A 5 años de la masacre en San Fernando, las desapariciones siguen en los caminos de Tamaulipas
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A 5 años de la masacre en San Fernando, las desapariciones siguen en los caminos de Tamaulipas

Tras la masacre de 72 migrantes, San Fernando se posicionó en el ojo internacional, pese a los operativos de seguridad federales, las desapariciones y secuestros continuaron. Estas son sus historias.
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Por #Másde72*
7 de abril, 2016
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A pesar de que el municipio de San Fernando, Tamaulipas, estuvo ocupado por fuerzas federales y era foco de atención internacional por los escándalos suscitados a partir de la masacre de 72 migrantes en agosto de 2010 y siete meses después del hallazgo de 47 fosas clandestinas con 196 cadáveres de viajeros asesinados por Los Zetas, las desapariciones de personas continuaron.

Las carreteras no dejaron de ser peligrosas: la captura, retención y desaparición de pasajeros no cesaron pese a que la Marina y el Ejército, así como funcionarios de la PGR tenían presencia en la zona debido al levantamiento de los cadáveres.

Evidencia de ello son los casos de Josué Axel y Natanael Arturo Román García, hermanos de 21 y 35 años, quienes fueron secuestrados en un restaurante al pie de la carretera 101, dos días después de la masacre de 72 migrantes ocurrida en el rancho El Huizachal.

Los amigos Daniel Galindo Acosta y Karla Cruz García desaparecieron entre el 20 y 21 de abril de 2011, cuando pasaban por ese municipio con rumbo a Poza Rica, Veracruz, a pesar de que en ese momento el Ejército realizaba las exhumaciones de las fosas clandestinas y la Marina hacía patrullajes.

Las autoridades nunca alertaron sobre el peligroso recorrido, a pesar de las denuncias acumuladas por desapariciones. Los autobuses de pasajeros comerciales tampoco dejaron de vender boletos.

Las intercepciones en las carreteras y la captura de los viajeros se extendieron incluso a otros municipios y estados controlados por Los Zetas.

El guanajuatense Santiago Vázquez García, proveniente de Los Mezquites, Celaya, es otra de las víctimas. Él salió con un amigo, llamado Juan Carlos, el 14 de septiembre de 2011, con destino a Monterrey, Nuevo León, con el fin de tratar de cruzar a Estados Unidos. Pero un día después fueron secuestrados en General Treviño, Nuevo León: zona Zeta, al igual que San Fernando.

En el año 2011 fueron asesinados sin piedad, o capturados y enviados a campamentos, decenas de viajeros que se trasladaban en autos particulares o autobuses por Tamaulipas o Nuevo León.

Estas son tres historias de mexicanos desaparecidos en esos trayectos. Sus familias siguen buscándolos.

Arturo y Axel Román: dos hermanos desaparecidos en San Fernando 

Cuando cerraron la puerta de la cajuela, Axel atinó a mandar un mensaje: “Nos acaban de secuestrar en San Fernando, no hagas nada, si llega a pasar algo solo avísale a mis papás. Gracias, los quiero. A mi me metieron a la cajuela, no me marques ni nada”.

Era la noche del 25 de agosto de 2010. Los hermanos Axel y Arturo Román, de 21 y 35 años, habían viajado desde la Ciudad de México a la frontera con Estados Unidos y comenzaron el regreso a casa. Arturo solía hacer estos viajes desde hacía más de 10 años para comprar y vender patinetas en los tianguis de la capital.

Arturo Román desapareció en agosto de 2010, luego de que un grupo de hombres lo secuestró mientras cenaba.

Arturo Román desapareció en agosto de 2010, luego de que un grupo de hombres lo secuestró mientras cenaba.

Don Arturo Román, padre de los jóvenes, los esperaba por la mañana del día 26. Como no llegaron, comenzó su búsqueda y el amigo le avisó del mensaje. De inmediato tomó un vuelo para indagar sobre su paradero.

