Se tienen que bañar, y nada de bullying o piropos: lo que pide la PGR a empleados en su nuevo código de ética
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Se tienen que bañar, y nada de bullying o piropos: lo que pide la PGR a empleados en su nuevo código de ética

Según la Procuraduría, el empleado modelo de la institución es aquel que cumple al pie de la letra con medio centenar de deberes, que incluyen la buena higiene personal, o no hacer chistes obscenos
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Por Arturo Ángel
12 de marzo, 2016
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A partir del próximo lunes 14 de marzo todos los trabajadores de la Procuraduría General de la República (PGR) tendrán que seguir un nuevo código de ética  con casi medio centenar de deberes y conductas que hay que respetar, que van desde no malgastar la papelería, hasta cuidar la higiene personal,  no hacer chistes ofensivos o ver feo a los compañeros.

El objetivo de este nuevo código, según se puede consultar en el documento publicado en el Diario Oficial, es incentivar un ambiente “sano” de trabajo, donde no “impere el caos” y el “desorden”, además de fortalecer el trabajo de los servidores públicos para ser un ejemplo ante la sociedad.

El documento explica que el trabajador de la PGR debe seguir un decálogo de diez compromisos, cinco principios constitucionales, once valores de un buen servidor público, más otros quince principios del buen funcionario de procuración de justicia.

Para cumplir con todo lo anterior, la Procuraduría establece en más de 40 puntos las bases de comportamiento que deben tener sus funcionarios. Varios de ellos tienen que ver con hacer bien el trabajo, respetar los derechos humanos de las víctimas, evitar caer en actos de corrupción y tener disciplina.

Pero el código también incluye algunos puntos relacionados específicamente con la imagen que deben proyectar los funcionarios de la PGR y la convivencia diaria con sus compañeros, y que según el propio documento van más allá de solo “portarse bien”.

A continuación Animal Político te presenta algunos de ellos:

Hay que bañarse

De acuerdo con el punto número 14 del código de la Procuraduría, “el cuidado de la imagen e higiene personal son una proyección del interés de los miembros de la Institución en el desempeño de sus funciones”.

Por ello, la Procuraduría pidió a sus empleados que además de preservar su espacio de trabajo limpio y libre de basura, también deben de poner atención a mantenerse limpios ellos mismos en  beneficio de un ambiente de trabajo óptimo.

“La apatía ante la importancia del orden y la limpieza, así como aquellas acciones que conlleven el abandono, maltrato, o desvalorización tanto de los bienes muebles e inmuebles, e incluso la desvalorización de la imagen personal serán consideradas acciones contrarias al presente Código” dice la PGR.

Evitar el “bullying”

El código de la PGR pide a sus empleados evitar molestar a los compañeros de trabajo pues dice, esto genera miedo, desprecio o desánimo lo que en definitiva termina por afectar en la productividad del área donde ocurre y de la propia institución.

De acuerdo con el código, las características más comunes del hostigamiento laboral incluyen “gritos, insultos, la asignación de labores imposibles de cumplir, exceder la carga de trabajo, amenazar, relevar de responsabilidades para causar pérdida de interés, discriminar, estigmatizar, rebajar prestaciones o sueldo, ignorar, excluir, difamar, infravalorar” y una larga lista más.

Por ello el código de la institución pide a sus empleados que mantengan una actitud de respeto y cooperación, y eviten cualquiera de las formas del maltrato. También se considera reprobable no reportar el hostigamiento en contra de otros compañeros, aunque no se participe en el mismo.

Ni chistes ni malas miradas

En búsqueda de una mejor convivencia, el punto 39  del Código de Conducta de la PGR advierte que una forma de acoso sexual, pueden ser ciertos comportamientos que incluyan miradas ofensivas, piropos groseros o chistes ofensivos, por lo que pidió a sus empleados abstenerse de ello.

“El acoso sexual consiste en comportamientos de tono sexual tales como insinuaciones, miradas lascivas con fines sexuales-, exhibición de pornografía, favores o exigencias sexuales a cambio de beneficios laborales, chistes ofensivos o de carácter sexual, piropos o comentarios no deseados sobre el cuerpo de la persona, preguntas incomodas sobre su sexualidad, mensajes con contenido sexual, exhibiciones corporales con fines de asedio”, dice el código.

Por ello, la PGR consideró que es mejor abstenerse de hacer comentarios o adoptar actitudes de ese tipo.

No robarse la papelería

Una actitud de austeridad y de hacer más con menos es la de un buen servidor público, según la PGR. En ese sentido insistió a sus empleados la importancia de solo usar los recursos materiales que necesiten. Incluyendo la papelería.

