GIEI denuncia obstáculos y filtraciones en investigación del caso Ayotzinapa; PGR niega obstruir información
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GIEI denuncia obstáculos y filtraciones en investigación del caso Ayotzinapa; PGR niega obstruir información

Los integrantes del GIEI expresaron su preocupación por "ataques y difamaciones" en su contra en medios de comunicación, así como la filtración de declaraciones de presuntos responsables con la intención de apuntar el caso hacia la versión del incendio en el basurero de Cocula.
Cuartoscuro
Por Paris Martínez
21 de febrero, 2016
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GIEI denuncia obstáculos y filtraciones a medios para defender versión oficial en caso Ayotzinapa. Foto: Cuartoscuro

GIEI denuncia obstáculos y filtraciones a medios para defender versión oficial en caso Ayotzinapa. Foto: Cuartoscuro

El Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes designado por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos para investigar la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa denunció que la Procuraduría General de la República les ha negado el acceso a nuevas evidencias relacionadas con esta investigación, y que no han sido incluidas en la averiguación previa original.

Entre estas evidencias se encuentran declaraciones de presuntos implicados que han sido detenidos en los últimos meses, como la de Gilberto López Astudillo (detenido en septiembre de 2015) así como peritajes, que la PGR ha integrado a nuevas carpetas de investigación no contempladas en el acuerdo de colaboración signado entre la CIDH y el gobierno mexicano, y por esta razón, quedan fuera del escrutinio del grupo de expertos independientes.

Por ello, el GIEI instó a las autoridades mexicanas a desistirse de esta estrategia de “fragmentación” de las investigaciones, y concentrar toda la información relacionada con la desaparición de los normalistas en una sola averiguación previa.

Aunque el Grupo de Expertos reconoció que, desde diciembre de 2015, un nuevo equipo de investigadores designados por la PGR está encargado de este caso, también destacó que las irregularidades cometidas por el anterior equipo siguen afectando el curso de las indagatorias.

Un ejemplo de ello, señaló el GIEI, es el amparo promovido por 22 policías de Iguala (a los que se acusó de las vejaciones y asesinato del normalista Julio César Mondragón), y a quienes un juez federal otorgó “recientemente” la “aceptación parcial del recurso de amparo“, dada la “falta de motivación de los autos de consignación” elaborados en su contra.

Por esta razón, el Grupo de Expertos demandó a la PGR que continúe la búsqueda de evidencias en contra de los todos los procesados, para consolidar las acusaciones formuladas ante los juzgados.

Un segundo ejemplo de este proceder irregular por parte de la PGR sigue siendo el caso del “quinto autobús”. Como se recordará, en septiembre de 2015 el GIEI reveló que la Procuraduría General de la República había ocultado evidencias de que habían sido cinco autobuses los atacados por la policía –y no cuatro, como afirmaba la versión oficial–, la noche en que fueron raptados y desaparecidos los 43 normalistas.

Al respecto, el GIEI denunció que, aun cuando desde noviembre de 2014 solicitó a la PGR asistencia técnica para continuar investigando todo lo relacionado con ese quinto autobús, dicha asistencia les fue otorgada apenas en febrero de 2016.

Según las investigaciones del GIEI, este quinto autobús podría ser la prueba de que estos vehículos son usados por el crimen organizado para traficar droga desde Iguala hasta Estados Unidos.

La falta de colaboración y el ocultamiento de evidencias, sin embargo, no sólo es atribuible a la PGR, destacó el Grupo de Expertos, sino también a la Secretaría de la Defensa Nacional, que sin justificación legal alguna continúa reteniendo videos y fotografías tomadas por sus elementos durante los ataques de la policía contra los normalistas.

Asimismo, el Tribunal Superior de Justicia del Estado de Guerrero sigue reteniendo el video captado desde el Palacio de Justicia de Iguala, que registró el momento en que policías atacaron a un grupo de normalistas.

Explicaron que es difícil suponer el propósito de esta fragmentación interna, pero que es “un claro obstáculo para la investigación del caso”.