Llegó a Reynosa y condujo hasta San Fernando. No encontró policías en la oficina para pedir auxilio. Tampoco había instalaciones de Servicio Médico Forense en el municipio. Entonces acudió a las cuatro funerarias que había y rogó para que le permitieran ver los cadáveres. En una de ellas encontró los cuerpos apilados en el piso espolvoreados con cal, lo cual daña los restos para identificaciones genéticas. Ninguno de los cuerpos pertenecía a sus hijos.

Después, don Román acudió al restaurante Don Pedro, de donde le llamaron sus hijos por última vez. Ahí supo que llegaron la noche del 25 de agosto a cenar carne asada y, cuando esperaban los platillos, llegó un grupo de  hombres armados a bordo de una camioneta negra y un automóvil gris y se los llevaron. A Arturo lo subieron a la camioneta, a Axel a la cajuela del automóvil. Antes de partir, uno de los delincuentes se llevó la camioneta Gran Caravan donde los hermanos viajaban.

Señor, no le mueva. Mire, ¿ve ese helicóptero sobrevolando ahí? Es un campamento Zeta, pero quien se meta ahí, de ahí no sale, entonces no le mueva.[/animalp-quote-highlight]

El restaurante donde secuestraron a sus hijos está ubicado en el libramiento de San Fernando, a menos de 500 metros del cuartel de la Policía Federal, pero nadie los auxilió.

Con esa reconstrucción, don Román se dirigió a la oficina de la Procuraduría estatal en San Fernando, pero no pudo denunciar el secuestro de sus hijos, porque el ministerio público Roberto Jaime Suárez había sido desaparecido por encabezar la investigación de la masacre de 72 migrantes, ocurrida 3 días antes, también en San Fernando. El funcionario apareció muerto en la semana siguiente.

Los padres de Josué Axel y Natanael Arturo Román García buscan a sus hijos desde 2010.

Los padres de Josué Axel y Natanael Arturo Román García buscan a sus hijos desde 2010.

Don Román tuvo que conducir 130 kilómetros hasta Matamoros para poner la denuncia penal, cuyo expediente terminó de vuelta en San Fernando, empolvándose.

Desesperado, sin encontrar apoyo en ninguna parte, acudió ante un retén de marinos, quienes le dijeron: “Señor, no le mueva. Mire, ¿ve ese helicóptero sobrevolando ahí? Es un campamento Zeta, pero quien se meta ahí, de ahí no sale, entonces no le mueva. Aquí no puede hacer nada y está haciendo muchas preguntas, mejor sálgase porque lo van a matar, aquí está la plaza muy caliente ahorita”.

En abril de 2011, cuando se descubrieron las 47 fosas clandestinas con 193 cadáveres en su interior, don Román viajó de nuevo a San Fernando para buscar alguna pista de sus hijos. Con otros cientos de familias reclamó al Servicio Médico Forense de Matamoros ver los cadáveres, pero solo pudo acceder a las fotografías. Durante más de dos horas observó detenidamente cerca de 200 fotos. No reconoció a sus hijos.

Las autoridades le tomaron pruebas de ADN, pero a la fecha, casi cinco años después, no le han dado respuesta alguna.

Daniel y Karla: desaparecidos a pesar de la Marina

Los veracruzanos Daniel Galindo Acosta y su excuñada Karla Cruz García vivían en Reynosa, Tamaulipas. Querían pasar las vacaciones de Semana Santa con sus familias en Poza Rica, Veracruz, así que se organizaron para irse juntos.

Planeaban un viaje tranquilo: a temprana hora del miércoles 20 de abril Karla metió a la agencia el automóvil Avenger, en el que siempre viajaban, para no tener complicaciones mecánicas. Daniel le avisó a su familia que saldrían la mañana del jueves para no tomar la carretera de noche, debido a la inseguridad; sin embargo, ese mismo miércoles les entregaron el auto, terminaron unos pendientes y comenzaron el viaje por la tarde. No llegaron a su destino.

