Desde 2003 van 23 periodistas desaparecidos en México, en promedio, dos por año: informe
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Desde 2003 van 23 periodistas desaparecidos en México, en promedio, dos por año: informe

Tamaulipas, Veracruz y Michoacán concentran el 65% de los casos ocurridos en 12 años. El 96% de las desapariciones corresponden a reporteros que cubrían temas de corrupción y crimen organizado, según la organización Artículo 19.
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Por Arturo Ángel
9 de febrero, 2016
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Protesta de periodistas en Coatzacoalcos, tras el asesinato del informador Goyo Jiménez. //Foto: Cuartoscuro

Los periodistas que han desaparecido trabajaban en temas de corrupción y delincuencia. //Foto: Cuartoscuro

Desde el 2003 un total de 23 periodistas han desaparecido en México, en promedio dos cada año, sin que hasta el día de hoy alguno haya sido localizado. El 96 por ciento de los periodistas desaparecidos trabajaban en temas de corrupción y delincuencia con posibles autoridades involucradas.

Tres estados del país, Tamaulipas, Veracruz, y Michoacán concentran el 65 por ciento de los casos de periodistas desaparecidos. Hay otras siete entidades que también registran casos de por lo menos un reportero cuyo paradero es desconocido. El 2010 ha sido el peor año hasta ahora con seis desapariciones.

El Informe “Periodistas Desaparecidos en México” que hoy presenta la organización internacional de defensa de la libertad de expresión Artículo 19, advierte que no hay otro país en el mundo que registre más casos de periodistas desaparecidos, lo que se agrava por la falta de resultados en las investigaciones de los casos.

Según la organización, aunque es claro que existe “un patrón” en la desaparición de la mayoría de los periodistas por los temas que cubrían, e incluso porque varias víctimas recibieron amenazas previas, las autoridades estatales y federales han mostrado resistencia incluso para reconocer que el trabajo de los periodistas es la causa detrás de la desaparición de todos ellos.

“Los patrones identificados confirman las deficiencias en el tratamiento dado por las autoridades mexicanas. Es decir, ignoran u ocultan de manera sistemática los nexos causales entre la actividad periodística y el papel de las autoridades y particulares en la desaparición de los periodistas. De esta menara sostenemos que la mayoría de las desapariciones son forzadas en tanto no se descarte este supuesto en las investigaciones” dice el informe.

Cabe señalar que de acuerdo con el informe, el 2010 ha sido el año con el mayor número de periodistas desaparecidos con seis. Tres casos han ocurrido en el actual sexenio aunque en 2015 no se tiene registro de alguno.

Sin embargo, apenas este 7 de febrero – posterior al cierre del informe – se reportó la desaparición de la periodista Anabel Flores Salazar, luego de que presuntamente fue sacada de su domicilio en Veracruz pro varios sujetos armados. Se trata del primer caso ocurrido desde 2014. La periodista cubría temas de seguridad al igual que la mayoría de las otras víctimas de los últimos doce años.

Estados con más periodistas desaparecidos

Gráfico: Omar Bobadilla (@obobadilla)

Silencio forzado

De acuerdo con los datos de Artículo 19, entre el 2003 y 2015 se tiene un registro de 23 periodistas desaparecidos y que actualmente permanecen sin ser localizados. Algunos casos  como el del reportero Moisés Sánchez, que fue víctima de desaparición forzada y luego su cuerpo fue localizado, no se incluyen en ese listado.

El informe destaca que 15 de los 23 periodistas desaparecidos cubrían asuntos de delincuencia organizada mientras que siete de las víctimas también abordaban temas de corrupción. Es decir, el 96 por ciento de los reporteros trabajaban o estaban especializaos en ese tipo de temas antes de su desaparición.

El informe también resalta que el 23 por ciento de las víctimas investigaban el posible vínculo de autoridades militares, federales o estatales con grupos del crimen organizado. En el caso específico de cinco periodistas hubo amenazas previas de personas desconocidas y en otros dos casos las advertencias vinieron directamente de militares o policías municipales.

De acuerdo con Artículo 19, estos datos  son suficientes para que en todos los casos se investigue el posible involucramiento de las autoridades.

“Sin importar el orden de gobierno, la participación y/o tolerancia de agentes estatales en torno a la desaparición de periodistas en México, es indicio suficiente para exigir que una de las principales líneas de investigación sea la conexidad entre la desaparición, el tipo de cobertura y los sujetos afectados por la búsqueda y difusión de la información” señala la organización.

Tamaulipas es la entidad que registra el mayor número de casos con seis periodistas desaparecidos. Se trata de los reporteros Pedro Arguello, Miguel Ángel Domínguez y Guillermo Martínez Alvarado, del periódico El Mañana; así como Amancio Cantú y Guadalupe Cantú de La Prensa. Todos ellos desaparecidos desde el 1 de marzo del 2010.

