Tlacotepec, a la defensa del agua y de los bosques del Nevado de Toluca
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Paris Martínez

Tlacotepec, a la defensa del agua y de los bosques del Nevado de Toluca

Habitantes de Santiago Tlacotepec, en el Estado de México, luchan nuevamente por cerca de 6 mil hectáreas de tierra amenazadas, a su juicio, por el decreto del presidente Enrique Peña Nieto que, en 2013, legalizó la tala y otras actividades productivas en el Nevado de Toluca.
Paris Martínez
Por Paris Martínez
12 de enero, 2016
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El cerro de Tepeyolulco o de Tlacotepec. // Foto: Paris Martínez.

El cerro de Tepeyolulco o de Tlacotepec. // Foto: Paris Martínez.

Tlacotepec es un pueblo enclavado en las faldas del Nevado de Toluca, junto al cerro de Tepeyolulco, con una larga historia de rebeldía: entre 1475 y 1480, sus primeros habitantes, matlazincas, lucharon contra los aztecas, cuando éstos comenzaron la expansión de su imperio hacia el valle en donde hoy se asienta la capital del Estado de México; y 40 años después, en 1521, lucharon contra los españoles, que luego de barrer a los aztecas, continuaron con los pueblos cercanos al valle de México.

Después, durante la Revolución, Tlacotepec luchó con Zapata por recuperar las tierras de la comunidad que, en el porfiriato, les fueron arrebatadas por grandes hacendados; y cuando Porfirio Díaz fue derrocado, Tlacotepec siguió luchando, por varias décadas más, hasta que la ley reconoció a sus pobladores como únicos dueños de las tierras que reclamaban de forma ancestral.

Hoy, habitantes de Santiago Tlacotepec luchan nuevamente por esas tierras, que comprenden cerca de 6 mil hectáreas, la mitad de las cuales son bosques, amenazados, a su juicio, por el decreto del presidente Enrique Peña Nieto que, en 2013, legalizó la tala y otras actividades productivas en el Nevado de Toluca.

“Siempre hemos sido un pueblo que se defiende –dice Daniel, un joven que, junto a otros universitarios, ejidatarios, comuneros y vecinos, integraron un comité civil contra el decreto presidencial de 2013–. Los antiguos contaban de sus luchas para defender las tierras del pueblo, el agua del pueblo; e igual hicieron nuestros abuelos, luego nuestros padres, y hoy nos toca a nosotros. Y nuestra forma de luchar, ahorita, es informar: porque esto del decreto lo hicieron las autoridades en lo oscurito, sin avisarle a nadie, y aunque han pasado más de dos años, la gran mayoría de los habitantes de Tlacotepec no saben que el monte está amenazado.”

Y las formas de informar, destaca, son muchas: en octubre organizaron un foro local, al que acudieron más de 700 moradores de Tlacotepec, en diciembre emprendieron una colecta de firmas, en papel y por change.org (checa aquí la petición), para exigir a la Suprema Corte de Justicia de la Nación que revoque el decreto de Peña Nieto, y para este año, adelanta, “estamos organizando nuevos foros, el próximo tal vez para febrero, con la participación de científicos que van a explicar a los pobladores los riesgos de que se abra el Nevado de Toluca a la explotación forestal; y, aún sin fecha, tenemos planeada también una protesta pacífica, en la Ciudad de México, ya sea en Los Pinos o en la Corte, para hacernos ver.”

El recurso sagrado

Cuentan las leyendas locales que el primer morador de lo que hoy se conoce como Santiago Tlacotepec fue un antiguo matlazinca que subió al cerro de Tepeyolulco, para pedir a los dioses que lo moraban que le permitieran construir su casa en ese lugar, en donde crecen bien el maíz y los magueyes.

Se trata de un cerro escalonado, con terrazas artificiales que datan de la época prehispánica, en las que aún se siembra maíz.

“Existe la leyenda –narra Erik Hernández, cronista de Tlacotepec–, de que abajo de ese cerro hay una pirámide escondida.”

