Proyecto Habesha, la iniciativa mexicana para ayudar a universitarios sirios a terminar sus estudios
close
Recibe noticias a través de nuestro newsletter
¡Gracias! Desde ahora recibirás un correo diario con las noticias más relevantes.
sync
Foto: Francesc Messeguer (@ElMesseguer)

Proyecto Habesha, la iniciativa mexicana para ayudar a universitarios sirios a terminar sus estudios

Ésta es la historia de una iniciativa creada por un grupo de abogados, académicos y activistas mexicanos que vieron en el conflicto armado de Siria la oportunidad de trazar un intercambio significativo con México. El martes pasado llegaron a la Ciudad dos estudiantes que, gracias a esta organización, podrán continuar con sus estudios universitarios. Animal Político platicó con ellos.
Foto: Francesc Messeguer (@ElMesseguer)
Por Francesc Messeguer
19 de junio, 2016
Comparte

El pasado martes, 14 de junio, un grupo de personas llegó a la Terminal 2 del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México para recibir a Tamer y Hazem, dos jóvenes sirios que vieron interrumpidos sus estudios a raíz del conflicto armado en su país, y que ahora tienen la oportunidad de retomarlos en México, gracias a una organización no gubernamental y sin fines de lucro, denominada Proyecto Habesha.

“Es un viaje muy largo para nosotros. Somos países muy apartados pero los mexicanos no dejaron de estar atentos a la guerra en Siria y ahora, juntos, somos una familia. Así que tenemos que propagar este mensaje de amor de que en México hay un futuro para nosotros”, dijo Hazem, apenas al salir de la puerta de Llegadas Internacionales.

Proyecto Habesha es una iniciativa que promueve la paz y la reconstrucción de Siria a través de la educación superior y que fue fundada por Adrián Meléndez, un abogado mexicano que por años trabajó en países de Medio Oriente con organizaciones humanitarias, quien ha estado interesado en la guerra civil en Siria, desde que comenzó hace cinco años. La idea se comenzó a planear a inicios de 2014 y a finales de 2015, llegó el primer estudiante a México.

Llega a México el primer joven sirio beneficiado por iniciativa ciudadana para terminar sus estudios

Hasta el momento, México ha recibido a cuatro estudiantes sirios con carreras y proyectos académicos distintos -Essa, Zaín Tamer y Hazem-, pero la meta del Proyecto Habesha es que llegue un total de 30 jóvenes de Siria que viven en esta condición, y esperan que para el primer trimestre de 2017 este objetivo se cumpla.

“El proyecto nació cuando estaba trabajando en Líbano con muchos jóvenes sirios y descubrí que era gente muy educada, con mucha cultura, que estaba sentada sin hacer nada. Yo sentía que México estaba completamente ausente de cualquier interacción con el tema. Con un grupo de colegas, comenzamos a discutir ideas y en enero de 2014 iniciamos formalmente con una serie de conversaciones con ex embajadores de México y académicos y se fue desarrollando. El proyecto como tal yo lo inicié pero pronto se volvió un esfuerzo de mucha gente”, cuenta Adrián en entrevista con Animal Político, quien ahora funge como coordinador.

Adrían cuenta que, durante año y medio, hubo un proceso de sensibilización en el que los integrantes de Proyecto Habesha fueron a universidades, museos, instituciones y diversas ciudades del país para hablar de por qué se tenía que hacer una iniciativa así.

“No es algo frívolo. Nosotros promovemos mucho este discurso de que México ha sido históricamente un país de protección, como por ejemplo con el exilio español, donde la gente que ha buscado refugio lo ha encontrado. Nosotros continuamos insistiendo en que México no quede ausente. Estamos frente a la crisis humanitaria más grave de esta generación. Queremos que nuestra labor se convierta en una forma de decir: México no está ausente”, señala”.

