En seis años, los estados duplicaron su deuda: Auditoría
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En seis años, los estados duplicaron su deuda: Auditoría

La deuda pública subnacional se duplicó nominalmente en el periodo 2008-2014, al pasar de 230,000 millones de pesos a 509,000 millones de pesos; una variación real de 102%
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Por Nayeli Roldán
18 de febrero, 2016
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Cintillo

// Foto: Archivo Cuartoscuro.

// Foto: Archivo Cuartoscuro.

De 2008 a 2014, las entidades federativas duplicaron el monto de su deuda y tardarán 14 años para pagarla.

Esto significa que, en promedio, cada habitante está endeudado con 4,257 pesos, aunque hay estados como Quintana Roo donde la cifra asciende a 13, 840 pesos y en Nuevo León a 12,202 pesos por persona.

Los datos forman parte del estudio “Sostenibilidad de la Deuda Pública Subnacional”, incluido en el Informe de la Cuenta Pública 2014 de la Auditoría Superior de la Federación, que fue entregado a la Cámara de Diputados.

Los estados contrataron deuda porque sus finanzas fueron insuficientes para enfrentar todos sus gastos, como salarios de la burocracia, servicios y programas sociales; además, generan pocos ingresos propios (impuestos) y la Federación disminuyó la entrega de recursos a las entidades debido a la crisis de 2009.

Por ello, “la deuda pública subnacional se duplicó nominalmente en el periodo 2008-2014”, al pasar de 230,000 millones de pesos a 509,000 millones de pesos; una variación real de 102% en dicho periodo, explica el informe.

Las nueve entidades que concentran 45% del monto total son Nuevo León, Chihuahua, Coahuila, Veracruz, Distrito Federal, Quintana Roo, Jalisco, Chiapas y Tamaulipas. Mientras que Tlaxcala es la única entidad que no ha contratado deuda.

En el análisis per cápita, durante las administraciones del ex gobernador Félix González Canto y el actual gobernador Roberto Borge Quintana Roo se convirtió en la entidad que más se ha endeudado en comparación con su capacidad de pago. Por ello, cada ciudadano pagó 13,840 pesos en 2014 por la deuda, es decir, 11,000 pesos más que en 2008, cuando la cifra ascendía a 2,184 pesos por persona.

Le sigue Nuevo León –cuyo gobernador era Rodrigo Medina–con 12,000 pesos per cápita (8,270 pesos más que en 2008) y Coahuila, donde gobernó Humberto Moreira, con un pago de 11,916 pesos por persona, cifra muy por encima de los 677 pesos que se pagó en 2008.

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Para que las instituciones bancarias le presten dinero a los estados, los gobiernos ponen como garantía los recursos (que aún no reciben), sobre todo, provenientes de la Federación. La Auditoría detectó que 85.3% de las transferencias federales fueron la principal garantía de pago de la deuda, mientras que los recursos propios representaron tan sólo el 14.7%.

“Al tratarse de recursos no condicionados, las entidades federativas podrían destinar la totalidad de las participaciones federales al pago de deuda, lo que es materialmente imposible. Por otro lado, se observa un crecimiento real del 322.5% de 2008 a 2014 de las aportaciones como garantía de pago, con una variación nominal de 7,320 millones de pesos en ese lapso”, advierte el informe.

Esto puede resultar un problema para las entidades, porque “la reducida flexibilidad del presupuesto también se manifiesta en su limitada capacidad para cubrir gastos contingentes, como los desastres naturales, y ampliar la cobertura y calidad de los servicios de salud, educación y seguridad pública”.

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Dependencia Federal

Las entidades dependen económicamente de la Federación. En 2014, a nivel nacional los ingresos por transferencias federales representaron 83.1% de los ingresos totales. Incluso, hay entidades donde la dependencia fiscal fue superior a 90%, como Guerrero, Hidalgo, Nayarit, Michoacán, Baja California Sur, Chiapas, Morelos, Tabasco, Zacatecas, Oaxaca, Sinaloa y Colima.

