La mejor (y la peor) manera de identificar a un mentiroso
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La mejor (y la peor) manera de identificar a un mentiroso

¿Una buena opción era concentrarse en el lenguaje corporal o los movimientos de los ojos? ¡Incorrecto! Eso, de hecho, es una mala idea.
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Por BBCMundo
11 de septiembre, 2015
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Una persona quitándose una máscara

El equipo de oficiales de seguridad de Thomas Ormerod enfrentaba una tarea aparentemente imposible. Se les pidió entrevistar a pasajeros en los aeropuertos de Europa, con el objeto de descubrir a un puñado de falsos viajeros “plantados” entre la multitud.

De hecho, sólo una de 1.000 personas que tenían que entrevistar intentaría engañarlos. Era como encontrar una aguja en un pajar.

¿Qué hicieron? Una buena opción era concentrarse en el lenguaje corporal o los movimientos de los ojos, ¿correcto? ¡Incorrecto! Eso hubiera sido, de hecho, una mala idea.

Estudio tras estudio han encontrado que los esfuerzos –incluso por parte de policías profesionales- de leer las mentiras en el lenguaje corporal y las expresiones faciales rinden frutos similares a dejarle la cuestión a la suerte.

En una de las investigaciones, sólo 50 de 20.000 personas lograron hacer un juicio correcto con más de 80% de precisión.

El equipo de Ormerod trató una estrategia diferente y logró identificar a los pasajeros falsos en la vasta mayoría de los casos. Para ello tuvo que botar a la basura las claves generalmente aceptadas del engaño y comenzar de cero.

Clinton y la nariz

Durante los últimos años, la investigación sobre el engaño ha estado plagada por resultados decepcionantes.

La mayoría del trabajo previo se ha concentrado en leer las intenciones del mentiroso en su lenguaje corporal o su rostro, a partir de pistas como el sonrojo, la sonrisa nerviosa o los ojos distraídos.

El ejemplo más famoso es el de Bill Clinton, que se tocó la nariz cuando negó su affair con Monica Lewinsky, lo que entonces se tomó como un signo seguro de que estaba mintiendo.

Un close up del rostro de una persona

La idea detrás de esto, dice Timothy Levine de la Universidad de Alabama, en Birmingham, es que el acto de mentir provoca algunas emociones fuertes –nervios, culpa, quizás la excitación del desafío- que son difíciles de contener.

De acuerdo con la teoría, incluso si creemos que tenemos cara de póker, es posible que nos descubramos con movimientos muy sutiles, conocidos como “micro expresiones”, que pueden entregarnos.

Pero mientras más investigaban los psicólogos, más poco confiables y elusivas parecían estas pistas.

El problema es la enorme variedad del comportamiento humano. Con la familiaridad, es posible que identifiques los tics de alguien cuando dice la verdad, pero otras personas actuarán de manera muy diferente: no hay un diccionario universal del lenguaje corporal

“No hay signos consistentes que se presenten siempre con el engaño”, dice Ormerod, quien tiene su base en la Universidad de Sussex (sur de Inglaterra).

“Yo me río en forma nerviosa, otros se ponen más serios, algunos hacen contacto visual, otros lo evitan”, explica.

Y dependemos de ellos

A pesar de estos resultados, nuestra integridad con frecuencia depende de la existencia de estos signos míticos.

Toma por caso los chequeos a que algunos pasajeros pueden enfrentarse antes de un viaje de larga duración (un proceso que Ormerod investigó para los Juegos Olímpicos de 2012). Típicamente los funcionarios utilizan un cuestionario de respuesta cerrada (“sí” o “no”) sobre las intenciones del viajero y son preparados para observar “señales sospechosas” (como un cierto nerviosismo en el lenguaje corporal).

Esto no da la oportunidad de escuchar lo que están diciendo y pensar en su credibilidad, ni de observar cambios en el comportamiento, que son aspectos críticos del engaño“, dice.

Los protocolos existentes también tienden a la subjetividad, dice el especialista. Por ejemplo, los funcionarios con frecuencia encuentran a más sospechosos entre ciertos grupos étnicos. “El método actual de hecho evita que se identifique el engaño”, asegura.

Dos personas cruzando los dedos por la espalda

Claramente, se necesita un nuevo método. Pero dados los resultados pobrísimos en el laboratorio, ¿cuál puede ser la respuesta?

Según Ormerod, es increíblemente simple: deja de concentrarte en detalles sutiles y enfócate en lo que la gente está diciendo, sondeando con gentileza los puntos de presión correctos para lograr que la fachada del mentiroso se desmorone.

