La creación de la Reserva de la Biósfera del Caribe, un proyecto con riesgos
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La creación de la Reserva de la Biósfera del Caribe, un proyecto con riesgos

Es uno de los planes más ambiciosos de protección ambiental en la región del Caribe, pero hay pendientes que deben atenderse, según especialistas.
Semarnat
Por Luis Castrillón
18 de junio, 2016
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Sin un estudio más amplio y que considere las recomendaciones de sectores comunitarios y especialistas involucrados, o que podrían resultar afectados, la creación de la Reserva de la Biósfera del Caribe Mexicano podría traer más conflictos a la zona litoral de Quintana Roo que ventajas para su protección y conservación.

El conflicto por la construcción de un desarrollo turístico en Holbox, la devastación de manglares en Cancún antes de la cancelación del proyecto comercial Dragon Mart, la destrucción de un hábitat similar en Tajamar, así como las irregularidades en la venta y aprovechamiento de terrenos en Punta Nizuc son ejemplos de las inconsistencias que en la región se enfrentan para equilibrar el manejo ambiental y el desarrollo económico.

En medio de los enfrentamientos entre grupos civiles, empresariales, ejidales y ambientalistas que han destacado en Quintana Roo en los últimos dos a tres años, el gobierno mexicano puso a consulta pública, a través de la Sermarnat y Conanp, el estudio justificativo para la creación del Área Natural Protegida (ANP) de la Reserva de la Biósfera del Caribe Mexicano el 22 de abril pasado.

Se trata de uno de los más ambiciosos planes en materia de protección ambiental en la región del Caribe, cubriría aproximadamente 56 mil 628 kilómetros cuadrados en el litoral de Quintana Roo, lo que representa una extensión incluso superior a la total de ese mismo estado que abarca poco más 44 mil kilómetros cuadrados.

El objetivo de la Secretaría del Medio Ambiente y Recursos Natuales (Semarnat) y la Comisión Nacional de Áreas Protegidas (Conanp) es mejorar la regulación para la conservación del medio ambiente en Quintana Roo, donde se encuentran algunas de las principales reservas del país y de América, como la Biósfera de Sian Ka’an, entre otras.

Además, la Riviera Maya, Cancún y en años más recientes Majahual, al sur del estado, concentran en conjunto uno de los principales polos turísticos y de ingresos por ese rubro en México.

En 2015, Quintana Roo recibió poco más de la mitad de los 30 millones de turistas que llegaron al país y captó también la mitad de los 17 mil 500 millones de dólares que ingresaron al país por turismo.

Sí apoyan la creación del Área Natural Protegida, pero piden atender recomendaciones

Investigadores, especialistas en derecho ambiental y representantes de organizaciones de la sociedad civil demandaron a la Semarnat y a la Comisión Nacional de Áreas Protegidas (Conanp) considerar las recomendaciones de todos los sectores que se verán involucrados o afectados por la creación de la Reserva de la Biósfera del Caribe Mexicano.

Son 23 organizaciones civiles las que en conjunto han definido una serie de propuestas ante los beneficios, pero también las complicaciones que podrían generarse para la conservación del medio ambiente y el desarrollo económico sustentable en la Península de Yucatán ante  la creación de esa área natural protegida (ANP).

Para los científicos, ambientalistas y especialistas en derecho ambiental de las 23 organizaciones, existen algunas inconsistencias que deben ser atendidas antes de la aprobación final del documento, su publicación en el Diario Oficial de la Federación y el consiguiente decreto de la ANP Reserva de la Biósfera del Caribe Mexicano.

La abogada del Centro Mexicano de Derecho Ambiental (CEMDA), Alejandra Serrano, uno de los problemas con la posible creación de esa Reserva de la Biósfera es la evidente falta de orden que existe en la zona del litoral quintanarroense en cuanto a protección y conservación de los recursos naturales frente a los proyectos de desarrollo económico.

Los conflictos por la posesión de la tierra y la planeación de un mega desarrollo turístico en la isla de Holbox que detonaron a mediados de 2014, la destrucción de manglares en la zona donde se había proyectado construir el proyecto del Dragon Mart en Cancún, el caso similar en Tajamar, y lo que se prevé podría ocurrir en Punta Nizuc, entre otros, dan cuenta del desorden que todavía existe en la zona, consideró la especialista.

