La creación de la Reserva de la Biósfera del Caribe, un proyecto con riesgos
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Semarnat

La creación de la Reserva de la Biósfera del Caribe, un proyecto con riesgos

Es uno de los planes más ambiciosos de protección ambiental en la región del Caribe, pero hay pendientes que deben atenderse, según especialistas.
Semarnat
Por Luis Castrillón
18 de junio, 2016
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Sin un estudio más amplio y que considere las recomendaciones de sectores comunitarios y especialistas involucrados, o que podrían resultar afectados, la creación de la Reserva de la Biósfera del Caribe Mexicano podría traer más conflictos a la zona litoral de Quintana Roo que ventajas para su protección y conservación.

El conflicto por la construcción de un desarrollo turístico en Holbox, la devastación de manglares en Cancún antes de la cancelación del proyecto comercial Dragon Mart, la destrucción de un hábitat similar en Tajamar, así como las irregularidades en la venta y aprovechamiento de terrenos en Punta Nizuc son ejemplos de las inconsistencias que en la región se enfrentan para equilibrar el manejo ambiental y el desarrollo económico.

En medio de los enfrentamientos entre grupos civiles, empresariales, ejidales y ambientalistas que han destacado en Quintana Roo en los últimos dos a tres años, el gobierno mexicano puso a consulta pública, a través de la Sermarnat y Conanp, el estudio justificativo para la creación del Área Natural Protegida (ANP) de la Reserva de la Biósfera del Caribe Mexicano el 22 de abril pasado.

Se trata de uno de los más ambiciosos planes en materia de protección ambiental en la región del Caribe, cubriría aproximadamente 56 mil 628 kilómetros cuadrados en el litoral de Quintana Roo, lo que representa una extensión incluso superior a la total de ese mismo estado que abarca poco más 44 mil kilómetros cuadrados.

El objetivo de la Secretaría del Medio Ambiente y Recursos Natuales (Semarnat) y la Comisión Nacional de Áreas Protegidas (Conanp) es mejorar la regulación para la conservación del medio ambiente en Quintana Roo, donde se encuentran algunas de las principales reservas del país y de América, como la Biósfera de Sian Ka’an, entre otras.

Además, la Riviera Maya, Cancún y en años más recientes Majahual, al sur del estado, concentran en conjunto uno de los principales polos turísticos y de ingresos por ese rubro en México.

En 2015, Quintana Roo recibió poco más de la mitad de los 30 millones de turistas que llegaron al país y captó también la mitad de los 17 mil 500 millones de dólares que ingresaron al país por turismo.

Sí apoyan la creación del Área Natural Protegida, pero piden atender recomendaciones

Investigadores, especialistas en derecho ambiental y representantes de organizaciones de la sociedad civil demandaron a la Semarnat y a la Comisión Nacional de Áreas Protegidas (Conanp) considerar las recomendaciones de todos los sectores que se verán involucrados o afectados por la creación de la Reserva de la Biósfera del Caribe Mexicano.

Son 23 organizaciones civiles las que en conjunto han definido una serie de propuestas ante los beneficios, pero también las complicaciones que podrían generarse para la conservación del medio ambiente y el desarrollo económico sustentable en la Península de Yucatán ante  la creación de esa área natural protegida (ANP).

Para los científicos, ambientalistas y especialistas en derecho ambiental de las 23 organizaciones, existen algunas inconsistencias que deben ser atendidas antes de la aprobación final del documento, su publicación en el Diario Oficial de la Federación y el consiguiente decreto de la ANP Reserva de la Biósfera del Caribe Mexicano.

La abogada del Centro Mexicano de Derecho Ambiental (CEMDA), Alejandra Serrano, uno de los problemas con la posible creación de esa Reserva de la Biósfera es la evidente falta de orden que existe en la zona del litoral quintanarroense en cuanto a protección y conservación de los recursos naturales frente a los proyectos de desarrollo económico.

Los conflictos por la posesión de la tierra y la planeación de un mega desarrollo turístico en la isla de Holbox que detonaron a mediados de 2014, la destrucción de manglares en la zona donde se había proyectado construir el proyecto del Dragon Mart en Cancún, el caso similar en Tajamar, y lo que se prevé podría ocurrir en Punta Nizuc, entre otros, dan cuenta del desorden que todavía existe en la zona, consideró la especialista.

