15 recomendaciones de CNDH a las autoridades ambientales para proteger áreas naturales en México
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15 recomendaciones de CNDH a las autoridades ambientales para proteger áreas naturales en México

En México, tres de cada 10 de las 177 áreas naturales bajo algún tipo de régimen de protección federal (ANPs), carecen de un plan de manejo integral, lo que implica un riesgo para la conservación de los ecosistemas y para la población que depende directa o indirectamente de ellas.
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Por Luis Castrillón
15 de mayo, 2016
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El Estado mexicano deberá asumir su obligación de proteger y conservar los recursos naturales en el territorio nacional desde una perspectiva que vincule e integre los derechos de la población a contar con un medio ambiente sano y principalmente con los de aquellas comunidades que forman parte de las zonas ya protegidas.

La medida podría considerarse urgente ante al estatus de indefensión jurídica que ha permitido el aprovechamiento irregular o abuso en la explotación del hábitat en diversas regiones del país que deberían contar con una estructura de protección más sólida.

Luego de analizar las condiciones que persisten en las áreas naturales protegidas el país, la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) emitió una serie de recomendaciones a la Secretaría del Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) y a la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (Conanp) que podrían marcar el inicio de un mejor manejo de las reservas naturales mexicanas.

En México, tres de cada 10 de las 177 áreas naturales bajo algún tipo de régimen de protección federal (ANPs), carecen de un plan de manejo integral. Esa situación implica un riesgo para la conservación de los ecosistemas que conforman cada una y para la población que depende directa o indirectamente de estas.

Además, la ausencia de los planes de manejo o los retrasos en su publicación implican que las autoridades ambientales han incumplido su obligación general de protección, preservación y mejoramiento del medio ambiente.

De acuerdo con la información de los registros de la Conanp, existen 27 ANPs que podrían ser abrogadas o reclasificadas con un impacto negativo directo en los recursos que las conforman, según datos de las autoridades ambientales.

Los ejemplos de los riesgos que conlleva la falta de planes de manejo, su publicación o correcta aplicación sobran a lo largo y ancho del país y han quedado demostrados luego de las resoluciones emitidas por la justicia federal o las propias autoridades ambientales.

Los casos de Cabo Pulmo, en Baja California; la isla de Holbox en el área natural protegida de Yum Balám, en Quintana Roo, y recientemente la zona de Tulum, también en Quintana Roo, son solamente algunos de los más destacados y que han llamado la atención.

Las irregularidades en el manejo de las zonas naturales han puesto en peligro el hábitat de especies marinas y terrestres, tanto endémicas como migratorias, algunas bajo régimen de protección o incluso en peligro de extinción. Además han implicado la pérdida de la propiedad y tenencia de la tierra en comunidades que forman parte de las zonas protegidas o alrededor de las mismas.

El derecho a un medio ambiente sano: CNDH

Las recomendaciones emitidas por la CNDH son resultado de la queja presentada en 2015 por el Centro Mexicano de Derecho Ambiental (CEMDA) en la que se informaba sobre la falta de adopción y creación de planes de manejo en las ANPs de la República Mexicana que consideraran al entorno natural como un derecho.

De acuerdo con el documento emitido por la CNDH y publicado el 25 de abril pasado en el Diario Oficial de la Federación, la Semarnat y la Conanp deberán realizar un trabajo de elaboración, publicación, aprobación, ejecución, evaluación y revisión quinquenal de los programas de manejo de las áreas protegidas de conformidad con los derechos humanos.

Ambas dependencias deberán poner un especial énfasis en aquellas comunidades que estén integradas por habitantes de grupos étnicos, a quienes deberá tomarse en cuenta para la realización de los planes de manejo.

De acuerdo con el documento oficial, la CNDH ha recomendado a las dependencias antes mencionadas las siguientes acciones:

1.- Realizar los estudios y análisis para determinar si las condiciones que dieron lugar a las ANPs que carecen de programas de manejo publicado se han modificado y de ser necesario se avise la reclasificación de aquellas que cuentan con su vocación natural y que cumplen las características que les dieron origen.

Esta medida permitiría evitar que 27 de las ANPs bajo resguardo federal corriera el riesgo de desaparecer con el impacto que ello representaría para la protección de los recursos que conforman cada una.

