Desalojar o no, esa es la cuestión: choque de opiniones por el auditorio Justo Sierra
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Desalojar o no, esa es la cuestión: choque de opiniones por el auditorio Justo Sierra

Estudiantes de la Facultad de Derecho de la UNAM convocaron a un mitin, y en el encuentro en Ciudad Universitaria se dio un choque de diferentes posturas, respecto a la situación del auditorio.
Cuartoscuro Archivo
Por Nayeli Roldán
2 de abril, 2016
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El mitin organizado por estudiantes de la Facultad de Derecho de la UNAM para pedir el desalojo del auditorio Justo Sierra terminó antes de lo previsto. Apenas hablaba el sexto de ocho oradores registrados, cuando alumnos de la misma facultad pidieron el micrófono. Ante la negativa, comenzaron los gritos.

“¡Diálogo, diálogo!” exigían a través de un altavoz. Los organizadores intentaban explicar que los oradores habían sido escogidos previamente. “No consultaron a toda la facultad. Sólo enviaron correos directos”, acusaba Alejandro Martínez, integrante del Centro de estudiantes de Derecho.

Dos

Los organizadores, integrantes de la agrupación Orgullo UNAM, abandonaron el mitin y a los más de 300 jóvenes reunidos en la explanada de la torre de Rectoría en Ciudad Universitaria.

Salieron apresurados. ¿Qué pasa. Por qué se van? Se les preguntaba. Sólo repetían que mandarían un comunicado más tarde para dar su posicionamiento. Sólo Ulises se atrevió a decir más: “Vinieron a reventar el mitin. No sabemos si son infiltrados o no”. No detuvieron el paso.

“Sí al desocupa del Che, sí al desocupa del Che”, gritaban estudiantes con playeras blancas y una pancarta de “Derecho”. Frente a ellos, otros respondían: “No al desocupa del Che, no al desocupa del Che”.

Así se dividió el mitin. La mayoría se quedó, la prensa se quedó y los inconformes fueron escuchados.

Ya no había micrófono, pero tuvieron mucha garganta para denunciar la falta de pluralidad en el mitin. Tres integrantes del grupo Centro de estudiantes de Derecho incluso entregaron una carta a Manuela Luna, secretaria de Atención universitaria, en la que piden al rector de la UNAM, Enrique Graue, debatir sobre el futuro del auditorio en disputa a través de un Congreso universitario de carácter resolutivo.

A unos metros ocurría otra discusión. Antonio García, estudiante de Economía, acusaba que los alumnos de derecho no podían hablar por toda la universidad. “Yo no estoy de acuerdo en el desalojo del Che”. “Es un espacio secuestrado. A la Universidad se viene a estudiar, no a drogarse”, le dijo una mujer que estaba a lado.

Uno

“Yo no soy miembro del Okupache, pero no estoy de acuerdo en este tipo de mítines. Hay que discutir la situación como universitarios. En asambleas”, propuso Antonio. Le preguntaban cuándo y dónde hacerlo. “En cada facultad”, respondió.

Emiliano, estudiante de Filosofía y Letras, advertía los riesgos de una desocupación usando a la policía. Se debe apostar al debate, al diálogo entre universitarios.

“Nos pronunciamos porque la entrada de las policía no puede ser opción para resolver este conflicto. Eso vulneraría no sólo a la autonomía universitaria, sino a los estudiantes y al derecho de  organización”.

Minutos antes, los oradores, estudiantes y egresados universitarios, exponían que la ocupación el auditorio Justo Sierra, conocido como Che Guevara, ocupado por diversos colectivos desde hace 16 años significa una “privatización” de un espacio universitario.

La autonomía universitaria no significa tener “secuestrado” un lugar emblemático como el auditorio, dijo un alumno mientras los espectadores le aplaudían. Al mismo tiempo, a unos 15 metros del mitin, un hombre que no quiso identificarse, gritaba que en el Che Guevara permite el acceso a los pueblos indígenas.

“Los pueblos tenemos derecho a la Universidad, a exigir que no se privatice la escuela. Se les olvida que si hoy la UNAM cobra muy poco dinero es gracias a la resistencia de la huelga y al movimiento social de los jóvenes”, decía el hombre que habitualmente se encuentra en el auditorio Che Guevara.

Tres

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Lucie Vildnerova

'Salí de vacaciones de Polonia y terminé quedándome toda la pandemia en Colombia porque acá encontré familia'

Joanna Zdanowska, una polaca de 47 años, era una de las turistas que estaba en Colombia cuando empezó la cuarentena. Y se quedó a gusto porque, según dice, encontró familia en un pequeño pueblo de la costa caribeña del país.
Lucie Vildnerova
4 de enero, 2021
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Joanna Zdanowska, una polaca de 47 años, era una de las turistas que estaba en Colombia cuando empezó la cuarentena por la pandemia de coronavirus.

A diferencia de cientos de extranjeros que volvieron a su país, elladecidió quedarse en un país cuya naturaleza enamora con facilidad.

Su relato, presentado en este texto que resultó de una conversación con BBC Mundo, es prueba de que el virus, además de trágico, abrió la puerta para muchas experiencias e historias positivas.