Por eso, en el Aeropuerto de la Ciudad de México llegaron estudiantes de la carrera de Relaciones Internacionales de la Ibero, familias y jóvenes sirios que ya llevan un tiempo viviendo aquí. Todos estuvieron ahí para recibir a dos personas que, aunque nunca las han conocido físicamente, quieren brindarles un mensaje solidario: en México se puede reconstruir una vida.

Uno de ellos, un joven sirio que lleva en la Ciudad aproximadamente seis meses -y que pidió que su nombre no se revelara- contó que para él, “todos en México son amigos” y que se siente muy agradecido con la oportunidad de continuar con sus estudios en territorio nacional.

A quienes ayudamos nosotros es, realmente, a estudiantes. La mayoría son refugiados, y todos han sido afectados por la guerra, pero eso no quiere decir que todos tengan el estatus o que debamos considerarlos como tal”, cuenta Agustín H. Berea, quien es el responsable de seleccionar a los estudiantes que llegan a México, a través de Proyecto Habesha.

Agustín explica por qué el objetivo de esta iniciativa es una apuesta por la educación superior: “En 2013 salieron muchos reportes de la “generación perdida” en Siria, que básicamente lo que revelaron es que se destruyó la infraestructura humana y física de la educación en ese país. Tenían un nivel de alfabetismo y estudios superiores muy bueno, comparado con sus vecinos. Pero comienza la guerra y se cierran las universidades; las escuelas se vuelven barracas u hospitales y los maestros simplemente van abandonando el país. Y pensando en eso, dices: “Bueno, se acaba la guerra mañana. ¿Quién va a llevar ese país?”, cuenta Agustín H. Berea con Animal Político, responsable de la selección de estudiantes en Proyecto Habesha .

La esencia de la iniciativa es empoderar a los estudiantes, explica Luis Samano, vocero de la organización. “Pensamos que era mejor enfocarnos en un proyecto cualitativo más que un proyecto cuantitativo. No solamente se trata de ayudar a que salgan estas personas de esta condición, sino más bien de darles herramientas, de ayudarlos a que se empoderen, de tal forma que, cuando regresen a su país, tengan las capacidades para poder reconstruirlo”, señala.

Al pasar por la puerta de Llegadas Internacionales, Hazem y Tamer llegan México pero antes han pasado por un proceso de selección que se enfoca en conseguir buenos perfiles de estudiantes. “Buscamos gente que tenga un proyecto de vida bien definido sobre qué quiere estudiar y qué quiere hacer con esos estudios. También es importante que quieran regresar a su país. Nosotros no tomamos candidatos espontáneos. Tiene que haber una recomendación de alguna institución educativa o una ONG”, explica Agustín.

Una vez que existe esa recomendación, el candidato escribe una carta de intención, donde explica por qué quiere venir a México. Por último, se hace una entrevista en donde a cada candidato se le pregunta cuál es la historia general de vida, de dónde son originarios, por qué tuvieron que salir de su lugar de origen, cuál es su estatus legal actualmente, su historial académico, y sobre todo, su historial familiar.

“Una de las cosas que buscamos es no vulnerar la estructura familiar. En el caso de muchachos cuyos padres fallecieron o se encargan de mantener a la familia, pues eso es un motivo para que nosotros rechacemos su candidatura, porque pondríamos en más riesgo al resto de la familia porque les quitaríamos el sustento”, señala Agustín.

Después de un cálido recibimiento en la Ciudad de México, Hazem y Tamer viajarán a Aguascalientes, donde está la sede de Proyecto Habesha, para empezar un proceso de inducción que aproximadamente dura seis meses, y que incluye clases de español, así como el hecho de acostumbrarse a un país que les es ajeno.

La razón por la cual la organización escogió a Aguascalientes como la sede de sus operaciones es porque es una ciudad pequeña y manejable pero con oportunidades, en donde sus estudiantes se pueden sentir bien recibidos, no se van a perder y hay pocos niveles de violencia e inseguridad.