A ellos se suma María del Rosario Fuentes del portal Valor por Tamaulipas, desaparecida desde el 15 de octubre del 2014.

Veracruz junto con Michoacán son los otros dos estados con el mayor número de casos, con cuatro cada uno, aunque con el caso ocurrido esta semana de Anabel Flores, la entidad que gobierna Javier Duarte ya sumaría cinco.

Los periodistas desaparecidos en Veracruz son Jesús Mejía Lechuga de Radio MS Noticias, Gabriel Fonseca de El Mañanero Veracruz, Miguel Morales de Diario de Poza Rica, y Sergio Landa de Diario Cardel.

En Michoacán las víctimas son los reporteros José Antonio García Apac de Ecos del periódico La Cuenca, Mauricio Estrada Zamora de La Opinión de Apatzingán, María Esther Aguilar de Cambio de Michoacán, y Ramón Ángeles Zalpa de Cambio de Michoacán.

// Gráfico: Artículo 19.

// Gráfico: Artículo 19.

Muchas manos, cero resultados

El informe destaca que aun cuando existe a nivel federal la Fiscalía Especializada en Atención de Delitos contra la Libertad de Expresión (FEADLE)  que se especializa en investigar delitos contra periodistas, y que se suma a las Procuradurías de cada estado que también tienen facultades para hacerlo, los casos de desaparición de reporteros, al igual que ocurre con los homicidios, permanecen generalmente impunes.

“Un común denominador es la carencia de investigaciones, y la impunidad de los delitos es constante: tanto en los primeros casos de periodistas desaparecidos como en el más reciente, a pesar de que los ministerios públicos tienen conocimiento de los hechos, se desconoce el estado, avance y/o resultados de las investigaciones -en caso de que existan- , así como las acciones para dar con el paradero de las víctimas” señala el informe.

Artículo 19 advierte especialmente que la existencia de la propia FEADLE, en lugar de convertirse en un canal para la resolución de los casos, se ha vuelto en varias ocasiones en otro paso burocrático pues no atrae las indagatorias y en algunos casos las duplica.

La existencia de dos averiguaciones en el nivel federal y local, advierte el informe, genera una duplicidad de funciones y de actuaciones que ponen a las víctimas indirectas (los familiares) en una revictimización constante.

Como ejemplo el estudio señala el caso de Moisés Sánchez, quien fue secuestrado a principios de enero de 2015 y casi un mes después se encontró su cuerpo sin vida. Tanto a nivel estatal como federal se “investigó” el caso pero las respuestas o llegaron tarde, o simplemente no llegaron.

Por ejemplo, el análisis destaca que la Fiscalía de Veracruz se tardó doce días en iniciar las investigaciones del caso y hasta el día de hoy no ha recopilado los videos del C4 que registraron la ruta del plagio del periodista, La FEADLE por su parte prefirió invertir dos semanas iniciales clave en indagar si Sánchez era o no periodista antes de ponerse a averiguar lo que había ocurrido.

La colaboración entre ambas autoridades para solucionar este caso fue nula, de acuerdo con el estudio.

El que los casos de las desapariciones de los periodistas no se resuelvan, destaca Artículo 19, genera un daño triple: No se detiene a todos los probables responsables; no se logra localizar a las víctimas; y no se esclarece el motivo por el cual se privó de su libertad (y posiblemente de la vida).

// Gráfico: Artículo 19.

// Gráfico: Artículo 19.

Tras un año, un nuevo caso

El informe “Periodistas Desaparecidos en México” arroja que en 2015 no se registraron casos de periodistas desaparecidos. No obstante, en el arranque de 2016 la historia es distinta.

Este 8 de febrero se reportó la desaparición de la periodista Anabel Flores quien, según la información oficial dada a conocer por la Fiscalía de Veracruz, fue sacada de su domicilio en el municipio de Mariano Escobedo por personas armadas y con uniformes similares a los de los soldados.

En su comunicado, la fiscalía dijo que había varias líneas de investigación abiertas en torno al caso de la reportera que cubría temas de seguridad, pero afirmó que también se indagarían “los vínculos” de la comunicadora, entre ellos una supuesta reunión con un presunto narcotraficante apodado “El Pantera” en 2014.

Artículo 19 emitió ayer una alerta para que el caso sea resuelto y lamentó el pronunciamiento de la Fiscalía de Veracruz.

“Resulta alarmante que a  pocas horas de haber comenzado la investigación, la Fiscalía de Veracruz, establezca en su primer comunicado un posible vínculo de la periodista con la delincuencia organizada, culpabilizando a Anabel Flores, y violando su debido proceso. La obligación de las autoridades de procuración de justicia en investigar y no criminalizar”.