Un cuestionario para destapar el engaño

Ormerod y su colega Coral Dando de la Universidad de Wolverhampton identificaron una serie de principios conversacionales que deberían incrementar tus posibilidades de descubrir la mentira:

  • Usa preguntas abiertas. Esto obliga al mentiroso a ampliar su historia hasta que se ve atrapado en su propia red de engaños.
  • Utiliza el factor sorpresa. Los investigadores deben tratar de incrementar la “carga cognitiva” del mentiroso, por ejemplo, haciéndole preguntas que no anticipaba y que pueden resultar confusas, o pidiéndole que cuente un evento de atrás para adelante. Estas técnicas le hacen más difícil mantener su fachada.
  • Fíjate en los detalles pequeños y verificables. Si un pasajero dice que está en la Universidad de Oxford, pídele que te cuente cómo va de la casa al trabajo. Sin embargo, si encuentras una contradicción no entregues tu juego: en vez de corregirlo, es mejor permitirle al mentiroso que gane confianza mientras suelta más mentiras.
  • Observa los cambios en la confianza. Fíjate con cuidado en si el estilo del mentiroso potencial cambia cuando se lo desafía: un mentiroso puede mostrarse muy elocuente cuando se siente en control de la conversación, pero si su zona de confort se ve limitada, puede que se cierre.
Un aeropuerto

El objetivo es lograr una conversación casual más que un interrogatorio intenso. Bajo esta presión suave, el mentiroso se descubrirá contradiciendo su propia historia o volviéndose obviamente evasivo o errático.

“Lo importante es que no hay una bala de plata, una respuesta definitiva. Estamos tomando lo mejor y juntándolo para lograr una aproximación cognitiva”, dice Ormerod.

El simple arte de conversar

El especialista admite abiertamente que su estrategia puede sonar como simple sentido común.

Un amigo me dijo que estaba tratando de patentar el arte de conversar“, relata.

Pero los resultados hablan por sí mismos.

En el experimento que reseñamos al principio, el equipo preparó a un puñado de pasajeros falsos con tickets realistas y documentos de identidad.

Les dieron una semana para crear su historia y se les pidió alinearse con pasajeros genuinos en aeropuertos europeos. Los funcionarios entrenados en la técnica de entrevista de Ormerod y Dando tuvieron 20 veces más posibilidades de detectar a los pasajeros falsos –que identificaron en el 70% de los casos- que las personas que usaron las señales sospechosas.

“Es realmente impresionante”, dice Levine, quien no participó en el estudio, y quien piensa que es particularmente importante que el experimento se efectuara en aeropuertos de verdad.

El arte de la persuasión

Los experimentos de Levine, por su parte, han arrojado resultados igualmente poderosos.

Como Ormerod, Levine cree que entrevistas inteligentes diseñadas para exponer los agujeros en la historia del mentiroso son mejores que tratar de identificar signos en el lenguaje corporal.

Por ejemplo, recientemente organizó un juego de trivialidades en el que un grupo de estudiantes competía en pareja por un premio en efectivo de US$5 por cada respuesta correcta.

Los estudiantes no lo sabían, pero sus compañeros eran actores. En un momento dado, el coordinador del juego abandonaba la habitación y la tarea del actor era sugerir al estudiante que echara una miradita a la respuesta correcta.

Algunos estudiantes aceptaron la oferta. A continuación, agentes federales reales los interrogaron sobre si habían hecho trampa. Usando preguntas tácticas para sondear sus historias, sin enfocarse en lenguaje corporal o pistas, lograron identificar a los tramposos con más de un 90% de precisión.

Un experto logró un 100% de aciertos en 33 entrevistas. Un resultado sorprendente que hace una enorme sombra a la idea de la exactitud del análisis del lenguaje corporal.

Aún más importante, un estudio de seguimiento encontró que incluso entrevistadores novatos podían lograr hasta un 80% de precisión simplemente utilizando las preguntas abiertas indicadas; por ejemplo, cómo contaría la historia la pareja de la persona interrogada.

De hecho, con frecuencia los investigadores persuadieron a los mentirosos a admitir abiertamente su engaño. “Los expertos fueron fabulosos en este respecto”, dice Levine.

Su secreto era un simple truco conocido por los maestros en el arte de la persuasión: empezar la conversación preguntando cuán honesta es la persona.

Una persona siendo interrogada

Simplemente lograr que dijeran que decían la verdad los llevaba a ser más cándidos después. “A la gente le gusta creer que es honesta, y esto los compromete a cooperar“, dice Levine.

“Incluso quienes no eran honestos tuvieron dificultades para fingir que estaban cooperando, así que en la mayoría de los casos podías ver quién estaba fingiendo”.

