¿Eres un hombre violento? Seis pasos para no cometer actos machistas
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¿Eres un hombre violento? Seis pasos para no cometer actos machistas

La conducta de un hombre violento los afecta en sus relaciones personales, laborales y familiares, pero a través de una terapia los hombres pueden identificar cuándo están a punto de cometer una agresión.
Por Paris Martínez
22 de abril, 2016
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cintillo

Empecemos por una obviedad: las primeras y principales afectadas por la cultura machista, y por las múltiples formas que adopta la violencia contra las mujeres son, precisamente, las mujeres.

Lo que no resulta tan obvio, porque la misma cultura machista se encarga de ocultarlo, de negarlo, es que quienes ejercen el machismo sufren también consecuencias y desarrollan, a la postre, una vida de dificultades y, en muchos aspectos, infeliz.

“El machismo genera diversas consecuencias en la vida de las personas que lo ejercen”, dice Roberto Garda, director de Hombres por la Equidad, una asociación civil que atiende a hombres que buscan resolver sus problemas de violencia.

“Entre ellas: no logran entablar relaciones sanas y satisfactorias, van sumando divorcios, pierden la confianza y la comunicación con sus hijos e hijas, pierden oportunidades profesionales y laborales por no poder congeniar o por agredir a mujeres que son sus pares, sus subordinadas o sus superiores jerárquicos”.

También, agrega, “enfrentan problemas legales por violencia intrafamiliar y van viendo disminuido su círculo social y de amistades; en fin, se van poniendo piedritas en el camino que, conforme va avanzando su vida, les impiden ser felices, plenos (…) y lo peor es que pueden desperdiciar décadas, la vida entera, sin darse cuenta de que esos problemas no tienen que ver, en realidad, con cómo son los demás, sino con cómo es uno, y por lo tanto, que tienen solución.”

Sin embargo, subraya Garda, no es necesario que un muchacho violento se convierta en un hombre violento para que se dé cuenta de que esa característica genera consecuencias adversas en su vida; ni que un hombre deje pasar más de media vida enojado con los demás, para darse cuenta que sí puede ser feliz; ni que a largo plazo vea arruinado sus proyectos personales, familiares y profesionales, para que se decida a abandonar el rol social del machista.

“La violencia de género –asegura– se aprende desde la infancia, somos educados por la familia, por la escuela, por la iglesia, por la comunidad, para actuar así. Pero no nacemos siendo machistas, y aunque así se nos haya educado, también podemos, por voluntad propia, reeducarnos, optar por un rol social distinto, uno respetuoso, igualitario y equitativo, ya ni siquiera por el bien de las y los demás, sino por tu propio beneficio.”

Luego de 23 años de trabajo y diálogo con personas que ejercen la violencia de género, Hombres por la Equidad AC ha desarrollado una tabla de habilidades que, a través de terapias y talleres, buscan incentivar en sus pacientes, orientadas todas a que los hombres agresivos logren identificar cuándo están a punto de cometer una agresión, para prevenirla y, por esta vía, erradicar estas prácticas en su vida cotidiana.

1.- La habilidad de humanizar
Las conductas machistas están tan interiorizadas en quienes las practican, explica Garda, que llega un momento en que ni siquiera se dan cuenta que están incurriendo en agresiones.
Sin embargo, una agresión, aunque parezca espontánea, en realidad tiene varias fases de preparación, y la primera de ellas es la de restar “identidad” a quien se va a agredir.

“Cuando nos predisponemos a agredir a alguien, lo despersonificamos. Le restamos su condición humana, su identidad única, y lo asumimos como una cosa, como algo, no como alguien. Entonces, cuando yo digo ‘esa pendeja’, cuando la despojo de su personalidad, puedo identificar un primer síntoma de que estoy preparando una agresión. Ese es el momento ideal para desistir, para reflexionar y darnos cuenta de que no es una cosa. En muchos casos, ese solo reconocimiento es suficiente para que la agresión no se cometa.

