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Escuela católica expulsa a una alumna por embarazo; el Conapred lo sanciona

Cuando Andrea Martínez, de 23 años, tenía cinco meses de embarazo y cursaba el sexto semestre de la Licenciatura en Preescolar en Michoacán en la Escuela Normal Particular “Motolinia”, la directora, Ana María Gómez, la citó en su oficina para informarle que estaba expulsada.
Por Nayeli Roldán
7 de agosto, 2015
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Cuando Andrea Martínez, de 23 años, tenía cinco meses de embarazo y cursaba el sexto semestre de la Licenciatura en Preescolar en Michoacán en la Escuela Normal Particular “Motolinia”, la directora, Ana María Gómez, la citó en su oficina para informarle que estaba expulsada ya que había incumplido con el reglamento de “no gravidez durante la carrera” y al ser “un instituto católico, no estaba bien que estudiaran ahí alumnas embarazadas”.

Desde ese día –28 de febrero de 2014–, Andrea no ha podido continuar con su carrera porque la escuela se ha negado a hacerle válido el semestre que estaba cursando, aún cuando entregó los trabajos para acreditar las materias y pagó la colegiatura.

Apenas este miércoles 5 de agosto, la escuela reiteró su condicionamiento de entregarle las calificaciones a cambio de que firme una carta desistiéndose de cualquier acusación y en la cual asegure que nunca fue discriminada por su embarazo, pero “yo no puedo faltar a mi palabra ni mentir. Ellos me expulsaron”, dice Andrea en entrevista con Animal Político.

Desde que la expulsaron, la joven interpuso una queja ante la Procuraduría Federal del Consumidor (al tratarse de una escuela particular) y solicitó un amparo ante un juzgado de Morelia, pero no tuvo éxito. En ninguna instancia reconocieron la violación a su derecho a la educación.

El Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (Conapred) fue la única instancia en darle seguimiento al caso y finalmente acreditó que la escuela había cometido un acto de discriminación contra la joven, por lo que interpuso una serie de medidas que incluyen que Andrea regrese a cursar la carrera sin pagar colegiatura, como medida de reparación del daño y que la institución cambie el reglamento de “no gravidez”.

Éste es uno de las primeros cinco casos en que el Conapred emite resoluciones en contra de particulares, luego de que la reforma de 2014 a Ley Federal para Prevenir y Eliminar la Discriminación permite la investigación en casos donde estén involucrados funcionarios de empresas ajenas al Estado y no sólo ser “un conciliador”.

El Conapred concluyó que la escuela atentó contra el derecho de Andrea “a la igualdad y a la no discriminación, a la educación, a sus derechos reproductivos, a una vida libre de violencia, y se afecta su proyecto de vida”.

18 meses luchando por estudiar

Santiago, el bebé de Andrea, tiene un año y dos meses de edad. Sus padres son comerciantes y la apoyaron cuando decidió estudiar, con su embarazo y en su lucha por evidenciar la discriminación que sufrió. Ninguno entiende cuál es la razón por la que ser madre debía suponer un impedimento para estudiar.

Pero la escuela dirigida por religiosas sí le encuentra explicación. Según la directora, Ana María Gómez, la institución es particular y está en su derecho de expedir las reglas que crean más convenientes.

Al ingreso, las alumnas deben firmar una ficha en la que se dan por enteradas que “la institución no admite a madres solteras, divorciadas ni casadas”. Mientras que en la carta compromiso se “acepta ser dada de baja de la institución definitivamente si durante su estancia en esta, contrajera matrimonio o quedara en estado de gravidez”.

Según explicó la escuela al Conapred, la directora pidió a la alumna que se diera de “baja temporal” porque la escuela no podía hacerse responsable de los riesgos “para ella y el producto”, las actividades propias de la carrera.

El 21 de marzo, Andrea y su padre, Francisco Javier Martínez, acudieron a la escuela para tratar de conciliar. Pidieron que le permitiera concluir el semestre (al que le restaban dos meses), porque en ese momento no podría incorporarse a ninguna otra escuela debido al avance del ciclo escolar. La directora propuso que podría ser enviada a otra institución como “intercambio”; sin embargo, no fue así porque la otra escuela argumentó que “ya no había espacio”.