La (falsa) quinta versión…

Luego de que peritajes tanto del GIEI como del Equipo Argentino de Antropología Forense descartaran la posibilidad de que en el basurero de Cocula fueran incinerados los 43 normalistas raptados por fuerzas de seguridad pública, ha surgido un nuevo intento de las autoridades de crear  una versión intermedia.

Esta “quinta versión” establece que, efectivamente, no fueron 43 los normalistas incinerados en Cocula, sino un número menor, 17 estudiantes.

Sin embargo, el GIEI advirtió que esta versión carece totalmente de sustento, y ha sido construida a partir de supuestas declaraciones ministeriales, que han sido manipuladas o que son abiertamente falsas, pero que han sido filtradas a medios y periodistas con disposición a difundir estas versiones falsas o no verificadas.

Por ello, los integrantes del GIEI subrayaron que “alertamos sobre la creación de esta quinta versión y reiteramos que la misma no se sustenta ni en declaraciones ni en otros elementos de convicción”.

Asimismo, lamentaron que “la filtración de declaraciones sigue siendo un factor que genera confusión, pues generalmente se trata de informaciones que no han sido contrastadas; muchas de estas filtraciones no responden a la verdad de lo que se dijo en las declaraciones, y hay incluso casos de procesados que se han reservado totalmente” su derecho a declarar, mientras en algunos medios les atribuyen testimonios, que en realidad son totalmente inventados.

En su intervención, Carlos Martín Beristain dijo que el grupo de expertos es una especie de vacuna que busca estimular las defensas del Estado mexicano contra la impunidad, pero que hay quienes consideran más al GIEI “como un cuerpo extraño, algo que hay que vigilar y encapsular... queremos seguir siendo una vacuna que estimule las defensas del Estado mexicano y no un cuerpo extraño del que hay que defenderse”, expuso en la conferencia de prensa.

La investigación “no está fragmentada”, responde PGR

En respuesta al pronunciamiento del GIEI la Procuraduría dijo que la investigación no está fragmentada, pues expuso que por una parte, la Oficina de Investigación del Caso Iguala se encarga de la indagatoria de los hechos respectivos, mientras que la SEIDO conoce eventos relacionados con delincuencia organizada y otros delitos de su competencia.

En cuanto al amparo promovido por los 22 policías señalados por el GIEI, la dependencia dijo haber interpuesto un recurso de revisión que será resuelto por el Tribunal Colegiado correspondiente, y que además, los elementos de seguridad también están sujetos a procesos federales por delincuencia organizada y secuestro, por lo que no podrían quedar libres con el recurso que solicitaron.

En un comunicado, la Procuraduría respondió, tras el reclamo del excesivo trámite solicitado a los familiares del normalista Julio César Mondragón para la toma de ADN, que esta petición “tuvo que pasar por la autorización y posterior trámite entre órganos jurisdiccionales estatales, sirviendo la PGR como conducto para acortar tiempos”.

También dijo que el posible tráfico de droga entre Iguala y Chicago es una de varias líneas de investigación, y desaprobó cualquier filtración de información del caso, por lo que dijo haber instruído al Ministerio Público de la Federación investigar estos hechos.

Sobre la serie de peticiones que ha hecho el grupo de expertos a la dependencia, “se informa que las primeras 177 solicitudes (26% del total de peticiones) ya están debidamente atendidas; las 31 formuladas en el periodo previo a la prórroga del mandato (5% del total) y las 469 contenidas hasta este momento en la segunda etapa (69% del total) se encuentran con un amplio avance de atención”, detalló el comunicado.

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Cuánta gente se necesita que salga a protestar para derrocar a un gobierno (según la ciencia)

¿Cuán grande tiene que ser una protesta para forzar la salida de un líder político? Un equipo de expertos de la Universidad de Harvard analizó lo ocurrido desde 1900 hasta el presente para hallar una respuesta.
20 de septiembre, 2020
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Protestas en Bielorrusia

Getty Images
Las protestas no violentas tienen más posibilidades de éxito.

