En dos años la CAME solo resolvió problemas administrativos pero no ambientales
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Archivo Cuartoscuro

En dos años la CAME solo resolvió problemas administrativos pero no ambientales

La Comisión Ambiental de la Megalópolis solo resolvió temas administrativos en las sesiones de sus primeros dos años y no desarrolló planes para enfrentar la contaminación ambiental.
Archivo Cuartoscuro
Por Nayeli Roldán
20 de julio, 2016
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La Comisión Ambiental de la Megalópolis (CAME) pasó sus primeros dos años de operación sin tomar decisiones enfocadas a enfrentar la contaminación. Los principales acuerdos entre 2014 y 2015 fueron sobre temas administrativos y sólo en una junta mencionaron la necesidad de utilizar gasolinas limpias e inspeccionar a las industrias.

Peor aún, el único acuerdo relevante que adoptaron para enfrentar la contaminación –homologar el programa de verificación vehicular- sólo se cumplió en una de las seis entidades que la integran.

Hasta que, en 2016, estalló la crisis ambiental.

Animal Político solicitó por transparencia las actas de las sesiones realizadas por la Comisión a partir de su creación, en octubre de 2013. En ellas se detalla a qué juntas asistieron los funcionarios y qué acuerdos tomaron los gobiernos de la Ciudad de México, Puebla, Morelos, Estado de México, Hidalgo y Tlaxcala, la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) y el propio Coordinador ejecutivo de la CAME.

El primer dato es que los gobernadores sólo asistieron a dos de las primeras 13 reuniones convocadas.

En su representación fueron los secretarios de medio ambiente de las entidades, aunque también tuvieron faltas, como el titular de Tlaxcala, Néstor Montáñez, que no estuvo en las tres sesiones de julio de 2015, o el de Puebla, Rodrigo Riestra, de Puebla, en la sesión de agosto de 2015 ni en la de octubre de 2014.

En todos los encuentros participó siempre el coordinador ejecutivo de la CAME y entre uno o cuatro subordinados. También hubieron invitados, como funcionarios de los gobiernos, del Instituto Nacional de Ecología, de la Cofepris o de organizaciones del Centro Mario Molina e integrantes del comité científico asesor.

Sin embargo, en el transcurso de los trabajos, el número de participantes disminuyó. Mientras en la segunda sesión de 2014 hubo 24 personas, en la última de 2015 hubo 15.

La CAME fue creada para que seis gobiernos vecinos enfrentaran juntos los problemas que generan la contaminación del aire y otros temas ambientales, junto con las autoridades federales dedicadas al tema.

Pero si bien los índices de contaminación registrados los últimos cuatro meses ya dejan en claro que fracasó en su encomienda, las actas de sus sesiones explican el por qué.

Animal Político solicitó una entrevista con el coordinador ejecutivo de la CAME, Martín Gutiérrez Lacayo, para que explicara qué hizo la Comisión en sus dos primeros años, pero prefirió no aceptarla.

¿Qué hicieron en dos años?

La Comisión Ambiental de la Megalópolis sustituyó a la Comisión Ambiental Metropolitana, creada en 1996. La nueva versión sumó a los gobiernos de Tlaxcala, Puebla, Morelos e Hidalgo, para que no sólo la Ciudad de México y el Estado de México se responsabilizaran de la calidad del aire.

En la primer sesión de la Comisión –presidida por el secretario de Medio Ambiente, Juan José Guerra, el 20 de enero de 2014– propusieron que los seis gobiernos estatales aportaran cinco pesos por cada vehículo verificado al fideicomiso 1490. Con esos recursos financiarían los proyectos de mejoramiento de la calidad del aire que propusieran las entidades participantes.

Tres meses después, en abril de 2014, en su segunda sesión su principal anuncio fue que ya habían avanzado en la redacción del convenio del fideicomiso y proponían designar “Ecozonas”, aplicación de verificación vehicular obligatoria y avanzar en la homologación a más tardar a final de 2015.

A esa sesión que duró hora y media, el único gobernador que acudió fue el de Puebla, Rafael Moreno Valle.

En el siguiente encuentro, realizado en junio de 2014, estuvieron el jefe de Gobierno, Miguel Ángel Mancera; el gobernador de Morelos, Graco Ramírez, y el de Puebla, Rafael Moreno Valle. Fue la última vez que fueron, porque en las 10 siguientes no estuvo ningún mandatario.

