Electrizante y sin contaminar: conoce al mexicano que compite en la Fórmula E
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Foto: Francesc Messeguer

Electrizante y sin contaminar: conoce al mexicano que compite en la Fórmula E

Platicamos con Salvador Durán, piloto mexicano de autos eléctricos que compite en pistas como la del Autódromo Hermanos Rodríguez
Foto: Francesc Messeguer
Por Francesc Messeguer
12 de marzo, 2016
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Cuando Salvador Durán era niño, el coche de sus sueños era un Corvette. Hoy, este piloto mexicano de 30 años de edad compite en diversas pistas del mundo con un automóvil significativamente distinto: es eléctrico. Y con él, este sábado 12 de marzo se enfrentará a conductores de distintas nacionalidades en el ePrix de la Fórmula E, que se lleva a cabo en el Autódromo Hermanos Rodríguez.

Si quieres ver al premio de la Fórmula E y no conseguiste boletos, acá lo pasan en vivo en YouTube.

La Fórmula E es un evento automotriz relativamente joven. A pesar de haber sido creada en 2012 por el empresario español Alejandro Agag, la plataforma cobró vida tiempo después, tras haberse logrado un acuerdo con la Federación Internacional del Automóvil (FIA) para promover un campeonato en el que participaran únicamente autos cuya fuente de poder fuera eléctrica.

De septiembre de 2014 a junio de 2015 se corrió la primera temporada del campeonato en escenarios urbanos de distintas ciudades del mundo. La carrera de este sábado de la Ciudad de México, que es la primera que se corre un circuito formal, y en la que compiten nueve equipos con dos conductores cada uno, forma de la segunda temporada. Y Salvador -o “Chava” como le dicen todos- es el único mexicano piloto mexicano que compite por el premio.

Quizás por eso es que Salvador luce ansioso durante el cóctel de presentación que la Fórmula E ha organizado en el hotel St. Regis de la Ciudad de México dos días antes de la carrera, donde todo mundo, y casi bajo cualquier pretexto, le recuerda la importancia de ser un piloto que corre en su propia tierra. Una de las personas que habla a través de un micrófono, incluso bromea: “Chava, si hay un piloto que no tiene nada de presión este fin de semana, eres tú”, lo que provoca la risa de los ahí presentes.

“La frase es mucho más fuerte de lo que parece”, confiesa Salvador en entrevista con Animal Político. “Es una responsabilidad muy grande. Soy un gran crítico. Siempre ha sido un sueño el Hermanos Rodríguez. No entiendo de pretextos y tampoco espero que la gente reciba un pretexto mío. Voy a hacer lo que esté en mis manos para lograrlo”, remata.

Pero “Chava” no es ningún extraño al mundo de las carreras de coches. El interés por este tipo de competencias le vino desde que era niño, cuando se subió por primera vez a un carro de Go Kart: “La primera vez que manejé uno de esos, me enamoré de la adrenalina, de lo que implica manejar un coche, sentirlo. Pero lo que me hizo querer estar el siguiente fin de semana fue la competencia. Querer ganar. Y ganar es como una droga: quieres seguir”.

Y Salvador Durán siguió. Hasta que en 2002 comenzó su carrera profesional y empezó a ganar cosas. La prueba es el repertorio de premios y galardones que se exhiben en la biografía de su página web (http://chavaduran.com): Un kartista consumado. Corredor del A1 Gran Prix en la temporada 2005-2006. El piloto más exitoso del equipo que representó a México en el campeonato de Laguna Seca, en Estados Unidos. Y, su mayor logro profesional: ganador en 2007 de las 24 horas del Daytona, la carrera organizada por la NASCAR.

Salvador confiesa que, a pesar de seguir sintiendo emoción en cada carrera, la adrenalina al tiempo que ser piloto se vuelve rutina. Sin embargo, reconoce la importancia de la plataforma y la reflexión que nos obliga a tener.

“Creo que la Ciudad de México es una de las ciudades más contaminadas del mundo. Fórmula E muestra que podemos tener grandes eventos deportivos sin contaminar y eso es algo que puede cambiar a esta ciudad. Estamos haciendo historia y eso es de lo que esta serie se trata”, dijo “Chava” durante la conferencia de prensa ofrecida desde el Autódromo Hermanos Rodríguez un día antes de la carrera.

Desde junio de 2015, mes en el que se publicó y entró en vigor la modificación al programa Hoy No Circula, de 810 mil 868 vehículos que circulaban diario, pasamos a un millón 427 mil, lo que supone un aumento del 76%.
Eso ha traído repercusiones en materia de contingencia ambiental en la Ciudad durante los últimos meses.

Sin embargo, es común que en México tengamos contacto con el mundo de las carreras de coches. En 2015, después de varias décadas de ausencia la Fórmula 1 regresó al país. Y, los resultados que dejó fueron tan buenos -se habla de una derrama económica de 12 mil millones de pesos, según cifras de la Corporación Interamericana de Entretenimiento (CIE)- que ya está programado otro Gran Premio de México para octubre de este año.

