Expediente Ayotzinapa: el testimonio de un médico revela que el Ejército hizo su investigación
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Manu Ureste

Expediente Ayotzinapa: el testimonio de un médico revela que el Ejército hizo su investigación

El médico narró paso a paso lo ocurrido la noche del 26 de septiembre en el Hospital Cristina y los posteriores interrogatorios que le hicieron militares que viajaron desde la Ciudad de México. Los resultados de esa indagatoria castrense no se conocen públicamente.
Manu Ureste
Por Arturo Angel
8 de octubre, 2015
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Marcha en la ciudad de México por el primer aniversario de la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa. //Foto: Manu Ureste

Marcha en la ciudad de México por el primer aniversario de la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa. //Foto: Manu Ureste

Un médico cirujano que intentó brindar atención médica a normalistas de Ayotzinapa la noche del 26 de septiembre en el Hospital Cristina, en Iguala, reveló que la Procuraduría de Justicia Militar integró una investigación propia sobre los hechos ocurridos esa noche en Iguala, y que él fue interrogado en dos ocasiones como parte de esa indagatoria.

En su declaración ante la Procuraduría General de la República (PGR), el médico narró los interrogatorios de los que fue objeto por parte del Ejército, uno de ellos dentro de la base del 27 Batallón de Infantería y otro ante el agente del Ministerio Público Militar.

Según lo referido por el cirujano, los militares le indicaron que por órdenes del secretario de la Defensa Nacional, Salvador Cienfuegos, y el Estado Mayor de la Defensa, se estaba “integrando un expediente” de investigación, y que por ello personal ministerial castrense se trasladó desde la Ciudad de México a Iguala.

Los interrogatorios hechos al médico se centraron en el encuentro que tuvieron los soldados del 27 Batallón de Infantería con el grupo de normalistas que se refugió en el Hospital Cristina la noche del 26 y madrugada del 27 de septiembre, tras haber logrado huir de una agresión que sufrieron a manos de policías municipales de Iguala.

En dichos testimonios, el cirujano narró –tal como lo hizo antes a la PGR– cómo los militares le impidieron inicialmente el paso a la clínica, la disculpa que le ofreció un capitán del batallón a los normalistas, y la presencia de civiles “bien vestidos” que luego preguntaron por uno de los estudiantes heridos.

Las revelaciones de lo que pasó en el Hospital Cristina y del interrogatorio que le hicieron los militares al cirujano se encuentran en el tomo 81 de los 83 que tiene la versión pública de la investigación que la PGR inició por la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa, y que Animal Político ha podido revisar gracias a una solicitud de transparencia.

Este expediente incluye el desarrollo de al menos cuatro averiguaciones previas que la PGR ha ido abriendo o acumulando como parte de los hechos ocurridos en Iguala, además de la que realizó inicialmente la Fiscalía de Guerrero. No está incluida ni se conoce hasta ahora públicamente el resultado de la averiguación que llevó a cabo la Procuraduría de Justicia Militar.

El Hospital Cristina fue visitado dos meses después por la PGR, pero el  lugar se encontraba cerrado y vandalizado, revela el acta de la diligencia ministerial incluida en una de las averiguaciones.

Los interrogatorios

El cirujano declaró que aproximadamente a las 2 de la mañana del 27 de septiembre, cuando los normalistas buscaron atención médica para uno de sus compañeros y los soldados del 27 Batallón que acudieron a revisar ya se habían ido del Hospital Cristina, llegó “súbitamente” una camioneta Toyota de doble cabina y modelo reciente a la clínica.

“En ella venía gente que se veía no era de Iguala, su forma de vestir era más elegante y el copiloto traía una laptop y al parecer venía tecleando algo. Uno de ellos preguntó con voz de autoridad en donde estaba el estudiante herido y cómo se llamaba. Le dije que no había preguntado su nombre. Luego de eso se fueron”, narró el médico.

El lunes 29 de septiembre, continuó el médico, un capitán del 27 Batallón que le había pedido sus datos la noche del incidente con los estudiantes se comunicó con él para indicarle que “altos mandos” de la Procuraduría de Justicia Militar que venían del Distrito Federal estaban investigando lo ocurrido y lo llamarían a declarar.

Dijo que aproximadamente a las 15 horas llegó al 27 Batallón de Infantería donde le ofrecieron primero de comer, lo que rechazó, y luego lo llevaron a una sala grande donde había una “mesa con 30 o 40 sillas” en donde había tres hombres que no estaban uniformados pero que se identificaron como agentes de Justicia Militar.

“Me pidieron que les relatara detalladamente los hechos del día 26 de septiembre del 2014, me hicieron varias preguntas y eran insistentes en la forma en como los soldados (que acudieron a la clínica) portaban las armas, como fue su forma de conducirse hacia mí y hacia los estudiantes. Dos de ellos tomaron nota todo el tiempo”, dijo.

El cirujano explicó que la declaración e interrogatorio duró aproximadamente 40 minutos,pero no le dieron nada para que la firmara. Unos días después el personal de la Procuraduría de Justicia Militar se comunicó de nuevo con él para indicarle que “el Estado Mayor de la Defensa y el general Cienfuegos” estaban al tanto del asunto e integrando el expediente.

