¿Qué puede hacer Viv, la nueva asistente personal, que no haga Siri?
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¿Qué puede hacer Viv, la nueva asistente personal, que no haga Siri?

Viv genera sus propios programas casi instantáneamente a partir de palabras clave y puntos de información, y puede crecer rápidamente, adaptándose a lo que los usuarios le lanzan, en vez de apoyarse en lo que le ha sido programado de antemano.
BBC Mundo
Por BBC Mundo
10 de mayo, 2016
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Voy a ser franco: tengo una opinión muy pobre de Siri, el asistente virtual de Apple.

Puede ser porque no puede hablarme con mi acento -una mezcla de inglés de Cambridge con Londres- mientras que el asistente de Google lo hace bien.

Quizás porque cuando le pregunté “¿Cuál es el marcador del Cambridge United?”, en alusión al equipo de fútbol de segunda división de ese nombre, los resultados me dirigieron a la página de la Universidad de Cambridge en Wikipedia.

O puede que, desde que Apple la incorporara a sus dispositivos móviles hace cinco años, realmente no se ha vuelto una parte fundamental de nuestra cotidianidad.

Algunos me lo discutirán. Pero te pregunto: si Siri desapareciera de repente, ¿la extrañarías de verdad?

Resulta que quienes la crearon originalmente tampoco están muy felices con su evolución.

Cuando Apple tomó el control de la compañía, el descontento se apoderó pronto de los creadores de Siri, Dag Kittlaus y Adam Chever.

En una historia publicada hace poco en el Washington Post, dijeron que su visión no se “alineaba” con la de Steve Jobs. Y sólo había un ganador posible en esa situación.

Así que se fueron, dejando atrás a Siri, pero llevándose la esperanza de trabajar sobre algo que ya conocían para crear algo nuevo. Algo mejor.

Ese producto, que fue dado a conocer esta semana en Nueva York, es Viv.

Cerebro global

La compañía lo llama “El cerebro global”. Y su fórmula secreta es una mezcla que incluye una alianza con servicios populares y una forma única de entender las preguntas humanas.

La app comenzará a operar hacia finales de año.

En el escenario del evento de tecnología TechCrunch Disrupt, Kittalus mostró que podía pedirle a Viv que “le mandara a Adam 20 cocos (pelas, palos, lechugas o cualquier otra palabra coloquial que usen en tu país para referirse al dinero; en este caso, dólares estadounidenses) por los tragos de anoche” y que ésta se integraba con la aplicación para pagos Venmo y enviaba el dinero rápidamente.

También la puso a prueba con frases complejas, como preguntarle si estaba lloviendo en Seattle el jueves hace tres semanas.

Viv está integrada con cosas como ventas de flores y con Uber, así como otros servicios que ya hemos vistos vinculados a aplicaciones similares, más recientemente el Messenger de Facebook.

Autocodificación

Pero he visto demostraciones controladas de asistentes personales sobre un escenario hasta el cansancio.

Microsoft, Apple, Google, Facebook… Todos están persiguiendo los mismos objetivos. Por ahora la culminación de toda esta investigación en materia de asistentes parece ser la habilidad de chequear el pronóstico del tiempo y pedir comida.

Si, como declarara el jefe de Microsoft Satya Nadela, los bots han de tomar el lugar que ocupan las apps, entonces tendrán que ser mejores que éstas.

De momento, más allá de las estupendas demostraciones, no hemos visto que estas promesas rindan frutos en el mundo real.

Aquí es donde Viv podría destacarse.

Siri -y otros asistentes- dependen demasiado de acciones precodificadas, argumenta el equipo detrás de Vivi. Si le haces una pregunta completamente aleatoria y compleja, le resultará difícil decodificarla.

Kittlaus demostró cómo Viv genera sus propios programas casi instantáneamente a partir de palabras clave y puntos de información. Dijo que esto significa que Viv puede crecer rápidamente, adaptándose a lo que los usuarios le lanzan, en vez de apoyarse en lo que le ha sido programado de antemano.

Según Kittlaus, Viv es un “software que se va escribiendo solo”.

No sabe nada

La gran pregunta es si esta metodología será suficiente para compensar por una carencia potencialmente fatal de Viv: no sabe prácticamente nada de sus usuarios.

Tanto Google como Facebook -y, en menor medida, Microsoft y Apple- pueden alimentarse de montañas de información sobre sus usuarios, lo que los ayuda a hacer más inteligentes sus mecanismos de Inteligencia Artificial. Al menos en teoría.

