Estudiantes buscan un futuro tras ser rechazados en la universidad
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Archivo Cuartoscuro

Estudiantes buscan un futuro tras ser rechazados en la universidad

Cada año, miles de aspirantes quedan fuera de las universidades públicas. Te contamos qué hacen mientras esperan otra oportunidad.
Archivo Cuartoscuro
Por Alejandra Crail / Más por más
13 de julio, 2016
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En promedio, de cada 10 aspirantes a entrar a una universidad pública en la Ciudad de México, solamente uno obtiene un lugar. Tales estadísticas indican que, cada año, la capital del país tiene decenas de miles de jóvenes rechazados que deben decidir qué hacer con su futuro.

De acuerdo con testimonios recabados por Máspormas, algunos optan por mejor dedicarse de lleno a trabajar, otros deciden estudiar algo distinto a una carrera universitaria y otros más se empeñan en tratar de ingresar a la educación superior, y mientras esperan su nueva oportunidad, toman diferentes caminos.

Manuel, de 21 años, es uno de estos últimos jóvenes. En dos ocasiones ha hecho el examen para el Instituto Politécnico Nacional (IPN) y ya se prepara para un tercer intento, porque su sueño —dice— es convertirse en ingeniero en sistemas automotores. En tanto, tomará un curso técnico en el Centro de Capacitación para el Trabajo (Cecati) 157.

“Mis papás no quieren que esté en la casa sin hacer nada. El año pasado tomé el taller de electricidad, este año tomaré el de mecánica. Si no tengo el título de ingeniero, al menos tendré conocimientos y podré encontrar trabajo más fácilmente”, comenta.

Josué vive una situación similar. Trató de entrar a la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), pero no se quedó. Desde entonces, y mientras llega la fecha para que presente un nuevo examen, trabaja como chofer privado y por las mañanas toma clases de inglés y de francés.

“Estudio idiomas porque es mi plan B. Puedo dar clases, pero también pienso que me sirven, porque quiero estudiar Relaciones Internacionales y, con la competencia que hay en el mercado laboral, siempre es bueno tener aptitudes extras. No quiero perder el tiempo”, dice.

Un tercer caso es el de Guadalupe, de 19 años, quien quiere estudiar Veterinaria y, al tiempo que espera el examen de ingreso a la carrera, busca terminar un curso para ser estilista profesional.

“No podía quedarme sin hacer nada … Mientras, busqué algo que me fuera útil, que me gustara y que me mantuviera ocupada”, señala.

El deseo de ser universitario

De acuerdo con expertos, los tres testimonios reflejan dos grandes tendencias que existen en la capital.

La primera de ellas es que la mayoría de los jóvenes está convencida de que estudiar una carrera universitaria les garantizará tener una mejor calidad de vida. Así lo indica, por ejemplo, la más reciente Consulta de Tendencias Juveniles elaborada por el Instituto de la Juventud local. Según el documento, el porcentaje de quienes comparten esa creencia llega a 80.5% de este sector de la población.

La segunda tendencia consiste en que los aspirantes rechazados tienden a no quedarse inactivos mientras esperan una nueva oportunidad para entrar a la universidad. Manuel Noriega, director de Consultores en Educación, Desarrollo y Capacitación (Cedec), dice al respecto que los miembros de esta generación consideran que los talleres y las carreras cortas pueden ayudarles a rápidamente encontrar un trabajo, brindar servicios a domicilio o emprender.

Un problema latente

Más allá de esto, los expertos coinciden en que la situación de los aspirantes rechazados es un tema que las autoridades deben atender con urgencia antes de que tenga consecuencias negativas de gran alcance, no solamente para la Ciudad de México sino para todo el país.

Algunas de las expresiones más comunes del descontento de estos jóvenes son las protestas que convocan eventualmente, con el propósito de exigir la apertura de más espacios en las instituciones públicas de educación superior. Frente a ello, instituciones como el IPN y las escuelas a cargo del Gobierno capitalino han accedido a abrir más lugares en sus aulas.

