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Manu Ureste
4 críticas de las víctimas a la propuesta de Ley de desaparición forzada de Peña
Organizaciones de víctimas exigieron frente a las instalaciones del Senado que los legisladores incluyan sus puntos de vista en la próxima discusión de la propuesta de Ley que presentó el presidente para combatir el delito de desaparición forzada.
Manu Ureste
Por Manu Ureste
3 de febrero, 2016
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Organizaciones de víctimas de desaparición forzada exigieron ayer frente al Senado que se les incluya en la discusión de la propuesta de Ley del Ejecutivo. //Foto: Manu Ureste

Organizaciones de víctimas de desaparición forzada exigieron ayer frente al Senado que se les incluya en la discusión de la propuesta de Ley del Ejecutivo. //Foto: Manu Ureste

La iniciativa de Ley General para Prevenir y Sancionar los Delitos en Materia de Desaparición de Personas, que fue enviada al Senado de la República por el presidente Enrique Peña Nieto el pasado 10 de diciembre de 2015, es “un monumento a la negación”.

Así lo aseguran diferentes organizaciones de víctimas que, con motivo de la reanudación ayer 2 de febrero del trabajo legislativo en el Senado, se reunieron en las inmediaciones de ese recinto legislativo, para mostrar su inconformidad con varios puntos que plantea la propuesta del Ejecutivo mexicano.

Entre las claves de la propuesta de Peña Nieto -que deberá discutirse para su aprobación antes de que termine el mes de marzo- se encuentran la aplicación de fuertes sanciones: de hasta 150 años de prisión para quienes cometan el delito de desaparición forzada; la creación de un Sistema nacional de Búsqueda de Personas y de Unidades Especiales; la creación de un Registro Nacional de Personas Desaparecidas; y la distinción de tres tipos de delitos por desaparición forzada que contempla sanciones tanto para servidores públicos, grupos de particulares, y un particular.

Aquí puedes leer las 10 claves del proyecto de Ley, y aquí la iniciativa completa (a partir de la página 38).

“No puedes hacer una ley de víctimas sin tener en cuenta a las víctimas”

A pesar de con estos puntos el Gobierno mexicano asegura que busca combatir el problema de la desaparición forzada en México, el cual según denunció el Comité contra la Desaparición Forzada de la ONU es “generalizado” –aquí el informe-, organizaciones de víctimas denuncian que nadie las ha tenido en cuenta para la elaboración de la propuesta, ni tampoco para la discusión que tendrá lugar en los próximos días en el Senado.

“El Ejecutivo, vía la Secretaría de Gobernación, anunció que tuvo un acercamiento con las familias de los desaparecidos. Pero eso es completamente falso”, denuncia Greis Fernández, vocera de Fuerzas Unidas por Nuestros Desaparecidos en México.

“Se hicieron consultas vía internet –matiza la activista-, pero la solicitud que hicimos al subsecretario de Derechos Humanos, Roberto Campa, para ser incluidos en los foros de discusión de la ley, jamás nos fue tomada en cuenta”.

“Por eso creemos que la iniciativa de Peña Nieto está incompleta. Porque no puedes hacer una ley de víctimas sin tener en cuenta a las víctimas, pues ellos son los verdaderos afectados que van a usar esa ley”, sentencia Fernández, quien recuerda que desde el pasado mes de septiembre de 2015 hicieron entrega, tanto a autoridades del Poder Ejecutivo como del Legislativo, de un documento con 11 puntos que resumen las peticiones de las víctimas para que se incluyan en la nueva ley, sin que hasta la fecha haya sido tomado en cuenta.

Asimismo, la vocera de Fuerzas Unidas por Nuestros Desaparecidos hace hincapié que en la propuesta de ley del Ejecutivo “los migrantes no se ven reflejados tampoco por ninguna parte”.

“Por eso, parte de lo que estamos pidiendo es que se hagan convenios internacionales para poder hacer las investigaciones de manera conjunta de los miles de casos de migrantes desparecidos en nuestro país”, plantea Greis Fernández.

