Especial: El retorno de los migrantes mexicanos, la crisis que viene
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Especial: El retorno de los migrantes mexicanos, la crisis que viene

Investigadores estiman que en menos de una década al menos 6 millones de migrantes mexicanos volverán a México viejos, enfermos y sin pensión, y el gobierno no está preparado para su reinserción
Por Mely Arellano Ayala
18 de septiembre, 2015
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Juan Carlos Chablé tardó tres años en enamorar a su esposa. Cuando al fin aceptó casarse con él, la llevó a vivir con sus papás, pero ella quería su propia casa. Entonces él se fue a Estados Unidos. Trabajó 2 años y medio ganando mil 800 dólares al mes (20 mil pesos, según el tipo de cambio de entonces), enviando entre 10 mil y 13 mil pesos mensuales con los que pudo construir la casa y comprarse un mototaxi. Hoy tiene un ingreso de seis mil pesos al mes, una deuda de siete mil, dos hijos y una casa, pero ningún ahorro.

Él forma parte del poco más de un millón que han regresado desde 2007 –voluntariamente o repatriados-, y del 5% que, según el estudio “Impactos de la migración de retorno de EU en 6 estados (Puebla, Michoacán, Oaxaca, Guerrero, Chiapas y Zacatecas), hacia la construcción de un programa de apoyo a la reinserción integral de los migrantes y sus familias”, encabezado por Rodolfo García, de la Universidad de Zacatecas y financiado por la Fundación MacArthur y Conacyt, a su regreso pudo iniciar un modesto negocio que le permite autoemplearse. Ahora enfrenta el mismo problema que lo llevó a irse: lo que gana no es suficiente y quiere regresar a EU.

Sin embargo, hay otro problema que desconoce: si logra irse, volvería junto con al menos otros 6 millones que en un lapso de 7 a 10 años estarán viejos, enfermos, sin posibilidades de empleo ni pensión.

Es la crisis migrante que viene.

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Juan Carlos vive en Oxkutzcab, municipio yucateco que según Instituto para el Desarrollo de la Cultura Maya (INDEMAYA) ocupa el segundo lugar estatal en migración a EU, principalmente hacia San Francisco. Cuando terminó la prepa dejó de estudiar porque quería ganar dinero y comenzó a trabajar como cargador en la central de abastos por mil 600 pesos mensuales.

Ya entonces sus ojos estaban puestos en EU, y trazó un plan para irse: compró una motoneta en pequeños pagos, la vendió a la mitad del costo, pidió un préstamo a su papá y se fue. Era 2006 y el pollero cobraba 28 mil pesos.

La migración de jóvenes está relacionada con los bajos salarios. La diferencia de sueldo entre una persona con preparatoria y una con licenciatura es de más o menos 3 mil pesos, explica Miguel Reyes Hernández, coordinador del Observatorio de Salario de la Universidad Iberoamericana Puebla, por lo que ante “un mercado laboral sumamente deprimido con precariedad de condiciones y contratación”, optan por irse y dejar de ser un peso para su familia.

La conducta usual del migrante es, primero, “satisfacer las necesidades básicas (de la familia que dejó en México) y lo que queda se va hacia la formación de patrimonio familiar”, dice Miguel Ángel Corona Jiménez, del Instituto de Investigaciones Interdisciplinarias en Medio Ambiente “Xabier Gorostiaga SJ”.

Cuando Juan Carlos llegó a San Francisco se sintió desilusionado. Fue difícil encontrar trabajo, aun cuando allá vive la tercera parte de los habitantes de Oxkutzcab (INDEMAYA). Los primeros 15 días pensó que había sido mala idea.

Al fin encontró trabajo en un restaurante chino y comenzó a mandar dinero a su esposa y a vivir austeramente para ahorrar la mayor cantidad posible, sin espacio para relajarse o divertirse.

“Cuando los migrantes llegan a EU y ganan en dólares, mandan remesas –dice Reyes, del Observatorio de Salario de la Universidad Iberoamericana Puebla-, pero hay una cierta paradoja porque muchos de los que llegan no viven bien, no viven el sueño americano. Pueden rentar un cuarto entre cuatro, cinco o seis personas porque en Nueva York la renta más barata son mil 500 dólares (…), y si su salario es el mínimo, estarían ganando mil 400 dólares al mes”.