2.- Identificar y suprimir los obstáculos administrativos que hayan impedido la formulación de los programas de manejo de las ANPs decretadas y utilizar todos los recursos posibles para creación y publicación de los programas conforme a lo dispuesto en el artículo 65 de la Ley General del Equilibrio Ecológico y la Protección al Ambiente (LGEEPA).

3.- En la formulación de los programas se reflejen de igual forma las características físicas, biológicas, sociales y culturales del área natural protegida, teniendo en cuenta las circunstancias y los sistemas de conocimientos tradicionales y locales, en concordancia con lo dispuesto por el artículo 66, fracción I de la LGEEPA.

4.- Dar a los valores culturales (históricos, arqueológicos, paisajísticos, tanto en el ámbito terrestre como en el marino, sagrados y estéticos) una protección acorde con los objetivos de preservación de la naturaleza, conforme lo dispone el artículo 45, fracción VII de la LGEEPA.

5.- Comunicar en forma adecuada, oportuna y amplia, las iniciativas para formular o revisar los programas de manejo, con el fin de garantizar que las personas interesadas sean informadas con la antelación debida, a fin de que puedan participar en el correspondiente proceso de consulta.

6.- En el caso de que los programas de manejo puedan afectar los intereses y derechos de los pueblos y comunidades de grupos étnicos, se efectúe una consulta libre, previa, informada y culturalmente adecuada y “de buena fe” a los interesados.

7.- Durante la ejecución, evaluación y revisión periódica quinquenal de los programas de manejo se garantice la participación pública e incluyente de propietarios, poseedores, usuarios, vecinos, académicos y la opinión pública en un sentido amplio relacionado con las ANPs.

8.- Asegurar la plena participación de los pueblos y comunidades indígenas y de las comunidades asimiladas a aquellos, mediante procesos de consulta libre, previa e informada cuando los Programas de Manejo o sus revisiones, puedan afectar sus tierras, territorios y recursos naturales.

9.- Una vez publicados los programas de manejo se desarrollen acciones para facilitar la integración y la activa participación de los pueblos y comunidades indígenas y de las comunidades asimiladas a aquellos, en los Consejos Asesores de las áreas naturales protegidas así como otras instancias, para conservar tanto la diversidad biológica, como los conocimientos, innovaciones y prácticas tradicionales asociadas a ella.

10.- Garantizar la libre determinación de los pueblos y comunidades indígenas y de las comunidades asimiladas a aquellos, a través de la administración eficaz de las áreas conservadas por ellos.

11.- Al titular de la Semarnat: una vez que los programas estén elaborados, se lleve a cabo la publicación del resumen correspondiente y el plano de ubicación del área en el Diario Oficial de la Federación y en la Gaceta Ecológica.

12.- Se capacite a los servidores públicos de la Semarnat a través de un programa integral de educación, formación y capacitación en materia de derechos humanos, específicamente sobre el derecho humano al medio ambiente sano para el desarrollo y el bienestar, la consulta previa, libre, informada y de buena fe a los pueblos y comunidades indígenas.

13.- Al titular de la Conanp para que propicie la formulación de los programas de manejo de las áreas naturales protegidas de competencia federal, de conformidad con los derechos humanos reconocidos por la Constitución y los tratados internacionales en lo que el Estado Mexicano sea parte, así como la LGEEPA y el RLGEEPA.

14.- Capacitar los servidores públicos adscritos de la Conanp en materia del derecho humano al medio ambiente sano para el desarrollo y bienestar, al igual que con la relación a la importancia de los derechos al acceso a la información, consulta y la participación social e indígena en materia ambiental.

15.- Coordinar la colaboración con el personal de la Semarnat y promover la publicación de los resúmenes de los programas de manejo pendientes en el DOF y la Gaceta Ecológica.

El territorio a proteger

Las áreas naturales protegidas en México, suman actualmente 25 millones 628 mil 239 hectáreas, es decir, 256 mil 282.39 kilómetros cuadrados.

Tal cantidad podría compararse con la suma del territorio del estado de Chihuahua -el más grande del país-, del estado de Aguascalientes y de la Ciudad de México.

Esa misma cifra podría compararse –con una diferencia mínima- con la suma de la extensión total de países de América como Uruguay y Panamá.