La organización recordó que Veracruz es actualmente la entidad más peligrosa del país para ejercer la actividad del periodismo. La entidad que gobierna Duarte registró el año pasado 67 agresiones contra periodistas incluyendo cuatro desplazamientos forzados y el homicidio de tres comunicadores.

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Migrantes en Texas: 'Estamos honrando a personas cuyas familias aún no saben que han muerto'

San Antonio, una ciudad del sur de Texas cercana a la frontera con México, la migración está muy presente. Y muchos sienten como propia la tragedia de las 53 personas que murieron de calor en el remolque de un camión abandonado.
30 de junio, 2022
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“Mírenme: ¿a ustedes les parezco estadounidense? ¿Saben la de veces que me llamaron come-frijoles en el colegio? ¿Cómo vi a mi madre esclavizarse para conseguir unos papeles? Y me preguntan por qué estoy tan afectada”.

En la vigilia para recordar a los migrantes hallados sin vida el lunes en un camión abandonado en el suroeste de San Antonio, Texas, y a los que fallecieron después en hospitales de la ciudad —40 hombres y 13 mujeres, 53 en total—, Wanda Pérez Torrescano no puede ocultar su enojo.

“Es que estamos honrando a personas cuyas familias aún no saben que han muerto, que siguen esperando esa llamada que diga: ‘Mami, llegué a la frontera, estoy bien'”, dice enérgica, micrófono en mano, ante las decenas de congregados este miércoles en el céntrico parque Travis.

“Y lo sé porque yo he estado del otro lado del teléfono”.

Nacida en Ciudad de México y criada en San Antonio, no es la única que siente como propia la mayor tragedia migratoria que se recuerde en suelo estadounidense.

En un acto solemne similar, el día anterior, la hondureña Jessica recordó cómo ella misma estuvo en su día en la piel de los migrantes que ahora dejaron sin agua ni aire acondicionado en un remolque con una temperatura exterior de 40 grados.

“Yo vine aquí a los 14 años, también en un tráiler (18 wheeler) y perdí el conocimiento por el calor”, dijo con emoción durante la vigilia. Preguntada después si quería contar su historia a BBC Mundo, contestó: “Me sigue desencadenando muchas emociones. Aún tengo mucho que procesar y no me siento preparada para dar detalles”.

Mujer sostiene cartel durante vigilia.

Getty Images

Mientras eso ocurría en el casco histórico de San Antonio, otros honraban a los muertos en el mismo lugar en el que fue hallado el camión: un polvoriento camino entre un almacén de madera y la vía del tren, en un paisaje salpicado de ventas de autopartes.

Las primeras dos cruces —bien coloridas— las colocaron allí el martes Angelita Olvera, hija de un potosino, y Debra Ponce, quien advierte que “hay que tener un ojo en Texas, porque se van a cambiar los derechos civiles tal como los conocemos”.

Desde entonces, aquella esquina desangelada se ha llenado de flores y velas, como las depositadas por la hondureña Gabriela y sus dos hijas, y de carteles llamando al respeto y a la solidaridad. El artista Roberto Márquez, quien él mismo cruzó desde Tijuana a EE.UU. hace ya 40 años, pinta un mural que se da cierto aire al Guernica de Picasso.

Y es que la migración está muy presente en esta ciudad situada a apenas 250 kilómetros al norte de la frontera con México.

Señalización en la calle que en la que se encontró el camión.

Getty Images
Señalización en la calle que en la que se encontró el camión.

Ciudad clave en el tránsito migratorio

Expertos y organizaciones que BBC Mundo consultó para este artículo y funcionarios que pidieron no publicar su nombre describen a la urbe de 2,5 millones de habitantes como un “centro de tránsito”, un lugar estratégico en el que confluyen varias rutas migrantes, rodeado de autopistas que cruzan el país de norte a sur y de este a oeste.

Edward Reyna, un empleado de seguridad de la empresa maderera situada a escasos metros de donde fue dejado el camión, ya perdió la cuenta de las veces que ha visto a mexicanos y centroamericanos, entre gente de otras nacionalidades, saltar del tren que pasa por ahí mismo.

“Ya sabía que tarde o temprano alguien saldría lastimado”, le dijo a la BBC. “A los carteles que los traen no les importan nada”.

Los que él se encuentra durante sus guardias son los que no han sido interceptados por las autoridades migratorias.

En mayo la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP, por sus siglas en inglés) registró casi 240.000 “encuentros”, un tercio más que el mismo mes el año anterior.