El primer acuerdo para enfrentar la contaminación se tomó en hora y media durante la tercera sesión –el 18 de junio de 2014– cuando los secretarios de Medio Ambiente y los miembros de la Comisión acordaron finalmente homologar los programa de verificación vehicular para las seis entidades, según anunció el exsecretario de Medio Ambiente Juan José Guerra Abud en junio de 2014.

Sin embargo, ese primer acuerdo fracasó. Sólo la Ciudad de México instrumentó la medida, aún a costa del rechazo ciudadano. El resto decidió no implementar los cambios y mantuvieron programas de verificación calificados de “poco eficientes”.

La medida incluía que los vehículos con antigüedad de nueve a 15 años dejarán de circular dos sábados al mes y un día a la semana, mientras que aquellos con más de 15 años de antigüedad no podrían circular los sábados y un día a la semana.

Las demás entidades “dejaron solo al Distrito Federal”, según cuenta Gabriela Niño, coordinadora de políticas públicas del Centro Mexicano de Derecho Ambiental (CEMDA). Por ello, dice, el verdadero desafío de un organismo como la CAME no sólo es acordar medidas, sino instrumentarlas.

“El reto está en la coordinación de los estados para acciones concretas que prevengan las crisis”, insiste. Otra falla, dice en entrevista, es que los gobiernos no han podido comunicar a los ciudadanos las implicaciones ambientales de una buena verificación, de ahí el descontento.

La inconformidad ciudadana llegó hasta un amparo que resolvió la Suprema Corte de Justicia de la Nación en julio de 2015. Los ministros determinaron que el holograma Cero, que permite circular todos los días, fuese otorgado con base a las emisiones contaminantes del auto y no al año de fabricación.

Aunque la homologación de la verificación significaba un acuerdo relevante para las seis entidades, tampoco era la solución ni la acción que previniera la crisis ambiental porque “debe estar acompañada de más acciones o no tendrá implicaciones”, advierte la especialista de CEMDA, Gabriela Niño.

La decisión de la Corte, además, obligó a la CAME a dedicar una sesión extraordinaria para analizar las implicaciones. En la siguiente sesión analizaron el impacto que podría tener la disminución  de 150 puntos mínimos para activar una precontingencia, 200 para una contingencia Fase 1 y 230 para la contingencia Fase 2.

En las dos horas y media de la segunda sesión extraordinaria –el siete de julio– la Comisión aprobó los límites de emisiones para otorgar los hologramas, para adecuar las verificaciones y “eliminar el texto donde se hace referencia al otorgamiento de hologramas con base en el año del modelo”.

Entre sus aspiraciones a corto plazo estaba realizar una auditoría a Centros de verificación, operativos de vigilancia encubiertos y verificación vehicular a transporte público. Pero tampoco lo lograron, por eso es que apenas en junio pasado la CAME aprobó la nueva norma de verificación como parte de la reacción a la crisis ambiental.

Sólo hasta la octava sesión ordinaria, en abril de 2015, la Comisión estableció como uno de los acuerdos promover una reunión entre este organismo y el director general de PEMEX para “plantear la necesidad de incrementar la cobertura de combustibles limpios en la megalópolis y verificar el estatus tecnológico, así como planes de mejora de la refinería y termoeléctrica de Hidalgo por su alto impacto en la calidad del aire”.

En esa misma sesión acordaron una reunión con el subsecretario de Fomento y normatividad ambiental de la Semarnat, Cuauhtémoc Ochoa, para conocer el estatus de las normas sobre el control de emisiones de fuentes fijas, es decir la industria cementera, ingenios azucareros, refinerías, termoeléctricas, entre otras, para “sentar las bases para su debida actualización”.

Pero en las siguientes sesiones no se mencionó que alguna de estas dos reuniones se hubieran concretado.

En la solicitud de transparencia, este medio pidió todas las actas de sesiones ordinarias realizadas en 2014 y 2015; de acuerdo a los documentos entregados la última vez que se reunieron en 2015, fue en la cuarta sesión extraordinaria realizada el 17 de agosto en la Ciudad de México, es decir, seis meses antes de la crisis ambiental de 2016.

