Veracruz encubre destino de jóvenes desaparecidos, acusa padre; PGR atrae el caso
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Veracruz encubre destino de jóvenes desaparecidos, acusa padre; PGR atrae el caso

La PGR asumió el control de la investigación de los cinco jóvenes desaparecidos en Tierra Blanca, Veracruz; hay más policías detenidos.
Cuartoscuro
Por Arturo Angel
18 de enero, 2016
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Detienen a otros dos elementos policiacos de Veracruz por la desaparición de 5 jóvenes en Tierra Blanca. Foto: Cuartoscuro

Detienen a otros dos elementos policiacos de Veracruz por la desaparición de 5 jóvenes en Tierra Blanca. Foto: Cuartoscuro

Una semana después de que cinco jóvenes desaparecieran en una carretera de Veracruz tras haber sido detenidos por policías estatales, el gobierno federal, encabezado por la Procuraduría General de la República (PGR), asumió el control de la investigación y se ordenó la detención del jefe de las fuerzas de seguridad estatales en la región donde ocurrieron los hechos.

El viernes pasado, José Benítez, padre de uno de los jóvenes y tío de los otros, se reunió con autoridades federales para pedirles que asumiera el control del caso, incluyendo la indagatoria de lo ocurrido así como la estrategia de búsqueda.

“No confiamos nada en las autoridades de Veracruz. Los cuatro policías que detuvieron al inicio se encubrieron entre ellos y el gobierno quería dejar el tema ahí. Por supuesto nada de lo que dijeron sirvió para localizar a los estudiantes. Gracias a que este fin llegaron las autoridades federales es que Veracruz tuvo que detener al jefe de los agentes. Tenemos la esperanza de que esta semana haya resultados” dijo Benítez en entrevista con Animal Político.

Sobre el tema, la dependencia federal confirmó a este medio que solicitaron a Veracruz un desglose del trabajo que se hizo hasta ahora, así como de las declaraciones de los policías ya consignados, mientras que en el caso de los nuevos detenidos se colaborará en los interrogatorios. Lo anterior acompañado de un nuevo plan de búsqueda con otras fuerzas federales.

Los datos oficiales de la Procuraduría evidencian que Veracruz es un foco rojo en materia de personas desaparecidas. La entidad acumula la cuarta parte de averiguaciones previas federales abiertas por desapariciones entre 2014 y 2015.

Además, de un registro de 40 menores de edad que la PGR tiene como desaparecidos en la Fiscalía Especializada en este delito, casi el 25% corresponden a casos ocurridos en la entidad que gobierna el priista Javier Duarte.

Hasta octubre del año pasado uno de cada tres agentes de toda la fuerza operativa de la policía estatal de Veracruz había reprobado el proceso de control de confianza. En su informe de noviembre el gobernador dijo que ya había despedido al 60% aunque, una investigación de El Sabueso, confirmó que dicho dato no podía ser confirmado.

“Todo fue un teatro”

La semana pasada la Fiscalía de Veracruz inició una investigación por la desaparición de los cinco jóvenes ocurrida el 11 de enero, tras haber sido detenidos en un retén de la policía estatal. Más de 30 agentes fueron investigados por el Ministerio público local pero finalmente, solamente cuatro quedaron retenidos, sin ningún mando entre ellos.

Días después, la Fiscalía reconoció que los datos aportados por seis agentes fueron insuficientes para localizar a las víctimas.

“Habían hecho un teatro para detener nada más a cuatro (…) Ellos fueron instruidos antes de ponerlos a disposición para que supieran qué declarar pero no decir dónde estaban los muchachos. Pero ahorita con la presión de PGR ya tuvieron que cumplir las órdenes de aprehensión que hacían falta y darle seguimiento al trabajo”, dijo José Benítez.

La PGR confirmó que el viernes 15 de enero se inició la averiguación previa general del caso a través de la Fiscalía para la búsqueda de desaparecidos. Un día después las autoridades de Veracruz cumplimentaron órdenes de aprehensión giradas por jueces en contra del delegado regional de la policía estatal.