Esta extensión significa que poco más de una séptima parte del país está reconocida bajo alguna forma de esquema de protección federal, bajo las siguientes clasificaciones: 41 reservas de la biosfera, 66 parques nacionales, 5 monumentos naturales, 8 áreas de protección de recursos naturales, 39 áreas de protección de flora y fauna y 18 santuarios.

Áreas naturales protegidas en México:

Áreas naturales protegidas en México que podrían abrogarse o cambiar su estatus, en detrimento de la preservación de los recursos que las integran y de la población que habita en ellas o depende directa e indirectamente de la zona.

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El daño que sufren de por vida quienes comienzan a trabajar en tiempos de crisis

Pobreza, muertes prematuras, rupturas sentimentales… Los efectos de una crisis no acaban cuando éstas pasan de largo. Y ahora dos generaciones están amenazadas.
14 de diciembre, 2020
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“No hables más sobre ello, no lo pienses más: la crisis de hoy es el chiste de mañana”. Cuando el presente es sombrío, el futuro es siempre un lugar tentador donde ir a calmar las ansiedades, una promesa de consuelo para muchos, como la invocada por el escritor H.G. Wells en labios de uno de sus personajes.

Sin embargo, saltar de la literatura a la vida puede ser difícil, especialmente cuando azota una crisis económica y tienes que comenzar tu andadura laboral.

Cuando la economía se enferma, los periódicos y las televisiones se llenan de gráficos de curvas y barras. El resumen que nos hacemos casi todos es inmediato: cuando esas líneas rojas van hacia abajo, es que vienen años duros; cuando suben con colores verdes, lo peor ha pasado. Y por el medio, el que más o el que menos se habrá dejado algunos pelos en la gatera. Pero la vida sigue, pensamos.

Pero la vida no sigue. Al menos, no igual para todos: no para los jóvenes. Las generaciones que comienzan a trabajar en tiempos de recesión quedan dañadas incluso cuando la crisis termina, algunos de por vida, advierten los expertos.

Es como el dolor de un miembro amputado, que permanece y hormiguea durante años pese a que lo que lo provocó ya no está ahí. Dolor fantasma, lo llaman los médicos. Histéresis, dicen los economistas.

Y pronto los televisores van a volverse a llenar de líneas y barras. Rojas. La crisis sanitaria incuba (y manifiesta ya) una nueva crisis mundial. La segunda en una década para una generación atrapada entre ellas (los millennials, nacidos entre 1981 y 1993) y otra que va a recoger su testigo: la generación Z (de 1994 a 2010), que ya teme ser conocida como la Generación Covid.

Joven despedido.

Getty Images
Algunas generaciones quedan atrapadas en sus comienzos laborales: acaban siendo demasiado inexpertos y demasiado mayores.

La trampa vital

“Muchas de las personas que entran en el mercado de trabajo durante una crisis no sólo sufren un mayor riesgo de desempleo e infraempleo durante ese periodo, sino que se ven lastradas en su porvenir. Esa caída transitoria de ingresos tiene una alta probabilidad de tener efectos permanentes”, advierte Ignacio González, investigador y profesor de Economía de la American University (Washington D.C, EE.UU).

González le explica a BBC Mundo cómo es esa trampa vital.

Primero llega el daño: la crisis económica, y la competencia por los escasos puestos de trabajo es feroz, especialmente si se genera mucho desempleo persistente.

Y los jóvenes comienzan a escuchar argumentos repetidos.

Primero es: “No te contrato porque no tienes experiencia suficiente”.

Con el paso del tiempo eso se convierte en: “No te contrato porque tienes espacios en blanco en tu CV”.

Y cuando acaba la recesión, pasa a ser: “No te contrato porque, en realidad, puedo tener a alguien más joven con la misma experiencia“.

De alguna manera, ya están marcados: acaban de convertirse en perfiles inexpertos para puestos acordes a los de su edad y candidatos demasiado mayores para competir con los nuevos jóvenes por esos puestos iniciáticos y de escaso salario.

Y como toda maldición, va acompañada de su profecía.

“A partir de ahí, es muy probable que sus carreras laborales acaben caracterizándose por trabajos intermitentes o de escasa calidad, sufriendo una caída de ingresos que condiciona toda su vida”, sentencia González.