En un año, ellos ya deben de estar hablando español suficiente, como para poder estudiar en una universidad mexicana. Después de eso, estudiarían el grado por el cual aplicaron”, explica Agustín.

En Aguascalientes, los estudiantes vivirán en cuartos rentados por la organización, que se costean a través de las modalidades de recaudación disponibles en su página web (http://www.proyectohabesha.org/). Hasta ahora, han apoyado individuos de la comunidad siria, pero sobre todo gente a la que simplemente les gusta el proyecto. “Hay amas de casa que nos han depositado cantidades importantes porque simplemente creen en el proyecto”, reconoce el encargado del proceso de selección de estudiantes.

La llegada de Hazem y Tamer a México ocurre en un contexto en el que la figura del migrante está en crisis y se le adjudica la responsabilidad directa de los males que padece alguna sociedad. Dos días antes de su arribo a territorio nacional, en Estados Unidos se registró la masacre más catastrófica en su historia, lo que ha reavivado una narrativa que desprecia a todo aquel individuo que parece ajeno a occidente.

“Creo que el problema del migrante siempre es el desconocimiento. En el caso del Medio Oriente, lo que nos resulta extraño siempre ocasiona miedo, ¿no? Pero muchas veces cuando haces el trabajo de sensibilización, puedes demostrar que somos culturas muy cercanas. De hecho, nuestros estudiantes siempre dicen eso: que se la pasan bien. Que México es una cultura bastante tradicional y bastante familiar para ellos”, concluye.

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal

Así fue la vida del príncipe Felipe de Edimburgo: murió a los 99 años

El duque de Edimburgo se ganó el respeto de muchos británicos por su constante apoyo a la reina. BBC Mundo recuerda los principales hitos de su extensa vida.
9 de abril, 2021
Comparte

El príncipe Felipe, esposo de la reina Isabel II y padre de sus cuatro hijos, estuvo casado con ella más de 73 años, y aunque como consorte de la soberana no tenía un rol constitucional, nadie fue tan importante como él en la vida de la monarca.

Felipe, que murió este viernes a los 99 años, asumió un rol extremadamente difícil para cualquiera, quizá más para un hombre acostumbrado al mando naval, que, además, tenía fuertes opiniones sobre una gran variedad de temas.

Pero tal vez fue esa misma fuerza de carácter lo que le permitió cumplir con sus responsabilidades y darle a la reina el apoyo que necesitaba.

Y, de paso, ganarse el afecto de buena parte del pueblo británico.

De Grecia a Inglaterra

Felipe de Grecia nació el 10 de junio de 1921 en la isla de Corfú, pero como el país no adaptaba todavía el calendario gregoriano su certificado de nacimiento dice que nació el 28 de mayo de ese mismo año.

La historia de su familia es bastante convulsionada.

Su padre fue el príncipe Andrés de Grecia y Dinamarca, hijo menor de Jorge I, rey de los Helenos, y su madre, la princesa Alicia, hija mayor del príncipe Luis de Battenberg y bisnieta de la reina Victoria.

Tras un golpe de Estado en 1922, su padre fue desterrado de Grecia por un tribunal revolucionario.

Su primo segundo, el rey británico Jorge V, envió un buque de guerra para rescatar a la familia, que se trasladó a Francia.

El pequeño Felipe hizo el viaje en una cuna hecha con una caja de naranjas.

El menor de la familia, y único hombre entre cinco hermanos, su primera infancia fue relativamente feliz. Pero venían tiempos difíciles.

A los 7 años, se mudó a Inglaterra para vivir con parientes.

Para entonces, su madre había sido diagnosticada con esquizofrenia y estaba un manicomio, por lo que tuvo poco contacto con ella.

Su formación estuvo marcada por el pionero educador judío Kurt Hahn, con quien estudió primero en Alemania y cuando este tuvo que huir de la persecución nazi. en Escocia.

Su método, con énfasis en la autoconfianza, resultó ideal para un adolescente que, separado de sus padres, pasaba mucho tiempo solo.