Entre otras inconsistencias, Serrano señala como ejemplo el caso del Área Natural Protegida de Yum Balam, en la que se encuentra Holbox, que desde su decreto en 1994 no cuenta aún con un plan de manejo integral.

Sin embargo, Yum Balam está considerado dentro del polígono que abarca la Reserva de la Biósfera del Caribe Mexicano junto con otras 11 áreas naturales que se encuentran bajo régimen de protección, pero en las que también se han presentado problemas para el manejo del hábitat que las integra frente a los proyectos de desarrollo turístico y costero.

La integrante del CEMDA lo tiene claro: si no existe todavía un equilibrio entre las actividades humanas en la zona y la conservación del medio ambiente es debido a la poca efectividad que han tenido los programas de manejo y las leyes en materia de protección y conservación ambiental, así como su aplicación efectiva.

Entrar con todo un nuevo proyecto de esa magnitud, explicó, obligará a modificar los programas de manejo ya existentes, así como los proyectos de desarrollo turístico, urbano y costero que existan o estén programándose; afectará la actividad de pescadores, empresarios y podría generar muchas inconformidades.

Lo que debe entenderse, insistió, es que si ya existen conflictos para equilibrar el cuidado del hábitat y el desarrollo económico en la zona, una nueva demarcación de este tipo que no considere a detalle todos los recursos ambientales de la zona y las necesidades de crecimiento de sus poblaciones humanas, más que beneficios podría traer más problemas aún.

Si lo señalado antes fuera poco, Serrano considera otro agravante: el presupuesto que se requerirá para la administración de la zona. Se deberá recurrir a un programa que cuente con mucho dinero para mantener una vigilancia óptima y eficiente de toda el área a proteger, así como para el propio manejo de todos los recursos y el personal que deberá operar.

La Reserva de la Biósfera del Caribe Mexicano

La reserva prevé incluir un polígono superior a la extensión del mismo estado en el que se establecerá. Dentro de ese territorio ya existen 12 sitios bajo algún régimen de protección: el Área de Protección de Flora y Fauna de ‘Yum Balam’, el Área de Protección de Flora y Fauna de Cozumel y su Parque Nacional arrecifal, el Parque Nacional en Tulum, la Reserva de la Biósfera Sian Ka’an, la Reserva de la Biósfera de los arrecifes de Sian Ka’an, la de Banco Chinchorro y el Parque nacional de los Arrecifes de Xcalak, el Parque Nacional Isla Contoy, la Reserva de la Biósfera del Tiburón Ballena y el Parque Nacional de la Costa Occidental de Isla Mujeres, Punta Cancún y Punta Nizuc, el Arrecife de Puerto Morelos.

Esta gran reserva cubriría recursos arrecifales como los Bancos del Este, Canal de Yucatán 4, Arrecife Islache Grande, El Cabezo, Manchones y Cuevones, Cancún, Puerto Morelos, Akumal, Punta Maroma, Cozumel, XpuHa, Xcalak y Chinchorro.

Además integra 37,110 hectáreas con cobertura de selvas bajas y medianas. El área objeto de estudio presenta la distribución de las selvas tropicales más al norte de la Península de Yucatán y de México, con especies endémicas y en diversas categorías de riesgo.

En cuanto a manglares, la reserva prevé reforzar la protección y conservación de 21,560 hectáreas de ese hábitat relevantes por tratarse de cobertura de especies catalogadas en la Norma Oficial Mexicana SEMARNAT-2010 bajo programas de protección como el  mangle rojo (Rhizophora mangle), mangle blanco (Laguncularia racemosa), mangle negro (Avicennia germinans) y mangle botoncillo (Conocarpus erectus).

Dentro del área se encuentra el sistema lagunar Chacmochuch, considerado uno de los principales centros de reproducción, crianza y refugio para muchas especies de peces, moluscos y crustáceos de importancia ecológica y comercial. Este hábitat permite reforzar los primeros eslabones de la cadena alimenticia que finalmente proporciona sustento a la actividad pesquera de la zona.

La reserva también representa un punto clave para la conservación de especies de tortugas marinas. En el área anidan cuatro especies: carey (Eretmochelys imbricata), caguama (Caretta caretta), verde del Atlántico (Chelonia mydas) y laúd (Dermochelys coriacea)

La Península de Yucatán concentra la zona de anidación de tortuga carey más grande del Atlántico Oeste, y una de las cinco poblaciones de tortuga verde del Atlántico más importantes del Gran Caribe.