Las familias empezaron con la búsqueda al día siguiente. Preguntaron en casetas, hospitales y cárceles, pero no encontraron pistas.

En la compañía telefónica, alguien les ayudó a revisar los registros de sus celulares: su último movimiento fue en San Fernando.

Luego acudieron a las instalaciones de la Marina, ahí les informaron que el día de los hechos hubo un retén a la altura de San Fernando: pero que los marinos se fueron a las diez de la noche y dejaron sola la carretera, de acuerdo con un familiar que pide el anonimato.

Justo en esos días, en ese municipio seguían los movimientos de militares, marinos y funcionarios de la PGR, así como de periodistas, asignados ahí por el hallazgo de las fosas que se exhumaban.

La denuncia por desaparición fue interpuesta el 23 de abril de 2011 en Reynosa y, al mismo tiempo, en Veracruz, en el municipio de Poza Rica, donde quedó asentada con folio PZR-1/281/2011-III.
A unos días de cumplirse cinco años de la desaparición de Daniel y Karla su caso sigue sin avances.

El horror no se detuvo

A cinco meses del hallazgo de las fosas de San Fernando, el horror para los viajeros continuaba en las carreteras del norte.

El guanajuatense Santiago Vázquez García salió con su amigo Juan Carlos el 14 de septiembre de 2011 de Celaya, con destino a Monterrey, para tratar de llegar a Estados Unidos. Un día después fueron secuestrados en el municipio de General Treviño. 

La última vez que alguien supo de Santiago fue el 19 de septiembre. Un hombre, prisionero como él, lo vio en una bodega amarrado junto a otros 27 hombres que Los Zetas habían  capturado cuatro días antes y que venían a bordo del mismo camión. El hombre pudo escapar e informó lo que vio en un retén militar, donde lo ignoraron.

“Si le hubieran hecho caso sabrá dios qué hubiera pasado”, lamenta María de Jesús García, su madre.

Ella sabe que dos días después, otro hombre logró escapar y regresó malherido a su pueblo para contar lo que había sucedido. Éste aportó la mayor cantidad de datos y dio una posible ubicación de la bodega a la Procuraduría General de la República. Pero María de Jesús dice que no lo escucharon a tiempo.

Cuando la PGR armó el operativo para entrar a la bodega señalada, ésta ya no existía: había sido  derribada. Y no volvió a saberse del resto de prisioneros que habían sido vistos con vida.

Cuatro años después del suceso en General Treviño, la investigación sigue sin avances. María de Jesús cuenta que cuando buscaba a su hijo —al lado de un grupo de familias de jóvenes desaparecidos en el mismo trayecto rumbo al norte— tuvieron una reunión con el subprocurador de Justicia de Celaya, Armando Amaro Vallejo. María lo cuestionó sobre los avances del caso, él se limitó a responder: “Parece que se los hubiese tragado la tierra”.

El 30 de enero de 2012, Enrique Aurelio Elizondo Flores, de apodo “El Árabe” y quien controlaba la zona de Nuevo León para Los Zetas, fue presentado por la Procuraduría General de Justicia Estatal (PGJE) y confesó por lo menos 75 asesinatos. La mayoría de sus víctimas eran pasajeros de autobuses interceptados entre marzo de 2010 (cinco meses antes de la masacre de los 72 migrantes en San Fernando) hasta octubre de 2011.

El modus operandi que explicó —según las autoridades— consistía en bajarlos de los camiones, torturarlos, asesinarlos y calcinar los cuerpos.

En la conferencia de prensa que se llevo a cabo el día del anuncio de su captura, el procurador estatal, Adrián de la Garza, sostuvo que esta persona “privó de la libertad y asesinó a decenas de pasajeros de mínimo tres distintos autobuses procedentes de Reynosa, porque supuestamente al menos los 50 ocupantes de uno de los camiones pertenecían a una banda rival”.