Daniel completa el mito: “Se dice que los más viejos abuelos cubrieron la pirámide con sus ayates, y luego le echaron tierra encima.”

El cerro de Tepeyolulco o de Tlacotepec. // Foto: Paris Martínez.

El cerro de Tepeyolulco o de Tlacotepec. // Foto: Paris Martínez.

Hace una década, de hecho, un morador que realizaba obras en su vivienda encontró una pieza de cerámica prehispánica, cuya decoración da muestra de la antigüedad de este mito.

Tal como explica el cronsita de la comunidad, el cerro de Tepeyolulco, hoy más conocido como cerro de Tlacotepec, es un espacio ritual, en el que durante la época prehispánica se realizaban ceremonias relacionadas con el agua, como elemento sagrado, generador de vida.

Incluso, subraya, otras leyendas locales aseguran que desde la cueva que existe en su lado poniente se puede acceder a un río subterráneo.

“Al entrar –señalan los testimonios recuperados por el cronista del pueblo– se escucha cómo baja (el agua) con mucha fuerza, además, dentro de él hay un jardín lleno de árboles frutales de las mejores rutas, pero también en él se encuentran fuerzas del mal y, por eso, si entras, seguro no sales.”

Pieza prehispánica recuperada por pobladores de Tlacotepec, cuya decoración muestra el cerro de Tepeyolulco, con una pirámide en su interior. // Foto: Paris Martínez.

Pieza prehispánica recuperada por pobladores de Tlacotepec, cuya decoración muestra el cerro de Tepeyolulco, con una pirámide en su interior. // Foto: Paris Martínez.

Independientemente de la veracidad de estas leyendas, señala Érik, lo que éstas dejan ver es que el agua es un elemento cuya importancia vital reconocen los moradores de Tlacotepec, desde su fundación y, aún en el presente, manantiales como los que cita el mito, que brotan de pequeñas cuevas en las faldas del Nevado de Toluca, siguen abasteciendo de agua pura no sólo a Tlacotepec, sino a todas las comunidades de la zona, y más allá.

De hecho, destaca, aún después de la Conquista, en este y en otros poblados se mantuvo la tradición de, cada año, acudir a celebrar actos de consagración –ahora bajo el rito católico– en estos manantiales, una costumbre que se mantiene hasta el día de hoy.

La cadenita…

Todo es como una “cadenita”, explica Alejandro Alberto Ortega, presidente del Consejo de Vigilancia de Bienes Comunales de Santiago Tlacotepec. “El agua nace del subsuelo, pero, ¿cómo llegó ahí? Pues llega por infiltración: es el agua que escurre por las laderas del monte (el Nevado de Toluca), y que va filtrándose por la tierra. Y, ¿cómo llegó el agua al Nevado? Llegó atraída por los bosques, en forma de nubes, que hacen la nieve de la punta o que cae en forma de gotas.”

Todo, pues, es como una cadenita.

Desde los años 80, explica Alejandro, la gente de Tlacotepec comenzó a tomar conciencia del valor de los recursos naturales de la zona. “Siempre hemos sabido que el monte es nuestra subsistencia, pero antes, por la pobreza, no había otra forma de subsistir: la madera era el recurso para todo, para construir, para calentarse, para cocinar, y también la gente cazaba para comer… y sabíamos que le hacíamos daño al monte, pero no teníamos otra opción, no era para hacernos ricos, era para vivir.”

Por eso, explica, cuando Tlacotepec quedó integrado a la zona metropolitana de Toluca –de la cual se haya a 9 kilómetros de distancia–, la gente pudo encontrar otras formas de subsistir, y los “monteros”, prácticamente desaparecieron en esta zona.

En los bosques que están dentro de las tierras comunales de Tlacotepec, explica, desde hace más de 30 años dejó de haber tala, se delimitaron zonas de pastoreo fuera del bosque, para quienes ejercen la ganadería, y no se abrieron más campos de cultivo.