Durante la investigación del caso, el Conapred solicitó como “medidas precautorias” (antes de llegar a una resolución) que le permitieran cursar lo que restaba del semestre, pero, una vez más la escuela lo negó, con base a su reglamento. Y además, “con un policía”, se le prohibió la entrada a Andrea y a su familia a las instalaciones de la escuela.

El Conapred considera que independientemente de la religión o creencia que profesa el instituto “debe respetar el derecho de las alumnas y no incurrir, como lo está haciendo, en violencia contra ellas, lo que trae como consecuencia que infrinja la ley y los tratados internacionales de los que México es parte”.

Por lo tanto, el reglamento interno debe ser modificado, porque “no puede estar por encima de la Constitución ni tratados internacionales”. Además, “carece de justificación el considerar que el embarazo, la maternidad y el estado civil de las personas constituyen impedimentos para ingresar y permanecer en los establecimientos de educación en cualquier nivel”.

Debido al daño en contra de Andrea, el Conapred resolvió que la escuela debe dar una disculpa por escrito; deberá gestionar ante la Secretaría de Educación Pública para que sea evaluada y concluya el sexto semestre. En caso de que la escuela se niegue a reincorporar a la joven, deberá hacerse cargo de los gastos de colegiatura en otra institución.

Además, el personal del Instituto recibirá un curso de capacitación sobre el derecho a la no discriminación en el ámbito escolar y deberá poner carteles que promuevan la igualdad y la no discriminación.

La resolución fue emitida el 8 de julio de 2015 y la escuela cuenta con 30 días hábiles para acatar la resolución; sin embargo, hasta el momento ha reiterado su negativa. La institución tiene derecho a interponer un amparo ante un juzgado para no cumplir con las disposiciones.

Andrea confía en que las religiosas acepten que cometieron un acto de discriminación en su contra porque “quiero acabar con mi carrera”; sin embargo, en caso de una negativa, “dice mi papá dice que sigamos con esto hasta donde se pueda”.

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Angelica Casas/BBC

Blaxicans: 'Soy negra y mexicano-estadounidense y a la gente le cuesta descifrarme'

Josslyn Carrasco Glenn es una joven mexicano-estadounidense que también se identifica como de raza negra. La joven compartió con BBC Mundo la experiencia de crecer en EE.UU., los prejuicios que ha enfrentado y el despertar de su identidad política en la era Trump.
Angelica Casas/BBC
18 de noviembre, 2019
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“¿Qué eres?”, es una de las preguntas que le hacen con más frecuencia a Josslyn Carrasco Glenn cuando alguien la conoce por primera vez.

Chicana, afrolatina y blaxican, son algunos de los términos con los que la joven de 21 años se identifica.

El último, blaxican, es utilizado con frecuencia en Los Ángeles e incluye a aquellos nacidos de uniones de padres o madres afroestadounidenses y padres o madres mexicanos.

Carrasco Glenn es hija de una pareja interracial. Su madre nació en Los Ángeles y su familia proviene de México, mientras que su padre, de raza negra, es estadounidense nacido en Belice, Centroamérica.

La joven de 21 años forma parte de un grupo creciente de personas multirraciales y multiétnicas que están desafiando normas de identidad social en el país norteamericano.

Uno de cada siete niños estadounidenses (14%) pertenecía a este grupo en 2015, casi el triple que en 1980, de acuerdo a un análisis de 2017 del Centro Pew, un instituto de investigación con sede en Washington.

Josslyn compartió la experiencia de crecer en la intersección de varias culturas y razas con BBC Mundo.

Este es su testimonio en primera persona, elaborado a partir de una entrevista.


Josslyn Glenn junto a su familia

Cortesia de Josslyn Glenn
Josslyn Carrasco Glenn creció en una familia multirracial y multiétnica. En la foto aparece cargada por su hermana mayor.

La gente me suele preguntar “qué soy” o a veces cuando me oyen hablando en español, me dicen “¡Oh! Pensé que eras india”.

Al preguntarme, parece que quisieran asociarme con “lo otro”. Les parezco “exótica”. No me considero particularmente exótica sino simplemente estadounidense.

A veces les respondo desafiante: Soy humana”. Pero para aquellos genuinamente interesados, me gusta brindar una respuesta que sea educativa.

Así que les explico que me identifico como afro-latina,blaxican y también chicana. Crecí con una madre nacida en Los Ángeles de abuelos mexicanos y con un padre de raza negra nacido en Belice.

