La Marina compra pantallas, vajillas y aparatos con sobreprecio… a empresas de exmarinos
close
Recibe noticias a través de nuestro newsletter
¡Gracias! Desde ahora recibirás un correo diario con las noticias más relevantes.
sync
Cuartoscuro

La Marina compra pantallas, vajillas y aparatos con sobreprecio… a empresas de exmarinos

Los aparatos, destinados a los clubes navales, se entregaron dos meses antes de que siquiera fueran pedidos, y con valores superiores a los del mercado. La Auditoría advierte que se simularon procesos de adquisición incluso con proveedores fantasma y firmas falsificadas. Pide investigar y fincar cargos.
Cuartoscuro
Por Arturo Angel
21 de febrero, 2016
Comparte

cintillo-gobierno-a-revision

SEMAR compra pantallas, vajillas y aparatos con sobreprecio… a empresas de ex marinos. Foto: Archivo // Cuartoscuro.

SEMAR compra pantallas, vajillas y aparatos con sobreprecio… a empresas de ex marinos. Foto: Archivo // Cuartoscuro.

En 2014 la Marina solicitó al Congreso recursos para adquirir diez pantallas destinadas a sus clubes navales, bajo el procedimiento de invitación a cuando menos tres proveedores. En realidad, la dependencia compró 86 pantallas con sobreprecio (en promedio cada una por 24 mil pesos), mediante adjudicaciones directas, sin estudios de mercado y dos meses antes de que incluso se formalizaran los pedidos.

Es un ejemplo del cúmulo de anomalías que la Auditoría Superior de la Federación (ASF) encontró en la revisión de los bienes adquiridos por la Secretaría de Marina en 2014, a través de proveedores que según reveló la investigación, están relacionados con ex servidores públicos de la Armada.

Para hacer parecer legítimas las operaciones, se simularon procesos de invitación a otras empresas que, o no existen, o cuyas firmas fueron falsificadas para hacer parecer que hubo competencia de por medio.

En 2014, la Marina destinó en total más de 10 millones de pesos solamente para la adquisición de aparatos electrónicos, electrodomésticos y línea blanca (pantallas, vajillas regaderas, etc) destinados fundamentalmente a sus clubes navales y unidades administrativas.

Los auditores concluyeron que por lo menos la tercera parte de ese dinero fue movido de forma irregular lo que originó un quebranto de los recursos públicos, mientras que otra tercera parte carece, por lo menos, de una justificación adecuada.

Cabe señalar que por estas irregularidades, la Auditoría Superior de la Federación recomendó al Órgano de Control Interno de la Armada el inicio de seis expedientes de investigación con el objetivo de fincar responsabilidades a los funcionarios que resulten involucrados.

Caros y por adelantado

La adquisición de aparatos electrónicos y electrodomésticos en 2014 por parte de la Marina, rebasó el monto que originalmente se tenía planteado para estos rubros, concluyó la auditoría financiera practicada a la Marina.

Por ejemplo, dicha dependencia tenía planteada originalmente la compra de únicamente diez pantallas, pero terminó adquiriendo 82 en total lo que requirió una inversión de dos millones 101 mil 300 pesos. Se trata, en promedio, de 24 mil pesos pagados por cada una de las pantallas adquiridas.

El argumento para adquirir dicho número de pantallas esgrimido por la dependencia es que se recibieron solicitudes extraordinarias para los clubes navales.

Luego de este primer hallazgo, los auditores visitaron en total a seis de los proveedores de la Secretaría de Marina a través de los cuales se adquirieron tanto las pantallas como varios de los electrodomésticos.

La información proporcionada por dichos proveedores fue comparada con precios en el mercado, lo que permitió descubrir que los artículos fueron pagados con sobreprecio. En la mayoría de los casos no hubo licitación y ni siquiera un análisis de mercado apropiado. Esto significó un quebranto de por lo menos un millón 800 mil pesos, solo de sobrepagos a este grupo de proveedores.

Pero además de los pagos por encima de lo normal, los auditores descubrieron que los televisores y otros aparatos fueron entregados por uno de los proveedores 66 días antes de que el pedido fuera siquiera formalizado, y 68 días antes de que se realizara el acta administrativa de que lo bienes fueron recibidos.

“Lo anterior significa que dos meses antes de que se hiciera oficialmente y conforme a lo establecido en la ley la solicitud de los aparatos, estos ya se habían pedido y entregado con arreglos previos, fuera del procedimiento”, señala el dictamen de la auditoría.