En contraste, el Distrito Federal, Chihuahua y Nuevo León fueron las entidades con mayor autonomía fiscal en 2014, debido a que sus ingresos propios como proporción de los ingresos totales representaron el 39.2%, 21.3% y 18.6%, respectivamente.

Sin embargo, los estados podrán endeudarse más gracias a la reforma a Ley de Coordinación Fiscal, publicada el 9 de diciembre de 2013, donde se ampliaron las garantías de pago al incorporar el Fondo de Aportaciones Múltiples (FAM) y el Fondo de Aportaciones para la Seguridad Pública de los Estados y del Distrito Federal (FASP), de los cuales se podrán destinar hasta el 25.0% de los recursos para deuda.

Hasta antes de 2013, las entidades federativas ya contaban con cinco de los ochos fondos de aportaciones federales para usarlos como garantía de pago: Fondo de Aportaciones para la Infraestructura Social (FAIS); Fondo de Aportaciones para el Fortalecimiento de los Municipios y de las Demarcaciones Territoriales del Distrito Federal (FORTAMUN-DF) y el Fondo de Aportaciones para el Fortalecimiento de las Entidades Federativas (FAFEF).

A esto se suma que las entidades son poco transparentes en la evolución de su deuda. Los estados que presentaron un nivel de transparencia bajo en la existencia y disponibilidad de las estadísticas fiscales fueron Durango, Colima, Quintana Roo, Tlaxcala, Tamaulipas, Guerrero, Morelos y Sonora.

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Por qué la pandemia de COVID-19 disminuyó nuestra capacidad de concentración (y 3 trucos para recuperarla)

Una de las consecuencias psicológicas de la pandemia es la dificultad para concentrarse en tareas como la lectura o el trabajo.
19 de diciembre, 2020
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Da la impresión que ya llevamos años en estos “tiempos inciertos”.

Hace meses nuestras rutinas fueron interrumpidas y nos hemos visto obligados a adaptarnos.

Y una consecuencia importante es el estado de fatiga mental. Se volvió más difícil concentrarse durante un período largo de tiempo y parece que estuviéramos en un estado colectivo de distracción casi constante.

“Sentí que tenía un bloqueo mental que me impedía concentrarme “, afirma la escritora y lectora asidua Sophie Vershbow.

Ella entró en ese estado de ánimo al principio de la pandemia y su tuit en el que admitía no poder concentrarse lo suficiente para leer un libro recibió más de 2.000 “me gusta”.

Pero no está sola. Haga una búsqueda rápida en internet y encontrará una avalancha de artículos recientes sobre personas que no pueden concentrarse, el predominio de la “niebla mental” y las diferentes formas de pérdida de concentración.

Por supuesto, gran parte de este sentimiento subjetivo de distracción mental se centra en los aspectos prácticos de la vida actual.

Para muchas personas, sobre todo para los padres y madres, el cambio repentino al trabajo desde casa significó una intensificación del conflicto entre su labor profesional y la vida doméstica.

Es complicado concentrarse en una hoja de cálculo mientras los hijos luchan por el control remoto del televisor.

Trabajo en casa

Alamy
El trabajo en casa cambió la vida a personas en todo el mundo.

Pero parece que hay más que eso. Incluso cuando se termina el trabajo del día y los niños están en la cama, no deja de ser difícil escapar con la ayuda de una novela.

La teoría

Existe una teoría psicológica, aplicada originalmente en el contexto del aprendizaje, que puede ayudar a explicar por qué vivir en la era de la covid-19 puede haber convertido nuestras mentes en una ensalada mixta.

Se llama teoría de la carga cognitiva y fue desarrollada por primera vez por el psicólogo educativo australiano John Sweller.