2.- La habilidad de contención
En términos ideales, el darnos cuenta de que estamos pensando en agredir, no sólo a una mujer, sino a cualquier persona, debería ser suficiente para disuadirnos. Sin embargo, explica Garda, no siempre sucede así, y luego de que se concibe un pensamiento de agresión en la mente, el segundo síntoma de que vamos a cometer una agresión son las acciones preparativas que emprendemos. “Cuando la idea ya se ha formado, podemos identificar acciones preparativas: por ejemplo, te empiezas a aproximar a la persona que pretendes agredir, para con la cercanía propiciar una situación que derive en el ataque… o por el contrario, puedes provocar que la persona se acerque a ti, para agredirla. Pues bien, nuevamente lo ideal sería que, si no pudiste contener un pensamiento agresivo, tienes la oportunidad de contener las acciones que te encaminen a cometer la agresión. Si te das cuenta que estás procurando la cercanía de alguien, para agredirla, una vez que lo haz hecho conciencia de ello, puedes dar la vuelta, alejarte, tomar distancia y evitar, así, tu impulso violento.”

3.- La habilidad de comunicar
Cuando una persona violenta tiene el impulso de agredir a alguien, esta agresión no necesariamente es física, y de hecho, señala el director de Hombres por la Equidad, “una de las formas más comunes de la violencia de género es la que se ejerce de manera verbal, pero no por esto es menos dañina. Entonces, una persona que quiere abandonar su rol machista, debe también reflexionar y estudiar su forma de comunicarse con los demás y las demás. A través de la reflexión interna, uno puede identificar las palabras que suele usar, los tonos que suele usar, ya sea para agredir, o para generar una situación propicia para agredir. Y nuevamente, cuando uno detecta esas formas que tiene de cometer agresiones, puede evitarlas conscientemente.

4.- La habilidad de interpretar tu cuerpo
Cuando una persona está a punto de atacar a otra, explica Garda, existen reacciones corporales, que son muy individuales, que cada persona puede aprender a reconocer, para prevenir la agresión. “En Hombres por la Equidad –recuerda– tuvimos un taller con policías, quienes podría pensarse que están habituados a enfrentar situaciones de violencia de forma cotidiana, que pudieran provocarles insensibilidad. Pero no es así: ellos nos contaban que en situaciones de violencia, cuando estaban a punto de hacer uso de la fuerza, dentro del marco legal, contra un delincuente, tenían reacciones comunes, como que te suda la frente, te tiemblan las manos, te duele la nuca. Y esto es así porque, cuando una persona está preparándose para agredir, esta preparación no sólo es mental, el mismo cuerpo se alista para atacar. Entonces, sí, hay que estar atento a lo que pienso, a mis conductas, a mi forma de comunicarme, y a mi cuerpo. Todo eso te va a indicar que estás listo para agredir, y buscamos que lo identifiques, precisamente, para que no lo hagas.”

5.- La habilidad de interpretar tus sentimientos
El principal motor de la agresión, señala Garda, es el miedo. “Cuando una persona agrede a otra, muchas veces esto responde a que de origen se sienten amenazados, aunque no exista en realidad una amenaza de ningún tipo. Y como consecuencia de ese miedo, finalmente atacan. Entonces, detrás de la violencia está le miedo a lo que no conocemos, es decir, detrás de la violencia está la ignorancia”.

El especialista pone un ejemplo: “Cuando veo un hombre gay, y yo no estoy de acuerdo con su forma de ser, lo mejor que puedo hacer es dejar de fijar mi atención en él y llevarla hacia mí mismo, y preguntarme ¿por qué siento que me amenaza? ¿Qué, en él, te produce miedo? ¿Miedo de qué: de que te toque, de que te salude? ¿Miedo de que te convierta en gay?”

