Exfuncionarios Línea 12: sin trabajo y al borde del embargo
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Exfuncionarios Línea 12: sin trabajo y al borde del embargo

A un año de que fueran suspendidos por anomalías en la línea la mayoría de las acusaciones en su contra han sido revocadas por los jueces y otros procesos no tienen ningún avance. Diez de los sancionados tienen 33 procesos contra ellos, ninguno de ellos exitoso. “Fuimos chivos expiatorios y ahora nos morimos de hambre…”, dice uno de ellos.
Cuartoscuro
Por Arturo Angel
3 de noviembre, 2015
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Se han realizado 350 pruebas desde la terminal en Mixcoac hasta la estación Perférico Oriente y “hemos comprobado que está funcionando perfectamente bien todo”, dijo el director del Metro. // Foto: Cuartoscuro.

Se han realizado 350 pruebas desde la terminal en Mixcoac hasta la estación Perférico Oriente y “hemos comprobado que está funcionando perfectamente bien todo”, dijo el director del Metro. // Foto: Cuartoscuro.

El pasado viernes 23 de octubre, el actuario de la Tesorería tocó a la puerta del arquitecto Américo Fernández. Consigo llevaba un oficio para ejecutar el pago inmediato de una multa de casi medio millón de pesos impuesta por la Contraloría o, en su defecto, proceder con el embargo de sus bienes. “Ya sabe cómo es esto y a qué vengo”, le dijo.

En el último mes, una decena de exfuncionarios del llamado Proyecto Metro –que participaron la construcción la Línea 12 y luego fueron sancionados– han recibido la visita de estos actuarios con el aviso de que deben pagar o perderán sus bienes. Esto a pesar de que ninguna de las acusaciones hechas hace casi un año en su contra ha prosperado.

De 33 procesos iniciados en contra de esos funcionarios sancionados, una docena fueron anulados en los tribunales y el resto sigue en proceso. En ningún caso la responsabilidad de los sancionados ha quedado demostrada, pero las apelaciones del gobierno continúan alargando los juicios.

En el caso del arquitecto José Américo Fernández, la orden que llevaba el actuario era para ejecutar la multa impuesta en un proceso que ni siquiera la misma Contraloría General ha ratificado, luego del recurso de revocación que el arquitecto interpuso contra su sanción. Esta sería la quinta acusación porque las otras cuatro ya las ganó en los juzgados.

Fue entre octubre y diciembre de 2014 cuando la Contraloría del Gobierno del Distrito Federal decidió suspender a más de 30 funcionarios del Proyecto Metro, tras el escándalo por el mal funcionamiento de la Línea 12 que obligó a que el servicio se suspendiera en la mitad de las estaciones.

Aunque a la postre se confirmó que el problema de la línea era la incompatibilidad de los trenes con las vías, y que instancias como el Colegio de Ingenieros Civiles confirmaron que la obra civil no tenía ningún problema, la contraloría impuso múltiples sanciones contra funcionarios por aspectos como imprecisiones en el tamaño de ventanas construidas o pagos inflados de algunos materiales.

Un año después, ni los procesos civiles ni penales que se iniciaron se han resuelto, y muchos de ellos incluso y fueron revocados por los jueces, tras confirmarse que las irregularidades no existían o eran responsabilidad de otras personas

Pero los funcionarios continúan inhabilitados y estigmatizados públicamente como “los responsables del desastre de la Línea 12”, sin poder conseguir trabajo, y ahora con el riesgo de perder los bienes que aún les quedan.

Castigo sin condena

Tras una auditoría practicada a la construcción de la Línea 12, la Contraloría General del Gobierno del DF decretó sanciones a prácticamente todos los funcionarios del órgano descentralizado llamado Proyecto Metro que participaron en la obra, a pesar de que la mayoría no tuvo poder de decisión sobre el tipo de trenes o vías que se instalarían.

Las multas impuestas a los arquitectos, ingenieros y burócratas fueron en casi todos los casos millonarias. Desde pagos de los 300 o 400 mil pesos hasta algunos que superaban los miles de millones de pesos. Además se dictaron sanciones de inhabilitación por varios años y denuncias en la Procuraduría General de Justicia del DF.

