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Conciliador de ‘bajo perfil’ del Cártel de Sinaloa: Juan José ‘el Azul’ Esparragoza

Es identificado en Estados Unidos como el capo que por décadas ha buscado terminar con las grandes disputas violentas entre cárteles. Se han esparcido rumores sobre su muerte, pero ninguna autoridad ha podido confirmarla.
Por Tania L. Montalvo
13 de enero, 2016
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Juan José Esparragoza Moreno, alias “El Azul”.

Juan José Esparragoza Moreno, alias “El Azul”.

Juan José ‘el Azul’ Esparragoza Moreno ha estado tres veces en prisión. En cada ocasión, su detención se debió a delitos vinculados a las drogas y siempre consiguió su libertad por la vía legal. Aunque han corrido rumores sobre su muerte en 2014, ninguna autoridad ha podido confirmarla y continúan en su búsqueda.

El papel del ‘Azul’ en el negocio de la droga es mucho menos conocido que el de sus compañeros en el Cártel de Sinaloa —Joaquín ‘el Chapo’ Guzmán o Ismael ‘el Mayo’ Zambada—, pero con ellos también comparte el ser reconocido como uno de los grandes narcotraficantes del mundo.

En Estados Unidos, durante la década de 1990 y 2000 se le conoció como el ‘peacemaker’, el conciliador; pues reportes de inteligencia indicaban que fue quien organizó diferentes encuentros para acabar con las disputas violentas entre el Cártel de Sinaloa, el Cártel de Juárez, el Cártel de Tijuana y el Cártel del Golfo.

El Departamento de Estado y el de Justicia estadounidense reconocen su influencia en los estados de Sinaloa y Jalisco; y su poder para el tráfico de mariguana, metanfetaminas y cocaína gracias a sus nexos con organizaciones de Colombia y Perú.

El Cártel de Juárez y el Cártel de Sinaloa

A Juan José Esparragoza dicen que se le conoce como ‘el Azul’ por el intenso tono de su piel morena. Se presume que nació el 3 de febrero de 1949 en Huixiopa, una comunidad con menos de 500 habitantes que pertenece al municipio de Badiraguato, Sinaloa, la cuna del ‘Chapo’ Guzmán.

Como ‘el Mayo’, la carrera criminal del ‘Azul’ inició de mano de Amado Carrillo Fuentes, de quien fue compadre.

Los datos sobre Esparragoza en la Librería del Congreso de Estados Unidos lo muestran como el “consejero jurídico” de Carrillo Fuentes; a través de quien conoció a Miguel Ángel Félix Gallardo y a Rafael Caro Quintero, para trabajar con el Cártel de Guadalajara.

Se presume que con la división del Cártel de Guadalajara en 1989, Juan José Esparragoza —aún estando en prisión— quedó como segundo al mando en el Cártel de Juárez, sólo detrás de Amado Carrillo Fuentes, ‘el Señor de los Cielos’.

‘El Azul’ estuvo preso de 1986 a 1993, pero una vez que abandonó la cárcel tuvo un papel prioritario para la formación de La Federación —una alianza entre el Cártel de Sinaloa y el Cártel de Juárez— con Carillo Fuentes al mando.

La muerte del ‘Señor de los Cielos’ en 1997 terminó con esa alianza, pero los lazos de amistad entre el Cártel de Juárez y el Cártel de Sinaloa continuaron gracias al compadrazgo entre ‘el Azul’ y ‘el Mayo’ Zambada.

En 2001, tras la primer fuga de prisión de Joaquín ‘el Chapo’ Guzmán se inició la segunda etapa de La Federación. La ruptura definitiva entre el Cártel de Sinaloa y el Cártel de Juárez ocurrió tres años después, pero para entonces, la alianza de Juan José Esparragoza con el ‘Chapo’ y el ‘Mayo’ era más profunda y permaneció como líder del Cártel de Sinaloa.

A la fecha, se identifica a esa organización criminal como la más importante del país y la de mayor alcance en el tráfico de drogas del mundo con ‘el Azul’, ‘el Mayo’ y el recién capturado ‘Chapo’ al mando.

3 detenciones y 3 veces libre

Con ‘el Chapo’ Guzmán, Juan José ‘el Azul’ Esparragoza comparte el número de veces que ha sido enviado a prisión; con la diferencia de que en las tres ocasiones ha quedado libre por la vía legal.

En 1970 fue detenido en Culiacán, Sinaloa con 700 kilos de mariguana. La información de la Procuraduría General de la República (PGR) muestran que se le acusó de delitos contra la salud y fue condenado a cinco años y tres meses en prisión. Sólo cumplió una condena de nueve meses, pues tras una apelación quedó en libertad.

