Caso Tlatlaya: testigos narran que hubo 5 sobrevivientes, pero 2 fueron ejecutados
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Caso Tlatlaya: testigos narran que hubo 5 sobrevivientes, pero 2 fueron ejecutados

Los dos jóvenes pertenecían a otro grupo criminal y estaban secuestrados por los presuntos delincuentes.
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Por Omar Sánchez de Tagle
12 de octubre, 2015
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Militares patrullan calles del municipio de Tlatlaya, en el Estado de México. // Foto: Archivo AP.

Militares patrullan calles del municipio de Tlatlaya, en el Estado de México. // Foto: Archivo AP.

Al menos dos de los 22 muertos en Tlatlaya, luego de un supuesto enfrentamiento con militares la madrugada del 30 de junio de 2014, estaban amarrados y con vida y aún así fueron presuntamente ejecutados por soldados, según narraron dos de las sobrevivientes.

De acuerdo con estas declaraciones, que constan en el expediente del caso al que Animal Político tuvo acceso, los dos jóvenes pertenecían a otro grupo criminal y estaban secuestrados por los presuntos delincuentes.

Los jóvenes se encontraban a un lado de dos de las sobrevivientes, pero al llegar el Ejército al interior de la bodega sólo lograron dar sus datos, observar el reconocimiento de los militares del lugar y minutos después “aparecieron muertos”, detallan las declaraciones de Cinthya y Patricia., que mencionan la participación de 3 militares en estos hechos, dato en el que se basó el juez para liberar al resto de los involucrados.

Estas dos mujeres son dos de las tres sobrevivientes y estuvieron varios meses presas en el penal de Nayarit, aunque ahora son reconocidas como víctimas de los hechos ocurridos en Tlatlaya.

Animal Político tuvo acceso a la resolución del juez decimocuarto de distrito, que decretó el auto de libertad a cuatro de los ocho militares acusados por la Procuraduría General de la República de ejecutar a ocho presuntos delincuentes.

En la declaración de Cinthya, hecha a la PGR el primero de octubre del 2014, cuando incluso aún se encontraba presa en el penal de Nayarit, ella narró que se encontraba amarrada junto a otras tres personas.

Recuerdo que ese día ya entrada la madrugada, yo estaba amarrada junto con tres personas, dos chavos y una chava llamada Patricia. Yo estaba dormida cuando me despiertan unos balazos, entonces me senté y fue cuando escuché que decían de afuera de la bodega ‘ríndanse hijos de su puta madre, Ejército Mexicano’, y las personas que estaban dentro de la bodega gritaron ‘nos cayeron los contras’, pero otro dijo que no eran los contras, que eran los militares”.

Tras el primer enfrentamiento, Cinthya detalla que tres militares ingresaron a la bodega y que uno de ellos alumbró a las personas que estaban amarradas, colocándolas en varios ladrillos. A las dos mujeres y a los dos jóvenes, dos de los tres militares los interrogaron y tomaron sus datos. Segundos después –según la versión de Cinthya– de una camioneta blanca sale corriendo y gritando la llamada testigo Julia a quién hoy se conoce como Clara.

Al entrar los tres militares vi que una señora salió de un carro color blanco, gritando “mi hija”, “mi hija” y un  militar le dijo que se calmara y la sentó en un ladrillo junto a nosotros, entonces escucho que un militar le pregunta que en dónde está su hija, a lo que la señora responde que estaba hacia allá, refiriéndose al lado derecho de la bodega, entonces camina junto un militar hacia aquella dirección, entonces escucho que la señora grita ‘ay, mi hija está muerta’”.

Tras reconocer a su hija, los militares regresan a la testigo Julia con las dos mujeres y los dos jóvenes que originalmente estaban amarrados, y escuchan una segunda ráfaga de disparos, incluso a distancia escuchan como uno de los militares grita “este ni porque tiene la mano desmadrada se dio por vencido, agregando todo el que se mueva dispárenle, fue cuando escuché un disparo y desde donde yo estaba me incliné para ver al soldado y fue cuando vi que le disparó unos muchachos que estaban heridos al fondo de la bodega del lado derecho”, describe Cinthya.

Cinthya y Patricia coinciden en sus declaraciones que al terminar el segundo evento de disparos los militares trasladan a los cinco sobrevivientes a un cuarto que se encontraba del lado derecho de la bodega de Tlatlaya, momento en el que se percatan que varias de las personas que estaban en el lugar ya se estaban muertas.