La lucha de los sindicatos agrupados en Solidaridad en Polonia en la década de 1980; el movimiento anti-apartheid en Sudáfrica; el derrocamiento del presidente serbio Slobodan Milosevic; la Revolución del Jazmín que forzó la salida del presidente tunecino Zine al-Abidine Ben Ali y desencadenó la Primavera Árabe…

Todos estos son ejemplos de movimientos populares que culminaron con un cambio político sustancial.

Y el último en ser noticia está en Bielorrusia, donde decenas de miles de personas han salido a las calles en las últimas semanas tras unas polémicas elecciones en las que el presidente Alexander Lukashenko se adjudicó la victoria.

Las autoridades han reaccionado con brutalidad: muchos manifestantes han sido arrestados y hay numerosas denuncias de torturas a manos de la policía.

Protestas en Bielorrusia

Reuters
Las protestas en Bielorrusia han movilizado a mucha gente. ¿En cantidades suficientes?

A pesar de esto, sin embargo, el movimiento de momento se ha mantenido fundamentalmente pacífico.

Pero, ¿cuán probable es que tenga éxito?

Lecciones de la historia

Una buena forma de evaluarlo es mirando la historia.

Que es lo que ha hecho la politóloga de Harvard Erica Chenoweth.

La profesora Chenoweth ha centrado su trabajo sobre todo en protestas contra dictaduras, no democracias.

A diferencia de los demócratas, los dictadores no pueden ser destituidos mediante el voto popular. En una democracia, si una política es impopular, otros políticos pueden ser elegidos con la promesa de abolirla. No existe tal mecanismo en una dictadura.

Erica Chenoweth

Kris Snibbe / Harvard Gazette
La politóloga de Harvard Erica Chenoweth ha estudiado la efectividad de las protestas.

Estas definiciones, sin embargo, son a menudo cuestionadas. ¿Dónde está la frontera entre democracia y dictadura? A menudo, de hecho, hay todo un espectro: un sistema político puede ser más o menos democrático.

Y también está el problema de cómo se clasifica la violencia y la no violencia.

¿Los ataques a la propiedad deben considerarse “violentos”? ¿Qué pasa con las personas que gritan insultos racistas pero sin agresión física? ¿Qué pasa con los actos de autosacrificio, como la autoinmolación o las huelgas de hambre? ¿Son violentos?

Las ventajas de la no violencia

A pesar de estas dificultades de categorización, existen algunas formas de protesta que son claramente no violentas y otras que son claramente violentas.

El asesinato es claramente violento. Las manifestaciones pacíficas, las peticiones, los carteles, las huelgas y los boicots, las sentadas y las huelgas no son violentas.

De hecho, según una clasificación bien conocida, existen 198 formas de protesta no violenta.

Y al analizar cada movimiento de protesta sobre el que había datos suficientes, desde 1900 hasta 2006, Erica Chenoweth y Maria Stephan llegaron a la conclusión de que un movimiento tenía el doble de probabilidades de éxito si no era violento.

La siguiente pregunta entonces es: ¿por qué?

La respuesta parece ser que la violencia reduce la base de apoyo de un movimiento, mientras que mucha más gente se une activamente a las protestas no violentas.

Protestas en Bielorrusia

Getty Images
La no violencia atrae a mucha más gente a las manifestaciones.

La no violencia es generalmente de menor riesgo, requiere menos capacidad física y ningún entrenamiento avanzado.

Y, por lo general, también requiere menos tiempo.

Por todas estas razones, los movimientos no violentos tienen mayores tasas de participación de mujeres, niños, ancianos y personas con discapacidad.

Pero, ¿por qué importa esto?

Bueno, tomemos la llamada Revolución Bulldozer contra Slobodan Milosevic. Cuando los soldados fueron entrevistados sobre por qué nunca apuntaron con sus armas a los manifestantes, explicaron que conocían a algunos de ellos. Se mostraban reacios a disparar contra una multitud que contenía a sus primos, amigos o vecinos.

