84 cuerpos enterrados ilegalmente por autoridades de Morelos en Tetelcingo tienen huellas de tortura
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84 cuerpos enterrados ilegalmente por autoridades de Morelos en Tetelcingo tienen huellas de tortura

De los 117 restos encontrados, 84 presentan mutilaciones, disparos, heridas con armas punzo cortantes o están incompletos, según un informe realizado por la Universidad de Morelos.
Cuartoscuro
Por Manu Ureste
23 de agosto, 2016
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De los 117 cadáveres que la Fiscalía del estado de Morelos enterró ilegalmente en una fosa común en el panteón de la comunidad de Tetelcingo, en el municipio de Cuautla, Morelos, un total de 84 cuerpos presentó huellas visibles de violencia física.

Este es uno de los hallazgos que incluye el informe Fosas clandestinas de Tetelcingo: Interpretaciones preliminares, el cual fue presentado la mañana de este martes por el activista Javier Sicilia, además de expertos forenses independientes de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos (UAEM), y familiares de víctimas.

En 2014 fueron descubiertas dos fosas en un predio privado en el panteón de Tetelcingo. Ahí la Fiscalía del Estado sepultó de manera ilegal más de 100 cuerpos, motivo por el que la propia dependencia anunció en noviembre de 2015 que abrió una investigación contra varios de sus funcionarios y exfuncionarios.

Lee: La inhumación de cuerpos en Tetelcingo ¿se hizo en una fosa común o una fosa clandestina?

Como resultado de estas labores, en el informe Fosas clandestinas de Tetelcingo: Interpretaciones preliminares los peritos de la UAEM documentaron que 84 cuerpos fueron enterrados clandestinamente por la Fiscalía con evidentes signos de violencia física y tortura, lo cual, en opinión de los expertos, evidencia el posible “encubrimiento de delitos” por parte de las autoridades morelenses.

Lee: Fiscalía de Morelos rompió su propio protocolo al iniciar exhumación en fosas de Tetelcingo

Entre los indicadores de violencia se registraron cuerpos con impacto de proyectil disparado por arma de fuego en el cráneo; lesiones producidas por armas punzocortantes en diversas partes del cuerpo; quemaduras en prendas o partes del cuerpo; cráneo ausente sin explicación forense; cráneos fragmentados o fracturados; fracturas en huesos; amputaciones; órganos extirpados sin explicación del resto del cuerpo; amputaciones sin señales de traumatismo, sin explicación forense; y cuero cabelludo separado del cráneo; entre otros.

Cuerpos enterrados sin indagatorias y sin necropsia de ley

El estudio también apunta que 12 de los cuerpos fueron sepultados sin que la autoridad les practicara la necropsia de ley. De esos 12 cuerpos, nueve presentan huellas evidentes de violencia, incluyendo tres heridas por impacto de proyectil, una posiblemente hecha con arma punzocortante y varias que podrían derivarse de golpes con objetos contundentes.

Asimismo, 34 de los 117 cuerpos inhumados por la Fiscalía del estado no estaban vinculados a ninguna investigación penal. Es decir, que fueron enterrados sin que la autoridad realizara ninguna indagatoria sobre el motivo de la muerte.

Fosas de la autoridad, “al mismo estilo de los Zetas” 

Por otra parte, Roberto Villanueva, del programa de Atención a Víctimas de la UAEM, y el activista Javier Sicilia, denunciaron que las condiciones en que fueron hallados los 117 cuerpos en las dos fosas de Tetelcingo apuntan que fueron sepultados de la misma forma en que lo hacen los grupos del crimen organizado, “en particular ‘Los Zetas’.

“Encuentren las diferencias”, comentó irónico Roberto Villanueva tras exponer durante la conferencia de prensa dos fotografías en las que se comparó las fosas de Tetelcingo con otra del grupo Los Zetas.

Por su parte, tirando también de sarcasmo, el poeta Javier Sicilia dijo que las fosas clandestinas de Los Zetas “tienen mejor metodología” que las de la Fiscalía de Morelos en la comunidad de Tetelcingo.