Mediante un acta entregada por solicitud expresa de la ASF para esclarecer esta situación, los proveedores señalaron que “es habitual” que la Secretaría de Marina solicita bienes sin que haya un proceso aun formalizado, y que luego las cotizaciones que se presentan se modifican de conformidad con lo que pide la dependencia.

En este contexto la Auditoría solicitó expresamente a la Marina el inicio de procedimientos administrativos de investigación para los funcionarios que autorizaron la adquisición de bienes y su recepción, sin que existiera una solicitud formalizada por los mismos.

Proveedores sospechosos

Como parte de la auditoría se realizaron visitas de inspección a empresas involucradas en los supuestos procesos de adjudicación que realizó la Marina, situación que arrojó también graves irregularidades.

Por ejemplo, uno de los proveedores que supuestamente emitió cotizaciones según lo asentado en los documentos, no pudo ser localizado en la dirección que proporcionó y al verificar con el Servicio de Administración Tributaria (SAT), este respondió que la supuesta compañía no aparece en sus registros.

En el caso de otros dos proveedores, negaron ante los auditores que hubieran hecho cotizaciones y desconocieron las firmas que aparecían en los documentos. Una de las empresas incluso dijo que la persona que aparece como responsable de las cotizaciones en los papeles no trabaja ahí.

La revisión a profundidad permitió concluir a los auditores que la Marina en realidad seleccionó directamente a los proveedores que le vendieron los aparatos de la cartera con la que ya contaba, sin proceso real de invitación o licitación, lo que resulta limitativo para otras compañías y afecta la transparencia.

Además las solicitudes fueron hechas para modelos y marcas muy específicas de equipos, lo que permite presumir que la adjudicación pudo estar dirigida. Por si fuera poco, los equipos adquiridos fueron comprados con estos proveedores que los vendieron a un precio mayor que el fabricante, el cual, directamente los comercializa al público en general.

Sumado a la falta de un estudio mínimo de mercado, la Auditoría descubrió que varios de estos proveedores seleccionados en realidad directamente, tienen como único cliente a la Armada y están ligados con ex funcionarios de la misma dependencia.

“se detectaron algunos casos en los que los proveedores y/o prestadores de servicios profesionales que comercializaron bienes o prestaron servicios a la SEMAR en el ejercicio 2014 correspondieron a personal que estuvo adscrito a la dependencia, por lo que se considera que en estas adjudicaciones directas a dichos proveedores, la SEMAR no se ajustó cabalmente al criterio de imparcialidad” indica la auditoría.

Por todas estas observaciones, que no fueron solventadas por la Marina, se solicitó expresamente a esa secretaría que a través de su órgano de control interno inicie por lo menos tres procedimientos de investigación en contra de los funcionarios potencialmente responsables,

Usan fondo urgente para vajillas y regaderas

El dictamen de la auditoría financiera revela también que uno de los proveedores que abasteció a la Armada de múltiples electrodomésticos y línea blanca como vajillas o regaderas, presentó facturas por pagos de tres millones de pesos.

La irregularidad es que el origen de ese dinero provino de un fondo rotario de la Marina, el cual es en realidad un mecanismo financiero que la Secretaría de Hacienda autoriza a las dependencias para que se cubran gastos de operación urgentes, por lo que los auditores concluyeron que no era procedente usarlo para las adquisiciones mencionados

“Asimismo, se observó que dichas adquisiciones rebasan 300 veces el salario mínimo general diario vigente en el Distrito Federal, por lo cual debieron formalizarse mediante un contrato o pedido en el que se indicara el área requirente y el uso de dichos bienes”, subraya el dictamen.

La Marina justificó la compra de los bienes argumentando que en parte estaban destinados al Hospital General Naval de Alta Especialidad, y supuestamente eran necesarios como “parte de la atención médica integral” que se proporciona en dicha instalación.

Los auditores establecieron que dicha aumentación no tenía fundamento legal, por lo que pidieron el inicio de una investigación más para sancionar a los responsables de haber usado recursos del referido fondo para bienes que no son urgentes, y que además se hiciera sin respetar proceso de adjudicación alguno y sin el contrato correspondiente.

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal
Archivo personal

"Perdí el mejor empleo de mi vida por una foto en redes sociales": los peligros de la cultura de la cancelación

Los llamados al boicot a empresas o personas que tengan comportamientos considerados “errados” o inadecuados divide a los progresistas y aviva el debate en Estados Unidos.
Archivo personal
23 de julio, 2020
Comparte

El pasado 3 de junio, el estadounidense Emmanuel Cafferty, de 47 años, volvía a su casa después de una jornada más de trabajo.