La señora María de Jesús García busca a su hijo Santiago Vázquez García, quien desapareció en septiembre de 2011.

La señora María de Jesús García busca a su hijo Santiago Vázquez García, quien desapareció en septiembre de 2011.

Esta fue la misma versión que las autoridades dieron a María de Jesús y a los familiares del grupo con el que viajaba Santiago. En total, la Procuraduría recibió 28 denuncias por desaparición de pasajeros de ese mismo camión. Aunque pueden haber sido más los secuestrados.

La Procuraduría informó a esas familias que el 21 de enero de 2013 encontraron restos calcinados que correspondían a los viajeros desaparecidos.

“Pero son rumores, sólo son rumores”, dice la hermana de María de Jesús, Concha Vázquez, quien hasta ese momento escuchaba en silencio la entrevista.

No voy a dar cristiana sepultura a unas  cenizas que no vayan a corresponder con mi hijo[/animalp-quote-highlight]

La familia de María de Jesús insiste en la búsqueda de su hijo. Las demás familias perdieron la  esperanza el día que la Comisión Estatal de Derechos Humanos los mandó llamar a Monterrey para mostrarles un video de la supuesta ejecución de las víctimas. A ella no le permitieron verlo

“Ese día me quedé esperando a los compañeros pero nunca pasaron por mí, acordaron ir puros hombres y nadie tuvo el valor de ver los videos”. En la Comisión les advirtieron que las imágenes eran sumamente violentas. Les comentaron que los habían mutilado y después asesinado y que en realidad sería difícil reconocerlos porque todos tenían el rostro cubierto.

A pesar de ello, María insiste en que ella reconocería la silueta o las manos de su hijo si le hubieran permitido ver las imágenes. “Yo a lo mejor me hubiera desmayado, me hubiera vuelto loca, lo que dios hubiera querido, pero sí me hubiese gustado ver esos videos para ver si estaba”.

El 6 de diciembre de 2013 entregaron a dos familias las cenizas de dos cuerpos que, resignadas, los recibieron.

“Soy la persona que menos tiene dinero del grupo, pero yo no voy a dar cristiana sepultura a unas  cenizas que no vayan a corresponder con mi hijo”, asegura ella, valiente, a pesar de haber recibido en su hogar visitas “sospechosas” de hombres armados que mintieron diciendo que eran de la PGR.

Fue una vez en marzo, otra en septiembre de 2015. Los primeros dijeron ser de Durango, los segundos de Michoacán. La procuraduría negó que fueran enviados suyos.

La mujer vive una tortura todos los días cuando entra a trabajar en la maquiladora donde laboraba junto a Santiago, a quien ahora ve en sueños: a veces entrando a casa, otras pintando la ropa. A ratos alucina y cree que está cerca. Cuando dice esto sus lágrimas escurren por sus mejillas y mojan su puño cerrado.

“Yo no entiendo porqué las personas de acá ya no hicieron caso —dice—, pero yo seguiré”.

*Masde72.org es un proyecto de investigación realizado por un equipo de periodistas dedicados a investigar las masacres recientes de migrantes. En el sitio se puede consultar información forense de 120 de los cadáveres exhumados de las fosas de San Fernando, leer las historias de algunas víctimas y lo que enfrentan para obtener justicia. Este reportaje fue realizado en el marco de la Iniciativa para el Periodismo de Investigación en las Américas, del International Center for Journalists (ICFJ), en alianza con CONNECTAS y con colaboración de Periodistas de a Pie.

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Quiénes son las pocas e ilustres mujeres que dan nombre a cráteres de la Luna

La Luna tiene 1.577 cráteres con nombres de personas, pero solo 26 corresponden a mujeres de la vida real. Te explicamos a qué se debe y te presentamos a algunas de estas pocas "mujeres de la Luna".
6 de marzo, 2021
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La Luna tiene miles de cráteres, pero ¿sabías que algunos de ellos llevan el nombre de personas?