Entre otras inconsistencias, Serrano señala como ejemplo el caso del Área Natural Protegida de Yum Balam, en la que se encuentra Holbox, que desde su decreto en 1994 no cuenta aún con un plan de manejo integral.

Sin embargo, Yum Balam está considerado dentro del polígono que abarca la Reserva de la Biósfera del Caribe Mexicano junto con otras 11 áreas naturales que se encuentran bajo régimen de protección, pero en las que también se han presentado problemas para el manejo del hábitat que las integra frente a los proyectos de desarrollo turístico y costero.

La integrante del CEMDA lo tiene claro: si no existe todavía un equilibrio entre las actividades humanas en la zona y la conservación del medio ambiente es debido a la poca efectividad que han tenido los programas de manejo y las leyes en materia de protección y conservación ambiental, así como su aplicación efectiva.

Entrar con todo un nuevo proyecto de esa magnitud, explicó, obligará a modificar los programas de manejo ya existentes, así como los proyectos de desarrollo turístico, urbano y costero que existan o estén programándose; afectará la actividad de pescadores, empresarios y podría generar muchas inconformidades.

Lo que debe entenderse, insistió, es que si ya existen conflictos para equilibrar el cuidado del hábitat y el desarrollo económico en la zona, una nueva demarcación de este tipo que no considere a detalle todos los recursos ambientales de la zona y las necesidades de crecimiento de sus poblaciones humanas, más que beneficios podría traer más problemas aún.

Si lo señalado antes fuera poco, Serrano considera otro agravante: el presupuesto que se requerirá para la administración de la zona. Se deberá recurrir a un programa que cuente con mucho dinero para mantener una vigilancia óptima y eficiente de toda el área a proteger, así como para el propio manejo de todos los recursos y el personal que deberá operar.

La Reserva de la Biósfera del Caribe Mexicano

La reserva prevé incluir un polígono superior a la extensión del mismo estado en el que se establecerá. Dentro de ese territorio ya existen 12 sitios bajo algún régimen de protección: el Área de Protección de Flora y Fauna de ‘Yum Balam’, el Área de Protección de Flora y Fauna de Cozumel y su Parque Nacional arrecifal, el Parque Nacional en Tulum, la Reserva de la Biósfera Sian Ka’an, la Reserva de la Biósfera de los arrecifes de Sian Ka’an, la de Banco Chinchorro y el Parque nacional de los Arrecifes de Xcalak, el Parque Nacional Isla Contoy, la Reserva de la Biósfera del Tiburón Ballena y el Parque Nacional de la Costa Occidental de Isla Mujeres, Punta Cancún y Punta Nizuc, el Arrecife de Puerto Morelos.

Esta gran reserva cubriría recursos arrecifales como los Bancos del Este, Canal de Yucatán 4, Arrecife Islache Grande, El Cabezo, Manchones y Cuevones, Cancún, Puerto Morelos, Akumal, Punta Maroma, Cozumel, XpuHa, Xcalak y Chinchorro.

Además integra 37,110 hectáreas con cobertura de selvas bajas y medianas. El área objeto de estudio presenta la distribución de las selvas tropicales más al norte de la Península de Yucatán y de México, con especies endémicas y en diversas categorías de riesgo.

En cuanto a manglares, la reserva prevé reforzar la protección y conservación de 21,560 hectáreas de ese hábitat relevantes por tratarse de cobertura de especies catalogadas en la Norma Oficial Mexicana SEMARNAT-2010 bajo programas de protección como el  mangle rojo (Rhizophora mangle), mangle blanco (Laguncularia racemosa), mangle negro (Avicennia germinans) y mangle botoncillo (Conocarpus erectus).

Dentro del área se encuentra el sistema lagunar Chacmochuch, considerado uno de los principales centros de reproducción, crianza y refugio para muchas especies de peces, moluscos y crustáceos de importancia ecológica y comercial. Este hábitat permite reforzar los primeros eslabones de la cadena alimenticia que finalmente proporciona sustento a la actividad pesquera de la zona.

