El alza en homicidios se generaliza en México; ya son 23 estados con incremento de asesinatos
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El alza en homicidios se generaliza en México; ya son 23 estados con incremento de asesinatos

Hay cinco entidades en las que el incremento de homicidios va de 60 hasta 421%. Mayo fue el mes con más homicidios en lo que va del sexenio del presidente Enrique Peña Nieto.
Cuartoscuro/Archivo
Por Arturo Angel
22 de junio, 2016
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El incremento de los homicidios en México no es un hecho aislado. Ya son 23 entidades del norte, centro y sur del país que registran, en lo que va de 2016, un repunte en el número de personas asesinadas en su territorio. Entre esos estados se encuentran los cinco que de por sí acumulan la mayor tasa de homicidios: Colima, Guerrero, Sinaloa, Baja California y Morelos.

El fenómeno se ha agravado en los últimos meses. En octubre de 2015 eran 17 las entidades con repunte en sus crímenes; en febrero de este año ya sumaban 18 y en el último corte oficial de mayo, ya eran 23.

Por si algo faltaba, la tendencia al alza en los crímenes no parece tener freno. Los más de mil 700 casos de homicidio doloso registrados en mayo es la mayor cifra mensual de asesinatos registrados en todo lo que va del sexenio del presidente Enrique Peña Nieto, y la más alta desde septiembre de 2012, de acuerdo con los datos oficiales del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP).

HOMICIDIOS EXPANDEN 2

El experto en temas de seguridad Alejandro Hope, dijo que el alza en los homicidios pero sobretodo su propagación en el país, es una realidad que el gobierno debe reconocer en su diagnóstico del problema.

“Esto ya no se trata de un fenómeno de unos cuantos estados, es un fenómeno nacional  el alza de los homicidios. Esto para mí es un dato de gran relevancia. Es un repunte sostenido de los crímenes en amplias partes del territorio y es una crisis que se está agudizando” dijo Hope.

En suma, de enero a mayo del 2016 el SESNSP reporta a partir de los datos que le proporcionan los estados, un total de 7 mil 743 averiguaciones por homicidio doloso a nivel nacional. En el mismo periodo del año pasado, la cifra era de casi mil casos menos de homicidio. El alza es pues superior al 15 por ciento en la incidencia de este delito.

Y en cuanto al registro de víctimas, en los primeros cinco meses del año el dato oficial arroja 8 mil 469 personas asesinadas, 14 por ciento más que en el mismo periodo de 2015, y una proporción similar de incremento en comparación con 2014.

Hope comentó que se trata de niveles de homicidio que ya son muy similares e incluso superiores al 2012. Incluso, si se retira a Chihuahua  que concentraba en aquel año casi la cuarta parte de los asesinatos, los niveles de violencia estarían incluso por encima de esa fecha.

“Yo calculo que en la cuenta de INEGI (que se presentan anualmente en base a certificados de defunción) vamos a cerrar en unos 23 mil 600 homicidios este año, una cifra mayor que la de 2015 que ya tenía de por si un repunte (…) Este año seguramente tendremos una tasa nacional de de homicidios de 20 casos por cien mil habitantes” dijo.

De mal en peor

Entre los 23 estados que registran un repunte en el índice de homicidios dolosos este año, están los cinco estados que tienen las tasas más altas de asesinatos del país. Incluso, son de los que registran los mayores incrementos.

El primer sitio es para Colima, que registra una tasa de 33 homicidios al menos por cada cien mil habitantes. Dicho promedio casi quintuplica la tasa nacional de asesinatos. Esta entidad pasó de registrar 47 casos de homicidio en los primeros cinco meses de 2015, a acumular ya 245 este año. Es un incremento de más de 400 por ciento en la violencia homicida de ese estado.

Sino fuera por el disparo de homicidios en Colima, Guerrero seguiría siento como en los últimos años la entidad más violenta del país. Su tasa este año es de 23 asesinatos por  cada cien mil habitantes. En 2015 Guerrero registró 802 casos de homicidio en los primeros cinco meses. Este año ya lleva 857.

Sinaloa tiene la tercera tasa más alta de homicidios con 14.3 casos, producto de 430 averiguaciones previas iniciadas entre enero y mayo de 2016. En el mismo periodo del año pasado el estado acumulaba 20 asesinatos menos.

Baja California con una tasa de 12 homicidios y Morelos con once, completan el top cinco de las entidades con la mayor tasa de asesinatos. Ambas también registran un incremento en homicidios este año.