Y cuando evalúas objetivamente ese miedo, detalla, puedes determinar si está fundamentado, y en la mayoría de los casos la respuesta lógica hace que ese miedo desaparezca. Una persona heterosexual razonablemente puede concluir, sin dificultad, que no va a dejar de ser heterosexual si un gay lo saluda; una persona heterosexual, razonablemente, sabe que la determinación de su orientación sexual es más compleja que eso.

6.- La habilidad de conocer tu historia
La sexta y última habilidad que te ayudará a identificar, prevenir y y erradicar los comportamientos machistas es, quizá, la más importante de todas: “Hay que conocer la historia: es bueno saber por qué la otra gente es como es, pero, sobre todo, hay que conocer nuestra propia historia, para saber por qué reaccionamos como lo hacemos:  muchos hombres, cuando se van a su propia historia, se dan cuenta que desde la infancia, desde la familia, desde la comunidad, desde la escuela, hubo una pedagogía que los educó, que nos educó a todos y todas, como intolerantes a la diferencia, fuimos educados para tenerle miedo a lo diferente. Es decir, no nacimos siendo intolerantes, siendo violentos con las mujeres, sino que fuimos educados para serlo. Y entonces, hay que reeducarnos”.

En términos resumidos, explica, hemos sido educados “para ver la realidad en dos colores: azul y rosa, fuerte y débil”, pero cuando “los hombres que atendemos hacen este ejercicio, descubren que la vida no es en dos colores, descubren la diversidad, y se dan cuenta de que no hay una sola forma de ser, sino que existen múltiples formas de ser, y que esa diversidad no está en tu contra y no aplica en tu contra.”

Epílogo: ¡Reflexiona!
Al presentarte esta pequeña tabla de habilidades a desarrollar, no pretendemos banalizar la problemática del machismo y de la violencia de género, que en México sufren principalmente mujeres, niños, niñas y personas adultas mayores.

No es con una pequeña receta con la que se resuelve un problema tan grande.

Buscamos, eso sí, sembrar en aquellos que ejercen este tipo de violencia, y que sufren calladamente sus consecuencias, la certeza de que pueden cambiar este aspecto de sus vidas y, por esa vía, ser más felices.

“Cuando una persona machista es encarada ante esta condición, ya sea porque directamente se defiende la persona a la que agrede, o porque luego de mucho tiempo se da cuenta que su vida no es plena, existen tres reacciones posibles: la primera es el enojo, uno se enoja y reafirma su violencia; la segunda reacción es la contraria, se sienten atacados, se perciben como víctimas de los otros, de las otras, y por esta vía, nuevamente, justifican su actitud violenta; y la última reacción posible, y la única sana, es que reflexionen.

Y cuando uno reflexiona ‘por qué me reclamó esa mujer, qué hice para provocar ese reclamo, por qué mis hijos adultos no me hablan, por qué llevo tres divorcios’, puede entonces empezar este proceso de reeducación, de renuncia al rol opresor, machista”.

* Si estás interesado en conocer los talleres grupales y terapias que ofrece Hombres por la Equidad, contáctalos aquí (http://www.hombresporlaequidad.org.mx/). 

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Cómo persuadir a quienes dudan de las vacunas contra COVID

Catalogar a quienes dudan de si vacunarse o no de ignorantes o egoísta es demasiado simplista y no ayuda a que cambien su posición. Te explicamos a qué debes estar atento si quieres establecer un diálogo con alguien que no está convencido.
29 de julio, 2021
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Las redes sociales están plagadas de publicaciones que desacreditan a quienes dudan sobre si ponerse o no la vacuna contra la covid-19, pero estas reacciones a un tema por demás complejo están haciendo más daño que bien.

No debería haber ninguna duda al respecto: las vacunas contra la covid-19 están salvando vidas.

Tomemos como ejemplo algunas estadísticas recientes de Reino Unido.

En un estudio que siguió a más de 200.000 personas, casi todos los participantes habían desarrollado anticuerpos contra el virus dentro de las dos semanas posteriores a su segunda dosis.