“Son acciones apegadas a este código solicitar el material de papelería estrictamente necesario para el desarrollo de sus actividades y evitar que el mismo concurra a cumplir con necesidades personales y no de la Institución”, dice la PGR

También subrayó  que los vehículos oficiales deben usarse únicamente para asuntos relacionados con el trabajo.

Puntualitos

Llegar temprano al trabajo es un factor clave en la productividad de cualquier trabajo y la PGR no es la excepción. Por ello el código pide a sus empleados que lleguen temprano y en caso de que tengan personal a su cargo, establecer horarios adecuados.

“Son acciones contrarias a este Código, abusar de las jornadas laborales del personal cuando el servicio no lo requiera y demorar en iniciar sus actividades por causas ajenas e injustificadas a la Función Pública. El personal de la Procuraduría se debe caracterizar por su puntualidad y productividad.

Camiseta bien puesta

El punto 41 del código señala que el buen empleado de la PGR no es solo el que “se porta bien” sino que debe ser alguien que cuya conducta dedicada al trabajo se note y contagie a la de sus compañeros. En resumen, debe ser una persona que denote su orgullo por trabajar en la Procuraduría.

“Lo que coloquialmente se dice con la expresión: ponerse la camiseta, en este caso, la camiseta de una Procuraduría eficaz, apegada a las normas jurídicas, respetuosa de los derechos humanos y comprometida con una cultura ética del servicio público” indica el código.

Además, el código también advierte a sus funcionarios que se considera una acción reprobable el hablar mal de la institución o expresarse ofensivamente sobre ella.

Sin regalos

Los servidores públicos de la PGR cuentan con un trabajo que exige imparcialidad y total compromiso social, por lo que deben evitarse malas tentaciones como el aceptar dádivas de terceros.

Por supuesto, tampoco deben aceptarse regalos para familiares o amigos relacionados con el servidor público.

“Es igualmente contraria a la probidad y honradez del servicio público la solicitud o aceptación de regalos, dinero, emolumentos, reconocimientos o cualquier otra prestación, además de las otorgadas por el desempeño de sus funciones, ya sea que se alleguen directamente o se constituyan a favor de terceras personas” indica el código.

Obedecer en exceso… es malo

Los funcionarios de la Procuraduría deben ser obedientes sin duda, aunque el código pide que al recibir órdenes, también razonen para que definan la mejor forma de hacerlas y en su caso, identifiquen si lo que se pide puede ser incorrecto.

Y es que, según el documento, un buen empleado no es aquel que obedece a medias, pero tampoco en exceso. En resumen: hay que tener criterio.

“Son acciones incompatibles con este deber el retraso indebido y el cumplimiento parcial o en exceso de las órdenes o instrucciones, así como el cumplimiento acrítico de órdenes o instrucciones ilegales o contrarias a la ética vigente en la Institución” indica el código.

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Día de Muertos: de dónde viene la relación especial de México con la muerte

Mientras en muchos lugares el Día de Muertos está marcado por lágrimas y tristeza, en México se rodea de un halo de fiesta y color, de celebración a la vida y de reencuentro con los difuntos.
1 de noviembre, 2020
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“El culto a la vida, si de verdad es profundo y total, es también culto a la muerte. Ambas son inseparables. Una civilización que niega a la muerte acaba por negar a la vida”.

Pocas frases como esta de Octavio Paz definen mejor la postura que los mexicanos mantienen ante la muerte y de la que presumen con tremendo orgullo cada año en el Día de Muertos.

Mientras en buena parte del planeta esta fecha está marcada por la tristeza y las lágrimas, en México se rodea de un halo de fiesta y color, de celebración a la vida y de reencuentro con los difuntos que se cree que regresan a nuestro mundo por un día.

Y lejos de perder fuerza con el paso de los años, esta particular manera de celebrar el Día de Muertos va pasando de generación en generación. Como en el caso de Gabriela Luna, una joven de Ciudad de México que asumió esta tradición tras la pérdida de su abuela materna.

“Ella ponía un altar gigante, así que cuando se va, yo asumo la tradición que ella me enseñó y le dedico la ofrenda cada año. Para mí es una forma de no perder una costumbre en la que siento que los que no están, me acompañan”, le dice a BBC Mundo.

Gabriela Luna

GABRIELA LUNA
Gabriela comenzó a colocar cada año su altar de muertos tras el fallecimiento de su abuela materna.

“Sin duda genera una identidad para nosotros los mexicanos, porque muy en el núcleo de esta práctica se encuentra nuestro código principal: la familia”, asegura esta artista del modelado de lana.