Entre las entidades que en 2016 registran los mayores incrementos en sus asesinatos están Veracruz y Zacatecas, con alzas entre el 70 y 80 por ciento de sus casos y con una tendencia al alza que podría hacerlos terminar este año duplicando sus homicidios.

También destacan, para mal, los casos de Michoacán y Nuevo León con incrementos del 64 y 66 por ciento respectivamente,  Puebla con un alza en su incidencia de homicidios del 44 por ciento y Baja California con 40 por ciento. Jalisco, uno de los estados con mayor densidad demográfica, también registra un repunte de 26 por ciento de asesinatos.

¿Cuáles son los estados en donde no han aumentado los homicidios? Está el caso de Yucatán y Querétaro  que registran prácticamente la misma cantidad de asesinatos entre este año y el pasado. Solamente Baja California Sur, Chiapas, Coahuila, Nayarit, Quintana Roo y Tamaulipas reportan una disminución de asesinatos, según sus propios datos.

HOMICIDIOS EXPANDEN 1

Violencia, múltiples causas

El incremento generalizado de los homicidios dolosos en el país no es generado por un solo motivo, sino que se trata de una situación más compleja con elementos tanto locales como nacionales, consideró el experto en seguridad Alejandro Hope.

Por ejemplo, dijo que en la zona de Sinaloa, estado con la tercera mayor tasa de homicidios en el país, hay una situación delicada con el choque entre células de distintos grupos del crimen organizado, que ya se vio reflejada con hechos de violencia que incluso obligaron al desplazamiento de más de 250 familias.

Hay otros estados como Nuevo León que registran un incremento mes a mes de sus homicidios dolosos pese a que no se conoce de algún hecho extraordinario, Eso, según Hope, es evidencia de que la problemática es nacional y no obedece solo a hechos puntuales.

El secretario de Gobernación Miguel Ángel Osorio Chong, reconoció en una entrevista radiofónica la semana pasada que existe un repunte de los homicidios dolosos en el país, pero consideró que esto se debe en parte a la falta de capacitación de corporaciones policiales municipales y a la reforma al mando único postergada por varios años.

Osorio Chong planteó también como otro de los factores involucrado en el repunte de homicidios la llegada de nuevos gobernadores a las entidades, situación que obliga  replantear los esquemas de vigilancia y coordinación entre los distintos niveles de gobierno.

Repunte en robos, descenso en plagios

Mayo también fue un mes negativo en el tema de los robos. De acuerdo con los datos oficiales, se registraron tres mil 916 robos de auto con violencia en el país, que representan un repunte del 1.2 por ciento. Más significativo fue el incremento de los robos de auto sin violencia que pasaron de nueve mil 183 casos a nueve mil 493.

Caso contrario es el de los secuestros. Los estados reportaron 84 averiguaciones previas por este delito en mayo, 14 casos menos que el mes anterior. En lo que va del año suman 429 expedientes iniciados por privación ilegal de la libertad, que respecto a los 448 casos  es una baja de poco menos del cinco por ciento.

Las extorsiones disminuyeron al pasar de 385 en abril a 335 en mayo. En los primeros cinco meses de 2016 suman mil 852 averiguaciones de este tipo, que equivalen a una disminución del 16 por ciento de las extorsiones denunciadas ante el Ministerio Público.

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¿Por qué tantos niños mueren en Brasil por COVID-19?

La pandemia no da tregua en Brasil y estudios muestran que las cifras oficiales pueden ser menores respecto a la cantidad de niños fallecidos por el virus. Una madre relata como perdió a su hijo porque no consiguió que la enfermedad fuera detectada a tiempo.
15 de abril, 2021
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Un año después de la declaratoria de la pandemia del coronavirus, las muertes en Brasil se encuentran en su punto máximo.

Sin embargo, a pesar de la abundante evidencia de que la COVID-19 rara vez mata a niños pequeños, en la nación sudamericana han fallecido más de 800 menores por esa enfermedad, según cifras oficiales. Y esas cifras pueden ser mayores, de acuerdo a estudios.

Uno de esos casos tiene que ver el hijo de un año de la profesora Jessika Ricarte, al que un médico se negó a realizar una prueba bajo el argumento de que sus síntomas no se ajustaban al perfil del coronavirus.

Dos meses después, el menor murió por complicaciones asociadas con la enfermedad. Sucedió en Tamboril, una ciudad en el estado de Ceará, en el noreste de Brasil.