A 1,577 cráteres lunares se les ha dado el nombre de científicos, ingenieros y exploradores distinguidos… pero solo 26 de ellos honran a mujeres reales.

Aquí analizamos quiénes son esas mujeres y por qué hay tan pocas.

¿Quién tiene un cráter con su nombre?

John Lennon

Getty Images
La mayoría de los cráteres lunares con nombre homenajean a científicos, pero se hizo una excepción para el músico John Lennon.

La mayoría de los cráteres con nombre homenajean a personas de la vida real que lideraron el camino, como científicos y filósofos, pero también hay algunos dioses y diosas, así como criaturas mitológicas.

Platón (filósofo), Galileo Galilei (astrónomo) e Isaac Newton (matemático) son algunos de los pensadores notables inmortalizados con un cráter en su honor.

Como excepción, al famoso músico John Lennon se le dio su propio cráter en el área conocida como Lacus Somniorum o “Lago de los Sueños”, en lo que se conoce como el lado terrestre de la Luna (porque siempre es visible desde la Tierra).

Pero tendrías que realizar una investigación exhaustiva para encontrar a una mujer reconocida de manera similar, ya que menos del 2% de los cráteres lunares con nombre rinden tributo a mujeres científicas.

Y lo que es más, casi todos los cráteres “femeninos” se encuentran en el lado lejano de la Luna, fuera de la vista de la Tierra, en la llamada “cara oculta”..

¿Quién elige los nombres?

Luna llena con muchas características lunares visibles, como cráteres, crestas y mares.

Getty Images
Platón e Isaac Newton también tienen cráteres en la Luna que llevan sus nombres.

“La Unión Astronómica Internacional (IAU, por sus siglas en inglés) tiene la responsabilidad de aprobar los nombres de los elementos astronómicos desde 1919, pero algunos de los nombres en la Luna se remontan a poco después de que Galileo Galilei hiciera sus maravillosos dibujos de características lunares que vio a través de su telescopio ”, explica Megan Donahue, presidenta de la Sociedad Astronómica Estadounidense.

“En 1651, el astrónomo italiano Giovanni Riccioli fue el primero en comenzar a nombrar las características de la Luna”, señala por su parte Tayyaba Zafar, un astrónomo de Pakistán que ahora es profesor titular en la Óptica Astronómica de Australia.

“Hay que decir que Riccioli nombró un cráter en su honor, y de los 147 que etiquetó con nombres de humanos solo dos correspondían a mujeres y una de ellas podría no haber sido una persona real: Hipatia existió de verdad, pero Santa Catalina de Alejandría tal vez no”, agrega Donahue.

En los siglos que siguieron, las características lunares fueron nombradas a medida que fueron descubiertas, principalmente celebrando el trabajo de científicos masculinos y figuras históricas, porque “en ese momento las mujeres a menudo se veían excluidas de la educación y la formación formales”, dice Zafar.

A veces, mantener registros de quién tiene su nombre en la Luna se vuelve confuso y las cifras parecen contradictorias.

De hecho, si miras un atlas lunar, encontrarás un total de 1.608 cráteres con nombre, pero de estos “solo 1.577 tienen nombres de personas reales. Y aunque hay 38 pequeños cráteres de especial interés con nombres de pila femeninos, el número de cráteres lunares que llevan el nombre de mujeres científicas, ingenieras o exploradoras específicas es 26 “, según la IAU.

¿Por qué tan pocos llevan el nombre de mujeres?

Reproducción de una antigua cartografía lunar: 1707, Mapa de la Luna de Homann y Doppelmayr, basado en Riccioli

Getty Images
Giovanni Riccioli, quien logró asegurar un cráter para él y 144 para otros hombres, solo encontró a dos mujeres dignas del honor (y una de ellas ni siquiera era real) .