En Mexicali, Baja California, a donde llevó su negocio de tráfico de drogas, ‘el Azul’ fue detenido en marzo de 1983. Reportes del Semanario Zeta indican que Esparragoza Moreno intentó sobornar a los policías judiciales que lo capturaron con siete millones de pesos en efectivo.

En esta ocasión, ‘el Azul’ sólo estuvo en prisión tres meses. Sus abogados argumentaron libertad por desvanecimiento de pruebas.

Tres años después, en 1986, Esparragoza Moreno fue detenido en la colonia Polanco de la Ciudad de México.

En esta ocasión, la PGR aseguró varias de sus propiedades en Querétaro, Jalisco y Sinaloa; y congeló sus cuentas bancarias. Lo condenaron por delitos contra la salud y le dictaron siete años con dos meses de prisión.

Seis años permaneció en el Reclusorio Sur. En 1992 lo trasladaron al penal de Almoloya de Juárez y, tras cumplir su condena, en 1993 recuperó su libertad y regresó a las operaciones del Cártel de Juárez y a las negociaciones para formar La Federación.

Apenas iniciarían sus mejores años en el negocio del tráfico de drogas.

Importante narcotraficante extranjero

La Fiscalía Especial para la Atención de Delitos contra la Salud anunció en 1998 una recompensa de cuatro millones de pesos por información que llevara a la captura del ‘Azul’.

En la actualidad, la recompensa que ofrece PGR es de 30 millones de pesos; mientras que en Estados Unidos se ofrecen cinco millones de dólares.

Juan José Esparragoza Moreno fue incluido en 2003 bajo la Ley Kingpin de Estados Unidos como un importante narcotraficante extranjero.

En el Distrito Oeste de Texas existe desde ese año una demanda en su contra por introducir a Estados Unidos “importantes” cantidades de mariguana desde México. Se le acusa de conspiración para importar sustancias prohibidas, posesión e intentos de distribución.

“‘El Azul’ ha utilizado su participación el tráfico de drogas para construir una gran red de negocios que incluye un complejo de viviendas, un centro comercial y un parque industrial. Estos negocios son operados por miembros de su red, incluyendo su familia”, cita la acción de 2012 que identificó a su esposa, María Guadalupe Gastelum Payán, y a sus hijos —Brenda Guadalupe, Cristian Iván, Juan Ignacio y Nadia Patricia Esparragoza Gastelum— como integrantes de una red de lavado de dinero.

“Mientras que otros narcotraficantes mexicanos han ganado y en algunos casos buscado más atención, Esparragoza Moreno ha mantenido deliberadamente un perfil bajo con la esperanza de evitar el escrutinio mientras aumenta su influencia y ganancias mal habidas”, dijo en ese año Adam J. Szubin, director de la Oficina de Control de Activos Extranjeros del Departamento del Tesoro (OFAC, por sus siglas en inglés).

En 2012, Estados Unidos acusó que María Guadalupe Gastelum Payán dirigía con sus hijos las empresas Grupo Cinjab, S.A. de C.V. y el Grupo Impergoza, S.A. de C.V. con las que desarrollaron en Tlajomulco de Zúñiga, Jalisco, el residencial Provenza y el centro comercial Centro Provenza; además de La Tijera Parque Industrial para lavado de dinero del Cártel de Sinaloa al mando del ‘Azul’.

Pese a estos señalamientos en Estados Unidos, los negocios de la familia Esparragoza Gastelum continúan activos en México.

La Oficina de Control de Activos Extranjeros también indicó que en Culiacán, Sinaloa, Ofelia Monzón Araujo —a quien también identifica como esposa del ‘Azul—, posee al menos siete gasolineras que también sirve a la red de lavado de dinero del Cártel de Sinaloa.

Rumores sobre su muerte

En junio de 2014 se esparció la noticia sobre la muerte de Esparragoza Moreno. El diario de Culiacán, Sinaloa, Río Doce, informó que ‘el Azul’ habría fallecido a los 65 años tras sufrir un infarto.

La noticia no ha podido ser confirmada ni por autoridades mexicanas o de Estados Unidos, quienes continúan en la búsqueda del ‘Azul’ como uno de los narcotraficantes más importantes.

Apenas dos meses después del rumor, en agosto de 2014, autoridades mexicanas detuvieron en Culiacán a quien aseguró ser el hijo del ‘Azul’.

El detenido, José Juan Esparragoza Jiménez, dijo en su declaración ministerial “que era hijo del finado (muerto) Juan José Esparragoza Moreno”.