Animal Político recibió de parte de 10 de los funcionarios sancionados la relación de los 33 procesos administrativos que se han iniciado en su contra y el estatus actual en el que se encuentran.

Se trata de los procesos iniciados en contra de los arquitectos e ingeniero José León Américo Fernández Villaseñor; Salvador Trejo Nava, Héctor Rosas Troncoso, Juan Manuel mora Sanabria, Noé Quiroz González, Antonio Escobedo Maciel, Sergio Vázquez Galicia, Joaquín Jesús Sánchez Loaeza, Arturo Ávila Ruíz y José Gerardo Verdeja Alatorre.

En el caso de 12 de ellos, los jueces del tribunal de lo contencioso ya resolvieron la nulidad de las sanciones lo que obligó a la Contraloría a interponer apelaciones. Ocho procesos más siguen a la espera de la sentencia inicial.

Respecto a los 13 procesos restantes, la Contraloría ni siquiera ha confirmado si mantiene la sanción luego de que los afectados interpusieron –como es su derecho– un recurso de revocación a la sanción que les impuso. Este impasse impide que los afectados puedan llevar aun el proceso al tribunal de lo contencioso.

Pero lo que no impidió esta falta de resolución de la Contraloría fue que el Gobierno del Distrito Federal, a través de la tesorería, comenzara a presionar a los afectados para el pago de las multas que se les impusieron. Ese fue el caso del arquitecto Américo Fernández, a quien le fijaron una multa de 420 mil pesos por supuestas irregularidades en ventanas y puertas de obras secundarias.

“Vino el actuario a quererme hacer el cobro y bueno, una cosa increíble. Por supuesto exhibí los papeles del recurso de revocación que interpuse ante la misma Contraloría el cual no me han respondido. Pero ahí estuvo la intimidación, la amenaza del embargarnos y quitarnos lo poco que nos queda”, dijo en entrevista.

Animal Político pudo revisar el documento que el arquitecto recibió en la puerta de su casa de parte del actuario Filiberto García, así como del acta de requerimiento del pago. Ahí se describe la posibilidad del embargo.

“Apercibir al deudor de que de no demostrar en el acto, haber efectuado el pago del crédito fiscal, se procederá a embargar bienes de su propiedad para hacer efectivo el crédito, generándose además los gastos de ejecución correspondientes”, se lee en el referido oficio DEC/DCC/SCL/UDCCL-C/2015/23657.

De acuerdo con la Unión de Ingenieros y Arquitectos por la Reivindicación Profesional, que agrupa a varios de los sancionados por la Línea 12, hasta ahora cerca de una decena de exfuncionarios han recibido estas notificaciones de cobro y embargo por procesos que se mantienen impugnados.

“Nos tienen muertos de hambre…”

El pasado 28 de octubre el jefe de gobierno Miguel Ángel Mancera encabezó la reapertura de cinco estaciones de la Línea 12 del Metro que estuvieron cerradas más de un año por las obras de reparación de la misma. Con ello, se dijo, comenzó el proceso para poner en marcha nuevamente la operación normal de la línea

Pero para los funcionarios sancionados nada ha vuelto a la normalidad desde el momento en que públicamente se les acusó de ser los responsables del mal funcionamiento de la línea.

“Muchos ya obtuvimos sentencias favorables incluso en las apelaciones. El problema es que esto no se hace público, no tenemos eco. De nosotros sólo se conoce lo que la Contraloría quiso en su momento y no lo que pasó después (…) y aquí seguimos estigmatizados, sin trabajo… luchando con un aparato gubernamental que nos tiene muertos de hambre”, dijo el ingeniero Joaquín Sánchez.

El daño, agregó Sánchez, ha sido en todos los sentidos: laboral, familiar, personal, económico, en la salud. Las múltiples apelaciones que el gobierno capitalino interpone en contra de las sentencias favorables, o los casos que mantiene abiertos retardando los recursos de los ex funcionarios, amenazan con extender años estos procesos.