“Estas personas acumulan menos riqueza (ahorros), tienen dificultades para acceder a la vivienda en propiedad (su escaso ahorro se va en el alquiler y tampoco les van a dar un crédito por su discontinuo historial laboral) y, en general, ven truncados sus planes de vida y de formación de familia, con todos los problemas psicológicos que van asociados a ello”, explica el economista de la American University.

Puerta.

Getty Images
Si se te cierra la puerta al mercado laboral al principio, los planes de vida quedan condicionados para siempre porque es un momento clave, advierten los expertos.

Pobreza, divorcios y vidas sin hijos: la generación que ya estuvo allí

“¿Qué es lo que fue? Lo mismo que será. ¿Qué es lo que ha sido hecho? Lo mismo que se hará; y no hay nada nuevo bajo el sol” (Eclesiastés 1:9).

A su manera, la ciencia económica sigue la misma lógica que ese proverbio bíblico. Cuando un economista te habla de lo que va a pasar en el futuro, suele tener su cabeza en el pasado: en la evidencia acumulada.

Para conformar parte de esa evidencia, los académicos Hannes Schwandt y Till M. von Wachter (Northwestern University y Universidad de UCLA, EEUU) bucearon, en un estudio reciente, por los registros estadísticos de EEUU para seguir la vida de cuatro millones de estadounidenses que saltaron al mercado laboral durante la crisis de 1982.

Como si fueran fantasmas de Cuento de Navidad de Dickens, los agarraron de la mano y revisitaron los nervios de sus primeras experiencias laborales, anotaron sus salarios, se colaron en sus momentos felices (compra de vivienda, bodas, niños) y pasaron por sus días aciagos (divorcios y alcohol, enfermedades, depresiones, etc.) hasta llegar con ellos a la vejez e, incluso, al final de sus vidas.

Y entonces compararon sus trayectorias con las generaciones colindantes a ellos cuya andadura comenzó en tiempos mejores.

Poco más de un año de recesión -comenzó en julio de 1981 y terminó en noviembre de 1982, según la Reserva Federal- provocó que aquellos desafortunados jóvenes acumularan unas pérdidas de ingresos media de un 9% solo en los primeros 10 o 15 años, según los cálculos de von Wachter, siendo peor para los trabajadores con menos formación.

boda

Getty Images
La generación de 1982 tuvo menos matrimonios, más divorcios y menos hijos.

Esto significa que sus pérdidas en ese periodo de más de una década pudieron oscilar entre los 19 mil y los 36 mil dólares (a precios actuales), según su investigación.

Pero no solo eso, al llegar al corte de edad de 50-55 años habían tenido menos matrimonios y, al mismo tiempo, sufrido más divorcios. Y sus posibilidades de tener un hijo también fueron inferiores a las de las otras generaciones.

Muertes por desesperación

El deterioro de su vida también llegó a su salud, desgrana la investigación.

Su esperanza de vida se había recortado de seis a nueve meses respecto a la media esperada. El efecto que tuvo la crisis fue de “una muerte adicional cada 10 mil personas por cada punto porcentual de aumento en la tasa de desempleo” en sus inicios laborales.

“Estos aumentos de la mortalidad derivaban principalmente de enfermedades relacionadas con conductas poco saludables como fumar, beber y mala alimentación. En particular, descubrimos un riesgo significativamente mayor de muerte por sobredosis de drogas y otras conocidas como ‘muertes por desesperación’ (suicidios y deterioro por adicciones)”, explica Schwandt.

La crisis desaparece y los daños permanecen. 16 meses sobre toda una vida. La histéresis de nuevo, en todo su esplendor.

Depresivo.

Getty Images
El desempleo influye negativamente en la salud, sobre todo en la mental.

Estos hallazgos no le sorprenden a Rosa M. Urbanos-Garrido, profesora de Economía Aplicada de la Universidad Complutense de Madrid, quien estudió los efectos que tuvo sobre la salud de los españoles la Gran Recesión de 2008.

“El desempleo suele asociarse con problemas relacionados con la salud mental”, le explica a BBC Mundo.

“Depresión, ansiedad… el miedo a no poder ganarse la vida influye, pero no solo: el trabajo es una plataforma de contactos sociales y de autoestima”, reflexiona.