La historia

Luego de un par de años de intentos y tratamientos de fertilidad fallidos, Ricarte casi había renunciado a tener una familia hasta que quedó embarazada de Lucas.

“Su nombre proviene de ‘luminoso’. Y fue una luz en nuestra vida. Demostró que la felicidad era mucho más de lo que imaginamos”, cuenta.

El primer cumpleaños de Lucas.

Jessika Ricarte
El primer cumpleaños de Lucas.

Primero sospechó que algo andaba mal cuando Lucas, que siempre tenía buen apetito, dejó de sentir hambre.

Jessika se preguntó entonces si era debido a que le estaban saliendo los dientes.

La madrina de Lucas, una enfermera, sugirió que podría tener dolor de garganta. Pero después de que desarrolló fiebre, luego fatiga y dificultad para respirar, la madre lo llevó al hospital y pidió que le hicieran la prueba de COVID-19.

“El médico puso el oxímetro. Los niveles (de oxígeno) de Lucas eran del 86%. Ahora sé que eso no es normal”, dice Jessika.

Como no tenía fiebre, el médico dijo: “No se preocupe, no hay necesidad de una prueba de COVID-19. Probablemente sea solo un dolor de garganta leve”.

Le afirmó a Jessika que el coronavirus era raro en los niños y solo le dio algunos antibióticos.

A pesar de las sospechas de la madre, no había ninguna opción para que Lucas hiciera una prueba en laboratorios privados en ese momento.

Y Ricarte relata que algunos de sus síntomas se disiparon al final de su tratamiento de antibióticos de 10 días, pero el cansancio permaneció.

Lucas

Jessika Ricarte
Jessika tomaba videos de su hijo y las enviaba a familiares porque estaba preocupada por su condición.

“Le envié varios videos a su madrina, a mis padres, a mi suegra, y todos decían que estaba exagerando, que debía dejar de ver las noticias, que me estaba volviendo paranoica. Pero yo sabía que mi hijo no era el mismo, que no respiraba normalmente”, recuerda.

Inesperado

Era mayo de 2020 y el contagio del coronavirus estaba creciendo. Dos personas ya habían muerto en la ciudad donde vive Ricarte.

“Todos se conocen aquí. La ciudad estaba en shock“, afirma.

Israel, el esposo de Jessika, estaba preocupado de que una visita al hospital pudiera aumentar el riesgo de que ella o el hijo de ambos se infectaran con el virus.

Pasaron las semanas y Lucas se volvió cada vez más somnoliento. Finalmente, el 3 de junio, el pequeño vomitó una y otra vez después de almorzar y Ricarte entendió que tenía que hacer algo.

Regresaron al hospital donde el médico examinó a Lucas para evaluar si se trataba de un contagio de COVID-19.

La madrina de Lucas, que trabajaba allí, le dio la noticia a la pareja de que el resultado de la prueba era positivo.

“En ese momento, el centro de salud ni siquiera tenía un reanimador clínico”, dice Jessika.

El menor fue trasladado a una unidad de cuidados intensivos pediátricos en la ciudad de Sobral, a más de dos horas de distancia, donde le diagnosticaron una afección llamada síndrome inflamatorio multisistémico pediátrico (PIMS, por su sigla en inglés).

Se trata de una respuesta inmune extrema al virus que puede causar inflamación severa de órganos vitales.

Niños

Los expertos dicen que el síndrome, que afecta a los niños hasta seis semanas después de que se infectan con el coronavirus, es un fenómeno raro.

Sin embargo, la reconocida epidemióloga de la Universidad de Sao Paulo Fatima Marinho dice que, durante la pandemia, está viendo más casos de PIMS que nunca antes.

Lucas

Jessika Ricarte

Cuando Lucas fue intubado, a Jessika no se le permitió quedarse en la misma habitación. Llamó a su cuñada para intentar distraerse de la preocupación.

“Podíamos escuchar el sonido de la máquina (de la unidad de cuidados intensivos), el ‘bip’. Hasta que la máquina se detuvo y escuchamos ese pitido constante. Y sabemos que eso sucede cuando la persona muere. Después de unos minutos, la máquina comenzó a funcionar nuevamente y comencé a llorar”, cuenta.

La doctora Manuela Monte, la pediatra que trató a Lucas durante más de un mes en la unidad de cuidados intensivos de Sobral, afirmó que le sorprendió que la condición del niño fuera tan grave porque no tenía ningún factor de riesgo.