Detienen a otros dos elementos policiacos de Veracruz por la desaparición de 5 jóvenes en Tierra Blanca. Foto: Cuartoscuro

Detienen a otros dos elementos policiacos de Veracruz por la desaparición de 5 jóvenes en Tierra Blanca. Foto: Cuartoscuro

Los nuevos detenidos son el delegado de la Secretaría de Seguridad Pública en Tierra Blanca, Marcos Conde Hernández, y el policía Otoniel Cruz Linares, quienes fueron trasladados al penal regional de Cosamaloapan.

Además de lo anterior, la Fiscalía Especializada en Desaparecidos integra de forma independiente una línea de investigación diferente a la de las autoridades veracruzanas, y el fin de semana personal ministerial federal se trasladó a la región para realizar varias diligencias que no se revelaron por la secrecía del caso.

“Por lo que nos dijeron en la reunión que tuvimos con las autoridades federales nosotros creemos que la PGR va a terminar atrayendo el caso y van a dejar fuera a la Fiscalía General del estado. Esperamos también que la PGR pueda interrogar pronto a los detenidos en torno a lo que ocurrió” dijo el señor Benítez.

La desaparición de los cinco jóvenes ocurrió el 11 de enero en las inmediaciones del municipio de Tierra Blanca, luego de que estos regresaban de vacaciones de la playa. En el auto viajaban Jorge José Benítez de la O, de 24 años de edad; Alfredo González Díaz, de 25; Marco Arturo Sánchez, de 27; Bernardo Benítez Arroniz, de 25, y Susana T. G., de 16 años.

Los agentes declararon que detuvieron el auto porque viajaba en exceso de velocidad y sus placas no eran de la entidad. Aseguran que luego dejaron ir a los jóvenes sin embargo. estos nunca llegaron a su destino.

“Esto es Veracruz…”

Benítez no tiene idea de porque su hijo y sobrinos están desaparecidos pero asegura que el que viajaran en un automóvil con placas del Distrito Federal, es un “pretexto suficiente” para que puedas ser retenido en la entidad y luego suceda “una desgracia”.

“Ustedes viven en la Ciudad de México pero esto es Veracruz y no lo ven. Aquí pasan cosas que uno la verdad quisiera llorar…”

Los datos oficiales parecen darle la razón a Benítez. Entre enero del 2014 y noviembre del 2015 la PGR tiene un registro de 155 personas desaparecidas en Veracruz relacionadas con averiguaciones previas federales. El estado se ubica solo detrás de Guerrero que tiene poco más de 250 casos y entre ambos acumulan prácticamente el 40% de los desaparecidos a nivel nacional.

La Fiscalía para Desaparecidos de la PGR tiene además un registro específico de 41 casos de jóvenes menores de edad desaparecidos, de los cuales nueve corresponden solamente al estado de Veracruz, es decir la cuarta parte del total.

Un mapa oficial de personas desaparecidas en el país elaborado por la referida Fiscalía, ubicó precisamente a Veracruz en la zona con la mayor incidencia de casos.

Cabe señalar que la integridad de la policía estatal de Veracruz ya había sido puesta en duda el año pasado. En noviembre la organización Causa en Común que encabeza la activista María Elena Morera, reveló que de los nueve mil 588 policías estatales de la entidad, tres mil 819 estaban en activo pese a que no superaron las pruebas de control de confianza.

Lo anterior significaba prácticamente que 1 de cada 3 policías estatales no era confiable. En respuesta el gobernador de la entidad Javier Duarte informó que el 60% de esos policías reprobados ya habían sido dados de baja.

Una investigación de este afirmación realizada por El Sabueso arrojó que el presunto despido de los policías referido por el gobernador no se podía verificar con la información pública disponible.

Casos sin respuesta

En noviembre pasado, aprovechando la lectura del informe de gobierno de Javier Duarte, un colectivo de familiares de personas desaparecidos realizaron una protesta y colocaron una manta para reclamar por la falta de resolución de sus casos.

Como antecedente, Duarte ya se había tenido que disculpar públicamente por no “atender de forma debida” el caso de otra joven – Fernanda Rubí- desaparecida en el 2012 en la zona de Orizaba. Hasta el día de hoy ese caso permanece sin respuesta.

