Primarias en EU: por qué no debe sorprendernos el ascenso de Donald Trump
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Primarias en EU: por qué no debe sorprendernos el ascenso de Donald Trump

El multimillonario estadounidense Donald Trump afianzó este martes su liderazgo en la carrera hacia la candidatura presidencial y de esta manera asestó un nuevo golpe al establishment del Partido Republicano.
2 de marzo, 2016
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El multimillonario estadounidense Donald Trump afianzó este martes su liderazgo en la carrera hacia la candidatura presidencial y de esta manera asestó un nuevo golpe al establishment del Partido Republicano.

Trump ganó en siete estados: Alabama, Arkansas, Georgia, Massachussetts, Tennessee, Vermont y Virginia, y todavía podría quedarse con Alaska.

Y para el alto mando del Gran Old Party (o GOP, como se conoce históricamente al partido Republicano) el Supermartes se puede haber convertido en un “martes negro”.

Aunque ya el viernes, Chris Christie –supuestamente un miembro con carnet delestablishment– ya le había besado las manos de Donald Trump dándole su respaldo.

Chris Christie y Donald Trump
El apoyo de Chris Christie a Donald Trump el pasado viernes sorprendió a muchos.

Una bendición que llegó como algo imprevisto, pero que nos recordó –una vez más– que hay que esperar lo inesperado.

¿Pero no debió el sistema, y para el caso nosotros los periodistas, haber visto venir la llegada del multimillonario?

Un establishment debilitado

Después de todo, durante años los abanderados republicanos han sido vulnerables a que un candidato antisistema los desafiara.

Antes de continuar, debemos definir qué es el establishment del Partido Republicano, un término muy de moda, pero muy poco explicado.

Hace 50 años, era más fácil de identificar.

El establishment estaba dominado por banqueros de Wall Street y ejecutivos de empresas que estaban fuertemente orientados hacia los negocios, y eran ideológicamente moderados y políticamente pragmáticos.

Nelson Rockefeller, el descendiente de la dinastía de banqueros y gobernador de Nueva York –quien vivió, como Donald Trump, con gran esplendor en la Quinta Avenida– fue su figura representativa.

Mitch McConnell
El republicano Mitch McConnell no es simpatizante de Donald Trump.

En estos días, sin embargo, el establishment republicano es más difícil y difuso de definir, lo que también explica por qué es más fácil de derribar.

De forma general se suele asociar el término con el Comité Nacional Republicano y con aquellos que ostentan cargos de alto nivel (como Chris Christie, gobernador de Nueva Jersey)

También con grupos de presión conservadores como la Cámara de Comercio de Estados Unidos, donantes de mucho dinero y formadores de opinión que escriben en publicaciones como Weekly Standard, National Review y en las páginas de opinión de The Wall Street Journal.

Pero esa definición está abierta a debate y esta disparidad de miembros explica su incapacidad para ejercer el control.

La amenaza del Tea Party

El Tea Party, un movimiento de base insurgente que surgió después de la llegada al poder de Barack Obama, ha planteado la amenaza más grave.

Su odio hacia el actual presidente es casi equivalente a su aversión hacia los republicanos del establishment en Washington, como por ejemplo el líder de la mayoría del Senado, Mitch McConnell, a quien los activistas le reprochan que podía haber hecho más para boicotear a la Casa Blanca.

La camarilla política “Hell, No” (“¡De ninguna manera!”) en el Capitolio –un grupo de unos 50 republicanos de línea dura apoyados por el Tea Party en la Cámara de Representantes– fue lo suficientemente fuerte para conducir al expresidente de la Cámara John Boehner hasta la renuncia.

En cuanto a los formadores de opinión, la mayoría de las voces más dominantes y sonoras en el actual movimiento conservador, como los presentadores de televisión Rush Limbaugh y Glenn Beck y la comentarista Ann Coulter, son críticos vehementes del establishment.

John BoehnerJohn Boehner renunció el año pasado como presidente de la Cámara de Representantes.

Si bien ha servido a menudo como plataforma de voces antisistema, la cadena de televisión estadounidense Fox News no encaja en la misma categoría.

Pero se ha convertido en un poder rival, fuera del control de los jefes del partido Republicano.

Errores de interpretación

En el camino hacia la campaña de 2016 había grandes pistas que indicaban que los candidatos del establishment iban a ser vulnerables.