Por el contrario, explica Alejandro, año con año, por iniciativa propia, los moradores han realizado labores de reforestación y de vigilancia, ya que sus tierras, hasta hace algunos años, aún eran invadidas por ganaderos, que llevaban a sus vacas a pastar a zonas que ya habían sido restauradas ambientalmente.

Parado junto a un oyamel centenario, con una circunferencia de 5 metros en su base, Alejandro habla con humildad y embelezo.

“Desde que se hizo la recategorización (es decir, cuando el Nevado de Toluca perdió la categoría de parque nacional) ellos (las autoridades) nos dicen que hay que hacer el aprovechamiento maderable, pero si ahorita tiramos este árbol, ¿cuándo volveríamos a tener un árbol como éste? Yo creo que esto no nada más lo debe defender la comunidad de Tlacotepec, sino todas las comunidades aledañas al Nevado, y a la mejor hasta (las comunidades) nacionales e internacionales”.

Su observación, sencilla y clara, resume una realidad compleja: efectivamente, con el agua que se infiltra a través de la capa boscosa del Nevado de Toluca no sólo se abastece a las comunidades asentadas en sus faldas, sino a todo el Valle de Toluca.

Sus afluentes, además, las cuencas del río Balsas y el río Lerma que, a su vez, llevan agua al Valle de México y al norte de Guerrero.

El valor estratégico del Nevado de Toluca fue lo que, en 1936, llevó al entonces presidente de la República, Lázaro Cárdenas, a declararlo como Parque Nacional, con lo que quedaron prohibidas todo tipo de actividades extractivas y productivas, reserva que fue anulada en 2013.

Epílogo: qué sigue…

“Hacernos visibles” es la meta del comité civil de Tlacotepec, explica Daniel Carrillo. Y esto implica, detalla, no sólo informar y hacer del conocimiento público la importancia del Nevado de Toluca para la subsistencia, sino también hacer valer su voz, como hijos de Tlacotepec.

“Además de las acciones de difusión, entre las que está también la realización de un documental, tenemos la meta de que se revise el padrón de comuneros, y poder registrarnos como tales aquéllos que tenemos derecho a serlo”, ya que, remató, esto podría abrir la puerta para iniciar nuevos amparos contra el decreto del presidente Peña Nieto.

En la actualidad, la Suprema Corte mantiene en su agenda la discusión de un amparo contra la recategorización del Nevado de Toluca, bajo la tesis de que dicha medida presidencial podría afectar los derechos humanos de los mexicanos.

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Por qué algunas personas contraen COVID entre la primera y segunda dosis de la vacuna

Aunque varios países vayan avanzados en la vacunación, el virus sigue avanzando. Los expertos recomiendan seguir protegiéndose incluso después de ser inoculado.
10 de marzo, 2021
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La enfermera Maria Angélica Sobrinho, de 53 años, fue la primera en ser vacunada contra la covid-19 en la ciudad de Bahía en Brasil. Unos días después, empezó a mostrar síntomas y se le diagnosticó una infección por coronavirus.

Sobrinho no es la única persona que ha pasado por esto. En varios países del mundo se han reportado casos de otros pacientes que durante el intervalo de al menos 21 días entre la primera y la segunda dosis han contraído la enfermedad.

Es algo han aprovechado quienes difunden noticias falsas y bulos en las redes sociales para afirmar que los productos base de las vacunas podrían llegar hasta a matar.

Por ello, antes de alarmarse o compartir este tipo de informaciones, es preciso tener mucho cuidado y entender lo que está pasando.

Entonces ¿cómo es posible dar positivo por covid-19 entre la primera y segunda dosis de la vacuna?

Protección incompleta

Varias de las vacunas que ya se administran en distintos países requieren dos dosis para asegurar la protección completa, como la de Pfizer, Oxford/AstraZeneca, Coronavac, Moderna o Sputnik V.

El tiempo entre una dosis y otra varía según el fabricante. Pfizer recomienda dejar pasar 21 días y la Universidad de Oxford unos tres meses, por ejemplo.