En el territorio que abarca el proyecto se encuentran zonas de protección para tres especies de alto valor y que se encuentran amenazadas: el tiburón ballena, el tiburón toro y el manatí.

A las características naturales que demandan mayores esfuerzos de protección y que se encuentran regularmente presionadas por el desarrollo productivo, ya sea pesquero o turístico, hay que sumar los problemas que genera la tenencia de la tierra.

La cobertura de la Reserva de la Biósfera del Caribe cubre 116 mil 784 hectáreas de terrenos ejidales, nacionales, parcelas y pequeñas propiedades en Isla Mujeres, Lázaro Cárdenas y Benito Juárez, con cabecera municipal en Cancún.

Pese a ser propiedades ya reconocidas legalmente y certificadas para su uso y aprovechamiento productivo, se encuentran en constante presión por ubicarse, como se señala, en municipios con un alto potencial para el incremento de la actividad turística.

El conflicto generado entre la empresa Península Maya Developments y propietarios de terrenos ejidales en Holbox es un ejemplo de lo señalado, que se sumó a la incertidumbre generada por la ausencia de un plan de manejo integral de la zona de Yum Balam.

ReservaBiósferaCaribeExtensión

¿Qué recomiendan los investigadores y especialistas en materia ambiental?

Luego de revisar el proyecto previo justificativo, 23 organizaciones que reúnen a ambientalistas, investigadores, especialistas en derecho y medio ambiente, entre otras disciplinas, emitieron una serie de recomendaciones a la Semarnat y la Conanp que consideran prioritario tomarse en cuenta a fin de que el proyecto de la Reserva no termine por generar más problemas.

El grupo consideró que la ANP puede mejorarse a través de la participación de los diversos sectores involucrados: desde los especialistas, grupos ciudadanos, productores pesqueros, propietarios de terrenos ejidales y la iniciativa privada.

En el caso de esta última, “la Asociación de Hoteles de Cancún (AHC) asegura que la declaratoria del Caribe mexicano como Área Natural Protegida (ANP) supone el freno a más de 27 mil habitaciones proyectadas en los siguientes años para Cancún, Riviera Maya y la parte continental de Isla Mujeres. Esa cifra equivale a casi la tercera parte de las 87,000 habitaciones con que cuenta actualmente Cancún-Riviera Maya”, según reproducen varios medios informativos a partir de un artículo de El Economista.

El sector hotelero y de hospedajes en Quintana Roo ha rechazado la propuesta de la Semarnat y la Conanp. La directora adjunta de la Asociación de Clubes Vacacionales de esa entidad aseguró –de acuerdo con la misma publicación- que tratarán de “impedir que se vuelvan a imponer más candados al desarrollo turístico de Quintana Roo tal como sucedió ya una vez con la Ley de Protección al Manglar, la cual en su momento obligó a que se cancelaran varios proyectos”.

“Con este exceso de protección no sé dónde vamos a vivir. ¿Qué van a hacer con los permisos ya otorgados, con la falta de certeza jurídica respecto al uso de tierra? Lo único que está produciendo hoy en este país se llama turismo, el petróleo sigue cayendo, el cambio de divisas está terrible, la única divisa que está entrando es la del turismo y ¿vamos otra vez a bloquearla?”, expuso la empresaria en el texto citado.

De acuerdo con las organizaciones de la sociedad civil que ya plantearon sus recomendaciones por escrito ante la Semarnat y la Conanp lo primero que debe hacerse, más allá de que el estudio previo justificativo de la Reserva de la Biósfera del Caribe Mexicano está abierto al público, es organizar una consulta con “mecanismos efectivos de participación”.

Esa consulta deberá basarse en cuatro temas de análisis fundamentales: a) la poligonal del ANP; b) la zonificación propuesta en el EPJ; c) la operación de las ANP existentes y la propuestas de operación para la RBCM; y d) la participación social.

En el primer caso se plantea cambiar la categoría de Reserva de la Biósfera a la de Área de Protección de Flora y Fauna,  “con el fin de ser consistentes con las otras ANP ya decretadas y que tienen objetos de conservación puntuales, así como con las categorías de manejo”.

