El acoso en las universidades, cuando las bromas e insinuaciones suben de tono
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Omar Bobadilla (@obobadilla)

El acoso en las universidades, cuando las bromas e insinuaciones suben de tono

Alumnas de universidades públicas y privadas que han sufrido acoso y violencia sexual crean organizaciones para prevenir y denunciar estos delitos. Sin embargo, los casos siguen creciendo.
Omar Bobadilla (@obobadilla)
Por Nayeli Roldán
12 de abril, 2016
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cintillo

Jimena acomodaba los documentos de un archivo, como parte de sus tareas de becaria,  cuando un ayudante de profesor se acercó y le jaló el gorro de la sudadera. Ella se asustó. “Si así te pones por esto, como te vas a poner si te agarro una nalga”, le dijo él.

Durante tres meses la estudiante universitaria había sufrido acoso que iba en aumento. Al principio habían sido insinuaciones disfrazadas de bromas: “Coquetéame para que firme tu servicio”. Después,  mensajes telefónicos: “¿Me darías un beso?”.

Jimena cuenta el acecho con voz entrecortada pero contiene las lágrimas. Ya lloró demasiado el año pasado, mientras pasaba por un periodo de depresión al mismo tiempo que era víctima de acoso.

Después del acoso, la joven abandonó el servicio social, pero no le dijo a nadie por qué. Ocho meses después se atrevió a contarle a una profesora de lo sucedido y se enteró que había sido víctima del delito de acoso sexual, y que podía denunciarlo.

Dice que, al principio, hizo la denuncia en el departamento de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Iberoamericana, la institución privada donde estudia.

Avanzó a la siguiente instancia: la Procuraduría de Derechos Universitarios, que investigó el caso y organizó un careo con el agresor. Tres semanas después, emitió una resolución en la que reconocía un “acercamiento no consensuado”, pero no más. La estudiante sólo debía recibir una disculpa que firmó el director de la facultad de Ciencias Políticas y Administración Publica, Enrique Gutiérrez.

“Yo tenía que seguir yendo a mi clase y él también”, dice Jimena. Agrega que tuvo varias crisis nerviosas y un desmayo en el salón después de una de las tantas sonrisas burlonas que él le dirigía. El ayudante de profesor finalmente dejó de asistir a la clase durante los últimos dos meses del semestre, pero sigue trabajando en la universidad.

En febrero pasado ella lo denunció ante la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal e hizo público su caso en redes sociales porque, dice, ha comprobado que el acoso sexual dentro de las escuelas es más común de lo que parece y las víctimas no deben callarlo.

Animal Político solicitó a la Universidad Iberoamericana su posición al respecto, pero la respuesta fue que prefería no emitir ninguna comunicación por tratarse de una denuncia en proceso.   

Acción contra el acoso 

En el proceso de denuncia Jimena conoció a otra estudiante de Psicología de la misma Universidad Iberoamericana -que prefirió guardar el anonimato – que también fue acosada por un profesor: le dijo que podía subir su 9.6 de promedio a 10 “a cambio de hacer algo más”.

Aunque denunció, las autoridades universitarias desecharon su queja porque no había pruebas: había borrado los mensajes de texto. Ante lo que acusa como inacción institucional, la estudiante de Psicología formó la organización estudiantil Escucha, que imparte pláticas en preparatorias para informar sobre el acoso sexual.

Jimena, propuso a la universidad emprender la campaña No es no, dirigida a estudiantes para identificar el acoso, pero nunca prosperó. Por eso ella, con otras alumnas hicieron la campaña en Facebook y Twitter, para que otras víctimas se atrevan a denunciar y, sobre todo, para que identifiquen el acoso sexual.

Señalan que debe quedar muy claro que recibir mensajes, “bromas” o insinuaciones por parte de alguna autoridad o compañero que hagan a una mujer sentir incómoda no es normal. Se trata de un delito que debe ser denunciado e investigado.