Eric Cantor, el líder de la mayoría republicana en la Cámara de Representantes, fue expulsado, inesperadamente, antes de las elecciones de mitad de término de 2014.

Pero la mayoría de nosotros cometimos el error de interpretar los resultados de las elecciones de mitad de término (noviembre de 2014) como un gran revés para los rebeldes, porque fallaron a la hora de conseguir más logros.

Además, favoritas del Tea Party como Sarah Palin y Michelle Bachmann perdían su brillo y el movimiento parecía estar en declive.

Tea Party
El movimiento Tea Party emergió tras la elección de Barack Obama en 2008.

En octubre del año pasado, un sondeo de Gallup sugirió que el apoyo al grupo se redujo hasta el 17%, pero el enfado y la rabia que lo hicieron surgir no desaparecieron.

Los insurgentes conservadores simplemente necesitaban un mejor candidato y un portavoz más eficaz.

La figura más evidente era Ted Cruz, predilecto del Tea Party desde hace tiempo.

Pero Donald Trump ha demostrado ser más capaz de dar voz a la frustración y la rabia, pese a no ser un candidato del Tea Party.

Mucho antes de anunciar su candidatura a la nominación republicana, el multimillonario ya había pulido su reputación entre los partidarios del Tea Party al alegar, falsamente, que Barack Obama no es un ciudadano nativo de EE.UU.

Sus ataques sin pelos en la lengua contra mexicanos y musulmanes, combinados con su desprecio por la corrección política, son música para los oídos de los rebeldes.

Fervor antisistema

Otro error de cálculo fue asumir que el establishment republicano podía hacer en 2016 lo que ha hecho con éxito en las últimas siete elecciones presidenciales: ver a su elegido convertirse en el nominado.

Mitt Romney
Mitt Romney fue visto por muchos como un candidato poco inspirador pero elegible, Sin embargo, perdió rotundamente frente a Barack Obama.

George HW Bush, Bob Dole, George W Bush, John McCain y Mitt Romney: todos fueron favoritos del establishment republicano.

Deberíamos haber prestado más atención a las dificultades que tuvo Mitt Romney para asegurar la nominación en 2012 y también preguntarnos hasta qué punto le vino bien que no hubiera un rival del establishment fuerte.

No sólo eso, deberíamos haber sido más conscientes de la aparición sorpresiva deRick Santorum hace cuatro años.

El exsenador por Pensilvania ganó en 11 estados y logró cuatro millones de votos, a pesar de que era visto al inicio de la carrera como un candidato tristemente débil.

Esto sugirió que el establishment republicano se iba a encontrar ante un problema más serio en 2016 si aparecía un derechista más convincente.

Una de las razones por las que el fervor antisistema es tan fuerte esta vez es quelas bases están hartas de que les endosen candidatos moderados delestablishment, como Romney.

Ronald Reagan.
En 1980, Reagan fue un candidato antisistema que batió al republicano de sangre azul George HW Bush, un vástago del establishment.

Si hubiéramos investigado más la historia del Partido Republicano habríamos visto que las absorciones hostiles han tenido éxito en el pasado.

Además de la victoria de Ronald Reagan en 1980, cabe recordar el éxito de Barry Goldwater en 1964, cuando obtuvo una victoria altamente simbólica sobre Nelson Rockefeller, el gran pilar del establishment.

La repulsión actual hacia la clase política tradicional y las élites partidarias parece ser un fenómeno global, pero en EE.UU. está particularmente pronunciado, tanto en la izquierda como en la derecha.

Aun así, una figura antisistema como Donald Trump no se habría hecho tan fuerte si el establishment no se hubiera hecho tan débil.

El GOP, el Viejo Gran Partido, ha estado listo para ser absorbido desde hace rato.

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Qué es la 'desigualdad oculta' y por qué perjudica sobre todo a las mujeres que trabajan

Se ha hablado mucho sobre cómo las mujeres tienen que realizar la mayor parte de las tareas domésticas, pero lo que es menos conocido es la "carga mental" que también recae mayoritariamente en las mujeres, afectando su capacidad de trabajar.
25 de agosto, 2021
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Organizarles un programa con amigos o reservar sus turnos médicos. Pensar cómo esconder verduras en sus comidas o asegurarte de que haya suficientes en la lista del supermercado.

Preocuparte por si tu hijo va por buen camino en la escuela, su tu hija necesita zapatos nuevos y cuándo reemplazar tu lavarropas.