También se propone modificar las dimensiones para incluir áreas que deben conservarse como los humedales de Puerto Morelos y para revisar la zona terrestre al sur de Yum Balam, ya que ahí se encuentran propiedades particulares, reservas privadas y propiedad comunal a las cuales no se les aseguran alternativas productivas y ya son parte de procesos paralelos de conservación y manejo.

En el tema de zonificación se solicita presentar de manera precisa la información, dado que existen inconsistencias en los límites marcados, como es el caso de las zonas núcleo en las cuales se pide incluir toda su superficie para aprovechar las oportunidades de conservación.

A la vez se deben considerar las áreas privadas incluidas en la propuesta como zonas de amortiguamiento, con el fin de fortalecer el ANP.

En lo que se refiere a la operación de las ANP existentes, se considera fundamental la creación de criterios ecológicos a integrarse en los Planes de Desarrollo Urbano y Programas de Ordenamiento Ecológico Local.

A fin de asegurar la viabilidad de este ambicioso proyecto, se pide que éste cuente con un presupuesto real y se desglose su costo de operación. Específicamente, se solicita que por lo menos el 80% de los fondos recaudados por cobro de derechos de la Reserva regresen a ésta para su manejo, el cual deberá ser transparente, a través de la creación de un organismo intersectorial.

Se requiere también ampliar las atribuciones de la Conanp y de la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa) en materia de inspección y vigilancia, en alianza con otras instituciones gubernamentales.

Finalmente, en lo que se refiere a la participación social, las organizaciones solicitan la realización de talleres sectoriales e intersectoriales, convocados de manera oficial, así como que se incluya en el Estudio información científica reciente sobre áreas arrecifales, áreas marinas de centro y sur del estado, áreas profundas y oceanografía del Caribe, así como los conocimientos generados en talleres con grupos científicos y técnicos.

La propuesta ya enviada a las dependencias está respaldada por los grupos  Alianza Kanan Kay, Alma Verde Holbox, Amigos de Isla Contoy, A.C., Amigos de Sian Ka’an A.C., Asociación de Prestadores de Servicios Acuáticos de la Riviera Maya, A.C. (APSA), Blue Core, A.C., Casa Wayuu, A.C., Centro Ecológico Akumal (CEA), Centro Mexicano de Derecho Ambiental, A. C (CEMDA),  Centinelas del Agua, A.C., Ch´ooj Ajauil, A.C., Colectividad  Razonatura, Comunidad y Biodiversidad, A.C. (COBI),   Flora, Fauna y Cultura de México, A.C., Grupo Tortuguero del Caribe, A.C., Iniciativa Arrecifes Saludables (HRI), Manatus México, Ocean Solutions México, Onca Maya, A.C., Organización Mexicana para la Conservación del Medio Ambiente, A.C. (OMCA), , A.C., Reserva Ecológica El Edén, A.C., Saving Our Sharks A.C. (SOS), Voces Unidas de Puerto Morelos.

Estudio Previo Justificativo

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Felimar Luque

De vender arepas en un mercado a luchar como médica contra la COVID-19

Felimar Luque temía no volver a trabajar como médica tras emigrar de Venezuela. Pero la falta de personal sanitario que sufren países de la región como Perú ha hecho que vuelva a ejercer.
Felimar Luque
5 de agosto, 2020
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Preparando arepas en la habitación que compartía junto a su hermana en Lima, Felimar Luque temía no volver a ponerse nunca más la bata de médica que se tuvo que quitar cuando salió de Venezuela en busca de un futuro mejor.

Hoy, tras un año en el que vendió arepas en un mercado y medicamentos en una farmacia, vuelve a ejercer la medicina en un hospital. Una oportunidad que ansió durante meses y que no le llegó hasta que ocurrió una tragedia: la pandemia de COVID-19.

“La esperanza era bastante lejana por el tema económico”, cuenta esta ginecóloga de 34 años, a quien se le hacía imposible asumir el costo de homologar su título cuando llegó a Perú el año pasado.

Ahora, ante la falta de profesionales de la salud para atender de los casos de coronavirus que hay a nivel nacional, Luque ha sido contratada para trabajar en el Hospital Edgardo Rebagliati Martins, el complejo hospitalario más importante de la seguridad social peruana.

Allí, se encarga de evaluar cómo evolucionan cerca de 200 afectados por COVID-19.