Su rutina consistía en pasar entre 8 y 12 horas al día inspeccionando las redes subterráneas de gas y electricidad de la ciudad de San Diego, California.

Caía la tarde y hacía calor.

Al volante de la camioneta de la empresa, mantenía la ventanilla abierta y el brazo izquierdo en el exterior.

Según Cafferty, juntaba dos dedos de la mano distraídamente, en un gesto que repitió varias veces durante la entrevista con BBC News Brasil.

“En ese momento, un desconocido con un celular y una cuenta de Twitter puso mi vida del revés“, cuenta Cafferty.

Una fotografía dañina

Hacía apenas una semana que George Floyd, un hombre negro desarmado, moría después de que un policía blanco le retuviera en el suelo durante varios minutos presionándole el cuello con la rodilla en Mineápolis.

Las imágenes de la muerte de Floyd desencadenaron lo que se considera la mayor ola de protestas contra el racismo en Estados Unidos en la historia reciente.

En ese contexto, el chasquido de dedos de Cafferty fue interpretado por otro conductor como un gesto específico: un símbolo usado por supremacistas blancos.

“Ese hombre comenzó a tocar la bocina y a insultarme. Gritaba: ‘¿va a seguir haciendo eso?’ y sacó el celular para fotografiarme. Pensé que tal vez le había cerrado el paso en el tráfico, por accidente. Pero estábamos los dos parados en el semáforo y yo no entendía nada”, relata.

Dos horas después del incidente, su supervisor le llamó para decirle que había sido denunciado como racista en las redes sociales y que le suspendía del trabajo sin sueldo.

Una hora más tarde, sus colegas llegaron a su casa para llevarse la camioneta y la computadora de la empresa. Cinco días después fue despedido.

“Así fue como perdí el mejor empleo de mi vida“, dice Cafferty. Sin estudios superiores, hijo de inmigrantes mexicanos, vivía su versión del sueño americano.

Ganaba 41 dólares la hora, el doble que en su empleo anterior, y tenía cobertura de salud y de jubilación por primera vez en su vida.

Cuando consiguió la plaza, seis meses atrás, él, sus tres hijas y sus nietos salieron a comer para celebrarlo.

¿Ok o supremacía blanca?

Cafferty explica que no tenía ni idea de que el gesto que se le atribuye, comúnmente asociado con un “OK” en Estados Unidos, pudiese tener connotaciones racistas.

De acuerdo a la Liga contra la Difamación, una organización centenaria que combate los discursos de odio en Estados Unidos, el símbolo del “OK” fue adoptado en 2017 por usuarios racistas en foros de internet como 4chan. La propia organización recomienda tener cuidado con la interpretación de la señal.

“La abrumadora mayoría de las veces el gesto significa consentimiento o aprobación. Por eso no se puede presumir que alguien que lo haga lo esté usando en un contexto de racismo, a menos que exista otra prueba para apoyar esa percepción. Desde 2017, muchas personas fueron acusadas erróneamente de ser racistas o supremacistas por usar el gesto en el sentido tradicional e inocuo”, alerta la organización.

George Floyd

Twitter/Ruth Richardson
George Floyd dijo en repetidas ocasiones que no podía respirar.

Eso es exactamente lo que le pasó a Cafferty. O peor.

“En mi caso, no era un símbolo. Solo estaba chasqueando los dedos. Pero un hombre blanco lo interpretó como un gesto parecido al ‘OK’, que sería racista, y se lo dijo a mis jefes, también blancos, que decidieron creerle a él, no a mí, que no soy blanco”, afirma exasperado, al tiempo que se frota los brazos para mostrar el color de su piel.

El autor de la fotografía y del primer post contra Cafferty admitió ante el equipo local de la cadena estadounidense NBC que quizá exageró en la interpretación que hizo del supuesto gesto y que, a pesar de haber etiquetado en su publicación a la empresa en la que Cafferty trabajaba, no quería que fuera despedido.

El usuario borró el mensaje original e incluso la cuenta de Twitter. Pero ya era tarde, el post se había viralizado y el empleo estaba perdido.

BBC News Brasil no logró localizar al autor del post original.