El 3,5%

Obviamente, cuanto mayor sea el movimiento, más probable es que los miembros de la policía y las fuerzas de seguridad conozcan a algunos de sus participantes.

Y Erica Chenoweth ha dado una cifra muy precisa de cuán grande debe ser una manifestación antes de que su éxito sea casi inevitable: esa cifra es el 3,5% de la población.

Puede parecer un número pequeño, pero no lo es.

La población de Bielorrusia, por ejemplo, es de poco más de nueve millones, por lo que el 3,5% supera los 300.000. Y se estima que en las grandes manifestaciones en la capital, Minsk, participaron decenas de miles, quizás hasta 100.000 (aunque la agencia Associated Press una vez las estimó en 200.000).

La regla del 3,5% tampoco es estricta.

Muchos movimientos tienen éxito con tasas de participación más bajas que esta, y uno o dos fracasan a pesar de contar con el apoyo de las masas: el levantamiento de Bahréin de 2011 es uno de esos ejemplos que cita Chenoweth.

Menos efectivas

Los datos originales de Chenoweth llegan hasta 2006, pero la académica acaba de completar un nuevo estudio que examina los movimientos de protesta más recientes.

Y aunque sus últimos hallazgos generalmente refuerzan la investigación inicial, que muestra que la no violencia es más efectiva que la violencia, también ha identificado dos nuevas tendencias interesantes.

La primera es que la resistencia no violenta se ha convertido, con mucho, en el método de lucha más común en todo el mundo, mucho más que la insurrección armada o la lucha armada.

De hecho, entre 2010 y 2019 hubo más levantamientos no violentos en el mundo que en cualquier otra década de la historia registrada.

Argelia

Getty Images
Las protestas de Argelia en 2019 obligaron a dimitir al presidente Bouteflika.

La segunda tendencia es que la tasa de éxito de las protestas ha disminuido.

Ha caído drásticamente en lo que se refiere movimientos violentos: actualmente alrededor de nueve de cada diez movimientos violentos fracasan, dice Chenoweth.

Pero la protesta no violenta también tiene menos éxito de lo que solía.

Antes, alrededor de una de cada dos campañas no violentas tenía éxito; ahora es alrededor de una de cada tres.

Aunque, por supuesto, también se han producido algunos éxitos desde 2006.

Por ejemplo, el presidente sudanés Omar al-Bashir fue depuesto en 2019. Y unas semanas más tarde, el malestar popular obligó a dimitir al presidente argelino, Abdelaziz Bouteflika.

Pero estas salidas son cada vez más raras.

¿Por qué? Bueno, podría haber muchas explicaciones, pero una parecería ser el impacto de doble filo de las redes sociales y la revolución digital.

Durante unos años, parecía que Internet y el auge de las redes sociales habían proporcionado a los organizadores de protestas una nueva y poderosa herramienta, facilitando la transmisión de información de todo tipo: por ejemplo, dónde y cuándo reunirse para la próxima marcha.

Pero los regímenes despóticos ahora han encontrado formas de darle la vuelta a esa arma y de usarla contra sus oponentes.

Policía en Bielorrusia

Reuters
Los gobiernos despóticos también utilizan la tecnología.

“La organización digital es muy vulnerable a la vigilancia y la infiltración”, dice Erica Chenoweth.

Y los gobiernos también pueden utilizar las redes sociales para hacer propaganda y para difundir desinformación.

Lo que nos lleva de regreso a Bielorrusia, donde los teléfonos de los manifestantes detenidos son examinados de forma rutinaria para establecer si siguen los canales de la oposición en la aplicación de mensajería Telegram.

Cuando las personas que manejan estos canales han sido arrestadas, Telegram se ha apresurado a cerrar sus cuentas con la esperanza de hacerlo antes de que la policía haya podido verificar la lista de seguidores.

¿Podrá el presidente Alexander Lukashenko aferrarse al cargo? ¿Realmente conseguirá sobrevivir ahora que está tan claro que existe una oposición tan generalizada a su gobierno?

Tal vez no. Pero si la historia sirve de guía, es demasiado pronto para descartarlo.


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