Lee aquí los 11 puntos de las organizaciones de desaparecidos

“Sin presupuesto para la Ley, es imposible que los MP hagan su trabajo”

Por su parte, Martín Villalobos, coordinador de la red Eslabones por los Derechos Humanos, subraya que el “elemento central de crítica” de las víctimas es el relativo a la creación del Sistema Nacional de Búsqueda de Personas, el cual, según dice la iniciativa, “establecerá una colaboración entre las distintas instancias de los órdenes de gobierno, víctimas, familiares y organizaciones civiles”.

“Esa unidad de Búsqueda de Personas debe ser el motor central de la Ley. Y sin embargo, se presenta de una manera muy poco desarrollada, muy superficial”, indica Villalobos, quien expone que las víctimas exigen que esta unidad esté coordinada desde la Federación, “y que permita tener en una sola instancia toda la información que hoy se encuentra dispersa en Semefos, hospitales, fosas comunes y penales”.

“Otro punto de crítica –añade el activista- es que esa Unidad de Búsqueda no trae asignado ningún presupuesto, y ese es justamente uno de los principales problemas que tenemos: que no se investigan las desapariciones forzadas porque la mayor parte de los ministerios públicos traen hasta 90 averiguaciones y es humanamente imposible que puedan hacer su trabajo”.

“Mandar los casos de desaparición a los estados, es mandarnos al matadero”

Lucía de los Ángeles Díaz, vocera del Colectivo Solecito Veracruz, señala que otra crítica central a la propuesta del presidente Peña Nieto es que, tal y como establece el punto ‘Distribución de competencias’, ésta busca delegar responsabilidades en las autoridades de los diferentes gobiernos estatales para prevenir y sancionar los delitos de desaparición de personas.

“Sin embargo, todos sabemos que las entidades están permeadas por la delincuencia a todos los niveles. Ahí tenemos el ejemplo de Veracruz, donde es imposible acceder a la justicia. Entonces, no pueden mandarnos a la justicia de los estados porque nos estarían mandando al matadero”, argumenta Díaz.

Dolores González, integrante del Movimiento Nacional de Personas Desaparecidas, recuerda que la experiencia ya ha demostrado que “existen limitantes en la investigación que hacen los estados”.

Una limitación, recalca en una entrevista que Animal Político publicó el 18 de diciembre, tres días después de que Peña Nieto presentara la propuesta, es que los estados “no tienen un marco normativo profesionalizado para abordar la problemática”. Mientras que otro limitante es la “poca confianza” en las autoridades locales.

“A partir de estos limitantes las familias hemos insistido en que debe haber una presencia de la Federación para garantizar que las investigaciones se hagan adecuadamente, y para que pueda atraer casos de desaparición cuando se requiera”, explicó la activista.

“Es un simulacro de Ley”

Estos puntos han llevado a las organizaciones de víctimas a mostrarse pesimistas en cuanto a los alcances que pueda tener la nueva Ley, a la que consideran un acto de “simulación” por parte de la autoridad federal.

“Para nosotros la propuesta de Peña Nieto es un monumento a la negación. No es la respuesta a la problemática de la desaparición forzada en México, sino un simulacro de ley”, sentencia Lucía de los Ángeles Díaz.

“Creemos que esta iniciativa de Peña Nieto es nada más para aprobarla en febrero y decirle al Comité Contra la Desaparición Forzada de la ONU que cumplió con las recomendaciones que le hizo a México. Sin embargo, esa iniciativa así como está es letra muerta”, remarca por su parte el activista Martín Villalobos, quien no obstante señala que espera que los senadores incluyan a las víctimas en las próximas jornadas de discusión de la ley, para poder mejorarla.

Mientras que María Herrera, del colectivo de Familiares en Búsqueda, considera que, al margen de que se hagan modificaciones o no a la propuesta del Gobierno, la nueva Ley de Desaparición Forzada “requiere de gente humana trabajando en las instituciones”.