La pandemia de covid-19 limita esta vez las tradicionales visitas a cementerios y panteones de México por parte de familiares que, cada año, comparten con quienes ya no están su comida y música favoritas.

También impedirá los clásicos desfiles donde la catrina, la icónica calavera sonriente popularizada por Diego Rivera, era su mayor símbolo.

Se trata de un Día de Muertos lleno de misticismo que provoca curiosidad y fascinación a partes iguales en el resto del mundo… aunque también confunde a quienes les cuesta comprender esta posición de los mexicanos ante la muerte.

Día de celebración, no de tristeza

Para entender el origen de esta relación hay que retroceder hasta la Mesoamérica de hace miles de años. Algunos de los pueblos originarios organizaban fiestas para guiar a los muertos en su recorrido al Mictlán, el inframundo de la mitología mexica.

Cementerio en Mexico

Getty Images
Las luces, colores, música y comida favorita de los fallecidos inundan cada año los cementerios de México.

Otros disponían altares con ofrendas para recordar a los muertos y se colocaban cráneos como símbolos de la muerte y el renacimiento.

Según una antigua leyenda, Quetzalcóatl -el dios en forma de serpiente emplumada- bajó al inframundo y depositó su semen sobre unos huesos molidos para dar vida al ser humano, por lo que para aquellos pueblos los restos de huesos simbolizaban de cierto modo la semilla de la vida.

Porque, sin lugar a dudas, si había un mensaje central en estas celebraciones del culto a los muertos era la creencia de que sus almas acaban por regresar al mundo de los vivos.

Así que, ¿por qué asociar el Día de Muertos con la tristeza si, según la cosmovisión indígena, es precisamente el día en que quienes se fueron de nuestro lado nos vienen a visitar?

Pan de muerto

Getty Images
Los mexicanos esperan ansiosos seta época del año par disfrutar del tradicional pan de muerto, que simula tener unos huesos en la parte superior.

Para ellos, la muerte no era otra cosa que un símbolo de la vida que se representa en el altar ofrecido a los difuntos.

Miles de años después, millones de hogares mexicanos siguen colocando con sumo cariño y detalle sus altares en los que se combinan multitud de símbolos, comida, papel picado y fotos de personas fallecidas.

Es precisamente este recuerdo de quienes ya no están lo que permite -junto a la ayuda de las velas y de la olorosa flor de cempasúchil- que las almas de los difuntos encuentren el camino de regreso a casa para convivir con la familia y disfrutar de los alimentos dispuestos en los altares en su honor.

“Es una gran fiesta quizá equiparable a la Navidad de Europa. Es fiesta porque está ese recuerdo de los muertos que regresan. Incluso hay leyendas sobre familias que no ponen ofrenda, y los muertos vienen a recordarles que lo hagan”, dice Andrés Medina, del Instituto de Investigaciones Antropológicas de la UNAM.

La influencia española

Pero la llegada de los españoles a México influyó radicalmente en la celebración de su Día de Muertos.

Por ejemplo, fueron ellos los que hicieron coincidir la fiesta de los muertos de los indígenas -que duraban dos meses- con las celebraciones católicas del Día de Todos los Santos y los Fieles Difuntos (1 y 2 de noviembre).

Desfile por el Día de Muertos en Ciudad de México.

AFP
Aunque el Día de Muertos en México se concentra actualmente en el 1 y 2 de noviembre, las celebraciones tradicionales se prolongaban por dos meses.

En la actualidad, el Día de Muertos mexicano es el resultado de una mezcla de estas dos culturas, de tradiciones precolombinas y católicas.

Aunque a juzgar por lo diferente que son hoy en día las celebraciones en México y España, pareciera que la primera cultura pesó mucho más que la segunda.

Para el escritor y antropólogo Claudio Lomnitz, una de las razones es que el “proceso de modernización” de los rituales sobre la muerte que sucede en Europa y parte de América desde el siglo XVIII no tuvo el mismo efecto en México, que ya se acercaba al final de su etapa colonial.

“España ya entraba en guerra en Europa y la Corona tenía problemas financieros como para preocuparse de esto”, le dice a BBC Mundo el autor de “Ideas de la muerte en México”.

“Además, en México la presencia de la Iglesia -sobre todo en el siglo XIX, pero también antes- era menos fuerte que en España, por lo que el culto popular pudo florecer mucho más al estar menos dominado por el clero”, agrega.

Un hombre con una gran montaña de flores de cempasúchil.

Getty Images
La flor de cempasúchil no puede faltar en los altares de muertos en México.

Esta postura ante la celebración continuó aún después de la independencia de México.