El primer encuentro

Al aproximarse la Segunda Guerra Mundial, Felipe decidió seguir una carrera militar.

Su primer deseo fue unirse a la Fuerza Aérea Real, pero terminó integrándose a la Marina por la tradición marinera de su familia materna.

El duque de Edimburgo y la reina

PA

En un recorrido por las instalaciones donde estudiaba que hacía el rey Jorge VI junto a su esposa y las princesas Isabel y Margarita, Felipe quedó a cargo de acompañar a las dos jóvenes.

Según testigos, el encuentro causó una profunda impresión en Isabel, de 13 años, cinco años menor que su futuro marido.

Muy pronto, el joven griego comenzó a mostrarse como un buen prospecto. y para fines de 1942 era uno de los más jóvenes primeros tenientes de la Marina.

“Rudo y maleducado”

El romance entre Isabel y Felipe se inició con un intercambio regular de cartas y continuó con invitaciones a compartir con la Familia Real.

Fue después de una de esas visitas que la heredera puso en su tocador una foto de Felipe vestido en su uniforme naval.

Isabel y Felipe el día de su boda

Getty Images
La boda entre Isabel y Felipe se celebró en noviembre de 1947.

Era toda una señal, y pese a que hubo oposición por parte de algunos cortesanos, uno de los cuales describió al futuro príncipe como “rudo y maleducado”, en el verano de 1946 Felipe le pidió oficialmente al rey la mano de Isabel.

Pero antes de que el compromiso pudiese ser anunciado, el novio necesitaba una nueva nacionalidad y un apellido. Fue entonces cuando renunció a su título griego, se hizo ciudadano británico y tomó el nombre de su familia materna, Mountbatten.

La boda se celebró en la Abadía de Westminster el 20 de noviembre de 1947. El entonces primer ministro Winston Churchill la describió como un “destello de color” en medio de la posguerra.

Desde ese día, Felipe fue reconocido como Su alteza real, duque de Edimburgo, conde de Merioneth y barón de Greenwich.

Felipe en 1953

Getty Images
El matrimonio eventualmente hizo que Felipe abandonara su carrera en la Marina.

El duque retomó su carrera naval y fue enviado a Malta, donde por un tiempo vivieron en relativa normalidad.

Un año después nació su hijo mayor, el príncipe Carlos, y en 1950 llegó la princesa Ana (los príncipes Andrés y Eduardo nacieron en 1960 y 1964, respectivamente).

La primera gran prueba que tuvo que enfrentar Felipe como marido de Isabel se produjo cuando la salud de Jorge VI comenzó a deteriorarse y ella debió asumir más responsabilidades reales.

Para poder estar a su lado, se tomó licencia de la Marina en julio de 1951. Nunca volvió a tener un papel activo.

Y pese a que no era un hombre de arrepentimientos, en una ocasión admitió que lamentaba no haber podido continuar su carrera naval.

La muerte del rey

La reina Isabel II y el príncipe Felipe, duque de Edimburgo, y dos de sus hijos.

Getty Images
La reina Isabel II y el príncipe Felipe, duque de Edimburgo, y dos de sus hijos.

En 1952, la pareja emprendió un viaje por África que originalmente harían el rey y la reina.

Estando en Kenia, llegó desde Inglaterra la noticia del fallecimiento de VI había por una trombosis coronaria.

Felipe fue el encargado de decirle a Isabel que su padre había muerto y ella era la nueva monarca.

Un amigo contó que para el príncipe fue un gran golpe. Parecía como si la mitad del mundo le hubiese caído encima, recordó.

Fuera de la Marina, se veía obligado a crearse un nuevo rol. La pregunta era cuál.

A medida que la Coronación se acercaba, se comunicó que si bien Felipe tendría prioridad después de la reina en todas las ocasiones, nunca ostentaría una posición constitucional.

El duque estaba lleno de ideas sobre cómo modernizar la monarquía, pero terminó desilusionado por la férrea oposición de parte de la vieja guardia de palacio.