El informe Fosas clandestinas de Tetelcingo: Interpretaciones preliminares’ también apunta que, tras realizar un análisis de las condiciones en que se colocaron los restos sepultados por las autoridades, “dan cuenta de una inhumación con características de clandestinaje, similares al patrón de inhumaciones ilícitas realizadas en zonas controladas por grupos criminales”.

Confirman hallazgo de 3 niñas entre las víctimas

El documento también revela que entre los 117 cadáveres se encontraron los de tres niñas: una recién nacida, una de entre ocho y diez años, y otra de aproximadamente siete años. Todas presentan signos de violencia.

Una de las niñas fue asesinada tras ser lanzada desde un puente de 20 metros de altura. Según expuso Sicilia, el caso de esta niña podría estar ligado a un delito de pornografía infantil o trata de personas, puesto que tenía las uñas pintadas de rosa con esmalte permanente; cosa poco frecuente en una menor de esa edad.

Ya se extrajeron los perfiles genéticos de todas las víctimas

Iván Martínez Duncker, integrante de la Comisión Científica de Identificación Humana de la UAEM, aseguró que los peritos independientes ya extrajeron todos los perfiles genéticos de los 117 cadáveres hallados en fosas de Tetelcingo.

Entre los cadáveres sepultados había personas desaparecidas que ya han sido identificadas y que en los próximos días darán a conocer, dijo Duncker.

Ahora, la Comisión Científica de Identificación Humana de la UAEM entregará estos perfiles a la Procuraduría General de la República (PGR) para que sean agregados a la base de datos que proceda, y poder hacer las comparaciones con los perfiles genéticos de familiares de personas desaparecidas.

Este es el informe completo:

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"El COVID no es una pandemia": científicos creen que es una sindemia (y qué significa)

El hecho de que la enfermedad se exacerba cuando interactúa con otras condiciones de salud que prevalecen en grupos desfavorecidos social y económicamente ha llevado a algunos científicos a pensar que estamos frente a una sindemia.
10 de octubre, 2020
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Con el correr de los meses, las medidas para evitar la propagación del covid-19 se han ido endureciendo o flexibilizando en distintas partes del mundo según el aumento o disminución de los casos.

Mientras que muchos países en Europa están volviendo a restringir actividades sociales y ordenando cuarentenas después de registrar un número récord de casos, Nueva Zelanda, por ejemplo, pasó a su nivel de alerta más bajo.

Sin embargo, esta estrategia para lidiar con el coronavirus es, en opinión de numerosos científicos, demasiado limitada para detener su avance.

“Todas nuestras intervenciones se han centrado en cortar las vías de transmisión viral, para controlar la propagación del patógeno”, escribió recientemente en un editorial Richard Horton, editor jefe de la prestigiosa revista científica The Lancet.

Pero la historia del covid-19 no es tan sencilla.

Por un lado, dice Horton, está el SARS-CoV-2 (el virus que provoca el covid-19) y por otro, una serie de enfermedades no transmisibles. Y estos dos elementos interactúan en un contexto social y ambiental caracterizado por una profunda inequidad social.

Bangladesh

Getty Images
El contagio es mucho mayor en comunidades empobrecidas que no pueden cumplir con las normas de higiene y distancia social.

Estas condiciones, argumenta Horton, exacerban el impacto de estas enfermedades y por ello debemos considerar al covid-19 no como una pandemia, sino como una sindemia.

No se trata de un simple cambio de terminología: entender la crisis de salud que estamos atravesando desde un marco conceptual más amplio abre el camino para buscar soluciones más adecuadas.

Uno más uno es más que dos

El término sindemia (un neologismo que combina sinergia y pandemia) no es nuevo.

Fue acuñado por el antropólogo médico estadounidense Merrill Singer en los años 90 para explicar una situación en la que “dos o más enfermedades interactúan de forma tal que causan un daño mayor que la mera suma de estas dos enfermedades”.

“El impacto de esta interacción está además facilitado por condiciones sociales y ambientales que juntan de alguna manera a estas dos enfermedades o hacen que la población sea más vulnerable a su impacto”, le explica Singer a BBC Mundo.