Por sí solas, todas estas pueden parecer tareas pequeñas, pero se acumulan.

Y si le preguntas a las parejas heterosexuales con hijos cuál de los dos suele lidiar con ellas, es probable que la mayoría de la misma respuesta: la madre.

Numerosos estudios muestran que las mujeres en relaciones heterosexuales todavía hacen la mayor parte del trabajo doméstico y el cuidado de niños.

Si bien muchas parejas tienen como objetivo dividir sus responsabilidades en un 50:50, por diversas razones estructurales y socioeconómicas terminan asignando tareas según los roles estereotípicos de género.

Incluso en las parejas que piensan que han logrado una división igualitaria del trabajo, las formas de cuidado más ocultas generalmente terminan recayendo en la mujer.

De hecho, un creciente cuerpo de investigación indica que, para las responsabilidades del hogar, las mujeres realizan mucho más trabajo cognitivo y emocional que los hombres.

Comprender por qué esto sucede podría ayudar a explicar por qué la igualdad de género no solo se ha estancado, sino que está retrocediendo, a pesar de que el tema se debate más que nunca.

Y una comprensión más amplia de este trabajo detrás de escena podría ayudar a las parejas a redistribuir las tareas de manera más equitativa, algo que, aunque inicialmente será difícil, podría desempeñar un papel importante para ayudar a las madres a aligerar su carga.

Una madre sostiene a un niño que llora

Getty Images
La carga oculta es mental y emocional: las investigaciones muestran que tareas como calmar a los niños angustiados generalmente recaen sobre las madres.

Trabajo invisible e ilimitado

Los expertos dicen que este trabajo oculto se presenta en tres categorías superpuestas:

  • trabajo cognitivo: consiste en pensar en todos los elementos prácticos de las responsabilidades del hogar, incluida la organización de citas para jugar, las compras y la planificación de actividades.
  • trabajo emocional: mantener las emociones de la familia; calmar las cosas si los niños se portan mal o si se preocupan por cómo les va en la escuela.
  • carga mental: es la intersección de las dos anteriores. Es preparar, organizar y anticipar todo, tanto lo emocional como lo práctico, que debe estar resuelto para que la vida fluya.

Este trabajo oculto es difícil de medir, porque es invisible y se realiza internamente, lo que dificulta saber dónde comienza y dónde termina.

En 2019, Allison Daminger, candidata a doctorado en sociología y política social en la Universidad de Harvard, descubrió que, si bien la mayoría de los participantes en su estudio sobre el trabajo cognitivo del hogar se dieron cuenta de que las mujeres estaban haciendo la mayor parte, esto no era considerado una “forma normal de trabajo”.

En su investigación, que incluyó a 35 parejas, los hombres se referían a sus esposas usando términos como “gerente de proyecto”, o decían que ellas estaban “haciendo un mayor seguimiento”.

Daminger identificó cuatro etapas claras del trabajo mental relacionadas con las responsabilidades del hogar:

  • anticipar las necesidades
  • identificar opciones
  • decidir entre las opciones
  • monitorear los resultados

Su investigación mostró que las madres hicieron más en las cuatro etapas; aunque las parejas a menudo tomaban decisiones juntas, las madres se ocupaban más de la anticipación, la planificación y la investigación.

En otras palabras, los padres estaban informados cuando se trataba de tomar decisiones, pero las madres hacían todo el resto del trabajo.

Una familia desayunando

Getty Images
Los padres suelen participar de las decisiones, pero no de la planificación, investigación, ejecución y monitoreo de las actividades de los niños.

Este trabajo oculto tiene varios impactos; sabemos, por ejemplo, que las mujeres tienen más probabilidades que los hombres de preocuparse por el cuidado de los niños incluso cuando no están con sus hijos.

Esto causa estrés adicional, porque esa preocupación siempre está presente, incluso cuando las mujeres deberían concentrarse en otras cosas.

La carga mental es ese hilo que trae tu familia a tu vida laboral“, dice Leah Ruppanner, profesora asociada de sociología en la Universidad de Melbourne y autora de Motherlands (“Tierras de madres”).

Es la preocupación constante de bajo nivel sobre si estamos haciendo lo suficiente y sobre el impacto que nuestra forma de crianza tendrá en el futuro de nuestro hijo o hija.

“Siempre estás tratando de mitigar el riesgo futuro”, señala Ruppanner.