La reserva también representa un punto clave para la conservación de especies de tortugas marinas. En el área anidan cuatro especies: carey (Eretmochelys imbricata), caguama (Caretta caretta), verde del Atlántico (Chelonia mydas) y laúd (Dermochelys coriacea)

La Península de Yucatán concentra la zona de anidación de tortuga carey más grande del Atlántico Oeste, y una de las cinco poblaciones de tortuga verde del Atlántico más importantes del Gran Caribe.

En el territorio que abarca el proyecto se encuentran zonas de protección para tres especies de alto valor y que se encuentran amenazadas: el tiburón ballena, el tiburón toro y el manatí.

A las características naturales que demandan mayores esfuerzos de protección y que se encuentran regularmente presionadas por el desarrollo productivo, ya sea pesquero o turístico, hay que sumar los problemas que genera la tenencia de la tierra.

La cobertura de la Reserva de la Biósfera del Caribe cubre 116 mil 784 hectáreas de terrenos ejidales, nacionales, parcelas y pequeñas propiedades en Isla Mujeres, Lázaro Cárdenas y Benito Juárez, con cabecera municipal en Cancún.

Pese a ser propiedades ya reconocidas legalmente y certificadas para su uso y aprovechamiento productivo, se encuentran en constante presión por ubicarse, como se señala, en municipios con un alto potencial para el incremento de la actividad turística.

El conflicto generado entre la empresa Península Maya Developments y propietarios de terrenos ejidales en Holbox es un ejemplo de lo señalado, que se sumó a la incertidumbre generada por la ausencia de un plan de manejo integral de la zona de Yum Balam.

ReservaBiósferaCaribeExtensión

¿Qué recomiendan los investigadores y especialistas en materia ambiental?

Luego de revisar el proyecto previo justificativo, 23 organizaciones que reúnen a ambientalistas, investigadores, especialistas en derecho y medio ambiente, entre otras disciplinas, emitieron una serie de recomendaciones a la Semarnat y la Conanp que consideran prioritario tomarse en cuenta a fin de que el proyecto de la Reserva no termine por generar más problemas.

El grupo consideró que la ANP puede mejorarse a través de la participación de los diversos sectores involucrados: desde los especialistas, grupos ciudadanos, productores pesqueros, propietarios de terrenos ejidales y la iniciativa privada.

En el caso de esta última, “la Asociación de Hoteles de Cancún (AHC) asegura que la declaratoria del Caribe mexicano como Área Natural Protegida (ANP) supone el freno a más de 27 mil habitaciones proyectadas en los siguientes años para Cancún, Riviera Maya y la parte continental de Isla Mujeres. Esa cifra equivale a casi la tercera parte de las 87,000 habitaciones con que cuenta actualmente Cancún-Riviera Maya”, según reproducen varios medios informativos a partir de un artículo de El Economista.

El sector hotelero y de hospedajes en Quintana Roo ha rechazado la propuesta de la Semarnat y la Conanp. La directora adjunta de la Asociación de Clubes Vacacionales de esa entidad aseguró –de acuerdo con la misma publicación- que tratarán de “impedir que se vuelvan a imponer más candados al desarrollo turístico de Quintana Roo tal como sucedió ya una vez con la Ley de Protección al Manglar, la cual en su momento obligó a que se cancelaran varios proyectos”.

“Con este exceso de protección no sé dónde vamos a vivir. ¿Qué van a hacer con los permisos ya otorgados, con la falta de certeza jurídica respecto al uso de tierra? Lo único que está produciendo hoy en este país se llama turismo, el petróleo sigue cayendo, el cambio de divisas está terrible, la única divisa que está entrando es la del turismo y ¿vamos otra vez a bloquearla?”, expuso la empresaria en el texto citado.

De acuerdo con las organizaciones de la sociedad civil que ya plantearon sus recomendaciones por escrito ante la Semarnat y la Conanp lo primero que debe hacerse, más allá de que el estudio previo justificativo de la Reserva de la Biósfera del Caribe Mexicano está abierto al público, es organizar una consulta con “mecanismos efectivos de participación”.

Esa consulta deberá basarse en cuatro temas de análisis fundamentales: a) la poligonal del ANP; b) la zonificación propuesta en el EPJ; c) la operación de las ANP existentes y la propuestas de operación para la RBCM; y d) la participación social.