También lo puedes usar tú

Claramente es posible que estos trucos ya estén siendo utilizados por algunos detectives expertos, pero dado el folklore que rodea el tema del lenguaje corporal, vale la pena enfatizar cuán poderosa puede ser la persuasión frente a la dudosa ciencia del lenguaje corporal.

A pesar de su éxito, Ormerod y Levine están muy interesados en que se intente replicar y expandir sus hallazgos, para comprobar que se mantienen en diferente situaciones.

“Siempre debemos estar atentos a las afirmaciones grandilocuentes que lo abarcan todo”, dice Levine.

Aunque estas técnicas serán de ayuda para los cuerpos de seguridad, los mismos principios podrían ayudarte a ti a cazar a los mentirosos en tu vida.

“Lo hago con los niños todo el tiempo”, dice Ormerod.

Lo importante es mantener una mente abierta y no sacar conclusiones apresuradas. Solo porque alguien parece estar nervioso o le cuesta recordar un detalle crucial, no significa que es culpable. En cambio, hay que buscar las inconsistencias más generales.

No hay un método a prueba de todo para detectar la mentira, pero utilizando un poco de tacto, inteligencia y persuasión podrías tener esperanzas de que, eventualmente, la verdad saldrá a la luz.

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Carlos III: cuáles son los desafíos que enfrenta el nuevo rey

El nuevo soberano británico ascendió al trono en momentos en que en su país se experimentan dificultades económicas y un descenso del apoyo público a la monarquía.
20 de septiembre, 2022
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Sobre el papel, pocas transiciones han sido tan fluidas como esta sucesión de la monarquía británica: menos de 48 horas después de la muerte de la reina Isabel II, el rey Carlos III había sido proclamado oficialmente como el nuevo soberano de Reino Unido.

Sin embargo, las cosas no son tan simples como parecen: Carlos ha ascendido al trono en un momento difícil para Reino Unido y su familia real.

Los historiadores entrevistados por la BBC creen que el nuevo rey enfrenta “desafíos sin precedentes” que definirán, para bien o para mal, su reinado y los que le seguirán.

Se avecinan tiempos difíciles para Carlos III: desde lidiar con el impacto de la crisis energética en su país hasta enfrentar las percepciones cambiantes hacia la monarquía, tras 70 años del reinado de su madre.

Estos son algunos de los principales temas y problemas que podrían necesitar la atención del nuevo rey.

¿Una monarquía “con los pies en la tierra”?

Millones de familias en Reino Unido se enfrentan a una posible pobreza energética este invierno debido a la escalada de los precios de la energía provocada por la guerra en Ucrania.

Los pronósticos más pesimistas dicen que hasta 45 millones de personas tendrán dificultades para pagar sus facturas, es decir, dos tercios de la población del país.

La reina Isabel II en un carruaje dorado en su coronación en junio de 1953.

Getty Images
Algunos expertos creen que la coronación de Carlos III será más pequeña y menos pomposa que la de la reina Isabel, en 1953.

Es probable que tal escenario ponga las finanzas de la familia real bajo más escrutinio de lo usual.

De hecho, incluso antes de la guerra había rumores en la prensa británica de que el entonces príncipe de Gales estaba dispuesto a reducir la pompa y las condiciones de los eventos de la realeza, más concretamente, su coronación.

El periódico Daily Telegraph especuló el 13 de septiembre que el evento será una desviación de la opulenta coronación de la reina en 1953, la primera ceremonia de este tipo en ser televisada.

Citando fuentes de la realeza, el periódico dijo que la coronación de Carlos III, que no se espera que se realice antes de junio del próximo año, será más breve, “menos costosa” y, lo que es más importante, más multicultural para reflejar la diversidad de la sociedad británica.

Carlos ha hablado previamente de su deseo de tener una monarquía reducida, lo que probablemente se traduzca en un núcleo más pequeño de miembros de la realeza en funciones, con el rey y la reina consorte Camilla, el príncipe William y su esposa Catherine en el centro.

“Es muy probable que veamos cosas reducidas, especialmente la coronación”, le dice a la BBC la historiadora de la realeza Kelly Swab.

“La familia real debe ser vista como que sabe lo que ocurre en el país durante estos tiempos difíciles”, señala.

Las finanzas de la familia real son un tema complejo que a menudo está en el centro de los argumentos antimonárquicos: los fondos provienen principalmente de un pago anual financiado por los contribuyentes, conocido como Subvención Soberana.

Para 2021-2022, esta subvención se fijó en US$99,8 millones, lo que equivale a US$1,49 dólares por persona en Reino Unido, pero esto no incluye los sustanciales costos para cubrir la seguridad de los miembros de la familia real.

