”, dice Concepción Díaz.

El director de la escuela-casa, Fredy Gregorio Villafaña, afirma que ya superaron la etapa de las amenazas por parte de los maestros de la sección 22, aunque aún no acepta que su rostro sea difundido en un medio de comunicación “por precaución”. Asegura que seguirá trabajando en esa comunidad porque tienen la confianza de los padres de familia y, además, él y el resto de trabajadores ya tienen plaza y sus pagos están integrados en la nómina oficial del IEEPO.

Regreso a clases

Esta situación se replica en otras 500 escuelas donde trabajan 3 mil profesores de la sección 59 del SNTE. En Mitla, San Pedro Apóstol, Felipe Ángeles o El Tule, los maestros de la sección 22 y padres de familia se han enfrentado por los planteles. Hay demandas en curso y ha habido heridos por las confrontaciones.

Los maestros de la sección 22 de la CNTE publicaron un desplegado este lunes 24 de agosto para informar que sus 81 mil miembros darían clase en sus respectivas escuelas, pero “bajo protesta”.

Este año no habrá paro de labores “por el compromiso con los niños y las comunidades”. Según la dirigencia, “la lucha no se detiene” y esta etapa es de “aglutinación y acumulación de fuerzas”.

En el desplegado publicado en periódicos, “exigen” a las Secretarías de Educación, de Gobernación y de Hacienda “un verdadero diálogo sin condiciones”. Esto luego de que las dependencias federales no han reinstalado la mesa de diálogo con la disidencia magisterial, suspendida el 5 de junio pasado.

A esto se suma que existen 15 órdenes de aprehensión contra líderes de la CNTE y que con el cambio administrativo del IEEPO, se reportarán las inasistencias de los profesores y quienes acumulen tres faltas continuas sin justificación podrían ser despedidos, según establece la Ley del Servicio Profesional Docente.

Para Concepción Díaz, esto pudo haberse evitado si el gobierno hubiera puesto solución desde un principio. “Ahora dicen que recuperaron el IEEPO y que no les van a pagar si faltan, pero ¿por qué hasta ahorita? ¿por qué no lo hicieron antes?”, dice.

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7 formas de gastar menos en alimentos en tiempos de inflación y comer bien

Latinoamérica es la región del planeta donde es más caro alimentarse de manera saludable y cuesta tres veces más que lo que la gente puede pagar.
13 de mayo, 2022
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Comer se volvió cada vez más caro.

Una familia promedio latinoamericana gasta en comida entre el 25% y el 40% de su presupuesto mensual, de acuerdo a cifras oficiales de cada país. Los sectores más pobres destinan todavía un porcentaje mayor.

América Latina es la región donde es más caro comer de forma saludable en el planeta junto con África, según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por su sigla en inglés).

Para poder hacerlo, cada persona necesitaba US$4,25 diarios en 2019, último dato disponible. Eso es tres veces más de lo que la población podía pagar.

El monto actualizado será mayor, estima el subdirector general de la FAO y representante para América Latina y el Caribe, Julio Berdegué, en diálogo con BBC Mundo.

Panadería.

AFP

La FAO calcula un índice del precio de los alimentos y ahora es el momento en el que es más caro comer, al menos desde que se tienen registros.

Eso lleva a una peor alimentación, y por consiguiente a mayores tasas de malnutrición e incluso hambre.

Entonces, en tiempos de alta inflación y con la subsiguiente subida del precio de los alimentos lo más sencillo puede ser cambiar por productos que son más baratos pero que no necesariamente son tan saludables ni tienen el equilibrio nutricional que requiere nuestro cuerpo.

“Dado que en América Latina es más caro comer saludable, nos movemos a más carbohidratos, más azúcar, más grasa. Todo eso es barato”, señala Berdegué.

Comer bien y al mismo tiempo gastar menos es todo un desafío. Aquí te presentamos 7 acciones que puedes llevar a cabo para lograrlo.

1. Cocinar

Tal vez sea la más obvia, pero es esencial. Comprar comida afuera, en la calle o en un comercio, es muchas veces lo más rápido, pero no lo más conveniente para el bolsillo.

Una mujer prepara una bandeja con plátano maduro que sirve en una feria de comida callejera en Medellín, Colombia.

Getty Images

Además, cuando compramos comida hecha no sabemos cuál es la calidad de los ingredientes utilizados, o incluso qué ingredientes se utilizaron para su elaboración.