Chabl con su mototaxi. //Foto: Mely Arellano

Juan Carlos Chablé consiguió comprarse un mototaxi a su regreso de Estados Unidos. //Foto: Mely Arellano

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La casa de Juan Carlos es verde agua, tiene enrejado negro con puntas doradas y un amplio porche con algunas plantas. En las paredes de la sala hay fotos de su boda, de sus hijos, y una de él con su esposa y el Golden Gate a sus espaldas, magia de Photoshop.

Aunque no tiene una cifra clara, calcula que cuando regresó, tras dos años y medio, había enviado unos 400 mil pesos.

“Los migrantes localizan su ahorro en el patrimonio porque les da la seguridad que no dan los bancos, entonces cuando no están pensando en comprar un terreno, es en una casa o en ampliarla. Es la mentalidad por la desconfianza de lo que sucede en México”, reconoce Corona, del Instituto de Investigaciones Interdisciplinarias en Medio Ambiente Xabier Gorostiaga SJ.

El caso de Juan Carlos es uno de esos excepcionales que, según el investigador de la Universidad de Zacatecas Rodolfo García Zamora representa menos del 5 por ciento de quienes regresan, porque volvió con lo suficiente para amueblar su casa y comprar un mototaxi, por el que pagó 45 mil pesos más 3 mil del permiso de circulación.

“Pensaba yo comprarme un taxi, de cuatro ruedas, pero veo que casi no los ocupan y le preguntaba a los amigos, así, que cómo les va y me decían que mal, que más rinde un mototaxi, y pues toda persona cuando se va lejos, cuando regresa quiere buscar un trabajo así, estable, que gane sueldo para la comida”, recuerda Juan Carlos.

Si bien su decisión no fue mala al principio, pues llegó a ganar hasta 600 pesos diarios, pronto tuvo demasiada competencia. Una mala política pública le arruinó los planes tan sólo un año después.

“Fue la culpa del presidente municipal, porque cada presidente que entraba decía, ah, te voy a dar permiso de trabajo, compra tu mototaxi, y lo compraban. Se los daban a buen precio, barato, 1000, 1500”, se queja Juan Carlos.

Hoy en Oxkutzcab hay 300 mototaxis. La imagen de la sobreoferta es una vista del zócalo rodeado de los ruidosos vehículos, detenidos y en movimiento, todo el día, todos los días. Y si bien le va, en una jornada de 12 horas Juan Carlos gana la mitad de lo que ganaba antes.

“Es común que el migrante prefiera ser trabajador en EU que tener un negocio en México porque aquí no es solamente la competencia, sino que los salarios están tan bajos, está tan deprimido el mercado que quién compra. Incluso si se crean empresas: antes había 50 y ahora hay 100, muy bien, se creó empleo. El problema es que ahora las 100 se van a pelear por el mismo tamaño del pastel. (…) El promedio de existencia de la empresa pequeña y mediana en México es de 2 años por falta de conocimientos contables, financieros, pero lo más importante es que no hay condiciones económicas de sustentabilidad, la gente no tiene un mercado estable, y si no lo tiene, no tiene futuro”, explica Reyes, del Observatorio de Salario de la Ibero Puebla.

La presión para Juan Carlos crece junto con sus hijos, de 5 y 3 años. Además, el mantenimiento del mototaxi le significa un gasto anual de hasta 8 mil pesos por desgaste de motor y llantas. Por eso quiere repetir la historia: irse algunos años y ahorrar, esta vez, para un car wash.

-¿Y qué pasa si le sucede lo mismo que con el mototaxi?

–No, porque eso ya sería propio, ya dependería de mi empeño, de mi esfuerzo.

–Pero también el mototaxi depende de su empeño y su esfuerzo.

–Sí pero es más que esfuerzo porque es todo el día, ya casi no estás con la familia.

–Pero un car wash sería igual, usted tendría que atenderlo todo el día.

–Nada más en las mañanas y un poquito en las tardes, porque en un car wash después de las 6 ya no te llevan vehículos.

–¿No hay muchos car wash en Oxkutzcab?

–Sí hay, pero como dicen, es depende de cómo atiendes al cliente y de los amigos que tengas, como tengo a los amigos mototaxis, ellos me estaban animando a que ponga mi negocio.

–¿Y por qué car wash y no una fonda o una tortillería?

–Porque cuando trabajé en un hotel, el propietario me decía que lavara los carros, y me ponía a lavarlos y aspiraba, todo, daba el mantenimiento, cambiaba el aceite y a mí me gusta hacer eso.