El siglo XX trajo un frenesí lunar que alcanzó su punto máximo a fines de la década de 1950 hasta principios de la de 1970 (con Estados Unidos y la Unión Soviética compitiendo por ser los primeros en llegar a la Luna).

“Hubo algo de caos nombrando las partes de la Luna, por lo que en 1973 la IAU creó un comité para poner orden“, dice la astrónoma Rita Schulz, presidenta de la Nomenclatura del Sistema Planetario de la IAU.

Se decidió que los rasgos lunares solo se nombrarían si existía una necesidad científica para hacerlo.

“Los nombres antiguos se mantendrían, pero a partir de entonces, para que tu nombre llegara a la Luna, tenías que ser científico o explorador polar, y tenías que estar muerto“, explica Schulz.

Algo más sucedió que explica en parte por qué persistió la brecha de género en la superficie lunar: “Originalmente, la IAU decidió que las características de la Luna llevarían el nombre de hombres, y las de Venus, de mujeres“, cuenta Schulz.

Este reglamento ya no se mantiene, pero la desigualdad sí: “En los últimos 30 años solo siete cráteres han sido nombrados en honor a mujeres. Cuando se fundó la IAU, menos del 2% de los cráteres tenían nombres femeninos. Un siglo después, la cifra sigue siendo la misma“, afirma Zafar.

¿Importa?

El ascenso de la Tierra, fotografiado por el Apolo 11 en julio de 1969.

Getty Images
La Unión Soviética fue la primera en llegar a la Luna en 1959, pero Estados Unidos envió la primera misión tripulada, que aterrizó en la Luna en julio de 1969.

Pero ¿realmente importa que tan pocas mujeres tengan un cráter con su nombre en la Luna?

¡Absolutamente!“, defiende la astrónoma chilena Maritza Soto Vásquez, quien a los 25 años descubrió su primer planeta y a los 31 acaba de descubrir el cuarto.

“Si queremos que más mujeres se involucren en la ciencia, la visibilidad es quizás uno de los factores más importantes”, indica.

“Cuando las niñas piensan en lo que quieren estudiar, necesitan ver modelos a seguir que se parezcan a ellas“.

Una luna llena anaranjada, con una mujer frente a ella, con los brazos en alto.

Getty Images
Se presume que la Luna es ‘femenina’ en muchas culturas e idiomas, entonces, ¿por qué las mujeres no tienen tantos cráteres nombrados en su honor como los hombres?

En la actualidad Soto Vásquez realiza una investigación postdoctoral adicional en la Universidad Queen Mary de Londres y se apasiona por el tema de las mujeres en la ciencia.

“Puede que no haya una persona que les diga ‘No puedes ser científica porque eres mujer’, pero hay muchos mensajes pequeños que pueden dejar una fuerte impresión cuando eres joven, como querer estudiar ciencias en la escuela, pero no ver a otras mujeres en clase o en los libros de texto“, agrega.

A Vicky Chu, de la Organización Nacional del Espacio de Taiwán, también le gustaría ver más mujeres en la superficie lunar y está de acuerdo en que la visibilidad ayudaría a atraer más mujeres a estudiar ciencias.

“Definitivamente ayuda, especialmente para los estudiantes de la escuela secundaria y la universidad”, opina.

Ser reconocido y tomado en cuenta tiene un efecto dominó“, dice Tayyaba Zafar. “La comunidad científica debe reconocer a las mujeres para dar el ejemplo a la sociedad y fomentar un entorno de trabajo inclusivo, solidario y flexible”.

La agencia espacial estadounidense, NASA, anunció recientemente sus planes de regresar a la Luna para 2024, y esta vez están enviando a una mujer, además de un hombre, en el primer aterrizaje con humanos desde 1972.

Mientras tanto, celebremos a algunas de las mujeres que tienen un cráter con su nombre…

La cosmonauta soviética Valentina Tereshkova, la primera mujer en el espacio, frente a la cápsula Vostok 6, junio de 1963.