Y a pesar de las preocupaciones iniciales de que las vacunas actuales puedan ser menos efectivas contra la variante delta, análisis sugieren que tanto la AstraZeneca como la Pfizer-BioNTech reducen las tasas de hospitalización en un 92-96%.

Como han repetido muchos profesionales de la salud, los riesgos de efectos secundarios graves de una vacuna son mínimos en comparación con el riesgo de la enfermedad en sí.

Aún así, un número considerable de personas sigue mostrándose reacia a aplicarse la vacuna. Según un informe reciente del Fondo Monetario Internacional, esta cifra oscila entre el 10% y el 20% de las personas en Reino Unido, a alrededor del 50% en Japón y el 60% en Francia.

El resultado se está convirtiendo en una especie de guerra cultural en las redes sociales, y muchos comentaristas afirman que los que dudan de la vacuna son simplemente ignorantes o egoístas.

Pero los psicólogos que se especializan en la toma de decisiones médicas argumentan que estas elecciones son con frecuencia el resultado de muchos factores complicados que deben abordarse con sensibilidad, si queremos tener alguna esperanza de alcanzar inmunidad a nivel de la población.

Cuestión de indecisión

Primero, hagamos algunas distinciones.

Protesta antivacunas en Madrid, España.

Getty Images
Protesta antivacunas en Madrid, España.

Si bien es tentador suponer que cualquiera que rechace una vacuna tiene las mismas creencias, los temores de la mayoría de las personas que dudan de las vacunas no deben confundirse con las extrañas teorías de los antivacunas acérrimos.

“Son muy vocales y tienen una fuerte presencia fuera y dentro de internet”, dice Mohammad Razai, del Instituto de Investigación de Salud de la Población St George’s, de la Universidad de Londres, quien ha escrito sobre los diversos factores psicológicos y sociales que pueden influir en la toma de decisión de las personas sobre las vacunas.

“Pero son una minoría muy pequeña”.

La gran mayoría de quienes dudan de las vacunas no tienen una agenda política y no están comprometidas con una causa anticientífica: simplemente están indecisas.

La buena noticia es que muchas personas que inicialmente dudaban están cambiando de opinión.

“Pero incluso un retraso se considera una amenaza para la salud, porque las infecciones virales se propagan muy rápidamente”, dice Razai.

Esto habría sido problemático si todavía estuviéramos lidiando con las variantes más antiguas del virus, pero la mayor transmisibilidad de la nueva variante delta ha aumentado la urgencia de llegar a la mayor cantidad de personas lo más rápido posible.

Las 5 C

Afortunadamente, los científicos comenzaron a estudiar la vacilación respecto a las vacunas mucho antes de que se identificara por primera vez el SARS-Cov-2 en Wuhan en diciembre de 2019, y han explorado varios modelos que intentan capturar las diferencias en el comportamiento de la gente respecto a la salud.

Vacunas

Getty Images

Uno de los más prometedores es el conocido como modelo de las 5C, que considera los siguientes factores psicológicos:

Confianza: la confianza de la persona en la eficacia y seguridad de las vacunas, los servicios de salud que las ofrecen y los responsables políticos que deciden su implementación.

Complacencia: si la persona considera que la enfermedad en sí misma es un riesgo grave para su salud.

Cálculo: la participación del individuo en una búsqueda extensa de información para sopesar los costos y los beneficios.

Conveniencia: qué tan fácil es para la persona en cuestión acceder a la vacuna.

Responsabilidad colectiva (que en inglés sería collective responsability, por eso es parte de las 5 C): la voluntad de proteger a los demás de la infección mediante la propia vacunación.

En 2018, Cornelia Betsch de la Universidad de Erfurt, en Alemania, y sus colegas pidieron a los participantes que calificaran una serie de declaraciones que medían cada una de las 5 C, y luego compararon los resultados con su aceptación de los procedimientos relevantes, como la vacuna contra la influenza o el VPH (virus del papiloma humano).