En el primer caso se plantea cambiar la categoría de Reserva de la Biósfera a la de Área de Protección de Flora y Fauna,  “con el fin de ser consistentes con las otras ANP ya decretadas y que tienen objetos de conservación puntuales, así como con las categorías de manejo”.

También se propone modificar las dimensiones para incluir áreas que deben conservarse como los humedales de Puerto Morelos y para revisar la zona terrestre al sur de Yum Balam, ya que ahí se encuentran propiedades particulares, reservas privadas y propiedad comunal a las cuales no se les aseguran alternativas productivas y ya son parte de procesos paralelos de conservación y manejo.

En el tema de zonificación se solicita presentar de manera precisa la información, dado que existen inconsistencias en los límites marcados, como es el caso de las zonas núcleo en las cuales se pide incluir toda su superficie para aprovechar las oportunidades de conservación.

A la vez se deben considerar las áreas privadas incluidas en la propuesta como zonas de amortiguamiento, con el fin de fortalecer el ANP.

En lo que se refiere a la operación de las ANP existentes, se considera fundamental la creación de criterios ecológicos a integrarse en los Planes de Desarrollo Urbano y Programas de Ordenamiento Ecológico Local.

A fin de asegurar la viabilidad de este ambicioso proyecto, se pide que éste cuente con un presupuesto real y se desglose su costo de operación. Específicamente, se solicita que por lo menos el 80% de los fondos recaudados por cobro de derechos de la Reserva regresen a ésta para su manejo, el cual deberá ser transparente, a través de la creación de un organismo intersectorial.

Se requiere también ampliar las atribuciones de la Conanp y de la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa) en materia de inspección y vigilancia, en alianza con otras instituciones gubernamentales.

Finalmente, en lo que se refiere a la participación social, las organizaciones solicitan la realización de talleres sectoriales e intersectoriales, convocados de manera oficial, así como que se incluya en el Estudio información científica reciente sobre áreas arrecifales, áreas marinas de centro y sur del estado, áreas profundas y oceanografía del Caribe, así como los conocimientos generados en talleres con grupos científicos y técnicos.

La propuesta ya enviada a las dependencias está respaldada por los grupos  Alianza Kanan Kay, Alma Verde Holbox, Amigos de Isla Contoy, A.C., Amigos de Sian Ka’an A.C., Asociación de Prestadores de Servicios Acuáticos de la Riviera Maya, A.C. (APSA), Blue Core, A.C., Casa Wayuu, A.C., Centro Ecológico Akumal (CEA), Centro Mexicano de Derecho Ambiental, A. C (CEMDA),  Centinelas del Agua, A.C., Ch´ooj Ajauil, A.C., Colectividad  Razonatura, Comunidad y Biodiversidad, A.C. (COBI),   Flora, Fauna y Cultura de México, A.C., Grupo Tortuguero del Caribe, A.C., Iniciativa Arrecifes Saludables (HRI), Manatus México, Ocean Solutions México, Onca Maya, A.C., Organización Mexicana para la Conservación del Medio Ambiente, A.C. (OMCA), , A.C., Reserva Ecológica El Edén, A.C., Saving Our Sharks A.C. (SOS), Voces Unidas de Puerto Morelos.

Estudio Previo Justificativo

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El fenómeno que hace padecer los síntomas de COVID, aunque no sea, al hacer una prueba PCR

Algunas personas pueden empezar a sentirse mal con el simple hecho de hacerse una prueba para ver si tienen una enfermedad. La COVID-19 puede haber agudizado este efecto.
23 de febrero, 2022
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Hace alrededor de un año, mientras me duchaba, noté un pequeño bulto redondo en la axila. Era duro al tacto y cambiaba de posición cuando lo apretaba, como si fuera un pedazo de mantequilla fría bajo la piel de un pavo.

No pude evitar buscar en Google sobre la aparición de bultos y, debido a su ubicación, me obsesioné con la idea de que podría ser las primeras etapas de la leucemia.

Fue entonces cuando comencé a tener otros síntomas: descubrí me dolía todo el cuerpo y estaba cansado, y comencé a perder peso inexplicablemente.

