Todos los estados ocultan en qué gastan su deuda: Fundar
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Todos los estados ocultan en qué gastan su deuda: Fundar

Ningún gobierno estatal informa de manera detallada en qué lo gastan. Pese al incumplimiento de la ley, ningún funcionario público ha sido sancionado hasta el momento.
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Por Nayeli Roldán
22 de octubre, 2015
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Foto: Cuartoscuro

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La Ley de General de Contabilidad Gubernamental obligó a todas las entidades a publicar la información financiera sobre activos, pasivos, ingresos, egresos y deuda a partir de 2008, sin embargo, es imposible que los ciudadanos conozcan esta información con claridad debido a que los gobiernos estatales sólo han publicado información de manera parcial.

El rubro más opaco es la deuda que los estados adquieren en el presupuesto anual, pues ningún gobierno estatal informa de manera detallada en qué lo gastan. Pese al incumplimiento de la ley, ningún funcionario público ha sido sancionado hasta el momento.

Estos son hallazgos del “Observatorio de la Ley General de Contabilidad Gubernamental 2014”, un análisis realizado por el Centro de Análisis e Investigación Fundar.

La investigación a cargo de Liliana Ruiz-Ortega incluyó el análisis de la iniciativa de Ley de Ingresos; la Ley de Ingresos; el Proyecto de Presupuesto de Egresos; el Decreto de Presupuesto de Egresos y las páginas de internet de las secretarías de Finanzas de los 31 estados del país y el Distrito Federal, durante agosto de 2014 a mayo de 2015.

Los estados tienen buenas prácticas de transparencia en varios rubros, pero en algunos casos sólo es de manera parcial. “Sí dan información, pero de manera general, no detallada. Sigue sin ser suficiente”, asegura la investigadora.

La investigación reveló que sólo 14 entidades reportan el destino de los recursos por concepto de deuda de manera general, es decir, no explican cuáles son los montos que corresponderían a las supuestas obras o proyectos. Se trata de Campeche, Chihuahua, Coahuila, Distrito Federal, Estado de México, Hidalgo, Jalisco, Michoacán, Nuevo León, Oaxaca, Sonora, Tamaulipas, Veracruz y Zacatecas. El resto de entidades ni siquiera menciona cuál sería el supuesto destino del dinero de la deuda.

Las entidades ni siquiera publican las iniciativas y leyes de ingresos, lo que dificulta saber cuáles son las fuentes de ingreso para los gobiernos. En algunos casos, como Baja California Sur, Chiapas, Distrito Federal, Guanajuato, Hidalgo, Nayarit, Nuevo León, Sonora, Veracruz y Zacatecas, publican una tabla con los montos de ingresos, pero “no es suficiente”, dice el estudio.

Un problema detectado por la investigadora son los “ingresos extraordinarios”, pues mientras algunos estados lo etiquetan como “convenios”, otros como “financiamiento”, pero no existe definición ni detalle de lo que significa.

Tampoco hay transparencia en los “subsidios y convenios de reasignación”, pues algunos estados que etiquetan este rubro dan poco detalle. Sólo registran un monto anual, pero “no sabemos qué convenios ni qué tipo de subsidios lo integran”.

Sobre los “proyectos plurianuales”, sólo Querétaro reportó un archivo específico, sin embargo, aunque se especifica el nombre del proyecto y una breve descripción, el detalle sobre los montos es ilegible. El resto de las entidades no presentan información al respecto, pero “no queda claro si es porque los estados no tienen este tipo de proyectos en el año respectivo o si es un problema de opacidad”.

Aunque la Ley General de Contabilidad Gubernamental obliga a que los gobiernos presenten la información de manera accesible a los ciudadanos, no hay un estándar entre los documentos de los estados.

“Muchos estados cumplen con la norma y enlistan los ingresos y egresos, pero no utilizan los documentos para realmente dar más información y explicación a los ciudadanos que no son expertos en los temas presupuestarios. No se presenta glosario de términos, explicación del proceso presupuestario o detalle sobre las prioridades presupuestales”, concluye el estudio.

Para Liliana Ruiz-Ortega, la ley es insuficiente para lograr una buena fiscalización y rendición de cuentas, y se requiere también del apoyo del Sistema Nacional de Fiscalización, el Sistema Nacional Anticorrupción y voluntad política.

Es importante que los estados rindan cuentas del gasto, pues una tercera parte del presupuesto federal se destina a las entidades. “La transparencia es un componente para que se gaste mejor”, afirma la investigadora.

¿Qué pasa si incumplen?

La Ley General de Contabilidad Gubernamental fue aprobada en 2008 para unificar la forma de presentar la información financiera de los tres niveles de gobierno (federal, estatal y municipal). Esto ayudaría a comparar datos y cifras entre los entes públicos de manera más efectiva.

En 2012, la ley se modificó y se le agregaron nuevas obligaciones a los entes públicos en materia de transparencia presupuestaria, es decir, dar más detalle y más información sobre variables como los ingresos, los gastos y la deuda de los gobiernos federal, estatal y municipal.