Urbanos-Garrido cuenta como al principio de encontrarse en una situación de desempleo, la salud general puede incluso mejorar, pero poco a poco la sensación de angustia va creciendo y, para muchos, la falta de empleo acaba siendo una obsesión que va quitándole color e importancia al resto de la vida, incluida la salud.

“Al principio, el estrés desciende al tener más tiempo libre y se benefician de no sufrir enfermedades relacionadas con el trabajo -como los accidentes-; pero a medida que la situación de desempleo se alarga su estado se va deteriorando en forma de ansiedad, consumo de alcohol, de tabaco, obesidad y mala alimentación en general… se va descuidando, pero el individuo sigue reportando que su salud es buena. Sus pensamientos están en su situación laboral y lo demás no lo considera un problema”, explica.

También advierte de que no es irrelevante el momento de sufrir el desempleo: “Si el problema no es individual, sino una situación general de crisis, los problemas mentales se agravan”, cuenta.

Como si se tratara de un contagio de desesperanza para el que no hay mascarillas.

¿Es ya el destino de la generación millenial y la generación covid?

Fernando tiene pareja y un niño de dos años. Fernando ha sido conductor de autobús, vigilante de seguridad y albañil, a veces (muchas) en la economía informal. Fernando y su familia se fueron a vivir hace un año con sus padres a Soria (España) porque perdió su trabajo y sus ahorros no eran suficientes. Fernando, 34 años, ni siquiera se llama Fernando porque no quiere que aparezca su verdadero nombre en este reportaje de BBC Mundo. Dice que siente vergüenza.

“Fíjate tú, vergüenza, con lo joven que empecé a trabajar. Pero me ocurre”, dice.

Marta Vegas García es también española. Más joven, 23 años. Es ingeniera biomédica y además tiene un máster. Hace una semana publicaba una llamada si no de auxilio, sí de incredulidad en su cuenta de Linkedin:

“Actualizo mi CV, no hay respuesta; adapto mi CV dependiendo de la posición a la que aplico: no hay respuesta; contacto con empresas y trato de ser proactiva […]. No hay respuesta. Me siento invisible”.

“No se nos valora”, le dice Vegas a BBC Mundo. “Vemos frustrados nuestros sueños y nuestro futuro”, se lamenta, y aunque asume que la crisis sanitaria influye, no parece muy convencida de que sea el único motivo.

“Coincidimos todos -dice refiriéndose a sus amigos-, vemos imposible la emancipación, acceder a una vivienda y no digamos ya formar algún día una familia”.

He ahí el hilo que une la Gran Recesión de 2008 y la crisis de la covid-19 en 2020. A dos desconocidos como Fernando y a Marta. Uno, millennial; la otra, de la generación Z.

No están solos. Parecen representar los sentimientos de muchos de sus coetáneos.

Eviction

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Los jóvenes tienen muchos problemas para acceder a una vivienda en propiedad, según muestran los datos. Y la covid va a empeorar la situación.

Basta con escribir en el buscador de alguna red social “A mi edad, mis padres y los mensajes se repiten en varios idiomas:

“A mi edad, mis padres tenían trabajo y casa, yo solo tengo ansiedad”.

“A mi edad mi padre tenía dos hijos, casa, trabajo fijo, coche y varios años cotizados. Yo no tengo nada de eso”.

“A mi edad, mi padre tenía cotizados 10 años y yo vivo de trabajos precarios y en una habitación”.

Y algunos aún ni se imaginaban que llegaría la crisis del coronavirus.

El coronavirus, ¿la puntilla?

“Yo creo que el bicho este ha sido la puntilla para nuestra generación”, dice Fernando refiriéndose al coronavirus.

Su intuición es buena. “Hay un número notable de trabajadores que, como consecuencia de haber sufrido desempleo en la anterior crisis y no haberse consolidado en un puesto de trabajo, también lo están sufriendo en ésta”, observa Ignacio González, de la American University.

“Hay mercados laborales, como el español, que nunca llegaron a recuperarse completamente, por lo que iniciamos esta crisis con unos niveles de desempleo muy altos”, señala.

Es decir, está hablando de vidas con problemas desde hace una década.

Así, si la crisis de 1982 tuvo efectos en las vidas de aquellos jóvenes, ¿qué se puede esperar de la de 2008, definida por el Fondo Monetario Internacional como “el colapso económico y financiero más grave desde la Gran Depresión de la década de 1930”?