“Una multitud de Twitter me canceló. Ya llamé a todos mis exempleadores en las seis semanas desde que aconteció el episodio y nadie me llama de vuelta. Lo primero que hace un empleador a la hora de contratar es poner el nombre en Google. El mío quedó ligado a este episodio, sin importar si era cierto o no. No sé cómo voy a seguir con mi vida de aquí para adelante”, se desahoga.

Ha tenido que acudir a terapia semanal para lidiar con el dolor y el miedo que ha sentido.

Multitud online, efectos offline

El caso de Cafferty es emblemático de lo que se considera un peligroso efecto colateral de la llamada cultura de la cancelación.

El movimiento comenzó hace algunos años como una forma de llamar la atención sobre causas de justicia social y preservación medioambiental, como una manera de amplificar la voz de los grupos oprimidos y forzar acciones políticas de marcas o figuras públicas.

Funciona así: un usuario de redes sociales como Twitter o Facebook, presencia un acto que considera equivocado, lo graba en video o lo fotografía y lo publica en su cuenta, con el cuidado de etiquetar a la empresa empleadora del denunciado y autoridades públicas u otros influencers digitales que puedan amplificar el alcance del mensaje. Es común que, en cuestión de horas, el post haya sido replicado miles de veces.

La cascada de menciones a una empresa suele precipitar actitudes sumarias para frenar el desgaste de imagen, sin que la persona a la que se denuncia pueda defenderse adecuadamente.

“En mi caso, me escucharon una vez y luego ya me despidieron. Parece que concluyeron que era un racista”, señala Cafferty.

BBC News Brasil intentó hablar con la empresa SDG&E, donde trabajaba Cafferty, pero no obtuvo respuesta hasta la publicación de este reportaje.

Como reacción a las primeras denuncias de usuarios contra Cafferty en Twitter, la empresa afirmó: “Creemos firmemente que no hay espacio en la sociedad para ningún tipo de discriminación” y añadió que inició una investigación sobre la conducta del entonces todavía empleado.

La cancelación va más allá del típico troleo de internet, con insultos coordinados, frecuente en disputas de opinión entre usuarios de redes.

Es un ataque a la reputación que amenaza el empleo y los medios de subsistencia actuales y futuros de la persona cancelada.

Extremadamente frecuente en Estados Unidos, hoy desprestigia también a personas anónimas, gente común como Cafferty.

“Usted puede ser cancelado por algo que diga en medio de una multitud de completos extraños si alguno de ellos lo graba en video, o por un chiste que suene mal en las redes sociales, o por algo que usted dijera o hiciera hace mucho tiempo y de lo que quede algún registro en internet”, escribió el columnista del diario The New York Times Ross Douthat en un artículo sobre el fenómeno de la cancelación.

“Y no hace falta que sea prominente, famoso o político para ser públicamente avergonzado y permanentemente marcado: todo lo que usted necesita hacer es tener un día particularmente malo y las consecuencias pueden durar mientras Google exista

¿Injusticias en el movimiento por la justicia social?

El alcance de la cultura de la cancelación en Estados Unidos ha despertado dudas ante la posibilidad de que se cometan injusticias.

El de Cafferty no es un caso único.

A finales de mayo, un investigador contratado por una consultora política progresista compartió en Twitter el resultado de un estudio que indicaba que, en los años 60, las protestas raciales violentas aumentaron el porcentaje de votos para candidatos republicanos, en cuanto que los actos pacíficos favorecieron a los políticos demócratas en las urnas.

Activistas consideraron que su comentario era una reprimenda a los actos de protesta por la muerte de George Floyd y pasaron a exigir su dimisión. El investigador fue despedido días más tarde.

El mes pasado, una profesora de teatro en Nueva York fue acusada de haberse adormecido durante una reunión online en la que se hablaba de acciones a favor de la justicia racial en el curso.

Una petición firmada por casi 2.000 personas pidió su dimisión, acusándola de racista. La profesora lo niega y alega que estaba descansando la vista mirando para abajo momentáneamente cuando se hizo la foto.

Cruce de cartas

Ante lo que calificaron como “atmósfera sofocante”, un grupo de 150 periodistas, intelectuales, académicos y artistas, considerados progresistas, decidieron publicar en Harper’s Magazine un texto titulado “Una carta sobre la justicia y el debate abierto”.

Firmada por nombres de peso como el lingüista Noam Chomsky, los escritores JK Rowling y Andrew Solomon, la activista feminista Gloria Steinem, la economista trans Deirdre McCloskey, y el analista político Yascha Mounk, la carta afirma que “el libre intercambio de informaciones e ideas, fuerza vital de una sociedad liberal, se vuelve cada día más restringido”.