En este último encuentro aprobaron los proyectos de ejecución para prevenir el aumento de contaminación que serían pagados con los recursos del fideicomiso 1490  y propuestas específicas para Puebla, como el programa piloto para evaluar la efectividad del uso de filtros de partículas.

Las reuniones de este año se han centrado en reaccionar ante la emergencia ambiental, con programas como el doble Hoy no circula, pero tampoco han anunciado medidas que puedan prevenir otra crisis igual o peor en 2017, cuando vuelvan a aumentar los niveles de radiación.

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El lugar del mundo donde la gente reconoce 5 géneros

El pueblo bugis, en Indonesia, es un grupo étnico que reconoce cinco géneros sexuales. Pero el futuro de su cultura única en el mundo parece estar en peligro.
22 de abril, 2021
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La isla indonesia de Célebes se extiende como una estrella de mar borracha en el océano Pacífico occidental, sus cuatro patas esmeralda tocan los mares de Celebes, Molucca y Flores.

En su extremo suroeste se encuentra la ciudad portuaria de Macasar, una población ahogada por una niebla tóxica que durante mucho tiempo fue un importante punto comercial y la puerta oriental de Indonesia al mundo.

En un amanecer gris, me puse de pie en el paseo marítimo mientras veía las proas curvas de los tradicionales veleros prahu avanzar elegantemente hacia el caos del puerto de Paotere. Llegaban allí para descargar pepinos de mar, sepias y otras extrañas criaturas de las profundidades marinas.

Estas embarcaciones pertenecen al pueblo bugis, una sociedad de marineros notable por reconocer cinco géneros.

“Los bugis tienen palabras para cinco géneros que representan cinco formas de estar en el mundo”, explica Sharyn Graham Davies, antropóloga de la Universidad Monash en Melbourne, Australia.

Los bugis son el grupo étnico más grande de la isla de Célebes. Se concentran en Makassar y el campo de cultivo de arroz al norte de la ciudad, pero su destreza como marineros y comerciantes consolidó la influencia de los bugis en Indonesia y el archipiélago malayo.

También sembró miedo en los corazones de los colonizadores europeos, quienes los veían como piratas despiadados.

Un pueblo influyente

A pesar de que representan solo seis de los 270 millones de habitantes que tiene Indonesia, los bugis son extremadamente influyentes.

Algunos ejemplos destacados incluyen a Jusuf Kalla, quien fue dos veces vicepresidente de Indonesia; y a Najib Razak, ex primer ministro de Malasia.

Los bugis son una sociedad marinera cuya influencia se ha extendido por Indonesia y el archipiélago malayo.

Getty Images
Los bugis son una sociedad marinera cuya influencia se ha extendido por Indonesia y el archipiélago malayo.

“Los bugis se encuentran entre los grupos étnicos con más fuerza del archipiélago, política, económica y culturalmente”, señala Sudirman Nasir, un bugis que trabaja en salud pública en el sur de la isla.

La antropóloga Sharyn Graham Davies explica que en la sociedad bugis, los géneros makkunrai y oroani corresponden a los conceptos de mujer cis y hombre cis en Occidente.

Los calalai nacen con cuerpos femeninos pero asumen roles de género tradicionalmente masculinos; pueden llevar camisa y pantalones, fumar cigarrillos, llevar el pelo corto y realizar trabajos manuales.

Por otro lado, los calabai nacen con cuerpos masculinos pero asumen roles de género femeninos, usan vestidos y maquillaje y se dejan crecer el cabello.

“Muchos calabai trabajan en salones de belleza“, asegura Neni, una calabai del pueblo de Segiri, al norte de Makassar.

“También ayudamos a planificar bodas y actuamos en ceremonias”.

El quinto género

Los calabai no se hacen pasar por mujeres, detalla Davies, sino que exhiben su propio conjunto de comportamientos femeninos que serían mal vistos en las mujeres makkunrai, como usar minifaldas, fumar y actuar de una manera más sexualizada exteriormente .

Dentro de la sociedad bugis, las personas calabai y calalai pueden ser mal vistas en algunos sectores, pero son ampliamente toleradas, incluso se considera que juegan un papel importante en la sociedad.

De manera general no son atacadas ni perseguidas por miembros de su propia comunidad.

El quinto género bugis es el bissu, que no se considera ni masculino ni femenino, sino que representa la totalidad del espectro del género.