“Mientras tanto es imposible que consigamos trabajo. En el gobierno nos tienen inhabilitados y en las empresas privadas tampoco nos quieren por la forma como nos exhibieron. No nos dicen nada pero nunca nos vuelven a llamar por trabajo, aun cuando les enseñamos las sentencias que hemos ido obteniendo todas favorables”, agregó.

El ingeniero Héctor Rosas, que ya obtuvo sentencias que anularon 3 de los 4 procesos de sanción que en su momento le iniciaron, insistió en el hecho de los temas de los que los acusaron, aun con pruebas que luego se cayeron, fueron ajenas al real problema de la línea.

“Desde agosto de 2014 ya se sabía cuáles eran la causas de las fallas sobre la incompatibilidad del tren con riel y la mayoría de los que estamos sancionados no tuvimos nada que ver con esos temas. Nos metieron injustamente en un tema que no nos correspondía y no existió ni el principio de presunción de inocencia”, señaló.

El arquitecto Fernández acusó que él y sus compañeros sirvieron como “chivos expiatorios” en el problema de la Línea 12, lo que se llevó al traste 30 años de experiencia construyendo líneas del metro y sumergiéndolos en una situación crítica en casi todos los sentidos de su vida.

A pesar de que no tenemos ingresos, agregó, “seguimos defendiéndonos como podemos contra toda la maquinaria del gobierno. Un gobierno al que le dimos todo y de buenas a primeras decidió desecharnos. Ahora aquí estamos, con temor de perder lo que nos queda. Como si fuéramos pavos navideños… a ver a qué hora nos sacrifican”.

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Qué he aprendido como voluntario en los ensayos de la vacuna de Oxford contra la COVID

Uno de los voluntarios del ensayo a gran escala de la vacuna de la Universidad de Oxford, una de las candidatas más prometedoras para combatir al nuevo coronavirus, contó a la BBC su experiencia.
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31 de julio, 2020
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La vacuna desarrollada por la Universidad de Oxford (Reino Unido) contra la COVID-19 hasta ahora ha arrojado resultados descritos como “prometedores. Richard Fisher es uno de los voluntarios que fue inoculado con esta vacuna experimental. Este es su relato.

Estoy en la sala de espera de un hospital y mi respiración empaña mis lentes. Minutos antes corría por la calle en un día de mucha humedad para no llegar tarde a la cita. Médicos y enfermeras me dejaron atrás con su paso apresurado y eso me hizo pensar que no tengo un gran estado físico.

La última vez que estuve en el Hospital St George, en el sur de Londres, fue para el nacimiento de mi hija. Ahora se siente muy diferente. Puedo oler a través de mi mascarilla la lejía usada para limpiar los pisos y el asiento junto a mí está cubierto con cinta para mantener el distanciamiento físico.

Dos trabajadores del hospital con tapabocas y protección personal se aproximan con un cartel que dice:Ensayo de la vacuna”, como si fueran taxistas aguardando pasajeros en la zona de arribos de un aeropuerto.

El cartel es para mí. Los sigo lentamente como en una procesión, dos metros detrás, mientras ellos conversan.

Estoy aquí para evaluar si puedo ser voluntario en uno de los ensayos de la vacuna ChAdOx1 nCoV-19. En las semanas siguientes sabré qué se siente participar en uno de los mayores esfuerzos para combatir la pandemia.

De todos los ensayos de vacunas candidatas, el de Oxford es uno de las más avanzados.

El 20 de julio los investigadores de Oxford anunciaron resultados iniciales prometedores, basados en un ensayo con 1.077 personas. La vacuna, según esos datos, es segura y genera una respuesta del sistema inmunológico.

“Aún queda mucho trabajo por hacer… pero estos resultados iniciales son prometedores“, afirmó Sarah Gilbert, la científica que lidera el ensayo.

Los resultados definitivos solo se conocerán con la fase 3 del ensayo clínico, en la que participan miles de voluntarios en Reino Unido, Brasil y Sudáfrica.

Es para esta etapa a gran escala que yo me presenté como voluntario.

Evaluación

Mi travesía hasta aquí comenzó una noche de mayo, cuando vi un tuit de un filósofo de la Universidad de Oxford sobre un ensayo para una vacuna. Él se había presentado como voluntario.