La interacción con el aspecto social es lo que hace que no se trate sencillamente de una comorbilidad.

Merrill Singer

Merrill Singer
Singer acuñó el término “sindemia” en los años 90.

El concepto surgió cuando el científico y sus colegas investigaban el uso de drogas en comunidades de bajos ingresos en EE.UU., hace más de dos décadas.

Descubrieron que muchos de quienes se inyectaban drogas sufrían de una cantidad de otras enfermedades (tuberculosis, enfermedades de transmisión sexual, entre otras), y los investigadores se empezaron a preguntar cómo éstas coexistían en el cuerpo, y concluyeron que, en algunos casos, la combinación amplificaba el daño.

En el caso del covid-19, “vemos cómo interactúa con una variedad de condiciones preexistentes (diabetes, cáncer, problemas cardíacos y muchos otros factores), y vemos un índice desproporcionado de resultados adversos en comunidades empobrecidas, de bajos ingresos y minorías étnicas“, explica Singer.

Y enfermedades como la diabetes o la obesidad —que son factores de riesgo para el covid-19— son más comunes en individuos de bajos recursos, añade en conversación con BBC Mundo Tiff-Annie Kenny, investigadora de la Universidad Laval, en Canadá, y quien trabaja en el Ártico con poblaciones afectadas por la inseguridad alimentaria, el cambio climático y condiciones de vivienda que dificultan cumplir con las recomendaciones sanitarias como lavarse las manos o mantener la distancia social.

¿Pero no es el este el caso de la mayoría de enfermedades? ¿No tienen la mayoría de las veces un impacto mayor en los grupos con menos acceso a salud, alimentación, educación e higiene? ¿No se potencian casi siempre cuando se combinan con otra o con una condición médica de base?

En cuanto a la interacción biológica, no es necesariamente siempre así, destaca el científico.

Cementerio en La Paz, Bolivia

Getty Images
La pandemia de covid-19 no se resuelve únicamente por la vía médica, creen los científicos que analizan la situación actual desde el marco conceptual de la sindemia.

“Hay evidencia creciente de que la influenza y el resfriado común son contrasindémicos. Es decir: la situación no empeora. Si una persona está infectada con los dos (virus), una (de las enfermedades) no se desarrolla”.

Y en cuanto al aspecto social, el elemento clave en el caso de una sindemia es que añade la interacción de las enfermedades.

Cambio de estrategia

Analizar la situación a través de la lente de la sindemia, dice Kenny, nos permite pasar de la aproximación de la epidemiología clásica sobre el riesgo de transmisión, a una visión de la persona en su contexto social.

Es una postura compartida por muchos científicos que creen que para frenar el avance y el impacto del coronavirus es crucial poner atención a las condiciones sociales que hacen que ciertos grupos sean más vulnerables a la enfermedad.

“Si realmente queremos acabar con esta pandemia cuyos efectos han sido devastadores en la gente, en la salud, en la economía, o con futuras pandemias de enfermedades infecciosas (hemos visto venir una detrás detrás de otra con cada vez mayor frecuencia: sida, ébola, SARS, zika y ahora covid-19), la lección es que tenemos que abordar las condiciones subyacentes que hacen posible una sindemia”, opina Singer.

“Tenemos que abordar los factores estructurales que hacen que a los pobres les resulte más difícil acceder a la salud o a una dieta adecuada”, agrega.

“El riesgo de no hacerlo es enfrentarnos con otra pandemia como la de covid-19 en el tiempo que tome que una enfermedad existente se escape del mundo animal y pase a los humanos, como ha sido el caso del ébola y el zika, y que continuará ocurriendo a medida que sigamos invadiendo el espacio de las especies salvajes, o a raíz del cambio climático y la deforestación”.

El editor de The Lancet Richard Horton es concluyente: “No importa cuán efectivo sea un tratamiento o cuán protectora una vacuna, la búsqueda de una solución para el covid-19 puramente biomédica fracasará”.

Y concluye: “A menos que los gobiernos diseñen políticas y programas para revertir disparidades profundas, nuestras sociedades nunca estarán verdaderamente seguras frente al covid-19”.


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