¿Y Viv? Ella está en la línea de partida de una carrera que comenzó hace años.

Todo eso podría cambiar si la compra alguna de esas grandes compañías. Pero sus creadores dicen que ya rechazaron ofertas de Google y Facebook.

Da la impresión de que, después de lo que pasó con Apple, Kittlaus y Cheyerestán decididos a andar solos.

Eso será extremadamente difícil.

Si te estás preguntandos por qué todas estas empresas han intensificado sus esfuerzos en esta área, piensa en cómo utilizas tu teléfono.

Cuando comenzamos a entender las apps no nos importaba tener montones para cada tarea.

Pero hay signos que sugieren que estamos comenzando a cansarnos de tener una app para noticias, otra para compras, otra para redes sociales y así sucesivamente.

Eso significa que la realidad para esas compañías es que, a menos que te encuentres entre las cinco aplicaciones más populares -o de que seas accesible a través de ellas-, podría no haber razón que justificara tu existencia.

El equipo detrás de Viv espera que su logotipo dominado por la letra “V” se vuelva tan reconocible como los símbolos de wifi o bluetooth.

Pero para que eso pase, tiene que ganar una batalla, que tiene casada con con las empresas de tecnología más grandes del mundo.

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Cuartoscuro

Nos obligaron a dejar nuestros trabajos: mujeres luchan con el desempleo que dejó la COVID

Entre enero y marzo de 2020, 1.6 millones de personas salieron de la fuerza laboral, de las cuales el 84% corresponde a mujeres.
Cuartoscuro
Por Dalila Sarabia
18 de mayo, 2021
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Como cualquier día, Marimar Salinas llegó a su trabajo en una empresa transnacional de venta de cosméticos por catálogo. En el corporativo ella era la encargada de toda la parte de comunicación en Latinoamérica. Era noviembre de 2020.

 Apenas se había sentado en su escritorio y un mail llegó a su bandeja de entrada: habría una reunión de trabajo a las 17:00 horas. Desde ese momento supo que algo no estaba bien.

Continuó con sus tareas y a la hora marcada fue a la oficina de su jefe. “Ahí me dijo que me iban a liquidar”, dice Marimar de 44 años en entrevista.

 “Íbamos bien hasta que empezó la pandemia porque empezaron a recortar poco a poco personal de todos los niveles (…) el primer recorte fue muy grande y después cada quince días veías que se iba uno, se iba otro”.

 Al momento de notificarle que se quedaría sin empleo le dieron la opción de decidir cuánto tiempo más quería permanecer en su puesto, mientras arreglaba los pendientes que tuviera.

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 En un acto de profesionalismo les indicó a sus jefes que se quedaría el tiempo necesario mientras capacitaba a quien ocuparía su lugar.

 “Yo les dije que si querían que capacitara a alguien que se fuera a quedar con mis labores porque no iban a contratar a nadie, entre varias personas iban a asumir lo que yo hacía, entonces yo les dije, ‘les entrego el área, les entrego todo y capacito a quien tenga que capacitar y después ya me voy’”, comparte.

 ¿Por qué hacerlo y no tomar tus cosas y ese mismo día dejar tu trabajo?

 “Viéndolo en retrospectiva ya veo que mejor hubiera hecho eso, pero no, la verdad es que finalmente está la responsabilidad y la parte profesional de cada persona, dices ‘no quiero quedar mal’ y finalmente hay que dejar las puertas abiertas, aunque te estén despidiendo y no haya opción de regreso”. Ella estaba por cumplir seis años en su trabajo.

Desde hace seis meses Marimar no tiene un empleo formal. Desde que fue liquidada buscó a un amigo que estaba emprendiendo en el campo de los detergentes y sanitizantes biodegradables con quien se asoció. 

Ahora ese es su trabajo. Juntos desarrollaron un sanitizante para patitas de mascotas y sus accesorios, así como un sanitizante para accesorios de bebé.

Sabe que los frutos de este emprendimiento, con suerte, se verán en tres años, pero no es algo que la detenga porque sabe que tiene que mantener a su familia.