Efectivamente, descubrieron que las 5 C podían explicar la gran variedad en las decisiones de la gente y superaron constantemente a muchos otros predictores potenciales, como los cuestionarios que se centraban más exclusivamente en temas de confianza sin considerar los otros factores.

En una investigación aún no publicada, Betsch utilizó el modelo para predecir la aceptación de las vacunas contra la covid-19, y sus resultados hasta ahora sugieren que el modelo de las 5 C puede explicar en una gran medida la variación en las decisiones de las personas.

Habrá otros factores contribuyentes, por supuesto. Un estudio reciente de la Universidad de Oxford sugiere que el miedo a las agujas es una barrera importante para alrededor del 10% de la población.

Pero el enfoque de las 5 C ciertamente parece captar las razones más comunes de las dudas sobre las vacunas.

Sesgo de confirmación

Jessica Saleska, de la Universidad de California, Los Ángeles, señala que los seres humanos tenemos dos tendencias aparentemente contradictorias: un “sesgo de negatividad” y un “sesgo de optimismo” que pueden inclinar la balanza en las valoraciones de la gente sobre los riesgos y beneficios.

El sesgo de negatividad se refiere a la forma en que uno evalúa los eventos que escapan a su control. “Cuando te presentan información negativa, eso tiende a quedarse en su mente”, dice Saleska.

El sesgo de optimismo, por el contrario, se refiere a tus creencias sobre ti mismo, como por ejemplo creer que estás más en forma y más saludable que la persona promedio.

Vacuna contra la covid-19

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Las principales barreras siguen siendo las preocupaciones de los pacientes sobre los efectos secundarios y los temores de que las vacunas no se hayan probado adecuadamente.

Estos sesgos pueden funcionar de forma independiente, lo que significa que puedes concentrarte en los peligrosos efectos secundarios de las vacunas y, al mismo tiempo, creer que es menos probable que padezcas la enfermedad, una combinación que reduciría la confianza y aumentaría la complacencia.

Luego está el famoso sesgo de confirmación, que también puede distorsionar las percepciones de la gente sobre los riesgos del virus a través de la disponibilidad de información errónea de fuentes dudosas que exageran los riesgos de las vacunas.

Esta confianza en recursos engañosos significa que las personas que obtienen un puntaje alto en la medida de “cálculo” de la escala de las 5 C (las personas que buscan datos activamente) suelen ser más reacias a las vacunas que las personas que obtienen un puntaje más bajo.

“Si ya crees que la vacunación podría ser peligrosa, entonces buscas (en internet) escribiendo ‘¿es peligrosa esta vacuna?’. Por eso todo lo que vas a encontrar es información que confirma tu opinión anterior”, dice Betsch.

Contexto

Recuerda que estas tendencias psicológicas son extremadamente comunes. Incluso si has aceptado la vacuna, probablemente hayan influido en tu propia toma de decisiones en muchas áreas de la vida.

Ignorarlas, y asumir que quienes tienen dudas sobre la vacuna son de alguna manera deliberadamente ignorantes, es en sí una postura tonta.

Tampoco debemos olvidar los muchos factores sociales que pueden influir en la decisión de la gente: el factor “limitaciones / conveniencia” de las 5 C.

En pocas palabras, la percepción de que una vacuna es de difícil acceso solo desanimará a las personas que ya son reacias.

Cuando hablamos, Betsch sugirió que esto podría haber frenado la aceptación de la vacuna en Alemania, que tiene un sistema muy complicado para identificar quién es elegible en qué momento para recibir la vacuna.

Vacuna

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Para algunos, el miedo a las agujas en un factor que pesa a la hora de tomar una decisión.

La gente respondería mucho más rápido, dice, si recibieran notificaciones automáticas.

Razai está de acuerdo en que debemos considerar la cuestión de la conveniencia, particularmente para aquellos en las comunidades más pobres que pueden tener dificultadas por los gastos y el tiempo que lleva el viaje a un centro de vacunación.