Mi médico de cabecera me recomendó que me hiciera una ecografía y, una vez hecha, estaba seguro de que estaba a punto de recibir las peores noticias.

Así que pueden imaginar mi alivio cuando el técnico me dijo que era simplemente un lipoma, un tumor benigno, hecho de células grasas, que no representaba una amenaza grave para mi salud.

Casi tan pronto como me enteré, todos esos dolores y molestias desaparecieron y pronto comencé a volver a mi peso anterior.

Influencia de la pandemia

El episodio fue mi primera, y hasta ahora, única, experiencia de ansiedad por la enfermedad (o la salud).

Según las últimas investigaciones, al menos el 6% de las personas experimentarán la afección en algún momento de su vida.

Aunque todavía no tenemos estadísticas actualizadas, ese porcentaje puede haber aumentado rápidamente durante la pandemia. Con un ciclo continuo de noticias que enfatizan los síntomas y peligros del virus, es natural sentir cierto nivel de preocupación por una posible infección.

Prueba de flujo lateral

Getty Images
Independientemente del resultado de la prueba, muchos sienten antes de hacerla síntomas congruentes con la covid-19.

Pero para algunas personas, el miedo al virus habrá sido abrumador, alcanzando su punto máximo mientras esperan los resultados de una prueba de flujo lateral o PCR.

La pandemia también podría haber exacerbado las ansiedades sobre otras condiciones. “Sospecho que la ansiedad por la salud ha aumentado considerablemente durante la pandemia, sobre todo porque la gente ha tenido más tiempo para rumiar y reflexionar sobre sus síntomas”, dice Peter Tyrer, profesor de psiquiatría comunitaria en el Imperial College de Londres.

Puede que no sea una coincidencia que mi propio episodio haya ocurrido durante un confinamiento, cuando no pude visitar a amigos que podrían haberme distraído y cuando sabía que tendría acceso restringido al tratamiento médico, en caso de ser necesario.

Los últimos dos años han demostrado que nunca ha habido una mayor necesidad de concienciación sobre la ansiedad por enfermedad y su manejo.

Hipocondría

Nuestra comprensión del trastorno de ansiedad por la salud marca un gran alejamiento de la visión histórica de la condición, que alguna vez se conoció como “hipocondriasis o hipocondría”.

A las personas que padecían este trastorno se las llamaba hipocondríacos y, a menudo, se les menospreciaba y ridiculizaba como una pérdida de tiempo.

Mujer

Getty Images
El trastorno era conocido anteriormente como hipondría.

Muchos comentaristas argumentaban que simplemente querían agregar un poco de drama a sus vidas. “Se consideraban una broma”, dice Tyrer. “La suposición era que a estas personas les encantaba hablar sobre sus quejas”.

No fue hasta 2013 que la Asociación Estadounidense de Psiquiatría adoptó formalmente el término “trastorno de ansiedad por la enfermedad” para describir a las personas con preocupaciones desproporcionadas y debilitantes sobre su salud. (En la literatura médica, la “ansiedad por la salud” se usa a menudo como un nombre alternativo).

Aunque se carece de datos concretos, la mayor disponibilidad de información por internet puede haber aumentado la prevalencia de la ansiedad por la enfermedad en las últimas tres décadas, en comparación con la época anterior a internet.

Factores desencadenantes

Contrariamente a la idea de que los “hipocondríacos” simplemente buscan atención, los orígenes de la ansiedad por la enfermedad en una persona suelen ser muy específicos.

“A menudo hay un factor desencadenante“, dice Helen Tyrer, investigadora clínica del Imperial College London y autora del libro Tackling Health Anxiety. (Helen y Peter Tyrer son un matrimonio que investiga la ansiedad por la enfermedad).

“Podría ser que alguien en la familia haya estado enfermo. O que hayan oído hablar de alguien de su misma edad que muere a causa de una enfermedad”.

En otros casos, los pacientes pueden desarrollar preocupaciones excesivas y continuas sobre el regreso de una enfermedad anterior, como el cáncer o un ataque al corazón, o el empeoramiento de una condición actual, como la diabetes.