Los bissu, como los calabai y calalai, muestran su identidad a través de la vestimenta: a menudo usan flores, un símbolo tradicionalmente femenino, pero llevan la daga keris asociada con los hombres.

Muchos bissu nacen intersexuales, pero el término tiene implicaciones más allá de la biología.

Si bien el género en los bugis a menudo se describe como un espectro, se considera que los bissu están por encima de esta clasificación: son seres espirituales que no están a medio camino entre el hombre y la mujer, sino que encarnan el poder de ambos a la vez.

“Se dice que, en su descenso del cielo, los bissu no se separaron convirtiéndose en hombre o mujer, como la mayoría de la gente, sino que siguieron siendo una unidad sagrada de ambos”, explica Davies.

Como tales, son percibidos como intermediarios entre mundos y ocupan un papel similar al de los chamanes en la religión bugis.

Poseídos por los dioses

Una anciana serena y un pollo que cacareaba fueron mis compañeros de viaje cuando me fui de Makassar en un maltrecho bemo (minibús público) de color azul celeste.

Mientras avanzábamos hacia el norte, fragmentos de piedra caliza kárstica, cubiertos de jungla, se elevaban hacia el cielo desde los arrozales circundantes.

Muchos bugis viven en la verde y montañosa isla indonesia de Célebes.

Getty Images
Muchos bugis viven en la verde y montañosa isla indonesia de Célebes.

Era época de siembra y pasamos por un campo donde se empujaba un arado mecánico, precedido por un desfile ritual de bissu, reconocibles por sus túnicas rojas, doradas y verdes y sus tocados adornados con flores de colores.

Seguimos conduciendo. El sol de la tarde comenzó a brillar como carbón y los agricultores bugis proyectaban sombras encorvadas y alargadas, mientras se inclinaban para ocuparse de los campos de arroz.

Cuando cayó la noche, llegamos a la ciudad de Segiri, donde seguí a una multitud de lugareños hasta una gran casa de madera.

Cinco bissu estaban reunidos en el centro de la habitación alrededor de una pila de arroz. El humo del incienso fragante se arremolinaba en la casi oscuridad, y el sonido de los tambores y los cánticos se aceleró a un punto febril mientras el bissu bailaba bruscamente hasta un estado de trance.

Al unísono, desenvainaron sus dagas keris y comenzaron a apuñalar las hojas onduladas en sus propias sienes, palmas, incluso en los párpados, aparentemente sin sentir ningún dolor o apenas sacando una gota de sangre.

Someterse a este ritual, conocido como ma’giri’, y salir ileso es considerado como una prueba de que los bissu han sido poseídos por los dioses y están listos para dar bendiciones.

El idioma de los cielos

Esta ceremonia, como el desfile en el campo de arroz, está orientada a asegurar una cosecha abundante; buena salud y embarazos exitosos son otros de los resultados que se esperan de una bendición bissu.

“Convertirse en bissu es una llamada del alma”, dice Eka, jefe de los bissu en Segiri.

“Viajamos a una edad temprana para estudiar con un bissu mayor y aprender nuestro idioma secreto, Basa To Ri Langiq (la lengua de los cielos), que solo nosotros podemos entender”.

Además de otorgar bendiciones, Eka oficia bodas. “Los bugis nos tratan muy bien”, prosigue. “Tienen que hacerlo, porque supervisamos todas las costumbres de los bugis”.

Aunque sus rituales religiosos y su concepción del género están impregnados de ideas preislámicas, la mayoría de los bugis son musulmanes, muchos devotos.

“Hubo interacciones complejas entre los valores bugis y la enseñanza islámica”, explicó Nasir. “Esto llevó a formas de sincretismo islámico-bugis“.

Luchan contra su propia sexualidad

Por ejemplo, como señala Davies, los bugis a menudo acuden a los bissu para bendecir un próximo peregrinaje a La Meca.

Muchos calalai y calabai luchan contra su propia sexualidad y contra el sentido de sí mismos, explica la antropóloga.

Creen que su estilo de vida -que puede incluir relaciones entre personas del mismo sexo- es pecaminoso según la creencia islámica, pero también que son como son porque fue prescritopor Allah.

Por la misma razón, no tienen el concepto de haber nacido en el cuerpo equivocado. Aunque algunas calabai pueden someterse a procedimientos cosméticos para lucir más femeninas, no se considerarán mujeres, como descubrió Davies en su trabajo de campo.