“Queremos que la universidad rectifique, que tome los valores y la visión humanista que la compone y ponga atención a las víctimas”, afirma Jimena.

via GIPHY

Cuando la denuncia es insuficiente 

El pasado 7 de abril  Mariana realizaba un trámite de titulación en la Facultad de Estudios Superiores Acatlán, de la UNAM. Minutos antes había sentido la mirada de un hombre que no parecía estudiante. Ya en la ventanilla, mientras firmaba papeles, se dio cuenta que el tipo estaba grabando con su celular por debajo de su falda.

Su primera reacción fue patearlo. El hombre sólo se preocupó por recuperar su celular y algunos vendedores de la explanada acudieron a auxiliarlo. Otros estudiantes se dieron cuenta de lo que había ocurrido e impidieron que se escapara. Lo llevaron al departamento jurídico de la universidad.

En su celular había fotografías y videos de más jóvenes grabados de la misma forma. “Discúlpame, no sé que tengo en la cabeza”, le dijo el hombre a Mariana. Pudo entrar al campus gracias a una credencial vieja del Colegio de Ciencias y Humanidades.

La gente del departamento jurídico le preguntó a Mariana si quería interponer la denuncia ante el Ministerio Público. “Por lo que ha pasado, por el caso de Gabriela (estudiante de la FES que sufrió el mismo tipo de acoso), dije que sí”, recuerda.

Al hombre se lo llevaron en una patrulla, pero durante el trayecto al Ministerio Público de Naucalpan, Estado de México, los policías no le quitaron el celular. Así que tuvo tiempo de borrar todas las imágenes y videos.

La joven interpuso la denuncia por acoso sexual y los agentes le dijeron que no era necesario que acudiera a otra audiencia prevista para el sábado porque “no saldría”. Sin embargo, el sábado 9 de abril los abogados de la universidad le informaron que el detenido había sido liberado porque no había evidencia para inculparlo.

La primera acción de la joven fue borrar sus redes sociales: “Me da miedo que me busque”. En su Facebook había publicado una foto del agresor y contado su caso.

Tampoco piensa regresar a universidad porque los vendedores ambulantes dentro del campus son amigos de esa persona son. “Mis amigos han preguntado y los vendedores me tienen identificada”, dice.  Hasta el momento, no ha recibido ningún tipo de ayuda de ninguna institución.

Especial Mujeres Violencia Grafico 03-2

Para entender el acoso

De acuerdo con el artículo 179 del Código Penal del Distrito Federal, se considera responsable de acoso sexual a quien solicite favores sexuales o realice una conducta de naturaleza sexual indeseable para quien la recibe y podría tener una pena de uno a tres años de prisión.

Además, si existe una relación jerárquica, derivada de relaciones laborales, docentes, domésticas o cualquier subordinación entre la persona agresora y la víctima, la pena se incrementará en una tercera parte.

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Así fue la vida del príncipe Felipe de Edimburgo: murió a los 99 años

El duque de Edimburgo se ganó el respeto de muchos británicos por su constante apoyo a la reina. BBC Mundo recuerda los principales hitos de su extensa vida.
9 de abril, 2021
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El príncipe Felipe, esposo de la reina Isabel II y padre de sus cuatro hijos, estuvo casado con ella más de 73 años, y aunque como consorte de la soberana no tenía un rol constitucional, nadie fue tan importante como él en la vida de la monarca.

Felipe, que murió este viernes a los 99 años, asumió un rol extremadamente difícil para cualquiera, quizá más para un hombre acostumbrado al mando naval, que, además, tenía fuertes opiniones sobre una gran variedad de temas.

Pero tal vez fue esa misma fuerza de carácter lo que le permitió cumplir con sus responsabilidades y darle a la reina el apoyo que necesitaba.

Y, de paso, ganarse el afecto de buena parte del pueblo británico.

De Grecia a Inglaterra

Felipe de Grecia nació el 10 de junio de 1921 en la isla de Corfú, pero como el país no adaptaba todavía el calendario gregoriano su certificado de nacimiento dice que nació el 28 de mayo de ese mismo año.

La historia de su familia es bastante convulsionada.

Su padre fue el príncipe Andrés de Grecia y Dinamarca, hijo menor de Jorge I, rey de los Helenos, y su madre, la princesa Alicia, hija mayor del príncipe Luis de Battenberg y bisnieta de la reina Victoria.

