Jhosivani, el joven que quería estudiar para ayudar a su natal Omeapa
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Paris Martínez

Jhosivani, el joven normalista que quería estudiar para ayudar a su natal Omeapa

La PGR dio a conocer que la Universidad de Innsbruk, en Austria, logró identificar un fragmento óseo recuperado en Cocula, como perteneciente al joven Jhosivani Guerrero de la Cruz, uno de los 43 normalistas desaparecidos.
Paris Martínez
Por Paris Martínez, Jardiel Palomec y Omar Sánchez de Tagle
17 de septiembre, 2015
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Joshivani Guerrero de la Cruz es el segundo normalista identificado por expertos en la Universidad de Innsbruk, a partir de los restos óseos hallados en Cocula, informó este miércoles 17 de septiembre la Procuraduría General de la República (PGR).

Él tenía 20 años cuando junto con 42 compañeros más fue raptado por la policía de Iguala, Guerrero, la noche del 26 de septiembre pasado. Ese ataque –en el que también participaron policías de Cocula, una localidad cercana– ocurrió sólo un mes después de que comenzara a estudiar en la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa, a la que se había inscrito alentado por sus hermanos mayores, todos campesinos, como sus padres.

Jhosivani nació en Omeapa, una comunidad que es buen ejemplo de las profundas desigualdades que padecen en el presente los pueblos rurales de Guerrero, en contraste con las zonas urbanizadas.

Nosotros somos de Omeapa –narró en octubre de 2014 la hermana de Jhosivani– que es una comunidad que está a 15 minutos de la cabecera municipal, Tixtla, y aún así se vive con mucha carencia, con mucha falta de servicios“.

En esa comunidad, Jhosivani sólo pudo estudiar hasta el nivel primaria, ya que no cuenta con infraestructura educativa para atender a los adolescentes y jóvenes de la localidad, a quienes sólo quedan dos opciones: abandonar los estudios y dedicarse únicamente al campo, o salir de la comunidad para estudiar en otras localidades la secundaria, la preparatoria y la universidad… si es que sus padres campesinos pueden costear algo así.

No era el caso de Jhosivani, cuya familia, campesina toda, no podía costearle su estancia fuera de Omeapa.

Sin embargo, Jhosivani “buscaba una oportunidad de sobresalir, aspiraba a tener una profesión”, y por eso, al terminar la primaria decidió continuar la secundaria aún cuando tuviera que caminar cuatro kilómetros todos los días hasta la carretera, para poder abordar un transporte que lo llevara a Tixtla, para estudiar. Luego, esos cuatro kilómetros debía andarlos de vuelta a Omeapa, por la tarde, para apoyar en la milpa a su familia.

Así fue como concluyó Jhosivani la secundaria, y así lo hizo también para cursar satisfactoriamente la preparatoria, y fue entonces que este joven campesino se topó de frente con la misma realidad de miles como él: para los jóvenes de las comunidades más pobres de Guerrero la posibilidad de estudiar la universidad es sólo hipotética, ya que, aún cuando existen instituciones públicas, costear la asistencia a los centros educativos, los materiales, la vida universitaria, es prácticamente imposible.

La Escuela Normal Rural de Ayotzinapa es una opción para jóvenes como Jhosivani, ya que brinda alojamiento y alimentación a estudiantes pobres, quienes adquieren la formación necesaria para ser profesores en comunidades rurales e indígenas.

Al ingresar a la Normal, recordó la hermana de Jhosivani, él no sólo buscaba superarse personalmente, sino que buscaba “ayudar a la comunidad, porque a Omeapa mandan maestros que son de lejos, profesores que no le ponen suficiente interés a la niñez para que pueda tener un conocimiento más amplio”.

Por eso, Jhosivani no sólo quería tener una licenciatura. Él quería ser maestro.Y quería ser maestro de su pueblo.

El ADN

Aunque la identificación de un fragmento de hueso como perteneciente a Jhosivani Guerrero se basa en resultados que no son cien por ciento concluyentes –ya que el ADN obtenido de la muestra analizada sólo proporcionó “evidencia moderada” para sustentar esta conclusión–, la Universidad de Innsbruk determinó que la identificación es positiva debido a que existen 72 posibilidades de que el fragmento de hueso analizado sí pertenezca a Joshivani, contra una posibilidad de que no lo sea.

Según el reporte leído el 16 de septiembre por la titular de la PGR, Arely Gómez, los datos de ADN obtenidos de la muestra ósea “proporcionan evidencia moderada de perfil de la víctima de 16-29102014 (clave del resto óseo analizado) coincidente con la madre de la persona desaparecida (de nombre) Jhosivani Guerrero de la Cruz“.

Este jueves 17 de septiembre, en entrevista radiofónica en Grupo Fórmula, el vocero de los padres de los normalistas, Felipe de la Cruz, dijo que no creen en la versión dada a conocer por la PGR.