Recientemente, la secretaria de Educación local, Alejandra Barrales, anunció que este año se podrá recibir a alrededor de 20 mil 500 rechazados, en el marco del programa Educación Por Ti.

No obstante, especialistas como Roberto Rodríguez consideran que los efectos negativos pueden ser más profundos que marchas en las calles. Uno de ellos —advierte— es la potencial fuga de talentos: que personas busquen estudiar e instalarse en otros países, si consideran que en México no encontrarán oportunidades de desarrollo. A su vez, esto afectaría la productividad y el crecimiento nacional.

Para enfrentar estos problemas, dice, algunas alternativas son que las autoridades amplíen la oferta educativa y fortalezcan las tareas de orientación vocacional, como se ha hecho en países latinoamericanos, por ejemplo, Argentina y Uruguay.

Otros especialistas mencionan también que los gobiernos, junto con investigadores y las propias universidades, deben analizar qué tanto crecerá la demanda de educación superior en las próximas décadas, para vincularla con las necesidades de desarrollo del país y diseñar una estrategia sostenible para brindar espacios a los jóvenes.

En cifras

  • 9% de las 128 mil 490 personas que en 2015 hicieron el examen para la UNAM obtuvo un lugar.
  • 27% de los aspirantes al Instituto Politécnico Nacional consiguió un espacio.
  • 254 mil jóvenes de 20 a 29 años que habitan en la capital del país no estudian ni trabajan.
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Qué fue el incidente Cutter y cómo ayudó a que el desarrollo de vacunas sea más seguro

Desde que se lanzó la primera vacuna contra la polio, en 1955, la incidencia de la enfermedad se desplomó hasta que finalmente desapareció en 1979. Pero la lucha contra el virus no estuvo libre de errores.
13 de septiembre, 2020
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Los estadounidenses recibieron una gran noticia en abril de 1955: las autoridades sanitarias anunciaron que tenían lista la primera vacuna contra la temible poliomielitis.

A fines de los años 40, los brotes de polio dejaban paralíticas a unas 35,000 personas cada año en Estados Unidos. Para la década del 50, la enfermedad seguía activa y causaba entre 13,000 y 20,000 casos anuales de parálisis, según los Centros de Control de Enfermedades (CDC) de EE.UU.

Cada verano, que era la temporada en la que proliferaban los contagios, los padres encerraban a sus niños en las casas para evitar que se infectaran.

“La gente hacía cuarentena, parecido a lo que pasa ahora, los cines y las piscinas cerraban, los niños no salían a jugar, no jugaban con sus amigos”, le dijo a BBC Mundo el doctor Michael Kinch, autor del libro sobre la historia de las vacunas “Entre la esperanza y el miedo”.

“Los niños paralíticos, en sillas de ruedas o con muletas, eran un recuerdo constante del miedo a la enfermedad”, agrega.

A veces también se restringía el transporte y el comercio entre las ciudades afectadas por la polio.

Así que la llegada de la vacuna significó un gran alivio.

Pero apenas un mes después del lanzamiento, lo que pasaría a la historia como el “incidente Cutter” empañó el avance médico y obligó a suspender el programa de inmunización por unos meses.

El incidente Cutter resultó decisivo en la mejoría de los sistemas de la fabricación y en la supervisión gubernamental de las vacunas.

¿Qué pasó en este episodio decisivo para la salud pública?

Vacuna efectiva

La polio es una enfermedad viral que ataca principalmente a niños menores de 5 años y que afecta el sistema nervioso y puede causar parálisis.

Actualmente se considera erradicada de casi todo el planeta, gracias a programas masivos de vacunación, y solo se reportan casos en Pakistán y Afganistán.

Frascos y cajita de la vacuna de los laboratorios Cutter

Getty Images
El incidente Cutter ayudó a mejorar la regulación de las vacunas en EE.UU.

Desde al menos 1935, los científicos habían tratado de desarrollar una vacuna contra la enfermedad.

Hasta que en 1953, el científico estadounidense Jonas Salk logró crear una a partir de cepas inactivas del virus causante de la infección, el poliovirus.