Las fiestas y la familia

Durante los primeros años del reinado de Isabel, Felipe canalizó parte de sus energías manteniendo una intensa vida social.

El duque en un evento con amigos en la década de 1950

BBC
En los 50, el príncipe participaba con frecuencia en eventos sociales

Todas las semanas se reunía con un grupo de amigos en cuartos privados de un restaurante de Soho, en barrio bohemio del centro de Londres.

Compartían opíparos almuerzos y visitaban clubes nocturnos, y solía ser fotografiado con glomorosos acompañantes.

Una de las pocas áreas en que el príncipe tenía libertad para ejercer su autoridad era la familia, aunque perdió la batalla por imponer qué apellido llevarían sus hijos.

Él quería que fuese Mountbatten, pero la reina eligió Windsor.

“Soy el único hombre en este país que no puede darle a sus hijos su nombre”, se quejó con sus amigos”. “No soy más que una ameba”.

Proyectos propios

Con el paso del tiempo, Felipe fue encontrando su camino en proyectos ligados al bienestar de los jóvenes, uno de los problemas sociales que más le interesaban.

En 1956 lanzó el exitoso Premio del Duque de Edimburgo, que permitió que alrededor de 6 millones de jóvenes de todo el mundo se retaran física, mental y emocionalmente en una variedad de actividades al aire libre diseñadas para promover el trabajo en equipo, el ingenio y el respeto por la naturaleza.

Felipe sentado en un elefante en un viaje con la reina a India

PA
El duque trabajó intensamente en proyectos de conservación de la naturaleza.

“Si puedes lograr que los jóvenes tengan éxito en cualquier actividad, esa sensación de éxito se extenderá a muchos otros”, le dijo el príncipe a la BBC.

También fue un gran defensor de la naturaleza y el medio ambiente, aunque estuvo envuelto en algunas controversias por su afición a la caza. Su decisión de dispararle a a un tigre durante un viaje a India en 1961 es una de las más recordadas.

Eso no le impidió, sin embargo, dedicar energías y usar su influencia para respaldar la fundación del Fondo Mundial para la Naturaleza.

Fue además un gran deportista. Practicó vela, cricket y polo y fue presidente de la Federación Ecuestre Internacional.

La relación con Carlos

Como padre, tuvo altibajos, como todos.

De acuerdo al biógrafo del príncipe Carlos, Jonathan Dimbleby, la relación entre ambos era especialmente compleja.

Cuando el heredero era adolescente, Felipe insistió en que asistiera a la misma escuela en la que él se había educado, motivado por la creencia de que su filosofía podía ayudar a contrarrestar la naturaleza más bien retraída de su hijo.

Pero Carlos odió el lugar, extrañaba su casa y fue víctima constante de bullying.

Carlos llegando a Gordonstoun con su padre

Getty Images
Su insistencia en que el príncipe Carlos asistiera a la escuela de Gordonstoun provocó tensiones entre padre e hijo.

A su padre le costaba entenderlo, y más de una vez redujo al joven a lágrimas con sus reprimendas públicas.

Probablemente, su actitud reflejaba las dificultades de su, a veces solitaria, propia niñez.

Tuvo que desarrollar su independencia a muy temprana edad y podía costarle entender que no todo el mundo compartía su fuerte carácter.

En la biografía de Dimbleby también se dice que el duque de Edimburgo empujó más tarde a su hijo a casarse con Lady Diana Spencer.

Sin embargo, Felipe fue más especialmente diligente con sus hijos durante los difíciles años de sus crisis matrimoniales.

Tomó la iniciativa para intentar comprender los problemas, impulsado quizás por sus propios recuerdos de las dificultades de casarse con un miembro de la familia real.

Y aunque la ruptura de los matrimonios de tres de sus cuatro hijos -la princesa Ana y los príncipes Andrés y Carlos- le causaron una gran tristeza, siempre se negó a hablar de problemas personales.