No, no le creemos porque a nosotros nos explicaron concienzudamente los forenses argentinos la realidad de los códigos y de lo que dice el informe en Innsbruck, que hay indicios nada más de que pudiera ser Jhosivani, no hay la seguridad al 100 por ciento de que sea Jhosivani porque el método utilizado no fue el nuclear, sino fue el mitocondrial”, indicó.

Joshivani es el segundo normalista desaparecido el 26 de septiembre de 2014 que ha sido identificado por la Universidad de Innsbruk, luego de que en diciembre del año pasado sus especialistas lograran vincular genéticamente un fragmento de hueso también recuperado en Cocula con el joven Alexander Mora Venancio.

De hecho, ayer mismo, la PGR notificó también que Innsbruk realizó un segundo análisis a la muestra vinculada con Alexander Mora, que ratificó dicha identificación, con un grado de confianza de mil 200 posibilidades contra una.

Tal como informó la procuradora General de la República, el hueso que se atribuye a Josivani (así como aquel que se atribuye a Alexander Mora) fueron recuperados de “una bolsa con fragmentos óseos (hallada) el 29 de octubre de 2014”.

Sin embargo,  desde diciembre de 2014, el Equipo Argentino de Antropología Forense –que coadyuva en esta investigación– denunció que la procedencia de dicha bolsa no ha sido plenamente aclarada por las autoridades mexicanas, ya que no les dieron oportunidad de atestiguar el levantamiento de dicha evidencia, cuando supuestamente fue hallada en el Río San Juan, en el municipio guerrerense de Cocula.

Por esta denuncia, de hecho, la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) solicitó –en julio de 2015–, que se citara a rendir declaración ministerial a los buzos de la Marina que, según la versión oficial, recuperaron esta bolsa del Río San Juan.

“Esta diligencia –señaló entonces la CNDH– resulta relevante para corroborar o descartar información sobre el segmento de la ruta de desaparición (de los 43 normalistas) que tiene que ver con la incineración y la disipación de los restos de acuerdo a lo sostenido en la versión oficial (y) también podría contribuir a atender las inquietudes generadas en el Equipo Argentino de Antropología Forense, sobre la recuperación de las evidencias”.

La hipótesis de que los restos óseos fueron sembrados en Cocula, además, cobró aliento el pasado 6 de septiembre, cuando el grupo de expertos enviados por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) desecharon la posibilidad de que los 43 estudiantes hubiesen sido incinerados en el basurero adyacente al río San Juan, tal como sostiene la “verdad histórica” de los hechos planteada por la Procuraduría General de la República.

Nueva revisión

Según la “verdad histórica” presentada por la PGR, en el basurero de Cocula y en el río San Juan fueron recuperados 63 mil restos óseos carbonizados, de los cuales pudieron recuperarse 17 que, posiblemente, pudieran servir para extraer muestras de ADN, que permitieran identificar a algunos de los normalistas desaparecidos por fuerzas de seguridad pública en septiembre de 2014.

Los restos atribuidos a Jhosivani y Alexander son parte de ese grupo de 17 muestras.

Sin embargo, la titular de la PGR informó ayer que ha ordenado la conformación de un nuevo grupo de expertos en medicina forense, antropología y genetistas, al que podrán integrarse el Equipo Argentino de Antropología Forense y el Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes de la CIDH, con el objetivo de que “uno a uno” sean revisados nuevamente los 63 mil restos óseos, “con el objetivo de que científicamente se puedan hallar nuevos fragmentos viables para la identificación por cualquier método”.

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Variante de COVID que llegó a Brasil por la Copa América, más transmisible y con una mutación inédita

Esta nueva versión del coronavirus fue detectada por primera vez en Colombia, donde ya es bastante común en algunas regiones del país, pero aún hay poca información sobre su impacto real en la pandemia.
14 de julio, 2021
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Detectada por primera vez en Colombia, la variante B.1.621 de coronavirus también llegó a Brasil, donde fue registrada en dos hombres que formaban parte de las delegaciones de Ecuador y Colombia que disputaron la Copa América en el país sudamericano.

Ambos casos fueron diagnosticados en Cuiabá, capital del estado de Mato Grosso.

La B.1.621 fue descrita por primera vez en enero de 2021 en Colombia. Desde entonces, se ha extendido a otros 19 países de América y Europa, según el sitio web Pango Lineages, que reúne a expertos en vigilancia genómica de diversas universidades y centros de investigación.

Por ahora, los lugares con más casos de covid-19 relacionados con esta variante son Estados Unidos, Colombia, España, México y Holanda.

¿Qué tiene de diferente esta variante y qué ya sabe la ciencia al respecto?

Actualmente, la B.1.621 forma parte de una “lista de alerta” de la Organización Mundial de la Salud junto con otras versiones virales que necesitan ser monitoreadas y estudiadas.

Como es relativamente nueva, aún no fue nombrada con una letra griega, como sucedió con la variante Alfa (Reino Unido), la Beta (Sudáfrica), la Gama (Brasil) y la Delta (India).