La mayoría de los menores afectados por coronavirus tienen enfermedades o trastornos (afecciones existentes como diabetes o problemas cardiovasculares) o sobrepeso, según Lohanna Tavares, infectóloga pediátrica del Hospital Infantil Albert Sabin en Fortaleza, la capital del estado de Ceará.

Pero ese no fue el caso de Lucas.

Durante los 33 días que Lucas estuvo en cuidados intensivos, a Jessika solo se le permitió verlo tres veces.

Lucas's parents, Israel and Jessika

BBC

Lucas necesitaba inmunoglobulina, un medicamento muy caro, para desinflamar su corazón.

Afortunadamente un paciente adulto que había comprado donó una ampolla sobrante al hospital.

Lucas estaba tan enfermo que necesitó recibir una segunda dosis. Desarrolló una erupción en su cuerpo y tenía fiebre persistente. Necesitaba apoyo para respirar.

Luego el niño comenzó a mejorar y los médicos decidieron sacarle el tubo de oxígeno. Hicieron videollamadas a Jessika e Israel para que no se sintiera solo cuando recuperara la conciencia.

“Cuando escuchó nuestras voces se puso a llorar“, relata la madre.

Era la última vez que la pareja vería a su hijo reaccionar. Durante la siguiente videollamada “tenía la mirada paralizada”.

El hospital solicitó una tomografía computarizada y descubrió que Lucas había tenido un derrame cerebral.

Pese a ello, a la pareja se le dijo que Lucas se recuperaría bien con la atención adecuada y que pronto sería trasladado a una sala general.

Cuando Jessika e Israel fueron a visitarlo, el médico estaba tan esperanzado como ellos, cuenta la mujer.

“Esa noche, puse mi celular en silencio. Soñé que Lucas se me acercó y me besó la nariz. Y el sueño fue un gran sentimiento de amor, gratitud y me desperté muy feliz. Luego vi mi celular y vi las 10 llamadas que había hecho el médico”, narra.

Jessika

BBC
Jessika Ricarte

El doctor encargado le dijo a Jessika que la frecuencia cardíaca y los niveles de oxígeno de Lucas habían bajado repentinamente y que había muerto temprano esa mañana.

Ella está segura de que si le hubieran hecho una prueba cuando ella la solicitó, a principios de mayo, habría sobrevivido.

“Es importante que los médicos, incluso si creen que no es coronavirus, hagan el examen para eliminar la posibilidad”, dice.

Indica que “un bebé no dice lo que siente, así que todo depende de las pruebas“.

Un menor en una sala de cuidados intensivos

BBC
Un menor en una sala de cuidados intensivos.

Jessika cree que la demora en el tratamiento adecuado agravó la condición de su hijo.

“Lucas tuvo varias inflamaciones, el 70% del pulmón estaba comprometido, el corazón aumentó en un 40%. Era una situación que podría haberse evitado”, indica.

La doctora Monte está de acuerdo. Ella dice que aunque una situación de PIMS no se puede prevenir, el tratamiento es mucho más exitoso si la condición se diagnostica y se trata temprano.

“Cuanto antes hubiera recibido atención especializada, era mejor. Llegó al hospital ya críticamente enfermo. Creo que podría haber tenido un resultado diferente si lo hubiéramos tratado antes”, señala.

Jessika ahora quiere compartir la historia de Lucas para ayudar a otras personas que pueden prevenir esa clase de síntomas críticos en los menores.

“En el caso de todos los niños que conozco y fueron salvados por alguna advertencia mía, la madre me dice: ‘Vi tus publicaciones, llevé a mi hijo al hospital y ahora está en casa’. Es como si fuera una parte de Lucas“, cuenta.

Los médicos usan teléfonos móviles para que los menores puedan verse con sus familiares.

BBC
Los médicos usan teléfonos móviles para que los menores puedan verse con sus familiares.

El problema

Existe la idea errónea de que los niños corren cero riesgo de un contagio de coronavirus, según Fatima Marinho, quien también es asesora principal de la ONG de salud Vital Strategies.

La investigación de la doctora sostiene que un número sorprendentemente alto de niños y bebés fueron afectados por la enfermedad.

Entre febrero de 2020 y el 15 de marzo de 2021, la COVID-19 mató al menos a 852 niños de Brasil, incluidos 518 bebés menores de un año, según cifras del Ministerio de Salud de ese país.