Posteriormente, los militares le indicaron que su primer declaración se había recabado de manera informal y que era necesario que rindiera una nueva ante el agente del Ministerio Público Militar. La misma se realizó el 7 de octubre las 14 horas en el Hospital Cristina.

“Me recabaron la declaración en el Hospital, misma que sí firmé y le puse mis huellas a un costado de dicha declaración, además de que me solicitaron una copia de mi identificación. Yo pedí una copia de la declaración pero me comentaron que no era posible y que era una diligencia de carácter militar. Después de eso ya no supe más”, dijo el cirujano.

La noche en el Cristina

En su declaración ante la PGR el doctor describió, además de los interrogatorios del Ejército, los hechos ocurridos en el Hospital Cristina entre la noche del 26 y madrugada del 27 de septiembre de 2014.

Dijo que hasta antes de la noche, la jornada del viernes 26 de septiembre en la clínica había transcurrido en calma. Por la tarde prácticamente no se había presentado ningún paciente a consulta y la mayor parte del personal se retiró antes de las 9 de la noche.

Lo único extraño, recordó el médico, fue que después de las 8 pasaron varios autobuses a una velocidad considerable seguidos de patrullas y que se escucharon ruidos fuertes, pero que pensaron que eran cohetes y no disparos.

Ya al estar en su domicilio, aproximadamente a las 22:30 horas, el cirujano recibió una llamada de la enfermera de guardia quien le indicó que “personas extrañas habían tomado el hospital” y que exigían atención, por lo que decidió marcar al 066 para reportar a la policía lo ocurrido y dirigirse al nosocomio.

“Al llegar veo que el hospital está rodeado por el Ejército. Un militar se acercó y me dijo que no podía pasar ya que había un operativo. Le conté que trabajaba en el hospital pero aun así me impidió el paso y me quedé esperando (…) por una de las ventanas se veía el movimiento incluso en el piso de arriba de los militares”, dijo.

Luego de un rato –no precisa exactamente cuánto tiempo–, el cirujano se acercó de nuevo a la puerta principal donde el capitán que estaba al frente del grupo militar le pidió que se identificara y tras hacerlo, le permitió el pasar para que atendiera a uno de los jóvenes que estaba lesionado.

El cirujano describe que había aproximadamente 30 jóvenes entre ellos el que estaba lesionado en los labios al parecer por arma de fuego. De acuerdo con la versión del doctor, el joven en repetidas ocasiones se negó a que lo atendiera, a pesar de la petición de su maestro que estaba presente. El normalista estaba consciente y en pleno uso de sus facultades, según el doctor.

Tras completar la revisión en el hospital, el capitán que iba al frente del operativo reunió a los normalistas en la sala para explicarles por qué fue revisada la instalación, además de disculparse por haberlos “tratado como delincuentes”.

“Jóvenes, primero que nada quiero decirles que somos el Ejército y somos una institución que estamos para servirle a la sociedad y ante todo les pido una disculpa si se sintieron tratados como delincuentes pero entiendan que ustedes invadieron propiedad privada y tomaron posesión de unas instalaciones de manera poco convencional”: fue lo que dijo el capitán, según el cirujano.

Tras lo anterior los soldados se retiraron. El cirujano añadió que el estudiante herido seguía negándose a que lo atendieran y la ambulancia que los propios militares pidieron no llegaba, por lo que decidieron buscar un taxi para que lo llevaran al Hospital General de la ciudad.

“El primer taxi que paramos afuera del hospital dijo que tenía órdenes de no levantar a nadie y se fue sin más, pero a los 5 minutos pasó otro y aceptó llevárselo junto con su maestro”, declaró el cirujano.

El 4 de noviembre, personal de la PGR se trasladó a las instalaciones del Hospital Cristina, ubicado en la calle Juan Álvarez, para realizar una diligencia de investigación en las instalaciones; sin embargo, de acuerdo con el parte informativo el mismo ya estaba abandonado y hasta vandalizado.

En el documento, se detalla que las instalaciones lucían descuidadas lo que daba la impresión de que nadie se había presentado en días y las paredes tenían pintas con aerosol. Un vecino confirmo que la clínica ya no daba servicio luego de los incidentes del 26 de septiembre.

“Esta persona comentó que desde que ocurrieron los hechos de los estudiantes ahí en Iguala que el hospital estuvo un tiempo abierto, como una semana, pero que después lo cerraron porque se había puesto feo el ambiente sin conocer más del tema”, concluye el parte ministerial.

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COVID-19: el gráfico que te ayuda a evaluar el riesgo de contagio en una reunión social

Científicos de la Universidad de Oxford y MIT advierten que hay que considerar distintos factores como la ventilación del local o el volumen de voz de los asistentes, entre otros.
9 de octubre, 2020
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¿Cuán seguro es atender a un evento o reunión en medio de la pandemia de covid-19?

Con el número de casos todavía en aumento en todo el mundo, puede que te preguntes cuán prudente es asistir a esa reunión familiar o a ese cumpleaños que te invitaron.