Las cepas quedaban inactivas mediante la aplicación de formaldehido en cultivos del virus desarrollados en células renales de mono.

En 1954, se realizó un gran ensayo clínico de la vacuna de Salk, en el que participaron alrededor de 1,8 millones de niños en EE.UU., Canadá y Finlandia.

Fue “la prueba clínica más grande de un medicamento o vacuna en la historia médica”, según la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) de EE.UU.

Los resultados fueron positivos y las autoridades estadounidenses anunciaron en abril de 1955 que la vacuna había mostrado una efectividad de entre 80 y 90%.

Una vez que las autoridades aprobaron la vacuna, licenciaron a seis laboratorios para fabricarla. Uno de estos era Cutter, ubicado en California.

Lotes defectuosos

La farmacéutica lanzó 380.000 dosis del producto al mercado, pero unos lotes habían salido defectuosos: accidentalmente contenían cepas activas del virus.

Como resultado, se confirmaron más de 260 casos de polio -con o sin parálisis- vinculados a la vacuna y a contagios comunitarios a partir de los niños vacunados, según la FDA.

Pero este número no incluía al resto de personas que reportaron otros síntomas de la infección.

De acuerdo al doctor Paul Offit, autor del libro “El incidente Cutter: cómo la primera vacuna contra la polio llevó a la creciente crisis de vacunas”, unos 40.000 niños vacunados presentaron dolores de cabeza, rigidez en el cuello, debilidad muscular y fiebre (síntomas de la polio), unos 164 menores quedaron paralíticos y 10 murieron.

Cajas de lotes de la vacuna contra la polio de los laboratorios Cutter.

Getty Images
A partir de 1955 la incidencia de la polio en EE.UU. cayó dramáticamente.

La mayoría quedó paralizado en los brazos (donde habían recibido la vacuna) pese a que la polio solía paralizar las piernas, detalla Offit en su libro.

Ante el brote, en mayo de 1955, el cirujano general de EE.UU. recomendó que “todas las vacunaciones de polio se suspendan hasta que se haya completado una inspección minuciosa de cada fábrica y una revisión de los procedimientos para probar la seguridad de la vacuna”, cuenta la FDA.

Aunque antes y después hubo otros incidentes con vacunas, Offit dijo a BBC Mundo que el incidente Cutter “fue probablemente el peor desastre biológico de la historia de EE.UU.”.

Sin embargo, para el otoño de 1955, se reanudó el programa de vacunación.

“La gente en esa época no cuestionaba las cosas tanto como ahora, confiaban más en las autoridades”, le dijo a BBC Mundo el doctor Kinch. Además, “le tenían más miedo a la polio”.

La vacunación dio resultado y la incidencia de la polio en EE.UU. “disminuyó dramáticamente” a partir de 1955. La enfermedad quedó erradicada en ese país en 1979.

La vacuna del virus inactivado creada por Salk sigue usándose en EE.UU., mientras que otros países usan una vacuna que se administra por vía oral.

¿Qué salió mal con las vacunas de Cutter?

El libro de Offit señala varios factores que llevaron a que las vacunas de los laboratorios Cutter contuvieran cepas activas del virus y que se produjera el brote de polio.

Una mujer sosteniendo frascos de la vacuna contra la polio de los laboratorios Cutter.

Getty Images
El incidente Cutter fue probablemente el peor desastre biológico de la historia de EE.UU.

Cutter había usado la cepa más agresiva del poliovirus para fabricar la vacuna y había usado filtros defectuosos para separar el virus del tejido de los monos en los que se cultivaba y este tejido podía contener moléculas activas del virus.

Además, las pruebas de seguridad que exigía el gobierno -y con las que Cutter había cumplido- eran inadecuadas.

Cutter tampoco tenía claro el tiempo necesario para desactivar el virus con formaldehido.

“Nadie mostró más desdén por las teorías de desactivación de Salk que los laboratorios Cutter. Salk tenía un procedimiento para desactivar el virus. Pero Cutter no sabía si estaban siguiendo sus teorías o no. Creo que no tenían la experiencia interna para hacerlo, mientras que otros laboratorios sí la tenían”, dijo Offit a BBC Mundo.

