El gobierno de Veracruz se quedó con más de 9 mdp donados por ciudadanos a la Cruz Roja
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Cruz Roja Veracruz-Boca del Río

El gobierno de Veracruz se quedó con más de 9 mdp donados por ciudadanos a la Cruz Roja

Desde el 2007 la institución recibe estos recursos, luego que se acordara la donación voluntaria de los contribuyentes; desde 2014 la Secretaría de Finanzas del Estado, instancia encargada de la recaudación, no ha entregado el dinero pactado.
Cruz Roja Veracruz-Boca del Río
Por Lizbeth Padilla
19 de julio, 2016
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El gobierno de Javier Duarte se quedó, en los dos últimos años, con 9 millones de pesos donados a la Cruz Roja por los veracruzanos.

Estos recursos fueron recaudados por la Secretaría de Finanzas de Veracruz, pero nunca llegaron a su destino, a pesar de que a los donantes se les dijo que servirían para esta labor altruista.

El mecanismo de recaudación inició en 2007, cuando se incluyó el donativo en el pago del Impuesto sobre Tenencia y/o uso de vehículos como un recordatorio de la “obligación civil” de los veracruzanos con la institución. En esa ocasión se acordó que cada vez que una persona pagara los Derechos de Control Vehicular, se donaran 10 pesos para la Cruz Roja.

Los primeros siete años se cumplió. Pero en 2014 y 2015 la Secretaría de Finanzas veracruzana siguió cobrando, pero dejó de entregar los recursos, según cuenta la delegada de la Cruz Roja en el estado.

Lee: Las empresas fantasma en Veracruz: así desapareció el gobierno 645 mdp

Por el ejercicio de 2014, el gobierno adeudaba a la Cruz Roja 4 millones 608,969 pesos; en 2015 la deuda era de 5 millones 439,630 pesos, para sumar 10 millones  40,599 pesos, detalló la delegada. La Secretaría de Finanzas informa a la Cruz Roja la cantidad recaudada durante los ejercicios fiscales, misma que hasta 2013 era pagada al inicio de cada año.

La delegada explicó que el gobierno estatal hizo dos pagos a cuenta de la deuda de 2014 en marzo del año pasado: el primero por 732,119 pesos y otro por 267,881 pesos, lo que suma 1 millón de pesos.

Estos recursos, explica Villa de Rodríguez, se destinan a la compra de equipo médico, gastos operativos como gasolina, servicio de teléfono, así como de ambulancias, muchas de ellas semiusadas. Los recursos son detenidos a las 41 delegaciones de Cruz Roja en el estado.

“Nos hemos visto en mucha necesidad en estos años en que no nos han dado el dinero”, dice.

Hasta el momento la Secretaría de Finanzas no ha dado una razón sobre el retraso de los pagos, que hasta 2013 se realizaron sin problemas. Animal Político buscó el gobierno de Veracruz pero no hubo respuesta.

El viernes pasado la Secretaría de Finanzas de Veracruz envió al Congreso  del Estado una lista de empresas y organizaciones acreedoras del gobierno, acompañada de la solicitud a los legisladores locales de que aprobaran un fideicomiso para pagar esos adeudos.

El gobierno de Javier Duarte solicitó 12 mil millones de pesos y entre los deudores incluyó a la Cruz Roja, aunque sólo con 260 mil pesos y por concepto de subsidio de la campaña Colecta 2015.

En entrevista, la delegada de Cruz Roja dijo desconocer por qué fueron incluidos en esa lista, bajo ese concepto y con esa cantidad, ya que por ser una institución independiente no recibe ningún tipo de subsidio por parte del gobierno.

También insistió que no tiene fecha para recibir los 9 millones de pesos que donaron los veracruzanos, pero nunca llegaron a su destino.

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Por qué acumular grasa corporal nos hace más vulnerables al COVID

El exceso de grasa en el cuerpo provoca problemas de suministro, de distribución y de entrada de aire que nos hacen más propensos a sufrir todo tipo de infecciones respiratorias, entre ellas la covid-19.
19 de enero, 2022
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Seguro que conoces la historia contada en “La ilíada” de Homero. Relata cómo los griegos, después de varios años intentando conquistar Troya, lograron su propósito gracias a un enorme caballo de madera en cuyo interior se ocultaron sus soldados.

Aprovechando la oscuridad de la noche, asaltaron la ciudad desde dentro.

Pues bien, parece que nuestro enemigo el SARS-CoV-2 ha encontrado un caballo de Troya inesperado en nuestro interior que le ayuda en su lucha: nuestra grasa corporal.

Un caballo de Troya para la infección por coronavirus

El SARS-CoV-2 entra en las células del organismo cuando una proteína de su envoltura, la llamada spike o proteína S viral, se une con la enzima convertidora de angiotensina tipo 2, molécula de la membrana de varios tipos de células humanas.

En el fenotipo obeso, la expresión de estas moléculas de membrana en el tejido adiposo aumenta.

Y eso convierte a la grasa en reservorio ideal del virus tras su entrada en el organismo, permaneciendo en el cuerpo de los pacientes con obesidad durante más tiempo.

Por si fuera poco, en modelos animales de obesidad se ha observado que la enzima convertidora de angiotensina tipo 2 también aumenta en las células pulmonares.

Eso implica un mayor número de sitios de unión para el virus y favorece la entrada de partículas virales en el epitelio pulmonar.