Un estudio liderado por investigadores de la Universidad de Oxford, en Reino Unido, y del Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT, por sus siglas en inglés), en Estados Unidos, quiere ayudar al público a evaluar el riesgo en cada situación.

Para eso, idearon una tabla que clasifica el riesgo según la cantidad de asistentes, si usan o no mascarillas, la actividad que hacen (si hablan, cantan, gritan o están en silencio) y el nivel de ventilación del local.

El artículo original fue publicado en el British Medical Journal (Revista Médica Británica).

“El riesgo de infección está determinado por muchos factores y todos ellos están conectados. Aún no hay ningún estudio que determine el riesgo absoluto, pero queremos empoderar a la gente para que evalúe el riesgo relativo a cada situación“, dice a BBC Mundo Lydia Bourouiba, directora del laboratorio de dinámica de fluidos en la transmisión de enfermedades de Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT, por sus siglas en inglés) y una de las autoras del estudio.

Gráfico de evaluación de riesgo

BBC

Por ejemplo, si te invitan a un karaoke en un salón cerrado donde la gente estará gritando y cantando, lo recomendable es quedarse el mínimo tiempo posible y asegurarse de que habrá poca gente. Sin olvidarse de usar la mascarilla.

O quizás puedes sugerir una reunión con los mismos amigos en un sitio abierto, donde sea posible mantener una mayor distancia entre los asistentes. Evita la música alta para que no te veas obligado a gritar.

Distancia, ventilación y tiempo

Estudios más recientes muestran que los virus pueden dispersarse en gotitas en el aire hasta seis u ocho metros, dependiendo de la situación. Por eso, los investigadores argumentan en el artículo que los dos metros de distancia recomendados debe ser, en algunos casos, la distancia mínima – no la máxima – a mantener con alguien.

“La regla de los dos metros no consideraba el cuadro total de la exhalación de partículas suspendidas en el aire y de cómo estas se mueven. Hoy sabemos que no es solo porque mantienes esos dos metros de distancia que estás seguro”, dice Bourouiba.

Una mujer con mascarilla en la calle.

Getty Images
Si vas a un evento social, la mascarilla puede reducir el riesgo de contagio.

Ahí entran otros factores considerados en el gráfico, como la duración del evento o el tiempo que uno permanece en contacto con los asistentes.

¿Pero qué es exactamente un período corto o largo? Según la investigadora, aún es difícil contestar a esa pregunta.

“Algunas agencias de salud están considerando que más de 15 minutos es un período largo. Pero no hay justificación científica para apoyar esa cifra. Por eso decidimos no especificarlo en la tabla”, explica.

De la misma manera, definir si un evento tiene una ocupación alta o baja, según Bourouiba, no depende sólo de cuántas personas hay en local.

También es importante saber si hay suficiente aire fresco y que los asistentes no estén dentro de la zona de respiración ajena. Es decir, tiene que haber más de 25 centímetros de distancia entre la boca y la nariz de uno (que respira de forma normal) y del otro.

“Cada persona debe tener al menos 10 a 15 litros de aire fresco por segundo. No tenemos cómo calcular eso en nuestro día a día, pero esa es una medida importante para los dueños de espacios de eventos, de restaurantes, de oficinas, etc. Ellos tienen que saber si esos espacios necesitan ser ampliados o renovados”, advierte.

Restaurante

Getty Images
En un restaurante, por ejemplo, no basta con tener la ventana abierta, hay que tener en cuenta hacia dónde circula el aire, dice la experta.

Lo más importante, dice Bourouiba, es garantizar la circulación de aire limpio, de preferencia que venga de afuera. “No es suficiente con mover el aire, como hace un ventilador o el aire acondicionado. Hay que renovarlo para diluir las partículas que exhalamos en el aire nuevo.”

Por esa razón, es mejor estar en espacios abiertos o con ventanas que permitan que el aire circule. Y aún así, es importante fijarse en cómo circula.

“En un restaurante, por ejemplo, si hay clientes delante de una ventana abierta, el aire pasará siempre por esas personas llevándose consigo sus gérmenes y posiblemente transmitiéndolos a otras personas”, dice la investigadora del MIT.

¿Qué hacer en cada situación?

Según Lydia Bourouiba, se deben tener algunos cuidados básicos en cada situación de la tabla:

  • Riesgo bajo– Intenta mantener al menos dos metros de distancia y usa la mascarilla. “No porque estés a dos metros significa que puedes quitarte la mascarilla y no porque lleves la mascarilla significa que puedes estar más cerca de la gente”, dice.
  • Riesgo mediano – Sé más riguroso con la regla de los dos metros. Si es posible, toma un poco más de distancia dependiendo de los otros factores.
  • Riesgo alto – Dos metros debe ser la distancia mínima, aunque lo ideal es estar más alejado y usar una mascarilla de buena calidad.

“Sabemos que es complicado, pero intentamos organizar la información de manera que todo el mundo lo entienda, desde la familia que quiere organizar una barbacoa hasta el gerente de la oficina. Todos tendremos que manejar estas situaciones.”, concluye la científica.


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