El islam comenzó a ser predominante en Indonesia cerca del año 1400, pero durante siglos los locales reconciliaron su variada percepción del género con la nueva fe.

“Los marinos europeos escribieron sobre sus reflexiones sobre la diversidad de género en el la isla de Célebes desde al menos el siglo XVI”, cuenta Davies.

Igualdad social

En 1848, el colonialista británico James Brooke escribió en su diario: “La costumbre más extraña que he observado es que algunos hombres se visten como mujeres y algunas mujeres como hombres; no ocasionalmente, sino toda su vida, dedicándose a las ocupaciones y búsquedas de su sexo adoptado”.

Al visitar la isla de Célebes, Brooke se sorprendió aún más por la igualdad social que observó entre mujeres y hombres, un sentimiento compartido por su compañero imperialista Thomas Stanford Raffles.

Un tercer género conocido como waria (un acrónimo de wanita, que significa mujer, y pria, que significa hombre) ha sido reconocido durante mucho tiempo en las sociedades de Indonesia.

Sin embargo, desde mediados del siglo XX, Indonesia en general se ha vuelto menos tolerante con las ideas no binarias de género, lo que ha provocado la persecución de los calabai y bissu en particular.

Torturados y asesinados en los 50

A partir de la década de 1950, comenzó una ola de ataques violentos contra la comunidad LGBTQ.

“Cuando el movimiento de rebelión Darul Islam de Kahar Muzakkar quiso establecer un estado islámico en la década de 1950, los bissu fueron arrestados, torturados y obligados a arrepentirse”, recuerda Nurhayatai Rahman Mattameng, filólogo del pueblo bugis.

A algunos bissu les raparon la cabeza para avergonzarlos públicamente; algunos fueron asesinados.

“Durante la era del Nuevo Orden bajo el presidente Suharto (1967-1998), hubo una iniciativa llamada Operación Arrepentimiento”, añade Mattameng.

“Todos los bissu se vieron obligados a (renunciar) al Latang, la religión ancestral de los bugis, y en su lugar eligieron una de las religiones oficialmente reconocidas en Indonesia”.

En 2001, extremistas islámicos incendiaron la sede en Makassar de GAYa Celebes, una organización que aboga por los derechos de los homosexuales.

En 2018, el Jakarta Post informó que las mujeres transgénero estaban siendo detenidas y colocadas en centros de detención en la capital de Indonesia, como una medida “disuasiva” para las personas que se identificaban como waria.

Un hombre en Makassar.

Getty Images
Hace poco, muchos bissu vivían con miedo de ser arrestados o asesinados; algunos estaban incluso avergonzados de ser bissu.

“Los bissu, los calalai y los calabai están experimentando mucho estigma y discriminación, que lamentablemente está aumentando junto con la creciente asertividad del islam político”, lamenta Nasir.

“A nivel social, hay una fuerte tendencia hacia una mayor piedad y puritanismo, que podría compararse con la de los cristianos nacidos de nuevo en Occidente. El futuro de estas personas perseguidas no es muy prometedor”.

“En peligro”

Eka está de acuerdo en que el futuro parece sombrío.

“El número de profesores con conocimiento de costumbres bissu está disminuyendo. También está disminuyendo el interés de la gente en vivir como calabai”, señala.

“En el futuro, los bissu estarán en peligro de extinción”.

Sin embargo, no todo el mundo es tan pesimista sobre el futuro de esta cultura única. Hay ayuda disponible gracias a personas como Halilintar Lathief, una activista, artista y antropóloga bugis.

La organización de Lathief, Latar Nusa, lucha para revitalizar la cultura bissu y calabai preservando la literatura tradicional y empoderándolos para aprovechar los beneficios económicos de sus roles tradicionales al buscar trabajo remunerado como maquilladores de novias, planificadores de bodas y proveedores de catering y chamanes medicinales.

“Durante los primeros días, el trauma de la persecución que habían enfrentado significaba que nadie quería convertirse o pretender ser bissu”, asegura Lathief.

“Tenían miedo de ser arrestados o asesinados; algunos estaban avergonzados. Ahora, después de varios años, hay muchas más personas que se identifican como calabai y otras más que se enorgullecen de ser llamadas bissu”.

Puedes leer la versión original de este artículo en inglés en BBC Travel.


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