El mordisco de Mercurio: cómo ver el fenómeno sin necesidad de un telescopio
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El mordisco de Mercurio: cómo ver el fenómeno sin necesidad de un telescopio

El Sol, Mercurio y la Tierra quedan perfectamente alineados, por lo que se verá a Mercurio como un pequeño punto negro sobre el Sol, esto ocurre apenas una decena de veces cada siglo.
BBC Mundo
Por BBC Mundo
9 de mayo, 2016
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El “mordisco” o “tránsito” de Mercurio ocurre apenas una decena de veces cada siglo, a intervalos de 3, 7, 10 y 13 años.

Ocurre cuando el Sol, Mercurio y la Tierra quedan perfectamente alineados, y porque ambos planetas no orbitan en el mismo plano.

Y este lunes 9 de mayo será una de esas escasas ocasiones en las que se podrá ver el planeta como un punto negro sobre la superficie solar.

El fenómeno tendrá lugar entre las 11:12 y las 18:42 UTC.

Los tránsitos sobre el Sol únicamente los pueden efectuar Mercurio y Venus, por ser los dos únicos planetas en órbitas interiores; esto es, más cercanas al astro rey que la de nuestro planeta.

La última vez que Mercurio transitó sobre el Sol fue el 8 de noviembre de 2006 y el próximo será el 11 de noviembre de 2019, pero luego habrá que esperar al 13 de noviembre de 2032.

Y Venus lo hace con aún menos frecuencia, apenas dos veces cada siglo.

Mercurio es un planeta interior; orbita más cerca del Sol que la Tierra.

Ambos fenómenos han sido estudiados desde el siglo XVII por científicos como Pierre Gassendi, Jeremiah Horrocks, Edmond Halley y Mikhail Lomonosov.

Las observaciones han sido importantes para determinar el tamaño real de los planetas, las distancia precisa de estos cuerpos y el Sol, y para establecer cómo es la atmósfera de Venus.

Precaución

Como el diámetro de Mercurio es solo 1/158 del diámetro del disco solar, para ver el tránsito es necesario utilizar un telescopio equipado con un filtro especial— un diafragma de cristal muy denso o de un plástico llamado tereftalato de polietileno, Mylar o PET— que elimina las radiaciones peligrosas para la vista.

El fenómeno “no se puede observar con gafas oscuras, negativos, radiografías, vidrio ahumado, plásticos de colores, discos compactos o CD, vidrio de soldadura”, ni otros materiales, advierte el astrónomo Germán Puerta Restrepo en su blog de la Subgerencia Cultural del Banco de la República de Colombia.

Y es que hacerlo así puede provocar graves lesiones en el ojo.

Tránsito mercurio

Sin embargo, sí hay una forma de disfrutarlo aunque no tengas un telescopio en casa o seas socio de un club de astronomía.

Y la manera en que lo hizo el filósofo y astrónomo francés Pierre Gassedi en 1631, cuando atestiguó por primera vez el paso de un planeta ante una estrella, nos da pistas de cómo hacerlo.

Gassedi logró ver a Mercurio sobre el disco solar gracias a una cámara oscura opinhole.

Aunque la suya fue de gran escala— necesitó un telescopio, un cuarto oscuro y un asistente en él—, varios expertos explican los pasos a seguir para fabricar una cámara oscura casera.

Materiales

 
El astrónomo francés Pierre Gassedi fue el primero en observar un tránsito de Mercurio. Lo hizo en 1632.

Según Lech Mankiewicz, del Centro de Física Teórica de la Academia Polaca de Ciencias y Pawel Rudawy del Instituto Astronómico de la Universidad de Breslavia, ambos en Polonia, se necesitan estos materiales:

  • Un tubo de cartón con tapas, como los que se utilizan para guardar carteles, cuanto más largo mejor
  • Dos cartulinas negras tamaño A4
  • Un pedazo de papel vegetal o papel de calcar
  • Un sobre de cartón
  • Una aguja fina
  • Tijeras y una cuchilla para papel
  • Pegamento y cinta adhesiva

Fabricación

Los expertos adelantan que hay que ser muy cuidadoso y tener paciencia.

Antes que nada hay que quitar las tapas al tubo.

Se debe cortar un círculo de cartulina negro del diámetro de las tapas, cubrir el interior de una de ellas con éste y afianzar la unión con cinta adhesiva. Hay que asegurarse de que queda bien cubierto.

Después, utilizando el alfiler, hay que hacer un fino agujero en el centro que atraviese tanto la cartulina como la tapa.

Este nivel de detalle de Mercurio sólo es apreciable con un telescopio.

El hoyo debe tener un diámetro de entre 0,5 milímetros y un milímetro.

Se coloca la tapa forrada con la cartulina en un extremo del tubo, y a la otra tapa se le hace un agujero en el centro, de unos dos tercios de su diámetro.

En este caso, el agujero se cubrirá con papel vegetal y se sellará también con cinta adhesiva.