“Claro que es difícil. Mucha gente dice que es horrible, pero finalmente el ser empleado te da la comodidad y seguridad de tener tu dinero cada quincena, que si en diciembre tienes un poco de deudas sabes que va a llegar el aguinaldo, o el fondo de ahorro en las empresas que lo dan. Por supuesto que da una tranquilidad enorme, ahorita yo que estoy emprendiendo pues no estoy percibiendo nada porque en el inicio de un emprendimiento es pura inversión”, subraya.

Con el dinero que le dieron por su liquidación es que ha seguido aportando para la casa y para cubrir las necesidades de sus dos hijos -de ocho y seis años, respectivamente-, y aunque su esposo también trabaja, recalca que desde hace mucho tiempo “en México ya es difícil vivir con un solo sueldo”.

La pandemia de COVID-19 ha impactado en todos los niveles y sectores imaginables, sin embargo, el impacto que ha tenido entre las mujeres trabajadoras es preocupante.

De acuerdo con la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo Nueva Edición (ENOEN) del Inegi, entre enero y marzo de 2020, 1.6 millones de personas salieron de la fuerza laboral, de las cuales el 84% corresponde a mujeres.

Se trata, lamentablemente, de una tendencia que se viene registrando desde el inicio de la pandemia.

En octubre de 2020, Animal Político publicó, con datos de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) que, para marzo de 2020 -cuando inició la crisis sanitaria-, la tasa de desocupación de las mujeres era del 3%, unas 688 mil mujeres sin empleo y que estaban en busca de uno.

Sin embargo, conforme pasaron los meses, la situación se fue recrudeciendo.

Para julio, el desempleo entre las mujeres ya se ubicaba en el 6.34%, un incremento del 110%.

Y aunque para agosto de 2020 la tasa de desempleo había tenido una ligera reducción al ubicarse en el 5.16%, es claro que las mujeres trabajadoras habían sufrido en mayor grado la crisis sanitaria al quedarse sin empleo.

“Nos están obligando a tomar una pausa laboral que no queríamos”, lamenta Marimar. “Esto va a implicar un retroceso al país, al mundo laboral y a las mujeres como fuerza laboral. Y si estábamos buscando una igualdad laboral, híjole, pues es empezar desde cero (…) con el hecho de despedir sobre todo a mujeres se reafirma el hecho de que las mujeres deben estar en casa y son las que menos se necesitan en la oficina”.

La mujer está clara en que destinará todo su trabajo y empeño en el emprendimiento de detergentes y sanitizantes biodegradables que tiene con su amigo.

No descarta que en algún momento pueda buscar algún trabajo formal, pero de momento no es su prioridad. Ya lo vivió y con la crisis sanitaria es momento de tomar otras decisiones para bien de su familia.

“Yo tuve la suerte de hacer un emprendimiento muy rápido, pero hay muchas (mujeres) que están en la búsqueda y obviamente está súper difícil”, agregó.

Tengo la esperanza de que me llamen

Andrea de 25 años estudió ingeniería textil en el Instituto Politécnico Nacional (IPN). En junio de 2019 la joven se graduó y luego de buscar y buscar, en noviembre de ese mismo año encontró un empleo como auxiliar de graduación en una empresa de ropa para mujer. Cuatro meses después de terminar su carrera había conseguido un trabajo formal con las prestaciones mínimas de ley.

Cuenta que estaba muy contenta, era un empleo que le gustaba y le permitía no solo poner en práctica los conocimientos adquiridos en la universidad, sino tener un aprendizaje continuo.

Ya que su horario laboral era de lunes a viernes también tuvo la posibilidad de inscribirse a la especialidad de diseño de modas que estudia los sábados. Con su sueldo le alcanzaba para cubrir sus necesidades y pagar su preparación profesional.

Sin embargo, la crisis sanitaria por el COVID-19 comenzó y poco a poco vio cómo lo que había construido comenzaba a desmoronarse.

“Me salvé de varios recortes, como de tres, porque desde que mandaron a confinamiento empezaron a recortar. Yo regreso (al trabajo presencial) en junio y en agosto es cuando me dicen que ya no voy a poder continuar ahí”, comparte la joven.

“Mi jefe me dijo que lamentaba perder mi ayuda porque yo era un buen elemento, porque tenía todo a tiempo. Yo todavía sigo con la esperanza de que algún día me llame (para volver)”.

Cuando fue a recursos humanos, detalla, el encargado le dijo que lo mejor era liquidarla en ese momento, de lo contrario más adelante ni siquiera tendrían para pagarle lo que por ley le correspondía por prescindir de sus servicios. La empresa pasaba por el peor momento.