“Control materno”

Una cosa que desconcertó a Daminger fue que esta distribución desigual del trabajo mental no parecía crear mucho conflicto entre sus participantes.

Para entender por qué, realizó un estudio de seguimiento que, un año después, mostró que las parejas justificaban algunos de estos comportamientos relacionados con el género.

Tanto hombres como mujeres sugirieron que la división desigual del trabajo mental se debía a que uno de los miembros de la pareja trabajaba más horas.

O afirmaron que las mujeres estaban “por temperamento interesadas en estar organizadas”, que simplemente eran buenas para planificar el futuro.

Esto mostró que los participantes creían que las diferencias de personalidad y las limitaciones laborales estaban impulsando estas desigualdades.

Estos eran participantes bien educados que aceptaron participar, por lo que es posible que no fueran completamente representativos, pero aún así da una idea interesante de un concepto erróneo que otros estudios han desacreditado: las mujeres no son naturalmente mejores en la planificación, organización o el multitasking, solo se espera que lo hagan más y, por lo tanto, eventualmente se vuelvan mejores en eso.

Una mujer tratando de trabajar con sus dos hijas al lado

Getty Images
Las mujeres no son naturalmente mejores con el “multitasking” sino que se hacen expertas por necesidad.

Sin embargo, existen otras razones estructurales por las que las mujeres continúan asumiendo una mayor carga mental.

A menudo encuentran una manera de trabajar de manera flexible, mientras que los trabajos de los hombres se consideran más rígidos y sus carreras son tradicionalmente más lineales.

Esto significa que las mujeres están más disponibles para el cuidado de los niños, lo hacen más y, como resultado, tienen que pensar más en ello.

Algo incluso más fuerte es que las expectativas de género, que comienzan desde el nacimiento, explican por qué las ideas sobre quién hace las tareas del hogar y el cuidado de los niños están tan arraigadas.

Se sabe que las hijas hacen más tareas domésticas que los hijos, por ejemplo.

Los ideales de la maternidad también se incorporan a esta ecuación. Por ejemplo, el hogar a menudo se considera un dominio de la mujer.

Sabemos que las mujeres son juzgadas por la pulcritud con más dureza que los hombres.

Un estudio mostró que si se decía que una misma habitación supuestamente en alquiler pertenecía a una mujer (Jennifer), ella era calificada como menos simpática, menos competente y menos trabajadora. Si se decía que pertenecía a un hombre (John), no había iguales juicios de valor.

¿La conclusión? El estado del hogar de una mujer estaba literalmente vinculado a su valor.

Estos ideales pueden autoperpetuarse. Debido a que las mujeres son más juzgadas por la forma en que funciona su hogar, es esencial que muestren un “control materno”.

Esto significa asumir tareas de cuidado infantil que podrían compartirse, como planificar comidas o elegir ropa, sugiriendo sutilmente que es el trabajo de una madre.

Piensa en el viejo chiste: “Bueno, la vistió su padre” (cuando la niña estaba mal vestida). Es gracioso si un papá lo hace mal, pero si las madres hacen las cosas mal implica una mala maternidad.

Una mujer vistiendo a su hija

Getty Images
La tarea de elegir la ropa de los niños suele recaer en las madres y si lo hacen mal son juzgadas por ello mucho más severamente que los padres.

A pesar de los avances que hemos logrado con que sea más normal que los hombres cuiden de los niños, todavía existe “la sensación de que las mujeres son en última instancia responsables de los resultados familiares”, señala Daminger.

“Hay más costos para una mujer si estas cosas no salen bien o no ocurren”, afirma.

Impactos, en casa y en el trabajo

Sin embargo, el hecho de que las madres terminen asumiendo esta carga mental tiene consecuencias.

Las madres están más estresadas, cansadas y menos felices que los padres durante el cuidado de los niños, según muestra la investigación, en parte porque ellos tienden a realizar actividades divertidas y recreativas con más frecuencia.

Un estudio sueco mostró que cuando las mujeres pensaban que la distribución de las tareas domésticas más obvias era injusta y las percepciones sobre la contribución de cada miembro de la pareja eran diferentes, esto generaba problemas en el matrimonio y aumentaba la probabilidad de una separación.

El riesgo también es el agotamiento de las madres, que inicialmente pueden pedir ayuda, lo que puede sonar fastidioso si tiene que repetirse una y otra vez.

“Y luego eso afecta a las relaciones“, dice el sociólogo Daniel Carlson de la Universidad de Utah, quien descubrió que la distribución desigual de las responsabilidades de cuidado en las parejas también puede conducir a menos relaciones sexuales.