“Necesitamos gente que trabaje de verdad y que nos ayude a buscar familiares. No queremos una ley que nada más se quede en letras, sino una ley que se activa, y que se ajuste a nuestras necesidades como víctimas”, pide la activista.

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7 emociones que sentíamos los seres humanos y que ya no existen
Cuando pensamos en las emociones, tendemos a pensar que son fijas y compartidas por todo el mundo. Sin embargo, no solo varían de país en país sino que también cambian con los tiempos. Aquí te explicamos algunas que eran muy comunes en el pasado.
21 de abril, 2019
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Ilustración antigua

Getty Images
En el pasado, las emociones se asociaban con más frecuencia a determinados momentos o lugares.

Solemos pensar que las emociones son fijas y universales.

Sin embargo, estas varían de país en país (piensa por ejemplo en la palabra schadenfreude, que solo existe en alemán y que describe el disfrute ilícito de la mala fortuna ajena) y nuevas emociones aparecen todo el tiempo.

El cambio de los emoticones, que tanto usamos hoy día para expresar nuestros sentimientos, también refleja lo dinámicas que pueden ser las emociones.

BBC Radio 3 conversó con Sarah Chaney, experta del Centro para la Historia de la Emociones, en Reino Unido, sobre las emociones del pasado que pueden ayudarnos a entender cómo nos sentimos hoy.

Estas son algunas de ellas.

1. Acedía

La acedía era una emoción muy específica experimentada por hombres muy específicos en la Edad Media: monjes que vivían en monasterios.

Esta emoción surgía, por lo general, a raíz de una crisis espiritual.

Monjes

Getty Images
Se trataba de una emoción ligada directamente a los monjes de los monasterios.

Aquellos que la experimentaban sentían desazón, desgano, apatía y, sobre todo, un poderoso deseo de abandonar la vida santa.

“Es posible que hoy día esto sea catalogado como depresión”, explica Chaney. “Pero la acedía estaba específicamente asociada con una crisis espiritual y con la vida en un monasterio”.

Seguramente esto era una fuente de preocupación para los abades, que se desesperaban por la indolencia que acompañaba a la acedía.

De hecho, con el paso del tiempo, el término “acedía” se fue volviendo intercambiable con el de pereza”, uno de los siete pecados capitales.

2. Frenesí

“Esta es otra emoción medieval”, dice Chaney.

Hombre capturado

Getty Images
El frenesí iba acompañado de una agitación física: hubiera sido imposible sentir frenesí y quedarse quieto.

“Es como la ira, pero es más específica que la ira que entendemos hoy. Alguien que experimentaba frenesí se habría sentido muy agitado. Habría tenido ataques violentos de furia, y habría hecho pataletas y mucho ruido”.

Habría sido imposible sentir frenesí y quedarse quieto.

Esta emoción pone de relieve nuestra tendencia actual a pensar en las emociones como algo esencialmente interno, algo que podemos esconder si lo intentamos.

Esto sencillamente no podía aplicarse a la gente que experimentaba frenesí en el Medioevo.

Muchas emociones históricas están tan ligadas a un tiempo y a un lugar que es imposible sentirlas ahora.

3. Melancolía

Melancolía es una palabra que usamos para describir una especie de tristeza calma o un estado contemplativo.

“Pero en el pasado, la melancolía era diferente”, señala Chaney. “A comienzos del período moderno, se pensaba que la melancolía era una aflicción física que se caracterizaba por el temor“.

Melancolia

Getty Images
Antes, se pensaba que la melancolía aparecía cuando la persona tenía mucha bilis negra.

Hasta el siglo XVI, se creía que la salud se veía afectada por el equilibrio de cuatro fluidos corporales: sangre, flema, bilis amarilla y bilis negra.

La melancolía aparecía cuando la persona tenía mucha bilis negra.

