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8 de cada 10 programas sociales no resuelven el problema que les dio origen: reporte

55 programas federales no alcanzan lo mínimo aprobatorio cuando se califica su diseño, la capacidad para cumplir con las metas que prometen y la cobertura de la población que podrían beneficiar.
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Por Tania L. Montalvo
16 de octubre, 2015
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Foto: Cuartoscuro

Foto: Cuartoscuro

El 46.6% de los programas federales diseñados para el desarrollo social del país reprueban en su desempeño, es decir, no están bien diseñados, no pueden cumplir las metas que prometen, ni alcanzan a la población que es potencialmente beneficiaria.

Se trata de al menos 55 programas del gobierno federal que obtuvieron menos de 50 puntos de 100 posibles en el Índice de Desempeño de los Programas Públicos Federales (INDEP) que realizó la organización civil Gestión Social y Cooperación A.C. (Gesoc).

Entre éstos se encuentran programas como el Seguro de Vida para Jefas de Familia y los Comedores Comunitarios de la Secretaría de Desarrollo Social (Sedesol); o el de Prevención y Atención contra las Adicciones de la Secretaría de Salud.

Además, al menos ocho de cada 10 programas no lograr resolver el programa que les dio origen. 

La organización civil Gesoc evaluó 118 programas de desarrollo social que en conjunto obtuvieron una calificación de 62 puntos, la mínima aprobatoria y sólo 6 de ellos tienen un puntaje superior a 90.

En comparación con la calificación del año pasado, hubo un retroceso de 6.38 puntos en el Índice y el número de programas reprobados en su desempeño pasó de 33 a 55.

Los programas evaluados se clasificaron en cinco categorías según su nivel de desempeño:

  1. Programas que reflejan “dispersión de la política social”, es decir, estos programas “no están en condiciones de resolver el problema público que les dio origen”. Es el caso de 29% de los programas sociales como el Fondo de Microfinanciamiento a Mujeres Rurales, el Programa de Agua Potable, Alcantarillado y Saneamiento en Zonas Urbanas y el Programa de Escuela Segura.

El presupuesto que alcanzaron para 2015 asciende a 108 mil 605 millones de pesos, es decir, el 19.1% del total del presupuesto de todos los programas sujetos a reglas de operación.

La organización civil Gesoc advierte que estos programas “no tienen posibilidad alguna de resolver significativamente el problema público que atienden en sus actuales condiciones”.

  1. Programas con Nivel de Desempeño Escaso, que presentan condiciones de bajo nivel de cobertura de la población potencialmente beneficiaria; pero también poco valor en la calidad de su diseño y en el cumplimiento de metas. La calificación promedio es de 52 puntos y entre éstos programas se encuentran el Programa 3 x 1 para Migrantes, el Programa de Abasto Rural a cargo de Diconsa y el Programa Escuelas de Calidad.

Los programas que entraron en esta categoría tuvieron un presupuesto asignado en 2015 de 54 mil 814 millones de pesos.

  1. Programas con Nivel Mejorable. Consiguieron una cobertura adecuada pero presentan problemas para alcanzar las metas para los que fueron creados. Se trata de 6 programas en total como el de Opciones Productivas y el de Empleo Temporal de Sedesol o el de Ordenamiento Territorial y Esquemas de Reubicación de la Población en zonas de riesgo de la Sedatu.
  2. Programas con Alto Potencial de Desempeño. Son 13 programas que están bien diseñados, tienen un “avance destacado” en sus metas, pero no cuentan con presupuesto suficiente para cubrir a la población potencialmente beneficiaria. Entre éstos están el de Vivienda Digna de Sedatu, el de Escuelas de Tiempo Completo, el Programa de Abasto Social de Leche de Liconsa o el Programa de Inclusión Social (Prospera) de Sedesol.
  3. Desempeño óptimo. Estos programas recibieron un presupuesto de 154 mil 409 millones de pesos ó el 27% del presupuesto que recibieron las acciones para el desarrollo social del país. Cuentan con las características para atender a la población y cumplir con sus metas y recibieron una calificación promedio de 91 puntos. En esta categoría se ubican programas como el Fondo Nacional Emprendedor y el Seguro Popular.

La opacidad, un reto

La organización civil Gesoc alerta que todavía hay rezagos en materia de transparencia que impiden la correcta evaluación de los programas federales vinculados al desarrollo social.

A los programas que no cuentan con información suficiente para conocer su Nivel de Desempeño se les ubicó en la “Caja Negra del Gasto Social Federal”, entre los que se encuentran 43 que en 2015 obtuvieron un presupuesto de 75 mil 256 millones de pesos.

Al respecto, la diputada del PRD, Araceli Saucedo, dijo que “respecto a la ‘caja negra’ nos llama la atención que siete son de Sagarpa y ocho de Semarnat, lo cual nos hace cuestionar la transparencia con la que operan esas dependencias”.

Algunos de los programas opacos son: el de Implementación de operativos para laprevención y disuasión del delito de la Secretaría de Gobernación, el Programa de Atención a Personas con Discapacidad y el de Prevención y Control de Sobrepeso, Obesidad y Diabetes de la Secretaría de Salud; o el de Fortalecimiento a la educación temprana y el desarrollo infantil de la Secretaría de Educación Pública.