Perú ha decidido permitir durante la pandemia la contratación de médicos extranjeros, incluso aquellos que aún no hayan terminado de realizar sus trámites para colegiarse. Es una medida que también han tomado países como Chile, México y España.

Luque ha sido una de las beneficiadas. Como a muchos de los 900,000 venezolanos que emigraron al país andino en los últimos años, a ella, le había tocado empezar desde cero en su nuevo destino.

Es decir: dejar atrás 11 años de estudios universitarios y cuatro de experiencia laboral, para, en cambio, comenzar los días levantándose a las cinco de la mañana para amasar agua y harina P.A.N.

“Despertábamos para hacer las arepas y que estuvieran calientes al momento de venderlas”, recuerda.

Harina P.A.N.

Getty Images
Felimar Duque se despertaba todos los días a las 5am para amasar la harina P.A.N.

“Vendíamos unas 30 o 35… No eran muy grandes porque la harina P.A.N. es importada y costosa y queríamos obtener un poquito de ganancia”, le dice a BBC Mundo por teléfono en el descanso de su turno en el hospital.

A dos soles cada una (0.6 dólares), ganaban entre 18 y 21 dólares cada día. Tres veces más que su sueldo mensual en el Hospital Militar Dr. Carlos Arvelo, conocido por ser donde murió en 2013 el exmandatario venezolano, Hugo Chávez.

Este monto, sin embargo, era insuficiente para vivir cómodamente en Perú. Así que, recién llegadas a Lima, las hermanas vendían las arepas por las mañanas y dedicaban el resto del día a buscar trabajo.

“El choque emocional era demasiado”, cuenta Luque. “Aparte, jamás había vendido nada”.

“Todo en mi vida había sido estudiar, estudiar, estudiar… El día en que decidí trabajar ya era médico y, desde entonces y ya graduada, nunca había dejado de trabajar”.

Dejar Venezuela

Felimar Luque era en Caracas especialista adjunta del servicio de ginecología de un hospital de nivel 4, el más alto, es decir, con un gran número de camas, área de terapia intensiva y de especialidades.

De pequeña, había decidido ser pediatra después de que una infección gastrointestinal le llevara a acabar ingresada en un hospital.

“Me atendió una excelente pediatra, que fue muy atenta conmigo. A pesar de no tener turnos, se quedó conmigo durante mi hospitalización”, recuerda.

“De ahí le dije a mi mamá: ‘Quiero ser pediatra porque quiero atender a las personas así como ella me atiende a mí”.

Pero, a medida que estudiaba la carrera, fue cambiando de opinión. “Me di cuenta de que la pediatría era bonita, pero a la vez un poco triste“.

“Sobre todo el área oncológica me deprimía, así que dije: ‘No, prefiero ser ginecóloga, que así traes un bebé al mundo y, en la mayoría de los casos, les das una alegría a los familiares”. Todavía recuerda su primer parto: varón, 3.5 kilos.

Felimar Duque con un bebé recién nacido

Felimar Duque
Duque optó por especializarse en ginecología porque el traer bebés al mundo “das una alegría a los familiares”.

Los años tomando notas o sacando fotocopias de libros que no podía permitirse comprar rindieron frutos: se graduó de la Universidad Rómulo Gallegos con notas sobresalientes o, como se dice en Venezuela, cum laude.

Un posgrado después, llegó a ser jefa de servicio en un hospital grande. Pero era un puesto que también tenía desventajas que se hicieron más agudas cuando el país empezó a verse golpeado por una dura crisis económica.

“En 2012 ya empezó el déficit, pero se acentuó muchísimo, muchísimo en 2014. En 2015, ya no teníamos absolutamente nada, teníamos que solicitar al paciente que llevara sus insumos para poder atenderle”, hace memoria.

Alternaba cuatro trabajos en dos clínicas y dos hospitales públicos para poder mantenerse. Le alcanzaba, “ajustadita”, y solo porque vivía sola y no había formado aún una familia.

Pero la falta de condiciones para atender a sus pacientes era lo que más le afectaba.

“El choque no lo vive el director del hospital, lo vives tú como jefe en tu área. Eso ya me tenía un poquito inestable emocionalmente porque decía: ¿Cómo voy a una guardia? Como recurso humano puedo hacer cualquier cosa, pero me atas de manos porque no tengo cómo resolver al paciente porque no tengo insumos”.