“Uno de los síntomas de la melancolía en ese entonces era el miedo. En algunos casos, la gente tenía terror de moverse porque pensaba que estaba hecha de cristal y se rompería”, cuenta Chaney.

El rey Carlos VI de Francia sufría de melancolía y por ello había hecho coser varas de hierro en su ropa para evitar hacerse añicos de forma accidental.

4. Nostalgia

Esta es otra emoción que quizás creas que ya conoces. “Usamos la palabra ‘nostalgia’ de manera muy frecuente en las conversaciones hoy día, pero cuando empezó a usarse, se refería a algo que se pensaba que era una enfermedad física“, afirma Chaney.

Marineros

Getty Images
La melancolía estaba asociada a los marineros que extrañaban su hogar en tierra firme.

“Era una enfermedad del siglo XVIII de los marineros: algo que les pasaba cuando estaban muy lejos de su casa, y estaba vinculada al anhelo de regresar”.

Un caso severo de nostalgia podía incluso llevar a la muerte.

No se compara realmente con nuestra definición actual de nostalgia, que describe la añoranza por los buenos tiempos.

5. Neurosis de guerra

Muchos habrán escuchado hablar de la neurosis de guerra, una condición que afectaba a los soldados en las trincheras durante la I Guerra Mundial.

Sodado

Getty Images
Los soldados que sufrían neurosis de guerra a veces perdían la facultad de ver o escuchar pese a que no tenían un problema físico que se lo impidiera.

Al igual que la melancolía, la nostalgia y muchas otras experiencias emocionales a lo largo de la historia, la neurosis de guerra fue considerada a veces una emoción y otras una enfermedad, por la forma en la que se hablaba de ella y por cómo se trataba.

“La gente que sufría neurosis de guerra tenía extraños espasmos y con frecuencia perdía la capacidad de ver y escuchar, pese a que no tenían ningún problema físico que se lo impidiera”, explica Chaney.

“Al principio de la guerra, se pensaba que estos síntomas se debían a que las explosiones les habían sacudido el cerebro. Pero más tarde, pensaron que todos los síntomas eran provocados por las experiencias que había vivido el paciente y su estado emocional”.

6. Hipocondría

La hipocondría era otra condición médica que para el siglo XIX había adquirido asociaciones puramente emocionales.

Mujer desmayada

Getty Images
Algunas emociones eran tratadas como si fuesen enfermedades.

“Era básicamente la versión masculina de lo que los médicos victorianos llamaban histeria“, dice Chaney.

“Se creía que causaba cansancio, dolor y problemas digestivos. En los siglos XVII y XVIII, se pensaba que la hipocondría estaba ligada al bazo, pero más tarde se la asoció a los nervios”.

Los victorianos creían que los síntomas eran causados por la hipocondría, o por la preocupación obsesiva por el cuerpo (a pesar de que se notaban los síntomas físicos, era la mente y las emociones las que se creía que estaban enfermas).

7. Demencia moral

El término “demencia moral” fue acuñado por el doctor James Cowles Prichard en 1835.

“Efectivamente, significa ‘locura moral'”, explica Chaney, “porque por mucho tiempo la palabra ‘moral’ significaba ‘psicológica’, ‘emocional’ y también ‘moral’ en el sentido en el que usamos la palabra ahora”.

Demencia moral

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El término que servía para describir muchas emociones extremas

Los pacientes que Prichard consideraba “dementes moralmente” eran aquellos que actuaban de forma errática o poco usual sin mostrar síntomas de un desorden mental”.

“Él sentía que había un gran número de pacientes que podían funcionar como cualquier otra persona, pero que no podía controlar sus emociones, o cometían crímenes de forma inesperada”.

La cleptomanía, por ejemplo, en mujeres educadas de alta sociedad, podía ser visto como un signo de demencia moral porque eran mujeres que no tenían motivos para robar.

Era un término que servía para describir muchas emociones extremas y se aplicaba con frecuencia a niños difíciles.


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