En total, existen 12 “programas opacos” a los que el Ejecutivo propone un incremento en presupuesto para 2016 en comparación con 2015; aumento que podría ser de hasta 72%, advierte Gesoc.

La organización civil dice en su reporte que “persisten graves problemas de opacidad en la forma en la que el Ejecutivo federal informa al Congreso y a los ciudadanos sobre los niveles de desempeño de los programas sociales”.

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#YoSoyAnimal

Cómo los seres humanos aprendimos a comer plantas que podrían matarnos

La capacidad innata del ser humano de imitar y aprender de otros nos permitió evolucionar culturalmente y desarrollar procesos complicados, como la preparación de alimentos que en su estado natural son dañinos.
8 de septiembre, 2019
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Ilustración de Robert Burke, William Wills y John King llegando a Cooper's Creek, en 1861

Getty Images
Robert Burke, William Wills y John King llegando a Cooper’s Creek en 1861.

En 1860, Robert Burke y William Wills llevaron a cabo la primera expedición europea por el hasta entonces mayormente desconocido interior de Australia.

No les fue muy bien. Debido a una combinación de liderazgo pobre, mala planificación y mala fortuna, Burke, Wills y su compañero de viaje John King se quedaron sin comida en el trayecto de regreso.

Quedaron varados en un arroyo llamado Cooper’s Creek, ya que no pudieron encontrar la manera de transportar suficiente agua para cruzar un tramo de desierto hasta el puesto colonial más cercano, llamado irónicamente el Monte Hopeless (Sin Esperanza, en inglés).

“No hemos podido abandonar el arroyo”, escribió Wills. “Ambos camellos murieron y nuestras provisiones se agotaron. Estamos tratando de vivir de la mejor manera posible”.

La población local, la tribu yandruwandha, parecía prosperar a pesar de las condiciones que Wills y sus colegas encontraban tan difíciles.

Los yandruwandha le dieron a los exploradores pasteles hechos con semillas trituradas de una planta que conocían como nardoo (Marsilea drummondii), un helecho parecido a un trébol de cuatro hojas.

Nardoo flotando en un lago en Australia

Getty Images
El nardoo, que aparece flotando aquí en primer plano, es un tipo de helecho originario de Australia.

Burke se peleó con los aborígenes e, imprudentemente, los alejó con un disparo de su pistola.

Pero el trío pensó que, tal vez, había aprendido lo suficiente como para sobrevivir.

Así que, cuando encontraron nardoo fresco, decidieron hacer sus propios pasteles.

Al principio, todo parecía estar bien. Satisfacían su apetito, pero se sentían cada vez más débiles.

Una semana más tarde, Wills y Burke estaban muertos.

Resulta que preparar el nardoopara hacerlo comestible es un proceso complejo.

Este helecho está lleno de una enzima llamada tiaminasa, que es tóxica para el cuerpo humano. La tiaminasa descompone el suministro de vitamina B1 del cuerpo, lo que impide al organismo absorber los nutrientes de los alimentos.

A pesar de que Burke, Wills y King tenían sus estómagos llenos, estaban muertos de hambre.

Los yandruwandha cocinaban las esporas de nardoo, molían la harina con agua y exponían los pasteles a cenizas. Con estos pasos hacían que la tiaminasa fuera menos tóxica. No es algo que uno aprende a hacer por casualidad.

Apenas vivo, King se arrojó a la merced de los yandruwandha, quienes lo mantuvieron con vida hasta que llegó la ayuda europea, meses más tarde.

Fue el único miembro de la expedición que sobrevivió.

La otra yuca

Raíces de yuca

Getty Images
La yuca es un alimento básico en los países tropicales. Pero no hay que confundirla con la otra yuca, la amarga o brava.

Tan tóxica como el nardoo es la yuca amarga o brava, que no hay que confundir con la otra yuca, la dulce, un tubérculo que se consume a diario en varios países de América Latina, entre otros.

Los niveles de cianuro o ácido cianhídrico presentes la yuca amarga, si no es tratada y cocinada de forma adecuada, pueden causar desde intoxicación hasta un fallo masivo en los órganos vitales, como el hígado y el cerebro.

Y también una afección llamada konzo, cuyos síntomas incluyen la parálisis repentina de las piernas.

Pero en 1981, en Nampula, Mozambique, un joven médico sueco llamado Hans Rosling no sabía nada de esto. Como resultado, la situación que enfrentó fue profundamente desconcertante.

Cada vez más personas acudían a su clínica con parálisis en las piernas.

¿Podría ser un brote de polio? No. Los síntomas no aparecían en ningún libro médico.

Con Mozambique entrando en una guerra civil ¿podría ser el efecto de armas químicas?

Llevó a su esposa Agneta y a sus hijos pequeños a un lugar seguro y continuó sus investigaciones.

Fue la colega del doctor Rosling, la epidemióloga Julie Cliff, quien finalmente descubrió lo que estaba sucediendo.