Todos debían tener el mismo sistema de contabilidad para elaborar los reportes de gastos e ingresos públicos; normas para registrar bienes e inmuebles y difundir información en sus páginas de internet. Si bien existen avances en algunos rubros, no se ha alcanzado la transparencia ni armonización en todo el país, según la investigadora de Fundar.

El Consejo Nacional de Armonización Contable (Conac)  es el órgano encargado de coordinar la armonización contable en el país y tiene la facultad de emitir normas, formatos, monitorear el avance y hacer recomendaciones. Está integrado por la Tesorera de la Federación, cuatro gobernadores y representantes de dos municipios, y de las Secretarías de Hacienda y de la Función Pública.

En caso de incumplimiento, las sanciones van de mil a 500 mil días de salario mínimo vigente en el Distrito Federal, es decir, de 70 mil 100 pesos a 35 millones de pesos, mientras que las penas de prisión van de los 2 a los 7 años a quien haya causado daño a la hacienda pública o patrimonio público.

Sin embargo, hasta el momento ningún funcionario público ha sido sancionado porque, en todo caso, los casos de alguna irregularidad tendrían que ser investigado por la Secretaría de la Función Pública que, en caso de ameritarlo, podría interponer una denuncia ante la autoridad judicial.

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Qué es la 'coronafobia', el miedo 'desadaptativo' que no nos protege del COVID

Los individuos con este miedo extremo tienden a experimentar un conjunto de síntomas fisiológicos desagradables desencadenados por pensamientos o información relacionada con esta enfermedad.
10 de enero, 2022
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Para el año 2030, la Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que los problemas de salud mental serán la principal causa de discapacidad en el mundo.

Según un informe del Ministerio de Sanidad español, el trastorno de ansiedad es el más frecuente: afecta al 6,7 % de población (8,8 % en mujeres, 4,5 % en hombres). Esta cifra alcanza el 10,4 % si se incluyen signos o síntomas de ansiedad.

Dentro de este espectro de problemas mentales, uno de los diagnósticos más frecuentes es el trastorno de ansiedad fóbica o fobia específica.

La última edición de Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (DSM V) define estos trastornos como la aparición de miedo o ansiedad intensa, inmediata (casi siempre) y desproporcionada ante objetos o situaciones específicas que, de forma general, no serían consideradas peligrosas y que, además, el paciente intenta evitar o resistir activamente.

El miedo “desadaptativo”, el que no nos protege

Las fobias tienen como punto de partida la emoción básica de miedo.

Normalmente, esta tiene una función eminentemente adaptativa para la supervivencia. Permite detectar amenazas inminentes reales y generar una respuesta apropiada frente a las mismas.

Sin embargo, cuando dicho miedo interfiere de forma negativa en el funcionamiento cotidiano de la persona en alguno de los ámbitos de su vida por ser persistente, desproporcionado, irracional e infundado, pierde su carácter adaptativo.

De hecho, la quinta edición del Manual Diagnóstico y Estadístico de Trastornos Mentales (DSM V), de la Asociación Estadounidense de Psiquiatría, contempla el siguiente criterio diagnóstico para la fobia: el miedo, la ansiedad o la evitación causa malestar clínicamente significativo o deterioro en lo social, laboral u otras áreas importantes del funcionamiento.

Y esta es precisamente la característica fundamental que convierte a la fobia en un problema de salud mental.

La pandemia, un caldo de cultivo para las fobias

La pandemia de covid-19 ha erosionado la salud mental de una gran parte de la sociedad.

Del mismo modo, en personas vulnerables o con predisposición ha supuesto un aumento alarmante de los trastornos mentales. Los más prevalentes son la depresión y la ansiedad.

De forma más concreta, cualquier situación alarmante o catastrófica (como una pandemia) supone el caldo de cultivo perfecto para la aparición de trastornos relacionados con el miedo excesivo.

niños en la escuela

Malte Mueller/Getty Images
Las medidas de contención y el aislamiento social han perjudicado la salud mental de muchas personas.

Así, diversos estudios que han evaluado brotes previos de enfermedades infecciosas como la gripe española de 1918 o el brote de ébola en África Occidental en 2014 han asociado estos a respuestas cognitivas, afectivas o conductuales desproporcionadas frente a cualquier aspecto asociado a las mismas.

Son destacables aspectos como el riesgo de infección a través del contacto físico o los espacios cerrados, la muerte o infección de seres queridos, las medidas de contención, el aislamiento social y la soledad, la pérdida masiva de empleo o la inestabilidad financiera, entre otros.

En este contexto, sabemos que no todo el mundo tiene la misma posibilidad de desarrollar una fobiaante un determinado evento desencadenante. Dependerá de la presencia de factores genéticos y ambientales, además de otros factores específicos de cada tipo de fobia.

