El INAH olvida conservar las zonas arqueológicas del país: Auditoría
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Cuartoscuro

El INAH olvida conservar las zonas arqueológicas del país: Auditoría

Según la ASF, el Instituto Nacional de Arqueología e Historia no creó los planes de mantenimiento y conservación para el 90% de las zonas arqueológicas del país.
Cuartoscuro
Por Nayeli Roldán
9 de marzo, 2016
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Cintillo

El Instituto Nacional de Antropología e Historia ha fallado en su obligación de proteger el patrimonio histórico. En los informes de 2009 y 2012, la Auditoría Superior de la Federación (ASF) señaló que el organismo no desarrolló un modelo de protección y preservación de zonas arqueológicas, ni implementó medidas de salvamento y ni siquiera tenía registro de los monumentos y sitios restaurados.

Según la Auditoría, el INAH incumplió con uno de sus principales objetivos, pese a que cada año recibe presupuesto para el programa Incorporación, restauración, conservación y mantenimiento de bienes patrimonio de la nación.

Animal Político publicó este martes que el INAH avaló la construcción de un centro comercial sobre vestigios arqueológicos en Valle de Bravo, Estado de México. Pero se trata sólo del caso más reciente. En los últimos 30 se ha perdido “irremediablemente” patrimonio histórico debido a los permisos de construcción “irregulares” concedidos por el instituto y su inacción para frenar la devastación arqueológica.

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Los análisis de la Auditoría confirman la indolencia del organismo encabezado actualmente por Teresa Franco para cumplir con su principal objetivo: investigar, conservar y difundir el patrimonio arqueológico para fortalecer  la identidad y memoria de la sociedad.

El Informe de la Cuenta Pública de 2012, señaló que el instituto ejerció 2 mil 635 millones de pesos sobre todo para catalogar monumentos y zonas del patrimonio arqueológico, impulsar las declaratorias de patrimonio, entre otras actividades, pero detectó “deficiencias en la protección del patrimonio arqueológico”.

Las principales observaciones en la auditoría de desempeño refieren que el INAH no conocía las zonas arqueológicas e históricas en “áreas de crecimiento urbano” y, por lo tanto, “no diseñó y ejecutó un programa nacional para su protección”.

El caso de Valle de Bravo es una muestra de la falta proyecto de protección, toda vez que los arqueólogos que han intervenido en la zona, denunciaron el crecimiento de la mancha urbana sobre los vestigios de la cultura Matlatzinca desde la década de los 90.

La Auditoría de 2012 detectó más  fallas en la operación del INAH:

  1. No realizó actividades para reforzar las acciones de vigilancia, resguardo, seguridad y ordenamiento de los sitios patrimoniales.
  1. No desarrolló un modelo de conservación integral del patrimonio arqueológico e histórico.
  1. No realizó actividades para mejorar las medidas de rescate y salvamento arqueológico.
  1. No realizó actividades para multiplicar los convenios con los tres ámbitos de gobierno y la sociedad civil, en materia de preservación de patrimonio arqueológico e histórico.
  1. No realizó acciones para organizar y autorizar órganos auxiliares para impedir el saqueo arqueológico y preservar el patrimonio cultural de la nación.
  1. No contó con las bases de datos de los 673 monumentos conservados, ni con el número de monumentos y zonas arqueológicos e históricos que requerían acciones de conservación.
  1. No incorporó en su marco normativo la definición de preservación del patrimonio arqueológico e histórico.

Estas omisiones, sin embargo, ya habían sido señaladas por la Auditoría desde 2009. Además, se vislumbraba uno de los problemas para los siguientes años: el INAH olvidó diseñar indicadores y metas anuales para evaluar el cumplimiento de los objetivos institucionales vinculados con la conservación, protección y restauración del patrimonio arqueológico e histórico, establecidos en el Programa Nacional de Cultura 2007-2012.

En 2009 el dictamen de la auditoría también concluyó que el INAH “no cumplió” con sus obligaciones y advirtió que “careció de los conceptos legales” sobre la protección, conservación y restauración de los muebles, inmuebles y zonas que constituyen el patrimonio arqueológico e histórico.

La consecuencia de este error fue que los distintos niveles del instituto pudieron interpretar “equivocadamente” las políticas, procedimientos, mecanismos y acciones que realizan en la materia. Por lo tanto, “hubo riesgo de incumplimiento de los objetivos institucionales”.

Aunque la principal actividad del INAH es la protección, conservación y restauración, en 2009 ni siquiera tenía un sistema de costos para evaluar los gastos que ello conllevaba.

La Auditoría señaló que 152 zonas arqueológicas abiertas al público (90% del total) no tenían planes de manejo en operación, tampoco 168 zonas arqueológicas a cargo del INAH y en 2 de las 8 zonas arqueológicas declaradas por la UNESCO como patrimonio mundial; por lo tanto, “no se garantizó su conservación integral”.

Sin embargo, cuenta con recursos específicos para ello a través del programa E-12. En los últimos seis años, ha tenido ligeras variaciones de presupuesto.

Auditoría: Instituto Nacional de Antropología e Historia

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El caso de Enrique "Kiki" Camarena, el agente de la DEA por el que EU perseguía a Caro Quintero

De origen mexicano y nacionalizado estadounidense, el agente especial le había dado uno de los peores golpes al cartel de Guadalajara.
16 de julio, 2022
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El día que el cuerpo de Enrique Camarena fue encontrado, todo cambió. El Kiki, como se le conocía, fue el primer agente de la historia de la DEA en ser asesinado.

El crimen ocurrió el 9 de febrero de 1985 y provocó, según expertos, la mayor crisis diplomática entre México y Estados Unidos en la historia reciente.