Si las mujeres quedan agobiadas en sus casas, además, eso significa que muchas sienten que no pueden dedicar física o mentalmente las horas extra que exigen muchos lugares de trabajo, por lo que la brecha salarial de género continúa ampliándose.

Un hombre y su hij@ limpian la casa

Getty Images
Distribuir las tareas domésticas más equitativamente beneficia la relación de pareja.

La mayoría de los trabajos a tiempo parcial los realizan mujeres, por ejemplo, y, a su vez, es menos probable que obtengan aumentos salariales o ascensos después de tener hijos, lo que dificulta aún más la búsqueda de los mejores empleos.

Muchas abandonan la fuerza laboral por completo.

Habla más, haz menos

Desde que estalló la pandemia, el vínculo entre la igualdad de género en el hogar y la participación de las mujeres en la fuerza laboral ha estado más en el centro de atención que nunca.

Si bien hay muchos problemas sistémicos en juego, abordar el trabajo doméstico oculto dentro de las parejas podría ayudar a aliviar la carga que recae sobre las mujeres y disuadirlas de otras actividades.

Está claro que la mayoría de los hombres quieren involucrarse más en la vida de sus hijos, por lo que, para facilitar esto, las parejas podrían hablar explícitamente sobre quién hace qué, de principio a fin (no sirve mucho llevar a los niños a jugar con amigos si la otra persona tuvo que planificar y organizar el encuentro).

Para fomentar nuevos hábitos que ayuden a compartir la carga, tenemos que hacer que lo invisible sea más visible.

Tener conocimiento de ello es un buen primer paso, coincide Daminger, y tener constantemente claro quién está gestionando qué tarea, incluida la planificación.

Si declaramos explícitamente cuánta planificación implica cada aspecto del cuidado de los niños y las tareas del hogar, quedará más claro cuánto trabajo oculto hacemos.

Dos hombres cambian a sus bebés

Getty Images
Las parejas homosexuales dividen el cuidado de los niños de forma más equitativa, lo que demuestra que es posible hacerlo.

Afortunadamente, no todas las parejas dividen el cuidado de forma desigual: las parejas del mismo sexo, por ejemplo, tienen una distribución mucho más equitativa en comparación con las parejas heterosexuales, ya que no deben cumplir con los roles de género esperados.

Esto muestra que la carga se puede compartir claramente cuando se habla de ella de manera más abierta.

Por lo tanto, a nivel social, también debemos replantear algunas creencias muy arraigadas sobre lo que es el papel de un hombre o una mujer.

Carlson, quien dirigió una investigación que muestra que los puntos de vista igualitarios sobre el reparto de tareas contribuyen a la frecuencia sexual, dice que también debemos considerar los “factores estructurales que no permiten que haya flexibilidad en el lugar de trabajo”.

Por ejemplo, la norma de que los hombres son el sostén económico de la familia y “la cultura del trabajador ideal que empuja a los hombres a la fuerza laboral y los mantiene fuera del hogar”.

La política también podría ayudar: las investigaciones muestran que los hombres que toman una licencia por paternidad se encargan más del cuidado de sus hijos más adelante.

Pero en ausencia de políticas, quizás la mejor manera de que las mujeres reduzcan la carga mental sea hacer menos.

Esto puede generar dolor inicial, en pos de una ganancia a largo plazo, dice Carlson.

Si la madre deja de pensar en lo que hay que hacer y el padre no anticipa estas necesidades es posible que inicialmente cause estrés o críticas, pero eso podría permitir el aprendizaje para la próxima vez.

“Es una especie de condicionamiento operante clásico. No les estamos dando descargas eléctricas como en los experimentos con hámsteres… pero es como, ‘Oh, no me acordé de hacer esto la última vez y hubo una consecuencia negativa'”.

Con el tiempo, hacer menos podría aumentar la participación de nuestra pareja y, a su vez, liberar más energía mental para concentrarnos en nosotras mismas.

Al principio, es posible que nos juzguen por ello, pero podría llevarnos a una mayor felicidad más adelante. Todos aprendemos de la práctica, después de todo.

Melissa Hogenboom (@melissasuzanneh en Twitter) es la editora de BBC Reel y autora del libro, “The Motherhood Complex” (El complejo de maternidad), publicado en Reino Unido en mayo de 2021.


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