Lo mismo ocurre con la comida prefabricada que venden en el supermercado, productos conocidos como ultraprocesados. Estos contienen excesos de grasas malas, sodio y azúcares, entre otros componentes, que se añaden para darle mejor sabor pero que no contribuyen a la salud.

Cocinar en casa hace que sepamos exactamente qué estamos comiendo y que paguemos menos por ello.

2. Comer lo justo

Un alto porcentaje de las personas come más cantidad de alimentos que la que exige el organismo.

Reducir las porciones que nos servimos a las cantidades recomendadas para el funcionamiento humano ayuda al bolsillo y, al mismo tiempo, a sentirnos mejor físicamente.

“Las cantidades que se sirven en muchos de nuestros países son demasiado grandes. La compra en el mercado sube muchísimo y, además, este exceso de comida lleva al sobrepeso”, dice a BBC Mundo la nutricionista venezolana Ariana Araujo.

Una dieta de entre 2.000 y 2.500 kilocalorías es un número adecuado de ingesta diaria.

3. Cambiar de recetas

Venta de carne en un mercado de México.

Getty Images

Sustituir ingredientes o platos completos es una de las formas de abaratar el gasto en comida.

Determinados productos básicos como el aceite, el café, algunas frutas y verduras, la carne de vaca, el pan (y la harina de trigo en general), los huevos y algunas legumbres aumentaron de precio más que la suba promedio de alimentos y bebidas no alcohólicas en la mayoría de los países latinoamericanos, de acuerdo a la información publicada por instituciones oficiales que se encargan de medir la inflación.

Las tortillas de maíz, parte fundamental de la dieta mexicana, le cuestan a los consumidores de ese país 17,7% más ahora que hace un año. La harina de maíz, imprescindible para las arepas, ha subido de precio en toda la región.

Se pueden buscar sustitutos que sean nutricionalmente equivalentes o similares, pero que no se hayan encarecido tanto o incluso hayan bajado de precio.

Mercado de legumbres.

Getty Images
Los frijoles aumentaron menos de precio que otros alimentos en la mayoría de los países latinoamericanos y son una buena fuente de proteína.

Para ello es necesario conocer qué productos son intercambiables.

Una comida balanceada debería estar compuesta por una mitad de frutas y verduras, un cuarto de proteínas y el otro cuarto de carbohidratos, afirma Araujo.

En el grupo de las proteínas se encuentran la carne de res y de cerdo, pollo, pescado, leche, quesos, huevos, frijoles, lentejas y guisantes.

La carne de cerdo es la que, en general, subió menos de precio en los últimos 12 meses en América Latina, mientras que el pollo y el pescado acompañaron la suba general, que fue menor al encarecimiento de la carne bovina.

Los frijoles, en cambio, no tuvieron tal incremento de precios e, incluso, están más baratos que un año atrás en algunos países.

“Hemos disminuido fuertemente el consumo de legumbres, de frijoles, garbanzos, lentejas, cuando son productos accesibles que aportan buenas cantidades de proteínas”, dice Berdegué.

Entre los carbohidratos están el arroz, el pan, el maíz, la pasta, el plátano y los tubérculos -papa, yuca, batata, entre otros-.

El arroz y los tubérculos se encarecieron menos que el trigo y el maíz, por lo que optar por los primeros contribuirá a abaratar el menú.

Huevos y tortillas de harina de trigo.

Getty Images

“Algo que se puede hacer es mezclar en un mismo plato cereales -arroz, pasta- con legumbres. Los dos se complementan y ayudan a formar una proteína muy similar a la de la carne”, explica José Balbanian, docente de la Escuela de Nutrición de la Universidad de la República en Uruguay.

Con esa combinación el organismo obtiene los aminoácidos esenciales.

“El sustituto a nivel nutricional es fácil de conseguir. El problema es cómo cambiar la cultura de las personas. ¿Cómo le quitas a un mexicano la tortilla o a un venezolano la arepa?”, se pregunta Araujo.

Respecto a los aceites, Araujo sostiene que puede ser cualquiera, salvo el de palma porque es una grasa saturada que no es saludable. Balbanian agrega que es necesario su consumo, aunque no en frituras.

4. Planificar las compras

Cartel de ofertas en la puerta de un supermercado en Buenos Aires.

Getty Images

Hacer un plan de lo que debemos comprar antes de ir al mercado es clave para el ahorro.