Y continúa: “Si bien esperábamos esto de la derecha radical, la censura también se está esparciendo ampliamente en nuestra cultura: una intolerancia a las visiones opuestas, una moda del señalamiento público y el ostracismo, y la tendencia a disolver cuestiones políticas complejas en una certeza moral cegadora”.

JK Rowling

Reuters
Acusada de transfobia, JK Rowling firmó una carta contra la cultura de la cancelación.

En la misma línea, una de las editoras de opinión de The New York Times, Bari Weiss, renunció esta semana por medio de una carta abierta en la que acusa a la publicación de promover un “nuevo macartismo”, en referencia a la patrulla ideológica anticomunista de los años 50 en Estados Unidos.

“Artículos que eran fácilmente publicados hace apenas dos años, ahora colocan a un editor o autor en problemas. Eso si no hace que sea despedido. Si un texto se percibe como probable fuente de reacción interna o en las redes sociales, el editor ni siquiera lo publica”, escribió Weiss, contratada por The New York Times poco después de la elección de Trump en 2016, en un esfuerzo por amplificar la diversidad de voces en el diario.

En un artículo para la publicación The Atlantic, en la que cita el caso de Cafferty, el analista político Yascha Mounk explica por qué firmó el manifiesto.

Mounk aplaude lo que llama “la nueva determinación estadounidense” para desenraizar preconceptos de la sociedad.

“No obstante, sería un enorme error, especialmente para quienes se preocupan por la justicia social, considerar lo que sucedió con Cafferty como un detalle menor o el precio a pagar por el progreso”, escribió Mounk.

La respuesta a la carta dentro del movimiento progresista no tardó en llegar.

Un grupo de periodistas, artistas e intelectuales acusó a los autores de la primera carta de, desde lo alto de su éxito profesional y cómoda posición en el mercado, ignorar las dificultades de las minorías -como la comunidad negra o la comunidad LGBTIQ- en el debate público, en el mundo académico, en las artes, en el periodismo, en el mercado editorial.

“Los firmantes, muchos de ellos blancos, ricos y dotados de grandes plataformas, argumentan que tienen miedo de ser silenciados, que la llamada cultura de la cancelación está fuera de control y que temen por sus empleos y por el libre intercambio de ideas, al mismo tiempo que se expresan en una de las revistas de mayor prestigio del país”, señalan los firmantes del nuevo documento, titulado “Una carta más específica sobre la justicia y el debate abierto“.

Algunos de los que suscribieron el texto prefirieron permanecer anónimos, citando apenas la institución en la que trabajan, por miedo a las represalias.

Los autores citan por su nombre a algunos de sus antagonistas: mencionan que la escritora JK Rowling estuvo involucrada recientemente en un debate sobre la palabra “mujer”.

Una protesta por los derechos de las personas transgénero

Getty Images
Las activistas transgénero defienden su derecho a autodefinirse como mujeres.

Al comentar un texto que hablaba de “personas menstruantes”, Rowling afirmó: “Si el sexo biológico no es real, la realidad que viven globalmente las mujeres queda borrada. Yo conozco y amo a personas trans, pero borrar el concepto de sexo biológico elimina la capacidad de muchas personas de analizar el significado de sus vidas. Decir la verdad no es discurso de odio”.

Su afirmación fue tachada de transfóbica y fue duramente criticada.

La discusión política en torno a la cuestión será larga y beligerante.

Ajeno a ella, Cafferty intenta recuperar su empleo. Demandó a la empresa en la que trabajaba y al hombre que lo fotografió, pero no espera que haya un veredicto antes de un año.

Cafferty dice simpatizar con los movimientos por la justicia racial, pero indica que nunca realizó activismo político en su vida.

“Ni cuenta de Twitter tenía antes de ser cancelado”, subraya.


Ahora puedes recibir notificaciones de BBC Mundo. Descarga la nueva versión de nuestra app y actívalas para no perderte nuestro mejor contenido.

https://www.youtube.com/watch?v=QkzsUZOK6-0&t=28s

https://www.youtube.com/watch?v=82qlWHpSRaw&t=1s

https://www.youtube.com/watch?v=4hw6wlscdUk

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal
close
¡Muchas gracias!

Estamos procesando tu membresía, por favor sé paciente, este proceso puede tomar hasta dos minutos.

No cierres esta ventana.