Diversos colectivos y organizaciones ciudadanos marcharon también en calles de Xalapa en octubre de 2015, para denunciar que hay múltiples casos de personas desaparecidas en los que la Fiscalía de la entidad ni siquiera inicia una averiguación previa.

Pero pese a estos antecedentes, el señor José Benítez espera que el caso de su hijo de y los otros cuatro jóvenes desaparecidos en Tierra Blanca no quede en la impunidad, sobretodo porque ya se involucraron las autoridades federales en el mismo.

Benítez dijo no tener una pista de cual podría haber sido el destino de los jóvenes pero insistió en que no eran “gente mala” sino solo estudiantes que regresaban de unas vacaciones. Confió en que todos ellos sigan vivos.

“Pues yo soy su papa de uno de ellos y que puedo pensar. Que estén con vida. Ni modo que piense lo contrario (…) pero esto que estamos viviendo es una situación muy fea, horrible que a nadie le deseo” dijo el padre de José Benítez.

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'Cuando Putin amenazó con armas nucleares, mis padres me dijeron que me fuera': ucranianos huyen por México a EU

BBC Mundo fue a la frontera entre Tijuana y San Ysidro, la más transitada del mundo. Allí conversó con ucranianos que llegaron a México con la intención de pasar a Estados Unidos aprovechando un "permiso temporal humanitario" de entrada.
1 de abril, 2022
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“Cuando Putin amenazó con usar armas nucleares, mis padres me dijeron: ‘¡Huye lo más lejos que puedas!”.

A Nataliya*, de 30 años, lo más alejado posible de su ciudad en Ucrania, Mykoláiv, le pareció entonces México.

Tenía amigos en el país y no exige visa de entrada a los ucranianos, solo una autorización que se puede solicitar online y que permite permanecer hasta 180 días en el territorio sin realizar actividades remuneradas.

Así que pensó que era la mejor opción para vivir segura, lejos de los ataques rusos, y seguir trabajando en lo suyo, como informática, de forma remota.

El 6 de marzo salió de Mykoláiv, a 65 kilómetros del mar Muerto, una urbe en la que los soldados ucranianos se mantienen firmes y están forzando a las tropas rusas a desplazarse hacia el este.

Hizo una parada inicial en la capital Kiev, siguió a Jmelnitski, en la región occidental, y de allí a Chernivtsí, en el sureste.

Cruzó la frontera hacia Rumanía y el 10 de marzo, en Bucarest, tomó un vuelo a Ciudad de México.

Tras dos semanas de vivir en Monterrey, la ciudad industrial del norte mexicano, supo que Estados Unidos no estaba expulsando a los ucranianos que ingresaban por tierra sin visa y que les estaba permitiendo permanecer hasta un año en el país.

“No es un estatus migratorio”, aclara Andrey Plaksin, un abogado estadounidense de origen ruso especializado en inmigración, visas y centrado en casos de familias. “Es un permiso temporal humanitario“.

Efectivamente, en un memorándum de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de EE.UU. (CBP, por sus siglas en inglés) fechado el 11 de marzo se habla de “excepción para ciudadanos ucranianos del Título 42”.

Es así como se conoce a una política instaurada por la Administración de Donald Trump (2017-2021) y mantenida por la de Joe Biden y que permite expulsar rápidamente a migrantes por la pandemia de covid-19 sin que puedan solicitar asilo.

“El Departamento de Seguridad Nacional reconoce que la injustificada guerra de agresión de Rusia en Ucrania ha creado una crisis humanitaria”, se lee en el documento.

Ante ello, “la CBP está autorizada, en conformidad con la orden del Título 42, caso por caso y en función de la totalidad de las circunstancias, incluidas las consideradas de interés humanitario, a exceptuar del Título 42 a los ciudadanos ucranianos en los puertos de entrada fronterizos terrestres”.

La excepción no se aplica a los centroamericanos, venezolanos, haitianos y migrantes de otras nacionalidades que tratan de acceder a diario al país por la frontera sur, lo que organizaciones que trabajan con migrantes están denunciando como doble estándar.

El jueves pasado el presidente Biden anunció que Estados Unidos acogerá a 100.000 refugiados ucranianos.