–¿Y por qué no pide un préstamo en lugar de irse?

–Nada más te endeudas y te sale más caro. A veces hay competencia y no recuperas de lo que inviertes… Te piden muchas cosas.

Juan Carlos vive en Oxkutzcab, municipio yucateco que según Instituto para el Desarrollo de la Cultura Maya ocupa el segundo lugar estatal en migración a EU, principalmente hacia San Francisco. //Foto: Mely Arellano

Juan Carlos vive en Oxkutzcab, municipio yucateco que según Instituto para el Desarrollo de la Cultura Maya ocupa el segundo lugar estatal en migración a EU, principalmente hacia San Francisco. //Foto: Mely Arellano

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–Los migrantes no son empresarios –explica García, investigador de la Universidad de Zacatecas-, pero no ha habido realmente una estrategia sistemática por parte del gobierno de fortalecer y apoyar la cultura microempresarial (…). Sí hubo intentos, hay pequeñas experiencias, pero nunca ha habido una política sistemática en los últimos 20 años.

–Si el migrante tiene visión de empresario, normalmente se queda en los Estados Unidos, no se viene a México -dice Reyes- porque el mercado de allá es mucho más dinámico, allá puede tener más éxito por ese tipo de mercado, la gente gana más dinero que acá porque hay más libertad para hacer negocios.

México recibe en promedio 300 mil millones de pesos anuales en remesas, pero sólo el 1.33% de esos ingresos se destina a programas de atención a migrantes: menos del 0.0001 del presupuesto federal, según el 4º Reporte de Presupuestos Públicos en Materia Migratoria (2014) del Observatorio Ciudadano sobre Políticas Públicas para Migrantes – Puebla.

–Los migrantes no son una prioridad para el Estado– critica el investigador del Centro de Análisis e Investigación (Fundar), Rodolfo Córdova Alcaraz-, y eso se refleja en el presupuesto y en la falta de acciones integrales por parte de las dependencias de apoyo a quienes regresan de EU.

El Fondo de Apoyo a Migrantes (FAM), creado en 2009, es el único programa que existe para “incrementar las actividades ocupacionales y desarrollar las capacidades técnicas y productivas de los migrantes en retorno”.

El FAM opera sólo en 447 municipios de 24 estados definidos por su alto índice de intensidad migratoria, su situación de pobreza y su dependencia de las remesas. El presupuesto del programa –que organizaciones civiles e investigadores critican por su opacidad- varía cada año: empezó con 300 millones de pesos, en 2010 y 2011 pasó a 100 millones, en 2012 fueron 300 millones, en 2013, 200; en 2014, 200 y en 2015 se asignaron 300 millones. El único apoyo que otorga para proyectos productivos, y que podría haber solicitado Juan Carlos, es de 15 mil pesos.

Para Córdova, el FAM es la respuesta del Estado a los migrantes, pero es una respuesta pobre porque “ese dinero no es nada”.

***

De 2005 a 2010 volvieron alrededor de 1.4 millones de mexicanos -entre el 65 y 95 por ciento por decisión propia, y entre 5 y 35 por ciento, deportado-, mientras que una década antes, entre 1995 y 2000 regresaron sólo 667 mil, según Miryam Hazán y Carlos Manuel López Portillo, de la organización Mexicanos y Americanos Todos Trabajando (MATT).

Córdova calcula que durante el gobierno de Barack Obama ha habido un número sin igual de deportados: más de 2 millones, de los cuales la mayoría es mexicana.

Pero eso no es todo.

“En 7 o 10 años va a haber un regreso creciente de más de 6 millones de migrantes viejos, enfermos y sin pensión. Por eso desde ahora es importante que el gobierno mexicano en su conjunto empiece a diseñar políticas de apoyo a la reinserción de los migrantes que no tienen pensión, que no han ahorrado, que no tienen precisamente ningún ingreso cuando termine su vida útil”, advierte García.

Y aunque Enrique Peña Nieto presumió a principios de junio pasado, durante su reciente viaje a Bélgica que “México se está acercando a una tasa de migración neta de cero por ciento, pues es cada vez mayor el número de mexicanos que retorna”, y aseguró que para ellos habrá un regreso “digno, seguro y ordenado”, en el que se facilite su “reinserción integral y productiva”, Corona advierte que hay una seria crisis en puerta ante una inminente reforma migratoria en EU, un consecuente cierre de la frontera y severidad en las deportaciones, más los graves problemas de crecimiento económico en México, la falta de empleo y el fenómeno de transmigrantes centroamericanos que, ante la imposibilidad de llegar a EU, se quedan en el país.