Protesta en Venezuela por la crisis hospitalaria

Getty Images
En Venezuela hay una crisis hospitalaria desde hace varios años.

Estas deficiencias le hicieron pasar por situaciones tensas, como cuando tuvo que resguardarse para no ser agredida por el familiar de una paciente.

“Había sido referida de otro hospital y, en ese momento, nosotros no contábamos con servicio de quirófano porque no había aire acondicionado y solo estábamos atendiendo estrictas emergencias”, recuerda.

“La paciente estaba en un inicio de trabajo de parto… Tenía oportunidad de ir a otro centro a ver si la podían atender”. El familiar montó en cólera, estallando en reclamos e insultos contra ella y un colega, que eran los encargados del servicio aquel día.

“Tuvimos que permanecer encerrados en la habitación porque si salíamos nos podían agredir”, afirma.

Choque emocional

Episodios como este la llevaron a iniciar la homologación de su título en España para emigrar allí.

“Mi temor era: ‘se me va a morir una paciente por el simple hecho de que en el hospital no hay tan siquiera sangre para transferirle o no hay una jeringa, nada…’ Que me llegue un paciente crítico y no pueda resolverlo, no porque no tenga conocimiento, sino porque no tengo los recursos para atenderlo”.

Pero las trabas burocráticas, tanto en España como en Venezuela, y la ralentización de los trámites en las instituciones de este último país hizo que, a inicios de 2019, se decidiera a seguir a su hermana a un destino más barato y menos complicado: Perú.

Felimar Luque (izq.) en la sala de partos en Venezuela

Felimar Luque
Practicar medicina en Venezuela se ha vuelto difícil por la falta de recursos.

A diferencia de miles de sus compatriotas, ellas tuvieron la “suerte” de poder viajar hasta allí en avión.

Pero eso no logró amainar un cambio tan brusco: “En Venezuela siempre tuve trabajo, muchísimo trabajo. Pero una vez que vengo para acá, nunca había vendido y había que relacionarse con cualquier persona”.

“Pero era más que todo el choque emocional: eras una persona reconocida en tu país. En mi caso, yo era jefe de servicio porque era especialista adjunta del servicio de ginecología ya con cuatro años de experiencia como tal. Y sí, el choque es bastante fuerte en ese sentido”.

“De verdad que me sentía bastante mal”.

Junto a su hermana, pidieron permiso en un puesto de un mercado cercano a donde vivían para ponerse de pie al lado a vender las arepas. El comerciante se lo permitió.

“Entonces hice mi currículum, lo dejé por locales comerciales, farmacias. Llamaba a los anuncios para cuidar bebés, cuidar abuelitos”. Menos de un mes después de llegar, consiguió empleo en una farmacia donde trabajaba seis días a la semana por el salario mínimo.

Inmigrante venezolana entrando a Perú

Getty Images
Muchos venezolanos que inmigran a Perú tienen dificultades en buscarse la vida.

¡No tenemos gente!

Poco a poco, fue reuniendo y validando los papeles que necesitaba para homologar su título de médico general.

“Registré mi título… pero hubo un freno porque me exigían estudiar un año más”, cuenta. No podía permitírselo: su hermana tenía problemas para encontrar empleo y de su salario salían la manutención de las dos y el dinero que enviaba a sus padres, en Venezuela.

“Decidimos oye, nada, a reunir plata. A ver si se puede lograr de alguna forma en algunos meses”.

Casi a finales de 2019, vio un anuncio en Instagram: la ONG Unión Venezolana en Perú estaba ayudando a médicos venezolanos a convalidar sus títulos. La organización ha reunido en los últimos dos años un listado de 39,000 inmigrantes venezolanos con estudios, cuyos datos se los ofrece al gobierno peruano para ayudar a cubrir vacantes difíciles de llenar.

Tras una dura selección que empezó con 150 profesionales, Luque acabó siendo una de los 20 que recibió la ayuda de la ONG y de la Agencia de la ONU para los Refugiados (Acnur) para poder colegiarse en Perú.

“Tuve que pasar varias pruebas y cursos”, asegura. “A veces nos decían el mismo día o la noche anterior: ‘Hoy, urgente, tienen que ir a tal sitio’. Y bueno, ese día le pedía permiso a mi jefe y gracias a Dios fue bastante tolerante. Me decía: ‘Tranquila’. Luego, eso sí, tenía que pagarle las horas como sea”.