Mientras mi esposa dormía junto a mí decidí llenar el formulario para postular como voluntario y me olvidé del asunto.

Unas semanas después, aquí estoy, en una sala de neurología destinada ahora al ensayo de la vacuna, mientras veo en una pantalla a uno de los científicos de Oxford, Matthew Snape, explicando la base científica de las pruebas y los posibles efectos secundarios.

En total habrá 10,000 voluntarios y nos dividirán al azar en dos grupos, afirma Snape. Uno recibirá una vacuna que no ofrece ninguna protección contra el nuevo coronavirus y otro será inoculado con la vacuna de Oxford.

Investigadora en el laboratorio

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La vacuna de Oxford utiliza una versión atenuada de un virus de la gripe que infecta a los chimpancés.

La vacuna utiliza una versión atenuada de un virus de la gripe que infecta a los chimpancés.

Es una técnica en la que los científicos de Oxford ya venían trabajando antes de la pandemia para combatir el Síndrome Respiratorio de Oriente Medio (MERS) y el ébola. Por eso pudieron avanzar tan rápidamente cuando reenfocaron su trabajo en respuesta a la COVID-19.

Snape explica cómo desarrollaron la vacuna. Primero tomaron el virus que ataca a los chimpancés y lo modificaron genéticamente para que no ataque a los humanos.

Luego le incorporaron genes que codifican proteínas del virus de la COVID-19 llamadas glicoproteínas. Los científicos esperan que esas proteínas generen la respuesta inmunológica necesaria para vencer al nuevo coronavirus.

El grupo que no recibirá esta vacuna será inoculado con otra vacuna llamada MenACWY (también Nimenrix o Menveo), que se utiliza para combatir la meningitis y la sepsis.

Esta es la vacuna “de control” que permitirá comparar los efectos de aquella contra el coronavirus.

Los científicos eligieron para el grupo de control una vacuna en lugar de cualquier placebo por un motivo claro: asegurarse de que todos los voluntarios experimenten los efectos secundarios de una inoculación y no puedan deducir en qué grupo se encuentran.

La vacuna MenACWY se ha usado en adolescentes en Reino Unido desde 2015. También se ofrece a quienes viajan a zonas de alto riesgo de infección, como África subsahariana. Y Arabia Saudita exige certificados de vacunación con MenACWY a todos los participantes de la peregrinación anual a la Meca.

Luego de ver el video me preguntaron en detalle por mi historia médica o cualquier síntoma previo de COVID-19. Me tomaron muestras de sangre y tuve que firmar un documento que estipula varias obligaciones: permitiré, por ejemplo, que publiquen fotos de mi brazo inoculado y no donaré sangre. Las mujeres también deben comprometerse a usar anticonceptivos durante el ensayo.

Logo de la Universidad de Oxford tras una jeringa

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“Aún queda mucho trabajo por hacer”, afirmó Sarah Gilbert, la científica que lidera el ensayo de Oxford.

Volví a casa sintiéndome más informado, pero también un poco más nervioso que antes.

Como en cualquier ensayo clínico, los voluntarios debemos estar al tanto de los potenciales efectos secundarios, desde los más suaves (náusea, dolores de cabeza, etc.) hasta los más severos (como el síndrome de Guillain-Barré, que puede causar parálisis y ser fatal).

Sé que los riesgos del ensayo son menores, pero debo confesar que leer de una vez la lista de posibles efectos secundarios es abrumador.

También nos informaron sobre “posibilidades teóricas” de que la vacuna agrave los síntomas de la COVID-19.

Algunos estudios señalan que animales que recibieron vacunas experimentales contra el Síndrome Respiratorio Agudo Severo (SARS) mostraron mayor inflamación en sus pulmones. Algo similar ocurrió en ensayos con ratones de vacunas experimentales contra MERS.

Ensayo con vacuna en un laboratorio

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El 20 de julio los investigadores de Oxford anunciaron resultados iniciales “prometedores”, pero con solo 1.077 personas.

Pero esos efectos no fueron observados en las pruebas con animales de la vacuna de Oxford.