Una vez colocada esa tapa en el otro extremo del tubo, la cámara oscura casera estará casi terminada.

Pero antes de apuntar con ella hacia el cielo, hay que cumplir con dos pasos imprescincibles para proteger los ojos del Sol.

Para ello se tendrá que cortar al sobre de cartón un círculo de un diámetro un poco menor del diámetro del tubo y quitárselo.

En ese hoyo se insertará después el tubo de cartón.

El envoltorio deberá quedar cerca de la tapa que se cubrió con papel vegetal, y no en el centro del tubo.

               Tu cámara oscura debe parecerse a ésta.

Así, cuando se apunte con el tubo al sol, el sobre cubrirá por completo la cara, dejándola a la sombra. Este paso es muy importante, advierten los expertos.

Para mayor protección ante la radiación, se cubrirá el tubo con el resto de la cartulina negra.

Una vez hecho todo esto, solo quedará apuntar con el tubo al Sol, con el extremo en el que se hizo el agujero de alfiler.

Así, lo que se verá del otro extremo es la imagen de Mercurio sobre el disco solar proyectado en una superficie— el papel vegetal—, y de forma segura.

El Instituto Argentino de Radioastronomía ofrece una alternativa en su página web, que incluye una caja de cartón.

Pero si no quieres tomarte este trabajo, siempre lo podrás consultar en directo a través de la pantalla de la computadora, ya que la NASA lo va a emitir aquí.

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Coronavirus: ¿qué son los autoanticuerpos y qué tienen que ver con la COVID-19 grave?

Hay una creciente evidencia de que muchas reacciones extremas al coronavirus podrían estar relacionadas con la presencia de anticuerpos "rebeldes" que atacan tejidos y órganos sanos.
27 de septiembre, 2021
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Desde que comenzó la pandemia de COVID-19, los científicos han estado tratando de entender qué hace que unos y otros reaccionemos de manera tan diferente a la enfermedad.

¿Por qué algunas personas se enferman mucho más que otras? ¿Y por qué afecta a diferentes órganos del cuerpo, potencialmente durante períodos prolongados, cuando es COVID-19 prolongado?

Ahora existe una creciente evidencia de que algunos de estos procesos podrían estar relacionados con la producción de unos anticuerpos “rebeldes” conocidos como autoanticuerpos.

Los anticuerpos normalmente luchan contra las infecciones, pero los autoanticuerpos se dirigen por error a las células, tejidos u órganos del propio cuerpo.

Pero, ¿cuál es su rol en la COVID y cómo podrían impulsar la gravedad de la enfermedad?

Cuando el cuerpo se ataca a sí mismo

Incluso las personas sanas producen autoanticuerpos, pero generalmente no en cantidades lo suficientemente grandes como para causar un daño significativo al sistema inmunológico.

Sin embargo, en pacientes con COVID-19 se ha descubierto que no solo dañan el sistema inmunológico, sino también el tejido sano del cerebro, los vasos sanguíneos, las plaquetas, el hígado y el tracto gastrointestinal, según investigadores de la Universidad de Yale, en Connecticut (Estados Unidos).

Anticuerpos atacando el virus SARS-Covid-2

Getty Images
Se descubrió que los autoanticuerpos atacan múltiples vías del sistema inmunológico, según investigadores de Yale.

En las infecciones por COVID-19, los autoanticuerpos pueden apuntar a “docenas de vías inmunes”, le dijo a la BBC Aaron Ring, profesor adjunto de inmunobiología en la Facultad de Medicina de Yale.

En un estudio reciente publicado en la revista Nature, su equipo examinó la sangre de 194 pacientes que contrajeron el virus con diversos grados de gravedad, y encontró “aumentos marcados” en la actividad de los autoanticuerpos, en comparación con los individuos no infectados.

Cuantos más autoanticuerpos se detecten, más grave será la enfermedad experimentada por los pacientes.

Es un arma de doble filo. Los anticuerpos son cruciales para defendernos de las infecciones, pero algunos pacientes con COVID-19 también desarrollan anticuerpos que dañan sus propias células y tejidos”, dijo el científico.

Bloqueo de la respuesta inmune ante la COVID-19

El estudio del doctor Ring se basó en trabajos anteriores dirigidos por el doctor Jean-Laurent Casanova en la Universidad Rockefeller de Nueva York (Estados Unidos).

El laboratorio de Casanova lleva más de 20 años estudiando variaciones genéticas que afectan la capacidad de una persona para combatir infecciones.

Su investigación destaca el papel de los autoanticuerpos que atacan algunas de las proteínas encargadas de combatir las infecciones virales y bloquear la replicación del virus (los llamados interferones tipo 1).

En octubre de 2020, el equipo del doctor Casanova informó en la revista Science que había encontrado esos autoanticuerpos en aproximadamente el 10% de casi 1.000 pacientes con COVID-19 grave.

Un detalle crucial: cerca del 95% de ellos eran hombres, lo cual podría explicar por qué son ellos los que desarrollan mayoritariamente la COVID-19 grave.