La PGR informó en ese entonces que no existe información genética del ‘Azul’ que permita identificar el parentesco y, desde entonces, ha rechazado confirmar la muerte del capo del Cártel de Sinaloa que, tras la recaptura de Joaquín Guzmán este 8 de enero, quedaría al frente de la organización junto a su compare Ismael ‘el Mayo’ Zambada.

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Reuters

"Ojalá nos hubiéramos muerto": la pareja que sobrevivió a un ataque del Estado Islámico el día de su boda

Una pareja afgana que sobrevivió a un atentado suicida de Estado Islámico en su boda dice que sus familiares y quienes eran sus amigos ahora los odian. El novio le dijo a la BBC que quieren abandonar el país, para escapar de la hostilidad de la que son víctimas.
Reuters
17 de septiembre, 2019
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Solo cuando el humo se disipó fue posible apreciar la escala de la tragedia.

Una escena de devastación llenó el salón de bodas de Kabul, la capital de Afganistán, blanco de un ataque con bomba del grupo extremista Estado Islámico (EI).

Los futuros novios sobrevivieron al atentado, que mató a 80 personas. Pero el resentimiento de los familiares de quienes murieron los atormenta todos los días.

El sábado 17 de agosto, Mirwais Elmi fue llevado a empujones a una pequeña habitación llena de miembros varones de su familia y amigos cercanos.

Elmi, de 26 años, estaba lleno de sueños y expectativas. Estaba orando por un nuevo amanecer para su vida el día de su boda, en un país que ha vivido en guerra durante más de cuatro décadas.

Cientos de invitados esperaban pacientemente en el inmenso salón de bodas a que terminara la ceremonia, a la que le seguiría una cena de celebración.

Pero nunca llegarían a probar el banquete.

La explosión

Su futura novia, Rehana, de 18 años, estaba disfrutando de algunos manjares con la hermana y la madre de Elmi en otra habitación.

Docenas de personas murieron en la escena, como producto de la explosión.

Getty Images
Docenas de personas murieron en la escena, como producto de la explosión.

Ante la llamada del clérigo musulmán al que se le da por nombre Molvi, Elmi se abrió paso rebosante de expectativas para firmar el acta de matrimonio conocido como nikah nama. Fue entonces cuando un sonido atronador sacudió el edificio y detuvo el proceso.

Un terrorista suicida había provocado una explosión dentro del salón de bodas, justo en el medio de la sección donde estaban sentados los invitados masculinos. Arrancó los paneles del techo y rompió los cristales de la fachada del recinto.

El fuerte estallido se escuchó a kilómetros de distancia.

Los amigos y familiares, a quienes Elmi había recibido con una sonrisa radiante unas horas antes, habían quedado reducidos a huesos carbonizados y trozos de carne.

Mirwais Elmi conocía personalmente a muchas e las víctimas del ataque.

Reuters
Mirwais Elmi conocía personalmente a muchas e las víctimas del ataque.

La onda expansiva de la poderosa explosión dejó a Elmi inconsciente. Su novia y otros familiares estaban conmocionados.

Cuando se despertó unas horas más tarde, estaba en su casa.

A los pocos minutos se dio cuenta de que sus amigos y familiares estaban ocupados contando a los muertos.

“La gente venía y me decía que un primo había muerto, un amigo había muerto. Los amigos mencionaban a otros amigos que fueron asesinados. Mi hermano perdió a siete de sus amigos”, recuerda Elmi.

Ataque suicida

El joven afgano habló con la BBC sobre cómo su vida cambió después de la carnicería en que se convirtió su boda.

“Perdí a mi primo y mi esposa perdió a su hermano menor. La explosión le arrancó la cabeza. Solo pudimos enterrar su cuerpo decapitado”.

Apenas un día después de la explosión, su suegro le dijo a los medios afganos que 14 miembros de su familia habían muerto en el ataque.

"Tenía muchos sueños, esperanzas y expectativas. Nada se cumplió. Estoy en un estado de dolor y pena", dice Elmi.

Getty Images
“Tenía muchos sueños, esperanzas y expectativas. Nada se cumplió. Estoy en un estado de dolor y pena”, dice Elmi.

“Tenía muchos sueños, esperanzas y expectativas. Nada se cumplió. Estoy en un estado de dolor y pena”, dice Elmi.

Poco después, EI se atribuyó el bombardeo.

El horror de la explosión fue inmenso, incluso para los estándares de Afganistán, un país devastado por la guerra.

Él y su esposa salieron ilesos. Así que, cinco días después de la explosión, Elmi buscó la ayuda de otro clérigo para completar su boda, que había sido detenida abruptamente por la explosión.

El matrimonio tuvo lugar de una manera más que discreta.

Ahora, casi un mes después, las heridas aún están frescas.

El grupo extremista Estado Islámico asumió la responsabilidad por el ataque.