Cinthya y Patricia explican que ya en el cuarto los militares las empiezan a interrogar y tras concluir deciden separar a los dos jóvenes que estaban amarrados con ellas.

Cuando nos meten al cuarto nos empiezan a interrogar y en ese momento un militar le dice a los dos chavos que estaban amarrados junto conmigo que fueran con él para tomarles unas fotos y los lleva a la vuelta del cuarto y escucho unos disparos, después regresó el soldado pero ya sin los dos chavos”, detalla Cinthya.

Al regreso de los soldados a la habitación donde se encontraban Cinthya les confiesa que ella fue violada y la llevan a recorrer la bodega para que reconociera a su agresor, y justo en el trayecto en el que estaba reconociendo a los muertos, vio que los jóvenes que estaban junto a ella amarrados ya estaban muertos de varios impactos de bala.

En su declaración, Patricia –la otra sobreviviente– confiesa que no recuerda el apodo de los muchachos que estaban amarrados junto con ella, pero destaca que los soldados les toman sus datos personales, los desamarran y se los llevan a otra parte de la bodega.

“Estábamos ahí, en ese momento dos militares llevan a los dos chavos hacia atrás del cuarto con el pretexto de tomarles la foto correspondiente, según ellos, y escuché disparos, regresó un militar pero sin las dos personas que se había llevado”.

Después de ello aclara que los militares les tomaron fotos a ella y a las otras dos mujeres que estaban en el lugar, y al momento de trasladarlas a la agencia del Ministerio Público del Estado de México se percató que esos jóvenes se encontraban muertos.

 

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'Fui antivacunas y ahora me arrepiento. La COVID casi me quita la vida'

No quería vacunarse por miedo a los efectos secundarios, pero después de experimentar la covid-19 en carne propia y pasar 18 días internada, cambió radicalmente su postura.
13 de enero, 2022
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Indira Jáuregui era antivacunas.

Pero después de pasar 18 días internada junto a su familia por covid-19 en Lima, Perú, cambió radicalmente su forma de pensar.

Conectada al oxígeno en un centro asistencial, esta mujer de 49 años, sintió que su vida estaba llegando a un punto de no retorno.

Para mí fue como enfrentarme a la muerte. Estaba boca abajo y me puse a pensar en mi vida. Pensé en lo que no hice y en lo que debí hacer. Me puse a pensar en mi familia, en el tiempo que no pasé con mi familia por estar trabajando. Pensé en los abrazos que no di, en las llamadas que no hice”.

Como los hospitales estaban colapsados, Indira fue internada en un lugar habilitado para atender pacientes en medio de la emergencia. Hasta ahí llegó con su madre de 72 años, una hermana, su cuñado y su sobrino. Todos contagiados con el virus.

Ella nunca creyó en teorías conspirativas como aquellas que señalan que las vacunas son un complot para exterminar a la humanidad, o que son hechas con inhumanos procedimientos en los que se utilizan fetos, o que al vacunarte te implantan un chip en el brazo para espiarte.

Más bien tenía miedo a los potenciales efectos secundarios de la vacunación. Y su profunda convicción en los métodos de sanación natural, la llevaron a creer que no era necesario vacunarse.

Este es su testimonio contado en primera persona.


Soy terapeuta alternativa. Cuando comencé a estudiar aprendí la técnica japonesa del reiki y ahora estoy trabajando con biomagnetismo, que es una terapia con imanes.

En mi círculo nos interesa todo lo que es natural, todo lo que tiene que ver con una visión holística de los seres humanos. Como me gusta aprender, he leído muchos libros sobre las vacunas y los efectos negativos que tienen en la salud.

Pero nunca fui de los que se dedican a satanizarlas, llevando las cosas a un extremo. En las redes sociales como Facebook o los grupos de Whatsapp, he visto muchos mensajes y videos de personas que se van al extremo y que hablan del uso de fetos en las vacunas, de que nos quieren dominar y convertirnos en zombies, o esa teoría de que cuando te vacunan te ponen un chip en el brazo.

Hombre recibiendo vacuna en Lima, Perú.

Getty Images
Jáuregui cuenta que las vacunas le daban miedo por sus potenciales efectos secundarios.

También hay otras personas en las redes que se dan cuenta que la ciencia y lo natural se complementan para que el ser humano tenga una vida saludable y equilibrada.

Yo era antivacunas porque conocía casos de personas que, antes de que llegara la covid, se habían vacunado contra otras enfermedades y habían sufrido efectos secundarios.