Reputación menguante

Manifestante con una pancarta que dice "No Mi Rey" el 12 de septiembre en Londres

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El apoyo público a la monarquía ha disminuido en los últimos 30 años, según la Encuesta Británica de Actitudes Sociales.

El apoyo a la monarquía está en su punto más bajo en más de 30 años, según la Encuesta británica de actitudes sociales, que mide regularmente los sentimientos de una muestra de la población británica hacia la realeza.

La última edición de la encuesta, publicada en 2021, mostró que solo el 55 % de los británicos pensaba que era “muy importante” o “bastante importante” tener una monarquía. En décadas pasadas, ese apoyo oscilaba entre el 60 % y el 70 %.

En mayo de este año, Carlos apareció de tercero en una lista de los miembros de la realeza favoritos de la gente, detrás de la reina y su hijo mayor, el príncipe William.

Si bien las encuestas realizadas después de la muerte de Isabel II han mostrado un apoyo cada vez mayor al nuevo rey, hay señales de que Carlos III tiene trabajo por hacer en términos de la reputación de la realeza.

“Uno de los desafíos para el rey Carlos III es hacer que la monarquía sea atractiva para las generaciones más jóvenes“, dice el historiador de la realeza Richard Fitzwilliams.

La opinión de Fitzwilliams está respaldada por la Encuesta británica de actitudes sociales, que muestra que en 2021 solo el 14 % de las personas de entre 18 y 34 años consideraban “muy importante” que Reino Unido tuviera una monarquía, mientras que la proporción entre los mayores de 55 años era del 44 %.

Y según una encuesta de YouGov, realizada para el grupo antimonárquico Republic en mayo, el 27 % de la población apoya la abolición total de la monarquía, eso es un aumento notable del 15 % que ha sido la norma durante la mayor parte de este siglo.

Y se registra una insatisfacción considerablemente mayor entre las generaciones más jóvenes.

Kelly Swab también señala que “las cosas han cambiado mucho desde 1952” (el año en que Isabel II se convirtió en reina). Se refiere en concreto a las esporádicas protestas antimonárquicas que se han producido en los últimos días.

Hay menos deferencia a la monarquía en estos días y mucho más escrutinio de la familia real”, indica.

“Esto es algo que el rey Carlos debe tener en cuenta”.

La situación también varía entre las distintas naciones de Reino Unido.

El experto en encuestas y profesor de política en la Universidad de Strathclyde John Curtice dice que las encuestas realizadas antes de la muerte de Isabel II indicaron que una clara mayoría enInglaterra y Gales elegiría mantener la monarquía antes que establecer una república.

En Escocia, sin embargo, aunque la monarquía seguía siendo la opción preferida de los dos, el apoyo a la misma estaba por debajo del 50%. En esta nación también se promueve la celebración de un segundo referendo sobre la independencia de Reino Unido, aunque la línea del gobernante Partido Nacional Escocés es mantener la monarquía aunque se logre la independencia.

En Irlanda del Norte, las actitudes hacia la monarquía tienden a estar vinculadas a la identidad nacional, señala el corresponsal de la BBC Chris Page.

Para los unionistas, que quieren que Irlanda del Norte permanezca en Reino Unido, el monarca es la personalidad británica, que encarna la autoridad de la Corona como fuerza unificadora en las cuatro naciones del Reino Unido. Los nacionalistas, que quieren que Irlanda del Norte se convierta en parte de la República de Irlanda, generalmente no reconocen la soberanía de la Corona.

El resultado de las elecciones parlamentarias norilandesas del pasado mes de mayo ofrecen una perspectiva sobre la cuestión constitucional, aunque debido a las complejidades de la política local, como señala Page, no puede tomarse como definitiva.

En esas elecciones aproximadamente el 42% de las personas votaron por un político unionista. Mientras el 40% votó por los nacionalistas, y el resto, el 18%, por candidatos neutrales.

“Nunca te quejes, nunca te expliques”

El rey Carlos III en la ceremonia de proclamación el 10 de septiembre de 2022

Getty Images
El rey Carlos III es el jefe de Estado de Reino Unido, pero sus poderes son principalmente simbólicos y ceremoniales.

Carlos III es el jefe de Estado de Reino Unido. Pero bajo el modelo de monarquía constitucional británica, los poderes del soberano son en su mayoría simbólicos y ceremoniales.

Por lo tanto, se espera que los miembros de la familia real se mantengan políticamente neutrales.

Muchos vieron la moderación de la reina como resultado de su creencia en el adagio “nunca te quejes, nunca expliques”.