Tras un golpe de Estado en 1922, su padre fue desterrado de Grecia por un tribunal revolucionario.

Su primo segundo, el rey británico Jorge V, envió un buque de guerra para rescatar a la familia, que se trasladó a Francia.

El pequeño Felipe hizo el viaje en una cuna hecha con una caja de naranjas.

El menor de la familia, y único hombre entre cinco hermanos, su primera infancia fue relativamente feliz. Pero venían tiempos difíciles.

A los 7 años, se mudó a Inglaterra para vivir con parientes.

Para entonces, su madre había sido diagnosticada con esquizofrenia y estaba un manicomio, por lo que tuvo poco contacto con ella.

Su formación estuvo marcada por el pionero educador judío Kurt Hahn, con quien estudió primero en Alemania y cuando este tuvo que huir de la persecución nazi. en Escocia.

Su método, con énfasis en la autoconfianza, resultó ideal para un adolescente que, separado de sus padres, pasaba mucho tiempo solo.

El primer encuentro

Al aproximarse la Segunda Guerra Mundial, Felipe decidió seguir una carrera militar.

Su primer deseo fue unirse a la Fuerza Aérea Real, pero terminó integrándose a la Marina por la tradición marinera de su familia materna.

El duque de Edimburgo y la reina

PA

En un recorrido por las instalaciones donde estudiaba que hacía el rey Jorge VI junto a su esposa y las princesas Isabel y Margarita, Felipe quedó a cargo de acompañar a las dos jóvenes.

Según testigos, el encuentro causó una profunda impresión en Isabel, de 13 años, cinco años menor que su futuro marido.

Muy pronto, el joven griego comenzó a mostrarse como un buen prospecto. y para fines de 1942 era uno de los más jóvenes primeros tenientes de la Marina.

“Rudo y maleducado”

El romance entre Isabel y Felipe se inició con un intercambio regular de cartas y continuó con invitaciones a compartir con la Familia Real.

Fue después de una de esas visitas que la heredera puso en su tocador una foto de Felipe vestido en su uniforme naval.

Isabel y Felipe el día de su boda

Getty Images
La boda entre Isabel y Felipe se celebró en noviembre de 1947.

Era toda una señal, y pese a que hubo oposición por parte de algunos cortesanos, uno de los cuales describió al futuro príncipe como “rudo y maleducado”, en el verano de 1946 Felipe le pidió oficialmente al rey la mano de Isabel.

Pero antes de que el compromiso pudiese ser anunciado, el novio necesitaba una nueva nacionalidad y un apellido. Fue entonces cuando renunció a su título griego, se hizo ciudadano británico y tomó el nombre de su familia materna, Mountbatten.

La boda se celebró en la Abadía de Westminster el 20 de noviembre de 1947. El entonces primer ministro Winston Churchill la describió como un “destello de color” en medio de la posguerra.

Desde ese día, Felipe fue reconocido como Su alteza real, duque de Edimburgo, conde de Merioneth y barón de Greenwich.

Felipe en 1953

Getty Images
El matrimonio eventualmente hizo que Felipe abandonara su carrera en la Marina.

El duque retomó su carrera naval y fue enviado a Malta, donde por un tiempo vivieron en relativa normalidad.

Un año después nació su hijo mayor, el príncipe Carlos, y en 1950 llegó la princesa Ana (los príncipes Andrés y Eduardo nacieron en 1960 y 1964, respectivamente).

La primera gran prueba que tuvo que enfrentar Felipe como marido de Isabel se produjo cuando la salud de Jorge VI comenzó a deteriorarse y ella debió asumir más responsabilidades reales.

Para poder estar a su lado, se tomó licencia de la Marina en julio de 1951. Nunca volvió a tener un papel activo.

Y pese a que no era un hombre de arrepentimientos, en una ocasión admitió que lamentaba no haber podido continuar su carrera naval.

La muerte del rey

La reina Isabel II y el príncipe Felipe, duque de Edimburgo, y dos de sus hijos.

Getty Images
La reina Isabel II y el príncipe Felipe, duque de Edimburgo, y dos de sus hijos.