En ese sentido, el objetivo de este proyecto es buscar alternativas a este tipo de competencias. De acuerdo con el sitio web de Fórmula E, se trata de “acercar el auto eléctrico a las personas y hacerlo más accesible. Y de acuerdo con directivos de la plataforma, se han vendido alrededor de 35 mil boletos de los 40 mil disponibles para la carrera de este sábado, lo que habla de un gran aforo para un evento que nunca antes ha tenido lugar en México.

Más allá de las repercusiones ambientales que pueda tener una carrera de Fórmula E, el tema central es el ahorro de energía. El campeón de la primera temporada, el brasileño Nelson Piquet, explicó que al momento de pilotear un auto de combustión interna, los conductores no piensan mucho en la eficiencia. “En la Fórmula E es lo contrario”, explica. “Normalmente el 95% del tiempo estás pensando en la eficiencia: en cómo puede ir más rápido consumiendo la menor cantidad de energía posible”.

Si quieres apoyar a Salvador Durán, pero no irás a la carrera, la Fórmula E tiene un mecanismo llamado Fan Boost, mediante el cual puedes votar por tu piloto favorito a través de un sitio web.

Si quieres conocer más acerca del ePrix de la Ciudad de México, aquí puedes consultar el programa:

Programa Mexico City Eprix

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Las 2 causas científicas por las que se cayeron las Torres Gemelas tras el impacto de los aviones el 11 de septiembre de 2001

El violento choque de dos aviones contra los edificios más altos de Nueva York fue el comienzo de una secuencia de horror que redujo a escombros los emblemáticos colosos de acero y concreto.
7 de septiembre, 2021
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MITEl 11 de septiembre de 2001 dos aviones Boeing 767 embistieron las Torres Gemelas, que con sus 110 pisos eran los edificios más altos de Nueva York.

El primer avión chocó contra la torre norte a las 8:45 de la mañana. El edificio ardió durante 102 minutos y luego, a las 10:28 a.m. se derrumbó en solo 11 segundos.

Dieciocho minutos después del primer choque, a las 9:03 a.m., el segundo avión impactó la torre sur. El rascacielos resistió en llamas durante 56 minutos, tras lo cual, a las 9:59 a.m., colapsó en 9 segundos.

“Luego del increíble sonido del edificio colapsando, en pocos segundos todo se volvió más oscuro que la noche, sin sonido, y no podía respirar”, recuerda Bruno Dellinger, un sobreviviente que trabajaba en el piso 47 de la torre norte.

“Estaba convencido de que estaba muerto, porque el cerebro no alcanza a procesar algo como esto”, dice Dellinger en su testimonio compartido por el Museo y Monumento Conmemorativo del 11 de septiembre en Nueva York.

Trayectoria aviones

BBC

El saldo fueron 2.606 personas muertas.

Torres Gemelas

Getty
Las torres resistieron varios minutos antes de venirse abajo.

¿Por qué se cayeron las torres?

“La respuesta aceptada por toda la gente seria es que las torres se vinieron abajo porque fueron objeto de un ataque terrorista“, le dice a BBC Mundo el ingeniero civil Eduardo Kausel, profesor emérito en el Departamento de Ingeniería Civil y Ambiental en el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT).

Justo después de los ataques, Kausel fue el líder de una serie de estudios y publicaciones en las que expertos del MIT analizaron las causas de los derrumbes desde el punto de vista estructural, de ingeniería y arquitectónico.

La respuesta de Kausel encierra una serie de fenómenos físicos y químicos que desataron una catástrofe que nadie, para ese entonces, era capaz de imaginar.

Combinación fatal

Los estudios del MIT, que se publicaron en 2002, coinciden en gran parte con los hallazgos del reporte que el gobierno de Estados Unidos le encargó al Instituto Nacional de Estándares y Tecnología (NIST, por sus siglas en inglés) para averiguar por qué se cayeron las torres, y cuya versión final se publicó en 2008.

Torres Gemelas

Getty
En 2001 las Torres Gemelas eran los edificios más altos de Nueva York.

Tanto el MIT como el NIST concluyen que las torres se derrumbaron debido, principalmente, a la combinación de dos factores:

• El severo daño estructural que causaron los choques de los aviones en cada edificio

• La cadena de incendios que se expandieron a lo largo de varios pisos

“Si no hubiese habido incendio, los edificios no se habrían derrumbado”, dice Kausel.

“Y si hubiese habido únicamente incendio, sin el daño estructural, tampoco se habrían venido abajo”.

“Las torres tenían mucha resistencia”, dice el ingeniero.

El informe del NIST, por su parte, afirma que existen documentos oficiales que indican que las torres estaban diseñadas para soportar el impacto de un avión Boeing 707, que era la aeronave comercial más grande que existía al momento de ser diseñadas.

Torres Gemelas

Getty
Las torres quedaron reducidas a escombros.

Los investigadores del NIST, sin embargo, advierten que no encontraron información sobre los criterios y los métodos que se utilizaron para llegar a esa conclusión.