Pero la experta estima que más del doble de esta cantidad de niños murieron a causa de esa enfermedad dado que, señala, existe un problema grave de bajo registro debido a la falta de pruebas que reduce las cifras.

Marinho revisó el exceso de muertes por síndrome respiratorio agudo durante la pandemia y encontró que hubo al menos 10 veces más muertes que en años anteriores.

Considerando esas estimaciones sostiene que el virus mató a un aproximado de 2.060 niños menores de nueve años, incluidos 1.302 bebés.

¿Qué está pasando?

Los expertos señalan que la gran cantidad de casos de coronavirus en Brasil, el segundo en cantidad de contagios más alto del mundo, elevó la probabilidad de que bebés y niños se vean afectados.

“Por supuesto, cuantos más casos tengamos y, por ende, más hospitalizaciones, mayor será el número de muertes en todos los grupos de edad, incluidos los niños. Pero si se controlara la pandemia, este escenario evidentemente podría minimizarse“, explica Renato. Kfouri, presidente del Departamento Científico de Inmunizaciones de la Sociedad Brasileña de Pediatría.

Dr Cinara Carneiro

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Dra Cinara Carneiro

Una tasa de infección tan alta sobrepasó el sistema de salud de Brasil. En todo el país, el suministro de oxígeno está disminuyendo, hay escasez de medicamentos básicos y en muchas unidades de cuidados intensivos de todo el país simplemente no hay más camas.

El presidente Jair Bolsonaro todavía se opone a los encierros estrictos y se estima que la tasa de infección está siendo impulsada por la variante llamada P.1, considerada más contagiosa y posiblemente surgida en el norte de Brasil.

En marzo murió el doble de personas que en cualquier otro mes de la pandemia y la tendencia al alza continúa.

Otro problema que impulsa las altas tasas de contagios en los niños es la falta de exámenes.

Marinho dice que para los menores es usual que el diagnóstico llegue demasiado tarde, cuando ya están gravemente enfermos.

“Tenemos un grave problema en la detección de casos. No tenemos suficientes pruebas para la población en general, menos aún para los niños. Debido a que hay un retraso en el diagnóstico, hay un retraso en la atención del menor”, explica.

Esto no se debe solo a que exista poca capacidad de prueba, sino también a que es más fácil pasar por alto, o diagnosticar erróneamente, los síntomas de los niños que padecen COVID-19, ya que la enfermedad tiende a presentarse de manera diferente en las personas más jóvenes.

Una salubrista en Brasil

Departamento de Salud de Ceará

“Un niño tiene mucha más diarrea, mucho más dolor abdominal y dolor en el pecho que el visto en un cuadro clásico de COVID-19. Debido a que hay un retraso en el diagnóstico, cuando el menor llega al hospital está en una condición grave y puede complicarse y morir”, señala Marinho.

Problemas sociales

Aunque todo esto también se trata de pobreza y acceso a la atención médica.

Un estudio de 5 mil 857 pacientes con COVID-19 menores de 20 años, realizado por pediatras brasileños dirigido por la Facultad de Medicina de Sao Paulo identificó tanto las enfermedades de base como las vulnerabilidades socioeconómicas como factores de riesgo para el peor resultado en menores.

Marinho está de acuerdo en que este es un factor importante.

“Los más vulnerables son los niños afrodescendientes y los menores de familias muy pobres, ya que tienen más dificultades para acceder al auxilio. Estos son los niños con mayor riesgo de muerte”, indica.

Ella dice que esto se debe a que las condiciones de vivienda hacinadas hacen que sea imposible distanciarse socialmente cuando se infectan, y porque las comunidades más pobres no tienen acceso a una unidad de cuidados intensivos local.

Estos niños también corren riesgo de desnutrición, lo que es “terrible para la respuesta inmunológica”, afirma Marinho.

Cuando se detuvieron las subvenciones en medio de la pandemia, millones volvieron a entrar en graves problemas de subsistencia.

“Pasamos de 7 millones a 21 millones de personas por debajo del umbral de la pobreza en un año. Así que la gente también pasa hambre. Todo esto tiene un impacto en la mortalidad”, afirma la experta.

Braian Sousa, líder de la investigación de la Universidad de Sao Paulo, dice que su estudio identifica ciertos grupos de riesgo entre los niños a los que se debe dar prioridad para la vacunación. Aunque actualmente, no hay vacunas disponibles para menores de 16 años.


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