Nuestras mentes son como sistemas de procesamiento de información. Cuando estamos trabajando en un problema, especialmente uno desconocido, dependemos de nuestra “memoria de trabajo“, que es muy limitada tanto en su capacidad de almacenamiento como en el tiempo que retiene los datos.

Cuanto menos familiarizado uno está con una tarea, más dependerá de su memoria de trabajo para intentar hacer algún malabar con la información relevante y buscar una solución.

Por el contrario, cuando uno es experto, la mayor parte de lo que necesita saber se almacena en la memoria de largo plazo y puedes completar la tarea en piloto automático.

Nuevas tareas, nuevos niveles de estrés

La teoría de la carga cognitiva proporciona un marco útil para comprender las diferentes formas en que la pandemia puede estar causando estragos en la función mental.

Mujer corriendo

Alamy
El ejercicio es una buena manera de reducir el estrés.

Primero, le fuerza a adoptar nuevas rutinas y le despoja la capacidad de hacer cosas en automático.

Por ejemplo, en una reunión de trabajo de antes simplemente la persona aparecía y se unía a la discusión.

Ahora, si ese mismo individuo trabaja de forma remota, debe iniciar su software de videoconferencia, preocuparse por la conexión a internet, ajustar sus tiempos a los posibles retrasos, etc.

Lo mismo se aplica a los desafíos domésticos como hacer la compra online en lugar de en persona en el supermercado.

Estas adaptaciones forzosas obligan a salir del piloto automático y le exigen a nuestra limitada capacidad de memoria de trabajo.

Para esta teoría, la “carga cognitiva” intrínseca requerida en gran parte de lo que hacemos ha aumentado.

Pasamos la mayor parte de nuestro tiempo obligados a pensar deliberada y conscientemente, más como novatos que como un expertos, y eso es agotador en sí mismo.

En segundo lugar, las investigaciones basadas en la teoría de la carga cognitiva sostienen que las emociones pueden interferir con el procesamiento de la información.

Imagen de cerebro

Getty Images
La pandemia provoca que nuestro cerebro se esfuerce más.

Cuando uno está ansioso, por ejemplo, se reduce la capacidad de la memoria de trabajo. Esto hace que sea más difícil resolver cualquier problema mental que requiera una resolución consciente.

Algo parecido a los nervios durante un examen que revuelven el cerebro y dificultan resolver operaciones matemáticas o redactar una oración coherente.

O cómo el estrés ante una prueba de manejo hace que sea mucho más difícil realizar las diferentes maniobras solicitadas.

En tercer lugar, esta teoría habla de la “carga cognitiva externa”. Se trata de la demanda sobre la capacidad de nuestra memoria de trabajo impuesta por distracciones que no son directamente relevantes para lo que se trata de hacer.

Estas alteraciones podrían ser solo tareas secundarias básicas que se ejecutan en segundo plano, como escuchar el boletín de noticias mientras se trabaja.

Lo que sucede ahora es que las interrupciones cotidianas causadas por la pandemia obligan a las personas a aprovechar su capacidad de memoria de trabajo con más frecuencia.

Cuando uno está más estresado y los niveles de ansiedad aumentan, o si se están haciendo malabares con múltiples tareas y compromisos, disminuye la capacidad de la memoria de trabajo.

Es lo peor de ambos mundos y otra razón por la que te puedes sentir agotado mentalmente.

Factor covid-19

Por lo general, en un momento de conflicto, podemos resolver el problema de forma rápida y la carga cognitiva se vuelve más manejable.

Mujer con barbijo

Getty Images
La pandemia nos impone desafíos nuevos todos los días.

Lo sorprendente de la vida en esta pandemia es que la situación no deja de cambiar.

Los gobiernos de todo el mundo están implementando constantemente restricciones diferentes y más complejas.

Reglas de viaje, instrucciones de autoaislamiento, listas de observación de síntomas, nuevas aplicaciones para teléfonos inteligentes, etc. No pasa un día sin que escuchemos sobre algún cambio.