Pero incluso cuando su nombre apareció oficialmente en la base de datos de médicos colegiados de Perú, encontrar trabajo como tal siguió siendo una tarea complicada.

Coronavirus en Perú

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En algunos lugares de Perú se han visto desbordados por la falta de médicos para combatir el coronavirus.

En tres meses, solo llamaron para dos plazas lejos de Lima, de donde no quería irse.

“Conseguí un puesto de asistente de cirugía plástica. Realmente, no es mi área, solo llenaba historias de los pacientes y hacía las tareas de las enfermeras”.

Con la pandemia, la clínica cerró: “Lo que más me angustiaba era que yo tengo que enviar dinero a Venezuela porque mis papás lo necesitan… Era estresante: quedarte sin dinero en un país donde no tienes nada”.

Hasta que un colega le avisó de que la seguridad social peruana, EsSalud, estaba contratando médicos para afrontar la pandemia de COVID-19.

Como muchos países de la región, Perú cuenta con menos médicos de los que necesita, según refleja un informe del Ministerio de Salud de 2018: apenas 13,6 médicos por cada 10.000 habitantes en vez de los 23 que recomienda la Organización Mundial de la Salud (OMS).

A esto se suma el hecho de que muchos se han dado de baja porque su edad o historial médico los hace especialmente vulnerables al nuevo coronavirus.

Por ejemplo, en Lambayeque, una de las regiones más afectadas por la pandemia y en la que se han tenido que construir cementerios temporales para enterrar a los muertos por coronavirus, el director del Hospital Regional explicaba a principios de mes que, pese a tener 60 camas libres con punto de oxígeno, no las podía usar:

“¡No tenemos gente! ¡No tenemos gente! ¡No tenemos gente!”, gritaba con desesperación en una entrevista con la emisora pública, RPP.

Talento desaprovechado

Carlos Scull, nombrado embajador de Venezuela en Perú por Juan Guaidó, aseguró en una radio local que hay unos 1.000 médicos venezolanos en Perú -de los que solo entre 200 y 300 están colegiados- y unos 3,000 enfermeros.

Otras fuentes como la campaña “Tu causa es mi causa” eleva a 4,000 el número de médicos venezolanos que podrían unirse al esfuerzo del sistema de salud peruano contra la pandemia.

Trabajadores de la salud con equipos de protección personal frente a una ambulancia en Perú

Getty Images
En Perú hay escasez de trabajadores de la salud para hacerle frente a la pandemia.

Al menos uno de ellos, Felimar Luque, empezó a trabajar en el Hospital Edgardo Rebagliati Martins el lunes de la semana pasada: “Es hermoso, se parece al hospital en el que yo trabajaba ”.

“Me siento bien, a pesar de la pandemia, haciendo lo que más me gusta”, dice. Ahora gana ocho veces más de lo que recibía en la farmacia. Su hermana, abogada, ha tenido menos suerte y ahora trabaja cuidando a una mujer mayor en una provincia al norte de Lima.

“El venezolano tiene una necesidad de tener un ingreso y ejercer su profesión”, dice Garrinzon González, director de Unión Venezolana en Perú. En los años que lleva frente a la ONG, ha visto a muchos compatriotas experimentados y con estudios superiores haciendo trabajos no cualificados.

“Es un activo que se está perdiendo el Perú en vez de beneficiarse con estos profesionales cuyos estudios fueron un gasto que hizo otro Estado. Y más cuando hay vacantes”, afirma.

Del listado de 39,000 profesionales venezolanos que ofreció al Estado peruano, calcula que solo el 10% consiguió empleo.

Él espera que la experiencia de echar mano de profesionales sanitarios venezolanos durante la pandemia sirva para abrir las puertas a otros sectores.

Luque tiene un contrato de solo tres meses, prorrogable por otros tres meses más si la pandemia se extiende. Aunque, así como cuando soñaba con volver a ponerse la bata mientras preparaba arepas, le sobran esperanzas.

“Aunque el contrato dice ‘solo pandemia’, yo confío, Dios quiera, que nos dejen trabajando como tal. Ya ellos saben que soy especialista, que estoy en proceso de mi registro nacional de especialista acá en Perú. Y si no, bueno, como médico general, que ya tengo todo legal”.

“Si la posibilidad está, sería genial quedarnos acá trabajando”.

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BBC

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