Afortunadamente tenía un poco de dinero ahorrado y con ello pudo seguir pagando sus estudios, pero para diciembre -cuatro meses después de quedarse sin empleo-, la situación volvió a complicarse.

Por más que buscaba, las opciones laborales que encontraba eran inviables, no solo por la ubicación, sino por los salarios que ofrecían.

“Los sueldos están muy bajos. Hay lugares en los que me ofrecen menos -siendo yo la encargada- de lo que ganaba en mi antiguo trabajo siendo auxiliar; con un horario más extenso, con más días de trabajo, con menos beneficios… todo a cambio de un salario mucho menor”, lamenta Andrea.

Un día en diciembre, de esos que no tenía mucho qué hacer, decidió subir una foto de ella en pijama al Instagram “presumiendo” su outfit de pandemia y sin empleo. Ahí fue que una de sus tías se enteró que la joven se había quedado sin trabajo.

La mujer tiene algunos locales comerciales dentro del Metro de la Ciudad de México y ofreció a Andrea a que le ayudara en la atención de uno de ellos.

Con un salario 70% menor de lo que ganaba en la fábrica de ropa, sin prestaciones, y con un horario laboral de domingo a viernes, la joven no tuvo mayor opción que aceptarlo porque ya no le era posible seguir pagando su especialidad en diseño de modas.

“Yo estoy muy consciente de que yo sí quiero regresar a un empleo formal, o sea, yo no me quiero quedar en el empleo que tengo ahorita o algo similar, pero mientras es lo que voy a tener que hacer porque no quiero dejar por nada mi especialidad porque sé que eso me va a servir mucho para trabajar en lo que yo quiero”, sentencia la joven.

¿Por hay tanta gente trabajando y yo no?

Hace un año, justamente el 15 de mayo de 2020, María José recibió su última quincena. La agencia en la que trabajaba la liquidó. Con el confinamiento instruido por las autoridades, no era posible sostener la plantilla de empleados que tenían, así que poco a poco comenzaron a prescindir de sus empleados.

“Ahí vino lo más duro, independientemente de si la liquidación fue buena o fue mala. Yo empiezo a buscar trabajo de nuevo, pero ya éramos muchos en esa situación (de desempleo), mucha gente y sobre todo muchas mujeres buscando trabajo”, recuerda la ejecutiva de cuentas.

‘¿Qué aceptar?’ era la pregunta. Un empleo con un sueldo “humillante” pero dentro de tu rama de conocimiento, o lanzarse a la aventura por un sueldo mayor en un área que no conocía. La respuesta no era fácil, solo tenía la certeza de que necesitaba encontrar un nuevo empleo lo más rápido posible.

 “Empecé a trabajar en un sitio (web) con unos conocidos que me dijeron ‘ven con nosotros’ y también, de buenas a primeras, después de casi un mes, ‘qué crees, que se nos fueron los clientes; vamos a cerrar, la situación nos pegó muy duro’, y ahí sí me sentí peor porque de andar de atorada y aceptar lo primero que me saliera me fui a perder tiempo que pude haber usado buscando mejores oportunidades”, reclama Majo.

 Julio, agosto, septiembre y octubre y principios de noviembre estuvo desempleada. Durante este tiempo echó mano de la comunidad virtual que se fue construyendo en torno a la búsqueda de empleo.

Ahí observó que los despidos y liquidaciones, principalmente a mujeres, no era una situación exclusiva de México

 “En verdad no le saqué nada a eso, no conseguí trabajo (a través de estos grupos), pero era como una vía un poco para escapar. De alguna manera sabes que no es tu culpa, que todo obedece a una situación global, que no era algo de desempeño, pero al mismo tiempo te preguntas ‘¿por qué hay tanta gente trabajando y yo no?, empezaban estos cuestionamientos de por qué ellos sí y yo no’”.

 Después de meses de turbulencia en noviembre pasado por fin encontró un trabajo. Ahora es productora.

 “Algo que ha estado muy de manifiesto es que muchos buscamos no salirnos de nuestra área, pero muchas otras sí fue de ‘no, yo tengo una familia’ (…) y todas se pusieron a hacer algo y más que nunca veías en las redes sociales venta de comida o cualquier cantidad de cosas que no eran usualmente su trabajo, pero se trata de cubrir la necesidad. Ese ser protector inevitable que se junta con el ser profesional”, resaltó Majo.

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