Por ejemplo, en el caso de las fobias asociadas a las pandemias (como la de covid-19), se ha visto que las variables de diferencia individual como la falta de tolerancia a la incertidumbre, la vulnerabilidad percibida a la enfermedad o la propensión a la ansiedad parecen desempeñar un papel fundamental.

Fobias asociadas al confinamiento

La medida del confinamiento impuesta en prácticamente todos los países al inicio de la pandemia llevaron a un aislamiento.

Esto se ha traducido en una reducción drástica del contacto físico y social y una afectación de la salud mental. En este proceso también participaron las restricciones en el ocio y tiempo libre.

Las consecuencias de ello han sido diversas en relación a la salud mental de las personas.

Por un lado, asociado directamente al aislamiento social destaca la agorafobia, un trastorno de ansiedad fóbica en el que la persona experimenta un miedo intenso ante lugares o situaciones de los cuales sería difícil huir o pedir ayuda en caso de urgencia.

Por otro lado, el aislamiento también puede llevar asociada una afectación negativa de las habilidades sociales, con una mayor propensión a la fobia social.

ilustración: confinamiento

Malte Mueller/Getty Images
El confinamiento puede dejar una huella psicológica.

El grupo poblacional que más se ha visto afectado son los adolescentes. En este caso, el miedo se da ante situaciones sociales en las que el individuo está expuesto al posible examen por parte de otras personas.

“Coronafobia” y otras fobias asociadas al contagio

A un lado, una de las fobias que la actual pandemia ha generado de forma específica es la conocida como ‘coronafobia’, una ansiedad excesiva a contraer el covid-19.

Así, los individuos con este miedo extremo tienden a experimentar un conjunto de síntomas fisiológicos desagradables desencadenados por pensamientos o información relacionada con esta enfermedad.

Esta fobia es realmente incapacitante en la medida en que está fuertemente relacionada con el deterioro funcional y la angustia psicológica y, por tanto, tiene importantes implicaciones para el bienestar mental.

Asimismo, relacionado con el miedo excesivo al contagio, es destacable el trastorno obsesivo compulsivo (TOC), otra alteración relacionada con la ansiedad cuyos síntomas pueden verse exacerbados en el contexto del covid-19.

El DSM V define el TOC como la presencia de obsesiones, compulsiones o ambas.

ilustración: mujer con mascarilla

Malte Mueller/Getty Images
El miedo al contagio es más dañino para algunas personas que el contagio en sí mismo.

En primer lugar, las obsesiones son pensamientos, impulsos o imágenes recurrentes y persistentes no deseadas. Por ejemplo, en el contexto de la pandemia, la idea de contagiarse o de contagiar a los seres queridos.

En segundo lugar, las compulsiones pueden aparecer para hacer frente al malestar generado por las obsesiones en forma de comportamientos repetitivos que la persona aplica de manera rígida.

Por ejemplo, lavarse las manos con frecuencia se ha planteado como una medida de prevención más frente a la infección.

Sin embargo, esta conducta suele ser una compulsión frecuente del TOC asociado a la contaminación.

Así, esta acción que es adecuada y saludable (no solo en época de pandemia si no de forma general) puede convertirse en la base del aumento de la prevalencia del TOC asociado al covid-19 en este caso.

Evaluación de la coronafobia

La coronafobia es un problema relativamente nuevo dado que se trata de una fobia específicamente asociada al covid-19.

No obstante, existen estudios sobre fobias relacionadas con otras enfermedades infecciosas como se ha comentado anteriormente.

ilustración: terapia covid

Malte Mueller/Getty Images
Los psiquiatras están desarrollando herramientas para evaluar la coronafobia.

Debido a ello, y siguiendo las recomendaciones de la Asociación Estadounidense de Psiquiatría (APA), se están desarrollando herramientas con propiedades psicométricas válidas para un correcto diagnóstico de este trastorno en auge.

Un ejemplo de este tipo de instrumentos de evaluación es la Escala de Fobia COVID-19.

Esta ha demostrado validez convergente y discriminante así como consistencia interna. Además, ha sido validada en poblaciones de diferentes partes del mundo como Estados Unidos, Corea e Irán.

Dada la situación tan alarmante asociada a la pandemia que se mantiene a largo plazo de manera más o menos latente, este tipo de instrumentos son fundamentales.

No solo son importantes para diagnosticar nuevos casos específicos de coronafobia, sino también por la posible exacerbación de la sintomatología de pacientes en tratamiento.

O, incluso, por las recaídas que puedan presentar antiguos pacientes que ya habían sido dados de alta.


*Aránzazu Duque Moreno es doctora en Neurociencias, directora del Grado en Psicología y Secretaria de la Cátedra de Humanización de la Asistencia Sanitaria y miembro del grupo de investigación Psicología y Calidad de Vida en la Universidad Internacional de Valencia (España).

*Basilio Blanco Núñez es personal docente investigador de la Facultad de Ciencias de la Salud de la Universidad Internacional de Valencia (España).

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation y se publica en BBC Mundo bajo licencia Creative Commons. Puedes leer la versión original aquí.


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