En 1952, la pareja emprendió un viaje por África que originalmente harían el rey y la reina.

Estando en Kenia, llegó desde Inglaterra la noticia del fallecimiento de VI había por una trombosis coronaria.

Felipe fue el encargado de decirle a Isabel que su padre había muerto y ella era la nueva monarca.

Un amigo contó que para el príncipe fue un gran golpe. Parecía como si la mitad del mundo le hubiese caído encima, recordó.

Fuera de la Marina, se veía obligado a crearse un nuevo rol. La pregunta era cuál.

A medida que la Coronación se acercaba, se comunicó que si bien Felipe tendría prioridad después de la reina en todas las ocasiones, nunca ostentaría una posición constitucional.

El duque estaba lleno de ideas sobre cómo modernizar la monarquía, pero terminó desilusionado por la férrea oposición de parte de la vieja guardia de palacio.

Las fiestas y la familia

Durante los primeros años del reinado de Isabel, Felipe canalizó parte de sus energías manteniendo una intensa vida social.

El duque en un evento con amigos en la década de 1950

BBC
En los 50, el príncipe participaba con frecuencia en eventos sociales

Todas las semanas se reunía con un grupo de amigos en cuartos privados de un restaurante de Soho, en barrio bohemio del centro de Londres.

Compartían opíparos almuerzos y visitaban clubes nocturnos, y solía ser fotografiado con glomorosos acompañantes.

Una de las pocas áreas en que el príncipe tenía libertad para ejercer su autoridad era la familia, aunque perdió la batalla por imponer qué apellido llevarían sus hijos.

Él quería que fuese Mountbatten, pero la reina eligió Windsor.

“Soy el único hombre en este país que no puede darle a sus hijos su nombre”, se quejó con sus amigos”. “No soy más que una ameba”.

Proyectos propios

Con el paso del tiempo, Felipe fue encontrando su camino en proyectos ligados al bienestar de los jóvenes, uno de los problemas sociales que más le interesaban.

En 1956 lanzó el exitoso Premio del Duque de Edimburgo, que permitió que alrededor de 6 millones de jóvenes de todo el mundo se retaran física, mental y emocionalmente en una variedad de actividades al aire libre diseñadas para promover el trabajo en equipo, el ingenio y el respeto por la naturaleza.

Felipe sentado en un elefante en un viaje con la reina a India

PA
El duque trabajó intensamente en proyectos de conservación de la naturaleza.

“Si puedes lograr que los jóvenes tengan éxito en cualquier actividad, esa sensación de éxito se extenderá a muchos otros”, le dijo el príncipe a la BBC.

También fue un gran defensor de la naturaleza y el medio ambiente, aunque estuvo envuelto en algunas controversias por su afición a la caza. Su decisión de dispararle a a un tigre durante un viaje a India en 1961 es una de las más recordadas.

Eso no le impidió, sin embargo, dedicar energías y usar su influencia para respaldar la fundación del Fondo Mundial para la Naturaleza.

Fue además un gran deportista. Practicó vela, cricket y polo y fue presidente de la Federación Ecuestre Internacional.

La relación con Carlos

Como padre, tuvo altibajos, como todos.

De acuerdo al biógrafo del príncipe Carlos, Jonathan Dimbleby, la relación entre ambos era especialmente compleja.

Cuando el heredero era adolescente, Felipe insistió en que asistiera a la misma escuela en la que él se había educado, motivado por la creencia de que su filosofía podía ayudar a contrarrestar la naturaleza más bien retraída de su hijo.

Pero Carlos odió el lugar, extrañaba su casa y fue víctima constante de bullying.

Carlos llegando a Gordonstoun con su padre

Getty Images
Su insistencia en que el príncipe Carlos asistiera a la escuela de Gordonstoun provocó tensiones entre padre e hijo.

A su padre le costaba entenderlo, y más de una vez redujo al joven a lágrimas con sus reprimendas públicas.

Probablemente, su actitud reflejaba las dificultades de su, a veces solitaria, propia niñez.

Tuvo que desarrollar su independencia a muy temprana edad y podía costarle entender que no todo el mundo compartía su fuerte carácter.