Habiendo dicho eso, Carlos, en el pasado, solía hablar sobre diferentes temas que le importaban.

En 2015, se reveló que había escrito decenas de cartas a ministros del gobierno expresando preocupaciones sobre temas que van desde las finanzas hasta las Fuerzas Armadas y la medicina herbaria.

¿Cambiará su postura? El profesor Vernon Bogdanor, destacado experto constitucional, así lo cree.

“Desde sus primeros días, él ha sabido que su estilo tendrá que cambiar. El público no querrá un monarca en campaña“, dice el profesor.

El 12 de septiembre, mientras se dirigía a los miembros del Parlamento, el recién proclamado rey ya daba señales de un acercamiento que se ajustaba.

Además de reconocer que había intereses que ya no podía perseguir, Carlos III dijo que el Parlamento era “el instrumento vivo y que respira” de la democracia británica.

Commonwealth y legado colonial

La reina Isabel II durante una visita a Jamaica en 2002.

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En los últimos años, algunas naciones de la Commonwealth comenzaron a debatir su relación con la Corona británica.

Tras la muerte de su madre, el rey Carlos III se ha convertido en el Jefe de la Commonwealth, una asociación política de 56 países, en su mayoría antiguas colonias británicas.

También es el jefe de Estado de 14 países junto con Reino Unido, una lista que incluye a Australia, Canadá, Jamaica y Nueva Zelanda.

En los últimos años, sin embargo, algunas naciones de la Commonwealth han comenzado a debatir su relación con la Corona británica.

Como parte de este proceso, Barbados tomó la decisión de convertirse en república a fines de 2021, con lo que destituyó a la reina como jefa de Estado y puso fin a los siglos de influencia de Reino Unido sobre la isla, que fue un centro para el comercio transatlántico de esclavos durante más de 200 años.

La gira del príncipe William por el Caribe a principios de 2022 provocó protestas anticoloniales y pedidos de reparación por la esclavitud, y el primer ministro de Jamaica, Andrew Holness, le dijo públicamente a la realeza que el país “avanzaría”.

Sean Coughlan, corresponsal de la realeza de la BBC, cree que redefinir una relación más moderna con la Commonwealth será “un gran desafío” para el rey Carlos.

“Como su nuevo jefe, ¿cómo pueden sus visitas a los países de la Commonwealth navegar el difícil legado del colonialismo y asuntos como la esclavitud?”

Un rey “veterano”

El príncipe William saluda a un niño en el Castillo de Windsor.

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Se espera que el príncipe William asuma una parte de los deberes reales.

A los 73 años, Carlos III es la persona de mayor edad en ser proclamada rey en Reino Unido.

Una de las preguntas sobre el día a día de su reinado es cuánto de la extensa lista de deberes reales se espera que lleve a cabo él mismo.

Hay mucha especulación de que su hijo y heredero de la Corona, el príncipe William, intervendrá para compartir la carga de los compromisos de la realeza, especialmente las giras en el extranjero.

La propia reina Isabel II dejó de viajar al extranjero cuando tenía 80 años.

“Carlos es un rey mayor. No puede hacerlo todo”, cree la historiadora Kelly Swab.

“Espero que, como resultado, veamos mucho más del príncipe William”.

Ponerse unos zapatos enormes

Rey Eduardo VII

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El rey Eduardo VII ascendió al poder en circunstancias similares, dicen los historiadores.

Como lo demuestra la avalancha de demostraciones de luto en muchas partes del país tras conocerse su muerte, Isabel II fue una monarca muy popular.

Eso en sí mismo representa un desafío para el nuevo rey, pero no uno insuperable, según la historiadora de la realeza Evaline Brueton.

Se refiere a las circunstancias en las que Eduardo VII heredó la Corona en 1901, tras la muerte de la reina Victoria, otra monarca muy querida por los británicos.

“Hay similitudes interesantes entre el momento que estamos viviendo ahora y el final de la era victoriana”, dice Brueton.

“Tanto Eduardo VII como Carlos III se hicieron cargo de los períodos de cambio social en Reino Unido. Y ambos no eran tan populares como sus madres“.

Eduardo VII estuvo en el poder solo nueve años (1901-1910), pero se le recuerda con cariño como un rey que participó en esfuerzos diplomáticos que sentaron las bases de la famosa Entente Cordiale, una serie de acuerdos innovadores entre Reino Unido y Francia firmados en 1904.

“A Eduardo VII le fue extremadamente bien y no hay nada que sugiera que Carlos tampoco será recordado como un rey importante”, cree Brueton.

“Tuvo a la reina Isabel II como un gran modelo a seguir y ha tenido tiempo para prepararse para la tarea”.


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