Personal médico preparando una dosis de SinoVac.

Getty Images
Muchas de las vacunas que ya se administran requieren dos dosis para conseguir la protección máxima.

Ninguna vacuna disponible es capaz de proteger antes de que hayan pasado 14 días desde que se aplicó primera dosis, ya sea contra la covid-19 u otra enfermedad”, aclara la doctora Isabella Ballalai, vicepresidenta de la Sociedad Brasileña de Inmunizaciones.

Con independencia de la tecnología, las vacunas suelen contener antígenos, unas sustancias que interactúan con el sistema inmune y crean los anticuerpos necesarios para combatir una futura invasión vírica.

La cuestión es que este proceso tarda un tiempo en completarse: las células inmunitarias necesitan reconocer los antígenos, “interactuar” con ellos y crear una reacción satisfactoria. Este trabajo suele tomar unas dos semanas.

Por ello es necesario que el paciente que reciba una primera dosis siga protegiéndose con el uso de mascarillas, el distanciamiento social y el lavado frecuente de manos entre otras medidas.

“Recibir las dos dosis tampoco implica estar liberado para tener una ‘vida normal’. Por lo que sabemos, la vacuna protege contra las consecuencias más graves de la covid-19, pero las personas inmunizas podrían seguir transmitiendo el virus a otros”, complementa Ballalai.

Si la vacunación también ralentizará la propagación del virus se está investigando en los estudios preliminares de los primeros meses de campaña.

Por lo tanto, mientras el virus continúe circulando a niveles altos y no haya una gran parte de la población vacunada, la recomendación es seguir las medidas de control y respetar las restricciones.

Panel informativo sobre el uso correcto de mascarillas en un aeropuerto.

Getty Images
A pesar de ir vacunados, es preciso seguir respetando las restricciones y medidas que impongan las autoridades.

Imposibilidad científica

Otro bulo que circuló recientemente señalaba la posibilidad de que la propia vacuna cause covid-19.

Pero eso, dice Ballalai, es absolutamente imposible.

“Los inmunizadores están hechos con virus inactivados y ni siquiera de milagro podrían causar la enfermedad“, dice la especialista.

Este, por cierto, es un mito que aparece cada año durante las campañas contra el virus de la influenza, que suele circular en otoño e invierno.

“El sujeto recibe la vacuna y unos días después presenta síntomas de gripe. Entonces llega a creer que la culpa es de la dosis aplicada”, apunta Ballalai.

De nuevo, la explicación está en el tiempo que se necesita para que proteja: mientras el sistema inmunológico no cese la producción de anticuerpos, el riesgo de infectarse con influenza (o coronavirus, en el ejemplo actual) es alto.

CoronaVac, la vacuna china, está hecha con virus inactivos, un modelo utilizado en la ciencia durante muchas décadas.

Como su nombre lo indica, los coronavirus presentes en ampollas se someten a un proceso con sustancias químicas y cambios de temperatura que lo inactivan y eliminan cualquier posibilidad de que invadan las células y se repliquen en nuestro organismo.

Ampollas de CoronaVac.

Getty Images
La vacuna CoronaVac se basa en virus inactivos y es imposible que produzcan la enfermedad en el organismo.

Cuidados y recomendaciones

También es importante saber que los efectos adversos de las vacunas son poco frecuentes, pero posibles.

“El individuo puede tener fiebre, malestar y un poco de dolor”, ejemplifica Ballalai.

Si el malestar no desaparece después de unos días o se vuelve más intenso, es importante buscar consejo médico.

Se debe al hecho de que estos síntomas incluso pueden ser causados ​​por el efecto de las vacunas, pero también son característicos del propio covid-19 y sería importante descartarlos.

Con más de 200 millones de dosis de vacunas contra la covid-19 administradas por el mundo y la rapidez con que se sigue inoculando en ya varios países, de momento no hay noticias sobre efectos colaterales preocupantes que justifiquen la paralización de las campañas.


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