Cualquier situación novedosa impone una carga cognitiva en nuestros cerebros, pero el hecho de que la covid-19 tuviera un impacto tan extendido en la sociedad nos obligó a absorber información nueva más rápido de lo que éramos capaces”, explica Samuli Laato, investigadora de la Universidad de Turku, quien estudia el papel de la carga cognitiva en el comportamiento de compra inusual de las personas durante la pandemia (compra por pánico) y en el intercambio generalizado de información errónea.

La experta explica que “en general, la incertidumbre siempre aumenta la carga cognitiva. Los factores estresantes como la amenaza para la salud, el miedo al desempleo y el miedo a las perturbaciones del mercado de consumo provocan eso”.

“Además, se introdujeron políticas de trabajo remoto a nivel mundial, lo que requirió que las personas se adaptaran a las nuevas tecnologías y una nueva forma de trabajar en conjunto “, añade Laato.

Planificación y autodisciplina

Afortunadamente, interpretar el efecto de agotamiento mental de la vida pandémica a través de la lente de la teoría de la carga cognitiva nos brinda algunas estrategias simples y efectivas.

En primer lugar, hay que intentar establecer nuevas rutinas y mantenerlas, de modo que no utilicemos constantemente la capacidad de la memoria de trabajo para tareas cotidianas.

Por ejemplo, recientemente invertí en un sistema de internet inalámbrico con repetidores que redujo la interferencia en las videollamadas y me tomé el tiempo para leer sobre las diferentes funciones de las distintas plataformas de conferencias virtuales.

Al comprender esta clase de elementos básicos necesarios durante la pandemia, ya no tendremos que desperdiciar capacidad mental en ellos.

Mujer duerme

Getty Images
Dormir bien es fundamental para mejorar nuestra salud mental.

En segundo lugar, debido a que estamos atravesando una era de mayor ansiedad e incertidumbre, es importante poner un esfuerzo adicional en el manejo del estrés, para que su memoria de trabajo no se vea constantemente sobrecargada por las preocupaciones.

Esto significa comer bien, hacer ejercicio y establecer una rutina regular a la hora de dormir, así como encontrar tiempo para actividades que relajen.

En la medida en que la situación lo permita, se pueden elaborar planes de contingencia para diferentes aspectos de su vida. Realizar preparativos realistas para escenarios temidos puede ser un gran alivio para la ansiedad.

Además, hay que darle al cerebro un descanso de las diarias actualizaciones de cifras de la pandemia.

Se puede considerar disponer días (o al menos tardes o noches enteras) para evitar cualquier charla o información referida a la covid-19.

Finalmente, es importante aliviar la tensión de la memoria de trabajo desconectando cualquier “carga cognitiva extraña”.

Esto significa esforzarse más en organizar el tiempo y ser disciplinado con las distracciones.

Tratar de reservar momentos del día dedicados a diferentes tareas, ya sean laborales o domésticas.

Por ejemplo, cuando se trabaja es mejor no tener encendido el televisor o la radio con las noticias de fondo.

Cuando se juega con los hijos, no tener el teléfono móvil al lado, o al menos no revisar correos electrónicos o Twitter.

Hay que permitir que la mente se concentre en una cosa a la vez y la recompensa será sentirse menos agotado mentalmente.

Parece que vamos a vivir en esta era pandémica por un tiempo todavía.

Si bien la ansiedad y la anomalía constantes cansan mentalmente, puede consolarnos el hecho de que no somos los únicos que se sienten así.

Nuestros cerebros tienen una capacidad de procesamiento limitada que se está extendiendo al límite en este momento, pero con una planificación cuidadosa y autodisciplina, hay formas de reducir la carga cognitiva y redescubrir cómo concentrarnos.

*Este artículo es una adaptación, puedes leer la versión original en inglés aquí.


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https://www.youtube.com/watch?v=DuMVeWY6gZU

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