Mujer consultando internet en su teléfono

Getty Images
Muchos de los afectados pasan horas todos los días investigando posibles enfermedades en internet.

La condición se caracteriza por un control obsesivo de los síntomas. Muchos de los afectados pasan horas todos los días investigando posibles enfermedades en internet.

“Cada minuto del día verifican si tienen esta enfermedad o no”, dice Helen Tyrer. “Realmente está en una escala completamente diferente a las preocupaciones de la mayoría de las personas sobre su salud”.

“Los pensamientos repetitivos son persistentes y generan mucha angustia“, coincide Sophie Lebel, psicóloga clínica de la Universidad de Ottawa, Canadá, que se especializa en las formas en que las personas enfrentan los diagnósticos de cáncer.

Como es de esperar, la preocupación continua da como resultado muchas más visitas a consultorios médicos y hospitales.

Un estudio de pacientes daneses encontró que las personas con ansiedad grave por enfermedad utilizaron entre un 41% y un 78% más de atención médica, durante un período de cinco años, que aquellas con baja ansiedad por la salud.

Claramente, esto tiene un costo financiero y las visitas médicas repetidas pueden no traer mucho beneficio al paciente, ya que se convencen de que los análisis fueron defectuosos.

“El paciente podría pensar que era demasiado pronto para presentarse a una prueba o que los resultados se confundieron en el laboratorio”, dice Helen Tyrer.

Del mismo modo, si tu sufres de gran ansiedad por la COVID-19, un resultado negativo de un test de flujo lateral una PCR puede no ser suficiente para convencerte de que no estás infectado.

(Por supuesto, esto está justificado hasta cierto punto, aunque los resultados positivos de las pruebas laterales tienen una precisión del 99,97%, la tasa de falsos negativos es del 28% en promedio para las personas sintomáticas).

El efecto nocebo

En muchas situaciones, las ansiedades sobre nuestra salud pueden adquirir la apariencia de síntomas, una profecía autocumplida que parece confirmar nuestros temores.

Sala de espera en un hospital

Getty Images
La preocupación continua da como resultado muchas más visitas a consultorios médicos y hospitales.

Este fenómeno es evidente en los casos del “síndrome de la bata blanca”, en los que el estrés de visitar a un médico puede elevar la presión arterial de las personas, de modo que parezca que están experimentando hipertensión.

Por esta razón, algunos médicos pueden proporcionarte un monitor de presión arterial para que te tomes la presión en tu casa, cuando estés relajado.

Pero hay muchas otras formas en que nuestros miedos pueden tomar la forma de una enfermedad. Nuestras expectativas pueden dar forma a nuestra atención y procesamiento sensorial, por ejemplo.

Si sospechas que puedes haberte infectado con covid-19, por ejemplo, puedes estar más consciente de un cosquilleo en la garganta, un dolor en el pecho o una sensación de dificultad para respirar, y cuanto más lo piensas peor te parecerá.

Esto es especialmente probable si alguien cercano a ti ha tenido la enfermedad, por lo que sabes exactamente qué síntomas esperar, y una prueba lateral o una PCR negativa pueden no ser suficientes para calmar tus temores.

Nuestras expectativas pueden incluso provocar cambios fisiológicos, como la liberación de moléculas vasodilatadoras que causan dolores de cabeza. Los científicos llaman a estas reacciones “efectos nocebo” (un contraste directo con los “efectos placebo” beneficiosos).

Y el malestar puede ser tan desagradable como un síntoma con una causa puramente biológica. Esto solo aumentará la ansiedad, creando un círculo vicioso.

Mujer tomándose la presión

Getty Images
A veces es mejor tomarse la presión en la casa y no en el consultorio médico para que la ansiedad no influya en los resultados.

Si no se trata, la ansiedad por enfermedad crónica puede pasar factura al cuerpo.

Peter Tyrer señala un estudio de 12 años con siete mil participantes en Noruega sobre el tema. Después de tener en cuenta otros factores de riesgo potenciales, los investigadores encontraron que los altos niveles de ansiedad por enfermedad aumentaban el riesgo de enfermedad coronaria en un 70%.

Esto es particularmente problemático para las personas que tienen una enfermedad cardíaca preexistente, dice Tyrer, con cierta evidencia de que la ansiedad por la salud tiene un efecto en la tasa de mortalidad general.