El narcotraficante mexicano Rafael Caro Quintero fue condenado por el crimen, ocurrido pocos meses después de que Camarena descubriera un gran plantío de marihuana en el estado de Sinaloa.

Pero Caro Quintero logró la libertad en 2013. La DEA lanzó entonces una recompensa de US$20 millones por información que ayudara a capturarlo de nuevo.

Este viernes, nueve años después, se dio su captura en México por el mismo delito.

Rafael Caro Quintero (centro) detenido en Sinaloa

Reuters
Rafael Caro Quintero fue detectado entre los arbustos por un perro policía.

En la Administración para el Control de Drogas de EE.UU. (DEA, por su sigla en inglés) Camarena es considerado un héroe, y la recaptura de su asesino era un asunto pendiente.

Pero ¿quién era este agente que murió a los 37 años y cómo resultó cercano al cartel de Guadalajara?

El Kiki

Camarena nació el 26 de julio de 1947 en Mexicali, Baja California (México). A los 9 años se mudó junto a su familia del otro lado de la frontera a la localidad hermana de Calexico, California.

Al terminar la escuela secundaria se alistó en la Marina estadounidense, donde estuvo dos años.

Un tiempo después fue bombero y luego se unió al Departamento de Policía de Calexico. Allí pasó a trabajar en una ciudad cercana como investigador de narcóticos.

En 1974 se convirtió en agente especial de la DEA.

El cuerpo de Enrique Camarena fue trasladado de México a Estados Unidos.

Getty Images
El cuerpo de Enrique Camarena fue trasladado de México a Estados Unidos.

Siete años después, en 1981, fue asignado para trabajar en Guadalajara en la investigación de la ruta de marihuana y cocaína hacia Estados Unidos.

La misión

Por esos años, narcotraficantes mexicanos y estadounidenses llevaban en avionetas la droga de un lado al otro de la frontera.

La demanda aumentaba cada vez más y los mexicanos se especializaban en las rutas que lograban llegar hasta EE.UU.

Fue ahí cuando los principales carteles se aliaron con sus pares colombianos para traficar cocaína, una sustancia que ocupaba mucho menos espacio y que multiplicaba las ganancias de forma astronómica.

La capital de Jalisco, entonces, se convirtió en el centro del tráfico de drogas en México.

“Llegó a Guadalajara un boom de inversiones incluso a través de grandes empresarios que empezaron a lavar mucho dinero, sobre todo en construcciones inmobiliarias, agencias de automóviles, comercios, bancos”, le contó Felipe Cobián Rosales a BBC Mundo en 2013.

Este fue el panorama que encontraron Camarena y otros agentes desplegados en la ciudad.

Kiki permaneció un año y medio en México. Personas que le conocieron en esa época cuentan que logró acercarse a algunos jefes del cartel de Guadalajara, especialmente a Rafael Caro Quintero y Ernesto Fonseca Carrillo.

No está claro si ellos supieron que se trataba de un agente encubierto, pero según estableció la Procuraduría (fiscalía) General de la República (PGR) la orden para asesinarlo fue por venganza.

El crimen

Camarena había decidido investigar por aire el negocio de las drogas en el norte de México y volando en una avioneta pilotada por Alfredo Zavala descubrió en medio del desierto un gran espacio verde con plantas perfectamente sembradas.

Se acercó y confirmó que allí se hallaba lo que buscaba: casi mil hectáreas de marihuana que valían -en el mercado estadounidense de la época- unos US$8.000 millones.

En noviembre de 1984, 450 soldados ingresaron en el rancho conocido como El Búfalo en el estado de Chihuahua.

Meses después, cuando salía del consulado estadounidense en Guadalajara para almorzar con su esposa, Camarena fue secuestrado por cinco hombres que lo metieron en un auto.

Lo llevaron a una casa, lo torturaron y lo mataron.

Los cuerpos de Enrique Camarena y el piloto Alfredo Zavala envueltos en bolsas en una camioneta en México.

Getty Images
Los cuerpos de Enrique Camarena y el piloto Alfredo Zavala fueron hallados en el estado de Michoacán semanas después de que desaparecieran.

Su cuerpo apareció cuatro semanas después en el estado vecino de Michoacán.

Pese a que las autoridades señalaron en todo momento la responsabilidad de Caro Quintero, exagentes de la DEA señalaron a la CIA como partícipes del asesinato, algo que quedó plasmado en la serie documental de Amazon The Last Narc (“El último narco”).

En su momento se supo que, al investigarse el caso, se descubrió una extensa red de protección al cartel de Guadalajara donde participaron jefes de policía, mandos militares y funcionarios de alto nivel del gobierno mexicano.

Entre lo que más llamó la atención fue el hecho de que Caro Quintero y otros jefes del cartel, por ejemplo, portaban identificaciones de la Dirección Federal de Seguridad (DFS), que entonces era la principal agencia mexicana de inteligencia para combatir el narcotráfico.

Además, el rancho El Búfalo era protegido por un comandante de la Policía Judicial Federal, Rafael Aguilar Guajardo, quien años después fundó el cartel de Juárez.

De ahí que la recaptura de Caro Quintero, en julio de 2022, represente un hecho histórico para el caso.

“El Kiki personalizó lo mejor de la DEA, era un agente tenaz que persiguió sin descanso a los carteles de la droga en México”, escribió en un comunicado dirigido a los trabajadores de la DEA Anne Milgram, titular de la agencia.

“Kiki es un héroe”, enfatizó la funcionaria tras conocerse la recaptura y pedido de extradición del principal incriminado en asesinar, por primera vez, a un agente especial.


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