Eso a pesar de que el gobernador de Texas, el republicano Greg Abbott, lanzara en marzo de 2021 la Operación Lone Star y ese mayo emitiera una “declaración de desastre” que le permite desplegar la Guardia Nacional en la frontera y ahora cubre 53 condados. Todo ello para tratar de frenar el aumento de los cruces fronterizos, que él atribuye a las políticas migratorias del presidente Joe Biden.

La policía investiga un camión en el que fueron hallados 46 personas muertas.

Getty Images
San Antonio queda aproxidamente a 250 km de la frontera con México.

Pero los migrantes siguen llegando y transitando por el estado, algunos ocultos en camiones, un modus operandi muy específico —aunque no exclusivo— de esta zona fronteriza, le dice a BBC Mundo Guadalupe Correa-Cabrera.

Profesora de la Universidad George Mason de Faixfax, Correra-Cabrera lleva años estudiando las rutas migratorias, incluida la que transita desde Nuevo Laredo, en México, hasta Laredo, en EE.UU., a través de la aduana terrestre para mercancías más importante del hemisferio.

Eso mismo hace que sea imposible revisar toda la carga que cruza a diario por ese puente, explica la experta. “No hay cifras oficiales, pero se calcula que es menos del 5% lo que se llega a verificar”.

Aunque aclara que el tráfico de migrantes en tráilers no necesariamente arranca en México. En base a testimonios recopilados por ella misma, cuenta que en algunos casos los traficantes los recogen en camiones ya del lado texano.

Es lo que los investigadores del Departamento de Seguridad Nacional que lideran las indagatorias creen que ocurrió en el caso del camión abandonado el lunes, según le dijo a la agencia AP el congresista Henry Cuellar.

Niña deja flores en el lugar en el que se encontró el camión.

Getty Images

Los que se van, los que quedan

Vengan por la vía que vengan, por el medio de transporte que sea, gran parte de los migrantes que llegan a San Antonio suelen estar de paso, le confirman a BBC Mundo las autoridades migratorias. Suelen hacer noche en un espacio facilitado por distintas organizaciones que los apoyan o en el aeropuerto o la estación de autobuses.

Aunque hay quienes se quedan, como Lemi, un cubano que llegó hace cuatro años y trabaja de taxista en la ciudad. Su plan es, en algún momento del año que viene, irse con su mujer y su hijo de 11 meses a Florida.

O su compatriota Jose, quien tras pasar penurias en la selva del Darién, en Ecuador y otros países por los que transitó, cruzó a EE.UU. y se entregó a Migración el 25 de mayo, al día siguiente del tiroteo que dejó 21 muertos en una escuela primaria de Uvalde —una localidad a poco más de hora y media por carretera de la frontera—.

Nada más ser liberado se subió a un bus de la empresa Greyhound —en el que me contó su historia— dirección a la estación de San Antonio.

También se quedó en la ciudad, al menos de momento, Carlos, un emigrante venezolano de 34 años que, tras atravesar varios países, cuando llegó a la frontera sur de México decidió que la mejor manera de dirigirse al norte era en moto.

“En Monclova (en el estado norteño de Coahuila, que limita con EE.UU.) tuve un accidente, me operaron y ahora llevo una placa aquí”, dice señalando el muslo izquierdo.

Mientras recupera fuerzas en la pierna para poder trabajar, aguarda en la Posada Guadalupe, que gestiona el padre Phil Ley.

Originario de Indiana, instaló el primer albergue para migrantes en San Antonio hace 16 años. “Empecé a recibir a personas enviadas de hospitales, porque estaban lesionadas o eran diabéticas y necesitaban diálisis. Hasta que un abogado (especializado en migración) me pidió permiso para albergar a un cliente que acababa de cumplir los 18 años y ya no podía estar en el Centro de Detención para menores del ICE”, recuerda para BBC Mundo.

“Así se corrió la voz entre otros abogados”, dice, y el suyo terminó siendo una casa de acogida especialmente para migrantes jóvenes. Este miércoles tenía a 21. “Mañana llega otro, y el sábado uno más”, cuenta.

Preguntado por lo ocurrido con el camión abandonado con los migrantes dentro, dice que es una desgracia que lo “entristece y enfurece al mismo tiempo”.

Son los mismos sentimientos que compartía Wanda Pérez con los asistentes a la vigilia este miércoles, los que sienten la tragedia como propia, los que expresaron todos aquellos que hablaron con BBC Mundo para este reportaje y describieron el suceso como un “asesinato en masa”.

“Tragedias como esta visibilizan el problema, mientras nos hacen pensar en cuán sofisticadas son estas redes, cuánta gente y dinero mueven, y qué poco sabemos de ellas”, cierra la investigadora Correra-Cabrera.


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