Y la Casa Blanca aclaró que serán recibidos a través de “una gama completa de vías legales”, incluido el programa de admisión de refugiados, que puede conllevar el otorgamiento de una residencia permanente, y que otros recibirán el “permiso humanitario”.

Hasta 800 al día

A uno de esos pasos fronterizos que menciona el memorándum acudió Natalyia el pasado viernes, a la garita de San Ysidro.

Situado entre Tijuana, en el estado mexicano de Baja California, y el condado de San Diego, en EE.UU., es el cruce fronterizo más transitado del mundo. Lo atraviesan al año unos 6 millones a pie y 13 millones con vehículo.

Coches en el cruce fronterizo de San Ysidro el 25 de marzo de 2022.

BBC Mundo
La garita de San Ysidro es el paso fronterizo más transitado del mundo.

La encontramos allí, del lado mexicano, poco antes de las 10 de la mañana, con una maleta y su gato metido en una caja rosada. Una vez en EE.UU., su plan era dirigirse a Sacramento, en California, donde dijo tiene familia.

Con ella, junto a la puerta giratoria custodiada por agentes de la CBP, al costado de una cola que crecía por momentos, había una treintena de ucranianos.

Eran madres con niños, parejas, padres solos, familias enteras que huyeron tras la invasión o a quienes lo que el presidente Vladimir Putin llama “operación militar especial” los agarró en el extranjero y decidieron no regresar hasta que acabe.

“Es así todos los días”, le contó a BBC Mundo el abogado Alex Tovarian, de origen ruso y que ejerce en San Francisco. “Un grupo grande acaba de pasar, de familias con hasta cinco niños”.

Él y otros voluntarios que hablan ruso o ucraniano les asisten, explicándoles en qué consiste la medida que adoptó EE.UU. y qué documentación deben presentar cuando los retienen para interrogarles durante hasta dos horas.

Otros les ofrecen mandarinas, agua y barritas de cereal.

Son hasta 800 al día, apuntó Tovarian.

Fila en la garita de San Ysidro el 25 de marzo de 2022.

BBC Mundo
Los ucranianos esperan a un costado de la fila para cruzar el paso fronterizo de San Ysidro.

De octubre de 2021 a febrero, la CBP interceptó a poco más de 1.300 ucranianos a lo largo de la frontera entre México y EE.UU., de acuerdo a los datos públicos de la agencia. Pero la información no está actualizada en su página web con los números de este mes.

BBC Mundo solicitó a la CBP la cifra de los ucranianos a los que se les garantizó el “permiso temporal humanitario de ingreso” —un sello que dice parole en su pasaporte—, pero al momento de publicar esta nota sigue sin respuesta.

Sello del "permiso temporal humanitario" de estancia en EE.UU. para ciudadanos Ucranianos.

BBC Mundo
El sello que garantiza a los ucranianos permanecer durante un año en Estados Unidos.

“Suelen llegar por su cuenta, en vuelos a Cancún o Ciudad de México”, le confirmó a BBC Mundo el cónsul honorario de Ucrania en Baja California, Pedro Ramírez Campuzano.

“No suelen acudir a nosotros, no se registran en el Consulado y no tenemos cómo saber cuántos están llegando”.

“No quería que mi hija oyera las bombas”

Del radar del Consulado escaparon, por ejemplo, una mujer de 31 años, delgada y rubia, que nos encontramos en el cruce de San Ysidro y no dejaba de acariciar la cabeza de su hija de 9.

Hablaba algo de inglés y, mientras apretaba a la menor contra ella y sin despegarse del abogado Plaksin, contó escuetamente su odisea.

“Somos de Donetsk”.

La ciudad pertenece a la región del Donbás y fue, como la vecina Lugansk, tomada por separatistas prorrusos en 2014 y el pasado 22 de febrero Putin reconoció a ambos como estados independientes de Ucrania.

“Salimos cuando se anunció la invasión y cruzamos cinco países antes de llegar aquí”.

Así lo hizo también la familia formada por Federik, un joven rubio que en Ucrania tenía una empresa que minaba bitcoins, su esposa, la pelirroja Viktoriia, y la hija de 4 años de ambos, Monika.