¿O en esta del coronavirus, que el Banco Mundial prevé que el PIB se contraiga más del doble que en la anterior?

Algunos expertos ya ven algunos daños en la vida de los millennials, que se pueden apreciar haciendo una especie de gira mundial por el desastre.

En Europa, su desempleo y precariedad laboral eran ya mayores antes de la crisis de la covid-19, que los sufridos por la generación que los precede cuando tenían su misma edad (véase gráfico superior), según un informe del centro de investigación CaixaBank Research.

En EEUU, la riqueza neta mediana (activos financieros e inmobiliarios menos las deudas) de los millennials de entre 25 y 34 años (en 2016) es un 60% inferior que la que disponía un joven de la generación X cuando se hallaba en la misma franja de edad, según el citado informe.

En España, los datos son aún más sangrantes: su riqueza mediana es de 3 mil euros, frente a los 63 mil 400 euros de los que disponían entonces sus homólogos de la generación anterior.

Y la vivienda, claro. El número de millennials con vivienda propia en EE.UU. es 8 puntos porcentuales menor, según el centro de investigación The Urban Institute. Peor en España: un 44% frente al 65% de la generación X (CaixaBank Research). Y en Reino Unido, un tercio de ellos nunca podrá permitirse una vivienda, según el think tank Resolution Foundation.

En América Latina la crisis de 2008 pasó de puntillas, pues la región se encontraba en un momento de creciente prosperidad. Y, sin embargo, el porcentaje de latinoamericanos que declararon no tener suficiente dinero para procurarse una vivienda creció en casi 20 puntos entre 2012 y 2019 hasta alcanzar un alarmante 40%”, según un informe del Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

Además, esta vez la crisis no va a pasar de largo: tras los confinamientos, cerca del 65% de los hogares más pobres de la región había sufrido al menos una pérdida de empleo entre los miembros de la familia, de acuerdo al mismo organismo.

Y el BID señala: más de un millón de estudiantes dejarán los estudios debido a la pandemia, con la consiguiente pérdida de poder adquisitivo en el futuro.

Protesta en Chile

Getty Images
Es la primera generación desilusionada con la democracia a nivel mundial, según una encuesta de la Universidad de Cambridge.

Algunos estudios pronostican el daño para las nuevas generaciones en US$10 billones a nivel mundial por este motivo, como señala el instituto Brookings, con sede en Washington.

Y hasta el Foro Económico Mundial ve peligrar sus pensiones para el año 2050, cuando llegue la edad de retiro para ellos, debido a su escaso ahorro.

¿Se puede hacer algo?

Llegados a este punto, ¿se puede hacer algo para detener esa aparente cuesta abajo de la generación millennial y sus sucesores?

“Hay mucho margen para mejorar la respuesta”, afirma el economista Ignacio González desde Washington D.C.

“En este contexto de estrés financiero para muchas familias, es fundamental diseñar políticas públicas que garanticen el acceso a una vivienda asequible y establecer mecanismos de transferencias de rentas desvinculados del historial laboral, como las rentas mínimas.En materia laboral, el objetivo sería evitar que la precariedad laboral y la caída de ingresos que sufren muchas personas durante la crisis se cronifiquen y, por supuesto, que eso no condicione a la baja sus futuras pensiones”, explica.

“Los afectados en estas generaciones, con dos crisis consecutivas, lo van a tener difícil sino se habilitan mecanismos de redistribución, tanto intrageneracional (de ricos a pobres dentro de una misma generación) como intergeneracional”, zanja.

La profesora Urbanos-Garrido, de la Universidad Complutense, concuerda en las medidas de transferencias de rentas, y añade: “Los sistemas de salud también deberían adaptarse para atender los crecientes problemas mentales que, probablemente, se van a repetir en la presente crisis”.

No parece muy claro que estas generaciones tengan esperanza en recibir alguna ayuda.

Una reciente encuesta realizada por la Universidad de Cambridge a casi cinco millones de personas reveló que los jóvenes de 18 a 34 años son los más desilusionados con el funcionamiento de la democracia.

“Esta es la primera generación de la que se tiene memoria en la que una mayoría global se muestra insatisfecha con la forma en que funciona la democracia”, alerta Roberto Foa, autor principal del informe.

Una llamada de auxilio o quizá un grito de advertencia.


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