Otro problema fue que cuando los laboratorios Cutter empezaron a fabricar la vacuna, no había un requisito de “consistencia”. Es decir, ya no existía la obligación -vigente en el ensayo clínico- de producir al menos 11 lotes consecutivos de la vacuna que pasaran las pruebas de seguridad.

En su libro, Offit señala que nueve de 27 lotes de Cutter habían fallado las pruebas de seguridad. Pero Cutter tampoco avisó a las autoridades que había tenido problemas para desactivar el virus.

El laboratorio Wyeth también fabricó vacunas defectuosas, pero menos que Cutter, y dejaron paralizados a 11 niños.

“Cutter hizo muchas cosas mal y tampoco tenía la experiencia interna con la que sí contaban otros laboratorios”, dice Offit en su publicación. “Como consecuencia, fabricó una vacuna que era mucho más peligrosa que cualquier otra vacuna en EE.UU. o en el mundo”.

Sin embargo, “Cutter culpó a Salk por desarrollar un proceso que era inconsistente y culpó al gobierno federal por establecer estándares de fabricación y de prueba que eran inadecuados”, cuenta Offit en “El incidente Cutter”.

¿Cómoayudó a que las vacunas sean seguras?

Cuando ocurrió el incidente Cutter, la regulación de las vacunas en EE.UU. recaía sobre el Laboratorio de Control Biológico, parte del Instituto Nacional de Microbiología, que a su vez era parte de los Institutos Nacionales de Salud (NIH, por sus siglas en inglés).

Niños haciendo cola para recibir la vacuna contra la poliomielitis en EE.UU.

Getty Images
Varios miles de niños presentaron síntomas de polio tras recibir la vacuna Cutter.

A partir del incidente, en junio de 1955 se creó la División de Estándares Biológicos (DBS), que ya no era un área subordinada, sino una entidad independiente dentro de los NIH, según información enviada a BBC Mundo por la FDA.

Ahora el DBS es el Centro de Evaluación Biológica e Investigación y es parte de la FDA.

El doctor Offit señala en su libro otros “legados” del incidente, como el propiciar la creación de una “regulación federal efectiva de las vacunas”.

“El gobierno federal lanzó una investigación inmediata de la manufactura y procesos de prueba de todas las compañías y encontró que las regulaciones y los lineamientos eran inadecuados”, cuenta Offit en su libro.

“Se desarrollaron mejores procedimientos para la filtración, almacenamiento y pruebas de seguridad y en meses se fabricó una vacuna segura contra la polio”, añade el autor.

También aumentó el número de profesionales que regulaban vacunas en EE.UU. y la “consistencia” (obligación de producir un número mínimo de los lotes efectivos consecutivos), requisito implantado a partir del incidente Cutter, se exige hasta hoy para todos los fabricantes de vacunas.

¿Qué se puede aprender del incidente?

El doctor Kinch está de acuerdo con que el incidente Cutter tiene “una moraleja”.

Creo que la prisa es una de las preocupaciones con la actual vacuna, o que terminemos con una situación como la de Cutter, así que es una lección muy importante para aprender”, añadió Kinch.

“Debemos aprender de esto para no apurar la vacuna contra el COVID-19, hasta que realmente entendamos cómo fabricarla de manera segura”, comentó Kinch.

Además, el doctor Offit señala que “ahora sabemos mucho más sobre cómo producir vacunas masivamente” y que hay más regulaciones, y cree que “la FDA supervisará adecuadamente las vacunas” contra el COVID-19.

“La vacuna contra el COVID-19 no podría acercarse a lo que pasó con esa vacuna. La cepa que se usó para la vacuna contra la polio era la más virulenta”, dijo Offit a BBC Mundo.

“Las estrategias que estamos usando no son peligrosas. Seguramente habrá una curva de aprendizaje y un costo humano, pero no me imagino que se acerque al costo humano que pagamos en los 50”, agregó.

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