Getty Images
Valentina Tereshkova es la única mujer viva que tiene un cráter lunar que lleva su nombre.

Valentina Tereshkova (nacida en marzo de 1937)

“En la Tierra, hombres y mujeres corren los mismos riesgos. ¿Por qué no deberíamos correr los mismos riesgos en el espacio?”, planteó la cosmonauta rusa Valentina Tereshkova, la única mujer viva que tiene un cráter lunar con su nombre, por su excepcional contribución a la ciencia.

En 1963, Tereshkova hizo historia cuando se convirtió en la primera mujer en ir al espacio.

Sigue siendo la única mujer en volar al espacio sola, y la más joven (tenía 26 años en ese momento).

“Una vez que has estado en el espacio, aprecias lo pequeña y frágil que es la Tierra”, reflexionó a su regreso.

Durante su misión a bordo de la cápsula espacial Vostok 6, Tereshkova pasó casi tres días orbitando la Tierra 48 veces.

“Cualquiera que haya pasado algún tiempo en el espacio lo amará por el resto de su vida”, dijo.

Tereshkova estaba ansiosa por tener otra misión, pero esa fue la primera y la única. “Después de estar una vez en el espacio, tenía muchas ganas de volver allí. Pero no sucedió”, lamentó.

En cambio, la cosmonauta viajó por el mundo como embajadora de la ciencia soviética y más tarde se convirtió en política y representante en la Duma estatal rusa.

“No se puede negar el gran papel que han desempeñado las mujeres en la comunidad mundial. Mi viaje fue un impulso más para continuar con esta contribución femenina“, expuso.

Su cráter está en el lado lejano de la Luna, en el margen occidental del Mare Moscoviense.

Hipatia (murió en 415 d.C.)

Fue una matemática, astrónoma y filósofa que nació en algún momento entre los años 350 y 370 d.C. en Alejandría, cuando Egipto era una provincia del Imperio Romano de Oriente.

Retrato de Hipatia

Getty Images
Una mujer educada que cayó en desgracia con la autoridad religiosa de Alejandría.

Se la considera la primera mujer en la historia que se dedicó profesionalmente a la ciencia, a pesar de que la mayoría de las mujeres de su época no tenían acceso a la educación.

Su padre, Theon, astrónomo y director de la famosa Biblioteca de Alejandría, se aseguró de que aprendiera de los mejores de Alejandría.

Aunque la mayor parte del trabajo científico de Hipatia se ha perdido, los estudiosos modernos piensan que debe haber sido significativo porque otros autores lo comentaron ampliamente.

Sabemos que escribió el Canon Astronómico (un tratado de astronomía), varias tablas astronómicas y comentarios sobre textos clásicos.

Pero Hipatia tuvo un final trágico cuando se peleó con el obispo de Alejandría y, como resultado, fue asesinada por una turba de cristianos.

Casi dos mil años después, la figura de Hipatia se convirtió en un ícono de los derechos de las mujeres y una fuente de inspiración para el movimiento feminista.

Riccioli nombró un cráter en su honor en 1651, pero en 1973 la IAU movió el nombre de Hipatia a otro cráter más pequeño al suroeste del mar de la Tranquilidad. Sigue siendo uno de los pocos cráteres “femeninos” del lado terrestre de la Luna.

Antonia Caetana de Paiva Pereira Maury (1866-1952)

También conocida simplemente como Antonia Maury, fue una astrónoma estadounidense y una de las mejores de su generación.

Antonia Maury

Harvard College Observatory
Maury fue una de las mujeres astrónomas que trabajaron como “computadoras humanas” en el Observatorio de la Universidad de Harvard.

Formó parte de las Harvard Computers, un grupo de mujeres astrónomas y “computadoras humanas” en el Observatorio de la Universidad de Harvard.

Maury fue la primera persona en estudiar las binarias espectrales, el nombre dado a un par de estrellas que están tan juntas que desde la Tierra no se pueden distinguir a simple vista.