Getty Images
El grupo extremista Estado Islámico asumió la responsabilidad por el ataque.

“Yo, mi papá y mi hermano nos turnamos durante la noche para proteger nuestra casa. Sentimos que podríamos ser atacados por cualquiera”.

Sus amigos y vecinos los acosan constantemente.

“Cada vez que salimos, la gente nos acusa y abusa. Es como si nos mataran todos los días. Es insoportable”, dice Elmi.

El joven incluso fue recibido con ira cuando asistió a ofrecer sus condolencias a los familiares de las víctimas.

“Una persona incluso me dijo: ‘Perdimos a nuestro hijo en la explosión. ¿Cómo es que tú y tu esposa están vivos?'”

Ataques de pánico

Durante los tres días que siguieron a la explosión, Elmi dice que no podía comer ni beber agua. Incluso ahora permanece en estado de shock y angustia.

“Les digo que esto no está en nuestras manos. Si hubiera sabido que ocurriría la explosión, habría cancelado la ceremonia”, dice Elmi.

“Somos pacientes. Los que creen en Dios entenderán que este es su destino”.

Él dice que su esposa apenas sale de casa.

“Cada vez que apagamos las luces, sufre ataques de pánico. Se asusta mucho”.

La mujer se negó a hablar con la BBC.

Elmi dice que los familiares de las víctimas del ataque lo culpan a él y su esposa de lo sucedido.

Reuters
Elmi dice que los familiares de las víctimas del ataque lo culpan a él y su esposa de lo sucedido.

La boda de ambos fue un matrimonio arreglado, como la mayoría de las bodas en esa parte del mundo. La madre de Elmi y la madre de la novia son parientes lejanos y desempeñaron el papel de emparejadores.

Elmi pertenece a la minoría hazara, que son musulmanes chiitas.

Los militantes sunitas, incluidos los talibanes y EI, han atacado repetidamente a las minorías chiitas en Afganistán y Pakistán.

Las autoridades en Afganistán quedaron pendientes de informar a Elmi sobre la investigación que se está llevando a cabo sobre lo sucedido.

“No tengo idea de por qué nos atacaron. En nuestra boda no había un solo funcionario local, empresario o político entre los invitados”, dice.

En la explosión murieron personas de diversos grupos étnicos.

Sin planes futuros

Los familiares de algunas de las víctimas obtuvieron una compensación monetaria, como está estipulado según la política del gobierno.

“Un miembro del Parlamento vino a nuestra casa y nos dio medio millón de afganos (unos US$6350)”, dice Elmi.

El joven también dice que guarda buenos recuerdos de amigos y familiares que perecieron en el ataque. A menudo piensa en ellos.

“Incluso si organizamos cientos de reuniones para aquellos que perdimos, no van a volver. Todo terminó”.

Cuando Elmi vio las fotos de su boda que fueron tomadas antes de la explosión, quiso destruirlas.

Mirwais Elmi dice que no tiene esperanza en el futuro.

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Mirwais Elmi dice que no tiene esperanza en el futuro.

“Después de ver las fotos me sentí más angustiado. No pude dormir durante toda la noche. Lloré. ¿Qué más podría hacer?”, se pregunta.

“No tengo ningún plan para mí. Estoy harto de todo. Quiero que alguien nos ayude a abandonar el país“.

Elmi también debe devolver los 1,1 millones de afganos (US$14,000) que pidió prestados para la boda.

Para tratar de despejar las emociones negativas, Elmi pensó en reabrir su sastrería, pero la decisión resultó ser contraproducente.

Un cliente le quitó la ropa que le había dado para coser.

Otro dijo: “La explosión mató a tantas personas, pero él todavía está vivo. Su tienda debería estar cerrada”.

Incapaz de enfrentar la hostilidad de vecinos y otrora amigos, cerró la tienda.

“No hay felicidad en nuestra vida”

Su esposa, Rehana, que estudiaba el décimo grado, se encuentra reacia a regresar a la escuela.

“Mirwais ¿cómo puedo regresar a la escuela?”, le preguntó ella.

Elmi insistió en que no debía renunciar a sus estudios. Pero cuando regresó encontró el aula llena de personas resentidas contra ella.

“Alguien le dijo: ‘Si estás aquí es probable que un terrorista suicida venga'”.

Esas palabras quebraron a Rehana, quien terminó por abandonar la escuela.

El hermano menor de la novia también murió en el ataque.

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El hermano menor de la novia también murió en el ataque.

“No hay felicidad en nuestra vida. Me he convertido en una persona diferente”.

El joven lamenta haber sobrevivido.

“Mi esposa y yo pensamos que ojalá nos hubiéramos muerto”.


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