“Viajar hacia y desde allí puede ser un gran problema para la mayoría de las personas que reciben un salario mínimo o prestaciones por desempleo”, señala.

Es por eso que a menudo es mejor que las vacunas se administren en los centros comunitarios locales.

“Creo que ha habido evidencia anecdótica de que ha tenido más éxito en lugares de culto, mezquitas, e iglesias”.

Finalmente, debemos ser conscientes del contexto en que la gente toma decisiones, dice, como el racismo estructural que podría haber llevado a ciertos grupos étnicos a tener una menor confianza general en las autoridades médicas.

Es fácil descartar las decisiones de otra persona si no comprendes los desafíos que enfrentan en su vida cotidiana.

Desconfianza

No existe una solución fácil, pero las autoridades sanitarias pueden seguir proporcionando información precisa y fácil de digerir para abordar las principales preocupaciones.

Según un informe reciente del Instituto de Innovación en Salud Global (IGHI, por sus siglas en inglés) del Imperial College de Londres, las principales barreras siguen siendo las preocupaciones de los pacientes sobre los efectos secundarios y los temores de que las vacunas no se hayan probado adecuadamente.

Gráfico

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Al considerar estos diferentes factores y las formas en que pueden estar influyendo en el comportamiento de las personas, también es útil examinar los diversos sesgos cognitivos que se sabe que influyen en nuestras percepciones.

Considera las dos primeras C: la confianza en la vacuna, la complacencia sobre los peligros de la enfermedad en sí.

Para la primera, los gráficos que muestran los riesgos relativos de las vacunas, en comparación con la enfermedad real, pueden proporcionar algo de contexto.

Para este última, Razai sugiere que necesitamos más educación sobre la historia del desarrollo de las vacunas.

El uso de ARNm en vacunas se ha estudiado durante décadas, por ejemplo, con largos ensayos que prueban su seguridad.

Esto significó que la técnica podría adaptarse rápidamente para la pandemia.

“Ninguna de las tecnologías que se han utilizado sería de ninguna manera dañina, porque hemos utilizado estas tecnologías en otras áreas de la atención médica y la investigación”, explica Razai.

Diálogo abierto

Sarah Jones, investigadora de doctorado que codirigió el informe IGHI, sugiere que será necesario un enfoque específico.

“Yo instaría a los gobiernos a que dejen de pensar que pueden llegar a la gran cantidad de nichos que existen con un mensaje de vacuna para el mercado masivo y que trabajen de manera más creativa con muchos socios de comunicación eficaces”, dice.

Eso podría implicar colaboraciones más estrechas con los modelos influyentes dentro de cada comunidad, dice, quienes pueden proporcionar “información consistente y precisa” sobre los riesgos y beneficios de las vacunas.

Conversación.

Getty Images
Es importante establecer un diálogo para intercambiar opiniones.

Independientemente de cómo elijan divulgar la información, los servicios de salud deben dejar en claro que están participando en un diálogo abierto, dice Razai, en lugar de simplemente descartarlos.

“Tenemos que escuchar las preocupaciones de la gente, reconocerlas y darles información para que puedan tomar una decisión informada”.

Saleska está de acuerdo en que es esencial entablar una conversación bidireccional, y eso es algo que todos podríamos aprender al discutir estos temas con nuestros amigos y familiares.

“Ser respetuoso y reconocer sus preocupaciones. Creo que en realidad esto podría ser más importante que simplemente hablar de los hechos o las estadísticas”, indica.

“Muchas veces, se trata más de la conexión personal que de la información real que proporcionas”.

* Este artículo fue publicado en BBC Future. Haz clic aquí para leer la versión original en inglés.

* David Robson es autor de The Intelligence Trap: Why Smart People Do Dumb Things (La trampa de la inteligencia: por qué la gente inteligente hace cosas tontas”). Su próximo libro The Expectation Effect: Transform Your Health, Fitness, Productivity, Happiness and Ageing será publicado en 2022.


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https://www.youtube.com/watch?v=rlYN7MCr_i0

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