En la biografía de Dimbleby también se dice que el duque de Edimburgo empujó más tarde a su hijo a casarse con Lady Diana Spencer.

Sin embargo, Felipe fue más especialmente diligente con sus hijos durante los difíciles años de sus crisis matrimoniales.

Tomó la iniciativa para intentar comprender los problemas, impulsado quizás por sus propios recuerdos de las dificultades de casarse con un miembro de la familia real.

Y aunque la ruptura de los matrimonios de tres de sus cuatro hijos -la princesa Ana y los príncipes Andrés y Carlos- le causaron una gran tristeza, siempre se negó a hablar de problemas personales.

Comentarios inoportunos

Si bien a lo largo de los años fue criticado en algunos sectores por comentarios que realizó que algunos consideraban inoportunos, muchos vieron sus gafes como un intento de aligerar el ambiente.

Príncipe Felipe, duque de Edimburgo

Getty Images
Su franqueza puso en aprietos a la familia real en numerosas ocasiones.

Hizo uno de sus comentarios más recordados mientras acompañaba a la reina en una visita de Estado a China en 1986, al hacer una mención en privado sobre los “ojos rasgados”.

Y en un viaje a Australia en 2002 le preguntó a un aborigen si “todavía se arrojaban lanzas los unos a los otros”.

Esa brusquedad que se le atribuía se suavizó un poco en los últimos años, en parte por la actitud a veces hostil del público hacia la familia real tras la muerte de Diana, la princesa de Gales, en 1997.

Una década después, en 2007, se publicaron cartas entre el duque y Diana, en un intento por refutar las afirmaciones de que Felipe había sido hostil con su nuera.

Mostraban que de hecho había sido una fuente de gran apoyo para la princesa, un hecho subrayado por el tono cálido en el que ella le escribía.

“Hice lo que creo que fue lo mejor que pude”

Felipe fue un hombre con un temperamento combativo que con frecuencia se sentía incómodo con el tacto que requería su posición.

No puedo cambiar de repente mi manera de hacer las cosas, no puedo cambiar mis intereses o la forma en que reacciono a las cosas. Ese es solo mi estilo”, le dijo una vez a la BBC.

La reina Isabel II, el príncipe Felipe, duque de Edimburgo; y Kate Middleton, la duquesa de Cambridge, y el príncipe Guillermo, con los hijos de ambos.

Getty Images
A Felipe se le atribuye haber encontrado discretas maneras de actualizar a la monarquía con los nuevos tiempos (aquí aparece con Kate Middleton, la duquesa de Cambridge, el príncipe William, y los hijos de ambos).

Esto fue reconocido por el entonces primer ministro David Cameron cuando rindió homenaje a Felipe por su 90º cumpleaños en 2011: “Siempre ha hecho las cosas a su manera inimitable, con un enfoque realista y sensato que los británicos, creo, encuentran entrañable”.

Retiro de la vida pública

Después de décadas viajando junto con la reina en visitas de Estado al extranjero o para atender a eventos de las organizaciones que presidía, el duque de Edimburgo se retiró de la vida pública en agosto de 2017.

En enero de 2019, sobrevivió a un accidente de coche mientras conducía cerca de Sandringham, en el que dos mujeres que iban en el otro vehículo implicado resultaron heridas. Tras el incidente, entregó voluntariamente su licencia de conducir.

Buckingham Palace calculó que, desde 1952, el príncipe atendió 22.219 compromisos en solitario.

Felipe jugó un rol importante ayudando a la monarquía a aceptar los cambios en las actitudes sociales a lo largo de los años.

Felipe e Isabel II en 2007

PA

Pero su mayor logro fue, sin duda, la constancia de su apoyo a la reina.

Él creía que su trabajo era, como le dijo a su biógrafo, “asegurar que la reina pudiera reinar”.

En un discurso pronunciado en una celebración para conmemorar el aniversario de bodas de oro de la pareja, Isabel II le rindió homenaje.

“Es alguien que no se toma fácilmente los cumplidos, pero simplemente ha sido mi fortaleza y se ha quedado todos estos años. Yo, su familia y este y muchos otros países le debemos muchos de lo que él admitiría y de lo que nunca sabremos”.


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