Me tranquiliza saber que miles de personas ya fueron vacunadas en etapas previas del ensayo y no sufrieron consecuencias severas, tal como confirma el estudio publicado en la revista The Lancet el 20 de julio.

(Y quiero dejar absolutamente en claro que ninguno de los posibles efectos secundarios justifica los argumentos sin fundamento del movimiento antivacunas).

Día de la vacunación

Una semana después, el 3 de julio, volví a la misma sala del Hospital St George donde tuve mi primera evaluación. Se supone que es el día de la inoculación, pero me preocupa la posibilidad de que me dejen fuera del ensayo.

La doctora, Eva Galiza, abandonó la habitación hace 10 minutos y aún no ha regresado. Poco antes me explicó que era el último día del ensayo en St George y que se estaban quedando sin vacunas.

Galiza es investigadora en vacunas pediátricas. Para asegurar que los resultados del estudio sean confiables, tanto los médicos como los voluntarios ignoran si la vacuna inyectada es contra el coronavirus o es la de control.

Cuando Galiza abandona la habitación me quedo a solas con mis pensamientos. En Inglaterra, donde vivo, es el día antes del levantamiento de muchas reglas de confinamiento y se permitirá la reapertura de comercios, desde peluquerías hasta bares.

Frascos de medicación

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“La tarea más difícil es la del organismo regulador que deberá decidir si la vacuna es segura y se usará con el público”, afirmó John Bell, profesor de medicina de la Universidad de Oxford.

Pienso en amigos y familiares en otras partes del mundo, cada uno viviendo etapas diferentes de esta pandemia. Mientras algunos países celebran haber controlado las infecciones, otros siguen en una curva ascendente de muertes.

El año pasado viví en Massachusetts. El día de mi cita en St George las noticias desde Estados Unidos eran desalentadoras, con más de 40,000 nuevos casos de infección diarios.

También escuché las últimas cifras de Brasil, a donde un amigo y su esposa regresaron allí recientemente. El número de nuevos casos diarios en este país sudamericano se acercaba a 1,5 millones.

Los brotes de Brasil son la razón por la que los investigadores de Oxford expandieron sus ensayos para incluir a voluntarios en Rio de Janeiro, Sao Paulo y otra localidad en el norte del país. También incluirán voluntarios en Sudáfrica.

Investigadora brasileña voluntaria del ensayo de la vacuna de Oxford en Brasil

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El ensayo de la vacuna de Oxford fue expandido para incluir a miles de voluntarios en Brasil y Sudáfrica.

La triste verdad es que es menos probable que un voluntario como yo en Reino Unido pueda ayudar a los científicos a determinar la eficacia de la vacuna. Aquí, al menos por ahora, estoy menos expuesto a una posible infección que alguien en Brasil o Sudáfrica, donde la pandemia sigue extendiéndose.

Por el bien de todos, algunos de los 10,000 voluntarios del ensayo deberán entrar en contacto con el virus.

Cuando Galiza regresa a la habitación lleva un vial en su mano. No puedo ver su rostro detrás de su mascarilla, pero sus ojos sonríen. Luego de semanas de espera y tras una breve inoculación, la vacuna finalmente circula en mi sangre.

Hay 50% de probabilidades de que me hayan inyectado la vacuna de Oxford y 50% de que haya recibido la vacuna de control, y no sabré cuál de ellas me tocó hasta el final del ensayo.

Hisopos y esperas

Luego de la inoculación vino la etapa de la larga espera. Todos los voluntarios fueron divididos en pequeños grupos para monitorear posibles síntomas.

En mi caso, siete días después de recibir la vacuna, debo frotar mis amígdalas con un hisopo por 10 segundos. Luego debo colocar el mismo hisopo en un orificio nasal y llevarlo lo más arriba posible. He leído que si haces esto correctamente, debes sentir que prácticamente estás “rozando tu cerebro”. Creo que esa imagen es un poco exagerada, pero debo confesar que esta prueba no es algo agradable.

Luego de tomar la muestra, debo colocarla en una bolsa sellada que va en una caja también sellada que dice: “Sustancia biológica categoría B”, y despacharla en buzones especiales de correo para “envíos prioritarios”.