También ideó un sistema para medir el espectro de radiación electromagnética de las estrellas, que la IAU todavía utiliza hasta el día de hoy.

Aunque Antonia Maury nació en Nueva York, fue nombrada en honor a su abuela materna (Antonia Caetana de Paiva Pereira Gardner Draper), hija de un médico de la corte portuguesa que huyó a Brasil para evitar las Guerras Napoleónicas.

Después de su muerte a los 86 años, la IAU le dio el nombre de Maury a un cráter junto al “Lago de los Sueños” (Lacus Somniorum), al noreste cerca del borde del disco visible.

Kalpana Chawla (1962-2003)

“El camino de sueño a éxito existe. Ojalá tengas la visión para encontrarlo, el coraje para emprenderlo y la perseverancia para seguirlo”, dijo Kalpana Chawla, la primera mujer de origen indio en ir al espacio.

Kalpana Chawla

Getty Images
Kalpana Chawla fue la primera mujer india en ir al espacio

Chawla, o “Montu”, como solía llamarla su familia, nació en India y desde muy joven le fascinaba volar.

Su familia dice que cuando tenía 3 años eligió el nombre Kalpana, que significa “imaginación”, como su nombre formal.

Fue una de las primeras mujeres en graduarse en ingeniería aeronáutica en la Facultad de Ingeniería de Punjab y en 1982 se mudó a EE.UU. para estudiar dos maestrías, un doctorado en ingeniería aeroespacial y unirse a la NASA.

Su primer vuelo como astronauta e ingeniera fue en el transbordador espacial Columbia en 1997, como operadora de un brazo robótico.

En 2003, Chawla fue uno de los siete miembros de la tripulación que murieron en el desastre del Columbia, cuando la nave espacial se desintegró durante su reingreso a la atmósfera terrestre.

Su cráter, ubicado en el lado opuesto de la Luna, está al lado del cráter L. Clark, en honor a Laurel Clark, otra astronauta que murió en la misma misión.

Annie Jean Easley (1933-2011)

El 1 de febrero de 2021 Easley se convirtió en la mujer más reciente en tener un cráter con su nombre.

Retrato de la científica informática, matemática e ingeniera estadounidense Annie Easley en el Centro de Investigación Lewis de la NASA (más tarde Centro de Investigación Glenn), Brook Park, Ohio, década de 1960.

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Annie Jean Easley, tuvo una educación segregada e hizo campaña contra la discriminación por raza, género y edad.

Easley fue una de las primeras afroestadounidenses en trabajar como científica informática en la NASA (cuando la agencia todavía se llamaba NACA) y la matemática se convirtió en científica espacial.

Pero cuando era niña, obtener una buena educación no fue fácil. Easley creció en el sur de EE.UU. antes de que surgiera el movimiento por los derechos civiles, lo que significó que las escuelas y universidades estaban segregadas.

Su madre la animó a ser ambiciosa, pero le dijo que tendría que trabajar más duro, porque las escuelas para niños afroestadounidenses a menudo ofrecían una matrícula más baja.

Durante su carrera de 34 años en la NASA, Easley desarrolló códigos de computadora, trabajó en tecnologías de energía y ayudó a sentar las bases tecnológicas para futuros lanzamientos de transbordadores espaciales.

A lo largo de su vida, hizo campaña para que los estudiantes de minorías y las mujeres siguieran estudios en las llamadas carreras STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas) y trabajó para abordar la discriminación dentro de la NASA.

El Easley es un pequeño cráter (de menos de 10 km de ancho) en el lado opuesto de la Luna.

Easley creía en el trabajo en equipo y a menudo expresaba admiración por aquellos con quienes trabajaba.

Su página en el sitio web de la NASA dice: “Muchos de los que la conocieron dirían que no fue solo el trabajo que hizo lo que marcó la diferencia; fue su energía y actitud positiva lo que tuvo un tremendo impacto en el Centro”.


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