“Es un problema que viene, no lo vamos a poder detener. La pregunta es ¿los gobiernos se están preparando? Porque tan sólo la problemática de los migrantes de retorno es bastante delicada, son personas que regresan a lugares de donde salieron por no encontrar oportunidades. Aunque traigan ahorros y una actitud diferente frente al trabajo, a la autoridad y a las leyes, ¿qué expectativa traen de progresar en su país?”, cuestiona Corona.

Pero Juan Carlos, ajeno a todo esto, está preocupado por mantener a su familia y tener ese negocio que herede a su hijo para que nunca tenga que irse.

“El coyote está ahorita en 120 mil, así, para ir hasta el otro lado. Yo tengo en mi mente que éste es mi boleto de nuevo –dice con ilusión mientras da una palmada a su mototaxi-, yo lo vendo y me vuelvo a ir”.

Este reportaje fue producido en asociación con Round Earth Media, organización de la sociedad civil de Estados Unidos que impulsa a la próxima generación de periodistas internacionales. Mónica Ortiz participó en la elaboración de este trabajo periodístico.

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'Yo no soy ni hombre ni mujer, soy trans y necesito que mi cédula lo diga'

Mike Nicolás Durán es el primer colombiano en ser reconocido como persona trans en el registro civil. Aunque su lucha aún no termina, porque le falta la cédula, el caso se ha convertido en un paradigma para esta comunidad en el país.
22 de octubre, 2021
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Mike Nicolás Durán, un jovial bogotano de 30 años que vive en Medellín, fue el primer colombiano en ser identificado como una persona transexual en el registro civil.

Tras una odisea legal de dos años que contó con la asesoría de Alejandro Diez y Manuela Gómez, abogados del grupo de sexualidad diversa del consultorio jurídico de la universidad EAFIT, el 7 de mayo de este año Mike celebró la T en la inscripción como quien se ganó la lotería.

Ahora, sin embargo, está en vísperas de saber si ganó su última batalla: que su cédula también lo identifique con una T.

“Yo no soy ni hombre ni mujer, soy trans y necesito que mi cédula lo diga para que se respete mi integridad y mi dignidad”, le dice a BBC Mundo.

El género trans en los documentos de identidad ya existe en países como Chile, México y Argentina. “Pero en Colombia, que es el país donde te piden la cédula para todo, estaba pendiente”, dice Durán.

Juli Salamanca, de la fundación Red Comunitaria Trans, celebra el caso de Mike como “un triunfo político para el movimiento trans, un paso hacia la igualdad de derechos”, pero añade que “el reto es pasar de lo simbólico a lo material, porque su implementación (para todos y todas) será una prueba para las instituciones”.

Mike Nicolás dedicó dos años a llamar, mandar cartas y radicar documentos; interpuso dos acciones legales —conocidas como tutelas— que debió impugnar e insistió de todas las formas posibles para que le reconocieran su género no binario en los documentos de identidad.

Él sabe que la lucha no es solo por su propio bien.

Mike Nicolás Durán

BBC
Mike Nicolás Durán en entrevista por Zoom con BBC Mundo.

En Colombia piden cédula para todo, desde para entrar a un edificio hasta a un banco.

Y yo, cada vez que voy a un banco, llego con el miedo de si me van a atender o no, porque cada vez que yo muestro mi cédula, la gente me mira como un bicho raro, (como pensando): “Acá dice que es mujer, pero usted parece un hombre.

Entonces sí o sí tienes que cambiar de cédula cuando haces una transición de género.

Porque, en mi caso, colocar una M tampoco está bien, porque si un policía me quiere requisar, por ejemplo, tengo que soportar que toque mis genitales.

Entonces, para proteger mi integridad y dignidad, una M o una F en la cédula no sirve: necesito la T.

Uno nunca termina de conocerse: cada día vas aprendiendo cosas nuevas. Y al irme conociendo me di cuenta que los no binarios existen, que tú puedes ser hombre con cuerpo de mujer o mujer con cuerpo de hombre sin tener que tomar hormonas o tomando.