El servicio fue introducido recientemente para facilitar los tests de COVID-19. Pocos días después recibí un mensaje de texto diciéndome que mi test de coronavirus había dado negativo.

Además de hacer el hisopado, debo llenar un formulario con preguntas sobre mi comportamiento en la semana previa. ¿He usado el transporte público? ¿Con cuántas personas que no viven en mi hogar he pasado más de 5 horas?

Repetiré esta rutina semanal durante al menos cuatro meses. Y me tomarán muestras de sangre en el hospital hasta fines del año que viene.

Buzón en una calle de Londres

Richard Fisher
El correo brtiánico instaló buzones prioritarios para el envío de muestras de voluntarios y tests de COVID-19.

Esta etapa prolongada y necesaria es la que muchas personas, incluyendo varios políticos, no entienden. No puedes invertir grandes sumas de dinero para acelerar este proceso.

La vacuna de Oxford ha mostrado ya resultados prometedores, pero solo en unas mil personas. Aprobar el uso de una vacuna para millones de personas requiere un nivel de confianza que solo puede obtenerse con paciencia y muchos más datos.

Algunos trabajadores de la salud recordarán varios casos trágicos de ensayos. En 1976, por ejemplo, debido a temores de un nuevo brote de gripe A (H1N1) o gripe porcina, el gobierno estadounidense aceleró los ensayos de nuevas vacunas y millones de personas fueron inoculadas.

La temida pandemia nunca llegó, pero se estima que cerca de 30 personas murieron por efectos secundarios adversos. Esos errores pueden haber contribuido al crecimiento del movimiento antivacunas.

Las autoridades de la salud con competencia para aprobar o rechazar las vacunas candidatas tienen en sus manos una enorme responsabilidad.

Tal como dijo en un programa de la BBC el científico John Bell, profesor de medicina de la Universidad de Oxford, no podemos darnos el lujo de esperar a la evidencia definitiva que se requeriría normalmente en ensayos clínicos de este tipo.

La tarea más difícil es la del organismo regulador que debe decidir si la vacuna es segura y se usará con el público. Si dice que sí, habrá una fila de tres mil millones de personas que quieren esa vacuna. Yo no querría ese trabajo”, afirmó Bell.

Otro factor importante es que la vacuna aprobada puede no ser la panacea que la gente espera. En otras palabras, es posible que la vacuna no elimine completamente el virus, sino que solamente mitigue sus efectos.

Esta protección es valiosa, pero suceda lo que suceda con los ensayos, debemos aceptar que se trata de un problema de largo plazo y que el virus podría estar con nosotros para siempre.

En mi caso en particular, pensar que hay una probabilidad del 50% de que haya recibido una vacuna prometedora me da una cierta tranquilidad, pero no me hará cambiar mi comportamiento. Los investigadores explicaron esto claramente.

Hasta que sepamos con certeza que hay una vacuna efectiva, continuaré respetando las reglas de distanciamiento físico para proteger a mi esposa, mi hija, el resto de mi familia, mis amigos y todas las personas con las que me cruce en la calle.

Voluntario siendo vacunado en Sudáfrica

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Un voluntario recibe la vacuna de Oxford en Sudáfrica. Confirmar la efectividad de la vacuna para prevenir infecciones requiere probarla en países con un alto número de casos.

Me da satisfacción tener la oportunidad de jugar un rol muy pequeño, junto a otros 10.000 voluntarios, en un ensayo que tiene en vilo al mundo.

La rapidez con que los científicos de Oxford respondieron a la crisis y su gran compromiso me impresionan.

Antes de la pandemia, muchos de estos médicos e investigadores trabajaban en distintos campos relacionados con el desarrollo de vacunas, alentados por su curiosidad o una misión individual. Nunca pensaron que de ellos dependerían las expectativas de miles de millones de personas.

Tal vez los ensayos de la vacuna de Oxford no den los resultados que muchos esperan. Podría ser que no cumpla en definitiva los requisitos de seguridad y eficacia necesarios para combatir la pandemia.

Pero así es como funciona la ciencia, en un desarrollo a largo plazo, colectivo y que puede tener resultados negativos. Nunca había valorado tanto como ahora la importancia de ese proceso.

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