Lo que sí está claro es que, juntos, el impacto y el incendio, produjeron un desenlace fulminante: el colapso de ambas torres.

Cómo estaban construidas las torres

Las Torres Gemelas tenían un diseño que era estándar en la década de los 60, cuando comenzaron a ser construidas.

Cada edificio tenía en el centro un núcleo vertical de acero y hormigón, que albergaba los ascensores y las escaleras.

Cada piso se formaba con una serie de vigas de acero (horizontales) que partían desde ese núcleo y se conectaban con columnas de acero (verticales) para formar las paredes exteriores del edificio.

El entramado de vigas distribuía el peso de cada piso hacia las columnas, mientras que cada piso, a su vez, servía como un soporte lateral que evitaba que las columnas se torcieran, lo que en ingeniería civil se conoce como pandeo.

Torres Gemelas

Getty
Las torres tenían una columna central a partir de la cual salían las vigas que se conectaban con las columnas exteriores.

Toda la estructura de acero estaba recubierta por hormigón, que funcionaba como un protector de vigas y columnas en caso de incendio.

Las vigas y las columnas, además, estaban recubiertas por una delgada capa aislante a prueba de fuego.

Impacto, fuego y aire

Ambas torres fueron golpeadas por modelos distintos de aviones Boeing 767, que son más grandes que un Boeing 707.

El impacto, según el informe del NIST, “dañó severamente” las columnas y desprendió el aislamiento contraincendios que recubría el entramado de vigas y columnas de acero.

“La vibración del choque hizo que el recubrimiento antifuego del acero se fracturara, con lo cual las vigas quedaron más expuestas al fuego“, explica Kausel.

Así, el daño estructural le abrió camino a las llamas, que a su vez iban causando más daño estructural.

Torres Gemelas

Getty
Gran parte del combustible se quemó durante la bola de fuego que se produjo al momento del impactó de los aviones.

Mientras eso ocurría, las temperaturas, que llegaban a los 1.000 °C, hacían que los vidrios de las ventanas se dilataran y se rompieran, con lo cual entraba aire que servía de alimento al fuego.

“El fuego se autoalimentó de aire y por eso se propagó“, dice Kausel.

“Bombas voladoras”

Los datos oficiales estiman que cada avión cargaba cerca de 10.000 galones de combustible (más de 37.850 litros).

“Eran bombas voladoras”, dice Kausel.

Gran parte de ese combustible se quemó durante la bola de fuego que se formó en el momento del impacto, pero también hubo mucho combustible que se derramó a los pisos inferiores de las torres.

Eso hizo que el fuego se expandiera, encontrando a su paso varios objetos inflamables que le permitían seguir avanzando.

Torres Gemelas

Getty
El fuego causó daños severos a las columnas de las torres.

Ese incendio descontrolado tuvo dos efectos principales, explica el ingeniero del MIT.

Primero, el intenso calor hizo que se dilataran las vigas y las losas de cada piso. Esto causó que las losas se separaran de sus vigas.

Además, la dilatación de las vigas también empujó las columnas hacia afuera.

Pero luego hubo un segundo efecto.

Las llamas comenzaron a ablandar el acero de las vigas, volviéndolas maleables.

Eso hizo que lo que antes eran estructuras rígidas, ahora parecieran cuerdas que al arquearse comenzaron a impulsar hacia adentro las columnas a las que estaban unidas.

“Eso fue fatal para las torres”, señala Kausel.

Colapso

En ese momento ya estaban todos los ingredientes para desencadenar el colapso.

Torres Gemelas

Getty
El calor del fuego dilató las vigas, que a su vez empujaron las columnas.

Las columnas ya no estaban totalmente verticales, debido a que las vigas primero las empujaron hacia afuera y luego las halaron hacia adentro, así que comenzaron a pandear.

Así, según el informe del NIST, las columnas iniciaron el colapso arqueándose, mientras las vigas a las que estaban conectadas tiraban de ellas hacia adentro.

El análisis de Kausel, por su parte, añade que, en alguno casos, las vigas halaron tan fuerte de las columnas que destrozaron los pernos que las ataban a las columnas, lo que causó que estos suelos se derrumbasen y los escombros fueran causando sobrepeso en los pisos inferiores.

Esto produjo un estrés adicional a la capacidad de las ya debilitadas columnas.

El resultado fue una caída en cascada.

Torres Gemelas

Getty
Las paredes se derrumbaron “como quien pela un banano”.

Una vez que el edificio entró en caída libre, explica Kausel, el colapso expulsó progresivamente el aire que había entre los pisos, lo que causó un viento fuerte hacia la periferia.

Esto hizo que el derrumbe quedase envuelto en una nube de polvo, y que las paredes externas se derrumbasen hacia afuera, como quien pela un banano, dice el experto.

Ambos edificios se esfumaron en cuestión de segundos, pero el fuego entre los escombros siguió ardiendo durante 100 días.

Veinte años después, el horror y el dolor que causaron los atentados aún no se apagan.


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https://www.youtube.com/watch?v=6X6MQcydovo

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