Comentarios inoportunos

Si bien a lo largo de los años fue criticado en algunos sectores por comentarios que realizó que algunos consideraban inoportunos, muchos vieron sus gafes como un intento de aligerar el ambiente.

Príncipe Felipe, duque de Edimburgo

Getty Images
Su franqueza puso en aprietos a la familia real en numerosas ocasiones.

Hizo uno de sus comentarios más recordados mientras acompañaba a la reina en una visita de Estado a China en 1986, al hacer una mención en privado sobre los “ojos rasgados”.

Y en un viaje a Australia en 2002 le preguntó a un aborigen si “todavía se arrojaban lanzas los unos a los otros”.

Esa brusquedad que se le atribuía se suavizó un poco en los últimos años, en parte por la actitud a veces hostil del público hacia la familia real tras la muerte de Diana, la princesa de Gales, en 1997.

Una década después, en 2007, se publicaron cartas entre el duque y Diana, en un intento por refutar las afirmaciones de que Felipe había sido hostil con su nuera.

Mostraban que de hecho había sido una fuente de gran apoyo para la princesa, un hecho subrayado por el tono cálido en el que ella le escribía.

“Hice lo que creo que fue lo mejor que pude”

Felipe fue un hombre con un temperamento combativo que con frecuencia se sentía incómodo con el tacto que requería su posición.

No puedo cambiar de repente mi manera de hacer las cosas, no puedo cambiar mis intereses o la forma en que reacciono a las cosas. Ese es solo mi estilo”, le dijo una vez a la BBC.

La reina Isabel II, el príncipe Felipe, duque de Edimburgo; y Kate Middleton, la duquesa de Cambridge, y el príncipe Guillermo, con los hijos de ambos.

Getty Images
A Felipe se le atribuye haber encontrado discretas maneras de actualizar a la monarquía con los nuevos tiempos (aquí aparece con Kate Middleton, la duquesa de Cambridge, el príncipe William, y los hijos de ambos).

Esto fue reconocido por el entonces primer ministro David Cameron cuando rindió homenaje a Felipe por su 90º cumpleaños en 2011: “Siempre ha hecho las cosas a su manera inimitable, con un enfoque realista y sensato que los británicos, creo, encuentran entrañable”.

Retiro de la vida pública

Después de décadas viajando junto con la reina en visitas de Estado al extranjero o para atender a eventos de las organizaciones que presidía, el duque de Edimburgo se retiró de la vida pública en agosto de 2017.

En enero de 2019, sobrevivió a un accidente de coche mientras conducía cerca de Sandringham, en el que dos mujeres que iban en el otro vehículo implicado resultaron heridas. Tras el incidente, entregó voluntariamente su licencia de conducir.

Buckingham Palace calculó que, desde 1952, el príncipe atendió 22.219 compromisos en solitario.

Felipe jugó un rol importante ayudando a la monarquía a aceptar los cambios en las actitudes sociales a lo largo de los años.

Felipe e Isabel II en 2007

PA

Pero su mayor logro fue, sin duda, la constancia de su apoyo a la reina.

Él creía que su trabajo era, como le dijo a su biógrafo, “asegurar que la reina pudiera reinar”.

En un discurso pronunciado en una celebración para conmemorar el aniversario de bodas de oro de la pareja, Isabel II le rindió homenaje.

“Es alguien que no se toma fácilmente los cumplidos, pero simplemente ha sido mi fortaleza y se ha quedado todos estos años. Yo, su familia y este y muchos otros países le debemos muchos de lo que él admitiría y de lo que nunca sabremos”.


Ahora puedes recibir notificaciones de BBC Mundo. Descarga la nueva versión de nuestra app y actívalas para no perderte nuestro mejor contenido.

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal
close
¡Muchas gracias!

Estamos procesando tu membresía, por favor sé paciente, este proceso puede tomar hasta dos minutos.

No cierres esta ventana.