No quise vacunarme cuando hace años atrás apareció el virus del H1N1 y aquí en Perú hicieron campañas de vacunación. Pensaba que, como las vacunas tienen metales pesados, podían causar muchos efectos secundarios. Creo que por ahí viene el miedo. Las vacunas me daban miedo.

También pienso que influyeron todas las publicaciones que salían en las redes, cada una más fantástica que la otra, especialmente esa teoría de que la pandemia era un invento.

“Los hospitales estaban colapsados”

Al principio, cuando recién comenzó la covid en China y después en Europa, pensaba que era como algunos virus de transmisión sexual.

Pero cuando llegó aquí, empecé a tomar conciencia de lo que estaba pasando. Yo era muy cuidadosa con la desinfección y todos los cuidados que hay que tener para no contagiarse y no contagiar a otras personas.

Pacientes saliendo de la Villa Panamericana, Lima Perú.

Getty Images
Estas sobrevivientes de covid-19 van de regreso a su casa desde la Villa Panamericana en Lima, donde estuvo internada Indira Jáuregui.

Hice todo lo posible para evitar el contagio, incluso he sido exageraba con el tema del cuidado y de seguir los protocolos, pero al final me contagié en mi casa, con mi familia. Era julio del año pasado.

Cuando dimos positivo, llamamos a la línea 107 que tenemos aquí en Perú para los que tienen covid. Nos internaron a todos en la Villa Panamericana, unos departamentos que construyeron para los deportistas que vinieron a las Olimpíadas (Juegos Panamericanos de 2019).

Con la pandemia esa villa se convirtió como en un hospital para la gente con covid. Es que como los hospitales estaban colapsados, abrieron otros lugares para los enfermos. La Villa Panamericana era un lugar bien equipado y los médicos nos trataban muy bien.

El problema es que cuando me internaron, al tercer día empecé con una fiebre alta y se me elevó la presión. No comía, no podía comer. Un médico me dijo que si quería vivir, tenía que comer.

Como estaba empeorando, al sexto día me tuvieron que bajar a un lugar como un hangar donde tenían a los pacientes conectados al oxígeno. Ahí fue cuando trajeron un balón y me pusieron el oxígeno.

A medida que pasaba el tiempo me iban aumentando el oxígeno porque no mejoraba, hasta que el médico me dijo que tenía que pasar 17 horas boca abajo.

Yo, la verdad, es que soy gordita. Entonces para mi estar boca abajo era un suplicio. Todo se fue complicando en ese momento.

“Fue como enfrentarme a la muerte”

Para mí fue como enfrentarme a la muerte. Estaba boca abajo y me puse a pensar en mi vida. Pensé en lo que no hice y en lo que debí hacer. Me puse a pensar en mi familia, en el tiempo que no pasé con mi familia por estar trabajando. Pensé en los abrazos que no di, en las llamadas que no hice.

Toda mi vida pasaba por mi mente, desde la niñez hasta ese momento. Decía… “Dios mío, dame otra oportunidad”.

Indira Jáuregui

Indira Jáuregui
Pensé en los abrazos que no di, en las llamadas que no hice. Decía… “Dios mío, dame otra oportunidad”.

Mi mamá, en cambio, estaba vacunada con las dos dosis. Mis hermanas la llevaron a vacunarse y yo creo que a mi mamá la salvó la vacuna. Es que si no, mi mamá no hubiese superado la covid y no estaría aquí con nosotros.

Con esa experiencia me di cuenta de lo que estaba pasando y entendí que hay cosas que la ciencia sabe por qué las hace. Fui antivacunas y ahora me arrepiento. La covid casi me quita la vida, pero nunca fui como esas personas antivacunas extremas. Nunca fui una fanática que cree todo lo que le dicen.

Cuando volví a mi casa estaba convencida de vacunarme. Esperé los tres meses que hay que esperar y lo hice. Y ahora estoy esperando el tiempo para la vacuna de refuerzo. Aquí en Perú ya estamos con la tercera dosis.

Con el tiempo, creo que Dios me ha dado la razón de que fue bueno que cambiara de opinión, porque hace tres meses falleció mi tío Félix por covid y él nunca quiso vacunarse.

Conozco a varias personas que no quieren vacunarse. Cuando conversamos les pregunto, “¿qué es lo peor que te puede pasar?. Lo peor que te puede pasar es tener efectos secundarios, les digo, pero no te vas a morir”.

También les pregunto si quieren a su familia, a sus hijos. Les digo que si no quieren vacunarse por ellos mismos, que lo hagan por sus seres queridos.


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