“Encendí el celular y me entraron de golpe decenas de mensajes de amigos diciéndome que había empezado la guerra. Empacamos nuestras cosas en 20 minutos y nos fuimos“, recordó Federik. “No quería que mi hija oyera las bombas”.

Federik, Viktoriia y su hija Monika en el cruce fronterizo de San Ysidro el 25 de marzo de 2022.

BBC Mundo
Federik, Viktoriia y su hija Monika viajaron durante seis días en coche de su ciudad en Ucrania hasta Estambul.

Se metieron cinco personas en un auto y condujeron durante seis días desde Vyshneve, a dos kilómetros al sur de Kiev, hasta Estambul, donde vive la hermana mayor de Viktoriia. “Tratamos de hacer una media de 500 km al día”.

Desde la capital de Turquía volaron a Cancún, en el Caribe mexicano, y luego a Tijuana.

“Llegamos anoche, en el vuelo de las 11 de la noche. Dormimos, desayunamos y nos vinimos a hacer fila”.

Se sienten privilegiados. “Son muchos los que se quedaron en Ucrania. Algunos de nuestros amigos, luchando. Hay mucha destrucción, ciudades enteras”.

Viktoriia, quien apenas habla inglés, asentía, mientras Monika se agarraba a sus piernas.

“¿Y a su hija le hablan de la invasión?”, les preguntamos.

“Sí, le contamos la verdad”.

“¿Y ella qué dice?”.

Pregunta sobre su guardería: “¿Van a destruirla?”. Dice que echa de menos a los abuelos y cuando vemos imágenes de la guerra en la televisión quiere saber si es en nuestra ciudad. Le decimos que sí”.

Estamos en ‘shock’

Contando eso estaba Federik cuando se unieron a la espera dos mujeres con tres menores, de 9, 11 y 12 años, uno de ellos con parálisis cerebral, postrado en un coche para niños.

Cargaban bolsas, algo de comida, uno de los niños lleva un oso de peluche bajo el brazo.

Oso de peluche en el paso fronterizo de San Ysidro el 25 de marzo de 2022.

BBC Mundo
Las familias cargan con bolsas con comida, maletas, juguetes de niños.

Ukraine“, nos dijo una de las dos mujeres, que prefirió reservarse el nombre, nada más nos dirigimos a ella.

Con la ayuda de una voluntaria que se ofreció a hacer de traductora, supimos que salieron de Odesa, la tercera ciudad de Ucrania y el puerto marítimo más importante del país, al segundo día de la invasión, el 25 de febrero.

Se dirigieron a Moldavia y de allí a Rumanía. Viajaron en autobuses y trenes, con los niños, el coche, las bolsas.

Tras su paso por México, el objetivo es llegar a Nueva York, donde una de ellas tiene familia.

“¿Creen que los rusos atacarán Odesa?”, les preguntamos.

“Sí”, respondieron sin dudar, aunque estos días su ciudad trata de recuperar la cotidianeidad, en parte como desafío a las tropas rusas, en parte por necesidad.

Dijeron estar “en shock, sin poder creer lo que está pasando. “No entendemos nada. Ambos países somos hermanos, una familia“.

“Somos dos países iguales”, concordó Federik, atento a la conversación. “Escuchamos la misma música, vemos los mismos programas en la tele, compartimos problemas, la corrupción. Nos entendemos”.

3 días en un búnker, 16 personas en total

Recién casados en el cruce fronterizo de Tijuana-San Ysidro, entre México y Estados Unidos, el 25 de marzo de 2022.

BBC Mundo
Los recién casados Artem y Kate, de 23 años, estaban de luna de miel en Madrid cuando supieron que Rusia invadió su país.

Artem y Kate, de 23 años, hacían fila con las mascarillas puestas. Desarrollador inmobiliario él, cuidadora de niños ella, también son de Odesa.

Pero a ellos la invasión los agarró fuera del país: en Madrid, de luna de miel. Y optaron por no volver.

También a Alex, un hombre de mediana edad con los ojos claros y el pelo muy corto. Él estaba trabajando en Pensilvania, EE.UU.