La intensidad de la infección aumenta, como también la respuesta local en los pulmones, principal lugar en el que se libra la batalla para evitar el desarrollo de la covid-19.

A esto hay que añadirle que las personas con obesidad presentan un estado inflamatorio crónico de bajo grado que activa una respuesta inmune local caracterizada por la movilización de células inmunes productoras de sustancias proinflamatorias.

Esto da lugar a una respuesta inmune deficiente que aumenta la susceptibilidad a las infecciones, entre ellas la producida por el SARS-CoV-2.

Este déficit inmune, junto con la situación previa de inflamación, puede ampliar la conocida tormenta de citoquinas desencadenada tras la infección viral, produciendo un empeoramiento de los síntomas.

Por otro lado, el exceso de grasa abdominal de las personas con obesidad impide el correcto desplazamiento del diafragma durante la respiración, reduciendo la capacidad pulmonar y generando dificultades que predisponen al desarrollo de infecciones respiratorias.

Obesidad

Getty Images

De hecho, no es la primera vez que la obesidad se define como factor de riesgo en las infecciones causadas por virus respiratorios.

En 2009, durante la pandemia causada por el virus influenza H1N1, la obesidad se asoció con un incremento en el riesgo de hospitalización e ingreso en la UCI tras la infección vírica.

Atascos y problemas de abastecimiento

Imaginemos el cuerpo de una persona con obesidad como una ciudad amurallada.

La alta cantidad de tejido adiposo disregulado que contiene hace que, en condiciones normales, la ciudad sufra una obstrucción en las vías de suministro (por hipertensión, aterosclerosis o patologías cardiovasculares).

Pero también dificultades con el suministro y la gestión de los alimentos (resistencia a la insulina y diabetes) y con la entrada de aire (por dificultades respiratorias).

El acceso esta ciudad, ya de por sí debilitada y enferma, sería relativamente fácil para un invasor como el causante de la covid-19, puesto que el tejido adiposo se comportaría como un caballo de Troya.

Es decir, serviría de refugio al nuevo enemigo. Quien, dicho sea de paso, se encontraría con más puertas de entrada en la zona verdes de suministro de aire de la ciudad (el pulmón, en nuestro cuerpo).

El desastre sería absoluto. Sobre todo porque cuando los soldados del ejercito inmune de la ciudad tratasen de expulsar al enemigo, su respuesta deficitaria provocaría aún más daños “urbanos” como consecuencia de la tormenta de citoquinas.

Además, al atacar al caballo de Troya (nuestro tejido adiposo), invadido por el virus, se produciría muerte adipocitaria.

Y las calles de la ciudad se llenarían de residuos (gotas de grasa), que las taponarían y nos predispondrían a desarrollar el síndrome del embolismo graso. Un síndrome que dispara la probabilidad de sufrir un evento trombótico.

Esto generaría aún mayores problemas de circulación de mercancías y distribución de alimentos.

En resumen, el exceso de grasa corporal no hace si no empeorar los síntomas de la infección por SARS-CoV-2 e incrementar el riesgo de hospitalización y muerte.

Ilustración de coronavirus

Getty Images
El coronavirus puede permanecer más tiempo en el cuerpo de los pacientes con obesidad.

Las “ciudades” viejas y de sexo femenino sufren más

Cuando la ciudad afectada por obesidad es de sexo masculino, la distribución del tejido adiposo a nivel visceral es mayor.

Eso provoca un incremento de citoquinas proinflamatorias que conduce a una mayor activación de las células inmunes, lo que hace a los hombres presentar un mayor riesgo de desencadenamiento de la famosa tormenta de citoquinas responsable del empeoramiento y agravamiento de los síntomas de la COVID-19.

Con todo y con eso, parece que el efecto devastador de la enfermedad en el largo plazo es mayor cuando esa ciudad pertenece al sexo femenino.

Ahora que ha pasado tiempo suficiente para ver las secuelas de la enfermedad, se ha podido comprobar que, dentro de los factores de riesgo de síndrome post-covid-19 , tener obesidad y ser mujer predispone a presentar covid persistente.

Siguiendo con el símil, desde el inicio de la pandemia se ha observado que ciudades más envejecidas (mayores de 55 años) tendrían más riesgo de ser totalmente destruidas por la invasión (mayor mortalidad).

Incluso en caso de personas con normopeso. Sin embargo, ya desde el principio de la pandemia observamos que la “ciudad obesa” joven sufría igual los efectos que “ciudades normopeso” de mayor edad.

Todo ello explica la mayor propensión de las personas con obesidad a desarrollar la infección por SARS-CoV-2 con síntomas más graves y necesitar hospitalización, ventilación mecánica y cuidados intensivos.

También explica por qué las personas con obesidad suelen requerir una hospitalización prolongada y tratamientos más intensos: tardan más tiempo en eliminar la presencia del virus.

Más a largo plazo, la presencia de obesidad aumenta el riesgo de desarrollar secuelas crónicas de covid-19.

Visto lo visto, deberíamos reflexionar sobre la necesidad de realizar importantes esfuerzos, tanto a nivel personal como desde todos los estamentos implicados, para implementar todas las medidas que ayuden a paliar la actual epidemia de obesidad.

*Marta Domínguez Álvaro es investigadora postdoctoral en enfermedades crónicas, de la Universidad Camilo José Cela y Silvia Salado Font es directora de la OTRI, Universidad Camilo José Cela. Este artículo se publicó en The Covnersation. Puedes leer la versión original aquí.


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