Pacientes que sufren de covid-19 grave recibiendo oxígeno en una unidad de cuidados intensivos (UCI) de un hospital en Nueva Delhi, India, mayo de 2021.

Getty Images
El doctor Casanova ha encontrado evidencia que podría ayudar a explicar por qué el covid parece ser más grave entre los pacientes varones mayores.

El mes pasado informaron en la revista Science Immunology los hallazgos de un estudio más amplio, con análisis de 3.600 pacientes ingresados en el hospital con COVID-19 grave.

Encontraron autoanticuerpos contra los interferones tipo 1 en la sangre del 18% de las personas que habían muerto a causa de la enfermedad.

Más del 20% de los pacientes mayores de 80 años con COVID grave tenían esos autoanticuerpos, en comparación con el 9.6% entre los menores de 40 años.

El doctor Casanova dijo que los hallazgos proporcionaron “pruebas convincentes” de que la “interrupción” causada por los anticuerpos rebeldes “es a menudo la causa del covid-19 potencialmente mortal”.

Autoanticuerpos, enfermedad autoinmune y COVID prolongado

Otros estudios están encontrando vínculos entre los autoanticuerpos y las condiciones médicas relacionadas con la COVID-19 que continúan incluso después de que el virus ha sido eliminado del organismo.

En un estudio publicado este mes en Nature Communications, investigadores de la Universidad de Stanford, en California (Estados Unidos), encontraron que al menos una de cada cinco personas ingresadas en el hospital con COVID-19 desarrolló autoanticuerpos en la primera semana de ingreso.

En el caso de unos 50 pacientes, dispusieron de muestras de sangre extraídas en diferentes días, incluido el día en que ingresaron por primera vez.

“En una semana después de registrarse en el hospital, aproximadamente el 20% de estos pacientes había desarrollado nuevos anticuerpos contra sus propios tejidos que no estaban allí el día en que fueron admitidos”, dijo el investigador principal PJ Utz, profesor de inmunología y reumatología en Escuela de Medicina de la Universidad de Stanford.

Un trabajador médico administra una dosis de la vacuna contra el covid en Nantes, Francia, el 14 de septiembre de 2021.

Reuters
Los expertos dicen que los hallazgos refuerzan la causa de aumentar la inmunidad a través de la vacunación.

El profesor Utz dijo que esto también podría explicar por qué algunos síntomas persisten meses incluso después de que la enfermedad haya desaparecido, en la condición conocida como COVID de larga duración.

“Si te enfermas lo suficiente por la COVID-19 como para terminar en el hospital, es posible que no estés fuera de peligro incluso después de recuperarte”.

En Reino Unido, investigadores del Imperial College de Londres encontraron autoanticuerpos en pacientes con COVID-19 de larga duración, que estaban ausentes en personas que se recuperaron rápidamente del virus o que no dieron positivo.

El profesor Danny Altmann, que dirige el grupo de investigación, le dijo a la BBC que el equipo está trabajando para averiguar si se puede diagnosticar COVID de larga duración identificando autoanticuerpos creadosrecientemente.

La investigación aún se encuentra en una etapa inicial, pero podría dar como resultado una prueba lo suficientemente simple como para ser utilizada en la consulta médica.

“Esperamos no solo avanzar hacia un diagnóstico, sino también en conocimientos terapéuticos: que esto ilumine mecanismos y tratamientos específicos”, dijo Altmann.

Para los expertos, estos hallazgos también justifican la vacunación.

En una infección viral mal controlada, el virus permanece durante mucho tiempo, mientras que una respuesta inmune que se intensifica continúa rompiendo las partículas virales en pedazos, lo cual confunde al sistema inmunológico, dijo el profesor Utz.

Sin embargo, las vacunas contienen solo una proteína de pico o instrucciones genéticas para producirla, por lo que el sistema inmunológico no está expuesto a la misma actividad frenética que podría conducir a la producción de autoanticuerpos.

Eso no es todo

Un médico atiende a un paciente infectado por covid-19 en la unidad de cuidados intensivos del hospital Lyon-Sud en Pierre-Benite, el 8 de septiembre de 2021

Getty Images
Los expertos advierten que la respuesta inmune al covid es compleja y los autoanticuerpos son solo una parte de la historia.

Pero aunque los avances en este campo son emocionantes, los científicos advierten que la respuesta inmune a la COVID es compleja y los autoanticuerpos no lo son todo.

Otro mecanismo que se está investigando es la respuesta inmune hiperactiva que ocurre en algunos casos.

La producción de proteínas llamadas citocinas (también denominadas citoquinas) puede alcanzar niveles peligrosos y causar daño a las propias células del cuerpo, las llamadas tormentas de citocinas.

Todavía no comprendemos exactamente qué sucede en nuestras células cuando el virus ingresa a nuestros cuerpos; es el resultado de esa batalla lo que determina la gravedad y, en última instancia, la mortalidad de la enfermedad.


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