Su esposa y sus dos hijos, de 9 y 15 años —que ahora hacían cola junto él—, estaban en ese entonces en Glevakha, a 15 kilómetros de la base aérea de Vasilkov que Rusia atacó con misiles.

Y se decidió a sacarlos de allí.

“Salieron el 26 de febrero y pasaron una semana en distintos lugares de Ucrania. Permanecieron tres días en un búnker, un garaje, 16 personas en total“.

Luego cruzaron la frontera hacia Rumanía. Allí les esperaba Alex.

Ya reunida, la familia viajó a Polonia.

Alquilaron un apartamento en Gdansk por unos días que pagaron “a un precio como de Nueva York”, y cuando supo de la excepción al Título 42, vio que la solución pasaba por viajar a México.

“Yo tengo pasaporte estadounidense, pero ellos no. Como no estamos casados, hasta ahora no podía traerlos, pero con el permiso humanitario se nos abrió una oportunidad”.

Viacheslav en el cruce fronterizo de San Ysidro el 25 de marzo de 2022.

BBC Mundo
Viacheslav viaja solo. Su mujer y su hija de 2 años se quedaron en Haití, con la familia materna.

A eso aspira también Viacheslav.

Casado con una haitiana a la que conoció en su ciudad Kropyvnitskyy, a donde ella había llegado a estudiar medicina, la guerra los agarró de viaje.

Tras dos años de pandemia sin poder salir del país, habían ido a visitar a la familia de su esposa a Haití y a presentarle a la hija que tuvieron en Ucrania. De allí, fueron a las islas Turcas y Caicos, y fue donde los agarró la invasión.

Decididos a no regresar a su país, él tomó rumbo a México, para aprovechar la coyuntura y probar a establecerse en EE.UU.

Su esposa y la niña se quedaron en Haití, ya que México exige visa de entrada a los haitianos.

Fue la última historia que escuchamos del lado mexicano de la frontera.

Nos avisaron que pronto iban a dejar pasar a otro grupo de ucranianos, así que nosotras también nos dispusimos a hacer fila.

Tres banderas

Era larga pero iba rápido. En menos de media hora cruzamos la puerta giratoria, mostramos la visa y el pasaporte a los agentes migratorios y nos vimos fuera del edificio del CBP, observando la bandera de EE.UU., la de California y la de McDonald’s ondear una al lado de la otra.

La bandera estadounidense ondea junto a la de California y la de McDonald's junto al cruce fronterizo de San Ysidro el 25 de marzo de 2022.

BBC Mundo
La bandera estadounidense ondea junto a la de California y la de McDonald’s.

Al poco rato cruzó Alex, con dos maletas, pero sin familia.

Su esposa y sus dos hijos tardarían dos horas en salir por la puerta, con sendos sellos que les permiten quedarse hasta un año en territorio estadounidense.

Junto a ellos salieron también la madre e hija de Donetsk, acompañadas siempre del abogado, y las dos mujeres con tres niños originarios de Odesa.

Natalie Moores, una abogada estadounidense de origen ucraniano esperaba allí para echarles una mano y ponerlos en contacto con la Jewish Family Service de San Diego, una de las organizaciones que asisten con el alojamiento y el transporte.

“Empecé a hacerlo el 7 de marzo, de forma voluntaria, y desde entonces vengo todos los días, como si fuera un trabajo”, le contó a BBC Mundo.

“Veía imágenes de la guerra en la televisión y pensé que, como hablo ucraniano, ruso e inglés, les podía ayudar. Ahora a veces les acompaño en el cruce, otras les espero de este lado”.

Viacheslav también logró cruzar. Lo encontramos sentado, con frío, comiéndose un sándwich.

“Quiero quedarme y tratar de traerlas. Buscar trabajo”. Lo intentará en Miami, donde vive una tía de su mujer.

Posó para la foto bajo la bandera estadounidense, sosteniendo su pasaporte ucraniano.

Nos preguntó si los tranvías iban hacia San Diego y se marchó.


*Texto y fotos: Leyre Ventas. Con el reporteo de Liliet Heredero.

*Nombre ficticio.


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