En agosto de 2020, cuando en Colombia anunciaron el fin de la cuarentena estricta, nosotras ya nos queríamos quedar donde estábamos. No queríamos que nada cambiara.

Mis amigos turistas y yo, que vinimos a América Latina a viajar antes de que empezara la pandemia, encontramos en Palomino, en la Costa Atlántica colombiana, un hogar.

Palomino es un pequeño pueblo muy cerca de una hermosa playa llena de palmeras que se prolonga por varios kilómetros.

En marzo, apenas empezó todo, yo no quise irme a Polonia, como hicieron algunos de mis compañeros, porque tenía la esperanza de que pronto podría seguir viajando.

Pero luego pasaron dos semanas y prolongaron la cuarentena. Y dos más. Y más. Y así hasta que nos quedamos ocho meses en un pueblo al lado de la playa sin poder nadar en el mar.

Estábamos en un hostal y todos los restaurantes y bares estaban cerrados. No había nada para hacer.

Con el tiempo se fueron yendo los turistas y solo quedamos algunos pocos. Pero con los días fuimos conformando una familia de unas quince personas con una relación muy íntima con los dueños de los hostales donde estábamos.

Salí de vacaciones de Polonia y terminé quedándome toda la pandemia en Colombia porque acá encontré familia.

Atrapada a gusto en Colombia

En 2019, decidí tomarme un año sabático porque me aburrí de Polonia, donde además tengo un apartamento que genera renta y me permite viajar tranquila.

Estuve en México y Cuba. Luego tenía el plan de viajar dos meses por Colombia, un país que recomiendan mucho para el turismo. Me quedé 10 meses y sigo contando.

Cuando viajas conoces muchas personas, pero normalmente los ves máximo una semana. Pero cuando vives con alguien seis meses, se genera una relación única.

Turistas en Palomino

Joanna Zdanowska
Los turistas que se quedaron en Palomino toda la cuarentena se convirtieron en miembros y colaboradores de la comunidad.

Porque ninguno trabajaba, entonces pasábamos todos el día juntos. Nos sentimos como en vacaciones permanentes.

Cada día había actividades con la gente local para apoyarnos unos a otros. Nos cocinaban. Algunos trabajaban para los hostales, otros aprendieron a surfear, había una chica que empezó a dar clases de español por internet.

En la casa donde yo me quedé, por ejemplo, había una familia de venezolanos con dos niños que descubrieron que nosotras las tratábamos mejor que sus padres. Entonces pasaban el día con nosotras. Yo les compré libros y les leía cuentos. Les mostraba videos en YouTube. Ahora los niños dicen que nosotras somos sus madres. Eso te rompe el corazón.

Lo que aprendí

Lo mejor de haberme quedado tanto tiempo aquí fue que pude conocer bien a la gente del pueblo, una experiencia que no tiene nada que ver con uno ve en el sector turismo.

Una de las experiencias más extraordinarias que tuve fue cuando fui a un pueblo de arhuacos, un grupo de indígenas que viven en la Sierra Nevada de Santa Marta y han tenido muy poco contacto con culturas occidentales.

Tuvimos que salir a las 4 de la mañana. Nos dijeron que eran 8 horas caminando pero cuando levábamos 9 horas aún no llegábamos. Pensamos que este lugar no existía. A las 10 horas finalmente llegamos, sin poder hablar del cansancio. Y nos quedamos ahí con nuestras hamacas.

Nos dieron su casa más grande. Nos quedamos tres días.

Joanna Zdanowska

Joanna Zdanowska
Joanna dice que los tres días que estuvo en un pequeña villa de indígenas le cambió su forma de pensar.

Esta experiencia cambió mi pensamiento, descubrimos algo que puede ser obvio pero nunca lo habíamos vivido: que no necesitamos nada para ser feliz.

Nos cobraban 50 dólares por cada uno de nosotros cinco. Cuando vimos las condiciones en las que viven los indígenas, decidimos no negociar nada, porque duermen en el suelo, cocinan en el fuego, no hay electricidad, ni gas, todo es muy básico; comen solo cosas que tienen ahí en su finca: yuca, plátano, arroz.

Son cosas muy básicas que me enseñaron mucho y me dieron ganas de seguir viajando, y quizá buscar aprovechar mi experiencia de 14 años en la televisión polaca en alguno de estos países. Creo que es buen momento para vender producciones que ya están listas y no necesitan más que subtítulos o doblaje.

Palomino

Joanna Zdanowska
Palomino es uno de los tantos paraísos de Colombia.

Con mi familia no necesito tener contacto físico. Lo único que me hace falta es ver al hijo de mi hermana, que solo vi cuando tenía un año. Pero hablamos mucho.

Y ahora la situación en Polonia es muy fuerte: en coronavirus Colombia y Polonia son países vecinos. Pero, además, ahora el gobierno en mi país es muy conversador y tengo la impresión de que estamos como hace 30 años: no aceptan la sociedad LGTBI, el aborto es tema de guerra, millones de personas están en la calle protestando.

Además allá es invierno. Y no es que me haya acostumbrado al clima de acá. Cuando hace 38 grados me molesta. Pero estar solo en chancletas y vestido corto en lugar de cinco kilos de ropa te relaja. Y eso me gusta de Palomino.


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https://www.youtube.com/watch?v=BKNQNzyRydw

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