Lo primero es saber qué queremos comprar para luego decidir dónde. Ir por frutas y verduras, quesos o carnes a la feria suele ser más económico que en grandes comercios.

Cuando se va a un supermercado, lo ideal según Araujo es recorrer las tres paredes del local -los costados y la trasera- formando una “U” invertida.

En estos pasillos se encuentran comúnmente los productos frescos y de allí debemos seleccionar el 80% de la compra para que sea saludable, afirma la nutricionista.

No se puede ir con hambre al supermercado, porque si estoy corto de dinero y encima voy con hambre veo una promoción de un ultraprocesado que me gusta mucho y caigo en comprarlo”, asegura Balbanian.

Tener claro qué se va a cocinar en los días siguientes ayuda a calcular mejor las cantidades y no comprar de más, algo importante en los alimentos perecederos para no tener que tirarlos luego porque se echaron a perder.

Un consejo de Balbanian es comprar en grandes cantidades, para una misma familia o entre varias personas, para ahorrar.

Una recomendación de Araujo es mirar en los estantes inferiores, donde suelen ubicarse los productos con menor procesado que son más baratos.

5. Buscar de temporada

Mercado de frutas y verduras.

Getty Images

Las frutas y verduras son intercambiables entre sí; lo importante es variar entre ellas.

“Aportan fibra, vitaminas y minerales que son muy difíciles de encontrar en otros alimentos”, dice Balbanian.

Para achicar el costo de la alimentación, lo que aconsejan los expertos es comprar los productos de temporada o estación, dependiendo del país y su clima.

Intentar comer tomate fuera de temporada hace que sean más caros porque quienes los venden han recurrido a cadenas de frío para conservarlos durante meses o que los produzca en invernaderos, ambos sistemas que encarecen los alimentos.

Por el contrario, en temporada se encuentran los productos en abundancia, a precios bajos, y es cuando están más gustosos y nutritivos.

A veces, hay productos que en el pasillo de congelados se encuentran más baratos que frescos y se puede sacar provecho de esas oportunidades, siempre y cuando los ingredientes que están escritos en la bolsa sean exclusivamente el producto que buscamos, sin agregados, sostiene Araujo.

6. Aplicar técnicas de conservación

Pollería

Getty Images
Si bien el pollo se ha encarecido en la mayoría de los países de América Latina, es todavía más económico que otras carnes y se puede utilizar como sustituto para obtener proteínas.

Una alternativa es comprar cuando está barato y aplicar alguna técnica de conservación.

La más sencilla es poner los alimentos en el congelador. Pueden ser tanto carnes como la mayoría de los vegetales -siempre que no quieras comerlos crudos luego- y frutas.

Con los vegetales, la recomendación es que cuando se vayan a consumir se provoque un choque térmico, del frío al calor intenso, para que no pierda textura y sepa peor.

También se pueden cocinar mayores cantidades que las que vayas a comer de inmediato y guardar porciones en el congelador para más adelante, o cocinar ingredientes sueltos y congelarlos para utilizarlos más adelante en preparaciones.

“Eso mantiene más del 90% de sus nutrientes”, afirma Araujo y agrega que ella hace eso en su casa.

Para no recurrir al frío siempre y dejar atiborrado el congelador, otra opción es la conserva.

Hay diferentes técnicas, pero la más sencilla es envasar al vacío. “Se hacía mucho en la Segunda Guerra Mundial con los vegetales”, cuenta Araujo.

7. Optar por segundas marcas o marcas blancas, pero antes leer

Persona comprando pasta en el supermercado.

Getty Images
Las marcas blancas no son necesariamente de peor calidad que las primeras marcas.

Por efecto del marketing, muchas veces creemos que un producto de la marca más destacada -también llamada primera marca- es mejor que las otras. Esto no necesariamente es así.

“Es importante leer la lista de ingredientes, más que el cuadro nutricional, e identificar azúcares y grasas de mala calidad”, afirma Balbanian.

Araujo dice que en ocasiones las segundas marcas o incluso las marcas blancas -aquellas genéricas de la cadena de supermercados- son más saludables porque, para abaratar, no utilizan determinadas grasas o azúcares que las primeras marcas sí usan para darle otro sabor al producto.

En otras, no son mejores pero tampoco peores. “Mi recomendación es leer las etiquetas y comparar. Casi siempre son bastante parecidas y hay un ahorro importante”, dice Araujo.


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