También depende del contexto… a veces solo digo que soy latina si conozco a alguien proveniente de Latinoamérica, pero si estoy rodeada de afroestadounidenses, también digo que soy negra.

Cuando era niña, veía a mis padres y era bastante obvio que él tenía la piel significativamente más oscura que mi madre.

Pero para mí simplemente esa era mi familia y no tenía cuestionamientos sobre ella.

Josslyn Glenn junto a sus padres.

Cortesia de Josslyn Glenn
Josslyn Glenn junto a sus padres.

Mientras estudiaba la primaria, nos asignaron una tarea para la clase de historia sobre nuestra herencia.

Nos pidieron hacer tarjetas con la bandera que nos identificaba. Y ahí fue donde noté que todos parecían tener una sola bandera mientras que yo tenía más de una: las de México, Belice y Estados Unidos.

Más o menos a los 12 años empecé a tener más preguntas sobre la forma en que me veía y mi padre me decía: “Eres de todo menos asiática, pero eres de todos lados”. Y me parecía una respuesta muy bonita.

Además, cuando era más pequeña tenía la piel más clara y se fue oscureciendo con los años.

Pese a esto, no pasé por las mismas experiencias que algunos de mis amigos, cuyos padres les decían que no estuviesen mucho tiempo bajo el sol porque aparentemente estaba mal visto tener la piel oscura.

Crecí en un vecindario predominantemente Latinx, así que había muchos sitios que vendían comida típica de México, como tamales y churros con dulce.

Josslyn Glenn

Angelica Casas/BBC

En nuestra casa y durante el Día de Acción de Gracias mezclábamos tamales y puré de papas por igual.

Y en festividades como el Día de los Muertos o el 5 de mayo, no celebrábamos especialmente pero mi madre nos traía dulces y caramelos cuando volvía del trabajo para reconocer las fechas.

En mi comunidad hice amigos de origen latinoamericano y mi aspecto físico no fue tan cuestionado, lo que aprecio mucho.

No estaba realmente consciente de la política en cuanto a raza o de cómo me identificaba hasta los 17 años. Ahí fue que empecé a pensar en que era diferente de otras personas.

Todo ocurrió antes de la elección presidencial de 2016, la primera en la que pude votar.

Creo que el hecho de hacerlo me hizo pensar en la urgencia de declarar mi identidad racial y sobre todo, en entenderla mejor.

Provengo de dos de los grupos más marginados en este país y eso me da una visión única sobre cómo mis familiares de ambos lados son tratados con base en su aspecto físico, su estatus socioeconómico y hasta su cultura.

De alguna manera, esto me hace apreciar a mi familia todavía más.

Josslyn Glenn junto a su familia

Cortesia de Josslyn Glenn
Josslyn Glenn junto a sus hermanas y otros familiares.

Mi padre es un hombre negro y para el mundo aparentemente eso es atemorizante, aunque a mí no me lo parece.

Por otro lado, hay quienes han cuestionado que yo sea latina por el hecho de que no crecí hablando español, sino que decidí aprenderlo para conversar con familiares y otras personas.

Pero me han inspirado personas como la actriz estadounidense de padres puertorriqueños Gina Rodríguez, que ha expresado que no todas las latinas son iguales.

Y creo que tiene mucha razón. Yo crecí con una mezcla de culturas mexicana y estadounidense, pero me siento tan latina como cualquier otra persona.

En mi caso particular es interesante porque soy una mujer de color pero mi aspecto físico es ambiguo.

Y eso quiere decir que mi experiencia no es la misma que la de muchas mujeres afroestadounidenses y latinoamericanas.

Creo que soy solo un ejemplo de la diversidad que existe en Estados Unidos y del hecho de que ha habido muchas generaciones de inmigrantes a este país.

Siento un gran aprecio por mis culturas y ser mestiza significa tener dos fuertes herencias de sangre que me permiten navegar el mundo que vivo en el presente.


https://www.facebook.com/BBCnewsMundo/posts/10158129017419665


*Esta nota es parte de la serie “¿Hablas español?”, un viaje de BBC Mundo por Estados Unidos para mostrar el poder de nuestro idioma en la era de Trump.


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https://www.youtube.com/watch?v=vFY6U5zH1-4&t=54s

https://www.youtube.com/watch?v=obfMLsimdy8&t=73s

https://www.youtube.com/watch?v=ScOUnA65jpE

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