“Incluso los liberales como Benito Juárez, que eran muy anticlericales y contrarios a estos rituales que consideraban supersticiosos, acabaron por aceptar esta celebración diciendo que era una fiesta popular nacional y evitando su asociación tan cercana con la Iglesia”, dice el experto.

Lo inédito de la celebración mexicana

Algunas de estas tradiciones del culto a los muertos no son, sin embargo, exclusivos de México: algunas también se pueden encontrar cada Día de Muertos en lugares de Bolivia, Perú, Colombia o parte de Centroamérica, entre otros.

Lo que sí hace único el caso de México es cómo “nacionalizó” con orgullo estas costumbres como símbolo del país.

Mural de Diego Rivera

Getty Images
Aunque la Catrina fue mundialmente popularizada por Diego Rivera, el origen de este personaje es la Calavera Garbancera, una figura creada por el caricaturista José Guadalupe Posada.

“En otros países son costumbres folclóricas o pueden verse como algo pasado de moda. Durante años, se inhibió la celebración de muertos por considerarla no moderna o contraria a los valores liberales”, dice Lomnitz.

“En cambio, en México la fiesta creció enormemente. Solo aquí hubo una elaboración cultural de esto como algo que reflejara el espíritu colectivo nacional, es único en esto”.

Y ese nacionalismo fue más exaltado a partir de un episodio clave en la historia del país: la Revolución Mexicana.

“Aparte de la tradición de los pueblos, llegó la promoción de un gobierno con afán de reproducir un discurso nacionalista muy fuerte”, opina Medina, quien celebra que se siga conmemorando este día aunque lamenta que parte de la población no conozca realmente su significado.

“En el Día de los Niños Muertos (1 de noviembre) hay lugares donde grupos de niños van de casa en casa pidiendo su calaverita como ofrenda, un dulce. Ellos representan a esos niños muertos que regresan para esos días, aunque quizá ni lo sepan y para la gente haya perdido esa idea”, le dice a BBC Mundo.

¿Qué refleja esto de los mexicanos?

Para Lomnitz, esta visión ante la muerte refleja la estrecha relación de los mexicanos con sus difuntos. “No con la muerte en general, sino con sus fallecidos”, subraya.

Y por otro lado, cree que pone de manifiesto una sensibilidad y sentido del humor macabro muy especial que el país muestra, por ejemplo, a la hora de utilizar la muerte para hacer críticas político sociales a través de los textos conocidos como “calaveritas literarias”.

El propio André Bretón, el teórico francés considerado padre del surrealismo, calificaba a México como la patria del humor negro por sus numerosas costumbres que concilian la vida y la muerte.

Sin embargo, los expertos niegan que esta celebración suponga que México se burla de la muerte o que no recibe con pena y dolor cuando llega este momento de la vida.

“La celebración de muertos no significa que los mexicanos no tengan miedo a la muerte. Más bien es la alegría porque los muertos regresan. Pero creo que ha habido una malinterpretación, una lectura superficial de nuestra fiesta”, explica Medina.

Imagen de la película "Coco" de Disney Pixar (Foto: Disney Pixar)

BBC
La película “Coco”, de Disney Pixar, popularizó la tradición mexicana del Día de Muertos en medio mundo. (Foto: Disney Pixar)

Esa idea en parte se tiene también en los muchos países en los que el Día de Muertos mexicano se ha hecho muy popular en los últimos años.

Georgina Larruz, mexicana de 30 años que estudia en Rusia , le tuvo que explicar a sus alumnas de español que esa celebración que conocieron en buena parte (como millones de personas en el mundo) gracias a la película animada “Coco” es mucho más que diversión, canciones y alcohol.

“Es una fiesta que nos une como comunidad, y. el hecho de yo poner aquí mi ofrenda, a miles de kilómetros de casa, te hace sentir esa conexión con tu familia, con tus muertos y, en definitiva, con lo que eres”, le dice a BBC Mundo desde Moscú.

Atar de Georgina Larruz

GEORGINA LARRUZ
A Georgina le tocó recurrir a productos rusos para elaborar su pequeño altar de muertos en su residencia estudiantil en Moscú.

Desde Ciudad de México, Gabriela Luna coincide en lo satisfactorio que es pensar que hay un puente gracias al cual, los familiares fallecidos regresan este día “honrándonos y acompañándonos”.

“Ya solo en virtud de eso, me parece que nosotros deberíamos seguir preservando esos colores, que además nos hacen a los mexicanos tan característicos y tan únicos en el mundo”, afirma orgullosa.

Tras la celebración de este atípico Día de Muertos, tendrá que pasar otro año hasta que los recuerdos en la memoria de los vivos en México vuelvan a lograr el regreso, al menos por unas horas, de las almas de sus difuntos.


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