“Si te preocupas demasiado después de haber tenido un evento cardíaco, puedes morir antes que si no te preocupas”, dice Peter Tyrer.

Al menos podrías esperar que las preocupaciones excesivas por la salud animen a alguien a cuidar mejor su cuerpo, como hacer ejercicio o comer bien.

Sin embargo, Lebel dice que las personas con ansiedad por enfermedad grave pueden sentirse tan paralizadas por el estrés que tienen dificultad para tomar medidas positivas.

Perspectiva

A medida que el interés por la ansiedad por la enfermedad fue aumentado, también lo hizo la investigación sobre posibles intervenciones. Una de las intervenciones mejor probadas es una forma adaptada de terapia cognitiva conductual (TCC), que ayuda a romper los ciclos de pensamiento negativos.

Según Peter y Helen Tyrer, uno de los mayores desafíos es lograr que el paciente reconozca que su ansiedad es un problema, en lugar de una evaluación racional del riesgo percibido.

Durante cada sesión, el terapeuta trabaja con el paciente para identificar los desencadenantes de sus preocupaciones y cuestionar los pensamientos que vienen automáticamente a la mente, para que pueda ver su situación un poco más objetivamente y poner los riesgos en perspectiva.

Esto podría implicar una mirada más analítica a los supuestos síntomas y los momentos en que aparecen.

El terapeuta también alentará al paciente a que rompa el hábito de examinarse incesantemente los síntomas.

Si su miedo es a tener cáncer, puede pedirle al paciente que pase un día entero o una semana sin buscar bultos, por ejemplo, y luego observe si sus pensamientos recurrentes sobre la enfermedad han disminuido como resultado.

El paciente también aprenderá estrategias como mindfulness (o conciencia plena) y técnicas de relajación para hacer frente proactivamente a los miedos cuando se presenten.

Claramente, estos pasos deberán adaptarse a la situación particular de los pacientes.

Alguien que tenga una mayor ansiedad por una recaída de una enfermedad anterior deberá controlar su salud, por ejemplo, pero se le puede enseñar qué signos son significativos y cuáles pueden ignorarse, en lugar de entrar en pánico por cada cambio potencial. “Muchas personas simplemente no saben qué síntomas buscar”, dice Lebel.

La evidencia hasta la fecha sugiere que la terapia cognitiva conductual puede ser efectiva. En un estudio de 444 sujetos, los Tyrers encontraron que la TCC personalizada redujo significativamente la ansiedad por la enfermedad de los pacientes en el transcurso de tres meses.

Es importante destacar que los beneficios aun podían verse cinco años después.

Y vale la pena señalar que el programa solo involucró seis sesiones con un terapeuta, lo que lo hace muy rentable. “No estamos hablando de un montón de tiempo”, dice Lebel.

Hay incluso sesiones online, con un ensayo reciente de un equipo de la Universidad de Nueva Gales del Sur, Australia, que reveló mejoras significativas en la ansiedad por enfermedad de los pacientes durante las primeras etapas de la pandemia de covid-19.

“En general, el contacto cara a cara es un poco mejor”, reconoce Peter Tyrer. “Porque puedes captar los cambios más sutiles, pero en general el tratamiento en internet es bastante bueno”.

Impacto físico

En última instancia, a los investigadores contactados les gustaría ver una conciencia mucho mayor sobre la ansiedad por enfermedad y las formas de tratarla.

Mujer mirando a frascos de medicamentos

Getty Images

Peter Tyrer ve algunos signos de cambio positivo, pero le gustaría que más personas comprendieran las consecuencias a largo plazo de este comportamiento.

“Es importante enfatizar que la ansiedad por la salud no tratada no solo es mala para la salud mental, sino también para la salud física”, dice. “Cada vez hay más pruebas de que va a acortar su vida”.

Es posible que hayamos recorrido un largo camino desde que descartamos al “hipocondríaco” como un triste simulador, pero muchos todavía enfrentan sus ansiedades solos sin recibir la ayuda que realmente necesitan.

*Este artículo fue publicado en BBC Future. Haz clic aquí para leer la versión original en inglés.


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