Es decir: no hay una forma correcta de ser o no ser, porque la diversidad es algo que no se puede encerrar en un solo círculo.

Así fue como me di cuenta de que, si la ciencia me reconoce como persona trans, ¿por qué el Estado no lo hace?


Un decreto de 2015 les dio a las personas trans la posibilidad de cambiar la referencia a su género en sus documentos, pero las trabas en el proceso burocrático han impedido que la ley se cumpla.

Además, la T no estaba tipificada en el sistema de la Registraduría Nacional del Estado Civil y, en el caso de Mike, varias veces les dijeron a los abogados que no podían cambiar todo un sistema de registro nacional por una sola persona.

“Tenemos que continuar haciendo una veeduría para que las instituciones reconozcan las implicaciones de la T en el registro de nacimiento en áreas como la salud, educación, el servicio militar, entre otras”, dice Salamanca, la activista trans.


Algo que me gusta de mí ahora es mi voz, porque no es tan femenina ni tan masculina. A veces es un poco más lo uno y a veces más lo otro. Esa es la diversidad que a mí me gusta y me representa.

Para nosotros no hay nada más importante que nos reconozcan e identifiquen tal y como somos: no como hombres que ahora son mujeres o mujeres que ahora son hombres, sino como personas trans, punto.


Mike nació en Bogotá bajo el nombre de Eliana Mayerli. Allí tuvo a su primer hijo a los 15 años, luego tuvo otros dos y pasó 11 años con el padre de ellos.

Desde niño ha tenido una enfermedad cerebral y otra en los ojos. Y cuenta que fue por eso, además de por su proceso de transición de género, que dejó el trabajo al que se dedicó por una década: la vigilancia.

Hoy estudia inglés con una beca con la intención de irse a vivir a Canadá y tiene esposa: Linda María Cáceres, una estilista a la conoció casi al tiempo que empezó a tomar hormonas, en 2019.

Cáceres, así como los abogados de EAFIT, ha sido un acompañamiento clave en todo el proceso y le ha insistido en seguir luchando por sus derechos a pesar de todos los obstáculos legales y de salud.


Estuve 11 años viviendo una vida que quizás no quería, porque estaba ocultando mi propia identidad, hasta el punto de que explotó y la depresión me empezó a ganar. Llegué a pensar que me quería suicidar.

Eso, pensé, les podía generar problemas a mis hijos, y por eso hace siete años tomé la decisión de irme para Medellín.

Apenas llegué acá salí como lesbiana. La gente me dejó de llamar Eliana y apareció una nueva persona que se llamaba Mayerli.

Pero a medida que pasó el tiempo me di cuenta de que me gustaba más lo masculino, un estilo más brusquito, más de niño.

Y mi pareja de ese momento, una mujer, me decía que no me cortara el cabello. Pero sobrepuse el amor propio, me corté el cabello y empecé una nueva vida con el nombre de Mike Nicolás.

Cuando les quise contar a mis hijos de mi transición y la posibilidad de hacerme las cirugías, el mayor me dijo que él ya sabía que yo quería ser hombre. Me dijo que era normal, porque toda la gente cambia.

Eso fue el impulso más importante para tomar la decisión de cambiar.


Por la histerectomía —una cirugía para extirpar el útero— y una mastectomía con la que se le removió el tejido mamario, Durán no pagó un peso, gracias a que son tratamientos incluidos en el paquete de su prestador de salud.

En Colombia, así como en varios países de América Latina, la ley exige a las entidades de salud pública brindar el servicio de cambio de sexo, incluyendo el tratamiento hormonal.

Mike, a pesar de haber tenido que pelear contra la burocracia, logró hacer su transición en apenas un par de años y sin tener que pagar.


La presión social por mantener mi vida como era fue muy fuerte: me decían que era bonita, que lo mío era un problema psiquiátrico, que estaba poseída, que esto era una obra de satanás.

Me han dicho tantas cosas, que si yo fuera débil, me habría hecho daño a mí mismo o me habría echado para atrás. Yo digo que por eso es que muchos trans se suicidan.

Pero al final yo fui cogiéndole gusto, un sabor, a que la gente me mirara como el raro en la calle, porque me siento original, me siento diferente.

Ya no tengo problema con que me digan que estoy loco, que estoy endemoniado, porque esa es la forma de que la gente se eduque y entienda que los trans somos parte de la sociedad.


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