Gráfico de las 11 variantes del coronavirus

BBC

Una sopa de letras y números

El Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de Europa señala que la B.1.621 trae al menos cinco mutaciones importantes en la proteína de espiga, la estructura que se encuentra en el exterior del coronavirus y es responsable de pegarse en los receptores de nuestras células y dar inicio a la infección.

Cuatro de estas alteraciones genéticas (E484K, N501Y, D614G y P681H) ya se habían observado en otras variantes más preocupantes, como Alfa, Beta, Gamma y Delta. Perola mutación R346K parece ser nueva y no se ha descrito en otras versiones del virus.

Estas modificaciones en el código genético pueden hacer que el agente infeccioso sea aún más transmisible, lo que representa un peligro para el control de la pandemia.

El CDC europeo también informó que esta variante podría tener algún impacto en la inmunidad obtenida después de haber pasado la covid-19 o por vacunación, pero esto aún debe estudiarse más a fondo.

Presencia en Colombia

En la práctica, esta versión del coronavirus parece haberse propagado con relativa facilidad a ciertos lugares.

Según información de Gisaid, una iniciativa de vigilancia genómica global, la variante representa el 24% de todas las muestras recolectadas y analizadas en Colombia.

En algunas localidades, como Córdoba, Bolívar, Atlántico y Chocó, ya está presente en más del 60% de todas las investigaciones genéticas realizadas desde principios de año.

La situación de la pandemia en Colombia, de hecho, es muy preocupante: el país latinoamericano tiene actualmente el tercer peor promedio móvil de muertes del mundo (solo por detrás de Namibia y Túnez).

Ataúdes en una sala en una ciudad próxima a Bogotá, en Colombia,

Getty Images
Colombia registra 4,5 millones de casos y 113.000 muertes por covid-19.

Pero, ¿esta variante tiene algo que ver? Se desconoce. Colombia no cuenta con un sistema bien estructurado de vigilancia genómica del coronavirus, que realice una gran cantidad de pruebas diarias. Por eso, no se puede conocer con exactitud la presencia y el impacto de las variantes en el país.

Aun así, la B.1.621 ha llamado la atención del Ministerio de Salud y del Instituto Nacional de Salud.

En un artículo publicado en mayo, muestran su preocupación por “el rápido aumento de la frecuencia” de esta variante “en poco tiempo”, especialmente en ciudades que “parecían estar cerca de una eventual inmunidad colectiva”.

La situación en Brasil

El virólogo Fernando Spilki, profesor de la Universidad Feevale de Rio Grande do Sul, señala que, por ahora, no hay razón para entrar en pánico con la variante B.1.621.

“Hay pocos casos reportados en Brasil. Está claro que hay que monitorearla, pero los datos de Colombia y otros países no indican mayor agresividad, a pesar del aumento de casos en algunas regiones”, evalúa.

“Tampoco tenemos datos sobre una posible resistencia de esta nueva variante a las vacunas ya disponibles”, agrega el especialista.

Según una nota difundida por el gobierno de Mato Grosso, los casos de covid-19 provocados por esta versión del coronavirus fueron detectados en dos hombres de 37 y 47 años, que formaban parte de las delegaciones de fútbol de Ecuador y Colombia, respectivamente.

El 13 de junio, los dos países se enfrentaron en la primera ronda de la fase de grupos de la Copa América. El partido se desarrolló en Cuiabá.

Arena Pantanal

Getty Images
El Arena Pantanal, en Cuiabá, Mato Grosso, uno de los estadios donde se jugó la Copa América.

La buena noticia, según información de las autoridades de Mato Grosso, es que los dos pacientes fueron aislados en un hotel luego de su diagnóstico y permanecieron en cuarentena hasta que recibieron un certificado que les permitía regresar a sus países de origen.

Pero aunque el protocolo posterior al diagnóstico se siguió estrictamente, no se sabe si los dos hombres tuvieron contacto con otras personas antes de someterse a los exámenes.

Por lo tanto, existe el riesgo de que hayan extendido la variante por todo el país, de ahí la necesidad de monitorear de cerca la situación y ver si la B.1.621 gana terreno en territorio brasileño o no.

Aún en el terreno de la incertidumbre, no es posible determinar si esta variante causará mayor daño en Brasil, donde están en circulación otras versiones del coronavirus que son bastante dominantes, como el caso de la Gama, detectada originalmente en Manaus).

Independientemente de las mutaciones en la espiga del virus o del mayor potencial de virulencia, una cosa es cierta: las medidas preventivas contra la covid-19 siguen siendo eficaces y necesarias.

Por ello, es importante reforzar la distancia física, el uso de mascarillas (preferiblemente la PFF2 o N95), la higiene de manos y la circulación del aire en las habitaciones. Otra medida esencial es tomar ambas dosis de la vacuna.

Las vacunas disponibles siguen siendo eficaces contra las variantes ya descubiertas y, con un buen número de personas vacunadas, consiguen evitar que otras versiones aún más peligrosas del coronavirus aparezcan en algún rincón del planeta.


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