Los enfermos estaban comiendo alimentos a base de yuca amarga que había sido procesada de manera incompleta.

Hambrientos y desnutridos, no podían esperar lo suficiente para que fuera segura para el consumo. Como resultado, desarrollaron konzo.

Prueba y error

Hay plantas tóxicas en todas partes.

A veces, adecuadamente procesadas, pueden ser comestibles.

Pero ¿cómo aprende alguien a realizar la preparación elaborada que necesita la yuca o el nardoo?

No es algo que aprende una sola persona, según Joseph Henrich, un biólogo evolutivo.

Henrich sostiene que este conocimiento es cultural.Nuestras culturas evolucionan a través de un proceso de prueba y error análogo a la evolución en especies biológicas.

Al igual que la evolución biológica, la evolución cultural puede, con el tiempo suficiente, producir resultados impresionantemente sofisticados.

Alguien da con un paso que parece hacer que la planta tóxica sea menos riesgosa; eso se difunde y se descubre otro paso. Con el tiempo, pueden evolucionar rituales complejos, cada uno ligeramente más efectivo que el anterior.

En América del Sur, las tribus han aprendido los muchos pasos necesarios para desintoxicar por completo la yuca amarga: raspar, rallar, lavar, hervir el líquido, dejar reposar el sólido durante dos días y luego hornear, para hacer un pan ácimo llamado casabe.

Preparación de harina de mandioca en Brasil.

Getty Images
Preparación de harina de mandioca en Brasil.

Si les preguntas por qué hacen esto, no mencionarán el cianuro de hidrógeno. Simplemente dirán: “Esta es nuestra cultura”.

En África, la yuca se introdujo recién en el siglo XVII. No venía con un manual de instrucciones, así que la intoxicación por cianuro sigue siendo un problema ocasional.

La gente toma atajos porque el aprendizaje cultural aún es incompleto.

Henrich argumenta que la evolución cultural es a menudo mucho más inteligente que nosotros.

Ya sea para construir un iglú, cazar un antílope, prender un fuego, hacer un arco largo o procesar la yuca amarga, no aprendemos entendiendo los principios de las cosas, sino imitando.

Una mujer en la aldea brasileña de Bannibas preparando casabe de yuca.

Getty Images
Una mujer en la aldea brasileña de Bannibas preparando casabe de yuca.

Un estudio desafió a los participantes a colocar pesas en los radios de una rueda para maximizar la velocidad a la que rodaba por una pendiente.

Los datos sobre la prueba más exitosa de cada participante se le pasaban a una nueva persona.

Debido a que se beneficiaban de los experimentos anteriores, a los últimos participantes les fue mucho mejor.

Sin embargo, cuando se les preguntó, no podían explicar por qué algunas ruedas rodaban más rápido que otras.

Otros estudios muestran que los humanos somos los únicos primates que tenemos el instinto de imitar.

Las pruebas revelaron que los chimpancés y los humanos de dos años y medio tienen capacidades mentales similares, a menos que el desafío sea aprender copiando a alguien.

Los niños pequeños son mucho mejores copiando que los chimpancés.

Y los humanos copiamos rituales, algo que no hacen los chimpancés. Los psicólogos llaman a esto sobreimitación.

Podría parecer que en esto los chimpancés son los más inteligentes. Pero si estás procesando raíces de yuca amarga, la sobreimitación es exactamente lo que debes hacer.

Un niño jugando con un chimpancé

Getty Images
Un niño puede copiar comportamientos mucho mejor que un chimpancé de la misma edad.

Si Henrich tiene razón, la civilización humana se basa menos en inteligencia pura que en una capacidad altamente desarrollada para aprender unos de otros.

A lo largo de las generaciones, nuestros antepasados acumularon ideas útiles gracias a la prueba y el error, y la siguiente generación simplemente las copió.

Sin duda, algunas ideas menos útiles se mezclaron con ellas, como la necesidad de un baile ritual para que lleguen las lluvias, o la convicción de que sacrificar una cabra persuadirá al volcán para que no entre en erupción.

Pero en general, pareciera que nos fue mejor copiando sin preguntar que asumiendo, como los chimpancés, que éramos lo suficientemente inteligentes como para poder determinar qué pasos podríamos ignorar de manera segura.

Claro que la evolución cultural solo nos puede llevar hasta cierto punto.

Ahora tenemos el método científico para decirnos que sí, realmente necesitamos dejar reposar la mandioca durante dos días, pero no, al volcán no le importan las cabras.

Cuando comprendemos los principios de las cosas podemos avanzar más rápidamente que mediante prueba, error e imitación.

Pero no debemos menospreciar el tipo de inteligencia colectiva que salvó la vida de King.

Es lo que hizo posible la civilización, y también el funcionamiento de la economía.


Tim Harford escribe la columna “Economista clandestino” en el diario británico Financial Times. El Servicio Mundial de la BBC transmite la serie 50 Things That Made the Modern Economy. Puedes encontrar más información sobre las fuentes del programa y escuchar todos los episodios o suscribirte al podcast de la serie.


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https://www.youtube.com/watch?v=16AhQaStWxg

https://www.youtube.com/watch?v=gFkihTytGRU

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